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Archivo de marzo de 2013

CRISTO HA RESUCITADO – Domingo de Resurrección 31/03/2013

Él había de resucitar de entre los muertos

Lectura del santo evangelio según San Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

– «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le hablan cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

Imagen del Cristo Resucitado de Logroño

Cristo ResucitadoDomingo de Resurrección 31/03/2013

PROCESIÓN CRISTO RESUCITADO 2013

Domingo de Resurrección, 31 de Marzo de 2013, a las 11,00 horas y en el cementerio municipal se celebra la Eucaristía de Pascua de Resurrección organizada por la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

Al término de la misa, salida procesional por las calles; Carretera de Navarra, Puente de Piedra, Avenida de Viana y Capitán Gaona hasta el colegio de la Compañía de María donde concluye tanto el recorrido de esta procesión como la Semana Santa 2013 en Logroño.

CRISTO HA RESUCITADO

La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana. Si El no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de  entre los muertos al tercer día.  Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte.

Jesús mismo, predijo su muerte y resurrección, y estos eventos sucedieron exactamente como él los había anunciado.

 

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

“Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.”

Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables.

Historiadores como Josefo (c.37-110 DC), Ignacio (c.50-115 DC), Justino Mártir (c.100-165 DC) y Tertuliano (c.160-220 DC) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección.  Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 DC y no más tarde del año 64 DC.

Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época.

La resurrección es la única explicación aceptable del sepulcro vacío.

Los soldados romanos celosamente vigilaban la tumba donde el cuerpo de Jesús se encontraba. Además, la entrada al sepulcro estaba sellada con una enorme roca.  La guardia romana, que normalmente se componía de 16 miembros, hubiesen hecho imposible para los discípulos–quienes, a propósito, estaban acobardados por el miedo a perder sus propias vidas–robar el cuerpo. Si, como algunos aseguran, Jesús no estaba muerto, sino solamente debilitado, los soldados y la roca hubiesen evitado su escape.  Después de haber sido golpeado y flagelado, colgado en una cruz por seis horas, traspasado con una lanza por su verdugos para asegurar su muerte, y envuelto, como la  costumbre, en 100 libras de lino y especias, Jesús no hubiese estado en condición alguna para rodar una roca de dos toneladas cuesta arriba, ni ser más ágil que 16 soldados romanos y después aparecerse radiantemente a sus discípulos.

Los líderes judíos de la época fácilmente pudieron haber refutado  todas las aseveraciones sobre la resurrección simplemente al reponer el cuerpo, pero no pudieron porque no había cuerpo.

Hubo numerosos testigos de la resurrección.

Después de que él  resucitó de entre los muertos, Jesús apareció por lo menos diez veces a los que le conocían y a más de 500 personas a la misma vez.  Estas apariciones no fueron alucinaciones; Jesús comió y habló con sus seguidores y ellos le tocaron su cuerpo resucitado.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

La resurrección es la única  explicación razonable para el comienzo del movimiento Cristiano.

La Iglesia Cristiana nació en la misma ciudad donde Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado.  La creencia en un Jesús resucitado tuvo que haber sido auténtica para haberse enraizado en Jerusalén y crecido hasta abarcar el mundo entero.  La Iglesia Cristiana es ahora la institución más grande que existe y ha existido en la historia de la humanidad.   Claramente, esto hubiese sido imposible si la resurrección fuese solamente un cuento.

La resurrección es la única explicación lógica para la transformación de los discípulos. 

Ellos abandonaron y negaron a Jesús antes de su juicio público; después de su muerte ellos estaban desalentados y temerosos.  Aún, después de su resurrección y su experiencia en Pentecostés, estos mismos desalentados hombres y mujeres fueron transformados por el sobrenatural poder de Cristo resucitado.  En su nombre, ellos pusieron de cabeza al mundo .  Muchos perdieron la vida por su fe, otros fueron terriblemente perseguidos.  Su valiente comportamiento no tiene sentido aparte de su convicción de que Jesucristo fue verdaderamente resucitado de entre los muertos- un hecho digno por el cual morir.

A través de los siglos, los grandes teólogos que han considerado las pruebas de la resurrección han creído, y todavía creen, que Jesús está vivo.

Después de haber sopesado la evidencia de la resurrección dada por los escritores de los Evangelios, Simón Greenleaf, una eminencia sobre asuntos legales de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, concluyó:

“Sería imposible que ellos hubieran persistido en afirmar las verdades que han narrado, de no ser por el hecho de que Jesús sí resucitó de entre los muertos.”

El señor Greenleaf, fue un profesor judío que se convirtió en un seguidor de Jesús, el Mesías, después de estudiar los hechos por sí mismo.

Después de haber sopesado esta evidencia, ¿Cual es su conclusión, digo la de usted? ¿Usted cree que Jesús está vivo?  Todo aquel que cree que El en verdad ha resucitado, puede recibir el regalo de la vida eterna y experimentar una relación personal con él.  Descubra cómo usted puede comenzar esta relación duradera.

Podemos analizar los hechos y pruebas.

Jesús Resucitado

Pruebas de la Resurrección.  

La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay “evidencias”: El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: “Vió y creyó (20,8).

Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, conversa con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección. El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el “Crucificado estaba vivo” y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .

¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?. La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, – va más allá, pues anticipa nuestra propia resurrección-. Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:

1.              La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es “exaltado” por Dios (Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm 6, 9-10)

2.              Jesús resucitado no es una “alma inmortal”, ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.

3.              Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.

4.              No se trata de que Jesús resucitó “en la fe” de sus discípulos, o “en su recuerdo”. Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.

 

Significado de la Resurrección Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:

·                 Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.

·                 Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.

·                 Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.

·                 Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.

·                 Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.

 

El encuentro del hombre con el Resucitado En los evangelios se describen varios “encuentros” de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:

1.              Jesús se “deja ver”, para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.

2.              El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)

3.              Les descubre los enigmas de la fe: “se les abren los ojos” “ven y creen”.

4.              Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización “vayan y digan” (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).

5.              Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).

 

Se buscan testigos del Resucitado Jesús dijo a Tomas: “Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto” (Jn 20, 29)

Estas palabras de Jesús: “Felices los que creen sin haber visto“, se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque “no lo veamos” con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos “felices”, porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.

Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.

Pero…. si tu eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡no te desanimes!. Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el “ambiente” donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.

Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!

Jesús es sepultado

“Todo está cumplido”

 

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

 

Y dicho ésto, expiró.

 

Jesús ya no padece más. De todas y cada una de sus heridas brota todavía sangre. Una lanzada atraviesa su costado y sale sangre y agua. Se aseguran que está muerto. El cielo se ha cubierto y aún siendo de día, ha llegado la oscuridad. Rayos y truenos rasgan el cielo y la tierra. “En verdad éste era el Hijo de Dios” comentan algunos. La gente huye despavorida ante tales fenómenos. Nos han quitado al Maestro, al Señor, al Amigo. Pero era necesario que Él muriera para que todo cambiara, para que el hombre despertara al fin. Ahí tenemos a Jesús, hecho Sacramento, alimento.

Apenas se restableció un poco la tranquilidad en la ciudad, el gran consejo de los judíos pidió a Pilatos que mandara romper las piernas a los crucificados, para que no estuvieran en la cruz el sábado. Al día siguiente tenían que celebrar la Pascua, por ello había que darse mucha prisa. Pilatos dio las órdenes necesarias.

José de Arimatea habló a Pilatos, pidiéndole el cuerpo de Jesús, pues junto a Nicodemus habían formado el proyecto de enterrar a Jesús en un sepulcro nuevo, que había hecho construir a poca distancia del Calvario. Pilatos se extrañó que un hombre tan honorable pidiese con tanta instancia el permiso de rendir los últimos honores al que habían hecho morir tan ignominiosamente.

Hizo llamar al centurión Abenadar y le preguntó si el Rey de los judíos había expirado. Abenadar le contó la muerte del Salvador, sus últimas palabras, el temblor de tierra y la roca abierta por el terremoto. Pilatos pareció extrañar sólo que Jesús hubiera muerto tan pronto, porque ordinariamente los crucificados vivían más tiempo; pero interiormente estaba lleno de angustia y de terror por la coincidencia de esas señales con la muerte de Jesús. Quizá también quiso en algo reparar su crueldad y concedió el permiso de tomar el cuerpo de Jesús a José de Arimatea. También de este modo, daba un desaire a los sacerdotes, que hubiesen visto gustosos ver a Jesús ser enterrado ignominiosamente entre los dos ladrones.

Envió a su centurión Abenadar al Calvario para ejecutar sus órdenes, y contemplo todo el proceso del descendimiento de la Cruz.

Descendimiento de Cristo

Benjamín y Cayo, traen escaleras para ayudar a José de Arimatea y a Nicodemus. Se disponen para desclavar y descender a Jesús. Bajan al Señor con sumo cuidado. Lo recoge su Madre, la Virgen María en sus brazos. Todos forman un corro alrededor de la Madre y del Hijo. Cayo sostiene el brazo izquierdo de Jesús, Benjamín el derecho. Los dos observan las llagas de sus manos. ¡Abraza y besa María, nuestra Madre, el Cuerpo destrozado de su Hijo! No nos cansamos de mirar tampoco nosotros esta piedad, este cariño…

El divino Rostro de Nuestro Señor, apenas se podía conocer, tan desfigurado como estaba, con las llagas que lo cubría, la barba y el cabello estaban apelmazados por la sangre. María le alzó suavemente la cabeza y con esponjas mojadas fue lavándole la sangre seca. Conforme lo hacía, las horribles crueldades ejercidas sobre Jesús se hacían más visibles en el Rostro de Jesús y se acrecentaban herida tras herida. Lavó las llagas de la cabeza, la sangre que cubría los ojos, la nariz y las orejas de Jesús, con una pequeña esponja y un paño extendido sobre los dedos de su mano derecha. Lavó del mismo modo, su boca entreabierta, la lengua, los dientes y los labios. Limpió y desenredó lo que restaba del cabello del Salvador y lo dividió en tres partes, una sobre cada sien y la tercera sobre su nuca.

Tras haberle limpiado la cara, La Santísima Virgen se la cubrió después de haberla besado, luego se ocupó del cuello y de los hombros, de los brazos y de las manos. Todos los huesos del pecho, todas las coyunturas de los miembros estaban dislocados y no podían doblarse. El hombro que había llevado la Cruz, era una llaga enorme, toda la parte superior del Cuerpo estaba cubierta de heridas y desgarrada por los azotes.  En el lado izquierdo se veía una pequeña abertura, por donde había salido la punta de la lanza de Casio. Y en el lado derecho, el ancho corte por donde había entrado la lanza que le había atravesado el corazón.

La Virgen María lavó todas las llagas de Jesús. Mientras Magdalena, de rodillas le ayudaba en algún momento, pero sin apartarse de los pies de Jesús que bañaba con lágrimas y secaba con sus cabellos. La cabeza, el pecho y los pies del Salvador estaban ya limpios: el Sagrado Cuerpo, blanco y azulado como carne sin sangre, lleno de manchas moradas y rojas, allí donde se le había arrancado la piel, reposaba sobre las rodillas de la Madre, después se encargó de embalsamar todas las heridas, empezando por la cara.

Las santas mujeres arrodilladas frente a María, le acercan algún ungüento precioso con el que untaba las heridas y también el cabello. Tomó en su mano izquierda las manos de su Hijo, las besó con amor y llenó con ungüento y perfume las heridas de los clavos. Ungió también las orejas, la nariz y la herida del costado. Cuando La Virgen hubo ungido todas las heridas, envolvió la cabeza del Salvador en paños, mas no cubrió todavía la cara; le cerró los ojos entreabiertos y dejó reposar un tiempo su mano sobre ellos. Cerró su boca  y  abrazó el Sagrado Cuerpo de su Hijo y dejó caer su cara sobre la de Él.

Juan, repasando todas y cada una de las palabras del Maestro, les recuerda su promesa. “El Señor volverá a estar con nosotros. Él es el verdadero Mesías, el que nos salva del pecado y de la muerte. No tengáis miedo”

También una de las mujeres recordó lo que en una ocasión dijo: “Dios, no es Dios de muertos, sino de vivos”.

Y María Magdalena reza en voz alta con unas palabras del profeta Isaías: “Él tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias”.

José y Nicodemus llevaban un rato esperando en respetuoso silencio cuando Juan, acercándose a la Virgen, le suplicó que se separase de su Hijo para que le pudieran terminar de embalsamar, porque se acercaba el sábado.

Cuesta arrancarle el Cuerpo de Jesús a María. Juan la abraza, la consuela, la mima… También los demás. Pero ella sigue abrazando el Cuerpo de su Hijo. Se separa de Él en los términos más tiernos. Entonces los hombres cogieron la sábana donde estaba depositado el Cuerpo y así lo tomaron de los brazos de su Madre y lo llevaron aparte para terminar de embalsamarlo. María Santísima de nuevo abandonada a su dolor, que habían aliviado un poco los tiernos cuidados dispensados al Cuerpo de Nuestro Señor, se derrumbó ahora con la cabeza cubierta en brazos de las santas mujeres. Magdalena como si hubieran querido robarle a su amado corrió algunos pasos hacia Él con los brazos abiertos, pero tras un momento volvió junto a la Santísima Virgen.

Jesús trasladado al sepulcro

José de Arimatea, deja depositado el cuerpo de Jesús en un pequeño carro. El sepulcro que tiene preparado está en un huerto próximo. Es nuevo y no está lejos. Todos le acompañan. Cayo se queda junto a María. Benjamín sin embargo sube al carro, junto al Cuerpo de Jesús.
La Cruz de Jesús queda ahí, sola, en la cumbre del monte Calvario. Cayo se acerca a ella y la besa.

El sufrimiento de Jesús ha sido locura de amor. Él nos enseña, con su ejemplo, a no quejarnos tanto, a ofrecer a Dios lo que nos cuesta, lo que no nos gusta. El mérito está en el amor que ponemos al hacer las cosas. Todo tiene sentido para aquel que ama la voluntad de Dios.

El Sagrado Cuerpo es trasladado a un sitio más bajo y allí lo depositaron encima de una roca plana, que era un lugar adecuado para embalsamarlo. Primero pusieron sobre la roca un lienzo de malla, y tendieron el Cuerpo sobre ese lienzo calado, manteniendo otra sábana extendida sobre Él. José y Nicodemo se arrodillaron y, debajo de esta cubierta, le quitaron el paño con el que lo habían cubierto al descenderlo de la Cruz y el lienzo de la cintura, y con esponjas le lavaron todo el Cuerpo, lo untaron con mirra, perfume y espolvorearon las heridas con unos polvos que había comprado Nicodemo y, finalmente envolvieron la parte inferior del Cuerpo.

Entonces llamaron a las santas mujeres, que se habían quedado al pie de la Cruz. María Santísima se arrodilló cerca de la cabeza de Jesús, puso debajo un lienzo muy fino que le había dado la mujer de Pilatos, y que llevaba Ella alrededor de su cuello, bajo su manto; después, con la ayuda de las santas mujeres lo ungió desde los hombros hasta la cara con perfumes, aromas y perfumes aromáticos. Magdalena echó un frasco de bálsamo en la llaga del costado y las santas mujeres pusieron también hierbas en las llagas de las manos y de los pies. Después, los hombres envolvieron el resto del Cuerpo, cruzaron los brazos de Jesús sobre su pecho y envolvieron su Cuerpo en la gran sábana blanca hasta el pecho, ataron una venda alrededor de la cabeza y de todo el pecho.

Finalmente colocaron al Dios Salvador en diagonal sobre la gran sábana de seis varas que había comprado José de Arimatea y lo envolvieron con ella; una punta de la sábana fue doblada desde los pies hasta el pecho y la otra sobre la cabeza y los hombros; las otras dos, envueltas alrededor del Cuerpo.

Pusieron el Sagrado Cuerpo sobre una especie de parihuelas de cuero y Nicodemus con José llevaban sobre sus hombros los palos de delante y Abenadar y Juan los de atrás.

Detrás venían la Virgen María, María de Helí, Magdalena y María la de Cleofás, después las mujeres que habían estado al pie de la Cruz sentadas a cierta distancia: Verónica, Juana Chusa, María madre de Marcos, Salomé mujer de Zebedeo, María Salomé, Salomé de Jerusalén, Susana y Ana sobrina de San José. Casio y los soldados cerraban la marcha. Las otras mujeres habían quedado en Betania con Lázaro y Marta.

Dos soldados con antorchas iban delante para alumbrar la gruta del sepulcro y mientras llegaban a él, cantaban salmos con voces dulces y melancólicas. Trasladaron el Santo Cuerpo al interior con una tabla cubierta con una sábana. La gruta que había sido excavada recientemente, había sido barrida por los colaboradores de Nicodemus

Las santas mujeres se sentaron en frente de la entrada. Los cuatro hombres introdujeron el Cuerpo del Señor, llenaron de aromas una parte del sepulcro, extendieron una sábana sobre la cual pusieron el Cuerpo. Le testimoniaron una última vez su amor con sus lágrimas y salieron de la gruta.

Entonces entró la Virgen, se sentó al lado de la cabeza y se echó llorando sobre el Cuerpo de su Hijo. Magdalena entró precipitadamente a depositar unas flores que había cogido en el jardín, flores y ramos que echó sobre Jesús. Cruzó las manos y besó, llorando, los pies sagrados de Jesús.

Saliendo todos fuera, cerraron el sepulcro. La piedra gruesa destinada a cerrar la gruta del sepulcro, estaba a un lado. Era muy pesada y solo con las palancas pudieron hacerla rodar hasta la entrada del sepulcro.

sepulcro

Caifás y los principales judíos, hablaban respecto de las medidas que debían adoptarse.

Vistos los prodigios que habían sucedido y la disposición del pueblo, pudiera ser que robasen sus discípulos el cuerpo de Jesús y esparcir la voz de su Resurrección.

Fueron por la noche a casa de Pilatos y le dijeron que como ese “seductor” había asegurado que resucitaría el tercer día, era menester guardar el sepulcro tres días. Sus discípulos pueden llevarse su cuerpo y decir que ha resucitado. Pilatos, no queriendo mezclarse en ese negocio, les dijo: “Tenéis una guardia: mandad que guarde el sepulcro como queráis”. Sin embargo, les mandó también  Casio, que debía observarlo todo, para hacer una relación exacta de lo que viera.

Salieron de la ciudad unos doce, antes de levantarse el sol. Los soldados que los acompañaban eran soldados del templo. Llevaban faroles puestos en palos para alumbrarse en la oscura gruta donde se encontraba el sepulcro. Así que llegaron, se aseguraron de la presencia del cuerpo de Jesús en el interior,  ataron una cuerda atravesada delante de la puerta del sepulcro y otra segunda sobre la piedra gruesa que estaba delante y lo sellaron todo con un sello semicircular.

Los fariseos volvieron a Jerusalén y los guardas se pusieron enfrente de la puerta exterior. Casio, enviado por Pilatos, no se movió de su puesto.

Viernes Santo 2013 – Procesión del Santo Entierro

SantoEntierro

Organizada por el Ilmo. Cabildo Catedralicio y la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño junto a todas sus Cofradías, está preparada como punto mas relevante de nuestra Semana Santa, la procesión del Santo Entierro.

Salida procesional: 29/03/2013 a las  19:30  desde la Con-Catedral de Santa María de la Redonda, Plaza del Mercado, Portales, Rodríguez Paterna, Hospital Provincial, Avenida de Viana, Marqués de San Nicolás, Merced, Portales, hasta la Plaza del Mercado.

Orden de participación procesional:

  1.   Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén con el paso “Oración en el Huerto de los Olivos”
  2.   Cofradía de la Flagelación de Jesús con el paso “Flagelación de Nuestro Señor”
  3.   Cofradía de la Santa Cruz con el paso “El Encuentro de Jesús con las Mujeres”
  4.   Cofradía de María Magdalena con el paso “María Magdalena”
  5.   Cofradía de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores con el paso “Jesús Nazareno”
  6.   Cofradía de las Siete Palabras y del Silencio con el paso “Cristo Yacente”
  7.   Cofradía del Santo Cristo de las Ánimas con el Paso “Santo Cristo de las Ánimas”
  8.   Cofradía del Descendimiento de Cristo con el paso “El Descendimiento”
  9.   Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad con el paso “La Piedad”
  10.   Cofradía del Santo Sepulcro con el paso “Santo Sepulcro”
  11.   Cofradía de Nuestra Señora la Virgen de la Soledad con el paso “La Dolorosa”

Las celebraciones de Semana Santa en Logroño, al igual que en el resto de España, estuvieron siempre desarrolladas e impulsadas por los Padres Franciscanos que fueron los que extendieron ésta devoción a la Pasión de Cristo a partir del siglo XV. La devoción de éstos frailes por el Misterio de la Pasión del Señor y el hecho de ser ellos los custodios de los Santos Lugares de Jerusalén, tuvieron una notable influencia en el nacimiento de las cofradías de la Vera Cruz en España. Precisamente, Logroño fue el primer lugar en que el santo de Asís realizó su primera fundación en Castilla.

En el “Archivum Franciscanum”, libro 2, pág. 17 vuelta puede leerse lo siguiente: “El convento de San Francisco de Logroño fuera de los muros de la ciudad. La fundación y orden de éste convento y ser edificado por nuestros padres. San Francisco el año 1.214 pasando a Santiago de Galicia y algunas cosas memorables que tiene, todo está puesto en la crónica del Reverendísimo P. y Stmo. Señor Gonzaga”. Estuvo situado en lo que hoy son las traseras del Hospital, a orillas del Ebro, en los terrenos que todavía hoy se continúan llamando de San Francisco.

Y en éste convento fue donde la cofradía de la Vera Cruz de Logroño tuvo su sede canónica con una capilla dedicada exclusivamente a la cofradía, la cual tenía una larga serie de privilegios e indulgencias concedidos por las Papas reinantes y aún se le añadieron todos aquéllos propios de la Orden Franciscana.
El haber sido Logroño el primer lugar en que San Francisco de Asís fundara su primer convento de Castilla en el año 1.214 me hace suponer que la cofradía de la Vera Cruz de Logroño, posiblemente fuera una de las primeras que se fundaran en el reino de Castilla, pero esto no se puede fundamentar por no existir documentos que lo acrediten.

Indirectamente se sabe que en el año 1.615 existía ésta cofradía, por un párrafo del testamento de don Pedro Martínez de Cucho de fecha 12 de Diciembre de 1.615 que dice así: “ítem, mando que a mi entierro se hallen las cofradías de la Vera Cruz, Soledad y Misericordia y niños de la doctrina cristiana y se paguen la limosna acostumbrada” (Protocolo de Andrés de Junguitu, escribano real).
Hay otro documento fechado el 20 de Setiembre de 1.689 “por varios recibos que presenta y firma don Pedro de Irazu como mayordomo de la fábrica de ésta Iglesia Colegial de la Redonda de Logroño de la cera a la cofradía de la Vera Cruz”.

El año 1.694 marca un hito importantísimo para la Semana Santa de Logroño. Fue en dicho año cuando el capitán don Gabriel de Unsain donó la urna sepulcral con la imagen de Cristo muerto y la imagen de su Madre Dolorosa para ser incluidas en la procesión de Viernes Santo, ya denominada Santo Entierro .

Del libro “Historia de la Semana Santa de Logroño” de D. Eugenio Ugarte Alonso.

En esta procesión tradicional para los Logroñeses y como ya se ha indicado, también antigua en el tiempo, han sido procesionados otros pasos que por diferentes motivos ya no lo hacen.
Los más recientes son: La Entrada de Jesús en Jerusalén, más conocida popularmente como “La Borriquilla” y el paso de “Nuestro Padre Jesús Cautivo” ambos procesionados por la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalen.

Pero ha habido otros más que ya se dejarón igualmente de procesionar.

Viernes Santo 2013 – Vía-Crucis del Santo Cristo de las Ánimas

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Organizada por la Cofradía Cristo de las Animas.
Vía-Crucis: 12:00 en el interior del templo de la Iglesia Imperial de Santa María de Palacio.
Salida Procesional: 13.00 Desde la Iglesia Imperial de Santa María de Palacio, calle Marqués de San Nicolás, Avenida de Viana, Hospital Provincial, Rodríguez Paterna, Portales, Plaza del Mercado hasta la Con-Catedral

Viernes Santo 2013 – Vía-Crucis de Jesús Nazareno

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Organizada por la Cofradía Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores.
Salida Procesional: 09.00 desde Plaza de Alférez Provisional.
Recorrido: Calle Antonio Sagastuy, General Urrutia, Rafael Azcona y Carretera del Cortijo hasta la Ermita del Cristo del Humilladero.