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“EUNTES”: Id y anunciad el Evangelio

Actos del sábado día 17 de noviembre

De 10,00 a 14,00

Recepción y montajes de todas las imágenes en sus respectivas andas para su preparación ante la salida procesional de la tarde.

A las 16,30

Comienzo de la Eucaristía. Los asistentes deberán estar en sus localidades asignadas un hora antes

A las 18,00

Inicio de la magna procesión con el siguiente recorrido: Desde la Plaza de Toros de La Ribera, calle La Ribera, Avda. de Doce Ligero, Avda. de la Paz, Portales, Plaza del Mercado, Portales, Plaza Martínez Zaporta, calle Mayor, Travesía de Santiago, hasta la Iglesia de Santiago El Real, donde concluirá sobre las 22,30.

Abrirá la procesión la imagen de la Virgen de la Esperanza, “CELESTIAL PATRONA ANTE DIOS DE LA CIUDAD DE LOGROÑO” y “ALCALDESA MAYOR DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE LOGROÑO”. Cerrará todo el cortejo la imagen de Nuestra Señora la Virgen de Valvanera, CELESTIAL PATRONA PRINCIPAL DE LA DIÓCESIS DE CALAHORRA, LA CALZADA Y LOGROÑO. 

 

Presentación de la Misión Diocesana

El obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Monseñor Carlos Escribano ha presidido el acto de presentación de la Misión Diocesana a la sociedad riojana.

Monseñor Carlos Escribano, invita a todo el Pueblo de Dios a una conversión pastoral, pone a la Iglesia en La Rioja en un estado de misión permanente y envía a los cristianos de toda La Rioja a evangelizar, contando con una rica herencia recibida y un rico presente y destacando los tres escenarios donde se desarrollará la Misión Diocesana. Estos tres escenarios comprenden:

  • En primer lugar, aquellos cristianos que, estando inmersos de algún modo en la vida de la Iglesia, no han descubierto todavía el potencial evangelizador al que les anima su bautismo. Este es el escenario en el que trascurre de modo habitual nuestra pastoral ordinaria, que estamos llamados a transformar.

  • En segundo lugar, aquellos que han pertenecido a la Iglesia pero que, por diversas circunstancias, se han separado de la misma. Participan ocasionalmente de la eucaristía (fiestas, funerales…) pero no están vinculados afectiva ni efectivamente a ninguna comunidad cristiana.

  • En tercer lugar, los ausentes. Aquellos hombres y mujeres totalmente alejados de la Iglesia, para quienes el hecho religioso no tiene relevancia. Leer el resto de esta entrada »

“Cambia el mundo” Domund 2018.

Decir DOMUND es hablar de los misioneros, de miles de hombres y mujeres que dejan su tierra y su familia para ir a anunciar el Evangelio y ayudar a quienes más lo necesitan, en territorios generalmente empobrecidos.

En nuestro mundo podemos ver fácilmente cambios superficiales, que dejan las cosas a cambiar, tal y como estaban, y otros que son “a peor”, porque derivan de acciones injustas y que atentan contra la dignidad del ser humano. Eso, si no suponemos, desde la indiferencia, que las cosas no pueden ser más que como son.

Frente a esto, los misioneros nos muestran que es posible un cambio “a mejor”, profundo y real. Ellos pueden ser para todos, y en especial para los jóvenes, un referente de compromiso y esperanza; sus vidas constituyen la prueba palpable de que un corazón en el que ha entrado Dios, con toda su novedad y creatividad, puede cambiar el mundo.

La Jornada Mundial de las Misiones, en España conocida como DOMUND, es una llamada de atención sobre la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización e invitando a amar y apoyar la causa misionera. Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada.

Estos lugares son conocidos como Territorios de Misión, están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y dependen en gran medida de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo.

Donde nadie quiere estar, allí están los misioneros y religiosos. Donde nadie quiere quedarse, allí se quedan los misioneros y religiosos. A donde nadie quiere volver, allí vuelven los misioneros y los religiosos. A donde nadie destina dinero y mucho menos hacen llegar el dinero recaudado, allí llega el dinero íntegro e incluso a veces multiplicado por los misioneros y religiosos

El DOMUND pues, es una jornada universal que se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre para ayudar a los misioneros en su labor evangelizadora desarrollada entre los más pobres, pero durante todo el año se promueven y realizan actividades de animación misionera y de cooperación con las misiones.

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“Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe”

Liturgia Eucarística para la Festividad de la Virgen del Pilar.

En la liturgia del 12 de octubre, festividad de Nuestra Señora La Virgen del Pilar, puede leerse como primera lectura de la misa 1ª de Crónicas 15,  donde recuerda a la Virgen simbolizada por el arca de la alianza, presencia de Dios en medio de su pueblo, a través de María, lo cual es gozo para la Iglesia.

La segunda lectura, los versículos 12-14 del capítulo 1 de los Hechos de los apóstoles, después de enumerar a los once apóstoles, Lucas nos dice que estaban en oración con “María, la madre de Jesús”. Presencia aparentemente discreta, de segundo plano. María, sencilla, como perdida entre apóstoles, discípulos y discípulas, pero ¡qué fuerza emana de esas palabras! Como semilla que germina y da fruto abundante.

El evangelio (Lc. 11, 272-28), es también corto y significativo: una mujer que levanta la voz declarando dichosos el vientre y los pechos de la madre de Jesús. Y el mismo Jesús que replica: “Mejor: ¡dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” Elogio que se aplica en primer lugar y plenamente a María, la “dichosa por haber creído”; pero que se siente más dichosa todavía al poder “dar” a todos ese Jesús concebido en su vientre y alimentado a sus pechos.

El prefacio celebra las maravillas que Dios ha realizado en María, “esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo”.

Desde la Antífona de entrada: se piensa en la Virgen como “la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto”.

El salmo responsorial se recuerda “el Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado”.

En el aleluya: “afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca una cántico nuevo”.

Domina en la liturgia la idea de la presencia de María en la Iglesia y de la firmeza que su intercesión y su devoción procura al pueblo de Dios.

En la oración colecta se pide por intercesión de la Virgen, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, fortaleza en la fe. A imitación de la virgen Engracia y sus 18 compañeros mártires, fuertes en la fe en la persecución de Diocleciano, en el año 304, sufriendo con entereza los más atroces suplicios para mantener intacta la fe de su bautismo.

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, la seguridad en la esperanza. Como aquel desterrado de la revolución francesa, el beato Guillermo José Chaminade, que pasa tres años a los pies del Pilar de 1797 a 1800, seguro en la esperanza de un renacimiento cristiano en su patria. Para asegurarla, la Virgen del Pilar le inspira sus fundaciones marianistas para renovar la fe de la juventud de su patria y del mundo. Y sus hijos e hijas, agradecidos, han llevado a todo el mundo su nombre, su imagen y su devoción

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, la constancia en el amor. Como aquella joven mujer de 23 años, María Rafols, que llega a Zaragoza en 1804, dispuesta a atender con un grupo de compañeras a los pobres y enfermos: las Hijas de la caridad de Santa Ana. Durante los dos sitios de Zaragoza, en plena guerra de la Independencia, merecerá que la ciudad de Zaragoza la declare “heroína de la caridad”.

Fe, esperanza y amor reparte la Virgen desde su Pilar, desde su atalaya zaragozana.

Con razón, el Papa San Juan Pablo terminaba su oración a la Virgen: “Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad… Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como patrona de la Hispanidad.”

12 de Octubre, Festividad de la Virgen del Pilar Día de la Hispanidad.

María del Pilar, en su fiesta del 12 de octubre de 1492, se convierte en proa de nave misionera. Es ella quien parece regalar a su hijo un nuevo mundo, a través de Colón y sus marineros, a bordo de tres carabelas, cuya capitana se llama la Santa María. Por eso Su Santidad el Papa San Juan Pablo II, hace un alto en Zaragoza el 10 de octubre de 1984, camino de Santo Domingo para inaugurar la novena de años que van a preparar la celebración de la llegada del cristianismo a tierras americanas.

Dice el Papa: “Brilla aquí en la tradición firme y antiquísima del Pilar la dimensión apostólica de la Iglesia en todo su esplendor (…) La fe que los misioneros españoles llevaron a Hispanoamérica es una fe apostólica heredada de la fe de los apóstoles, según venerable tradición que aquí junto al Pilar tiene su asiento”.

Cuenta la leyenda que aquel 12 de Octubre de 1492, Cristóbal Colón, al servicio de los Reyes Católicos de España, descubre América. Ello produjo una transformación total del mundo. El hecho es sobradamente conocido. Se cuenta igualmente que salieron unos destellos luminosos desde el templo del Pilar que guiaron a Colón a descubrir las tierras americanas y precisamente cuando las tres carabelas avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los devotos dela Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Hispanidad, era ya el día de la Virgen del Pilar.

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San Mateo, el pisado de la uva y la Virgen de Valvanera.

Las fiestas de septiembre en Logroño, conocidas como “ San Mateos”, tienen lugar en la semana natural que engloba el día 21 de septiembre, día que el santoral dedica a éste apóstol. A pesar de la creencia popular, no son estas las fiestas patronales de la ciudad, las cuales se celebran el 11 de junio, festividad de San Bernabé, patrón de la ciudad.

Sus orígenes se remontan al siglo XII. La ciudad de Logroño, al obtener la categoría de villa, tenía derecho a la celebración de una feria anual, acto que la convirtió en una sede importante de comercio. Esta feria fue adquiriendo cada vez mayor relevancia, y el carácter lúdico-festivo fue apoderándose de la misma. Se celebraban originalmente en el día de Acción de gracias, y en ellas los riojanos agradecían la cosecha recogida.

El rey Fernando VII en 1818, y posteriormente la reina Isabel II en 1845, refrendaron la celebración de estas ferias. Un Real Decreto de esta reina concedió permiso para que las ferias, que originalmente como decimos, se celebraban a primeros de septiembre, se trasladaran a las fechas del 16 al 23 de septiembre.

Finalmente la fecha se fijó en el 21 de septiembre, festividad de San Mateo, que fue recaudador de impuestos, y que acabó convirtiéndose en patrón de los mercaderes.

En el año 1956 pasaron a denominarse Fiestas de la Vendimia, dada la proximidad a las fechas de recogida de la uva en una tierra marcada por el vino, producto que tanto renombre y popularidad da a toda esta región y ciudad.

Pisado Uva

Estas fiestas han sido desde hace unos años, declaradas de interés turístico nacional.

El día 21 de septiembre, día central de dichas fiestas, festividad de San Mateo, se desarrolla un acto tradicional en el Paseo del Espolón: cestos de racimos de uva de todas las comarcas riojanas son traídos por parejas de niños vestidos con los trajes típicos comarcales y se vierten a una tina donde serán pisados según la manera tradicional: dos hombres vestidos con el traje regional, la familia Urdiales, descalzos y uniendo sus brazos van dando vueltas dentro de la tina, en una especie de baile ancestral, donde se han depositado los racimos de uva.

El mosto extraído en este rito del “pisado de la uva”, es decir el Primer Mosto de la Vendimia, es recogido en un jarro por los vendimiadores Mayores de la Fiesta (Vendimiadora y Vendimiador) y, a continuación, es ofrecido a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja.

Aunque desde algunos días antes ya se respira el ambiente festivo, es el cohete de anuncio e inicio de fiestas que se dispara desde las balconadas del Ayuntamiento, el que marca el punto de partida de la fiesta que desborda las calles y se transmite entre logroñeses y visitantes, con el aire impregnado por el aroma del vino que lo anima y lo contagia todo y acompañado por los más deliciosos platos de la cocina riojana y el rico zurracapote.

Durante esta semana de fiesta, se celebra en Logroño el desfile de carrozas, degustaciones gastronómicas organizadas por las “peñas”; feria taurina, encierros, feria de pelota de San Mateo en el frontón Adarraga, conciertos, teatro, música en la calle, fuegos artificiales en el Ebro y un montón de otros actos singulares …

¿Pero sabemos realmente quien fue San Mateo, apóstol y evangelista ?

Mateo significa: “regalo de Dios”.

Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo. Así pues Leví de Alfeo o Mateo el Apóstol,  fue uno de los doce apóstoles elegidos por Nuestro Señor Jesucristo.

Etimológicamente, el nombre español Mateo proviene del griego Mathaios (Ματθαιος) y éste, del arameo Mattai, una forma corta del hebreo MattanYah, que significa ‘don de Yah (el Dios Yahvéh).

Mateo es citado en los Evangelios como Leví, hijo de Alfeo, publicano y recaudador de impuestos en Cafarnaún (Mateo 9:9, Marcos 2:14 y Lucas 5:27-29. Existen pequeñas diferencias en el tratamiento que dan a San Mateo los distintos Evangelios.

En el evangelio de San Lucas se le llama Leví. En el de San Marcos, se le da el nombre de Mateo en la lista de los apóstoles, pero es llamado Leví cuando se relata la historia de su vocación. Según los tres sinópticos, lo dejó todo al ser llamado por Jesús. Ese mismo día hizo una gran fiesta a la que asistieron Jesús y sus discípulos.

También es mencionado en los Hechos de los Apóstoles, aunque apenas se ofrece información sobre él  (Hechos 1:13). Igualmente, es uno de los pocos discípulos mencionados por su nombre en el evangelio de Santo Tomás.

Su oficio era el de recaudador de impuestos, un cargo muy odiado por los judíos, porque esos impuestos se recolectaban para una nación extranjera. Los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente. Y quizás a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, pero una vez que se encontró con Jesucristo ya dejó para siempre su ambición de dinero y se dedicó por completo a buscar la salvación de las almas y el Reino de Dios.

Como ejercía su oficio en Cafarnaum, y en esa ciudad pasaba Jesús muchos días y obraba milagros maravillosos, ya seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le había impresionado el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Y un día, estando él en su oficina de cobranzas, quizás pensando acerca de lo que debería hacer en el futuro, vio aparecer frente a él nada menos que al Divino Maestro el cual le hizo una propuesta totalmente inesperada: “Ven y sígueme”.

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. “¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?”

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: “No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido”. Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 preferidos, a los cuales llamó apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: “El evangelio según San Mateo”. Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: “Buenas Noticias”) copia sermones muy famosos de Jesús, como por ej. El Sermón dela Montaña(el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

La tradición cristiana atribuye a San Mateo la autoría de su propio Evangelio y que lleva su nombre (kata Mathaion: ‘de Mateo’ o ‘según Mateo’). El primer autor conocido en establecer esta atribución fue Papías, quien, hacia los años 110 ó 120, en un texto citado por Eusebio de Cesarea, dice que «Mateo puso en orden los logia en dialecto hebreo e interpretó cada uno como pudo” (Historia eclesiástica, III, 39,16). De acuerdo con esta información, algunos antiguos autores cristianos consideraron a  San Mateo autor de un primer evangelio, escrito en arameo, lengua vernácula de Palestina del Siglo I, cuya traducción al griego sería el texto ahora conocido como evangelio de San Mateo. San Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría. Eusebio de Cesarea, Orígenes y Jerónimo de Estridón se cuentan entre los que consideraron al apóstol Mateo autor de este evangelio.

El primitivo original semítico está perdido aunque varios autores primitivos lo citan; pareció basarse en los dichos de Jesucristo y fue utilizado por San Mateo para su propia predicación. La Iglesia utilizó con carácter oficial canónico el nuevo texto griego, aparentemente traducido por el mismo Mateo. El Evangelio de Mateo, es el Evangelio eclesiástico por excelencia, no solo por ser el más utilizado por la tradición primitiva dela Iglesia, sino porque en su estructura y formulación encarna una preocupación eclesial apologética vivida en las primeras generaciones cristianas.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo. Y cada vez más, los críticos descartan la teoría de que fue escrito después del Evangelio de San Marcos, ya que éste contiene muchos detalles que San Mateo no cita.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

Según Eusebio de Cesarea, San Mateo predicó durante quince años en Judea, donde escribió su Evangelio hacia el año 80. Según Rufino, después se marchó a Etiopía.

Algunas tradiciones afirman que fue martirizado precisamente allí. En cambio, de acuerdo con Epifanio de Salamis obispo de Chipe, San Mateo murió en Hierápolis (Partia) y quien sufrió martirio en Etiopía habría sido San Matías, sustituto de Judas Iscariote en el grupo de los doce apóstoles.

San Mateo es considerado santo por todas las confesiones cristianas que admiten esta distinción.La Iglesia Católica celebra su fiesta el 21 de septiembre y la Ortodoxa el 16 del mismo mes. Según la tradición, sus restos se conservan en la ciudad de Salerno (Italia).

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio.

Victoria, Tú reinarás…

“Mirad el árbol de la Cruz”.

A lo largo de la historia, la Iglesia ha celebrado tres fiestas relacionadas con la Santa Cruz: La llamada Invención de la Santa Cruz (día 3 de mayo), el Triunfo de la Santa Cruz (16 de julio) y la Exaltación de la Santa Cruz (día 14 de septiembre).

En el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, únicamente ha prevalecido la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que tiene lugar el catorce de septiembre.

Pero vamos a dar unos pequeños detalles en la historia de cada una de estas festividades.

“LA INVENCION DE LA SANTA CRUZ”   (3 de mayo)

El Emperador Constantino trajo la paz y la libertad a la Iglesia, después de las crueles persecuciones del Imperio Romano. Vio en el cielo la Cruz de Cristo (“en este signo vencerás”).

Sin llegar a bautizarse, favoreció generosamente a la Iglesia. Emprendió la reconstrucción de Jerusalén, donde edificó varías basílicas. Su madre, Santa Elena, no descansó hasta que, el día tres de mayo del año 326, encontró la Cruz en que murió el Señor, en uno de los huecos del sepulcro.

Santa Elena repartió la Cruz entre las iglesias de Roma, Constantinopla y Jerusalén, donde quedó la parte principal.

Así se instituyó la fiesta de “la Invención de la Santa Cruz”, el día tres de mayo.

La Cruz de Mayo fue muy celebrada y cantada en España. Esta fiesta todavía aparece en el misal reformado de San Pío V, realizado por mandato del Papa San Pío X en 1911.

El mencionado misal de San Pío V daba a la Cruz de Mayo la categoría litúrgica de “Duplex II classis”. Las sucesivas reformas litúrgicas suprimieron esta fiesta de la Invención de la Santa Cruz.

“EL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ”  (16 de julio)

En esta fecha se instituyó la muy toledana fiesta del “Triunfo de la Santa Cruz”. Como consecuencia de la victoria cristiana sobre los musulmanes, en la batalla de las Navas de Tolosa, el 16 de julio de 1212. Así la mantuvieron los diversos sínodos diocesanos durante varios siglos. Incluso se mantuvo como fiesta de guardar en el sínodo del Cardenal Tavera (año 1536), que redujo el número de las fiestas de precepto.

El Papa Gregorio XIII, por bula de 30 de diciembre de 1573, mandó que la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz se celebrara en todos los Reinos de España y en el Nuevo Mundo.

Esta fiesta de ámbito muy local tuvo que competir con la fiesta de la Virgen del Carmen, que, desde fines del siglo XV, se celebró el mismo día dieciséis de julio. En el año 1726, el Papa Benedicto XIII extendió a la Iglesia universal la fiesta de la Virgen del Carmen.

El Triunfo de la Santa Cruz, corriendo los años, quedó muy reducida en ámbitos totalmente locales.

“LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ”  (14 de Septiembre)

De las tres fiestas de la Santa Cruz, sólo ha prevalecido esta última “La Exaltación de la Santa Cruz”. En ella se conmemora cómo el Emperador Heraclio I (610-641), el día catorce de septiembre del año 629, colocó de nuevo la Cruz en el Calvario, que había sido arrebatada en el año 628 por Cosrroes, Rey de Persia.

Cosrroes II (591-628) persiguió a los cristianos, a los que llegó casi a exterminar en Persia. Tomó Jerusalén y se llevó la Cruz de Cristo, depositada en esta ciudad Santa por Santa Elena.

Desde entonces comenzó a celebrarse la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el catorce de septiembre. Se mantuvo a lo largo de la Edad Media como consecuencia de votos populares por las poblaciones de la Cristiandad. Muchos sínodos diocesanos declararon, como fiesta de guardar, la Exaltación de la Santa cruz.

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz del catorce de septiembre oficialmente aparece en el misal romano, que el Papa Pío V mandó publicar en 1570, recogiendo así lo dispuesto en el Concilio de Trento. A esta fiesta de le concedía, en el mencionado misal, la categoría de “Duplex Majus”.Litúrgicamente era Fiesta Doble Mayor.

En la actualidad las celebraciones litúrgicas pueden ser solemnidades, fiestas y memorias. La Exaltación de la Santa Cruz pertenece a la segunda categoría: Fiesta que se celebra dentro de los límites del día natural, sin primeras vísperas.

Historia de la festividad.

La fecha elegida  para esta celebración tal y como ya hemos dicho, es el 14 de Septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335. También se dice que se conmemora, por la recuperación de la Cruz en ese día por Heraclio en el año 628 de manos de los persas, que la tenían en su poder desde el año 614.

Santa Elena

Pero realmente lo que conmemoramos este día es el recuerdo del hallazgo de la Santa Cruz por parte de Santa Elena, madre de Constantino. Más tarde, Cosroes rey de Persia se llevó la Cruz a su país y  Heraclio la devolvió a Jerusalén.

Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla, encontró la Vera Cruz, la Cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo. La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz, llevándola de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el propio emperador a través de la ciudad.

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar la Cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la Cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde antes era venerada. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz, verdadera Cruz de Cristo.

La Santa Cruz, fue partida en varios pedazos para evitar nuevos robos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron “Veracruz” (Verdadera Cruz).

 

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