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Divina Misericordia del Señor

La Devoción a la Divina Misericordia

Una devoción especial se comenzó a esparcir por el mundo entero a partir del diario de una joven monja polaca en 1930.

El mensaje no es nada nuevo, pero nos recuerda lo que la Iglesia siempre ha enseñado por medio de las Sagradas Escrituras y la tradición: que Dios es misericordioso, no le importa lo grande que sean nuestras faltas, que nos perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y debemos perdonar. Él, quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. Pero en la devoción a la Divina Misericordia, este mensaje toma un enfoque poderoso que llama a las personas a un entendimiento más profundo sobre el Amor ilimitado de Dios y la disponibilidad de este Amor a todos y especialmente a los más pecadores.

El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia está basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una monja polaca sin educación básica que, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios. Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.

Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame Su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero. Dios quiere, que Su Misericordia, por medio de nosotros se derrame sobre los demás y qué confiando plenamente en Jesús, nos deja saber que las gracias de Su Misericordia dependen de nuestra confianza. Por lo tanto, mientras más nos entreguemos y confiemos en Jesús, más la recibiremos. Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una total entrega a Dios como Misericordia. Es una decisión que comprende en confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

Las prácticas devocionales propuestas en el diario de la Santa Faustina están en completo acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y su raíz están firmemente en los Mensajes de los Evangelios de nuestro Señor Misericordioso. Estos propiamente comprendidos e implementados nos ayudan a crecer como genuinos seguidores de Cristo.

El comienzo de la devoción a la Divina Misericordia

La joven monja polaca llamada Elena Kowalska, nació en Glogowiec en 1905, cerca de Cracovia, en Polonia. Unas pocas semanas antes de su vigésimo cumpleaños, entró a la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Misericordia, adoptando el nombre María Faustina y en 1928 tomó los votos definitivos como monja.

Es el día 22 de Febrero de 1931, cuando tuvo una visión de Jesús en el pueblo de Plock, Polonia. Sor Faustina relata en su diario lo que Nuestro Señor le dijo en ésta su primera visión, de esta manera: “Pinta una imagen de acuerdo a esta visión, con las palabras “Jesús, en vos confío”. Yo deseo que esta imagen sea venerada, primero en tu capilla y luego en el mundo entero.”

A partir de 1931, Faustina, tuvo una serie de revelaciones de Jesús. Todas ellas las escribió en su diario de más de 600 páginas.

“Yo prometo que, el alma que venere esta imagen, no perecerá. También prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, especialmente a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé con mi propia Gloria.”

“Los dos rayos indican Agua y Sangre. El rayo pálido significa el Agua que hace las almas justas. El rayo rojo significa la Sangre que es la vida de las almas.”

“Estos dos rayos salieron de las profundidades de Mi tierna Misericordia, cuando Mi corazón agonizado fue abierto por la lanza en la Cruz.”

“Ofrezco a los hombres la vasija con la que han de seguir viniendo a la fuente de la misericordia para recoger las gracias. Esa vasija es esta imagen con la firma: Jesús, en Vos confío”

“Alienta a las personas a recitar la Coronilla (Rosario) que te he dado… Quien la recite, recibirá gran misericordia a su hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aún si el pecador más empedernido recite esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia.”

“Escribe que cuando reciten esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y el, no como Justo Juez sino como Salvador Misericordioso.”

“Yo quiero que esta imagen sea solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua; ese domingo ha de ser la Fiesta de Mi Misericordia.”

“En aquel día están abiertas las entrañas de Mi Misericordia. Derramaré un mar entero de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; el alma que se confiese [dentro de ocho días antes o después] y comulgue [el mismo día] obtendrá la remisión total de culpas y castigos”

“Te recuerdo, hija mía, que tan pronto como suene el reloj a las tres de la tarde, te sumerjas completamente en mi Misericordia, adorándola y glorificándola; invoca su omnipotencia para todo el mundo, y particularmente para los pobres pecadores; porque en ese momento la Misericordia se abrió ampliamente para cada alma.”

“A la hora de las tres imploren Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi desamparo en momento de agonía. Esta es la hora de gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré entrar dentro de Mi tristeza mortal. En esta hora, no le rehusare nada al alma que me lo pida por los méritos de Mi Pasión.”

“Deseo que durante esos nueve días traigas almas a la fuente de Mi misericordia, que de allí podrán tomar fuerza y consuelo y cualquier gracia que necesiten en las adversidades de la vida, especialmente en la hora de la muerte.”

Son extractos de los Mensajes de Nuestro Señor, del diario de Santa Faustina

Nuestro Señor le habla estrictamente de esto a Santa Faustina:

Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario 742).

Así como lo mandan los evangelios “Sean Misericordiosos, así como Élu Padre en el Cielo, es Misericordioso, ” pidan que seamos misericordiosos con nuestro prójimo “siempre y en todo lugar” parece imposible de cumplir pero el Señor asegura que es posible. ” Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. ” (Diario 1074)

¿Cómo irradiamos la Misericordia de Dios a nuestro prójimo? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones. “En estas tres formas” Él le dice a Sor Faustina ” está contenida la plenitud de la misericordia” (Diario 742) Todos hemos sido llamados a practicar estas tres formas de misericordia, pero no todos somos llamados de la misma manera. Tenemos que preguntarle al Señor, quien comprende nuestras personalidades individuales y nuestra situación, que nos ayude a reconocer las diversas formas con que podemos poner en práctica Su Misericordia en nuestras vidas diarias.

Pidiendo la Misericordia de nuestro Señor, confiando en su Misericordia, y viviendo como personas misericordiosas nos podemos asegurar que nunca escucharemos decir “Sus corazones están lejos de mí” sino más bien la hermosa promesa de ” Bienaventurados los misericordiosos, ya que ellos obtendrán Misericordia”.

Es nuestro deseo que ustedes continúen leyendo y volviendo a leer la información de esta página de web y que digan las oraciones, y que pongan en práctica lo anteriormente mencionado, de manera que lleguen a confiar completamente en Dios y vivan cada día inmersos en su Amor Misericordioso – cumpliendo de esta forma el mandamiento del Señor “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mt 5:16).

Durante casi 20 años, estuvo prohibida la devoción a la Divina Misericordia.

Sor Faustina murió de tuberculosis, el 5 de octubre de 1938, en Cracovia. Sus restos mortales yacen en la capilla del convento bajo la milagrosa imagen de la Divina Misericordia, fue beatificada el 18 de abril de 1993 y canonizada el 30 de abril del 2000 por S. S. Juan Pablo II.

 

 

La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

Hermanos, Cristo ha resucitado. De verdad, ha resucitado. “Pásalo y comparte”

Él había de resucitar de entre los muertos.

Lectura del santo evangelio según San Juan

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

– «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le hablan cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

Domingo de Resurrección 16/04/2017

PROCESIÓN SANTO CRISTO RESUCITADO

Hoy Domingo de Resurrección,  a las 11,00 horas y en el cementerio municipal se celebra la Eucaristía de Pascua de Resurrección organizada por la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

Al término de la misa, a las 12,00 horas, salida desde el Camposanto con el recorrido: Carretera de Navarra, Puente de Piedra, Avenida de Viana y Capitán Gaona hasta el colegio de la Compañía de María donde concluye tanto el recorrido de esta procesión como la Semana Santa 2017 en Logroño.

 

CRISTO HA RESUCITADO, “PASALO y COMPARTE”

La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana. Si El no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de  entre los muertos al tercer día.  Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte.

Jesús mismo, predijo su muerte y resurrección, y estos eventos sucedieron exactamente como él los había anunciado.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

“Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.”

Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables.

Historiadores como Josefo (c.37-110 DC), Ignacio (c.50-115 DC), Justino Mártir (c.100-165 DC) y Tertuliano (c.160-220 DC) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección.  Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 DC y no más tarde del año 64 DC.

Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época.

La resurrección es la única explicación aceptable del sepulcro vacío.

Los soldados romanos celosamente vigilaban la tumba donde el cuerpo de Jesús se encontraba. Además, la entrada al sepulcro estaba sellada con una enorme roca.  La guardia romana, que normalmente se componía de 16 miembros, hubiesen hecho imposible para los discípulos–quienes, a propósito, estaban acobardados por el miedo a perder sus propias vidas–robar el cuerpo. Si, como algunos aseguran, Jesús no estaba muerto, sino solamente debilitado, los soldados y la roca hubiesen evitado su escape.  Después de haber sido golpeado y flagelado, colgado en una cruz por seis horas, traspasado con una lanza por su verdugos para asegurar su muerte, y envuelto, como la  costumbre, en 100 libras de lino y especias, Jesús no hubiese estado en condición alguna para rodar una roca de dos toneladas cuesta arriba, ni ser más ágil que 16 soldados romanos y después aparecerse radiantemente a sus discípulos.

Los líderes judíos de la época fácilmente pudieron haber refutado  todas las aseveraciones sobre la resurrección simplemente al reponer el cuerpo, pero no pudieron porque no había cuerpo.

Hubo numerosos testigos de la resurrección.

Después de que él  resucitó de entre los muertos, Jesús apareció por lo menos diez veces a los que le conocían y a más de 500 personas a la misma vez.  Estas apariciones no fueron alucinaciones; Jesús comió y habló con sus seguidores y ellos le tocaron su cuerpo resucitado.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

La resurrección es la única  explicación razonable para el comienzo del movimiento Cristiano.

La Iglesia Cristiana nació en la misma ciudad donde Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado.  La creencia en un Jesús resucitado tuvo que haber sido auténtica para haberse enraizado en Jerusalén y crecido hasta abarcar el mundo entero.  La Iglesia Cristiana es ahora la institución más grande que existe y ha existido en la historia de la humanidad.   Claramente, esto hubiese sido imposible si la resurrección fuese solamente un cuento.

La resurrección es la única explicación lógica para la transformación de los discípulos. 

Ellos abandonaron y negaron a Jesús antes de su juicio público; después de su muerte ellos estaban desalentados y temerosos.  Aún, después de su resurrección y su experiencia en Pentecostés, estos mismos desalentados hombres y mujeres fueron transformados por el sobrenatural poder de Cristo resucitado.  En su nombre, ellos pusieron de cabeza al mundo .  Muchos perdieron la vida por su fe, otros fueron terriblemente perseguidos.  Su valiente comportamiento no tiene sentido aparte de su convicción de que Jesucristo fue verdaderamente resucitado de entre los muertos- un hecho digno por el cual morir.

A través de los siglos, los grandes teólogos que han considerado las pruebas de la resurrección han creído, y todavía creen, que Jesús está vivo.

Después de haber sopesado la evidencia de la resurrección dada por los escritores de los Evangelios, Simón Greenleaf, una eminencia sobre asuntos legales de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, concluyó:

“Sería imposible que ellos hubieran persistido en afirmar las verdades que han narrado, de no ser por el hecho de que Jesús sí resucitó de entre los muertos.”

El señor Greenleaf, fue un profesor judío que se convirtió en un seguidor de Jesús, el Mesías, después de estudiar los hechos por sí mismo.

Después de haber sopesado esta evidencia, ¿cual es su conclusión?. Digo la de usted, la de la persona que me está leyendo en estos momentos. ¿Usted cree que Jesús está vivo?  Todo aquel que cree que El en verdad ha resucitado, puede recibir el regalo de la vida eterna y experimentar una relación personal con él.  Descubra cómo usted puede comenzar esta relación duradera.

Podemos analizar los hechos y pruebas.

Jesús Resucitado

 

Pruebas de la Resurrección.  

La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay “evidencias”: El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: “Vió y creyó (20,8).

Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, conversa con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección. El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el “Crucificado estaba vivo” y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .

¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?. La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, – va más allá, pues anticipa nuestra propia resurrección-. Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:

  1. La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es “exaltado” por Dios (Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm 6, 9-10)
  2. Jesús resucitado no es una “alma inmortal”, ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
  3. Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
  4. No se trata de que Jesús resucitó “en la fe” de sus discípulos, o “en su recuerdo”. Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.

 

Significado de la Resurrección

Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:

  • Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.
  • Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.
  • Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.
  • Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.
  • Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.

 

El encuentro del hombre con el Resucitado

En los evangelios se describen varios “encuentros” de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:

  1. Jesús se “deja ver”, para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
  2. El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)
  3. Les descubre los enigmas de la fe: “se les abren los ojos” “ven y creen”.
  4. Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización “vayan y digan” (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).
  5. Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).

 

Se buscan testigos del Resucitado

Jesús dijo a Tomas: “Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto” (Jn 20, 29)

Estas palabras de Jesús: “Felices los que creen sin haber visto“, se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque “no lo veamos” con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos “felices”, porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.

Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.

Pero…. si tu eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡no te desanimes!. Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el “ambiente” donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.

Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

María, sabía que la misión de su Hijo, no había terminado

Con María, esperando la Resurrección de Cristo.

Todos te intentan dar ánimo, Madre querida… sí, sabemos que tienes el corazón traspasado de dolor por esa espada anunciada.

Todos pensábamos que no nos veía, que no nos escuchaba, que estaba rota por la tristeza. Pero María se vuelve hacia todos y dice: No os preocupéis. Aquí estoy, con todos vosotros, como cada día. Vinimos juntos “caminando”, y nuestro Padre Celestial así lo dispuso.

Intuimos que nuestra Madre está como siempre, mirando nuestros corazones que no pueden tener secretos ante Ella.

Muchos de nosotros, la gran mayoría, solo atinamos a decir tu nombre, Señora. No nos salen las palabras ante tanto dolor, llorando recordando la Pasión y muerte de Jesús Nuestro Señor, Hijo tuyo.…

Y tú, como Madre, la que más dolor tienes y la que más afectada tienes que estar por la pérdida de tu Hijo, eres la que incomprensiblemente más entereza tienes y más consuelo das a los demás. Incluso en estos momentos amargos, mientras nos abrazas suavemente, reclinas nuestras cabezas en tu hombro, y nos dices que vayamos, que te acompañemos, que debemos ir allí ahora, pues José de Arimatea le está por bajar de la Cruz.

No podremos aguantar con entereza ese momento, Señora. No nos pidas eso… No lo soportaremos viendo a Jesús muerto, después de tan horrible pasión.

Es su propia Madre, nuestra Madre, la que con su entereza nos dice a cada uno de nosotros: No temas, te sostendré fuerte, para que no caigas en ese desánimo.

José de Animatea bajó el cuerpo del Señor, mientras tú, amada Madre, sostenías el Santo Sudario que envolvería el preciosísimo cuerpo. José y los demás colocaron a Jesús en tus brazos… le quitaron la corona de espinas… besaste su frente, María, como tantas y tantas veces lo hiciste en estos bellos treinta y tres años, besaste la frente del niño, la frente del joven, la frente del hijo del Hombre que aceptaste aquel lejano día de la Anunciación… Le abrazaste fuerte… muy fuerte.

Y sin entenderlo ninguno de nosotros, le decías claramente: “ OH amor mío e Hijo mío, ve a donde debes ir, haz lo que debes hacer, que aquí quedará tu madre esperando por ti… Vamos hijo, ve, termina tu misión, Oh Hijo del Altísimo, a quien Dios dio el trono de David, su antepasado, para que reines sobre la casa de Jacob para siempre, en un Reino que no tendrá fin…

A tu nuevo hijo designado por el mismo Jesús y a todos los demás, nos dijiste luego: Haced lo que debe hacerse. Ahora pues, ahora, solo resta esperar…

Juan, quien había tomado de Jesús la responsabilidad de cuidar a esta Santa Mujer, se sintió turbado, creía que ella había enloquecido por el dolor, pues no comprendía las extrañas palabras que había pronunciado. Nosotros al igual que Juan, así mismo lo creímos, pues una Madre que acaba de perder con la muerte a su único Hijo, no se le esperan palabras de ese tipo.

Las demás mujeres, y amigos, que habíamos acompañado al Señor desde Galilea, nos fuimos acercando lentamente, para ver la sepultura de Jesús… En cambio tú, María, comenzaste a alejarte, paso a paso, lentamente, volteando algunas veces el rostro hacia el sepulcro… pero no querías grabar en tu alma esas imágenes como el final de una historia, no… ese no era el final y tú, solo tú, amada Madre del alma, tenías los argumentos suficientes como para tener la certeza más absoluta de que ése…ése no era el final…

Te seguimos en silencio, seguramente irías cantando bajito alguna canción de cuna que Jesús te habría escuchado ya en Belén.

Los demás, cabizbajos y aterrorizados por los sucesos, caminábamos a tu lado preguntándonos muchas cosas que se nos venían una y otra vez a la mente.

Virgen Dolorosa 3

María, nos pregunta con la mirada dolorosa e iluminada, al mismo tiempo ¿Sabeis que es lo que está sucediendo en esto momentos?

Desde nuestra ignorancia y también desde nuestra incredulidad, como tratando de justificarnos ante tal pregunta, y antes de que pudiéramos contestar, María se nos adelanta y nos dice: “Pues… librando la batalla final, la más grande batalla jamás concebida en todos los tiempos… y saldrá triunfante, lo sé, triunfará sobre la muerte, porque para eso ha venido al mundo, para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

Y añade casi de inmediato sabiendo y conociendo nuestros corazones, algo que le preocupa, es el dolor de sus Apóstoles y de todos sus amigos. Sabe que sufrimos porque en el fondo del alma, no creemos ni entendemos que Jesús pueda resucitar, no creemos que un simple mortal, por sí mismo, pueda levantarse de la tumba y eso es algo que María, su Madre es precisamente lo que debe corregir.

Nosotros no sabemos quién es realmente el Padre de Jesús, pues creemos que es hijo de José, el carpintero Por eso ella nos tiene que hablar y explicar para que todo tenga sentido….

De esta manera, no desesperaremos y creeremos definitivamente Señora mía, Madre del alma.

Tú que siempre estas tan preocupada por todos, nos recuerdas: ¿No escuchasteis lo que dijo Jesús antes de partir?, ahora todos sois mis hijos, y por eso tengo que hablaros hoy mismo.

Y quedaste en silencio el resto del camino.

Llegamos a casa de Juan y te dispusiste a  esperar, en silencio y oración, la llegada del resto de los Apóstoles que fueron entrando, uno a uno, con la mirada sombría, el temor dibujado en el rostro, pues todos tenían la convicción de que estaban ante un final no deseado, que sus sueños estaban deshechos, que su Amado Maestro había partido para siempre

Y ante la mirada sorprendida de todos, dijiste: Hijos míos, debo hablar con vosotros.

Todos nosotros, Apóstoles y amigos, al verte tan calmada y serena, mirándonos entre sí con mirada compasiva, pensando de nuevo que el dolor te enloquecía más, como te amamos y respetamos, te escuchamos con mucha atención.

A Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, Simón, Judas hijo de Santiago, comenzaste mirándolos a cada uno de ellos a los ojos, a aquellos Hijos queridos del alma, que han seguido a Jesús hasta el último minuto y les dices: “Él, estoy segura, se llevó en sus ojos el rostro de cada uno de vosotros. Él, os ama de una manera increíble, de una manera imposible para un ser humano común. Como Jesús os ama, queridos hijos, ningún mortal puede amar, pero Jesús puede amaros de esa manera porque Jesús no es un hombre común. Yo quiero y necesito que sepáis esto.

Lo sabemos, Madre, le replicó Juan. Jesús era el Hijo de Dios, pero, él ya no está, se ha ido, yo quiero creer, necesito creer en su regreso, pero el dolor me nubla el alma, Madre querida. Conocemos todos tu sufrimiento y lo respetamos plenamente, hablas de Él como si no hubiese muerto, pues tu dolor de madre es atroz.

María le dice: Juan, hijo mío, veo que no has comprendido plenamente. Yo quiero deciros que Jesús no es hijo de José.

En la habitación se hizo un silencio tan profundo que cada uno podía oír el latido de su propio corazón, miraron a María de una manera extraña, primero como horrorizados pensando quizás en un adulterio, luego, su mirada se fue tornando compasiva, la pobre mujer habría perdido el juicio seguramente.

Ella tuvo que recurrir de nuevo: No me miréis así, no estoy loca, no. Por el contrario, jamás hablé tan en serio. Bueno si, ya lo hice otra vez. Fue hace más de treinta y tres años, en mi pequeña aldea de Nazaret… yo estaba comprometida con José, que era un hombre justo y fue de hecho, el mejor padre terrenal que pudo haber tenido mi hijo Jesús. Por esos días en mi corazón, latía el sueño de toda mujer judía: poder ser la madre del Mesías, pues había escuchado muchas veces el relato de Isaías, “La Virgen está embarazada”, aunque no entendía bien eso de “La Virgen”, pero al igual esperaba, todas esperábamos y una tarde, estando yo en oración sola en mi casa, apareció ante mí un ángel, creedme, jamás habría podido imaginar que fuesen de tal belleza.

Cuando comenzó a hablarme tenía la voz de mil campanas y la pureza de mil cascadas de agua cristalina: “Me dijo que concebiría y daría a luz un hijo, al que pondría por nombre Jesús, el sería grande y sería llamado Hijo del Altísimo, pues Dios le daría el trono de David, su antepasado, reinaría sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendría fin”. También me habló del embarazo de Isabel, mi prima.

Pedro susurro: Esas palabras, fueron las que murmuraste mientras sostenías el Cuerpo del Maestro…..

María le contestó: Sí, Pedro, por ello, hijos míos, por este secreto que he llevado en mi corazón durante treinta y tres años, es que os pido, os suplico que no desesperéis, que Jesús resucitará en tres días, tal como os lo dijo tantas veces, Hijos de mi alma. ¿Sabéis cuantas veces me pregunté si debía hablar y cuando? Mientras vivía mi amado esposo nos sosteníamos el uno al otro, como guardianes del secreto, pero cuando Él se fue y quedé sola, antes del comienzo del ministerio, yo no comprendía cual sería la misión de ese muchacho trabajador, que estaba día y noche en el taller procurando el sustento para los dos. Muchas veces hablamos de Dios, de su amor. Era increíble como su mirada se iluminaba y a veces se entristecía, sobre todo cuando estaba por cumplir los treinta años. Y es que claro, Él sabía el final.

Sus ojos se llenaban de lágrimas al recordarlo…..

Mientras María hablaba, los hombres uno a uno, fuimos poniéndose de pie y acercándonos a la Madre, ahora mucho más sentida, querida y admirada Madre. Más que nunca. El primero en acercarse a ella fue Pedro, quien de rodillas ante María, besó su vestido en señal de respeto

María le dijo: Levántate Pedro, no es ante mí ante quien tienes que arrodillarte, sino ante Jesús, yo solo estoy aquí para hablaros de Él.

Pedro la abrazó con amor inmenso.

Así uno a uno, los discípulos los amigos y todos los ahora creyentes, hemos secando nuestras lágrimas y abrazando a María. Desde la primitiva Iglesia hemos estado más que nunca, unidos a la Madre como camino hacia el Hijo. Y aúnque quedaba en los corazones el dolor de los últimos acontecimientos, también quizás alguna duda rebelde y empecinada, que seguirán dando vueltas en nuestras almas, hasta el domingo.

María ha encendido en nuestros corazones, la luz de la esperanza. Una luz que será camino para muchos, para todos. El Gran Secreto, ha visto la luz y se ha transformado precisamente en eso, en LUZ.

María, Madre nuestra, gracias por permitirnos compartir este maravilloso momento contigo, gracias por llenarnos de esperanza, de fuerza y sobre todo, de paz.

Ya no iremos al sepulcro de tu Hijo. No hace falta. Pero te acompañaremos en la mañana del domingo para estar presente cuando María Magdalena nos anuncie que el SEÑOR HA RESUCITADO. Queremos abrazar AL QUE VIVE.

 

Para ti, Madre querida, dedicarte una plegaria…..

Hoy quiero cantarte Señora de los Ángeles, Reina soberana, Madre celestial.

Yo soy una Alondra que ha puesto en ti su nido, viendo tu hermosura te reza su cantar.

Luz de la mañana, María templo y cuna, mar de toda gracia, fuego, nieve y flor.

Puerta siempre abierta, Rosa sin espinas, yo te doy mi vida, soy tu Trovador.

Texto adaptado de María Susana Ratero. Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles de Cesario Gabaraín

La Sepultura de Jesús de Nazaret.

“Todo está cumplido”

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

Y dicho esto, expiró.

Jesús ya no padece más. De todas y cada una de sus heridas brota todavía sangre. Una lanzada atraviesa su costado y sale sangre y agua. Se aseguran que está muerto. El cielo se ha cubierto y aún siendo de día, ha llegado la oscuridad. Rayos y truenos rasgan el cielo y la tierra. “En verdad éste era el Hijo de Dios” comentan algunos. La gente huye despavorida ante tales fenómenos. Nos han quitado al Maestro, al Señor, al Amigo. Pero era necesario que Él muriera para que todo cambiara, para que el hombre despertara al fin. Ahí tenemos a Jesús, hecho Sacramento, alimento.

Apenas se restableció un poco la tranquilidad en la ciudad, el gran consejo de los judíos pidió a Pilatos que mandara romper las piernas a los crucificados, para que no estuvieran en la cruz el sábado. Al día siguiente tenían que celebrar la Pascua, por ello había que darse mucha prisa. Pilatos dio las órdenes necesarias.

José de Arimatea habló a Pilatos, pidiéndole el cuerpo de Jesús, pues junto a Nicodemus habían formado el proyecto de enterrar a Jesús en un sepulcro nuevo, que había hecho construir a poca distancia del Calvario. Pilatos se extrañó que un hombre tan honorable pidiese con tanta instancia el permiso de rendir los últimos honores al que habían hecho morir tan ignominiosamente.

Hizo llamar al centurión Abenadar y le preguntó si el Rey de los judíos había expirado. Abenadar le contó la muerte del Salvador, sus últimas palabras, el temblor de tierra y la roca abierta por el terremoto. Pilatos pareció extrañar sólo que Jesús hubiera muerto tan pronto, porque ordinariamente los crucificados vivían más tiempo; pero interiormente estaba lleno de angustia y de terror por la coincidencia de esas señales con la muerte de Jesús. Quizá también quiso en algo reparar su crueldad y concedió el permiso de tomar el cuerpo de Jesús a José de Arimatea. También de este modo, daba un desaire a los sacerdotes, que hubiesen visto gustosos ver a Jesús ser enterrado ignominiosamente entre los dos ladrones.

Envió a su centurión Abenadar al Calvario para ejecutar sus órdenes, y contemplo todo el proceso del descendimiento de la Cruz.

Descendimiento de Cristo

Benjamín y Cayo, traen escaleras para ayudar a José de Arimatea y a Nicodemus. Se disponen para desclavar y descender a Jesús. Bajan al Señor con sumo cuidado. Lo recoge su Madre, la Virgen María en sus brazos. Todos forman un corro alrededor de la Madre y del Hijo. Cayo sostiene el brazo izquierdo de Jesús, Benjamín el derecho. Los dos observan las llagas de sus manos. ¡Abraza y besa María, nuestra Madre, el Cuerpo destrozado de su Hijo! No nos cansamos de mirar tampoco nosotros esta piedad, este cariño…

El divino Rostro de Nuestro Señor, apenas se podía conocer, tan desfigurado como estaba, con las llagas que lo cubría, la barba y el cabello estaban apelmazados por la sangre. María le alzó suavemente la cabeza y con esponjas mojadas fue lavándole la sangre seca. Conforme lo hacía, las horribles crueldades ejercidas sobre Jesús se hacían más visibles en el Rostro de Jesús y se acrecentaban herida tras herida. Lavó las llagas de la cabeza, la sangre que cubría los ojos, la nariz y las orejas de Jesús, con una pequeña esponja y un paño extendido sobre los dedos de su mano derecha. Lavó del mismo modo, su boca entreabierta, la lengua, los dientes y los labios. Limpió y desenredó lo que restaba del cabello del Salvador y lo dividió en tres partes, una sobre cada sien y la tercera sobre su nuca.

Tras haberle limpiado la cara, La Santísima Virgen se la cubrió después de haberla besado, luego se ocupó del cuello y de los hombros, de los brazos y de las manos. Todos los huesos del pecho, todas las coyunturas de los miembros estaban dislocados y no podían doblarse. El hombro que había llevado la Cruz, era una llaga enorme, toda la parte superior del Cuerpo estaba cubierta de heridas y desgarrada por los azotes.  En el lado izquierdo se veía una pequeña abertura, por donde había salido la punta de la lanza de Casio. Y en el lado derecho, el ancho corte por donde había entrado la lanza que le había atravesado el corazón.

La Virgen María lavó todas las llagas de Jesús. Mientras Magdalena, de rodillas le ayudaba en algún momento, pero sin apartarse de los pies de Jesús que bañaba con lágrimas y secaba con sus cabellos. La cabeza, el pecho y los pies del Salvador estaban ya limpios: el Sagrado Cuerpo, blanco y azulado como carne sin sangre, lleno de manchas moradas y rojas, allí donde se le había arrancado la piel, reposaba sobre las rodillas de la Madre, después se encargó de embalsamar todas las heridas, empezando por la cara.

Las santas mujeres arrodilladas frente a María, le acercan algún ungüento precioso con el que untaba las heridas y también el cabello. Tomó en su mano izquierda las manos de su Hijo, las besó con amor y llenó con ungüento y perfume las heridas de los clavos. Ungió también las orejas, la nariz y la herida del costado. Cuando La Virgen hubo ungido todas las heridas, envolvió la cabeza del Salvador en paños, mas no cubrió todavía la cara; le cerró los ojos entreabiertos y dejó reposar un tiempo su mano sobre ellos. Cerró su boca  y  abrazó el Sagrado Cuerpo de su Hijo y dejó caer su cara sobre la de Él.

Juan, repasando todas y cada una de las palabras del Maestro, les recuerda su promesa. “El Señor volverá a estar con nosotros. Él es el verdadero Mesías, el que nos salva del pecado y de la muerte. No tengáis miedo”

También una de las mujeres recordó lo que en una ocasión dijo: “Dios, no es Dios de muertos, sino de vivos”.

Y María Magdalena reza en voz alta con unas palabras del profeta Isaías: “Él tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias”.

José y Nicodemus llevaban un rato esperando en respetuoso silencio cuando Juan, acercándose a la Virgen, le suplicó que se separase de su Hijo para que le pudieran terminar de embalsamar, porque se acercaba el sábado.

Cuesta arrancarle el Cuerpo de Jesús a María. Juan la abraza, la consuela, la mima… También los demás. Pero ella sigue abrazando el Cuerpo de su Hijo. Se separa de Él en los términos más tiernos. Entonces los hombres cogieron la sábana donde estaba depositado el Cuerpo y así lo tomaron de los brazos de su Madre y lo llevaron aparte para terminar de embalsamarlo. María Santísima de nuevo abandonada a su dolor, que habían aliviado un poco los tiernos cuidados dispensados al Cuerpo de Nuestro Señor, se derrumbó ahora con la cabeza cubierta en brazos de las santas mujeres. Magdalena como si hubieran querido robarle a su amado corrió algunos pasos hacia Él con los brazos abiertos, pero tras un momento volvió junto a la Santísima Virgen.

Jesús trasladado al sepulcro

José de Arimatea, deja depositado el cuerpo de Jesús en un pequeño carro. El sepulcro que tiene preparado está en un huerto próximo. Es nuevo y no está lejos. Todos le acompañan. Cayo se queda junto a María. Benjamín sin embargo sube al carro, junto al Cuerpo de Jesús.

La Cruz de Jesús queda ahí, sola, en la cumbre del monte Calvario. Cayo se acerca a ella y la besa. “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. ¡Venid a adorarlo!”.

El sufrimiento de Jesús ha sido locura de amor. Él nos enseña, con su ejemplo, a no quejarnos tanto, a ofrecer a Dios lo que nos cuesta, lo que no nos gusta. El mérito está en el amor que ponemos al hacer las cosas. Todo tiene sentido para aquel que ama la voluntad de Dios.

El Sagrado Cuerpo es trasladado a un sitio más bajo y allí lo depositaron encima de una roca plana, que era un lugar adecuado para embalsamarlo. Primero pusieron sobre la roca un lienzo de malla, y tendieron el Cuerpo sobre ese lienzo calado, manteniendo otra sábana extendida sobre Él. José y Nicodemo se arrodillaron y, debajo de esta cubierta, le quitaron el paño con el que lo habían cubierto al descenderlo de la Cruz y el lienzo de la cintura, y con esponjas le lavaron todo el Cuerpo, lo untaron con mirra, perfume y espolvorearon las heridas con unos polvos que había comprado Nicodemo y, finalmente envolvieron la parte inferior del Cuerpo.

Entonces llamaron a las santas mujeres, que se habían quedado al pie de la Cruz. María Santísima se arrodilló cerca de la cabeza de Jesús, puso debajo un lienzo muy fino que le había dado la mujer de Pilatos, y que llevaba Ella alrededor de su cuello, bajo su manto; después, con la ayuda de las santas mujeres lo ungió desde los hombros hasta la cara con perfumes, aromas y perfumes aromáticos. Magdalena echó un frasco de bálsamo en la llaga del costado y las santas mujeres pusieron también hierbas en las llagas de las manos y de los pies. Después, los hombres envolvieron el resto del Cuerpo, cruzaron los brazos de Jesús sobre su pecho y envolvieron su Cuerpo en la gran sábana blanca hasta el pecho, ataron una venda alrededor de la cabeza y de todo el pecho.

Finalmente colocaron al Dios Salvador en diagonal sobre la gran sábana de seis varas que había comprado José de Arimatea y lo envolvieron con ella; una punta de la sábana fue doblada desde los pies hasta el pecho y la otra sobre la cabeza y los hombros; las otras dos, envueltas alrededor del Cuerpo.

Pusieron el Sagrado Cuerpo sobre una especie de parihuelas de cuero y Nicodemus con José llevaban sobre sus hombros los palos de delante y Abenadar y Juan los de atrás.

Detrás venían la Virgen María, María de Helí, Magdalena y María la de Cleofás, después las mujeres que habían estado al pie de la Cruz sentadas a cierta distancia: Verónica, Juana Chusa, María madre de Marcos, Salomé mujer de Zebedeo, María Salomé, Salomé de Jerusalén, Susana y Ana sobrina de San José. Casio y los soldados cerraban la marcha. Las otras mujeres habían quedado en Betania con Lázaro y Marta.

Dos soldados con antorchas iban delante para alumbrar la gruta del sepulcro y mientras llegaban a él, cantaban salmos con voces dulces y melancólicas. Trasladaron el Santo Cuerpo al interior con una tabla cubierta con una sábana. La gruta que había sido excavada recientemente, había sido barrida por los colaboradores de Nicodemus

Las santas mujeres se sentaron en frente de la entrada. Los cuatro hombres introdujeron el Cuerpo del Señor, llenaron de aromas una parte del sepulcro, extendieron una sábana sobre la cual pusieron el Cuerpo. Le testimoniaron una última vez su amor con sus lágrimas y salieron de la gruta.

Entonces entró la Virgen, se sentó al lado de la cabeza y se echó llorando sobre el Cuerpo de su Hijo. Magdalena entró precipitadamente a depositar unas flores que había cogido en el jardín, flores y ramos que echó sobre Jesús. Cruzó las manos y besó, llorando, los pies sagrados de Jesús.

Saliendo todos fuera, cerraron el sepulcro. La piedra gruesa destinada a cerrar la gruta del sepulcro, estaba a un lado. Era muy pesada y solo con las palancas pudieron hacerla rodar hasta la entrada del sepulcro.

sepulcro

Caifás y los principales judíos, hablaban respecto de las medidas que debían adoptarse.

Vistos los prodigios que habían sucedido y la disposición del pueblo, pudiera ser que robasen sus discípulos el cuerpo de Jesús y esparcir la voz de su Resurrección.

Fueron por la noche a casa de Pilatos y le dijeron que como ese “seductor” había asegurado que resucitaría el tercer día, era menester guardar el sepulcro tres días. Sus discípulos pueden llevarse su cuerpo y decir que ha resucitado. Pilatos, no queriendo mezclarse en ese negocio, les dijo: “Tenéis una guardia: mandad que guarde el sepulcro como queráis”. Sin embargo, les mandó también  Casio, que debía observarlo todo, para hacer una relación exacta de lo que viera.

Salieron de la ciudad unos doce, antes de levantarse el sol. Los soldados que los acompañaban eran soldados del templo. Llevaban faroles puestos en palos para alumbrarse en la oscura gruta donde se encontraba el sepulcro. Así que llegaron, se aseguraron de la presencia del cuerpo de Jesús en el interior,  ataron una cuerda atravesada delante de la puerta del sepulcro y otra segunda sobre la piedra gruesa que estaba delante y lo sellaron todo con un sello semicircular.

Los fariseos volvieron a Jerusalén y los guardas se pusieron enfrente de la puerta exterior. Casio, enviado por Pilatos, no se movió de su puesto

Historia de la Pasión del Señor. (Logroño)

(Paso de la Crucifixión del Señor. Logroño año 1940)

Desde hace muchísimos años, en la ciudad de Logroño, en la tarde-noche del Viernes Santo, se representa la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Más o menos organizados en grupos o históricas cofradías, no es hasta el año 1940 cuando en esta ciudad se reorganiza toda la escena de dicha Pasión de Señor.

Primero con la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro desde aquellos primeros años hasta a día de hoy, con la heredera Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, vuelve año tras año a las calles de nuestra ciudad como si de fotogramas del grandioso sufrimiento que padeció Jesús de Nazaret.

Procesión del Santo Entierro.

Organizada por el Cabildo Catedralicio de la Con-Catedral de Santa María de la Redonda, junto a la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, así como la totalidad de las Cofradías que la componen, sale hoy Viernes Santo, día 14 de abril de 2017, a las 19.30 horas la “Magna” procesión del Santo Entierro.

Desde la entrada de Jesús en Jerusalén hasta su muerte, representada “Paso a Paso” escena a escena por las distintas Cofradías.

Entrada de Jesús en Jerusalén.

Entrada de Jesús en Jerusalén Logroño

Oración en el Huerto de los Olivos.

Jesús Cautivo.

Flagelación del Señor.

El Encuentro con las tres mujeres.

Virgen de la Soledad.

María Magdalena.

 

Nuestro Padre Jesús el Nazareno.

Cristo Yacente.

Stábat Mater

Sto. Cristo de las Ánimas.

 

 

El Descendimiento del Señor.

Nuestra Señora de La Piedad.

 

Santo Sepulcro.

María, Madre Dolorosa.