María, Reina del Universo.

El 22 de agosto celebramos a la Santísima Virgen María como Reina. María es Reina por ser Madre de Jesús, Rey del Universo.

Coronacion

Un poco de historia

Esta festividad, fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955 para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al final del año litúrgico. A Ella le corresponde no sólo por naturaleza sino por mérito el título de Reina Madre.

María ha sido elevada sobre la gloria de todos los santos y coronada de estrellas por su divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.

María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria. Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la corona del Cielo y de la Tierra.

María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.

La Iglesia la proclama Señora y Reina de los ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes. Es Reina del Cielo y de la Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.

La realeza de María no es un dogma de fe, pero es una verdad del cristianismo. Esta fiesta se celebra, no para introducir novedad alguna, sino para que brille a los ojos del mundo una verdad capaz de traer remedio a sus males.

El reino de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal y terreno, sino más bien un reino eterno y universal.  Es un reino eterno porque existirá siempre y no tendrá fin y universal porque se extiende al Cielo, a la tierra y a los abismos.

Es un reino de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad y para dar la vida sobrenatural a los hombres. Es un reino de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos  y de justicia porque premia las buenas obras de todos.

Es un reino de amor porque de su eximia caridad nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo. Es un reino de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios.

Santa María como Reina y Madre del Rey es coronada en sus imágenes según costumbre de la Iglesia para simbo­lizar por este modo el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.

Oración: “Oh Dios, que nos han dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el po­der llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reserva­da a tus hijos” Amen.

La Coronación

María es Reina: Dios te salve Reina y Madre… Es Madre de Cristo, Rey universal por la plenitud de todo poder. María participa de la Realeza del Hijo al llevarlo virginalmente en sus entrañas

Cristo reconoce la realeza de su Madre: es el mejor de los hijos de los hombres. Por eso, María, asunta al Cielo en cuerpo y alma, es coronada como Reina por su Hijo. Cristo es Rey por derecho propio y absoluto. María es Reina por gracia del Hijo.

Veneramos a la Virgen Madre como Reina de los coros angélicos: los Ángeles, los Arcángeles, las Potestades, las Dominaciones, los Tronos y Serafines. María es Reina de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes. Es Reina de las almas del Purgatorio, de la Iglesia peregrina, de la familia, de la paz… Reina del Rosario.

Reconocemos la Realeza de la Virgen María consagrándonos a Ella en esclavitud. Somos totalmente de la Virgen María y todas nuestras cosas son suyas como la mejor manera de ser totalmente de Cristo y de su Iglesia. Expresamos nuestra dependencia de María Reina con el Rosario como cadena que nos ciñe a su corazón y nos empapa de sus sentimientos de Madre-Reina para mejor conocer, amar e imitar a Cristo.

Madre querida, la justicia de Dios no estaba satisfecha con reunirte en cuerpo y alma para que pudieras imitar a Jesús en su Reino. Tu divino Hijo, Dios y Señor, te coronó como Reina de Cielo y Tierra.

En la tierra eras la desconocida Madre de Jesús. Tu humildad asombró a los ángeles y confundió a los demonios. Es verdaderamente justo, que ahora tu grandeza sea manifestada a todos los hijos de Dios.

Tu solo deseo es el de conducirnos a Jesús y tu única oración es por nuestra salvación. Agradecemos tu solicitud y nos entristece nuestra negligencia.

Tu coronación nos garantiza que algún día seremos gloriosamente coronados. Dios enjugará todas nuestras lágrimas y nos será otorgada la luz de la Gloria.

Tu corazón fue lacerado con Siete Dolores durante su terrenal peregrinaje. Ahora, doce estrellas, circundan tu cabeza y la luna está bajo tus pies.

Tú eres Reina del Universo, los ángeles te sirven, las constelaciones enmarcan tu belleza. Obtén para nosotros, Madre querida, la gracia necesaria para un día entrar en Su Reino y recibir la corona de Santidad.

SALVE

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Tí llamamos los desterrados hijos de Eva; a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.  Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesuscristo. Amén.

Virgen Reina

Todo está preparado para empezar con los actos programados por la festividad de Nuestra Señora La Virgen Reina.

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FESTIVIDAD DE LA VIRGEN REINA 2016

Tal y como destacamos en nuestro cartel, los días 19 y 20, viernes y sábado respectivamente, tendremos triduo y Eucaristía a las 20.00. Y el domingo 21 de agosto, completamos el triduo pero a las 19.00.

El sábado día 20, en el ofertorio de la misa, tendremos la ofrenda de flores a la Virgen, y el domingo 21, en sus andas ya preparadas, saldrá en procesión por los caminos y paseos adyacentes a su Capilla. Finalizada la Eucaristía, tenemos organizada como ya viene siendo tradición, la merienda-cena de hermandad.

Esta Capilla dedicada a la advocación de La Virgen Reina, está situada a tan solo 10 Kms. de Logroño, en el margen derecho de la carretera de Soria N-III, y a 4 Kms. de Albelda de Iregua,

Desde antiguo, desde la Festividad de la Asunción de La Virgen María a los Cielos (día 15 de agosto), hasta la octava siguiente Festividad de la Coronación de María como Reina (día 22 de agosto), desde ésta capilla conjuntamente con los vecinos de la zona, se preparaban una serie de actos para honrar a Nuestra Madre, Reina  y Señora, titular con su advocación mariana, tanto de la capilla como de la zona residencial, aunque años más tarde, poco a poco se fuera sustituyendo el nombre de dichas urbanizaciones, así como de toda la zona de alrededor de donde se haya ubicada dicha capilla. Dichos actos consistían en las misas matinales, correspondientes a estas festividades

Pero desde hace ya más de diez años,  siendo párroco de Albelda D. Fernando García Cordón, y coincidiendo con una de las pequeñas reformas que se realizaron en la capilla, se sustituyó y aumentó la iluminación interior con apliques, proyectores superiores y luz del altar, posibilitando poder oficiar también por la tarde o noche de cualquier festividad.

Gracias a esta pequeña intervención en la iluminación, se pudo iniciar la ahora ya tradición de celebrar el día 22 de agosto la Eucaristía y en el ofertorio de la misma, una gran ofrenda de flores por parte de todos los asistentes a dicho acto.

Pasaron unos años, antes de que con D. Félix Sáenz Solana, actual párroco de Albelda animara y organizara una serie de actos para completar nuestra singular fiesta en honor a nuestra querida Patrona. Con D. Félix se estrena el “Triduo a María”  y la procesión, con la imagen de la Virgen bajada de su hornacina, para ”visitar y pasear” por los caminos adyacentes a la capilla.

Virgen Reina

Poco tuvimos que insistir a D. Félix para bajar a Nuestra Señora de su hornacina de su altar. Más bien fue él, quien nos animó a ello para poder completar todos estos actos que en el cartel que acompaña a este post, está bien detallado.

Cada momento de estos actos, son muy emotivos y especiales, incluso el punto final de los actos con la cena de hermandad al finalizar la Eucaristía, pasando unos buenos momentos de convivencia.

El año pasado, nuestro anterior Obispo Diocesano D. Juan José Omella junto al Vicario de Pastoral D. Abilio Martínez, presidió la Eucaristía y posterior procesión, quedándose también al ágape.

Mons. Juan José Omella

En esta nueva edición, quedáis todos invitados a los actos organizados para esta festividad. Pasad los días 19,20 y 21 de agosto por la Capilla de la Virgen Reina, acudid al triduo, participar en la Ofrenda de flores en el ofertorio de la misa del día 20 y participar en la Eucaristía y Procesión del día 21. Quedaros después, a pasar todos juntos unos buenos momentos de convivencia en la singular cena. Estaremos encantados de recibiros, y Nuestra Madre la Virgen Reina, muy satisfecha de vernos a todos bajo sus pies.

Viva la Virgen Reina.

El Voto de Santiago Apóstol

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Es el nombre con el que se conocía al compromiso impuesto a los cristianos de los reinos de la Península, no sometidos al Islam, por el que se imponía el pago, además de los ya reconocidos y ancestrales diezmos y primicias que todo creyente debía a la Santa Madre Iglesia, de un nuevo diezmo del cereal recolectado y del vino producido, así como que, de todo botín que en las distintas expediciones guerreras se cogiesen a los sarracenos, se entregase al bienaventurado apóstol una parte exacta de la que correspondía a un soldado de a caballo y cuyo beneficiario sería el obispado de Compostela.

Se basa en el resultado de la Batalla de Clavijo, y cuenta la tradición, que no la historia, que todo parte de la negativa del rey Ramiro I de Asturias a pagar a Al-Ándalus, el llamado Tributo de las Cien Doncellas.

Este tributo fue una especie de reconocimiento del reino de Asturias, único reino cristiano de la Península en aquel momento, de la supremacía militar del Emirato de Córdoba, cuando allá por el año setecientos ochenta y tres, el rey Mauregato se hizo con la corona de Asturias gracias al apoyo del emir Abderramán I. El tributo que como de su nombre se desprende, consistía en entregar a los sarracenos cada año, cien doncellas, la mitad del pueblo llano y la otra mitad de la nobleza y castas privilegiadas, siendo considerado bochornoso por toda la población del reino y así, cinco años más tarde, Mauregato fue asesinado por dos nobles como consecuencia de aquella vergonzosa firma, sentando en el trono a Bermudo I, el cual tiene una idea fija que era acabar con tan execrable tributo.

Bermudo lo consigue, aunque sustituyéndolo por un pago en dineros, cosa que tampoco era demasiado satisfactoria.

A la muerte de Bermudo le sucede Alfonso II, apodado El Casto, que ya había sido rey antes, cuando fue depuesto por Mauregato. El reinado de El Casto ha sido de los más largos de la historia de España, pues duró cincuenta y un años y durante el cual se descubrió la tumba del apóstol Santiago en el Campo de la Estrella.

Alfonso II, consideraba ominoso el pago en dinero del tributo de las doncellas y determinó no pagarlo más y las cosas quedaron así, pero a su muerte le sucedió Ramiro I, cuyo reinado coincidió con el del poderoso emir Abderramán II, el cual se acordó de aquel viejo tributo que los asturianos debían satisfacer y lo reclamó al rey Ramiro.

Corría el año 844 y el monarca no estaba dispuesto a seguir doblando la cerviz ante el sarraceno y formando un ejército importante para la época y las circunstancias económicas y sociales de Asturias, salió en busca de los moros.

Al llegar a Nájera y Albelda, dos ciudades próximas, situadas en La Rioja, las tropas de Ramiro se vieron rodeadas por un numerosísimo ejército musulmán al mando del propio Abderramán II que cayó sobre ellos causando tremendas bajas, debiendo los cristianos batirse en retirada, refugiándose en el Castillo de Clavijo, en la cima del Monte Laturce, montaña de poco más de mil metros de altura, desde el que se divisa gran parte de la comarca de La Rioja.

Castillo de Clavijo

Retirados apresuradamente, los cristianos se guarecen en los riscos del monte y en el castillo que en aquella época debía ser poco más que una torre de vigilancia, en donde se disponen a pasar la noche, entre el frío del momento y el miedo al ejército moro, cuyas proporciones ya habían podido comprobar.

El rey Ramiro, tuvo aquella noche un sueño en el que se le apareció el apóstol Santiago en todo su esplendor, asegurando su presencia en la batalla que al día siguiente tendría lugar y cuyo resultado, gracias a su ayuda, sería una rotunda victoria.

Siguiendo la leyenda, al día siguiente se libró la tremenda batalla en la que apareció el apóstol totalmente vestido de blanco y montando un corcel del mismo color, animando y combatiendo contra los moros y cuyo resultado fue una rotunda victoria cristiana que persiguiendo al ejército moro, ya derrotado y disperso, consiguieron llegar hasta la ciudad de Calahorra, en poder musulmán y restituirla a la fe cristiana.

Agradecido, el 25 de julio de aquel año, el rey instituyó en la ciudad de Calahorra, el llamado “Voto de Santiago”, por el que ofrecían al apóstol cosechas y botín de guerra.

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Lo cierto es que de esta institución no se tiene constancia oficial, pues según cuentan las crónicas, al parecer, el diploma en el que se recogía el compromiso se habría extraviado en 1543, al ser presentado en la chancillería de Valladolid, con motivo de cierto pleito al respecto de algunas villas castellanas y el pago de dichos diezmos, pero, afortunadamente, existían copias en algunos monasterios, una de las cuales, escrita en latín, se conserva en la Biblioteca Nacional.

Desde la mítica batalla, se impuso, en los territorios cristianos del norte, la festividad del santo apóstol “Santiago Matamoros” el día 25 de julio y lo que fue mucho más importante es que se da a conocer que la tumba del apóstol, recién descubierta, está en Compostela y aquí se inicia la etapa de las peregrinaciones que tanto aportarían a Galicia y a toda la España cristiana.

Santiago “el Mayor”, Apóstol de Cristo.

 

 

Santiago el Mayor

Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.

Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.

Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: “Desde ahora seréis pescadores de hombres”, dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Aparece como una persona apasionada, llena de arrojo y decisión, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias. Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén.

Estuvo presente en momentos muy importantes de la vida de Jesús y se ha considerado uno de sus discípulos predilectos. Asistió, junto con Juan y Pedro, a la resurrección de la hija de Jairo. Fue testigo en la Transfiguración en el Monte Tabor y estuvo también el El Huerto de Getsemaní.

Lucas nos relata uno de sus momentos: “junto a su hermano Juan solicitó de Jesús que hiciese bajar fuego del Cielo para arrasar a inhospitalarios samaritanos que se negaban a dar albergue al maestro”.

La tradición le atribuye una gran labor de evangelización en la provincia hispánica que le correspondió en el reparto que los Apóstoles realizaron con el fin de difundir el Evangelio de Cristo.

Viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España), cruzando el mar Mediterráneo cuando los apóstoles fueron enviados por Jesús a predicar. Desembarcó en la Península Ibérica y cristianizó la región. Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y los convertidos.

Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Probablemente sería en el año 41 cuando llegó a España y permaneció en ella hasta fines del año 42. Recorrió los caminos de Itálica, Mérida, Coimbra, Braga, Iria, Lugo, Astorga, Palencia, Horma, Numancia y Zaragoza, donde se le apareció la Virgen en el Pilar. Después, por el Ebro, pudo tomar la Via Augusta de Tortosa a Valencia, Chinchilla y Cazlona para regresar desde un puerto murciano o andaluz a Palestina.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén.

Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado, dejando a siete discípulos que continuaron su labor evangelizadora.

En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

Fue Herodes Agripa, rey de Judea ( Act, XII, 2), nieto de Herodes El Grande,  quien lo manda decapitar con espada. Fue hacia el año 44, y Santiago se convirtió en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén, prohibiéndose que fuese enterrado.

Cuando se desencadenó una nueva persecución contra los cristianos y sus simbologías, su cuerpo fue trasladado por los Apóstoles a la Península Hispánica. En secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría de nuevo a España. Llevado en un bajel hasta Iria Flavia, puerto romano en la costa Gallega. Desembarcaron y caminaron unas 4 leguas hacia septentrión por la antigua vía romana de Iria a Brigatium llegando a Liberodonum,  enterraron su cuerpo en un compostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol. Elevaron un mausoleo, “Arca marmórica”, según diplomas de Alfondo III, Ordoño II, Ordoño III y Sancho el Craso. Según la tradición, junto al sepulcro de Santiago reposaban los cuerpos de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Apostol Santiago

Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.

El eremita advirtió al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida.

Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. A partir de esta declaración oficial los milagros y apariciones se repetirían en el lugar, dando lugar a numerosas historias y leyendas como ya hemos contado, destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra los avances del islam y a los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago.

En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularizan las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio.

Dos son los reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las órdenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny.

La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el camino. El Camino Francés es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años, más tarde con la conquista de Zaragoza se habilitaría el ramal de Somport a Puente La Reina. Las antiguas calzadas romanas de Burdeos a Astorga pasando por Vitoria y Briviesca y de Astorga a Iria Flavia sirven de base a la ruta jacobea y surgen gran cantidad de burgos y ciudades que acogen una nueva clase urbana de artesanos y comerciantes, la mayoría francos.

La Reconquista, todo un proceso que transcurre desde el año 711 a 1492 hasta que Granada es tomada por los Reyes Católicos y se cierra el ciclo y la unidad de España.

A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros), el mundo comienza a ensancharse y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos.

Allá por el siglo XVI, el Arzobispo de Santiago, Juan San Clemente, ocultó el cuerpo por temor a los ingleses que se aproximaban a la ciudad. Cuando más tarde el Cardenal Payá ocupó la sede de Compostela descubrió nuevamente las reliquias del santo. Inició un minucioso proceso que envió a Roma y finalmente una Bula de León XIII ” Deus omnipotens, del 1 de Noviembre de 1884 ratificó y confirmó la Sentencia de la Comisión Especial de la Sagrada Congregación de Ritos, en la que se declaraban auténticas las reliquias de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

La figura de Santiago, como Patrón de España, ha sido acogida a lo largo de toda nuestra historia de reconquista y conquista. Ahora comienza el Descubrimiento de América y de nuevo la figura de Santiago se hace notar: la intervención de Santiago es decisiva, en la mente de los descubridores y conquistadores:   “Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y dijeron que abia caído yllapa, trueno y rayo del cielo,… Y asi bajó el señor Santiago a defender a los cristianos. Dizen que vino encima de un cavallo blanco,… y el santo todo armado y su bandera y su manta colorado y su espada desnuda y que venía con gran destrucción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el cerco de los indios a los cristianos que había ordenado Manco Inca y que llevaba el santo mucho ruido y de ellos se espantaron los indios. (..) Y desde entonces los indios al rayo lo llaman y le dicen Santiago…(F. Guaman Poma, 1615)

En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake).

Concha peregrinaje

Hoy, la peregrinación a Santiago ha recobrado el esplendor de antaño. En 1985 la UNESCO declaró la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad.

Virgen del Carmen, reina y estrella de los mares

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Nuestra Señora del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen o Nuestra Señora del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, cuyo nombre viene de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como ‘jardín’.

Con esta advocación procedente del citado monte, nacieron las distintas órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana. Igualmente, esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, Camilo, Carmina, celebrando su onomástica el día de la festividad de esta Virgen, el 16 de Julio de cada año.

En España la Virgen del Carmen, es patrona del mar y de la Armada Española. Es uno de los países donde más arraigada se encuentra esta advocación. Los pescadores la nombraron su fiel protectora y  además  la Marina Española le ha concedido el título de Patrona. Por esta razón, la Virgen del Carmen es conocida como Stella Maris “la estrella de los mares”.

El primer convento carmelita de la Península Ibérica aparecería en Perpiñan (Francia), entonces ciudad de la Corona de Aragón, estableciéndose su fecha fundacional entre 1265 y 1269. Su propagación fue rápida por toda la península Ibérica, llegando a la ciudad de Sevilla en1358, ciudad desde la que se impulsará la creación de la destacada Provincia Bética Carmelitana, en 1499. En esta época empezarán a surgir las primeras comunidades femeninas de religiosas carmelitas en todo el territorio. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, también durante el siglo XVI, introdujeron profundas reformas en el seno de la Orden dando origen a los “Carmelitas Descalzos”, una nueva congregación más austera que se separa de la orden matriz, la cual pasó a llamarse “Carmelitas Calzados” o de la “Antigua Observancia”. A pesar de esta división, continuaron en siglos sucesivos su camino espiritual por todo el mundo.

Prácticamente todos los pueblos y ciudades de la costa española rinden culto religioso a la Virgen del Carmen, organizándose procesiones y vistosas romerías marítimas portando su imagen cada 16 de Julio: destacan las celebraciones de Santander, Santurce, Águilas, Algeciras, Barbate, Cádiz, Camariñas, Cee, Chiclana de la Frontera, Corcubión, El Perelló, Puerto de Santa María, Estepona y muchos otros lugares desde el norte hasta el sur y de oeste a este.

Pero es quizá más significativo, por antiguo y secular, el enraizamiento de la advocación en determinadas localidades del interior no vinculadas con el mar, pero consagradas históricamente a la Virgen del Carmen: Asturianos, Baeza, Cox, Durcal Guadix, Jerez de la frontera entre otras. Incluso en la Semana Santa de Sevilla, procesiona la Hermandad del Carmen Doloroso en el Miércoles Santo

En La Rioja también hay mucha devoción a esta advocación Mariana y en muchas de sus localidades se celebra dicha festividad con procesiones de sus respectivas imágenes.

El pueblo fiel de Logroño, participaba años atrás en la festividad de la Virgen del Carmen con misa y magnífica procesión, estando todavía muy presente en la retina de muchos Logroñeses. Para nuestro pesar, aquellas procesiones multitudinarias por los alrededores de la parroquia carmelita, con rezos y cánticos en honor a la Virgen, forman ya parte de la historia y del recuerdo. Hemos estado buscando y solicitando alguna fotografía de dichas procesiones para ilustrar estos apuntes y ha sido imposible encontrar alguna de aquellas instantáneas.

Si alguien quisiera aportar algún documento gráfico de dicho evento, puede remitirlo al correo comunicacion@logronopasion.com

Historia de esta festividad

Carmen

La Virgen del Carmen es la Virgen María, la Madre de Jesús y por ello Madre Nuestra.

Las distintas advocaciones que Ella recibe son producto del lugar y del mensaje que Ella nos trae. Así en distintos momentos de la historia Ella se ha mostrado vestida de diferentes maneras, es por esta razón que se le conoce con distintos nombres o advocaciones como por ejemplo La Virgen del Carmen, que toma su nombre en alusión al Monte Carmelo.

Sobre sus orígenes, en el Primer Libro de los Reyes, se habla del profeta Elías, de la gran  sequía que sufría el país y de los sacrificios ofrecidos en el Monte Carmelo. Fue entonces que Elías prometió a Dios que el rey Ajaab y el pueblo abandonarían al dios Baal para que El terminara con la sequía que asolaba a la región. Después de varias veces que Elías subió al momento, apareció una gran señal: “Cuando volvió la séptima vez, subía desde el mar una nubecita no más grande que la palma de la mano” (1 Rey 18, 44).

A partir de entonces el Monte Carmelo, ubicado al oeste del lago Galileo y cuyo nombre significa jardín, se convirtió en un lugar sagrado, hasta donde llegaron a vivir ermitaños que se dedicaban a rezar y que con el paso de los siglos fueron llamados carmelitas.

Estos hombres que se entregaron a la oración y a la penitencia en el desierto, comenzaron con los años a invocar a María con el nombre de “Santísima Virgen del Monte Carmelo”.

En el siglo XIII, el Patriarca Latino de Jerusalén, delegado papal en Tierra Santa, les pidió a los ermitaños del Monte Carmelo que ordenaran su estilo de vida, lo cual se concretó gracias a los Papas Honorio III e Inocencio IV. De esta manera, nació la orden religiosa de los Padres Carmelitas, que se extendió por el mundo tanto en su rama masculina como femenina.

Posteriormente en el siglo XVI Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia es la reformadora del Carmelo descalzo reimpulsando la fuerza de su regla original, de oración y clausura. Y es así como se difunde a América.

En 1690, la rama femenina carmelita se extendió a Chile, fundando el primer monasterio chileno “El Carmen Alto de San José” en Santiago. Con el tiempo y la abundancia de las vocaciones nacieron otros conventos, viniendo desde el Monasterio de Los Andes, nuestra primera santa, Teresa de Jesús de Los Andes.

Respecto del origen del mensaje de la Virgen del Carmen, éste está en Inglaterra.  El domingo 16 de julio de 1251, San Simón Stock, Superior General de los Padres Carmelitas del convento de Cambridge, estaba rezando por el destino de su orden, cuando se le apareció la Virgen María.

Estaba Ella vestida de hábito carmelita, llevaba al Niño Jesús en sus brazos y en su mano el Escapulario, que le entrega diciendo: “Recibe hijo mío este Escapulario de tu orden, que será de hoy en adelante señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los que lo vistan. Quien muriese con él, no padecerá el fuego eterno. Es una señal de salvación, amparo en los peligros del cuerpo y del alma, alianza de paz y pacto sempiterno”.

¿Cómo se originó el escapulario?

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La palabra escapulario viene del latín “scapulae” que significa “hombros”. Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros.  Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.

Los primeros carmelitas del monte Carmelo, se vieron forzados a venirse a Occidente, porque ya su presencia en aquellas latitudes no era soportable por el peligro continuo de las invasiones mahometanas.

Entre los años 1165-1265, San Simón Stock, abad carmelitano, fue privilegiado con alguna de las apariciones de la Virgen María quien tuvo detalles de delicadeza en la difícil adaptación de los carmelitas al nuevo medio: soportar clima tan distinto, cambiar su vida de eremitas por otros parámetros y ni siquiera contar con la aceptación de los cristianos, ni aun de los clérigos, amén de algunas deserciones o abandonos que añadían tristeza a las dificultades.

Todo eran rezos por parte del abad y todo era prestar atención a lo que Dios quisiera.

La entrega del escapulario por parte de la Virgen con la promesa de protección «quien muera con él se salvará» para alcanzar la vida eterna, y de reducción de las penas del Purgatorio a quien lo llevara de por vida, hizo de contrapunto para renovar energías, y continuar con el Querer sobrenatural el nuevo estilo. Así desparramaron por el mundo la promesa de protección que brindaba María. Era un respiro nuevo, una nueva fuerza, casi un nuevo nacimiento que favoreció la entrega total del Carmelo a María.

Ahora si, que el título de la Virgen del Carmen, unido al Escapulario arraigó en todas las clases sociales. La predicación persistente del santo distintivo cayó como la lluvia en la tierra seca y se fue haciendo cada día más grata al pueblo, se introdujo en las familias sencillas y en las cortes de los nobles. Proliferaron las imágenes en los templos para la veneración sincera de los cristianos. Se contaron milagros, prodigios, favores sin cuento; así comenzó el patronazgo por los mares sobre naves y navegantes. La advocación a la Virgen con el nombre de Nuestra Señora del Carmen se hizo tan amplio que la Iglesia lo bendijo.

Honorio III aprobó en 1226 la regla carmelitana. El papa Urbano VI aceptó el nombre de los «Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo» y los bendecía el 26 de abril de 1379. La fiesta empezó a ser privada por disposición del papa Clemente X en 1674 para los dominios del Rey Católico, y pasó a toda la Cristiandad el 24 de setiembre de 1726 por decisión estudiada del papa Benedicto XIII.

Quizá convenga advertir a nuestro mundo actual, tan apasionadamente utilitarista y tan acostumbrado a lo práctico, que las gracias prometidas al Escapulario no son de carácter automático, como podría prometer cualquier anuncio de TV. o radio, no. Más bien, se requiere la disposición del espíritu cristiano deseoso de seguir a Cristo y ganar el Cielo.

El Escapulario, presente sobre nuestro cuerpo, alienta en la lucha personal y permanente por la fidelidad a la fe y seguimiento de los pasos de Jesús, animando a ser asiduos en la oración y a cuidar el cumplimiento de las obligaciones morales de la persona que tiene la gracia de llevarlo impuesto. No es un privilegio; sí una ayuda para vivir según Jesús por María. Recomendable hoy como ayer, su devoción y aprecio, porque vestir con el vestido de María indica el deseo de vivir su vida, en gracia de Dios, y eso ayuda a morir con Dios dentro.

Llevándolo siempre, quien pertenece a la Cofradía del Monte Carmelo sabe que cuenta con la ayuda de las oraciones y penitencias de toda la familia carmelitana, de monjas y de frailes, porque de ellas se participa, para llevar con éxito el esfuerzo diario por vivir las virtudes cristianas según el estado que cada uno tenga.

Es una garantía porque se ve y se toca, para mantener elevado el pensamiento a los bienes más altos del Cielo.

¡Y eso es muy bueno!

“Y con nuestro obispo Carlos y todos los pastores que cuidan de tu Iglesia”

larioja-calahorra-catedr (002)Hoy sábado, 25 de junio de 2016, a las 12.30 del mediodía tiene lugar en la Catedral de Calahorra, la toma de posesión del que hasta hoy era Obispo electo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Mons. Carlos Manuel Escribano Subías.

 

Ya, mañana domingo, 26 de junio de 2016 a las 13.00 tendrá lugar la entrada y presentación ante los fieles de Logroño en la Con-catedral de Santa María de La Redonda de Mons. Carlos, ya como Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño.  Y la presentación y entrada de Mons. Carlos como Obispo de la Diócesis en la Catedral de Santo Domingo de La Calzada, será el miércoles día 29 de junio de 2016, a las 20.00 horas.

Sea bienvenido D. Carlos.

escudocarlosescribano

Mons. Carlos Manuel Escribano Subías, nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña). Ingresó en el Seminario Mayor de Lérida. Obtuvo la Licenciatura en Teología Moral por la Universidad Pontificia Gregoriana (1994-1996). Y fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1996, quedando incardinado en la diócesis de Zaragoza.

Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos pastorales: Párroco de “El Sagrado Corazón” de Zaragoza, Patrono de la Fundación de la Universidad “San Jorge”, Consiliario del “Movimiento Familiar Cristiano”, Profesor del “Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón”, Consiliario de la Delegación Episcopal de Familia y Vida, Consiliario de la Asociación Católica de Propagandistas”, Párroco de Santa Engracia” en Zaragoza y Patrono de la Fundación “S Valero”.

Fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín el 20 de julio de 2010 y fue ordenado el 26 de septiembre siguiente. Nombrado Obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada – Logroño, el 13 de mayo de 2016, tomando posesión de la misma el 25 de junio del mismo año.

En la Conferencia Episcopal Española es Miembro de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, Consiliario Nacional de Acción Católica y de Manos Unidas y también Miembro del Departamento de Juventud.

D. Carlos Escribano 2

Obispos de la Diócesis.

(De los que hay constancia)

Diócesis de Calahorra

  • Valeriano (ca. 400-420)
  • Silvano (455-465)
  • San Prudencio ? (ca. 540-560)
  • Munimio (hacia 589 y 614)
  • Gabino (hacia 633 y 653)
  • Eufrasio (hacia 683)
  • Wiliedo (hacia 688)
  • Félix (hacia 693)
  • Teodomiro (802)
  • Recaredo (812)
  • Esteban (No se saben fechas concretas)
  • (Entre los Obispo, Esteban y Sancho, no se tiene datos concretos)
  • Sancho (1045-1046)
  • Gómez (1046-1064)
  • Munio (1065-1080)
  • Sancho (1080-1087)
  • Sigefredo (1088-1089)
  • Pedro I (1089-1109)
  • Sancho de Grañón (1109-1117)
  • Sancho de Funes (1118-1146)
  • Rodrigo de Cascante (1146-1190)
  • García Ferrández (1190-1194)
  • Juan de Préjano (1197-1202)
  • Juan García de Agoncillo (1207-1216)
  • Guillermo Durán y Rodrigo de Basín (1217-1219)

Diócesis de Calahorra y La Calzada

  • Juan Pérez (1220-1236)
  • Íñigo Martínez (1237)
  • Jerónimo Aznar (1238-1262)
  • Vivián (1263-1273)
  • Esteban de Sepúlveda (1273-1280)
  • Rodrigo Jiménez (1281-1282)
  • Martín García (1283-1286)
  • Blas (1286-1287)
  • Juan Almoravid (1287-1300)
  • Fernando González (1300-1303)
  • Rodrigo Ordóñez (1304-1311)
  • Miguel Romero de Yanguas (1313-1325)
  • Juan de Santo Domingo (1326-1346)
  • Pedro (1346-1347)
  • Lope de Fontecha (1348-1351)
  • Gonzalo (1351-1352)
  • Fernando Manuel I (1352-1362)
  • Roberto de Cosos (1362-1372)
  • Gonzalo de Mena y Roelas
  • Juan de Villacreces (1382-1394)
  • Juan Guzmán (1394-1403)
  • Alfonso (1403) (Electo)
  • Fernando Manuel II (1403-1408)
  • Diego López de Zúñiga (1408-1443)
  • Pedro López de Miranda (1443-1453)
  • Pedro González de Mendoza (1453-1467
  • Rodrigo Sánchez de Arévalo (1468-1469)
  • Juan Díaz de Coca (1470-1477)
  • Pedro de Aranda (1477-1494)
  • Juan de Ortega (1499-1503)
  • Fadrique de Portugal Noreña, O.S.B. (1503-1508)
  • Juan Fernández de Velasco (1508-1514)
  • Juan Castellanos de Villalba (1515-1522)
  • Alonso de Castilla Zúniga (1523-1541)
  • Antonio Ramírez de Haro (1541-1543)
  • Juan Yanes (1543-1544)
  • Juan Bernal Díaz de Luco (1545-1556)
  • Diego Fernández de Córdoba Velasco (1557-1558)
  • Juan Quiñones Guzmán (1559-1576)
  • Juan Ochoa Salazar (1577-1587)
  • Antonio Manrique de Lara, O.F.M. (1587-1588)
  • Pedro de Portocarrero (1589-1594)
  • Pedro Manso de Zúñiga (1594-1612)
  • Pedro González del Castillo (1614-1627)
  • Miguel de Ayala (1628-1632)
  • Gonzalo Chacón Velasco y Fajardo (1633-1642)
  • Juan Piñeiro Osorio (1643-1647)
  • Juan Juániz de Echalar de Muruzábal (1647-1656)
  • Martín López de Ontiveros (1657-1658)
  • Bernardo de Ontiveros (1659-1662)
  • Juan García de la Peña (1663-1667)
  • Gabriel de Esparza (1670-1686)
  • Pedro de Lepe y Dorantes (1686-1700)
  • Domingo de Orueta y Ceceaga (1701) (electo)
  • Francisco Antonio de Borja-Centelles y Ponce de Léon (1701-1702)
  • Ildefonso de Mena y Borja (1702-1714)
  • Antonio Horcasitas Avellaneda (1715-1716)
  • José Espejo Cisneros (1717-1747)
  • Diego Rojas Contreras (1748-1753
  • Andrés Porras Termes (1753-1764)
  • Juan Luengo Pinto (1764-1784)
  • Pedro Luis Ozta Múzquiz (1785-1789)
  • Francisco Mateo Aguiriano y Gómez (1790-1813)
  • Atanasio Puyal Poveda (1814-1827)
  • Ignacio Ribes Mayor (1828-1831)
  • Pablo García Abella, C.O. (1832-1848)
  • Gaspar Cos Soberón (1840-1848)
  • Miguel José Irigoyen (1850-1852)
  • Cipriano Juárez Berzosa (1852-1861)
  • Antolín Monescillo y Viso (1861-1865)
  • Fabián Sebastián Arenzana Magdaleno (1865-1874)
  • Gabino Catalina del Amo (1875-1882)
  • Antonio María Cascajares y Azara (1884-1891)
  • Fidel García Martínez (1927-1953)

Diócesis de Calahorra y La Calzada – Logroño

  • Abilio del Campo y de la Bárcena (1959-1976)
  • Francisco Álvarez Martínez (1976-1989)
  • Ramón Búa Otero (1989-2003)
  • Juan José Omella Omella (2004-2015)
  • Carlos Manuel Escribano Subías (2016)