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Archivo de Junio de 2014

El mundo sí tiene remedio

Un conocido político comentaba en una conversación privada, que para él el problema de África no tenía solución. Un amigo mío, a quien le conté esto, muy implicado en los casos que voy a contar ahora, me respondió: “El problema no es de los territorios, el problema es de las personas, y algunas, como nuestros misioneros, están haciendo cosas asombrosas”.

Conocí al matrimonio Hortsman en un viaje a Tierra Santa: él, Peter es un arquitecto alemán afincado en España; ella, Ana Sendagorta, es médico oftalmóloga en un conocido Hospital de Madrid. Tuvieron la desgracia de perder un hijo de doce años buceando en las Baleares y, como católicos que son, decidieron dar sentido a ese fallecimiento y crear un hospital Pediátrico en Kenia, fundamentalmente para niños, haciendo una Fundación en memoria de su hijo, llamada Pablo Hortsman. Llevan allí unas setenta mil visitas, habiendo atendiendo unos diecisiete mil casos, preferentemente, pero no siempre, niños. Y como todavía hay bastantes médicos que no sólo creen en el juramento hipocrático, sino también en la Medicina como vocación, de vez en cuando se traen a equipos médicos de los mejores hospitales de Madrid a realizar campañas de Cirugía. Les señalan a quien hay que operar y durante quince días hacen unas quinientas operaciones, en sesiones inacabables de Cirugía, logrando salvar muchas vidas.

Misioneras
Gracias a los Hortsman y otros amigos comunes, conocí en Medjugorje a una monja ecuatoriana llamada Olinda, de las Misioneras Sociales de la Iglesia, que, en una charla religiosa tenida allí en Medjugorje, y ante la pregunta sobre si había visto allí algo milagroso o maravilloso, contestó sencillamente: “yo no creo en los milagros, los vivo cada día”. Esta misionera lleva en Turkana, al norte de Kenia, catorce años, uno de los lugares más pobres de mundo. En este tiempo ha conseguido dos grandes logros: cuando ella llegó, cuando una persona cumplía los cuarenta y cinco años, le decían: “ya has vivido bastante. Vete al desierto a morirte”. Ella empezó por acoger a algunos de estos ancianos y hoy esa costumbre ya no se hace más.

Misiones

El segundo problema es el de la escolarización. Ha logrado crear una serie de escuelas que atienden a unos mil ochocientos chicos y chicas. No sólo los tienen escolarizados, sino que además les dan de comer seis días a la semana, todos los días salvo el domingo que no hay escuela. Lo que les cuesta cada niño al mes por su escolarización y comida es diez euros al mes, unos doce dólares. La religiosa calcula, que de no haber sido por la escuela, sólo vivirían una tercera parte de esos niños. Y es que cuando el dinero se administra bien, se es honrado y se trabaja por Dios, si hay algo que el Señor nunca hará, es dejarse ganar en generosidad. Con muy poco se puede hacer mucho, pero hay que ver la profunda fe que hay tras esta contestación: “yo no creo en los milagros, los vivo cada día”. Y por ello termino con la frase que da título al artículo: El mundo sí tiene remedio.

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano

 

 

 

 

 

 

 

Religión en Libertad 17/06/2014

 

 

La Fundación Pablo Hostmann

Nació por “el recuerdo de la alegría y felicidad que nos procuró Pablo a todos los que le conocimos y que son nuestra inspiración para convertir esta Fundación en instrumento de solidaridad. Creemos que entre todos podemos cambiar un poco la vida de personas necesitadas y hemos decidido actuar para hacer del mundo un lugar más justo, solidario y en paz”. Con este objetivo, la entidad trabaja desde hace cinco años tanto en la cooperación para el desarrollo sanitario y educativo en Kenia y Etiopía, como mediante la asistencia de sectores desprotegidos en España.

Ana Sendagorta y Peter Horstmann, sus padres, crearon en 2007 esta Fundación Pablo Horstmann, en memoria de su hijo fallecido a los 12 años. Desde entonces la entidad trabaja para “asistir a los más necesitados y transmitir alegría y esperanza a los niños”

Let Children Have Home

Uno de los proyectos más importante se lleva a cabo en Etiopía, donde se estima que hay cinco millones y medio de huérfanos, de los cuales casi un millón lo son a causa del SIDA. En Meki, a 130 kilómetros al sur de Addis Abeba, la Fundación se ha hecho cargo de un orfanato donde se desarrollan varios programas en colaboración con el Vicariato Apostólico.

La puerta azul que da acceso al proyecto “Let Children have home” es el límite que separa un espacio de 20.000 m2 de vida e ilusión de la dura realidad que asola la mayoría de las calles etíopes. El centro acoge a 35 niños huérfanos de Oromia, una de las regiones más pobladas y pobres del país, aunque el objetivo es aumentar el número progresivamente hasta un total de 56 y proporcionarles un verdadero hogar, un clima positivo y familiar que les permita su desarrollo integral.

Los niños asisten a clase en las escuelas primarias y secundarias en Meki, donde pueden alcanzar un buen nivel formativo que les permita afrontar su futuro laboral. Además, desde el orfanato se busca facilitar su integración en la comunidad mediante la organización de actividades deportivas al aire libre como fútbol y voleibol, la apertura de una sala de juegos y una biblioteca donde pueden asistir otros niños de la zona.

Además, recientemente se inauguró una clínica pediatra para ofrecer atención sanitaria gratuita a los niños del orfanato y también a los de toda la comunidad. Asimismo, dentro de los planes de expansión está previsto desarrollar varios programas paralelos. Uno de ellos pretende apoyar a otros huérfanos externos mediante ayudas para su escolarización, alimentación y salud. Asimismo se van a invertir esfuerzos ayudar a las mujeres a acceder a un puesto de trabajo, ofreciendo un servicio de guardería para los hijos pequeños.

Lo destacable de este proyecto, además de invertir en el futuro de estos niños para que a su vez lo reviertan en su propio país, es el apoyo que se da a toda la zona, a través de la contratación de personal local. De esta forma se busca crear un efecto cadena que sea el punto de partida para una mejora del entorno.

Además, La Fundación Pablo Horstmann tiene otros proyectos en África, como la colaboración con las Hermanas Misioneras de la Iglesia de Turkana (Kenia), que se dedican a trabajar por los más desfavorecidos. Así, financian los gastos de los centros nutricionales que regentan en el norte de esta región, una zona muy azotada por la hambruna y la pobreza.

También cuentan con el Hospital Pediátrico Pablo Horstmann de Anidan, concebido para dar cobertura sanitaria a los niños del distrito de Lamu, una zona con una elevada mortalidad infantil.

En Madrid la Fundación lleva a cabo diversas iniciativas como un Programa de Acompañamiento de Niños Ingresados, con voluntarios que se dedican a entretener a niños enfermos mediante juegos creativos.

También cuenta con un Programa de Tutelas Especiales de Niños Ingresados para acompañar a niños ingresados que están solos y de acogida a niños derivados desde Kenia o Etiopía para someterse a una operación; así como un Programa de Acompañamiento de Niños Discapacitados que organiza salidas de ocio.

Teatro Solidario, con representaciones en hospitales, centros de acogida o residencias de minusválidos, y Programas de Marionetas y Magia Solidarias son otras de sus iniciativas.

Para más información de la fundación consulta la web de la Fundación

Festividad del Corpus Christi 2014 Logroño.

Festividad y actos del Corpus Christi en Logroño para 2014.

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En 1264 el papa Urbano IV extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi que ya se celebraba en Lieja (Bélgica) desde 1246.

Pero Daroca (Aragón) fue la primera población de España, y posiblemente del mundo, en la que desde veinticinco años antes ya se celebraba una fiesta pública en honor del Santísimo Sacramento. Tuvo esta su origen en el “milagro de los corporales” que se veneran actualmente en la parroquia de Santa María.

En 1239, el párroco, don Mateo Martínez, celebraba la misa en la que iba a consagrar, además de la suya, seis hostias para la comunión de los capitanes de las tropas cristianas que se preparaban para conquistar el castillo de Chio en poder de los árabes.

El ataque inesperado de los moriscos, inmediatamente después de la consagración, obligó a todos a abandonar la misa y a enfrentarse a los atacantes. El sacerdote comulgó rápidamente y, para que las seis hostias recién consagradas no fueran profanadas, las ocultó bajo unas piedras; obtenida la victoria, cuando regresó al pedregal para recuperarlas las encontró teñidas en sangre y pegadas a los corporales en los que habían estado envueltas. Estos fueron a partir de entonces como la bandera que animaba a los soldados cristianos en sus luchas contra los enemigos de la fe en un tiempo en el que la península ibérica estaba sometida al Islam. En la fiesta entrañable del Cuerpo y la Sangre del Señor invito a los lectores a meditar el soneto que escribió el antiguo vicario general, José Luis Moreno (+23.6.2009)

 

 A JESUCRISTO, PAN DE VIDA

Grano terrestre de origen divino,
que naciste en Belén por mi sustento,
tuviste en Nazaret florecimiento
y en tu Jerusalén era y destino.

La cruz en que moriste fue molino
que convierte en harina y sacramento
tu cuerpo triturado, testamento
que paga al hombre en pan su desatino.

Llamaste a tu sacerdote ya contigo
al gozo del Reino verdadero
invitado a la mesa del amigo.

Concédele, Señor, como postrero
Don celeste consagrar tu buen trigo
y ejercer junto a ti su ministerio.

Luis María Centeno

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Festividad Corpus Christi en Logroño

Programa de actos para la celebración de la festividad del Corpus Christi, organizado por el Ilustrísimo Cabildo Catedralicio de Logroño para este año 2014.

Corpus Christi Logroño 2014

Corpus Christi Logroño2

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 51-58

 -«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

-«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

-«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

Una y otra vez, nos viene el recuerdo del famoso dicho popular  “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.  

En España, entre otro sitios y lugares, dos de esto tres jueves, han sido modificados de día dentro de la semana, pasándolos al domingo siguiente a la correspondiente festividad con alguna excepción en la del “Corpus Christi” que se sigue celebrando en algunas ciudades el mismo jueves correspondiente.

Corpus Christi, en latín, “Cuerpo de Cristo” o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, antes llamada Corpus Domini “Cuerpo del Señor”, es la principal finalidad de proclamar y aumentar la fe de los católicos con la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día festivo oficial (ciertas partes de España, Austria, partes de Alemania y Suiza, Brasil, República Dominicana, Bolivia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal, Perú y Venezuela).
En España dejó de ser un día festivo hace algunos años, excepto en los municipios donde es fiesta local, y desde entonces la Iglesia lo celebra el domingo siguiente.

Las celebraciones del Corpus suelen incluir una procesión en la que la hostia, el mismo Cuerpo de Cristo, se exhibe en una custodia e incluso saliendo con toda solemnidad por las calles de las ciudades.

Otra costumbre de igual sentimiento, es engalanar los balcones con flores y adornos o emblemas de entidades y asociaciones religiosas, que serán verdaderas exposiciones en los diferentes recorridos de cada localidad.

Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

En nuestra ciudad de Logroño, tal y como lo recoge en un inmejorable trabajo, nuestro ilustre conciudadano y Académico C. de la Real Academia de la Historia D. José María Lope de Toledo, también desde hace muchísimos años (siglo XVI) está documentado como se desarrollaban dichas festividades y sus procesiones. Dejo el enlace para que poder disfrutar del texto.  dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/61502.pdf

 

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Origen de la festividad.

En el siglo XIII había prácticas religiosas que eran tildadas de herejías por la jerarquía católica porque se apartaban peligrosamente de las enseñanzas doctrinales de la Iglesia.

Estas prácticas convivían al mismo tiempo con ciertas creencias ancestrales de origen natural. La mayoría eran pervivencias atávicas de determinados rituales paganos, que tampoco tenían nada que ver con las enseñanzas de la Iglesia oficial, pero que el pueblo compaginaba con las prácticas cristianas.

Es en este contexto cuando nace la festividad del Corpus Christi. En aquella época, todas estas corrientes contradictorias y opuestas en el seno de la misma Iglesia católica acabaron estableciendo una verdadera guerra de milagros entre las diferentes posturas con el fin de validar la tendencia que cada uno defendía. La mayoría de estos hechos visionarios y milagrosos se centraban en el Sacramento de la Eucaristía y se acabaron convirtiendo en cruciales para defender los postulados oficiales emanados de la jerarquía eclesiástica.

Una de las herejías más divulgadas del momento, y uno de los detonantes originarios de la institución del Corpus, fue la profesada por Berenguer de Tours, que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No hace falta decir que esta teoría no gustaba nada a la Iglesia oficial, cansada por otra parte de tantas heterodoxias, debates y polémicas religiosas y que veía entonces cómo alguien atacaba directamente uno de los postulados básicos de su doctrina.

En Lieja, Bélgica, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Cornillón (1192-1258) tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía.

La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont de Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Ella comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez con los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

El Papa Urbano IV instituyó pues la celebración del Corpus Christi para la Iglesia Católica Universal, fijándola el Jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Por otro lado, se cuenta que en el año 1264 el Padre Pedro de Praga, Bohemia, dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte.

De regreso de Roma, Dios se le manifestó de manera milagrosa ya que cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre.

La noticia del prodigio llegó pronto al Papa Urbano IV, que se encontraba en Orvieto, ciudad cercana a Bolsena. Hizo traer el corporal y, al constatar los hechos, instituyó definbitivamente la Solemnidad de Corpus Christi.El mismo Papa Urbano IV encargó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral de Orvieto donde aún se encuentra la sagrada reliquia.

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica.

Ocurre, como en la solemnidad de la Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con otros motivos. Este es el día de la eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo que recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo

conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento).

Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.

El Sacramento de la Sagrada Eucaristía

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

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El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: ” En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente.”

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos.

Hay tres aspectos o momentos en la Eucaristía. El primero se dice real Presencia de Cristo en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa. Y tercero, la Santa Comunión.

La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa “Acción de gracias”. Se aplica a este sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.

La Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas.

El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario. En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el mundo.

La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya el banquete mesiánico del Reino de los Cielos.

Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él.

Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia. Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por los Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.

Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

 Procesión

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Las procesiones son a modo de públicas manifestaciones de fe; y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias. Pero la más solemne de todas las procesiones es la de Corpus Christi. En ella se cantan himnos sagrados y eucarísticos de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y de la Eucaristía. Algunos de los himnos utilizados tradicionalmente son: Pange lengua; Sacris solemniis; Verbum supérnum; Te Deum, al terminar la procesión; y, Tantum ergo, al volver de la procesión, en torno del altar para finalizar.

 

Oración y plegaria

Alaba, alma mía, a tu Salvador;

alaba a tu guía y Pastor con himnos y cánticos.

Pregona su gloria cuanto puedas,

porque Él está sobre toda alabanza,

y jamás podrás alabarle lo bastante.

El tema especial de nuestros loores

es hoy el Pan vivo y que da Vida.

El cual no dudamos fue dado en la mesa

de la Sagrada Cena a los doce Apóstoles.

Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,

sea pura la alabanza de nuestra alma.

Porque celebramos solemnemente el día

en que este divino Banquete fue instituído.

En esta mesa del nuevo Rey,

la Pascua nueva de la Nueva Ley

pone fin a la Pascua antigua.

Instruídos, con sus santos mandatos,

consagramos el pan y el vino,

que se convierten en Hostia de salvación.

Es dogma para los cristianos,

que el pan se convierte en carne,

y el vino en sangre.

Lo que no comprendes y no ves,

una fe viva lo atestigua,

fuera de todo el orden de la naturaleza.

Bajo diversas especies,

que son accidente y no sustancia,

están ocultos los dones más preciados.

Su Carne es alimento y Su Sangre bebida;

mas todo entero está bajo cada especie.

Se recibe íntegro, sin que se le quebrante ni divida;

recíbese todo entero.

Recíbelo uno, recíbenlo mil;

y aquél le toma tanto como éstos,

pues no se consume al ser tomado.

Recíbenlo los buenos y los malos;

pero con desigual resultado,

pues sirve a unos de vida,

y a otros de condenación y muerte.

Es muerte para los malos,

y vida para los buenos;

mira cómo un mismo alimento

produce efectos tan diversos.

Cuando se divide el Sacramento,

no vaciles, sino recuerda que Jesucristo

tan entero está en cada parte,

como antes en el todo.

Ninguna partición hay en la sustancia,

tan sólo hay partición de los accidentes,

sin que se disminuya ni el estado,

ni la estatura del que está representado.

He aquí el Pan de los Ángeles,

hecho alimento de viandantes;

es verdaderamente el Pan de los hijos,

que no debe ser echado a los perros.

Estuvo ya representado

por las figuras de la antigua Ley,

en la inmolación de Isaac,

en el sacrificio del Cordero Pascual,

y en el Maná dado a nuestros padres.

Buen Pastor, Pan verdadero,

¡oh Jesús! apiádate de nosotros.

Apaciéntanos y protégenos;

haz que veamos los bienes

en la tierra de los vivientes.

Tú, que todo los sabes y puedes,

que nos apacientas aquí

cuando somos aún mortales,

haznos allí tus comensales,

coherederos y compañeros

de los santos ciudadanos del Cielo.

Amén. Aleluya.

Stma. Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas un solo Dios verdadero y reciben una misma adoración y gloria.

Trinidad

El Padre. Es increado e inengendrado.

El Hijo. No es creado sino engendrado eternamente por el Padre.

El Espíritu Santo. No es creado, ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre y del Hijo

 

No hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad: tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiera existido, pero que llegó luego: por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por los siglos de los siglos.

 

“Apenas hemos celebrado la venida del Espíritu Santo, cantamos la festividad de la Santísima Trinidad en el Oficio del Domingo que sigue” escribía San Ruperto en el siglo XII, “ y esta fecha, para la celebración está muy bien escogida, porque tan pronto como hubo bajado el Espíritu Santo, comenzó la predicación y la creencia; y, en el bautismo, la fe y confesión en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

 

Es el momento más apropiado del año litúrgico para esta Festividad. Por el Espíritu Santo llegamos a creer y a reconocer la trinidad de personas en el único Dios. Habiendo celebrado todos los misterios de Cristo, la Iglesia echa una mirada de agradecimiento a la obra completa de la redención. Desde la contemplación de las obras maravillosas de Dios nos volvemos a considerar la vida interna de la Divinidad.

 

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Encarnación del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno, y que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que es en él y con él el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo que junto al Padre  revela que él es con ellos, el mismo Dios único. Por ello creemos y decimos “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Decía San Agustín “El Espíritu Santo procede del Padre en cuanto fuente primera y, por el don eterno de este al Hijo, del Padre y del Hijo en comunión”

Stma. Trinidad

Por la gracia del bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la tierra, en  la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eterna. Esta es nuestra fe cristiana y católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no confundiendo las personas, ni separando las substancias; una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es una sola divinidad. Las personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

 

Historia de la Festividad

 

Comenzó a celebrarse hacia el año 1000, tal vez un poco antes. Parece ser que fueron los monjes los que asignaron el domingo después de Pentecostés para su celebración.

Anteriormente existía una misa votiva y oficio en honor de la Trinidad pero no día de su fiesta como tal.

 

Las iglesias diocesanas comenzaron a seguir el ejemplo de los monjes benedictinos y cistercienses y en los dos siglos siguientes, la celebración se extendió por toda Europa.

En el año 1334,  el papa Juan XXII la introdujo como fiesta de la Iglesia universal.

 

El domingo de la Santísima Trinidad es de institución relativamente tardía pero fue precedido por siglos de devoción al misterio que celebra. Tal devoción arranca del mismo Nuevo Testamento pero lo que le dio especial impulso fue la lucha de la Iglesia contra las herejías de los siglos IV y V.

 

El arrianismo negaba la divinidad de Cristo. En el año 325, el concilio de Nicea afirmó que Cristo es coeterno y consustancial con el Padre, y así condenó el arrianismo. Esto fue reafirmado en el concilio de Constantinopla en el año 381 que declaró además que el Espíritu Santo es distinto del Padre y del Hijo pero consustancial, igual y coeterno con ellos.

 

La antigua iglesia hispánica en los siglos V al VII, enseñó magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los concilios de Toledo, y de su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que nuestro Dios es “Uno sólo, pero no solitario” como se dijo en el Concilio VI de Toledo en el año 638, “amor puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a participar en su unidad vital eterna.”

 

El dogma de la Trinidad resplandeció también en nuestras iglesias. Hemos contemplado en las alturas, anchuras y larguras admirablemente proporcionadas de esos edificios, el símbolo de la Trinidad; lo mismo que en sus divisiones principales y en las secundarias: las tres entradas, las tres puertas, los tres ventanales y a menudo también las tres torres.

 

Por doquier, hasta en los detalles ornamentales, el número tres repetido sin cesar obedece a una idea, a la fe en la Trinidad.

 

También la iconografía cristiana tradujo de mil maneras este mismo pensamiento. Hasta el siglo XII a Dios Padre se le representó por una mano, que sale de las nubes y bendice.

 

En esa mano se significa la divina omnipotencia. En los siglos XIII y XIV ya se añadió la cara y luego el busto del Padre, en el cual desde el siglo XV es representado como un venerable anciano vestido con ornamentos papales.

 

Hasta el siglo XII Dios Hijo fue primero representado por una cruz, por un cordero o bien por la juventud. Desde el siglo XII al XVI vemos ya representado a Cristo en la plenitud de la edad y con barba. A partir del siglo XIII lleva la cruz y también aparece en figura de cordero.

 

Al Espíritu Santo se le representó a lo primero por una paloma, cuyas alas extendidas tocaban a veces la boca del Padre y del Hijo, para demostrar cómo procede de entre ambos. Ya desde el siglo XI aparece con la figura de un niñito, por idéntico motivo. En el siglo XIII es un adolescente y en el siglo XV un hombre hecho y semejante al Padre y al Hijo, pero con una paloma sobre sí o en la mano, para distinguirle así de las otras dos divinas personas. Más desde el siglo XVI la paloma torna a asumir el derecho exclusivo de representar al Espíritu Santo.

Santisima Trinidad 1

Para representar a la Trinidad se adoptó la figura del triángulo. También el trébol sirvió para figurar el misterio de la Trinidad y lo mismo tres círculos enlazados con la palabra Unidad en el espacio central que queda libre por la intersección de los círculos.

El sitio de Logroño y San Bernabé, su patrono

«Al Capitán Gobernador de la plaza de Logroño.

Estimado señor: Enviado por mi Rey y Señor Soberano Francisco I y para cumplimentar sus órdenes en Castilla, os ruego no pongáis impedimento á que mis soldados penetren en ese pueblo para proseguir el camino, en la seguridad de que no se causará el menor daño ni perjuicio á esos habitantes. EI General del ejército de S. M. F. André de Foix, Señor de Asparrot.»

Contestación del Capitán Gobernador de Logroño

«Señor General: La ciudad de Logroño y todos sus habitantes, pertenecen al Emperador y Rey su Señor D. Carlos, y no se entregará ni dará paso á ese ejército enemigo mientras tengamos en nuestro poder, las llaves de sus puertas, que son tan pesadas, que por numerosos que sean los soldados que traéis, no podrán llevárselas.

EI Capitán Jefe de la plaza, Don PEDRO VELEZ DE GUEVARA.»

Otra misiva que D. Pedro Vélez de Guevara envía a D. André de Foix, Señor de Asparrot.

«Logroño no abrirá sus puertas al enemigo, mientras uno solo de sus habitantes, tenga vida para combatir. Nos defenderemos hasta la muerte».

 

El sitio de Logroño y San Bernabé, su patrono

Sitio de Logroño

En 1520, el Emperador y rey D. Carlos I pasa por la ciudad de Logroño camino de Castilla, y el recibimiento de las gentes, le dan a entender al monarca que Logroño es una ciudad fiel al imperio y a su rey.

Consciente del lugar geográfico que ocupa Logroño, teniendo en cuenta la cercanía con Navarra, sus intentos del retorno al reino con una dinastía francesa afín a Francisco I, y por otro lado su cercanía a Castilla y las revueltas de los comuneros, sin perder de vista los problemas con las Alpujarras, decide y manda mantener un pequeño destacamento de su guardia personal, que recuerde siempre su vinculación con la ciudad.

La persona designada al mando de dicho destacamento, don Pedro Vélez de Guevara, Duque de Nájera, elije a hombres de confianza, vinculados con La Rioja dejándolos como guardia de la puerta de San Francisco, cercana al hoy puente de Piedra y a la puerta de Castilla, hoy del Revellín.

En pleno levantamiento comunero, la ciudadanía de Logroño hizo frente a las tropas del oportunista rey francés Francisco I.

Ya estaban las tropas de André de Foix, formadas por bearneses, labortanos, franceses y bajonavarros y engrosadas después por altonavarros, dispuestas para atacar Logroño, después de atravesar la invadida y rendida Navarra.

De los pueblos vecinos donde se hallaban los soldados en pequeños destacamentos diseminados, se dirigieron todos a Logroño en busca de asilo seguro, al ser ésta la población más importante y fronteriza con Navarra.

El día 21 de Mayo, el Concejo y Justicia de Logroño en unión del Corregidor D. Pedro Vélez de Guevara, dadas las noticias que traían los últimos refugiados y soldados, se acordó celebrar una reunión general en el templo de Santiago el Real, como sitio espacioso para anunciar a todos los Logroñeses la apremiante necesidad de adoptar algunas medidas. Las campanas de esta iglesia repitieron sus golpes con desusada celeridad anunciando a los habitantes de la ciudad la urgencia e interés de la convocatoria

Durante tres días, estuvieron preparándose para un más que posible defensa de la ciudad pues las noticias del avance del ejército francés hacia Logroño, eran cada vez más alarmantes.

Un último emisario, procedente de la vecina ciudad de Viana, fue portador en la tarde del día 24 de Mayo de la nueva y última posición de las tropas, pues se distinguían ya las avanzadas del ejército invasor. Ya no había duda; pronto estarían delante de los muros de Logroño y era urgentísimo prepararlo todo para la resistencia que se tenía decidida. La ansiedad crecía por momentos; los clarines militares tocaban llamada; las guardias se reforzaban con mas personas, y los castilletes situados sobre el puente del Ebro y también las murallas inmediatas á este punto así como las ventanas y tapias del convento de San Francisco, se coronaban de logroñeses y soldados ávidos de divisar al enemigo.

Por fin al amanecer del día 25 y cuando los vigías tomando las debidas precauciones, se dirigieron á los puntos de observación, tuvieron que retroceder á toda prisa, al tiempo mismo que por las alturas inmediatas aparecían los soldados franceses.

Pronto se presentó a la entrada del puente, un oficial francés acompañado de varios soldados, trayendo un pliego que los centinelas reciben y pasa de mano en mano. Mientras, los recién llegados, quedan en la parte exterior esperando la respuesta.

Inmediatamente el documento es conducido a la casa consistorial, donde ya estaban reunidos los representantes del pueblo, la comisión de defensa y los principales vecinos.

Abierto aquél en medio de la ansiedad que todos experimentaban, fue leído en voz alta por el presidente de la reunión.

El mensaje decía: «Al Capitán Gobernador de la plaza. Estimado señor: Enviado por mi Rey y Señor Soberano Francisco I y para cumplimentar sus órdenes en Castilla, os ruego no pongáis impedimento á que mis soldados penetren en ese pueblo para proseguir el camino, en la seguridad de que no se causará el menor daño ni perjuicio á esos habitantes. EI General del ejército de S. M. F. André de Foix, Señor de Asparrot.»

La contestación se redactó en el mismo momento sin deliberación alguna y con la conformidad de todos, en los siguientes términos: «Señor General: La ciudad de Logroño y todos sus habitantes, pertenecen al Emperador y Rey su Señor D. Carlos, y no se entregará ni dará paso á ese ejército enemigo mientras tengamos en nuestro poder, las llaves de sus puertas, que son tan pesadas, que por numerosos que sean los soldados que traéis, no podrán llevárselas. EI Capitán Jefe de la plaza, Don PEDRO VELEZ DE GUEVARA.»

Salió el portador con la respuesta hacia las posiciones francesas, viéndosele trepar con sus soldados por la falda occidental del cerro de Cantabria, de donde enseguida los franceses empezaron á descender en grandes masas aproximándose al puente con intento de penetrar por él. Se intercambiaron numerosos disparos de una y otra parte, comprobándose que les era imposible el paso por este sitio perfectamente defendido. Cesaron los ataques y conservaron sus posiciones a muy corta distancia.

Transcurridas algunas horas y por uno de los vados del Ebro cerca de Varea, el ejército francés cruzó el río y apareció por el Oriente de la ciudad situándose en las inmediaciones del convento de Madre de Dios. Treinta mil soldados según crónicas de la época, comandados por el General Asparrot sitiaban la ciudad.

Desde que comenzó el 25 de mayo de 1521 el sitio a la Ciudad de Logroño, mantuvo el capitán Vélez de Guevara el encargo de organizar la defensa. Otra de las misivas que D. Pedro llegó a mandar para el General Asparrot, decía: «Logroño no abrirá sus puertas al enemigo, mientras uno solo de sus habitantes, tenga vida para combatir. Nos defenderemos hasta la muerte».

Desde que se formalizo el cerco, los ataques, escaramuzas, combates y pérdida de vidas humanas fueron numerosos. Se intentaron varias estrategias, incluida la de anegar el campamento francés mediante una riada. El mismo 10 de junio, cuando la escasa guarnición de la ciudad junto con valerosos habitantes atacó por la noche el campamento enemigo, infundieron con confusión y temor en las tropas atacantes, el mensaje de que se acercaban un grandioso ejercito de 20.000 soldados, con D. Antonio Manrique de Lara, Duque de Nájera al mando, de ellos.

Ante semejante amenaza, Asparrot mandó levantar el asedio y huyó con sus tropas en desbandada. Al día siguiente, 11 de junio, la ciudad celebró la victoria y juró el ‘voto de San Bernabé’. Esto se celebra cada 11 de junio en la festividad del santo. Durante todos los día del asedio, la población tanto civil como miliar, se alimentó con peces de Ebro pescados por la noche, pan hecho con la harina del trigo de los graneros de la ciudad junto con vino de las bodegas.

Agradecido el emperador Carlos I de España al señalado servicio que los logroñeses prestaron en esta memorable campaña, les concedió el privilegio de poner en el escudo de armas de la ciudad las tres flores de Lis que el ejército de Asparrot traía en sus  banderas, con otras distinciones que detalladamente constan en aquel y otros  documentos, por la defensa de Logroño durante el sitio que sufrió la MUY NOBLE Y LEAL CIUDAD DE LOGROÑO en el año 1521.

Hemos encontrado un excelente y fiel relato del sitio de Logroño realizado por don F. J. Gómez que se puede consultar y descargar en el siguiente enlace.

 http://www.logronopasion.com/pdf/El_Sitio_De_Logroño_En_1521.pdf

San Bernabé, patrono de Logroño

San Bernabé

San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, pero es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, incluso por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé, judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original fue el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron por el de Bernabé por su significado (hombre esforzado). Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles por la venta de sus propiedades y entrega de lo recibido a los apóstoles para distribuir entre los pobres.

Los Apóstoles lo apreciaban mucho por ser un buen hombre, lleno de fe y lleno del Espíritu Santo y por eso lo eligieron para la evangelización de Antioquía, así como para instruir y guiar a los neófitos.

En esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo y los dos predicadores obtuvieron gran éxito alcanzando con sus prédicas gran aumento de convertidos.

Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo.

Tiempo más tarde, se les encomendó una nueva misión y partieron a cumplirla, acompañados por Juan Marcos. Primero se trasladaron a Seleucia y después a Salamina, en Chipre. Luego llegaron a Pafos, donde convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perga en Pamfilia, donde Juan Marcos los abandonó. En Iconium, en Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados. En Listra, San Pablo curó milagrosamente a un paralítico y los habitantes paganos los confundieron con dioses. De regreso a Antioquía pasaron por todas las ciudades que habían visitado para confirmar y ordenar presbíteros.

Ante el segundo viaje misionero surgió un conflicto entre Pablo y Bernabé. Bernabé quería llevar a su primo Juan Marcos y Pablo se oponía por haberles abandonado en la mitad del primer viaje por miedo a todas las dificultades encontradas. Por ello decidieron separarse. San Pablo se fue a su proyectado viaje con Silas y Bernabé partió a Chipe con Juan Marcos. Más tarde se volvieron a encontrar como buenos amigos misionando en Corinto, por lo que se deduce que Bernabé, en ese tiempo, aún vivía y trabajaba en los años 56 o 57.

Posteriormente, el mismo Pablo invita a Juan Marcos a unirse a él, cuando estaba preso en Roma.

Algunos apuntes cuentan que San Bernabé fue apedreado hasta morir en Salamina, un 11 de junio. Pero otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma años más tarde y además como primer obispo de Milán. Pero con seguridad, alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto.