Histórico de artículos
septiembre 2018
L M X J V S D
« Ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Victoria, Tú reinarás…

“Mirad el árbol de la Cruz”.

A lo largo de la historia, la Iglesia ha celebrado tres fiestas relacionadas con la Santa Cruz: La llamada Invención de la Santa Cruz (día 3 de mayo), el Triunfo de la Santa Cruz (16 de julio) y la Exaltación de la Santa Cruz (día 14 de septiembre).

En el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, únicamente ha prevalecido la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que tiene lugar el catorce de septiembre.

Pero vamos a dar unos pequeños detalles en la historia de cada una de estas festividades.

“LA INVENCION DE LA SANTA CRUZ”   (3 de mayo)

El Emperador Constantino trajo la paz y la libertad a la Iglesia, después de las crueles persecuciones del Imperio Romano. Vio en el cielo la Cruz de Cristo (“en este signo vencerás”).

Sin llegar a bautizarse, favoreció generosamente a la Iglesia. Emprendió la reconstrucción de Jerusalén, donde edificó varías basílicas. Su madre, Santa Elena, no descansó hasta que, el día tres de mayo del año 326, encontró la Cruz en que murió el Señor, en uno de los huecos del sepulcro.

Santa Elena repartió la Cruz entre las iglesias de Roma, Constantinopla y Jerusalén, donde quedó la parte principal.

Así se instituyó la fiesta de “la Invención de la Santa Cruz”, el día tres de mayo.

La Cruz de Mayo fue muy celebrada y cantada en España. Esta fiesta todavía aparece en el misal reformado de San Pío V, realizado por mandato del Papa San Pío X en 1911.

El mencionado misal de San Pío V daba a la Cruz de Mayo la categoría litúrgica de “Duplex II classis”. Las sucesivas reformas litúrgicas suprimieron esta fiesta de la Invención de la Santa Cruz.

“EL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ”  (16 de julio)

En esta fecha se instituyó la muy toledana fiesta del “Triunfo de la Santa Cruz”. Como consecuencia de la victoria cristiana sobre los musulmanes, en la batalla de las Navas de Tolosa, el 16 de julio de 1212. Así la mantuvieron los diversos sínodos diocesanos durante varios siglos. Incluso se mantuvo como fiesta de guardar en el sínodo del Cardenal Tavera (año 1536), que redujo el número de las fiestas de precepto.

El Papa Gregorio XIII, por bula de 30 de diciembre de 1573, mandó que la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz se celebrara en todos los Reinos de España y en el Nuevo Mundo.

Esta fiesta de ámbito muy local tuvo que competir con la fiesta de la Virgen del Carmen, que, desde fines del siglo XV, se celebró el mismo día dieciséis de julio. En el año 1726, el Papa Benedicto XIII extendió a la Iglesia universal la fiesta de la Virgen del Carmen.

El Triunfo de la Santa Cruz, corriendo los años, quedó muy reducida en ámbitos totalmente locales.

“LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ”  (14 de Septiembre)

De las tres fiestas de la Santa Cruz, sólo ha prevalecido esta última “La Exaltación de la Santa Cruz”. En ella se conmemora cómo el Emperador Heraclio I (610-641), el día catorce de septiembre del año 629, colocó de nuevo la Cruz en el Calvario, que había sido arrebatada en el año 628 por Cosrroes, Rey de Persia.

Cosrroes II (591-628) persiguió a los cristianos, a los que llegó casi a exterminar en Persia. Tomó Jerusalén y se llevó la Cruz de Cristo, depositada en esta ciudad Santa por Santa Elena.

Desde entonces comenzó a celebrarse la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el catorce de septiembre. Se mantuvo a lo largo de la Edad Media como consecuencia de votos populares por las poblaciones de la Cristiandad. Muchos sínodos diocesanos declararon, como fiesta de guardar, la Exaltación de la Santa cruz.

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz del catorce de septiembre oficialmente aparece en el misal romano, que el Papa Pío V mandó publicar en 1570, recogiendo así lo dispuesto en el Concilio de Trento. A esta fiesta de le concedía, en el mencionado misal, la categoría de “Duplex Majus”.Litúrgicamente era Fiesta Doble Mayor.

En la actualidad las celebraciones litúrgicas pueden ser solemnidades, fiestas y memorias. La Exaltación de la Santa Cruz pertenece a la segunda categoría: Fiesta que se celebra dentro de los límites del día natural, sin primeras vísperas.

Historia de la festividad.

La fecha elegida  para esta celebración tal y como ya hemos dicho, es el 14 de Septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335. También se dice que se conmemora, por la recuperación de la Cruz en ese día por Heraclio en el año 628 de manos de los persas, que la tenían en su poder desde el año 614.

Santa Elena

Pero realmente lo que conmemoramos este día es el recuerdo del hallazgo de la Santa Cruz por parte de Santa Elena, madre de Constantino. Más tarde, Cosroes rey de Persia se llevó la Cruz a su país y  Heraclio la devolvió a Jerusalén.

Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla, encontró la Vera Cruz, la Cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo. La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz, llevándola de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el propio emperador a través de la ciudad.

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar la Cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la Cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde antes era venerada. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz, verdadera Cruz de Cristo.

La Santa Cruz, fue partida en varios pedazos para evitar nuevos robos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron “Veracruz” (Verdadera Cruz).

 

pasion

 

jesus-cruz-1

 

 

Sol de La Rioja, María de Valvanera

Peregrinación Diocesana

al Monasterio de Valvanera

Queridos hermanos:

            Un cordial saludo ante todo y el deseo de que el Señor nos infunda nuevo ardor misionero al inicio de este nuevo curso pastoral.

Como todos los años, celebraremos la solemnidad de nuestra Patrona, la Virgen de Valvanera, en la tradicional Peregrinación Diocesana a su Monasterio, el domingo 9 de septiembre, presidida por nuestro Sr. Obispo D. Carlos Escribano.

El horario previsto es:

– 11,00 h.: Celebración penitencial.

– 12,30 h.: Eucaristía presidida por el Sr. Obispo y procesión.

– 14,00 h.: Comida popular.

– 15,00 h.: Sobremesa festiva.    

– 16,15 h.: Vísperas. Presentación y entrega del cartel del curso pastoral.

            Durante la Eucaristía se hará la presentación oficial del Plan Diocesano de Pastoral para este próximo curso, e invocaremos a la Madre de todos los riojanos para que nos aliente en la nueva Misión que vamos a emprender.

Después comeremos juntos en un lugar adecuado, habilitado con mesas y sillas. Cada cual ha de traer su comida que, como siempre, compartiremos con generosidad. La comunidad de monjes del Verbo Encarnado nos agasajarán con fervoroso licor de Valvanera y disfrutaremos de una sobremesa festiva.

            A continuación, tras la oración de Vísperas en el templo, presentaremos el icono de la Misión, que se entregará, junto con el Plan Diocesano de Pastoral, a dos representantes de cada Arciprestazgo.

(Publicado en Pueblo de Dios 03/09/2017 por D. Justo García Turza)

Siguiendo una tradición maravillosa y entrañable, el domingo más próximo al 8 de Septiembre (Festividad de la Natividad de la Santísima Virgen María),  subimos en peregrinación a Valvanera a saludar a la Virgen, a mandarle un beso y a vivir una jornada festiva de unidad con todos los diocesanos en torno a nuestro Obispo. Don Carlos, al igual que se viene haciendo estos últimos años, pondrá en el regazo de la Señora el Plan Diocesano de Pastoral, para que Ella interceda ante su Hijo y nos ayude a hacer lo que Él nos diga, como en las bodas de Caná. Por lo demás, y con toda seguridad, pasaremos un día estupendo de convivencia en torno al monasterio.

He de confesar que ya desde niño me conmovían todas las expresiones de afecto filial que dirigíamos a la Virgen de Valvanera, sobre todo cuando subíamos en romería – allá por el mes de mayo – desde Matute, y más tarde desde el Seminario. Llamábamos a María “Serranilla graciosa”, invocación a la que uníamos otras no menos cariñosas como “Madre amorosa, bien de esta tierra, prenda querida”. ¿Puede haber un piropo dirigido a María más hermoso que llamarla “Serranilla graciosa”? Con toda seguridad que no lo hay.

Pocos riojanos habrá que no conozcan bien, detalladamente bien, el origen de nuestra devoción a María de Valvanera. Cómo el ladrón y asesino Nuño Oñez, oyendo el rezo de quien iba a ser su víctima inmediata, se arrepintió de sus crímenes, encomendándose a María para cambiar radicalmente de vida. Un día, durante su oración, recibió la visita de un ángel que le indicó que fuera a Valvanera en busca de un roble de cuyo pie brotaba una fuente y que contenía varios enjambres de abejas, en el que encontraría una imagen de la Virgen. Acompañado de Domingo, sacerdote, encontró la imagen y en el lugar edificaron lo que serían los inicios del monasterio de Valvanera, allá por los últimos años del siglo IX.

Así empezó todo. Hoy, la invocación a María como Reina y Señora de Valvanera está extendida por todo el mundo. Acudamos el domingo a venerarla como riojanos, como hijos predilectos de tan estupenda Madre.

Justo García Turza

ORACIÓN A LA VIRGEN DE VALVANERA

Virgen de Valvanera,

hija amada del Padre,

Madre del Señor Jesús,

templo del Espíritu Santo

Y Madre de todos los riojanos.

Al celebrar con alegría la presencia

de tu bendita imagen en nuestra tierra riojana,

te alabamos y de damos gracias

por ser regalo de Dios para nuestro pueblo,

por peregrinar con nosotros mostrándonos a Jesús,

por animar siempre a la Iglesia

que, guiada por el Espíritu Santo,

quiere servir a su pueblo.

María de Valvanera, mujer creyente,

fortalécenos en la fe;

Maestra de esperanza, enséñanos a vivir esperanzados;

Reina y Señora de la caridad,

muéstranos el sendero del amor,

del perdón y la reconciliación entre todos los hombres.

Acompáñanos en la oración,

enséñanos el camino de la conversión,

ayúdanos en el compromiso

y en el servicio a los hermanos,

especialmente a los que más sufren.

Contigo, primera discípula y misionera,

queremos seguir anunciando a Cristo

como el Camino, la Verdad y la Vida,

para que nuestro pueblo, en Él,

tenga vida abundante, verdadera y eterna.

Santa María, Virgen de Valvanera,

ruega por nosotros a Dios.

Amén.

Asunta a los Cielos en Cuerpo y Alma.

La fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, se celebra en toda la Iglesia el 15 de agosto. Esta fiesta tiene un doble objetivo: Conmemorar la feliz partida de María de ésta vida y la asunción de su cuerpo al cielo.

“En esta solemnidad de la Asunción, contemplamos a María: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”.

Homilía de Benedicto XVI (año 2010)

Asuncion de la Virgen María

La festividad que celebramos el 15 de agosto como la Asunción de la Virgen María a los Cielos, la promulgo como dogma de Fe en la Constitución “Munificentissimus Deus”, el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950.

Las razones fundamentales para la definición del dogma presentadas por Pío XII fueron:

1- La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella, estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.

2- Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuido, le estrecho contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.

3- Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4- Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.

La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.

La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.

Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.

También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.

La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.

María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza. Tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.

Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.

La fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida.

Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.

María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.

María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.

images

El dogma de la Asunción

Se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado como hemos dicho por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus, con las siguientes palabras:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María, su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

Leer el resto de esta entrada »

Otra vez de vacaciones.

Estamos de nuevo en pleno verano y nuestra rutina laboral cambia en todos los órdenes: las vacaciones escolares, los niños y no tan niños por casa, los horarios se cambian, los días son más largos, las noches más cortas, incluso algunos privilegiados tienen la dicha de pasar algunos días fuera, en el pueble de origen, en la playa elegida, en la montaña.

vacaciones divinasEl verano es tiempo de buscar algún descanso, de tomar algunos días de vacaciones, cambiar y dejar la rutina diaria, aunque tampoco pasa nada si no se toman, y siga todo con el habitual ritmo del día a día.

Pero para muchos, cuando llega el verano, la vivencia de la fe se viene abajo o por lo menos bajo mínimos y son muchos los que descuidan la participación eucarística, otros muchos desatienden la oración del día a día, etc.

También las parroquias disminuyen muchísimo sus actividades. Las comunidades cristianas se aletargan y se relajan, “duermen” muchas de ellas hasta el fin del periodo estival. Muchas publicaciones semanales cristianas dejan de publicarse. Muchos foros y lugares de debates quedan ralentizados.

Nada nuevo en nuestras vidas. Año tras año por estas fechas sucede igual. En otros estamentos, en otros apartados, en otro tipo de asociaciones y comunidades, nos tomamos unas vacaciones o por lo menos, nos relajamos en nuestros quehaceres.

Pero en lo único que no podemos ni debemos “irnos” de vacaciones, es en la vivencia de nuestra fe.

¿Acaso Dios toma vacaciones? ¿Acaso Dios reduce su horario? ¿Acaso Dios reduce su  atención y presencia por descanso vacacional? ¿Acaso Dios se relaja y disminuye su atención, reduciéndolo a un horario más limitado?

 

No, Dios no toma vacaciones. Dios siempre está pendiente de todos y cada uno de nosotros, siempre. Dios no descansa en ningún momento del día, de la noche, del año. Siempre lo tenemos ahí……

Somos nosotros los que nos relajamos y nos olvidamos o por lo menos disminuimos nuestra relación respecto a Dios. Podemos decir que el descenso en la práctica religiosa durante el verano nos lleva a ser cristianos de tiempo parcial. A vivir la fe de forma esporádica en esta temporada. Y sería un síntoma de una fe vivida superficialmente.

Las personas que se han encontrado con Jesucristo, ya no viven más para sí. Tanto en invierno como en verano, en el trabajo y en las vacaciones, en la salud y en la enfermedad, con calor o con frío, su vida sólo encuentra sentido en la íntima relación con Dios.

No olvidemos pues, que Dios no se toma vacaciones en su búsqueda de amor al hombre y que estas vacaciones, pueden ser tiempo excepcional para salir a su encuentro. Y es que en verano, seguimos siendo cristianos. Es más, tenemos una magnífica oportunidad de serlo y de demostrarlo.

Dios no toma vacaciones, pero Satanás, el demonio, el maligno, el tentador, como quieras llamarlo, tampoco queda de vacaciones y no tenemos que dejar que el mal tome parte en nuestras vidas tampoco ahora.

Algunos consejos para vivir con plenitud nuestra fe en verano y también en invierno claro está. Son consejos sencillos, que a todos nos podrán venir bien.

Vive tu nombre y condición de cristiano.

No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad. Estés donde estés intenta tener muy claro quién eres y lo que eres, hijo de Dios.

Vive el domingo.

En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre.

Vive la familia.

Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos. Intenta visitar a esos familiares que durante el resto del año ves menos. La familia es la célula vital de la sociedad, apuesta por ella.

Vive la vida.

La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás. La vida es bella, saboréala, vívela con sencillez y con respeto. Apuesta por la vida y  por la cultura de la vida.

Vive la amistad.

Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas. Visita a los amigos, queda con ellos.

Vive la justicia.

No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes.

Vive la verdad.      Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria.

Vive la limpieza de corazón.      Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.

Vive la solidaridad.      No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones.

Reza un pocos más, busca silencio.      Ten la experiencia de callar y si puedes, da un paseo por la playa, por la sierra, o por algún parque cercano a tu casa, pero hazlo en silencio. En el silencio habla Dios, en el silencio se escucha a Dios. En el silencio se aprende a vivir.

 

vacaciones

Como en los mandamientos, en estos consejos hay uno que siendo el principal te lleva a todos los demás. Es el único que su título no empieza por el “Vive”. La oración al Padre en el silencio, en la paz, nos lleva a escuchar a Dios que nos habla precisamente en esa paz y en ese silencio.

“Cantemos al amor de los amores”

Festividad y actos del Corpus Christi en Logroño para 2018.

Canto Eucarístico

Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor.

Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Unamos nuestra voz a los cantares del coro celestial.

Dios está aquí, al Dios de los altares alabemos con gozo angelical.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

 

«Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre verdadera bebida; el que come mi Carne, y bebe mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

Corpus Chisti (en latín, “Cuerpo de Cristo”) o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, antes llamada Corpus Domini (“Cuerpo del Señor”), es la principal finalidad de proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

La celebración se lleva a cabo el jueves después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, que a su vez tiene lugar el domingo después de Pentecostés (es decir, Corpus Christi se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección). Específicamente, Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte; aunque en aquellos lugares en que no es festivo, se traslada al domingo siguiente.

Una y otra vez, nos viene el recuerdo del famoso dicho popular  “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.  

En España, entre otro sitios y lugares, dos de esto tres jueves, han sido modificados de día dentro de la semana, pasándolos al domingo siguiente a la correspondiente festividad con alguna excepción en la del “Corpus Christi” que se sigue celebrando en algunas ciudades el mismo jueves correspondiente.

La celebración del Día de Corpus Christi se remonta a los años 1192-1258 y hasta la fecha estas festividades de la Iglesia Católica se realizan en muchos países del mundo.

En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día festivo oficial (ciertas partes de España, Austria, partes de Alemania y Suiza, Brasil, República Dominicana, Bolivia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal, Perú y Venezuela).

En España dejó de ser un día festivo hace algunos años, excepto en los municipios donde es fiesta local, y desde entonces la Iglesia lo celebra el domingo siguiente.

Las celebraciones del Corpus suelen incluir una procesión en la que la hostia, el mismo Cuerpo de Cristo, se exhibe en una custodia e incluso saliendo con toda solemnidad por las calles de las ciudades.

Origen de la festividad.

Se cuenta que en Lieja, Bélgica, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Cornillón (1192-1258) tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía.

La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont de Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Ella comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez con los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

El Papa Urbano IV instituyó pues la celebración del Corpus Christi para la Iglesia Católica Universal, fijándola el Jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Por otro lado, se cuenta que en el año 1264 el Padre Pedro de Praga, Bohemia, dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte.

De regreso de Roma, Dios se le manifestó de manera milagrosa ya que cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre.

La noticia del prodigio llegó pronto al Papa Urbano IV, que se encontraba en Orvieto, ciudad cercana a Bolsena. Hizo traer el corporal y, al constatar los hechos, instituyó definitivamente la Solemnidad de Corpus Christi. El mismo Papa Urbano IV encargó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral de Orvieto donde aún se encuentra la sagrada reliquia.

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Ocurre, como en la solemnidad de la Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con otros motivos. Este es el día de la eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo de recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento).

Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.

El Sacramento de la Sagrada Eucaristía

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: ” En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente.”

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos.

Hay tres aspectos o momentos en la Eucaristía. El primero se dice real Presencia de Cristo en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa. Y tercero, la Santa Comunión.

La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa “Acción de gracias”. Se aplica a este sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.

La Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas.

El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario. En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el mundo.

La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya el banquete mesiánico del Reino de los Cielos.

Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él.

Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia. Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Procesión del Corpus Christi

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Las procesiones son a modo de públicas manifestaciones de fe; y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias. Pero la más solemne de todas las procesiones es la de Corpus Christi. En ella se cantan himnos sagrados y eucarísticos de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y de la Eucaristía. Algunos de los himnos utilizados tradicionalmente son: Pange lengua; Sacris solemniis; Verbum supérnum; Te Deum, al terminar la procesión; y, Tantum ergo, al volver de la procesión, en torno del altar para finalizar.

La Palabra de Dios

“Yo soy el pan de la vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto
Y murieron; éste es el pan que baja del cielo,
para que quien lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo, bajado del cielo.
Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por
la vida del mundo….”Si no coméis la carne
del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros.
“El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día.
Porque mi carne es verdadera comida
y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en Mí, Y yo en él”.
“Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado
y yo vivo por el Padre, también el que me coma
vivirá por mí”. Jn 6, 48-57

“Mientras estaban comiendo, tomo Jesús pan
y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos dijo:
“Tomad, comed, éste es mi cuerpo.”
Tomo luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo:
“bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza,
que es derramada por muchos para el perdón de los pecados”.
Mt 26, 26-28

“Hagan esto en memoria mía”.
Lc 22,19

Oración y plegaria

Alaba, alma mía, a tu Salvador;
alaba a tu guía y Pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque Él está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle lo bastante.

El tema especial de nuestros loores
es hoy el Pan vivo y que da Vida.
El cual no dudamos fue dado en la mesa
de la Sagrada Cena a los doce Apóstoles.

Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,
sea pura la alabanza de nuestra alma.
Porque celebramos solemnemente el día
en que este divino Banquete fue instituido.
En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua nueva de la Nueva Ley
pone fin a la Pascua antigua.

Instruidos, con sus santos mandatos,
consagramos el pan y el vino,
que se convierten en Hostia de salvación.
Es dogma para los cristianos,
que el pan se convierte en carne,
y el vino en sangre.

Lo que no comprendes y no ves,
una fe viva lo atestigua,
fuera de todo el orden de la naturaleza.
Bajo diversas especies,
que son accidente y no sustancia,
están ocultos los dones más preciados.

Su Carne es alimento y Su Sangre bebida;
mas todo entero está bajo cada especie.
Se recibe íntegro, sin que se le quebrante ni divida;
recíbase todo entero.

Recíbelo uno, recíbenlo mil;
y aquél le toma tanto como éstos,
pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo los buenos y los malos;
pero con desigual resultado,
pues sirve a unos de vida,
y a otros de condenación y muerte.

Es muerte para los malos,
y vida para los buenos;
mira cómo un mismo alimento
produce efectos tan diversos.
Cuando se divide el Sacramento,
no vaciles, sino recuerda que Jesucristo
tan entero está en cada parte,
como antes en el todo.

Ninguna partición hay en la sustancia,
tan sólo hay partición de los accidentes,
sin que se disminuya ni el estado,
ni la estatura del que está representado.
He aquí el Pan de los Ángeles,
hecho alimento de viandantes;
es verdaderamente el Pan de los hijos,
que no debe ser echado a los perros.

Estuvo ya representado
por las figuras de la antigua Ley,
en la inmolación de Isaac,
en el sacrificio del Cordero Pascual,
y en el Maná dado a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero,
¡oh Jesús! apiádate de nosotros.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.

Tú, que todo los sabes y puedes,
que nos apacientas aquí
cuando somos aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los santos ciudadanos del Cielo.

Amén. Aleluya.