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Archivo de enero de 2014

Crueldad, Mentira, Facha, Desfachatez.

 

 

embrión humanoSuele decirse que no hay mejor defensa que un buen ataque, y eso es lo que debieron pensar Elena Valenciano y Soraya Rodríguez, dignas sucesoras en el PSOE de las inefables Leyre Pajín y Bibiana Aido.

Elena Valenciano calificó de crueldad, mentira y desfachatez la postura de los antiabortistas provida y Soraya Rodríguez a la tímida reforma del ministro de Justicia Gallardón en la nueva Ley del Aborto de ley facha. Como son ellas las que se merecen esos calificativos, voy a razonarlo.

Para empezar la Declaración de Derechos Humanos de la ONU del 10-XII-1948 dice en su art. 3º: “todo individuo tiene derecho a la vida”, derecho que se tiene por el mero hecho de existir, mientras que la Declaración de Derechos del Niño, aprobada por la ONU el 20 de Noviembre de 1959, dice en su Preámbulo, que el niño “tiene necesidad de una particular protección y de cuidados especiales, incluida una adecuada protección jurídica, sea antes que después del nacimiento”. El derecho a la vida es el derecho humano fundamental, hasta el punto que es la base de los demás derechos. Si no estoy vivo, no necesito los demás derechos.

Abortar consiste en provocar la muerte del óvulo fecundado, embrión o feto, dentro del seno materno. Los avances científicos nos indican ya de un modo evidente que la vida humana empieza en la fecundación y que lo que se destruye es un ser humano, como sucede en Veterinaria donde nadie pone en duda que lo que se destruye es desde el principio un feto de esa especie animal. El embrión humano es humano desde el principio; sus primeros estadios se distinguen claramente de los de las otras especies.

Que el aborto es cruel, está claro. Basta haber visto la película de una operación abortiva y ver cómo se descuartiza al feto, mientras éste intenta huir de los instrumentos que le están dando muerte.

Mentira: el aborto no es un derecho, es un crimen. Suprimir unas cuantas células en un corte de pelo o de uñas no ocasiona problemas, pero un aborto sí, porque es suprimir una vida. La Medicina está para defender y proteger la vida, no para destruirla. Se mata a un ser humano y otro, la madre que ha abortado, queda en muchas ocasiones destrozada psíquicamente, como sabemos muy bien los sacerdotes que nos encontramos con tantos y tantos casos a quienes el aborto ha deshecho sus vidas, incluso, en ocasiones, por una mera cooperación.

Facha: La Rusia Soviética fue el primer país del mundo, en 1920, en legalizar el aborto. El segundo en 1935, la Alemania de Hitler. Al acabar la Segunda Guerra Mundial ningún país, ante las leyes eugenésicas y raciales nazis, se atrevía a defender la eugenesia. Hoy, los abortistas, se enorgullecen de ella y han armado en España un gran escándalo, porque se quiere suprimir la eugenesia como motivo para abortar. Si Hitler resucitase, vería con agrado el éxito de sus ideas. Hay que tener la desfachatez hitleriana para no darse cuenta que los abortistas defienden lo mismo que los nazis y encima para atreverse a llamar fachas, que es lo que son ellos, a los que defendemos la vida. Por cierto, en Educación nuestra izquierda también defiende lo mismo que los nazis, como resulta claro leyendo la “Mit brennender Sorge” de Pío XI.

He visitado unos cuantos campos de concentración nazis. Me duele, y creo que también a Dios, que, en muchos países, estén abiertos unos campos de muerte, a los que se llama clínicas abortivas, en los que se mata a seres humanos indefensos, como son los embriones y fetos. En efecto, Jesucristo nos dice: “No es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12,27); “he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10); “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

El Concilio Vaticano II declara: “se ha de proteger la vida humana con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos” (GS nº 51). El Papa Francisco, en la “Evangelii Gaudium” nos dice: “Esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades” (nº 213); “Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (nº 214). Y en su discurso al Cuerpo Diplomático, añade: “Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen «descartados» como si fueran «cosas no necesarias». Por ejemplo, suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto, o en los que son utilizados como soldados, violentados o asesinados en los conflictos armados”.

El reciente cardenal don Fernando Sebastián nos dice: «Para un católico, ley de aborto, ninguna. El debate sobre el aborto en España está pervertido desde el principio porque no quieren reconocer qué es de verdad el aborto. Se habla de la interrupción del embarazo como si fuera un sarampión o fuera unas varices, se habla de mil cosas, nunca de lo que es realmente el aborto: eliminar la vida de un ser humano en las primeras fases de su desarrollo en el vientre de su madre. ¿Hay alguna mujer que se sienta con el derecho de matar a su hijo? A eso es a lo que debe responder el señor Rubalcaba».

Es increíble y lamentable, porque indica su nivel moral, que muy buena parte de nuestra clase dirigente apoye descaradamente el crimen, signo lamentable de la descristianización de nuestro país. En los Partidos de izquierdas y en el PNV hay casi unanimidad con alguna rara excepción, y en el PP muchos importantes dirigentes como Cristina Cifuentes, Celia Villalobos, o los Presidentes de las Comunidades Autónomas de Castilla-León, Galicia y Extremadura se declaran a favor del aborto, es decir de la eliminación de vidas humanas inocentes.

Para las personas sensatas con estas cosas los políticos su desprestigio se lo ganan a pulso, pues como decía la Premio Nobel de la Paz, Teresa de Calcuta, “el mayor destructor de la paz en el mundo es el aborto”, pero apoyemos a los políticos que aún quedan honrados, que su tarea es muy importante. Para mí por supuesto el aborto es un asunto decisivo a la hora de votar.

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano

Festividad Solemne de María, Madre de Dios.

Madre de Dios

La Iglesia Católica quiere comenzar el año Celebrando esta Fiesta Solemne y pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. Es la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente. Es la fiesta de la mismísima “Madre de Dios”.

Ya en las Catacumbas Romanas que están cavadas debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Eucaristia en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este lema: “María, Madre de Dios”.

La mujer y que mujer, es el centro de atención en la liturgia de hoy. Particularmente la mujer como madre. Y esa mujer y esa madre es María, la Madre de Dios, nada más y nada menos.

San Pablo en su carta a los gálatas dice de Jesucristo: “nacido de mujer, nacido bajo la ley”, para indicarnos que como hombre, Dios necesariamente ha tenido que tener una madre. La bendición litúrgica de la primera lectura parece que fue escrita dirigida a María madre: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor te muestre su rostro y te dé la paz”. El rostro del Señor es Jesús de Nazaret, el hijo de María. El evangelio nos permite intuirlo cuando con impresionante sencillez nos dice, refiriéndose a los pastores: “Fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”.

 Benedicto XVI

Su Santidad Benedicto XVI decía en el año 2008: “El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.

Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”.

Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: “Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego: εiς tά íδια; la acogió en su propia realidad, en su propio ser. Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este aceptarla en la propia vida (εiς tά íδια) es el testamento del Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos, como herencia preciosa, a su misma Madre, la Virgen María.

Pidamos a María, a la doncella de Nazareth, a la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, Segunda Persona de la Trinidad, y que por ello se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo y Dios nuestro, nos facilite y sea la guía segura que nos introduzca en la vida del Señor Jesús, pues vemos y creemos que todo en ella apunta a su Hijo. Es por ello  que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación.

 Que MARIA, la mismísima MADRE DE DIOS, nos lleve por este nuevo año que hoy comienza por los caminos de su mismísimo HIJO.