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Archivo de mayo de 2014

La Ascensión del Señor a los Cielos

ascension 2

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó:

– «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»

Ellos lo rodearon preguntándole:

– «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»

Jesús contestó:

– «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

– «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Palabra de Dios

Desde hace años la tradicional solemnidad de la Ascensión, pasa a celebrarse al  séptimo domingo de pascua por exigencias de ajuste del calendario litúrgico con el civil.

Antaño era conocido el dicho “tres jueves tiene el año, que relucen más que el sol; Jueves Santo, Corpus Christy y el día de la Ascensión” y este era uno de los tres jueves.

La Ascensión pone punto y aparte, en la vida terrenal de Jesús entre nosotros.

Celebramos en la fe el estado glorioso de Jesús de Nazaret, sentado a la derecha del Padre en el cielo.

Celebrar la Ascensión del Señor no es quedarse estáticos contemplando el azul celeste o mirando las estrellas. No es suspirar por un cielo y tierra nuevos. Todos necesitamos ascender, subir en la fe, en la esperanza y en el amor. Paradójicamente, ascendemos mejor cuando más descendemos, somos ciudadanos del cielo cuando en la tierra caminamos comprometidos en las exigencias del Evangelio. Cristo ha ascendido a los cielos porque antes descendió, obediente a la voluntad del Padre, hasta la verdad del desprecio, de la condena y de la muerte.

La Ascensión es sobre todo un envío y un compromiso en la Iglesia. Con realismo cristiano hay que vivir en el mundo transcendiendo todo, bautizando siempre, predicando el Evangelio en cualquier circunstancia, bendiciendo a todos y dando testimonio de cuánto hemos visto en la fe. Si levantamos los ojos para ver a Cristo que asciende, es para saber mirar a los hombres y reconocerlos como hermanos, y a la vez acrecentar nuestro deseo del cielo.

Dios asciende entre aclamaciones;

 el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas;

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo;

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

 el Señor, al son de trompetas

Jesús, el Cristo, el Ungido, ascendió a los cielos, a la Casa del Padre y el Hijo de Dios hizo lo que tenía que hacer antes de volver al definitivo Reino de su Padre.

Antes de ascender a los cielos, Jesús, Hijo de Dios, pide a sus discípulos que no dejen Jerusalén porque desde ahí tendrán que empezar a cumplir la misión para la que los había preparado durante aquellos años. Era muy importante que siguiesen al pie de la letra aquello que les estaba diciendo porque a partir de aquel mismo momento el Reino de Dios iba a extenderse por todo el mundo conocido y, desde entonces, también, al que ni siquiera sabían que existía.

Poco importa para aquellos, para otros y para nosotros mismos, conocer o saber cuándo será el momento del regreso de Cristo. En realidad, lo que nos debe importar es estar preparados para tal momento por si es mañana mismo. Y aquellos que escucharon lo que decía Jesús lo único que tenían que saber es que el Espíritu Santo les daría, pronto, la fuerza necesaria para cumplir con aquello que les estaba diciendo. Así mismo debiéramos hacer nosotros. Cumplir con todo lo que Jesús nos ha enseñado y transmitido a través de los tiempos. 

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

 

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Palabra del Señor.

Cristo asciende a los cielos pero no para no volver nunca sino para estar presente entre nosotros siempre y, por eso mismo, era tan importante que los que le escuchaban llevaran a la práctica el transmitir su mensaje al mundo.

En realidad, que Jesús ascendiera a los cielos era una parte importante de su vida en la tierra. Se marchaba porque así estaba escrito en el corazón de Dios y por eso mismo es tan real, la esperanza que tenemos en el Creador y en su Amor. Y por eso mismo la Ascensión del Señor es tan importante.

Al respecto de la importancia que tiene no sólo la celebración de la Ascensión del Señor sino la comprensión de lo que significa para los creyentes, Benedicto XVI, en el Regina Coeli del domingo 4 de mayo de 2008 en el que se celebraba tan importante momento espiritual, dijo que “En sus discursos de despedida a los discípulos, Jesús insistió mucho en la importancia de su ‘regreso al Padre’, coronamiento de toda su misión. En efecto, vino al mundo para llevar al hombre a Dios, no en un plano ideal —como un filósofo o un maestro de sabiduría—, sino realmente, como pastor que quiere llevar a las ovejas al redil. Este ‘éxodo’ hacia la patria celestial, que Jesús vivió personalmente, lo afrontó totalmente por nosotros.

Por nosotros descendió del cielo y por nosotros ascendió a él, después de haberse hecho semejante en todo a los hombres, humillado hasta la muerte de cruz, y después de haber tocado el abismo de la máxima lejanía de Dios.

Precisamente por eso, el Padre se complació en él y lo ‘exaltó’ (Flp 2, 9), restituyéndole la plenitud de su gloria, pero ahora con nuestra humanidad. Dios en el hombre, el hombre en Dios: ya no se trata de una verdad teórica, sino real. Por eso la esperanza cristiana, fundamentada en Cristo, no es un espejismo, sino que, como dice la carta a los Hebreos, “en ella tenemos como una ancla de nuestra alma” (Hb 6, 19), una ancla que penetra en el cielo, donde Cristo nos ha precedido.”

¿Catedral ó Mezquita ?

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Catedral, sin lugar a dudas.

Es el primer templo de la diócesis de Córdoba, donde se encuentra la Cátedra del Obispo, y de ahí su nombre de Catedral. Es un templo de culto católico, desde hace ocho siglos, cuando el rey Fernando III el Santo entró sin sangre en la ciudad el 28 de junio de 1236 y mandó consagrar el templo, que había sido construido como mezquita, y se salvó de la destrucción por las buenas negociaciones del rey Fernando con los ocupantes musulmanes de la ciudad, que querían destruirla antes de entregarse.

Cuando llegaron los musulmanes en el año 711, el lugar ya era un lugar sagrado, porque en él se encontraba la antigua basílica de san Vicente mártir, que fue destruida para construir la mezquita musulmana.

En todo caso, el templo que hoy admiramos es una de las maravillas del mundo, que identifica a Córdoba con un simple golpe de vista. Es realmente un icono de nuestra ciudad. Es un templo construido en etapas sucesivas y muestra el esplendor de Córdoba en la época califal del siglo X. Es un templo que fue construido para mezquita y que los cristianos no han tenido ningún reparo en convertirlo en catedral, construyendo además en el siglo XVI dentro del mismo una nave central, donde el culto cristiano alcanza todo su esplendor.

Algo similar, pero al contrario, ha sucedido con la actual Mezquita de Damasco. Fue construida como iglesia católica en honor de San Juan Bautista y hoy es una de las principales Mezquitas del mundo musulmán. La historia de un lugar no es algo fijo e inamovible, sino que está sometido al fluir de la historia viva, y lo que antes era templo católico hoy es mezquita musulmana, y viceversa en Córdoba, lo que ayer fue mezquita hoy es catedral católica.

No hay ningún problema en reconocer la historia tal como ha sido y mostrarla en toda su verdad a los visitantes. El problema surge cuando se quiere borrar la memoria histórica, y al templo emblemático de Córdoba se le quiere atribuir hoy un destino y un culto musulmán. No hay problema en reconocer que los califas musulmanes de Córdoba echaron el resto al construir este templo para Dios, que es la joya de la ciudad de Córdoba. Pero es del todo inoportuno llamar hoy a este templo Mezquita, porque no lo es desde hace ocho siglos, y volver a llamarla Mezquita es confundir al visitante (para el residente, no hay tal peligro). Como sería igualmente inoportuno llamar Basílica de San Juan a la actual Mezquita de Damasco, o pretender allí tener un culto cristiano compartido con el musulmán.

Por eso, en el camino hacia la capital cultural de la ciudad de Córdoba, en el que todos hemos de sumar esfuerzos, uno de ellos no pequeño será el de llamar las cosas por su nombre. Y en este caso, llamar Catedral al templo emblemático de Córdoba, porque a día de hoy y desde hace ocho siglos es el lugar donde se reúne la comunidad cristiana en torno a Jesucristo, redentor del hombre, presidida por el obispo o por el presbítero que celebra sobre el altar y en todas sus naves los santos misterios de la redención cristiana. Llamarla simplemente Mezquita siembra por lo menos confusión, en algunos casos intencionada, y se presta a no saber de quién es y para qué sirve hoy este magnífico templo católico, en el que la comunidad católica de Córdoba tiene su referente y donde celebra diariamente los misterios de la fe cristiana, además de haberse ocupado durante siglos y siglos de su mantenimiento material. Pido y espero que en el mobiliario urbano, y en los carteles de información y promoción turística se llame por su nombre a nuestra Catedral de Córdoba.

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+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

 

InfoCatólica 28/05/2014. Ante la demanda de información de los ciudadanos de Córdoba, el Cabildo de la Catedral de Córdoba ha publicado un folleto con el objetivo de informar sobre la historia del templo y sobre la labor de conservación y ayuda social que realiza. De manera sencilla y gráfica, el folleto explica los argumentos históricos y jurídicos que desmontan la campaña de desinformación orquestada contra el Cabildo en los últimos meses.

Asimismo, se informa sobre las inversiones que realiza el Cabildo destinadas a la conservación y mantenimiento del templo (20 millones de euros en los últimos ocho años), así como los numerosos proyectos de ayuda social que se sufragan gracias a las aportaciones del Cabildo (16 millones de euros en los últimos ocho años).

Una larga lista de iniciativas benéficas de entidades como Cáritas, Misiones, Proyecto Hombre o la Casa del Transeúnte reciben el apoyo económico del Cabildo, que también dedica importantes recursos a la conservación de los templos en toda la provincia de Córdoba.

En el folleto se hace un recorrido por la historia del monumento, recordando que en el siglo VI se construyó el complejo de la basílica visigoda de San Vicente Mártir sobre los terrenos actuales; cómo en el 785 comienza a construirse la Mezquita y cómo en 1236, con la entrada de Fernando III, pasa a ser propiedad de la Iglesia Católica y se consagra como templo cristiano y posteriormente como Catedral en el 1239.

En el documento se recuerda que «toda la legislación española, europea e internacional sostiene que la propiedad del templo es de la Iglesia Católica desde hace más de setecientos años». Asimismo, el Cabildo «ha sido el responsable de mantener y proteger la riqueza cultural del templo durante casi ocho siglos y su gestión ha sido reconocida y premiada a nivel internacional por preservar uno de los monumentos más emblemáticos de Europa».

En este sentido, se afirma que «sin la labor realizada por el Cabildo en los últimos 775 años hoy no podríamos disfrutar del templo, un monumento que cada año es visitado por más de un millón de personas y que está abierto a todo el mundo».

¿Cuál es la diferencia entre «santo» y «hereje»? Conclusión sencilla ante cualquier reformador de la Iglesia.

Para responder a esa pregunta propongo usar el método del contraste llamativo, de forma que el SANTO sea representado por uno de las grandes figuras reformadoras de la Iglesia: San Francisco de Asís; y el HEREJE lo sea por uno de los mayores deformadores de la misma: Lutero. Veamos esos contrastes:

San Francisco de Asís

1º: San Francisco comenzó su conversión desde un profundo examen de SU conciencia. Y al constatar que su vida no era la que Dios quería, se dispuso a abandonarlo todo y quedarse pobre para así, sin adherencia material alguna, entregarse del todo a Cristo.

Lutero, a su vez, se centra en un profundo examen «AD EXTRA» (hacia fuera) de la situación de la Iglesia Católica del momento (siglo XVI). Y al constatar que algunos aspectos de la praxis eclesial divergían del auténtico sentido de Iglesia querido por Dios, se dispuso a abandonar la Iglesia para, sin esa comunión pastoral, entregarse del todo a la reforma de la cristiandad.

2º: San Francisco, una vez dado el primer paso en su conversión radical, se dio a la oración y al amor fraterno con preferencia a los más pobres y sufridos. De ese modo abrió su corazón, y su conciencia, a la escucha de la Voluntad de Dios para su vida.

Martín Lutero

Lutero, a su vez, luchaba por invertir sus escrúpulos de conciencia (causados por su voluntarista lucha contra las tentaciones de impureza en solitario) y buscarles una digna salida desde una nueva configuración de la moral cristiana. En vez de abrir su alma a la Voluntad de Dios, procuraba que esa voluntad divina se ajustara a su realidad personal, desde el aval de una nueva interpretación de la Palabra de Dios.,

3º: San Francisco, tras ir recorriendo un camino ascético y místico inundado de caridad, escucha el pedido de Dios: «ve y reforma mi Iglesia», y sigue caminando desde la obediencia y la humildad. Con una vida transformada en Cristo, y por Cristo, Francisco está en condiciones de acometer toda reforma sabiendo que es la reforma de Dios y no la suya personal.

Lutero, a su vez, mientras caminaba en la confusión de conciencia que le llevaba a desobedecer una y otra vez a la Iglesia, y, drogada ya su conciencia desde la seguridad de salvación por la sola Fe, se unía a una mujer (ex monja) para lograr el equilibrio de sus sentidos, impulsó un terrible cisma en la Iglesia Católica convirtiéndose él mismos en el líder de esa nueva Iglesia «reformada».

Entonces se ve con CLARIDAD la diferencia entre Santo y Hereje. Básicamente: ambos quieren reformar la Iglesia, pero el santo comienza por reformar su propia vida para luego, si de verdad Dios se lo pide, acometer reformas hacia fuera. Y el hereje, lejos de fijarse en su propia coherencia, se lanza a reformar hacia fuera lo que no ha querido constatar hacia dentro. El diablo consigue que el hereje haga converger toda su fuerza en luchar hacia fuera contra todo aquello que quizás esté vivo en su interior. El alma en Gracia de Dios, y que procura vivir en humildad y obediencia, no centrará su energía hacia fuera cuando sabe que ningún árbol malo da frutos buenos.

Proyectemos este contraste a la realidad de la Iglesia de HOY. Observemos cuantos «reformadores» de la Iglesia están empeñados en que la misma «vaya con los tiempos», «reformule los dogmas desde el diálogo con la modernidad», «elimine el Misterio de la Liturgia», «desista de formar las conciencias», «contemple los sacramentos como DERECHOS y no como DONES», «separe la misericordia de la verdad»….etc. Y a la vez constatemos los que ya afirmó Benedicto XVI (aún Cardenal Ratzinger) en el Vía Crucis del Coliseo Romano de 2005: «cuanta soberbia y cuanta autosuficiencia hay en la Iglesia, cuanta suciedad hay en la Iglesia de aquellos que por su sacerdocio debieran estar entregados a Cristo»………..

Conclusión sencilla: ante cualquier reformador de la Iglesia, en su vida podrá verse si es un hereje o un santo (o al menos en camino de santidad). Desde esa apreciación, sigamos solo a los que, al menos en el intento, procuran reformar primero su vida antes que reformar la Iglesia.

D. Santiago Gonzalez

 

 

 

 

 

 

 

P. Santiago González, sacerdote.

Comentario en Infocatolica.com 20/05/14 10:02 PM

Homosexualidad (VIII): RESPONSABLES DE NUESTROS ACTOS

(HOMOSEXUALIDAD – VIII)

   Confío en haberles dado las pistas suficientes para salir de la confusión que algunos siembran en torno a la homosexualidad. Los que fomentan el caos moral y encubren la verdad en este aspecto, saben que la falta de certezas paraliza la acción de la gente buena. No se dejen manipular.

"Sin duda somos siempre reflejo de nuestros actos y responsables de ellos. Pero a los ojos del amor y de la fe, un hombre siempre es más grande que los pecados que comete, por graves y vergonzosos que sean. Para la Iglesia católica, lo que cuenta sobre todo son las personas. Creo que tiene toda la razón del mundo al diferenciar entre la práctica sexual y la identidad sexual. Es su empeño en señalar esa frontera, el que define el vínculo entre fe y homosexualidad, el que le dice a las personas homosexuales que tienen un lugar en la Iglesia (…) La Iglesia no pretende cambiarlas, sólo les pide que pongan su identidad más profunda como hijos de Dios delante de su identidad secundaria como personas homosexuales". (Extraído de un artículo publicado en su web)

“Sin duda somos siempre reflejo de nuestros actos y responsables de ellos. Pero a los ojos del amor y de la fe, un hombre siempre es más grande que los pecados que comete, por graves y vergonzosos que sean.
Para la Iglesia católica, lo que cuenta sobre todo son las personas.
Creo que tiene toda la razón del mundo al diferenciar entre la práctica sexual y la identidad sexual. Es su empeño en señalar esa frontera, el que define el vínculo entre fe y homosexualidad, el que le dice a las personas homosexuales que tienen un lugar en la Iglesia (…) La Iglesia no pretende cambiarlas, sólo les pide que pongan su identidad más profunda como hijos de Dios delante de su identidad secundaria como personas homosexuales”. (Extraído de un artículo publicado en su web)

   Por mi parte, concluyo mi aportación al tema presentándoles a un joven francés, Philippe Ariño. Tiene treinta y cuatro años, su padre español, se crió en Francia en el seno de una familia católica junto a otros cuatro hermanos, uno de los cuales es su gemelo. Descubrió su homosexualidad a la edad de diez años, lo anunció en su familia con diecisiete, y con veinte años se inició en el mundo y la cultura gay de Francia. Ejerce como profesor de español en Secundaria.
Es un escritor bien conocido en su país. Autor de un “Diccionario de códigos homosexuales” y de otras obras en torno al tema de la pareja homosexual, intenta definir la naturaleza y las causas del deseo homosexual, así como sus consecuencias personales y sociales.
En enero de 2012 se decidió a “abandonar definitivamente el ligoteo, la masturbación y la pornografía, porque me di cuenta de que estaba prisionero y triste cuando me obligaba a mí mismo a soñar y a experimentar el amor homosexual”. (Religión en Libertad, 15 – 1 – 2013).
Philippe ha entendido que “la continencia es una opción libre, entera, emancipadora y concreta, que reconoce mi homosexualidad pero sin tener que arrastrar la culpa. ¡Nadie imagina lo feliz que soy desde que dejé de practicar la homosexualidad!” (Ib.)
Ha encabezado la rebelión contra la dictadura que ejerce el lobby gay en los medios de comunicación franceses, logró irrumpir con fuerza en el debate sobre el proyecto de “matrimonio gay” de Hollande, y se ha tomado un año de excedencia laboral para promocionar su último libro (Homosexualidad en verdad) y para difundir su pensamiento.
Estuvo en España ayer mismo, 19 de mayo de 2014, y se ofreció a dar dos conferencias: una a sacerdotes (en exclusiva), titulada “homosexualidad y fé católica” y otra abierta a todo el público. Esta última charla tuvo lugar en el salón de actos de la parroquia de San Pablo, Logroño. Philippe se mostró a los allí presentes cual es: muy honesto, valiente, cristiano convencido, realista, vulnerable, comprometido con la verdad de las cosas.  Aunque sostiene que su vida en normal, que no ha vivido ni una infancia traumática, ni un padre ausente, ni una madre dominante, ni sumergido en el mundo de la prostitución, ni ha sido violado, ni ha experimentado una conversión fulminante “a lo San Pablo”, los presentes fuimos conscientes, en todo momento, de estar ante un hombre que vive la conversión diaria, un hombre frágil pero decidido.
En respuesta a las preguntas que le formularon los asistentes, habló de si “uno nace homosexual o se hace”, de la exclusión al sacerdocio de los candidatos homosexuales, de la herida que supone ser homosexual, de cómo hablarles a los niños del tema si preguntan en casa, de la diferencia entre “sentirse homosexual” y realizar actos homosexuales, de la violencia que infringen y padecen los homosexuales dentro de su propio mundo, de la importancia de la diferencia de sexos (esa que niegan los homosexuales y sin la cual ninguno de ellos habría podido existir), de cómo la diferencia de sexos permite a los hombres y a las mujeres vivir una plenitud a través de la complementariedad en el matrimonio que ellos nunca alcanzarán, del daño que hace a los jóvenes varones – más que a las mujeres – la absoluta erotización de las relaciones personales que predomina en nuestro ambiente cultural, de que – por lo que él ha estudiado y vivido – la tendencia homosexual es, con frecuencia, una etapa en la maduración de las personas a la que pueden verse anclados los jóvenes, restándoles capacidad para avanzar, el consumo de pornografía y la masturbación, etc.
Denunció que los que aplauden y defienden – presuntamente – los derechos de los homosexuales. Son, sobre todo, políticos. Estas personas utilizan a los homosexuales “como si fuéramos una cortina rosa y brillante tras la cual pretenden ocultar la cantidad inmensa de problemas y sufrimiento que provocan el divorcio, el uso sistemático de preservativos o el aborto. Apoyan el matrimonio homosexual para justificar realidades personales desastrosas”.
Desarmó el mito de que la Iglesia es homófona: “nadie nos acoge mejor”- dijo. Y señaló que su experiencia le ha llevado a concluir que quienes se niegan a hablar del tema o rechazan a los homosexuales suelen tener sin resolver su identidad sexual.
Afirmó categóricamente: “suscribo punto por punto lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad” y pidió a los presentes que no se dejaran llevar por la compasión o el sentimentalismo ante la herida abierta que tienen las personas homosexuales. “Necesitamos vuestro sentido del humor, vuestra acogida y que no cedáis a nuestros chantajes emocionales”.
También concedió una entrevista a la COPE que podrán escuchar el viernes 23 de mayo, a las 13:30, en el programa El Espejo de la Iglesia en La Rioja.
Incluyamos en nuestras oraciones a los cristianos homosexuales que, como él, dan la cara para llevar el mensaje de amor y redención que Dios, a través de la Iglesia, ofrece a los hombres que sufren por las dudas morales que les acosan, por este vicio de la conducta y por las consecuencias nefastas que se derivan de él.
Estas son otras respuestas suyas en la entrevista concedida a Religión en Libertad, en enero de 2013:

 

P.¿Tuvo algo que ver la conciencia a la hora de decantarse por la continencia? R.- Un director espiritual me decía que la conciencia era el otro nombre del Espíritu Santo. Y como estoy convencido que el Espíritu Santo, muy especialmente mediante el don del bautismo, está presente en el corazón de cada ser humano, pienso que también se expresa a través del sentido común, de nuestra libertad y de nuestra conciencia. Sí: mi observación de lo real, a la luz de la Iglesia, me ha ayudado a optar por la castidad.
P.¿Se puede evangelizar a homosexuales con el Magisterio de la Iglesia? R.- ¡Por supuesto! El mensaje de la Iglesia es realista porque sitúa a la persona y a su libertad en el centro de todo. Para los homosexuales que prefieren limitarse a sus actos o a sus pulsiones es difícil recibir ese mensaje como una Buena Nueva.
P.- ¿Qué es lo que no entienden? R.- Que el camino católico es liberador: para la Iglesia católica, una persona homosexual, aunque sienta una atracción física seria y real hacia otra persona del mismo sexo, siempre será libre de no dejarse reducir a la homosexualidad y de no plasmarla en forma de pareja. Según el Magisterio católico, la diferencia entre sexos y la identidad de hijo de Dios, son los dos pilares fundamentales que definen al ser humano.
P.- ¿Y la orientación sexual? R.- Aunque pueda ser profunda, no es fundamental: el hombre es algo más que sus fantasmas genitales o sus sentimientos del momento. Está llamado a algo más grande, más duradero, más objetivo y más libre.

MARTACM

Capítulo General de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño.

Hoy, día 16/05/2014, a las 20,00 horas en el Seminario Diocesano situado entre las calles Avda. de la Paz 114 y Obispo Fidel García, se celebra el Capítulo General de la Hermandad de Cofradías de la Pasión.

Pueden asistir todos los cofrades en calidad de oyentes.

Para más información se puede llamar al teléfono 941232800

o en la web http://www.hermandadcofradiaslogroño.com