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Archivo de julio de 2012

Santa Marta patrona de las amas de casa, hospederos y hoteleros

Marta significa: “señora; jefe de hogar”. Como hermana mayor de la familia, igual que su nombre, está bien acorde con el oficio de llevar la casa, que desempeñó con tanto esmero como su condición de ama, concienzuda y hacendosa se merecen.

Santa Marta

Santa Marta

 

En Betania, un pueblecito cercano a Jerusalén, vivía ésta familia de la cual dice el Evangelio un elogio hermosísimo: “Jesús amaba a Marta, a María y a su hermano Lázaro”. Difícil encontrar un detalle más simpático acerca de alguna familia: eran muy amados por Jesús.

Los dos primeros años de su apostolado, Jesús estuvo la mayor parte del tiempo en la provincia de Galilea, al norte de su país. Pero en el tercer año se trasladó a Judea, en el sur, y con él sus discípulos. En Jerusalén era bastante peligroso el quedarse por las noches porque los enemigos le habían jurado guerra a muerte y buscaban cualquier ocasión propicia para matar al Redentor. Pero allí, a cuatro kilómetros de Jerusalén, había un pueblecito tranquilo y amable y en él un hogar donde Jesús se sentía bien. Era el hogar de Marta, María y Lázaro. En esta casa siempre había una habitación lista y bien arreglada para recibir al Divino Maestro, cualquier día a la hora en que llegara. Y tres corazones verdaderamente amigos de Jesús, le esperaban con afecto fraternal. Allí Jesús se sentía como en su casa. (S. Marta es la patrona de los hoteleros, porque sabía atender muy bien). Con razón dice el Evangelio que Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro. Que bueno fuera que de cada uno de nuestros hogares se pudiera decir lo que la Biblia afirma del hogar de estas tres afortunadas personas.

Marta es la mujer activa –eterna trabajadora– que siempre quiso hacer agradable la estancia a Jesús. No para en el trajín de limpiar, ordenar, estar atenta para que no falte nada y de preparar mesa ante la llegada de Jesús y sus compañeros que cuadruplican las tareas habituales de una casa proyectada para tres. Y por si fuera poco atender al menaje y al fogón, siente la urgencia de hacerlo pronto, porque bien sabía ella el hambre que arrastraban aquellos hombres que vivían solo de las limosnas que les daban. Es la mujer de la confianza.

Famosa se ha hecho la escena que sucedió un día en que Jesús llegó a Betania con sus 12 apóstoles y las santas mujeres (madres de algunos apóstoles, etc). Marta corría de allá para acá preparando los alimentos, arreglando las habitaciones, llevando refrescos para los sedientos viajeros. Jesús como siempre, aprovechando aquellos instantes de descanso, se dedicó a dar sabias instrucciones a sus discípulos. Oír a Cristo es lo más hermoso que pueda existir. El estaba sentado en un sillón y los demás, atentísimos, sentados en el suelo escuchando. Y allí, en medio de todos ellos, sentada también en el suelo estaba María, la hermana de Marta, extasiada,oyendo tan formidables enseñanzas.

De pronto Marta se detiene un poco en sus faenas y acercándose a Jesús le dice con toda confianza: “Señor, ¿cómo te parece que mi hermana me haya dejado a mí sola con todo el oficio de la casa? Por qué no le dices que me ayude un poco en esta tarea?”.

Y Jesús con una suave sonrisa y tono bondadoso le responde: “Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas. Sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, la que no le será quitada”. Marta entendió la lección y arremangándose el delantal, se sentó también allí en el suelo para escuchar las divinas instrucciones del Salvador. Ahora sabía que todos los afanes materiales no valen tanto como escuchar las enseñanzas que vienen del cielo y aprender a conseguir la eterna salvación.

Narra San Juan en el capítulo 11 “Sucedió que un día Lázaro se enfermó, se agravó y empezó a dar señales muy graves de que se iba a morir. Y Jesús estaba lejos. Las dos hermanas le enviaron un empleado con este sencillo mensaje: Señor aquel que tú amas, está enfermo. Que bello modo de comunicarle la noticia. Sabemos que lo amas, y si lo amas lo vas a ayudar.

Pero Jesús (que estaba al otro lado del Jordán) no se movió de donde estaba. Un nuevo mensajero y Jesús no viene. A los apóstoles les dice: “Esta enfermedad será para gloria de Dios”. Y luego les añade: “Lázaro nuestro amigo ha muerto. Y me alegro de que esto haya sucedido sin que yo hubiera estado allí, porque ahora vais a creer”.

A los cuatro días de muerto Lázaro, dispuso Jesús dirigirse hacia Betania, la casa estaba llena de amigos y conocidos que habían llegado a dar el pésame a las dos hermanas. Tan pronto Marta supo que Jesús venía, salió a su encuentro y le dijo: Oh Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; pero aún ahora yo sé que cuánto pidas a Dios te lo concederá.

– Jesús le dice: “Tu hermano resucitará”.

– Marta le contesta: Ya sé que resucitará el último día en la resurrección de los muertos.

– Jesús añadió: Yo soy la resurrección y la vida. Todo el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá ¿Crees esto?

– Marta respondió: Sí Señor; yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Maravillosa profesión de fe hecha por esta santa mujer. Dichosa Marta que hizo decir a Jesús verdades tan formidables.

Jesús dijo: “¿Dónde lo han colocado?” Y viendo llorar a Marta y a sus acompañantes, Jesús también empezó a llorar. Y las gentes comentaban: “Mirad cómo lo amaba”.

Y fue al sepulcro que era una cueva con una piedra en la entrada. Dijo Jesús: “Quiten la piedra”. Le responde Marta: “Señor ya huele mal porque hace cuatro días que está enterrado”. Le dice Jesús “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”. Quitaron la piedra y Jesús dijo en voz alta: “Lázaro ven afuera”. Y el muerto salió, llevando el sudario y las vendas de sus manos.

Santa Marta bendita, no dejes de rogar a Jesús por tantos Lázaros muertos que tenemos en nuestras familias. Son los que viven en pecado mortal. Que Cristo el Salvador venga a nuestros hogares y resucite a los que están muertos por el pecado y los libre de la muerte eterna, por medio de una verdadera conversión.

Dijo Jesús: si crees verás la gloria de Dios.

Como se verá, Marta está bien detallada en los evangelios por ser bien conocedora del Maestro y metida en la intimidades de Jesús. Todas las ocasiones en que aparece en la literatura evangélica, son anteriores a la pasión; pero los datos evangélicos son más que suficientes para pergeñar una buena hagiografía.

Marta, patrona de hospederos, amas de casa, administradoras, limpiadoras, cocineras, hoteleros, planchadoras, lavanderas, tejedoras y decoradora, desaparece de la historia neotestamentaría en las páginas de los evangelios. Lo demás que se sabe de ella, son probabilidades y fábula. Los franceses la vieron junto a María y Lázaro, hecho todo un obispo predicador del Evangelio, por Marsella. Los italianos, con el permiso de Paulo III, levantaron un templo en el siglo XVI en honor a Marta por el impulso de San Ignacio. Pero lo más probable es que la tumba paleocristiana del siglo I encontrada con los nombres tallados de “Marta y María”, en la ladera noroccidental del Monte Olivette, en el lugar llamado Dominus flevit, sea significativo. Solo falta por determinar lo imposible: Que las dos personas llamadas así, coincidan con las dos hermanas de Lázaro. Aunque muy probable no de seguridad.

La multiplicación de los panes y los peces.

Reparto de los panes y los peces

Reparto de los panes y los peces

La multiplicación de los panes y los peces, es uno de los milagros de Jesús,  quien con una pequeñísima cantidad de panes y de peces como alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.

El suceso está contado en dos ocasiones y  seis veces en los Evangelios: los cuatro evangelistas describen la primera vez, en que cinco mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces; San Mateo Apóstol y San Marcos, además relatan la segunda en que cuatro mil hombres se alimentan de siete panes y “unos pocos pescados”.

Este milagro tiene fuertes signos mesiánicos, proféticos y litúrgicos; al igual que el episodio del camino hacia Emaús.

La Primera multiplicación de los panes puede apreciarse en cuatro textos “paralelos”, escrito por cada uno de los cuatro evangelistas. En el Evangelio de San Mateo, está en el capítulo 14, versículo 13 al 21. En el de San Marcos: capítulo 6, 30-44. En el de San Lucas: capítulo 9, 10-17. Y en el de San Juan 6, 1-15..

Antecedentes en el Antiguo Testamento

Como todos los signos de Jesús, éste fue profetizado y tiene un antecedente en el Antiguo Testamento: se trata del profeta Eliseo, que también realizó una multiplicación de panes, según narra el Segundo libro de los Reyes:

Llegó un hombre de Baalsalisá trayendo al hombre de Dios el fruto de las primicias: veinte panes de cebada y espigas nuevas en su alforja. Eliseo ordenó: Dáselo a la gente para que coma. ” Su criado le contestó: ¿Cómo voy a dar de comer con esto a cien hombres? Replicó Eliseo: Dáselo, porque el Señor dice: «Comerán y sobrará». Él se lo sirvió, comieron y sobró, segúnla Palabra del Señor. (2 Re 4. 42-44)

Como veremos, la acción es muy similar a la escrita en los evangelios: alguien ofrece unos pocos panes de cebada, se ordena a un discípulo que lo reparta, el discípulo hace una objeción, se repite la orden, y finalmente todos reciben su alimento.

Contexto en el Nuevo Testamento

Los tres Evangelios Sinópticos explican y Juan deja entrever, que éste episodio sucedió justo después de la la muerte de Juan el Bautista. Su ejecución fue ordenada por el tetrarca Herodes Antipa para cumplir una promesa hecha a su hija Salomé. La decapitación y posteriormente llegada de la cabeza del profeta en una bandeja de plata sucedieron durante un suntuoso banquete por el cumpleaños del gobernante. Opuesta a la opulencia de Herodes, está el banquete que celebra Cristo: es el signo del Banquete Celestial (Lucas 14, 15 y siguientes)

Primera multiplicación

Jesús recibió la noticia del asesinato de Juan el Bautista. Apenado, cruzó en una barca el mar de Tiberiades hacia un monte desierto cerca de la ciudad de Betsaida para estar a solas. Al enterarse de su partida, mucha gente lo siguió a pie, de tal forma que Jesús se encontró con que había un gran multitud. Compadeciéndose de ellos, Jesús curó a los enfermos y predicó su mensaje a toda la gente. Cuando ya se hacía tarde se le acercaron los discípulos y le dijeron que despidiera a la gente para que fuese a las ciudades vecinas a comprar comida, pero Él respondió: “Darles vosotros mismos de comer”. Ante la aparente imposibilidad de hacerlo, los apóstoles reflexionaron sobre la situación. Felipe estimó que doscientos denarios no eran suficientes para comprar comida para todos (Un denario podía bien conformar el jornal de un trabajador), mientras que Andrés encontró a un niño que tenía cinco panes de cebada y dos pescados. Sin preocuparse, Jesús ordenó que todos se sentaran en grupos de cien y de cincuenta. Luego tomó los cinco panes y los dos peces del niño, pronunció la bendición, y se los dio a sus discípulos para que los distribuyeran entre las personas. Los que comieron fueron cinco mil hombres, pero sin contar a las mujeres ni a los niños. Cuando todos quedaron saciados, Jesús ordenó: “Recoger  los pedazos que sobran, para que no se pierda nada” (Jn 6,12); y se juntaron doce canastas de sobras.

Segunda multiplicación

Como en el primero, el segundo milagro también tiene lugar en una montaña a orillas del mar de Galilea (lago Tiberíades). Una multitud estuvo durante tres días siguiendo al Maestro, quien curó a “paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos”. Otra vez, Jesús tuvo compasión de la gente que le había sido tan fiel, y quería darles de comer ya que muchos habían venido de lejos y podían desfallecer en el camino. Tomando siete panes, dio las gracias, los partió, y los dio a sus discípulos para que a su vez los repartieran a la gente, que eran unos cuatro mil hombres, otra vez sin contar mujeres y niños. Luego, Jesús se subió a una barca y se trasladó a la región de Magadán (Dalmantua).

En Mateo 15, 29-39 dice: Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí. Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.

También en Mr. 8, 1-10 dice: Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Mandó a la multitud que se recostase en tierra. Tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.

Descanso y ternura

En el evangelio del decimosexto domingo ordinario destacan dos aspectos: el amor solícito de Jesús para con sus apóstoles, que vuelven de la misión, y la ternura del pastor bueno hacia la multitud errante, que está “como ovejas sin pastor”. Son rasgos conmovedores de la humanidad de Jesús, que busca la tranquilidad para sus discípulos cansados y siente compasión por la multitud que le sigue.

Los apóstoles se habían dispersado por todos los confines de Galilea, habían expulsado demonios y curado enfermos ungiéndoles con aceite, habían predicado la conversión. Ahora vuelven satisfechos de esta primera experiencia misionera, contando al Maestro lo que habían hecho y enseñado. Por eso Jesús se preocupa del descanso de los apóstoles: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer”. Es conmovedora la delicadeza y exquisitez de Jesús, que los libra del tumulto, del griterío y de la confusión. Es bueno el sosiego después de la actividad agotadora.

La actividad misionera causa fatiga, necesita reposo para refrescar el cuerpo y el espíritu. De lo contrario, viene el agotamiento, el hastío, el abandono. Son muchos y diversos los cansancios del apostolado y del testimonio de la fe. La tranquilidad permite el análisis de los hechos con serenidad interior, a la vez que reconforta con nuevas esperanzas para el compromiso de la acción. Superar el vértigo de la prisa y del activismo no es fácil, pero es necesario, para no caer en la supervaloración de la eficacia ejecutiva que busca los éxitos a cualquier precio, aunque sea a costa de pasar por encima de las personas. Es gran sabiduría saberse retirar de vez en cuando, para dedicarse a la meditación y la plegaria, que hacen verdaderamente fecunda la acción cristiana. Hay que estar con Cristo en el trabajo y en el descanso.

Es también notable la ternura y compasión de Jesús, que destaca el evangelista San Marcos. Cristo se siente conmovedoramente cercano, como pastor bueno, misericordioso y solícito. Él recoge a las ovejas dispersas, se preocupa de su alimento y guía el rebaño con amor. No actúa como las falsas autoridades que dispersan y empobrecen a la multitud, que solamente se sirven a sí mismos, que obran con distanciamiento, que no se conmueven por nada ni nadie. A ejemplo de Jesús, el cristiano debe tener ternura en el corazón, comunicar la paz y derribar los muros de la división, del odio y de los prejuicios.

 

Monseñor Andres Pardo Rodríguez

Ilmo. y Rvdmo. Mons. D. Andrés Pardo Rodríguez. Delegado Diocesano de Liturgia de la Diócesis de Madrid.

You-Cat y Paternidad Responsable

La semana pasada, se publicaba por el sacerdote D. Pedro Trevijano en Pueblo de Dios un artículo muy interesante sobre la paternidad-maternidad responsable.

Dejo en éste rincón copia del citado artículo.

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano Etcheverria

Recuerdo un profesor de Teología que nos dijo un día: “¿Queréis bibliografía? Pues en primer lugar están los cuatro evangelios y toda la Biblia, en especial el Nuevo Testamento”. A esos libros añadiría para un católico que quiera conocer su fe, los Catecismos, en especial el Catecismo de la Iglesia Católica, al que normalmente hemos de usar como un diccionario en el que miramos ¿qué dice la Iglesia sobre este punto?, y el YouCat, es decir el Catecismo Joven de la Iglesia Católica, que se nos entregó a los participantes de la JMJ del año pasado. Estos Catecismos tienen la ventaja de ser para nosotros puntos de referencia. Siguiendo lo que nos dicen, sabemos ciertamente que estamos dentro de la ortodoxia de la Iglesia Católica, y que eso es lo que Cristo y la Iglesia me piden que crea.

El YouCat tiene la ventaja de, con sus preguntas y respuestas, de ser un libro que no se cae de las manos. En este artículo vamos a ver lo que nos dice sobre un tema importante y delicado: la paternidad responsable.

Ante todo podemos preguntarnos qué es un hijo: “Un hijo es una criatura y un don de Dios que llega al mundo por medio del amor de sus padres. El verdadero amor no quiere que una pareja se cierre en sí misma. El amor se abre al hijo. Un hijo que ha sido engendrado y ha venido al mundo, no ha sido “hecho” y tampoco es la suma de sus genes paternos y maternos. Es una criatura de Dios totalmente nueva y única” (nº 418).

A continuación entramos en el tema de la paternidad responsable, que a mí me servía, cuando lo explicaba a mis alumnos, para enseñarles que la Iglesia es madre y tiene sentido común. A la pregunta “¿Cuántos hijos debe tener un matrimonio cristiano”?, YouCat responde con la definición de paternidad responsable “La Iglesia afirma y defiende el derecho de un matrimonio, dentro del marco de la regulación natural de la fecundidad, de poder decidir ellos mismos el número de hijos y la distancia entre los nacimientos”. Y añade: “Un matrimonio cristiano tiene tantos hijos como Dios le conceda y pueda asumir responsablemente. Todos los hijos que concede Dios son una gracia y una gran bendición. Esto no quiere decir que una pareja cristiana no deba considerar cuántos hijos puede asumir responsablemente en su situación económica, social o de salud. En todo caso, cuando viene un hijo, este hijo debe ser acogido y aceptado con alegría, disponibilidad y con mucho amor. Basándose en la confianza en Dios, muchos matrimonios cristianos experimentan el gozo de tener una familia numerosa” (nº 419). (Como soy sexto hijo y estoy muy contento de haber nacido, pueden Vds. suponer lo que pienso de las familias numerosas).

“¿Puede un matrimonio cristiano utilizar métodos de regulación de fertilidad? Sí, un matrimonio cristiano puede y debe actuar responsablemente con el don de poder dar vida. En ocasiones hay circunstancias sociales, psíquicas y de salud en las que un hijo más podría suponer una gran exigencia para la pareja. Por ello hay criterios claros que los matrimonios deben considerar; la regulación de la fecundidad no quiere decir, en primer lugar, que una pareja excluya, por principio, la concepción. En segundo lugar, no puede significar que se excluye a los hijos por razones egoístas. En tercer lugar, no puede significar que se dé una presión externa (como por ejemplo cuando el Estado decide cuántos hijos está autorizada a tener una pareja). Y en cuarto lugar, no quiere decir que se pueda utilizar para ello cualquier tipo de medios”(nº 420).

“¿Por qué no son buenos todos los medios de regulación de la fecundidad? Como métodos de regulación consciente de la fecundidad la Iglesia remite a los métodos perfeccionados de la autoobservación y de la Planificación Familiar Natural = regulación natural de la fecundidad. Corresponden a la dignidad del varón y la mujer; respetan las leyes internas del cuerpo femenino; exigen ternura y unas relaciones recíprocas respetuosas y son por ello una escuela de amor.

No es indiferente que un matrimonio recurra a la anticoncepción o que aproveche el ciclo de los días fértiles de las mujer para regular responsablemente, es decir, generosamente la fecundidad. En el primer caso, distorsiona la naturaleza propia de la relación íntima conyugal haciéndola intencionadamente infecunda; en el segundo caso, respeta la integridad de esa relación íntima personal. La Iglesia rechaza la anticoncepción, realizada por medios químicos (“la píldora”), mecánicos (el preservativo), quirúrgicos (la esterilización) y otros (la interrupción del acto), no tanto por su carácter “artificial”, cuanto porque falsifica la relación personal conyugal privándola de su significado natural propio (ser fecunda). La mentalidad anticonceptiva, que implica una voluntad a ultranza de impedir la fecundación, puede también afectar al uso de los “métodos naturales”, que entonces también sería ilegítimo. Pero cuando recurre a los mencionados “métodos artificiales” la mentalidad anticonceptiva tampoco se detiene ante los daños que causan a la salud de la mujer, ni ante el carácter abortivo de algunos de ellos (la espiral o “la píldora del día después”), ni ante los diversos trastornos que ocasionan a la vida conyugal” (nº 421).

Esto es lo que dice el YouCat sobre la paternidad responsable. Aunque evidentemente se puede ampliar bastante más el tema, me parece una muy buena síntesis del problema. La prueba está en que lo divulgo. Y aprovecho la ocasión para recomendar a todos que se lean el YouCat, que lógicamente se encuentra en muchas librerías y especialmente en las religiosas, pues se puede con su lectura aprender mucho sobre Cristo y su Iglesia.

YOGA PARA PADRES


 
 El yoga se define como una disciplina que, entre otros resultados, aporta bienestar físico y mental. Cuando un padre o una madre le dice a su hijo aquello de “por favor, por favor te lo pido: cena en silencio y sin levantarte de la mesa porque he tenido un día horrible, me duele la cabeza y me queda un microgramo de paciencia para acabar el día”, necesita una sesión de “yoga para padres”.

Lo que les propongo a continuación no es propiamente yoga, pero la práctica cotidiana de esta serie de “ejercicios” puede rebajar sustancialmente el nivel de estrés familiar.

1.- Para educar hay que estar motivado. Busca en tu interior las razones por las cuales quieres hacerlo bien con tus hijos. No tendrás que hurgar mucho.

 

2.- Te equivocarás muchas veces. Que eso no te paralice. Piensa que lo perfecto no admite mejoras.

3.- Evita creer que por ser adulto lo sabes todo y que no necesitas cambiar en nada. Esa es la única dificultad insuperable.

4.- Los niños necesitan hábitos para sentirse seguros, límites para sentirse protegidos, y que les digamos a diario cuánto les queremos para sentirse valorados.

5.- Dedica a tus hijos tiempo de calidad, es decir, un tiempo durante el cual ellos sean los protagonistas, un tiempo en el que les prestes atención sin distracciones (televisión, móvil, trabajo u otros). Lo necesitan para sentirse importantes y valiosos.

6.- Memoriza esto: no poner límites al niño, con la excusa de evitarles el sufrimiento, es un error siempre. Para que desarrollen su “tolerancia a la frustración”, debes ejercitarles. No les des de inmediato cuanto pidan (“si recoges tu habitación toda la semana, el sábado compramos las zapatillas que quieres; pero si no lo haces tendremos que esperara otra semana”).

7.- Establece límites anunciando las consecuencias del cumplimiento de estos (“si te pones el pijama sólo, mamá tiene tiempo para hacer la cena que te gusta; si no lo haces, no ves Bob Esponja”).

8.- Escucha a tu hijo cuando te relata, exagerando, las peleas que tiene. También cuando se inventa historias que te aburren. De ese modo, cuando tenga 16 años, te querrá contar lo que le sucede.

9.- No puedes estar todo el día enfadado/a con ellos porque hacen algo mal reiteradamente. Educar no es luchar con el niño ni echarle pulsos. Es acompañarle.

10.- Acompañar a alguien implica que uno quiera ir junto al otro, y que el otro desee la compañía del primero. Los niños, al principio, quieren a sus padres de forma espontanea. Conforme crecen debemos aprender a seducirles. Para seducir a otros primero tienes que gustarte a ti mismo. Toma conciencia de aquellas actitudes tuyas que agradan a los demás y utilízalas para hacer sus vidas más placenteras.

11.- Si surge el conflicto con tu hijo, habla con él y gestiona el desacuerdo, pero nunca optes por la vía fácil de darle lo que pide con tal de conseguir que se calle. Si insiste dile esto: “ya lo hemos hablado y sabes cual es mi opinión”. Si vuelve a insistir, basta con hacerle un gesto con la mano indicándole “no quiero hablar más de ello” o  “tema zanjado”

12.- Establecer rutinas les ayuda a desarrollar la capacidad de concentración. Por ejemplo: lavarse las manos, sentarse, comer el menú que toque, recoger la mesa y lavarse los dientes. Hacer esto cada día les ayudará a hacer los deberes cuando sean mayores.

13.- Estimula su autonomía siempre y déjale investigar aunque sepas que se dará un culetazo subiendo al tobogán.

14.- Ser firme es la mejor manera de explicarle la diferencia entre el bien y el mal objetivos – que existen -. Hay cosas que se pueden negociar pero otras no. Ten presente que el niño siempre intentará sobrepasar el límite que le has puesto. Aprovecha esta circunstancia para ayudarle a entender que todos nuestros actos tienen consecuencias (“si te tumbas por el suelo tendrás que lavarte el niqui, de otro modo te sobrará tiempo para jugar a la PlayStation.

15.- No tengas miedo a pedirles que cumplan su parte porque tú cumples la tuya.

16.- Órdenes las mínimas, mírale a los ojos cuando le des una. Luego pregúntale si quieren que le acompañes y, si lo hace bien, dile “me encanta cuando…”. No cambies muchas normas a la vez.

MARTACM