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Archivo de enero de 2013

Jornada Mundial de la Infancia Misionera

La Infancia Misionera es una institución de la Iglesia universal para promover la ayuda recíproca entre los niños del mundo. Miles de niños de los cinco continentes participan en esta Obra Pontificia, cuyo lema es “Los niños ayudan a los niños”.
La Delegación de Misiones de La Rioja distribuye un boletín en formato digital – B.I.M. – que llega a todos los colegios, institutos y parroquias, con información de las actividades que hay a lo largo del curso escolar para los niños y las familias misioneras.

Nació hace 170 años, en 1843, por iniciativa del obispo francés Forbin-Janson, que invitó a los niños de su diócesis a colaborar con los niños de China.  Pasaron 80 años hasta que la Sociedad de Naciones aprobara la primera Declaración de los Derechos del Niño, conocida como la Declaración de Ginebra. Hubo que esperar cien años desde la creación de esta obra para que naciese el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).  La Reina Isabel II la inició en España en 1852. Su hija mayor, la Infanta Isabel, fue la primera niña española de Infancia Misionera.

Los primeros colaboradores de Infancia Misionera son los niños, que rezan por los otros niños de los territorios de misión y les entregan generosamente sus donativos. A través de ellos lo hacen también sus padres y familiares, sus educadores y tutores, y quienes se sienten solidarios con los más pequeños.  En La Rioja colaboramos en el último año con 79.022,24 euros en la Obra de Infancia Misionera.

En España la Jornada de Infancia Misionera se celebra el cuarto domingo de enero. La preparación de esta Jornada comienza con el Adviento Misionero y la presencia de los niños como Sembradores de Estrellas antes de Navidad, y se prolonga a lo largo del curso a través de Marchas, Festivales y Encuentros.

 

La Infancia Misionera, niños «testigos de la ternura de Dios»,  según el Papa Benedicto XVI

Benedicto XVIEsta obra de la Santa Sede apoya 4.000 proyectos a favor de pequeños en el mundo. En la celebración de la Jornada Mundial de la Infancia Misionera, el Papa Benedicto XVI explicó que los niños también pueden ser misioneros y «testigos de la ternura de Dios». Esta fiesta que se celebra a nivel mundial, aclaró, «es la fiesta de los niños cristianos que viven con alegría el don de la fe y rezan para que la luz de Jesús llegue a todos los niños del mundo».

«Doy las gracias a los niños de la “Santa Infancia”, presente en 110 países, pues son preciosos cooperadores del Evangelio y apóstoles de la solidaridad cristiana a favor de los más necesitados», dijo, dirigiéndose a los miles de niños y a sus animadores misioneros.

El obispo de Roma alentó «a los educadores a cultivar en los pequeños el espíritu misionero para que surjan ente ellos misioneros apasionados, testigos de la ternura de Dios, y anunciadores de su amor».

La Infancia Misionera es una obra de la Santa Sede creada en el seno de las Obras Misionales Pontificias con el fin de suscitar en los niños el deseo de ser misioneros y ayudar a otros niños con la oración y la colaboración económica.

Asimismo esta obra, surgida en 1843, ayuda también a los educadores –padres, catequistas y profesores– a desarrollar en la educación de los más pequeños la dimensión misionera universal.

En particular, los niños ofrecen ofertas de sus ahorros que la Infancia Misionera destina a apoyar anualmente unos 4.000 proyectos a favor de los niños más necesitados del mundo.

 

Día de la Infancia Misionera en nuestra Diócesis.

D. Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra, La Calzada-Logroño

El obispo francés Carlos Augusto Forbin-Janson, en el siglo XIX, llevaba muy dentro de su corazón la invitación de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a todos los hombres’. Urgido por la necesidad de evangelizar el continente Asiático, propuso a los niños y jóvenes un reto apasionante: “Podáis ayudarme a salvar a los niños de China. Vosotros y yo, siendo niños como ellos, podemos lograr este objetivo”. “¿Cómo podemos hacerlo?”, le preguntaron. “Rezando un avemaría cada noche y ofreciendo por ellos una limosna”. Así de sencillo. De este modo, con el lema “Los niños ayudan a los niños”, comenzó la singladura de lo que, en sus primeros tiempos, se llamaría la Santa Infancia. Más tarde, el Papa Pío XI la asumiría como Obra Pontificia (3 de mayo de 1922). De esta forma tan fácil, los niños se convierten en “pequeños misioneros”, como le gustaba decir al beato Juan Pablo II. Ellos son los protagonistas, no por concesión de los mayores, sino por ellos mismos.

Y este año 2013 el lema de la Infancia Misionera es el siguiente: “Con los niños de Europa acogemos a todos como Jesús”. Si, muchos niños en el mundo entero, incluso en España, no están bautizados y no han oído hablar de Jesús, el Hijo de Dios, el amigo de todos los niños, de todos los hombres y mujeres que poblamos el mundo. Ellos tienen también derecho a conocer a Jesús y su Mensaje. Jesucristo quiere vivir la aventura de amor con todos ellos. ¡Qué hermoso es escuchar en el Evangelio lo que decía Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos'”.

Me parece hermoso e impresionante que los niños se sientan misioneros, es decir que se comprometan a dar testimonio de su fe a otros niños y a rezar cada día para que otros conozcan a Jesús. Queridos niños de La Rioja: hagamos una gran cadena de oración por los niños de nuestra Región, de España y del mundo que no conocen a Jesús. Oremos por ellos, ofrezcamos algún sacrificio por ellos. Jesús dice en el Evangelio: “Lo que pidáis al Padre en mi nombre yo os lo concederé’.

Y permitidme una pregunta: ¿Hablas tú de Jesús a tus amigos y compañeros o te da reparo hacerlo? Los misioneros no tienen miedo de hacerlo. No imponen creer en Jesús, pero sí que tratan de darlo a conocer sin ningún rubor, incluso aunque eso pudiese llevarles a la cárcel o al martirio.

Tú, querido niño o joven que lees este escrito, no puedes guardar para ti el precioso regalo de ser amigo de Jesús. Otros deben conocer ese regalo y debes ser portador para ellos de tal tesoro a través de tus palabras, pero sobre todo de tus buenas obras. Así lo hizo un muchacho romano llamado Tarsicio, ¿conocéis su vida?

Un día se ofreció a llevar la Eucaristía a los presos y enfermos. Podían haberlo hecho otros monaguillos, pero él se adelantó con generosidad: había recibido un don y quería compartirlo. Unos soldados le detuvieron cuando llevaba la comunión a los cristianos enfermos y a los que estaban en la cárcel. Portaba el tesoro del Cuerpo de Cristo bien pegado a su corazón, iba por la calles de Roma con mucho recogimiento, pero con gran alegría, porque transportaba a Cristo en una cajita escondida en sus pequeñas manos. No le importó que le mataran con tal de guardar ese tesoro y no permitir que cayera en manos de gente extraña. Tarsicio fue valiente y murió mártir.¿No te gustaría llevar a otros niños el tesoro de Cristo? ¿No te gustaría ser misionero para hablar de Jesús, de sus enseñanzas y de su amor?

La Rioja ha sido tierra de grandes misioneros, entre ellos un santo: Jerónimo Hermosilla. ¿Por qué no puedes serio también tú?

Que santa María, Madre de Dios y madre nuestra, que no retuvo para sí a Cristo, su Hijo, nos enseñe a entregarlo, a llevarlo a los hombres de nuestro mundo, a hablar de Él a los niños de La Rioja y del mundo entero, con el mismo fervor y entusiasmo con que lo hicieron y lo hacen los apóstoles, los misioneros, las-catequistas de todo el mundo. Que ella nos proteja a todos.

 

Carta de Jesús María Peña Peñacoba, Delegado Diocesano de Misiones, a parroquias, colegios y comunidades.

Jesús María Peña PeñacobaLa Infancia Misionera celebra este año su 170 aniversario. Lo que nació con sencillez en 1843, para ayudar a los niños de China según una genial intuición del obispo francés Forbin-Janson, se ha convertido en una universal red de solidaridad en la que los niños ayudan a los niños.

El 27 de enero celebramos la Jornada con un lema que puede parecer extraño a quien no haya seguido el itinerario iniciado en 2009, cuando se nos proponía buscar a Jesús con los niños de Asia. En 2010, con los de África lo encontramos y al año siguiente decidimos seguir sus pasos junto a los niños de Oceanía. Tener un amigo como Jesús y no hablar de él sería impedir a otros conocerlo, así que en 2012 junto a los niños de América hablamos de nuestro común amigo.

De esta manera hemos ido conociendo la realidad que viven los niños del mundo. Este año 2013 Infancia Misionera fija su atención en la realidad de los niños de Europa. Su situación es compleja. Ya no es como en 1947 que se describía su situación como “desnutridos, enfermos, medio desnudos, sin hogar y muertos de hambre tras cinco años de guerra y ocupación”; ahora los problemas son propios de las sociedades desarrolladas, como la violencia contra los niños, los abusos sexuales y el mal uso de los medios de comunicación social. Por no citar nada más que un dato, UNICEF estima que cada año mueren en Europa en torno a 3.500 niños de entre 0 y 14 años a causa de la violencia. Estremecedor. Pues bien, junto con los niños de Europa – nos dice el lema de este año – acogemos a todos como lo hacía Jesús.

Ojalá que en todas las parroquias de La Rioja las colectas sean generosas el domingo 27 de enero, y que en los colegios se trabajen las guías didácticas preparadas para la ocasión. Además espero que las comunidades de vida consagrada, los grupos cristianos y cada uno de nosotros reaccionemos ante los problemas de la infancia y busquemos caminos de solución. Esta red solidaria nos invita a unirnos a los niños y niñas del mundo colaborando en los proyectos cuyo objetivo prioritario es la mejora de sus condiciones de vida y el respeto a su dignidad.

Para colaborar con la Infancia Misionera, se puede ingresar el donativo en:

CAJARIOJA 2037. 0070. 70. 0921315263

IBERCAJA 2085. 5652. 81. 0110334414

BBVA 0182. 3500. 23. 0010666540

El Bautismo de Jesús

bautismoAl reflexionar sobre el bautismo de Jesús, comprendemos mejor que aquel Niño que contemplábamos en Belén hace muy pocos días y que fue presentado ante los pueblos por medio de una estrella, la misma que guiaron a los Magos de Oriente, ha de ejercer una misión en nombre de Dios.

Sobre Él, reposa toda la confianza del Padre y toda la fuerza del Espíritu Santo.

Si en Navidad contemplábamos al Verbo Encarnado, ahora se manifiesta todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios se implica en la historia humana. La historia de Jesús se transforma ahora en la historia del Dios-con-nosotros y del nosotros-con-Dios.

El Evangelio de San Mateo, en el capítulo 3, versículos 13 a 17, nos narra el episodio del Bautismo de Jesús, momento en el que Él, se manifiesta como enviado del Padre y comienza su vida pública:

Juan ha estado bautizando en el Río Jordán por mucho tiempo. Un día, Jesús vino desde Nazaret y Galilea, y le pidió a Juan que lo bautizara. Juan protestó porque pensaba que Jesús era el que lo tenía que bautizar a él.

Pero Jesús le dijo que necesitaba ser bautizado para completar toda su virtud. Entonces, Juan lo bautizó en el río.

Inmediatamente después de que lo bautizara, mientras oraba, el cielo abrió sus puertas y una paloma descansó en el hombro de Jesús. Era el Espíritu de Dios en forma de paloma para que Jesús lo viera.

De momento hubo una voz saliendo desde el cielo y dijo, “Tú eres mi querido hijo, y yo estoy muy complacido contigo.” La paloma y la voz de Dios eran una señal diciendo que Jesús era el Mesías.

Después de todo eso, Juan reunió un grupo de personas. Jesús se acercó al grupo mientras Juan hablaba con ellos.  “¡Miren!, La mano de Dios viene para liberarnos del pecado que hay en este mundo.” Le dijo que vio el Espíritu de Dios bajando donde Jesús en forma de una paloma. Que escuchó la voz de Dios, y que la paloma era un símbolo para revelar a su Hijo.

Juan y Jesús son parientes. La madre de Juan, Isabel, dijo de María, la madre de Jesús, que sabía iba a ser la madre del Hijo de Dios. Jesús era Dios hecho hombre quien venía a la tierra. Juan tenía una misión. Tenía que preparar al pueblo para el encuentro con Cristo, y estaba completando su misión. Ahora, Cristo se ha revelado.

Algunas personas fueron donde Juan y le dijeron que ahora las personas van siguiendo a Jesús, y no a él. Pensaban que eso le iba a molestar, pero Juan no tenía ningún problema con ello. Les dijo que él, no era el Cristo. Les dejo saber que Cristo debe ser el importante, y él debe ser menos importante.

Jesús se introduce en el río Jordán.

Y cumple Jesús toda justicia. Desciende a las aguas ante Juan. En aquellos momentos el inocente de todo pecado asume todos los pecados de los hombres. Los miles de millones de pecados de los hombres caen sobre sus espaldas, y los asume haciéndose pecado, como si fuesen suyos, sin serlo. Esta decisión libre le costará sangre y sudor, amor difícil, amor total que llegará a estar crucificado, hasta dar la vida por todos.

Cuando Jesús entra en las aguas y Juan baña su cabeza, son sumergidos todos los pecados de los hombres. Las aguas limpian el cuerpo, y por eso son tomadas como símbolo de la limpieza de las almas que se arrepienten ante Dios de sus pecados. Más no pueden hacer. Pero al sumergirse Jesús en las aguas, las santifica, les da una fuerza nueva. Más adelante, el bautismo lavará con las aguas los pecados hasta la raíz, y dará la nueva vida que Cristo conquistará en su resurrección. Serán, efectivamente, aguas vivas que saltan hasta la vida eterna.

Dios se manifiesta.

Al salir Jesús del agua sucede el gran acontecimiento: Dios se manifiesta. “Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”(Mt).

La voz es la del Padre, eterno Amante, el que engendra al Hijo en un acto de amor eterno, dándole toda su vida. El Hijo es el Amado, igual al Padre según su divinidad. Es tan Hijo que es consustancial con el Padre, los dos son uno en unión de amor. El Padre le dio toda su vida, y el Hijo ama al Padre con ese amor obediente que vemos en Jesús cuando desciende a las aguas como hombre que se sabe Dios, desde una libertad humana con la que se entrega por los hombres y ama al Padre. Y el Padre se complace en ese hombre que le ama con amor total y mira a los demás hombres saliendo del pecado, y les ama en el Hijo.

El Espíritu Santo

espirituSantoLa paloma simboliza el Espíritu. Anunció la nueva tierra y la paz de Dios a los hombres después del diluvio, que habían sido castigados por sus pecados. Anuncia el amor a los que quieren vivir de amor. Anuncia junto a Jesús la nueva Alianza, en que, de nuevo, el Espíritu de Dios volará sobre las aguas del mundo. Limpiará los corazones con el fuego de su amor, purificará las intenciones, llenará de Dios a todos los que crean y esperen, inflamará de amor a los amantes que desean el amor total, tan lejano al amor propio.

Jesús es ungido por el Espíritu. Jesús es así el Cristo, el nuevo rey del reino del Padre. Antes los reyes eran ungidos con aceite, y la gracia de Dios les daba fuerzas. Ahora el Espíritu mismo invade a Jesús. Podrá actuar con plena libertad en su alma dócil, le impulsará, le encenderá en fuego divino. Por eso “Jesús lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu al desierto”. Comienza su vida de Ungido por el Espíritu que le lleva a lo más alejado del paraíso, al desierto, donde se mortifica, reza y sufre la tentación de Satanás.

La Epifanía del Señor.

La festividad de la Epifanía del Señor, es popularmente conocida como la fiesta de los Reyes Magos de Oriente.

reyes

La importancia de esta fiesta es principalmente religiosa: ellos son los protagonistas de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Dios a todos los hombres, de todos los pueblos de la tierra.

Ya habían sido anunciados en el Antiguo Testamento en el libro de los Reyes e Isaías y San Mateo los describe como “magos de Oriente”. Que fuesen tres y reyes, es una tradición que consolidó rápidamente, como demuestra Orígenes, teólogo del siglo II. Probablemente se trataba de sacerdotes de Babilonia, del culto de Zoroastro, dedicados a la astrología.

En el siglo V, León Magno fija en tres el número de reyes, representando así las tres razas humanas: la semítica, representada por el rey joven; la camítica, representada por el rey negro; y la jafética, representada por el rey más anciano. En el siglo XV, con el descubrimiento de nuevas tierras, adquieren sus rasgos definitivos.

A lo largo de la historia han recibido nombres como Magalath, Galgalath y Serakin; Appellicon, Amerin y Damascón; o Ator, Sater y Paratoras. Los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen por primera vez en un pergamino del siglo VII.

Los restos de los reyes magos, tras ser encontrados por Santa Elena en Saba, vivieron un agitado traslado por toda Europa, hasta que reposaron finalmente en la catedral de Colonia.

Esta festividad de los Reyes Magos, es una tradición muy arraigada también en nuestro país, celebrada el 6 de enero y se recuerda el episodio del Evangelio en el que unos Magos de Oriente llegaron a adorar y dar regalos a Jesús “Rey de los Judíos”, según la manifestación de una gran estrella (Mt 2, 1-12). Esta fiesta es una tradición cargada de significado. En realidad celebramos la Manifestación del Señor a todo el mundo, es decir la Epifanía. Dios se les revela, no sólo a los pastores, no sólo a los judíos, también a aquellos hombres de ciencia, ricos y poderosos que se ponen en camino desde tierras lejanas, en busca de la estrella que interpretan como una manifestación de la presencia de Dios; significa que el Hijo de Dios debe ser reconocido por todos los hombres, de todos los lugares, de todos los tiempos.

“Con los pastores, pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casucón, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la “Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte”, de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues… tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más…, pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los Magos de Oriente se postran ante Jesús Niño y lo adoran, con sus regalos hablan de lo que ellos encuentran en Él: El oro se le ofrece sólo a los reyes, por lo que reconocen en Jesús al Rey; el incienso se le ofrece sólo a Dios, por lo que revelan que Jesús es Dios; y la mirra es un perfume que reconoce en Jesús Rey, Hijo de Dios, también a un Hombre.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.”

Hermoso texto, viniendo a recordar a los cristianos que siempre tenemos el compromiso de buscar, encontrar y compartir a Jesús con los demás.

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