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Archivo de Mayo de 2013

Festividad del Corpus Christi

«Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre verdadera bebida; el que come mi Carne, y bebe mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.» (Jn 6, 56-57)

Corpus Christi, en latín, “Cuerpo de Cristo” o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, antes llamada Corpus Domini “Cuerpo del Señor”, es la principal finalidad de proclamar y aumentar la fe de los católicos con la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

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La celebración de esta festividad, se lleva a cabo el jueves después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, que a su vez tiene lugar el domingo después de Pentecostés, es decir el Corpus Christi, se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección). Específicamente, Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte; aunque en aquellos lugares en que no es festivo, se traslada al domingo siguiente.

En el siglo XIII había prácticas religiosas que eran tildadas de herejías por la jerarquía católica porque se apartaban peligrosamente de las enseñanzas doctrinales de la Iglesia. Estas prácticas convivían al mismo tiempo con ciertas creencias ancestrales de origen natural. La mayoría eran pervivencias atávicas de determinados rituales paganos, que tampoco tenían nada que ver con las enseñanzas de la Iglesia oficial, pero que el pueblo compaginaba con las prácticas cristianas.

Es en este contexto cuando nace la festividad del Corpus Christi. En aquella época, todas estas corrientes contradictorias y opuestas en el seno de la misma Iglesia católica acabaron estableciendo una verdadera guerra de milagros entre las diferentes posturas con el fin de validar la tendencia que cada uno defendía. La mayoría de estos hechos visionarios y milagrosos se centraban en el Sacramento de la Eucaristía y se acabaron convirtiendo en cruciales para defender los postulados oficiales emanados de la jerarquía eclesiástica.

Una de las herejías más divulgadas del momento, y uno de los detonantes originarios de la institución del Corpus, fue la profesada por Berenguer de Tours, que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No hace falta decir que esta teoría no gustaba nada a la Iglesia oficial, cansada por otra parte de tantas heterodoxias, debates y polémicas religiosas y que veía entonces cómo alguien atacaba directamente uno de los postulados básicos de su doctrina.

La respuesta a este ataque contra el dogma de la Eucaristía fue extraordinariamente rápida. A través de la interpretación de las visiones de Juliana de Bethune, priora del monasterio de Mont Cornillon, próximo a Lieja, el obispo de esta diócesis, Robert Thorete, convocó un sínodo diocesano el año 1246 en el que se instituyó una festividad alegre en honor del Santísimo Sacramento. Esta nueva celebración, muy alejada del carácter austero del Jueves Santo, que era el día tradicional de exaltación de la Eucaristía, fue colocada el jueves después de la octava de Pentecostés y fue celebrada por primera vez el día 5 de junio de 1249. El Corpus, pues, nacía como una celebración local, circunscrita únicamente a la diócesis belga mencionada.

Un milagro ocurrido el año 1263 en Bolsena, donde, ante las dudas de un canónigo de que la hostia y el vino de la misa se convirtieran en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, de unos corporales brotó sangre, fue el verdadero detonante que hizo que la festividad se extendiese por todas partes. Ante el hecho milagroso, el papa Urbano IV decidió ampliar a toda la cristiandad el proceso que él mismo había vivido e impulsado en Lieja.

Así, al año siguiente, fue instituida la solemne festividad, el 8 de septiembre de 1264 por este papa, mediante la bula Transiturus hoc mundo. A Santo Tomás de Aquino, se le encargó preparar los textos para el Oficio y Misa propia del día.

En el Concilio de Viena de 1311, el papa Clemente V dará las normas para regular el cortejo procesional en el interior de los templos e incluso indicará el lugar que deberán ocupar las autoridades que quisieran añadirse al desfile. Y en el año 1316, el papa Juan XXII introduce la Octava con exposición del Santísimo Sacramento.

Pero el gran espaldarazo vendrá dado por el papa Nicolás V, cuando en la festividad del Corpus Christi del año 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma e inicia la tradicional procesión y salida a las calles, del Santísimo Sacramento.

La festividad del Corpus Christi está unida a la tradición de confeccionar las alfombras florales ó de otros materiales como semillas, arenas ó serrín teñido, etc… En infinidad de localidades y en muchos pueblos, es habitual ésta costumbre de adorna sus calles con el colorido de miles de pétalos ordenados para formar vistosas imágenes en el suelo de sus calles. Otras utilizan los otros materiales pero la finalidad es la misma. Preparan sus calles para dejar el arte y dedicación de los autores de esas alfombras para hacer de esta celebración, algo muy especial, al igual que con las custodias, ostensorios, palios, carrozas, y otros objetos muy singulares, según en cada localidad.

alfombras Corpus Christi Logroño

Otra costumbre de igual sentimiento, es engalanar los balcones con flores y adornos o emblemas de entidades y asociaciones religiosas, que serán verdaderas exposiciones en los diferentes recorridos de cada localidad.

 

 

 

 

Actos en la festividad del Corpus Christi 2013 en Logroño

Programa de actos para la celebración de la festividad del Corpus Christi, organizado por el Ilustrísimo Cabildo Catedralicio de Logroño para este año 2013.

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Corpus Christi

De nuevo recordamos el famoso dicho popular  “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. En España, entre otro sitios y lugares, dos de esto tres jueves, han sido modificados de día dentro de la semana, pasándolos al domingo siguiente a la correspondiente festividad con alguna excepción en la del “Corpus Christi” que se sigue celebrando en algunas ciudades el mismo jueves correspondiente.

Dos de las festividades a las que se refiere este dicho o refrán, Jueves Santo y el día de la Ascensión, han pasado ya obviamente y nos queda el Corpus Christi que celebraremos este próximo jueves ó domingo según el lugar.

Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

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Esta fiesta surgió en la Edad Media, cuando en 1208 la religiosa Juliana de Cornillón promueve la idea de celebrar una festividad en honor al Cuerpo y la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía. Así, se celebra por primera vez en 1246 en la Diócesis de Lieja en Bélgica.

En el año 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena en Italia, al romper la hostia consagrada brotó sangre. Este hecho milagroso, muy difundido y celebrado, dio un impulso definitivo al establecimiento como fiesta litúrgica del Corpus Christi.

Fue instituida el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo. A Santo Tomás de Aquino, se le encarga preparar los textos para el Oficio y Misa propia del día, que incluye himnos y secuencias, como el Pange Lingua o Laude Sion, Panis Angelicus, y otros muy renombrados igualmente, así como el himno de adoración Tantum Ergo.

En el Concilio de Viena de 1311, el papa Clemente V dará las normas para regular el cortejo procesional en el interior de los templos e incluso indicará el lugar que deberán ocupar las autoridades que quisieran añadirse al desfile.

En el año 1316, el papa Juan XXII introduce la Octava con exposición del Santísimo Sacramento. Pero el gran espaldarazo vendrá dado por el papa Nicolás V, cuando en la festividad del Corpus Christi del año 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma. El mismísimo Santísimo sale a nuestro encuentro por las calles.

En nuestra ciudad de Logroño, tal y como lo recoge en un inmejorable trabajo, nuestro ilustre conciudadano y Académico C. de la Real Academia de la Historia D. José María Lope de Toledo, también desde hace muchísimos años (siglo XVI) está documentado como se desarrollaban dichas festividades y sus procesiones. Dejo el enlace para que poder disfrutar del texto.

dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/61502.pdf

 

Festividad de la Santisima Trinidad

“Apenas hemos celebrado la venida del Espíritu Santo, cantamos la fiesta de la Santísima Trinidad en el Oficio del Domingo que sigue” escribía San Ruperto en el siglo XII, y esta fecha para la celebración está muy bien escogida, porque tan pronto como hubo bajado el Espíritu Santo, comenzó la predicación y la creencia; y, en el bautismo, la fe y confesión en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Santisima Trinidad 3

Es el lugar más apropiado del año litúrgico para esta celebración. Por el Espíritu Santo llegamos a creer y a reconocer la trinidad de personas en el único Dios. Habiendo celebrado todos los misterios de Cristo, la Iglesia echa una mirada de agradecimiento a la obra completa de la redención. Desde la contemplación de las obras maravillosas de Dios nos volvemos a considerar la vida interna de la Divinidad.

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Encarnación del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno, y que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que es en él y con él el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo que junto al Padre  revela que él es con ellos, el mismo Dios único. Por ello creemos y decimos “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Decía San Agustín “El Espíritu Santo procede del Padre en cuanto fuente primera y, por el don eterno de este al Hijo, del Padre y del Hijo en comunión”

Por la gracia del bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la tierra, en  la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eterna. Esta es nuestra fe cristiana y católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no confundiendo las personas, ni separando las substancias; una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es una sola divinidad. Las personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

No hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad: tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiera existido, pero que ingresó luego: por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por siempre.

Evangelio según San Juan 16, 12-15    “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”

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La historia de esta fiesta, comenzó a celebrarse hacia el año 1000, tal vez un poco antes. Parece ser que fueron los monjes los que asignaron el domingo después de Pentecostés para su celebración. Anteriormente existía una misa votiva y oficio en honor de la Trinidad pero no día de su fiesta como tal. 

Las iglesias diocesanas comenzaron a seguir el ejemplo de los monjes benedictinos y cistercienses y en los dos siglos siguientes, la celebración se extendió por toda Europa. 

En el año 1334,  el papa Juan XXII la introdujo como fiesta de la Iglesia universal.

El domingo de la Santísima Trinidad es de institución relativamente tardía pero fue precedido por siglos de devoción al misterio que celebra. Tal devoción arranca del mismo Nuevo Testamento pero lo que le dio especial impulso fue la lucha de la Iglesia contra las herejías de los siglos IV y V. 

El arrianismo negaba la divinidad de Cristo. En el año 325, el concilio de Nicea afirmó que Cristo es coeterno y consustancial con el Padre, y así condenó el arrianismo. Esto fue reafirmado en el concilio de Constantinopla en el año 381 que declaró además que el Espíritu Santo es distinto del Padre y del Hijo pero consustancial, igual y coeterno con ellos.

La antigua iglesia hispánica en los siglos V al VII, enseñó magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los concilios de Toledo, y de su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que nuestro Dios es “Uno sólo, pero no solitario” como se dijo en el Concilio VI de Toledo en el año 638, “amor puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a participar en su unidad vital eterna.”

El dogma de la Trinidad resplandeció también en nuestras iglesias. Hemos contemplado en las alturas, anchuras y larguras admirablemente proporcionadas de esos edificios, el símbolo de la Trinidad; lo mismo que en sus divisiones principales y en las secundarias: las tres entradas, las tres puertas, los tres ventanales y a menudo también las tres torres. Por doquier, hasta en los detalles ornamentales, el número tres repetido sin cesar obedece a una idea, a la fe en la Trinidad.

También la iconografía cristiana tradujo de mil maneras este mismo pensamiento. Hasta el siglo XII a Dios Padre se le representó por una mano, que sale de las nubes y bendice. En esa mano se significa la divina omnipotencia. En los siglos XIII y XIV ya se añadió la cara y luego el busto del Padre, en el cual desde el siglo XV es representado como un venerable anciano vestido con ornamentos papales.

Hasta el siglo XII Dios Hijo fue primero representado por una cruz, por un cordero o bien por la juventud. Desde el siglo XII al XVI vemos ya representado a Cristo en la plenitud de la edad y con barba. A partir del siglo XIII lleva la cruz y también aparece en figura de cordero.

Al Espíritu Santo se le representó a lo primero por una paloma, cuyas alas extendidas tocaban a veces la boca del Padre y del Hijo, para demostrar cómo procede de entre ambos. Ya desde el siglo XI aparece con la figura de un niñito, por idéntico motivo. En el siglo XIII es un adolescente y en el siglo XV un hombre hecho y semejante al Padre y al Hijo, pero con una paloma sobre sí o en la mano, para distinguirle así de las otras dos divinas personas. Más desde el siglo XVI la paloma torna a asumir el derecho exclusivo de representar al Espíritu Santo.

Para representar a la Trinidad se adoptó la figura del triángulo. También el trébol sirvió para figurar el misterio de la Trinidad y lo mismo tres círculos enlazados con la palabra Unidad en el espacio central que queda libre por la intersección de los círculos.

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Rosario de la Aurora Logroño

Cartel Rosario de la Aurora Logroño 2013

Una nueva edición del Rosario de la Aurora se celebrará este 25 de mayo de 2013, como último sábado del mes de las flores dedicado a la Virgen María.

El Rosario está organizado por La Parroquia de Santiago El Real, La Cofradía de Jesús Nazareno y Ntra. Sª de los Dolores, La Cofradía de la Esperanza, La Corte de Honor de la Virgen del Pilar, La Milagrosa y La Legión de María, y dará comienzo a las 6,30 horas desde la Concha del Paseo del Espolón.

El recorrido será: Desde la Concha del Paseo del Espolón, Muro de la Mata, Bretón de los Herreros, 11 de Junio, Portales, Sagasta, Mayor, Plaza de la Oca y Barriocepo hasta la Iglesia de Santiago el Real donde dará fin sobre las 7,30.

Al término del Rosario y a continuación, se celebrará una Eucaristía.

Desde todas las parroquias e instituciones de la Iglesia, nos invitan y animan a participar junto a todas ella en esta convocatoria.