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Archivo de Diciembre de 2012

XI Concierto Villancicos de Navidad Solidaria

Todo tiene su lado positivo y ésta crisis que padecemos no podía ser diferente al resto de cosas.

Cuando encontramos tantas personas dañadas en su economía por falta de trabajo, por falta de previsión o por otros motivos que no vienen al caso, nosotros no somos quienes para juzgar, pero si somos y estamos obligados como hermanos en Cristo en ayudar a estos hermanos, a nuestros semejante y no precisamente con “lo que nos sobra” sino siendo solidarios y generosos, tal y como hemos venido demostrando los Cristianos en tantas ocasiones anteriores, dando ejemplo y aportando parte de lo que tenemos.

Ayer, al finalizar la habitual eucaristía de 8 de la tarde de la Parroquia de Valvanera, se celebró como también viene siendo y habitual, el XI Concierto de Villancicos Navidad Solidaria para recaudar dinero de ayuda para las necesidades de Cáritas parroquial.

Se trata de un concierto con varios grupos y coros de mayor o menor número de participantes que además de su extraordinaria colaboración coral, aportan cierta cantidad de dinero por participante al fondo de recaudación general. En el intermedio, se pasan las bolsas solidarias por todos los asistentes, quienes aportan lo que buenamente cree oportuno cada persona. La recaudación íntegra, está destinada a Caritas parroquial quien la distribuirá entre los proyectos de ayuda que tienen abiertos en esos momentos

Hermoso ejemplo del que se debiera tomar nota por parte de muchos grupos parroquiales y religiosos, como asociaciones parroquiales y cofradías que se pudieran emplear mucho más tiempo y esfuerzo en estas acciones que ahora más que nunca, son totalmente necesarias para aportar ayuda económica y también moral a muchas personas quienes lo han perdido todo pero lo que es peor, han perdido la confianza en sus semejante.

Aunque ya es tarde para acudir a este evento, pues como digo, ya se celebró, nunca es tarde para hacer llegar el donativo o ayuda a éste grupo de Caritas parroquia, o a cualquier otro grupo de Cáritas. Dejo en estas líneas, el programa de mano de dicho evento.

Feliz y solidario año 2013.

 

Festividad de la Sagrada Familia

sagrada-familiaEn medio de una fuerte crisis no tan solo económica, también de integridad de la familia, Dios nos brinda nuevamente el modelo pleno de amor familiar. María, José y el niño Jesús, “La Sagrada Familia de Nazaret”.

Los Cristianos, en ésta festividad, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era. Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso nosotros veneramos a la Sagrada Familia como Familia de Santos, puesto que desde la intensa comunión hay una total entrega amorosa por parte de cada miembro de la familia santa elevando cada acto generoso hacia Dios, como el aroma del incienso, para darle gloria.

¿Cómo era la Sagrada Familia?

María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.

  • San José, el padre.

Es el jefe de la familia y actúa siempre como Dios le manda, muchas veces sin comprender el por qué de lo que Dios le pide, pero teniendo fe y confianza en Él. “Al despertarse, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”. (Mt 1, 24-25) Cuando se entera que María estaba embarazada piensa en abandonarla porque la quería mucho y no deseaba denunciarla públicamente (como era la costumbre de la época), pero el Ángel de Dios se le apareció en sueños y le dijo que lo que había sido engendrado en el vientre de María era obra del Espíritu Santo y que no temiera en recibirla. “Ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús” (Mt 1, 25) Cuando nace el niño, él le pone el nombre de Jesús, como el Ángel le había dicho. Luego, cuando Herodes tenía intenciones de matar al Niño Jesús y ante otro aviso del Ángel del Señor, José toma a su familia y marcha hacia Egipto. Por último, con la muerte de Herodes y ante un nuevo aviso del Ángel de Dios, lleva a su familia a instalarse en Nazaret. San José, Casto Esposo de Santa María, acoge a Jesús en su corazón paternal, educándolo, cuidándolo, amándolo como si fuere hijo suyo.

José es carpintero, el Niño Jesús aprende de su “santo padre adoptivo” muchas cosas, entre estas, el oficio de carpintero, pues Jesús le ayudaba en sus trabajos, y después lo reconocen como el “hijo del carpintero”.

  • Santísima Virgen María, la madre.

La Santísima Virgen María, desde el momento de la Anunciación, es el modelo de entrega a Dios. “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38) En la Anunciación, María responde con un Sí rotundo desde una libertad poseída, poniéndose en las manos de Dios. En Santa María vemos una continua vivencia de la dinámica de la alegría-dolor: criando, educando, siguiendo de cerca a su Hijo Jesús mostrándole en todo momento un auténtico amor maternal. “Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lc 2, 52) Ella fue vislumbrando lentamente el misterio trascendente de la vida de Jesús, manteniéndose fielmente unida a Él.

María se dedicaba a cuidar de toda la familia, de que no faltara nada en la casa de Nazaret.

  • Jesús, el hijo.

Tal como era la costumbre en aquella época, los hijos ayudaban a sus madres moliendo el trigo y acarreando agua del pozo y a sus padres en su trabajo. Podemos suponer que en el caso de Jesús no es diferente. Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo Todopoderoso, obedecía a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería.

Desde niño, Jesús demuestra que es el Hijo de Dios y que cumple fielmente lo que su Padre le manda. “Vivía sujeto a ellos” (Lc 2, 51) Como niño, Él obedecía a su madre y a su padre adoptivo, y permanecía siempre junto a ellos. María y José fueron sus primeros educadores. “El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la Gracia de Dios estaba con Él” (Lc 2, 40) Jesús aprende el oficio de carpintero de su padre adoptivo José. “¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc 2, 49) Cuando Jesús se queda en el Templo, a los doce años, se puede pensar que desobedece a sus padres y que eso está mal. No es así, Jesús demuestra en este hecho su plena independencia con respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio el Plan de su Padre y la Misión que Él le ha encomendado.

¡Qué enseñanza nos da Jesús, quien hubiera podido reinar en el más suntuoso palacio de Jerusalén siendo obedecido por todos! Él, en cambio, rechazó todo esto para esconderse del mundo obedeciendo fielmente a María y a José y dedicándose a los más humildes trabajos diarios, el taller de San José y en la casa de Nazaret.
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  • Conjunto familiar.

“La familia es la primera comunidad de vida y amor, así como el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” Dice Juan Pablo II.

Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.

La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.

El mensaje que viene de la Sagrada Familia es ante todo un mensaje de fe: la casa de Nazaret es una casa en la que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. Para María y José esta opción de fe se concreta en el servicio al Hijo de Dios que se le confió, pero se expresa también en su amor recíproco, rico en ternura espiritual y fidelidad. María y José enseñan con su vida que el matrimonio es una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia. La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia. Es necesario alimentar esa atmósfera de fe.

El Papa Juan Pablo II decía que es necesario que los esposos orienten, desde el principio, su corazón y sus pensamientos hacia Dios, para que su paternidad y maternidad, encuentre en Él la fuerza para renovarse continuamente en el amor.

Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe de suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y todo esto en familia.

Recordemos que “la salvación del mundo vino a través del corazón de la Sagrada Familia”.

La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad.

“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”

Niño Jesús

 El nacimiento de Jesús es motivo de celebración. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. El mismo ángel, catalogó el evento como “nuevas de gran gozo para todo el pueblo” y a raíz del alumbramiento, una multitud de ángeles alababan a Dios en clara actitud de celebración.

Habrá gente que no celebrará este nacimiento y otros que pongan en duda tanto la fecha como el año, criticando la celebración de la Navidad y en parte llevan razón. La sociedad actual ha llevado ésta celebración a los límites del paganismo. Todo se reduce a fiesta, comilonas, gasto desmesurado, regalos, etc., mientras hay muchas personas alrededor nuestro pasando muchas dificultades tanto económicas como personas que han llevado a desvirtuar estas fechas, días de amor, de paz y de hermandad.

Los Cristianos y el mundo entero debemos celebrar, no la Navidad, sino la Natividad de Cristo. . .¡Y por supuesto, todos los días! Lo importante no es la fecha, sino la conmemoración de un hecho trascendental: el nacimiento de Jesús Cristo, el Salvador, el Ungido, que vino como Cordero de Gloria para perdón de nuestros pecados, y para que todo aquél que crea en Él, no se pierda más y tenga vida eterna (Juan 3:16).

Dios prometió (Génesis 3:15) su “Herencia”, la que confirmó en Isaías 9:6 nombrándolo entre otros hermosísimos títulos, “Príncipe de Paz”, y realizándose miles de años después en el nacimiento de Cristo Jesús relatado en los evangelios, especialmente, en Mateo y Lucas.

Los hijos de Dios, somos sus herederos y coherederos con Cristo. Pero, ¿herederos y coherederos de qué? Bueno, si Cristo es considerado y llamado Príncipe, Su Padre es el Rey, y como tal, tiene un reino. Un reino de paz y justicia con gozo en el Espíritu Santo. Si Cristo es Príncipe de Paz, y la herencia de Dios para nosotros, también nosotros hemos heredado su reino. Y no para el futuro, para ahora mismo. Esto es precisamente, lo que debemos celebrar en la Navidad, la venida de ese Reino a través de la Natividad del Hijo de Dios, Príncipe de Paz, Él trajo la paz al mundo a través de la paz del perdón.

¿Pero es correcta la fecha y el año del nacimiento de Jesús?

Los primeros cristianos no parece que celebrasen su “cumpleaños”. Celebraban su “dies natalis”, el día de su entrada en la patria definitiva, como participación en la salvación obrada por Jesús al vencer a la muerte con su pasión gloriosa. Recuerdan con precisión el día de la glorificación de Jesús, el 14/15 de Nisán, pero no la fecha de su nacimiento, de la que nada nos dicen los datos evangélicos.

Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre la fecha del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico “filocaliano” del año 354.

“Ian. natus Christus in Betleem Iudeae” que traducido dice: “El 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”. A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.

Es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento.

Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día, porque  a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el “dies natalis Solis invicti”, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año. Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.). Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución. Es posible, no obstante, que con el transcurso del tiempo la fiesta cristiana fuera asimilando la fiesta pagana.

Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.

La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí. Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán. El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz. Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).

Actualmente, los más serios estudiosos y eruditos de la Biblia coinciden en que Jesús no nació el 25 de Diciembre como la tradición cristiana decimos. ¿Por qué? Es sencillo.

Porque los pastores tenían a sus rebaños fuera, en el campo, lo que implica que esto sucedió antes de Octubre. Y asimismo hay que tener en cuenta de que la razón del peregrinaje de José y su esposa embarazada, María, fue para ser censado. Ningún administrador romano que se respetara, hubiera requerido hacer un censo que implicara el viajar por Judea en la temporada en que ésta era intransitable.

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NUEVA GENERACIÓN

Sin ser depositaria del arcano de las finanzas, he procurado sintetizar la realidad que vivimos para hacerla más comprensible; he resaltado el sentido genuino del trabajo y de las ganancias y he planteado algunas preguntas. Antes de pasar página, quiero hacer una llamada a la esperanza cristiana, ese “poderoso recurso social al servicio del desarrollo humano integral, en la libertad y en la justicia.” La esperanza – lejos de ser una actitud fatua – “sostiene a la razón y le da fuerzas para orientar la voluntad”. Puede que el dinero y la violencia muevan el mundo, pero en realidad, la justicia y el amor son los que marcan su rumbo. Definitivamente.

 Para la elaboración de los últimos diez números he consultado varias fuentes (escritos, vídeos y entrevistas personales). ¿Saben dónde he hallado más razones para creer en un final  feliz? En las palabras de Benedicto XVI: “La gratuidad, dice, está en la vida del hombre de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho  para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente”.

¡Qué curioso! Según el cristianismo, en palabras del propio Papa, el hombre es tanto más humano cuanto más se esfuerza en parecerse a su Padre, a su Dios y Creador. Algo saben de esto los que tienen hijos. Deberíamos tener presente esta premisa cuando compramos cualquier cosa, cuando contratamos o despedimos, cuando aceptamos los argumentos esgrimidos por bancos y políticos y cuando defendemos o atacamos un determinado modelo económico.

Según Benedicto XVI, “la exigencia de la economía de no estar sujeta a “injerencias” de carácter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos económicos incluso de manera destructiva”. Sin embargo, “todas las fases de proceso económico (obtención de recursos, financiación, producción, consumo), tienen ineludiblemente implicaciones morales”. “Cuando la lógica del mercado y la lógica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos”.

Ahora bien, el Papa no es un iluso,  sabe que “el mercado de la gratuidad no existe y que las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley”. Por eso nos plantea un gran desafío: mostrar, tanto en el orden de las ideas como en el de los comportamientos, que no se pueden olvidar principios éticos tradicionales como la transparencia, la honestidad y la responsabilidad y que, en las relaciones mercantiles, deben estar presentes el principio de la gratuidad y la lógica del don.

“El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano. Y es bueno que todo trabajador tenga la posibilidad de dar la propia aportación a su labor, de modo que él mismo sea consciente de que está trabajando en algo propio”. “Se ha de considerar equivocada la visión de quienes piensan que la economía de mercado tiene necesidad estructural de una cuota de pobreza”.  La práctica generalizada de la justicia hace que los primeros beneficiarios del desarrollo de los países pobres (aquellos que más necesitan comprar) sean los países ricos (aquellos que más pueden vender).

Las palabras pueden inducir a un cambio de conducta, o no, pero las obras buenas tienen una capacidad inaudita de transformación. Por eso necesitamos una  nueva generación de empresarios, políticos y consumidores. La fuerza de los dos primeros es obvia, pero la potencia de los últimos es inmensamente mayor. Eso sí, para que los usuarios o consumidores puedan ser eficaces instrumentos de cambio, han de ser capaces de asociarse (esta es la palabra mágica), y de mantener la atención de los medios de comunicación, últimamente muy escorados hacia el lado de los ricos y poderosos.

Todas las citas traídas a éste artículo, han sido tomadas del capítulo tercero de la encíclica “Caritas in Veritate”, de Benedicto XVI, publicada en 2009, sobre el desarrollo integral en la caridad y la verdad. ¡Merece la pena leerlo!

 

CRÉDITO

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El crédito es uno de los pilares de nuestro sistema económico. Ya no practicamos el trueque, ni ahorramos antes de comprar, sino que financiamos casi todo. Las empresas establecen con sus proveedores condiciones de pago a 60, 90 ó 120 días; los bancos retienen el dinero de nuestras nóminas unos días cada mes, etc. Sin embargo, la generalización de determinados usos no puede llevarnos a concluir que son inicuos o incluso buenos, y que sólo nos queda la opción de asumirlos y practicarlos.

 Algunos censuran a la Iglesia por haber dejado de explicar su postura ante la usura. “Una actitud difícil de entender – dicen – si la comparamos con su pertinaz insistencia en otros temas de actualidad (caso de la familia o la vida humana)”. Quizás tengan razón, pero olvidan que la Iglesia ha sido literalmente expulsada del debate sobre las cosas del mundo y que, si ha de darse codazos para estar ahí, habrá de elegir sus batallas.

Los defensores del mercado libre (distinto al capitalismo libre) tienen mil razones para pedir la mínima interferencia posible de los gobiernos y de los órganos judiciales en las llamadas relaciones de mercado. Pero es necesario admitir que las relaciones de mercado necesitan límites: no aprovecharse de la ignorancia o de la necesidad, no manipular el precio del dinero, no consentir que la especulación sea la fuerza motriz del mercado, estudiar la validez jurídica de los contratos abusivos – pese al acuerdo de las partes -, prohibir las condiciones abusivas respecto a la necesidad del que pide prestado, no permitir la devolución de las deudas a cualquier precio, etc. podrían ser algunas líneas rojas a tener en cuenta.

Desligar la razón por la que se pide un préstamo de los intereses que se exigen a cambio, es injusto por definición. Que dos personas con visiones distintas lleguen a un acuerdo es un principio general llamado “del MUTUO” que está  en la base de toda relación comercial, sin embargo este principio no es el baño de oro que adecenta, acredita y valida cualquier negocio: los bancos se amparan en él para desarrollar sus operaciones, pero no les exonera de sus culpas en la crisis mundial que padecemos.

En el contexto de las relaciones de mercado podría aceptarse que “quien me presta dinero está contribuyendo al desarrollo de mi proyecto lo mismo que el que compra mi producto”, pues al abonarlo está pagando  – además de los gastos de producción y cierto beneficio -,  mis previsiones para reinvertir en la empresa sin saber cómo. Según esta teoría, pedir dinero a cambio de un interés tendría que considerarse lícito si el interés pagado contribuyera al desarrollo de proyectos sociales. Este fue, de hecho, el origen de los Montes de Piedad.

Claro que cuando hacemos este discurso siempre damos por hecho que hay dinero. Sin embargo, la usura ha existido y existirá mientras haya un bien punible. Por eso el pensamiento cristiano propone otra forma más compasiva y justa de entender las relaciones comerciales: la propiedad tiene una función social incluso cuando está reservada. El mero paso del tiempo no produce nada. El dinero retenido no genera ingresos, en todo caso intereses negativos; si usted me presta su dinero y yo le devuelvo “otro tanto, de la misma especie y calidad”, ya le estoy dando un beneficio al evitar los gastos de almacenamiento; además, usted contribuye al desarrollo de la sociedad a través de mi trabajo. Esto sería prestar sin usura. Atendiendo a este razonamiento, los préstamos para la subsistencia deberían salir de la esfera de las relaciones de mercado (decida cada cual si la adquisición de vivienda entraría o no en esta categoría), y en el resto de los negocios habría que aplicar el principio de que el mercado se basa en la propiedad privada y en el cumplimiento de los contratos. Fundamental esto último.

PARA REFLEXIONAR: ¿Los bancos venden dinero, prestan dinero o son usureros? ¿En el origen del préstamo está el afán por ayudar o la ambición desmedida? ¿Cobrar qué interés sería compatible con la moral católica?¿Se puede prestar sin intereses? ¿Es posible una banca que gane dinero sirviendo a la sociedad, como hacen algunos empresarios?

MARTACM