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Archivo de Enero de 2014

Visita virtual a la Capilla Sixtina

Hace unos años, en concreto el lunes 29 de Marzo de 2010, publicamos en uno de los hilos del foro de www.logronopasion.com ésta gran maravilla de enlace para poder realizar una visita virtual y en exclusiva a la capilla más famosa del Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano,  la gran Capilla Sixtina, que se encuentra a la derecha de la Basílica de San Pedro.

capilla-sixtina2

La capilla fue construida entre 1477 y 1480, por orden del papa Sixto IV de quien toma su nombre.

Una de las funciones principales de la Capilla Sixtina, es hacer de sede en las elecciones de cada Papa en los cónclaves por el Colegio Cardenalicio.

Desde la web del Vaticano, crearon “Sistine Chapel”, una aplicación desarrollada en flash con la que poder realizar la citada visita virtual en alta resolución.

Para quienes la conozcan en persona, será una bonita forma de recordarla. Para quienes habíamos disfrutado de ella a través de este enlace, repetiremos el placer de volver a contemplarla y para los que todavía no la conocen, será una agradable “visita” al interior de la joya.

“Pinchar” en el enlace  http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/index.html

San Juan Bosco

Don_Bosco

 

Juan Melchor Bosco Occhiena  (Giovanni Melchiorre), nace en 1815, junto a Castelnuovo, diócesis de Turín. Es el menor de los hijos de un matrimonio campesino piamontés. Su infancia es muy dura, pues su padre muere cuando Juan tenía apenas dos años y medio. Es su madre, Margarita, analfabeta y muy pobre, pero santa y laboriosa mujer, quien debió luchar mucho para sacar adelante a sus hijos, y en especial de la educación de Juan.

 

A los nueve años de edad, tiene un sueño que nunca olvidará. Detrás vendrán muchos otros, pero es en este primero donde se le revela su vocación. Más adelante, en todos los períodos críticos de su vida, otras visiones del cielo le indicarán siempre el camino que deberá seguir.

 

En aquel primer sueño, vio una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí y blasfemaban. Intenta separarlos y hacer la paz, primero con exhortaciones y después con los puños. En eso estaba cuando se le apareció Nuestro Señor y le dijo: “¡No, no; tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor!” Le dejó también como Maestra a su Madre la Santísima Virgen, quien al instante se le apareció y le dijo: “Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas”. Cuando la Señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron primero, en bestias feroces y luego en ovejas.

 

Durante las semanas que vivió con una tía que prestaba servicios en casa de un sacerdote, Juan Bosco aprendió a leer. Tenía un gran deseo de ser sacerdote, pero hubo de vencer numerosas dificultades antes de poder empezar sus estudios. A los dieciséis años, ingresó finalmente en el seminario de Chieri y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y los vestidos indispensables.

 

El alcalde del pueblo le regaló el sombrero, el párroco la chaqueta, uno de los parroquianos el abrigo y otro, un par de zapatos. Después de haber recibido el diaconado, Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y ahí empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir los domingos a un grupo de chiquillos y mozuelos abandonados de la ciudad.

 

Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes. Sus grandes amores que fundamentan su espiritualidad: La Eucaristía, la Virgen María, la Iglesia, la fidelidad al Santo Padre, la juventud.

 

El sueño terminó, pero desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó inmediatamente a enseñar el catecismo y a llevar a la iglesia a los chicos de su pueblo. Para ganárselos, acostumbraba ejecutar ante ellos toda clase de acrobacias, en las que llegó a ser muy ducho. Un domingo por la mañana, un acróbata ambulante dio una función pública y los niños no acudieron a la iglesia; Juan Bosco desafió al acróbata en su propio terreno, obtuvo el triunfo, y se dirigió victoriosamente con los chicos a la misa.

 

“Ese es el Padre que siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos” le decían los jóvenes muchachos de la calle, a los que él ayudaba.

 

Su sonrisa estaba siempre en su rostro. Nadie le vió jamás de mal humor y nunca se le escuchó una palabra dura o humillante. Hablar con él, era hacerse desde el principio amigo suyo para toda la vida.

 

El Señor le concedió también el don de dar buenos consejos. Cualquier persona se acercaba al santo para solicitarle consejo y cualquier cosa que aconsejaba, cambiaba a las personas.

 

José Cafasso, también canonizado, sacerdote de la parroquia anexa al seminario mayor de Turín, confirmó a Juan Bosco en su vocación, explicándole que Dios no quería que fuese a las misiones extranjeras, diciéndole “Desempaca tus bártulos y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso y no otra cosa es lo que Dios quiere de ti”.

 

El mismo San José Cafasso, le ayudo a ponerse en contacto con personas adineradas que podrían ayudarle con limosnas para su obra, y le mostró las prisiones y los barrios bajos en los que encontraría suficientes “clientes” para aprovechar los donativos de esas personas.

 

El primer puesto que ocupó Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para muchachas, que había fundado la marquesa di Barola, rica y caritativa mujer que socorrió a Silvio Pellico cuando éste salió de la prisión.

 

Los domingos, Don Bosco no tenía trabajo de modo que podía ocuparse de sus chicos, a los que consagraba el día entero en una especie de escuela y centro de recreo, que él llamó “Oratorio Festivo”.

 

Pero muy pronto, la marquesa le negó el permiso de reunir a los niños en sus terrenos, porque hacían ruido y destruían las flores. Durante un año, Don Bosco y sus chiquillos anduvieron buscando nuevos lugares, pero nadie los quería cerca porque nadie aceptaba a ese pequeño ejército de más de un centenar de revoltosos muchachos.

 

Cuando Don Bosco consiguió alquilar un viejo granero, y todo empezaba a solucionarse, la señora marquesa, que a pesar de su generosidad tenía algo de autócrata, le exigió que escogiera entre quedarse con su tropa de muchachos o con su puesto en el refugio para muchachas. Sin dudarlo, Don Bosco escogió a sus chicos.

 Don Juan Bosco

Fueron momentos muy críticos a los que hubo que sumar otras muchas complicaciones, entre ellas, le sobrevino una pulmonía que estuvo a punto de costarle la vida. Una vez repuesto de ella, se fue a vivir a unos humildes cuartuchos miserables de su nuevo oratorio. Allí estuvo acompañado de su madre quien se entregó en cuerpo y alma, en ayudarle a consolidar y extender su obra.

 

Dio forma acabada a una escuela nocturna, que había inaugurado el año precedente, y como el oratorio estaba lleno a reventar, abrió otros dos centros en otros tantos barrios de Turín.

 

Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. En poco tiempo había ya, mas de treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco “Mamá Margarita”.

 

Con todo, Don Bosco cayó pronto en la cuenta que todo el bien que hacía a sus chicos se perdía con las malas influencias del exterior, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros: el de los zapateros y el de los sastres, fueron inaugurados en 1853.

 

El siguiente paso fue construir una iglesia, consagrada a San Francisco de Sales. Después vino la construcción de una casa para la enorme familia. El dinero no faltaba, a veces, por verdadero milagro. Don Bosco distinguía dos grupos entre sus chicos: el de los aprendices, y el de los que daban señales de una posible vocación sacerdotal. Al principio iban a las escuelas del pueblo; pero con el tiempo, cuando los fondos fueron suficientes, Don Bosco instituyó los cursos técnicos y los de primeras letras en el oratorio.

 

En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos eran quinientos. Con su extraordinario don de simpatía y de leer los corazones, Don Bosco ejercía una influencia ilimitada sobre sus chicos, de suerte que podía gobernarles con aparente indulgencia y sin castigos, para gran escándalo de los educadores de su tiempo.

 

Veía en sueños el estado exacto de la conciencia de sus discípulos y después los llamaba y les hacía una descripción tan completa de los pecados que ellos habían cometido, que muchos aclamaban emocionados: “Si hubiera venido un ángel a contarle toda mi vida no me habría hablado con mayor precisión” .

 

Se gana de tal manera el cariño de los jóvenes, que es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco. Los jóvenes llegaban hasta pelear unos contra otros afirmando cada uno que a él lo amaba el santo más que a los demás.

 

Además de este trabajo, Don Bosco se veía asediado de peticiones para que predicara; la fama de su elocuencia se había extendido enormemente a causa de los milagros y curaciones obradas por la intercesión del santo.

 

Otra forma de actividad, que ejerció durante muchos años, fue la de escribir libros para el gusto popular, pues estaba convencido de la influencia de la lectura. Él decía que Dios lo había enviado al mundo para educar a los jóvenes pobres y para propagar buenos libros, los cuales, además eran sumamente sencillos y fáciles de entender. “Propagad buenos libros, decía Don Bosco. Sólo en el cielo sabréis el gran bien que produce una buena lectura”. Unas veces se trataba de una obra de apologética, otras de un libro de historia, de educación o bien de una serie de lecturas católicas. Este trabajo le robaba gran parte de la noche y al fin, tuvo que abandonarlo, porque sus ojos empezaron a debilitarse.

 

El mayor problema de Don Bosco, durante largo tiempo, fue el de encontrar colaboradores. Muchos jóvenes sacerdotes entusiastas, ofrecían sus servicios, pero acababan por cansarse, ya fuese porque no lograban dominar los métodos impuestos por Don Bosco, o porque carecían de su paciencia para sobrellevar las travesuras de aquel tropel de chicos mal educados y frecuentemente viciosos, o porque perdían la cabeza al ver que el santo se lanzaba a la construcción de escuelas y talleres, sin contar con un céntimo.

 san juan bosco 2

En 1850, no quedó al lado de Don Bosco, más que un solo colaborador y esto le animó a preparar, por sí mismo, a sus futuros colaboradores. Y así fue como Santo Domingo Savio´, ingresó en el oratorio, en 1854.

 

Don Bosco había acariciado siempre la idea, más o menos vaga, de fundar una congregación religiosa. Después de algunos descalabros, consiguió por fin formar ese pequeño núcleo. Uno de los asistentes escribió: “En la noche del 26 de enero de 1854, nos reunimos en el cuarto de Don Bosco”.

 

Entre los asistentes se hallaban, Cagliero, Rocchetti, Artiglia y Rua. Y así llegaron a la conclusión de que, con la ayuda de Dios, entrarían en un período de trabajos prácticos de caridad para ayudar al prójimo, y al final de ese período, estarían en libertad de adherirse con una promesa, que más tarde podría transformar en voto.

 

Desde aquella noche, recibieron el nombre de Salesianos todos los que se consagraron a tal forma de apostolado. Naturalmente, el nombre provenía del gran obispo de Ginebra, San Francisco de Sales (el “Santo de la amabilidad”).

 

El momento no parecía muy oportuno para fundar una nueva congregación, pues el Piamonte no había sido nunca más anticlerical que entonces. Los jesuitas y las Damas del Sagrado Corazón habían sido expulsados; muchos conventos habían sido suprimidos y, cada día, se publicaban nuevas leyes que coartaban los derechos de las órdenes religiosas.

 

Sin embargo, fue el ministro Rattazzi, uno de los que más parte había tenido en la legislación, quien urgió un día a Don Bosco a fundar una congregación para perpetuar su trabajo y le prometió su apoyo ante el rey.

 

En diciembre de 1859, Don Bosco y sus veintidos compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta quince años después, junto con el permiso de ordenación para los candidatos del momento. La nueva congregación creció rápidamente: en 1863 había treinta y nueve salesianos.

 

El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes, entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fue la cofundadora, a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos (o Hijas de María Auxiliadora). La nueva comunidad se desarrolló casi tan rápidamente como la anterior y emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. Hoy en día son dieciséis mil, en setenta y cinco países.

 

Para completar su obra, Don Bosco organizó a sus numerosos colaboradores del exterior en una especie de tercera orden, a la que dio el título de Colaboradores Salesianos. Se trataba de hombres y mujeres de todas las clases sociales, que se obligaban a ayudar en alguna forma a los educadores salesianos.

 

El sueño o visión que tuvo Don Bosco en su juventud marcó toda su actividad posterior con los niños. Todo el mundo sabe que para trabajar con los niños, hay que amarlos; pero lo importante es que ese amor se manifieste en forma comprensible para ellos.

 

Ahora bien, en el caso de Don Bosco, el amor era evidente, y fue ese amor el que le ayudó a formar sus ideas sobre el castigo, en una época en que nadie ponía en tela de juicio las más burdas supersticiones acerca de ese punto.

 

Los métodos de Don Bosco consistían en desarrollar el sentido de responsabilidad, en suprimir las ocasiones de desobediencia, en saber apreciar los esfuerzos de los chicos, y en una gran amistad. En 1877 escribía: “No recuerdo haber empleado nunca un castigo propiamente dicho. Por la gracia de Dios, siempre he podido conseguir que los niños observen no sólo las reglas, sino aun mis menores deseos”. Pero a esta cualidad se unía la perfecta conciencia del daño que puede hacer a los niños un amor demasiado indulgente, y así lo repetía constantemente Don Bosco a los padres.

 

Una de las imágenes más agradables que suscita el nombre de Don Bosco es la de sus excursiones domingueras al bosque, con una parvada de rapazuelos. El santo celebraba la misa en alguna iglesita de pueblo, comía y jugaba con los chicos en el campo, les daba una clase de catecismo, y todo terminaba al atardecer, con el canto de las vísperas, pues Don Bosco creía firmemente en los benéficos efectos de la buena música.

 

El relato de la vida de Don Bosco quedaría trunco, si no hiciéramos mención de su obra de constructor de iglesias. La primera que erigió era pequeña y resultó pronto insuficiente para la congregación. El santo emprendió entonces la construcción de otra mucho más grande, que quedó terminada en 1868. A ésta siguió una gran basílica en uno de los barrios pobres de Turín, consagrada a San Juan Evangelista.

 

El esfuerzo para reunir los fondos necesarios había sido inmenso; al terminar la basílica, el santo no tenía un céntimo y estaba muy fatigado, pero su trabajo no había acabado todavía. Durante los últimos años del pontificado de Pío IX, se había creado el proyecto de construir una iglesia del Sagrado Corazón en Roma, y el Papa había dado el dinero necesario para comprar el terreno. El sucesor de Pío IX se interesaba en la obra tanto como su predecesor, pero parecía imposible reunir los fondos para la construcción.

 

“Es una pena que no podamos avanzar” –dijo el Papa al terminar un consistorio–. “La gloria de Dios, el honor de la Santa Sede y el bien espiritual de muchos fieles están comprometidos en la empresa. Y no veo cómo podríamos llevarla adelante”

–“Yo puedo sugerir una manera de hacerlo” –dijo el cardenal Alimonda.
–“¿Cuál? –preguntó el Papa.
–“Confiar el asunto a Don Bosco”.
–”¿Y Don Bosco estaría dispuesto a aceptar?”
–”Yo le conozco bien” –replicó el cardenal–; “la simple manifestación del deseo de Vuestra Santidad será una orden para él”.

 

La tarea fue propuesta a Don Bosco, quien la aceptó al punto.

 

Cuando ya no pudo obtener más fondos en Italia, se trasladó a Francia, el país en que había nacido la devoción al Sagrado Corazón. Las gentes le aclamaban en todas partes por su santidad y sus milagros y el dinero le llovía. El porvenir de la construcción de la nueva iglesia estaba ya asegurado; pero cuando se aproximaba la fecha de la consagración, Don Bosco repetía que, si se retardaba demasiado, no estaría en vida para asistir a ella. La consagración de la iglesia tuvo lugar el 14 de mayo de 1887, y San Juan Bosco celebró ahí la misa, poco después.

 

Pero sus días tocaban a su fin. Dos años antes, los médicos habían declarado que el santo estaba completamente agotado y que la única solución era el descanso; pero el reposo era desconocido para Don Bosco. A fines de 1887, sus fuerzas empezaron a decaer rápidamente; la muerte sobrevino el 31 de enero de 1888, cuando apenas comenzaba el día, de suerte que algunos autores escriben, sin razón, que Don Bosco murió al día siguiente de la fiesta de San Francisco de Sales.

 San Juan Bosco

Su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

 

Sus últimas recomendaciones fueron: “Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero en el Paraíso”.

 

Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver en la iglesia, y sus funerales fueron una especie de marcha triunfal, porque toda la ciudad de Turín salió a la calle durante tres días a honrar a Don Bosco por última vez.

 

En el momento de su muerte, la congregación tenía veintiséis casas en el Nuevo Mundo y treinta y ocho en Europa. Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas de primera y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc., sin omitir las misiones extranjeras y el trabajo pastoral. Las plazas escolares se cuentan por millares: Diecisiete mil en 105 países, con 1,300 colegios y 300 parroquias, y se hallan establecidos en todo el mundo.

 

Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado cuarenta y seis años de su muerte (en 1934) y lo declaró Patrono de los que difunden buenas lecturas y “Padre y maestro de la juventud”.

 

Fue beatificado el 2 de junio de 1929 y canonizado el 1 de abril de 1934 por el Papa Pío XI, a tan sólo 46 años después de su muerte en 1888 y el papa Juan Pablo II, le concedió  el título de «Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes».

 

Provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre en todos los rincones del planeta. Está nominado al título de Doctor de la Iglesia.

 

En la actualidad, la Familia Salesiana, es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco en 130 naciones.

Festividad de Santo Tomás de Aquino, patrono de los estudiantes.

santo tomas de aquino

La biografía de este napolitano no está desfigurada por la leyenda; ha llegado hasta hoy conservando su pleno valor histórico. Nace y vive en plena Edad Media, esa etapa llena de intrigas, luchas, apetencias políticas y afán de mando. Él es un intelectual que escala la más alta cumbre del pensamiento católico en su tiempo y del que no puede prescindir el estudioso actual.

Nace en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225.

Su ascendencia es lombarda por los Aquino y normanda por los condes de Teate. Ultimo hijo varón de una numerosa familia de doce hijos. Su padre se llamaba Landulfo de Aquino.

Se presenta como un hombrón en lo físico; Alto, grueso, bien proporcionado, frente despejada, porte distinguido, una gran amabilidad en el trato, y mucha delicadeza de sentimientos.

Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de monjes Benedictinos llamado Monte Casino. Allí lo llevan para cursar sus primeros años de estudios, donde los monjes le enseñan a meditar en silencio.

Se hace el más piadoso, meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento. Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con mucha facilidad, algo portentosa e innata en él.

Continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles. Allí supera a todos sus compañeros en memoria e inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad. Quiere entrar de religioso pero su familia se opone.

Tuvo que “pelear” para ganarse el hábito blanco de monje mendicante: no le quedó otro remedio que esquivar los halagos de su madre, la condesa Teodora, pasar por encima de las presiones que le hacían sus encantadoras hermanas, y escapar de los brutales atropellos de sus guerreros y peleones hermanos que le secuestraron en Acquapendente, cuando se dirigía a Bolonia con el superior general de la orden dominica. Le intentan quitar el hábito de monje pero no lo consiguen aunque se lo rompen.

Lo encierran en la prisión del castillo de Rocaseca. Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse de memoria muchísimas frases de la S. Biblia y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que después él explicará muy bien en la Universidad.

Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y amenazan no logran quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de mala vida para que se meta en su cama y lo haga pecar. Tomás toma en sus manos un tizón encendido y se acerca hacia la mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. La mujer sale huyendo y Tomás vencedor de las pasiones de la carne.

Esa noche contempló en sueños una visión Celestial que venía a felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la virtud, de la pureza que le concedía Nuestro Señor.

Liberado ya de la prisión lo enviaron a Colonia, Alemania, a estudiar con el más sabio Padre Dominico de ese tiempo: San Alberto Magno. Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las discusiones le pusieron de apodo: “El buey mudo”.

Un día uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó al sabio profesor San Alberto quien al leerlos les dijo a los demás estudiantes: “Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero”.

Se ordenó sacerdote en el año 1251. Su condición de sabio no le impide ser un fraile sobresaliente en sencillez y humildad, sabiendo mantener el difícil equilibrio entre la exquisita sensibilidad, agudeza fina en los asuntos teóricos y los problemas humanos.

Hizo compatible la altísima especulación con la piedad de niño que se pegaba a la puerta del sagrario pidiendo gracia y ciencia para cumplir el oficio de maestro dado por el papa Alejandro IV, cuando solo tenía treinta y un años.

Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: “La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía.”

En 1252 ya es profesor con 27 años, de la famosísima Universidad de París. Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad.

El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. Y en la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran ponerse de acuerdo, al final las partes implicadas aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y diga la última palabra. Lo que él dice, es aceptado por todos sin excepción.

Es llamado a Italia en 1259 por el Sumo Pontífice y por siete años recorre el país predicando y enseñando. Es el encargado de dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de importancia especial.

En 4 años escribe su obra más famosa: “La Suma Teológica”, obra portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de filosofía y teología y doctrina de los santos va explicando todas las enseñanzas católicas. Es lo más profundo que se haya escrito en la Iglesia Católica.

Contribuyó a la redacción de una nueva «Ratio Studiorum» para su orden en el Capítulo general de Valenciennes con Alberto Magno, Pedro de Tarantasia, Bonhome de Bretaña y Florencio de Hesdin.

Pasó nueve años en Roma como teólogo del Estudio General de la Corte Pontificia; allí contribuyó a resolver consultas papales y de la jerarquía sobre asuntos de gobierno y disciplina.

Se retiró a Anagni y Orvieto para terminar la «Summa contra Gentiles» y comenzar la «Catena Aurea» que terminará en Santa Sabina de Roma, donde comenzará la «Summa Theologica», continuada en Viterbo y terminada en París, la obra cumbre de su genio y de importancia trascendental para la ciencia sagrada. En su producción intelectual se pueden distinguir sus «Comentarios» a la Sagrada Escritura y al Maestro de las Sentencias, «Sobre la Trinidad» y «Sobre la verdad», monumentales libros, duros de lectura y apretados a la hora de entenderlos.

La gente se agolpaba para escucharle con gran respeto, como a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca de la Pasión de Cristo. Del mismo modo que se emocionaban de alegría cuando les hablaba de la Resurrección de Jesús y de la Vida Eterna.

 Lauda Sion

El Romano Pontífice encargó a Santo Tomás y a San Buenaventura para que ambos escribieran, himnos y cantos para las festividades y eucaristías. San Buenaventura fue rompiendo los que él mismo había redactado, mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, pues le parecían más hermosos.

Compuso himnos escritos para la Festividad del Corpus Christi como parte de la liturgia completa de la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. El Pange lingua y el Tantum ergo y otros bellísimos cantos de los Eucarísticos como Angélicus, incluyendo oraciones para la Misa y la Liturgia de las Horas. Realmente son las dos últimas estrofas de las siete de las que se compone el himno Sacris Solemnis, que extraídas del conjunto se cantan como antífona. Otros himnos escritos por Santo Tomás son O Salutaris Hostia (Verbum Supernum Prodiens) y Adoro te devote.

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Después de haber escrito estos tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, sintió Tomás que Jesús le decía en una visión: “Tomás, has hablado bien de Mí. ¿Qué quieres a cambio?”. Y el santo le respondió: “Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más”.

Se concentraba y abstraía de tal manera en los temas de las conversaciones que tenía que tratar, que un día estando almorzando con el rey, de pronto dio un puñetazo a la mesa y exclamó: “Ya encontré la respuesta para tal y tal pregunta”. Después tuvo que presentar excusas al rey por estar pensando en otros temas distintos a los que estaban tratando los demás en la conversación.

 In Tertiam

Poco antes de morir tuvo una visión acerca de lo sobrenatural y celestial, y desde entonces dejó de escribir. Preguntado por el Hermano Reginaldo acerca de la causa por la cual ya no escribía más, exclamó: “Es que, comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he escrito es muy poca cosa”.

Santo Tomás logró que la filosofía de Aristóteles llegara a ser parte de las enseñanzas de los católicos. Este santo ha sido el más famoso profesor de filosofía que ha tenido la Iglesia.

Tan importantes son sus escritos que en el Concilio de Trento (reunión de los obispos de todo el mundo), los tres libros de consulta que había sobre la mesa principal eran: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Incluso su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás, provenía más de sus oraciones que de su ingenio.

Rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo.

Cumplía exactamente aquel consejo de San Pablo para su humildad: “Consideren superiores a los demás”. De esta manera, siempre consideraba que los demás, eran mejores que él. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma, que incluso nunca se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno de sus oponentes. Su lema en el trato era aquel mandato de Jesús: “Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros”.

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: “Dios te salve María”. Y compuso un tratado acerca del Ave María.

Para este raro ejemplar de hombre que sabía unir el saber con la santidad no todo fue un paseo triunfal; supo de intrigas, de coacciones morales y físicas que salían de la envidia y de la resistencia a su magisterio, como fue el caso del fustigante Guillermo del Santo Amor; en la segunda estancia en París tendrá que ser polemista agudo contra Siger de Brabante y Boecio de Dacia, contribuyendo a la depuración de la doctrina aristotélica de los errores averroístas.

En su menos conocida, pero interesante, faceta de predicador papal y popular en las basílicas romanas, sobresaliendo el «Oficio del Corpus Christi», densa poesía, teología, devoción y encanto al Santísimo Sacramento, arrancaba lágrimas al Consistorio y a los fieles, igual que la predicación de la Pasión y los sermones sobre la santísima Virgen gozosa por la Resurrección.

El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero por el camino se sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova cerca de Terracina.

Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: “Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente”.

Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años.

Fue declarado santo en 1323 apenas 50 años después de muerto. Y sus restos fueron trasladados solemnemente a la Catedral de Tolouse de Languedoc el 28 de enero de 1369. Por eso se celebra en este día, su fiesta siendo el patrón de los estudiantes

 ORACION A SANTO TOMAS DE AQUINO

“Oh Dios misericordioso: envíame la Sabiduría que asiste junto a Ti. Mira que soy un ser débil, demasiado pequeño para lograr conocer qué es lo que más te agrada a Ti. Sin la sabiduría que procede de Ti, no seré estimado en nada. Contigo está la sabiduría que te asistió cuando creabas el mundo, la sabiduría que nos enseña qué es lo más grato a tus ojos y lo que más nos conviene hacer. Envíame tu sabiduría desde el cielo para que me asista en mis trabajos y me ilumine qué es lo que más te agrada en cada momento. Que ella me guíe prudentemente en todas mis obras.”

Amen.

Al señor Rubalcaba, le crecen los enanos………

Hace unos días, don Alfredo Pérez Rubalcaba, que lleva una gran racha anticatólica, comentaba sobre la posible nueva Ley del Aborto que, como español se sentía avergonzado de ella, ya que era una ley que sólo defendían Rouco y Le Pen.

El señor Rubalcaba es un señor al que actualmente le crecen los enanos por todas partes y debo reconocerlo, no pude por menos de soltar la carcajada cuando leí que Marina Le Pen, que es la que actualmente corta el bacalao en el partido de su padre, se declaraba totalmente a favor del aborto. Personalmente no me extraña nada que Rubalcaba se encuentre en el mismo bando que la señorita Le Pen, porque es lógico que así suceda, ya que ni el uno ni la otra creen que el hombre tiene una dignidad intrínseca que hace que sus derechos sean inalienables y anteriores a la concesión del Estado, que lo más que puede hacer es regularlos.

El gran problema además con el que se enfrentan los abortistas es que todos los avances de la Medicina van en la línea que la vida humana empieza en la fecundación, y por tanto ellos están cometiendo la atrocidad de alentar al asesinato de seres humanos. Hoy, además, las ecografías nos muestran desde muy pronto a lo que indiscutiblemente son seres humanos. Ayer mismo vi en un teléfono móvil la fotografía de la ecografía de un feto de ocho o nueve semanas. Negar que eso es un ser humano es negar la evidencia y supone una mala fe y una estupidez increíbles.

Para Rubalcaba y demás abortistas, que no son sólo la gran mayoría de los izquierdistas y nacionalistas, sino que hay entre ellos algunos nombres muy conocidos del PP, el aborto es un derecho de la mujer, mientras que para la Iglesia Católica, desde siempre y expresamente se dijo así en el Concilio Vaticano II, es un crimen nefando. Como tengo que escoger entre los criterios morales de Rubalcaba y compañía y los de la Iglesia Católica, no es por nada pero me quedo con los de la Iglesia Católica, que me parecen bastante más responsables y serios.

Pero además, en el Alfa y Omega del 23 de Febrero leemos unas declaraciones del Presidente del Ecuador, don Rafael Correa, socialista, que supone para Rubalcaba otra bofetada y otro crecimiento de enanos.

Este señor Presidente de Ecuador nos dice sensatamente que defender al aborto y la ideología de género no es algo de derechas o de izquierdas, sino simplemente defender barbaridades. Él no tiene “la menor duda que el aborto es un crimen”, “la Constitución defiende la vida desde la concepción” e indica a los señores de la ONU, que le presionan para que despenalice el aborto que “vayan a meterse en sus asuntos, no en decisiones soberanas del Ecuador”.

Pero además Correa arremete contra la otra gran estupidez de las izquierdas, y por lo que se ve, de algunos derechistas, la ideología de género. Dice de ella: “Una cosa, dice, es el movimiento feminista por la igualdad de derechos, que apoyamos de todo corazón. Pero de repente hay unos excesos, unos fundamentalismos en los que se proponen cosas absurdas”; entre ellas que se considere que “no existe el hombre y la mujer natural; o que se piense que el sexo biológico no determina al hombre y a la mujer, sino que son las condiciones sociales las que lo hacen, Y eso de que uno tiene derecho a elegir incluso si es hombre o mujer… Eso no resiste al menor análisis. ¡Es una barbaridad que atenta contra todo!” Esta ideología, prosigue: “se enseña en algunos colegios… Para mí es peligrosísima”.

Coincido con el presidente ecuatoriano y simplemente recuerdo que es esta ideología con la que en estos momentos hay que dar la educación afectivo sexual en España, es decir una auténtica corrupción de menores. Y nos dice también que “estas novelerías destruyen la familia convencional que sigue y seguirá siendo, felizmente, la base de nuestra sociedad”.

Por cierto dos de los mejores textos que conozco contra la ideología de género lo firma uno el cardenal José Ratzinger y el otro el Papa Benedicto XVI.

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano

La conversión de San Pablo

 

San Pablo

Un  judío de la tribu de Benjamín de nombre Saulo, persona más bien baja de estatura, ancho de espaldas y una ligera cojera pero fuerte y macizo como un tronco, fue enviado por sus padres en plena juventud a Jerusalén, para que se instruyera en la Ley de Moisés junto al fariseo Gamaliel.

No tardó mucho en ingresar en esa severa secta farisea, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo, el Crucificado.

Cuando en las afueras de Jerusalén, uno de aquellos seguidores de Jesús el Nazareno, de nombre Esteban, seguidores visionarios, listos, serviciales, piadosos y caritativos pero que hacían mucho daño al estamento oficial judío, fue apedreado por blasfemo, él mismo estuvo y colaboró en lo que pudo; Sólo pudo guardar los mantos de los que lo lapidaban.

Tan apasionado y entregado estaba en esta persecución, que lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para trasladarse a Damasco y arrestar a todos los judíos que confesaran ser seguidores de “ese tal” Jesús.

En el camino hacia Damasco, muy cerca ya de la ciudad, Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros. Cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer.

Los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto. Tambien oyeron la voz, pero no vieron a nadie.

Saulo, aún con los ojos abiertos, nada veía. Quedó ciego por el resplandor de la brillante luz por espacio de tres días. Y llevándole de la mano, lo introdujeron para refugiarse en casa de un judío llamado Judas, permaneciendo allí todo ese tiempo sin comer ni beber.

Ananías, gran devoto de la Ley y recomendado por todos los judíos de la ciudad,  fue al encuentro de Saulo por revelación de Cristo. Tal y como le indicó el Señor, llegó hasta  donde estaba alojado Saulo y poniéndose a su lado le dijo: “Saulo, hermano, recobra la vista” e inmediatamente recobró la vista y pudo ver. Ananías le dijo: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados.”

Saulo, ahora ya de nombre Pablo, curado de sus dos cegueras, se convirtió, accediendo al bautismo y predicando en las sinagogas al Hijo de Dios, con gran asombro de sus oyentes.

El antiguo perseguidor blasfemo, se convirtió en apóstol y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.

¿Y por qué celebramos la conversión de San Pablo?

La Iglesia Católica, celebra dicha festividad por ser un caso único. No es que sea único por la conversión, pues como podemos comprender, en la historia del cristianismo ha habido incalculables conversiones y muchas de ellas muchas conversiones de personas que han marcado hitos, incluso en ámbitos no estrictamente religiosos, como Agustín de Hipona, Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, por poner algunos ejemplos.

Pero el caso de Pablo es único en la liturgia y nos llama poderosamente la atención.

Llamado en forma misteriosa por el mismo Jesús, su entrada en la Iglesia, suma los efectos de un sismo, violento y benéfico a la vez. La Iglesia, con Pablo, se abre al mundo grecorromano de donde proviene y, sucesivamente a todos los pueblos, y entiende en plenitud el mandato de Jesús de ir a evangelizar a todo el mundo.

La celebración litúrgica de su conversión, es un acto de gratitud a Dios por la llegada imprevista del nuevo apóstol que viene a completar el número inicial aunque en realidad fuera el número 13.

Pablo encuentra a Cristo en el camino de Damasco y desde ese momento, ya no tiene vida propia: Su vida es Cristo y no le mueve otro deseo que llevarlo y hacerlo conocer a todo el mundo, pues sólo en Cristo Jesús hay salvación. Es sin duda la fórmula que más significa para el cristianismo.

Así, de este modo, arranca su carrera, humanamente loca, que lo lleva a dejar atrás todo, a olvidar todo su pasado: raza, cultura, profesión, honores, y ya urgido por el amor, sólo quiere alcanzar a Cristo, que lo ha seducido.

Quiere darlo a conocer a todos, al mayor número posible de personas. Y, en esa carrera, nada ni nadie, podrá detenerlo. Solo la espada del verdugo romano, una tarde del año 67 de la era cristiana.

En el mismo instante en que la espada separa su cabeza del tronco, su boca, con una voz enteramente clara, pronunció esta invocación tantas veces repetida dulcemente por él a lo largo de su vida:”¡Jesucristo¡”.

Se cuenta que de la herida, brotó primeramente un abundante chorro de leche que fue a estrellarse contra las ropas del verdugo; luego comenzó a fluir sangre y a impregnarse el ambiente de un olor muy agradable que emanaba del cuerpo del mártir y, mientras tanto, en el aire brilló una luz intensísima.

El verdugo y otros dos soldados se convirtieron a la vista de aquella maravilla. También es tradición antigua que, en el lugar donde se ejecutó la sentencia, brotaron tres fuentes, que se conservan corrientes hasta el día de hoy.

Su figura se ha agigantado y su pensamiento ha penetrado la teología, la liturgia, la moral, la misión, la organización de la Iglesia, influyendo en ella como ninguno de los otros discípulos de Cristo.

Pablo de Tarso, apóstol y mártir, nunca ha llegado a ser un santo popular al uso, como diríamos en términos coloquiales. Entre tantas conversiones del santoral, la de Pablo es ejemplar y paradigmática. Más se palpa y se descubre en ella, la acción divina que el esfuerzo humano.

Para la festividad de Pablo de Tarso, San Marcos cuenta en su Evangelio “ En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».