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Archivo de septiembre de 2014

La Semana Santa de Calahorra, declarada Fiesta de Interes Turístico Nacional.

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LOGROÑO, 16 Sep. (EUROPA PRESS) –

El presidente de la Comunidad de La Rioja, Pedro Sanz, ha anunciado esta mañana que el Ministerio de Industria, Energía y Turismo ha declarado la Semana Santa de Calahorra  Fiesta de Interés Turístico Nacional. Un título honorífico que, según ha señalado Pedro Sanz, “ensalza el valor religioso y cultural que atesora este importante evento y que coloca a Calahorra en un lugar destacado dentro del mapa del turismo nacional e internacional”.

 

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Acompañado del alcalde de Calahorra, Luis Martínez Portillo, del hermano mayor de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, Valeriano Antoñanzas, y del presidente de la Asociación Paso Viviente, Juan Carlos Ruiz, Sanz ha resaltado que la declaración conlleva un “importante potencial económico y turístico para Calahorra”, dado que su Semana Santa será incluida en los planes y acciones de promoción del Instituto de Turismo de España (TURESPAÑA), organismo de la Administración General del Estado encargado de la promoción en el exterior de España como destino turístico.

Entre los principales valores de este evento religioso, el presidente ha destacado su acreditada antigüedad así como la originalidad que lo rodea y que lo hace único.

Por su parte, Martínez-Portillo ha señalado que era un día “histórico” y “magnífico” para Calahorra, al tiempo que ha dicho tener una “alegría inmensa y un gran satisfacción”. El primer edil calagurritano ha agradecido a todos los que han hecho posible esta declaración, que viene a refrendar que en la Semana Santa de la ciudad se “involucre todo el mundo”.

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Antoñanzas ha dicho estar “tremendamente satisfecho” al igual que Ruiz, quien ha agradecido a todos los que han trabajado desde el principio para esta distinción.

La Consejería de Educación, Cultura y Turismo, en colaboración con el Ayuntamiento de Calahorra, inició en julio de este año el expediente administrativo para lograr la declaración, que fue presentado con la documentación elaborada por el consistorio calagurritano ante la Secretaría de Estado de Turismo del Gobierno de España.

Gracias a esta declaración, Turespaña participará intensamente en la promoción internacional de la Semana Santa de Calahorra como uno de los acontecimientos nacionales más importantes de nuestro país, tanto a través de todos sus soportes on line como mediante las acciones de difusión que lleva a cabo en ferias internacionales.

SEMANA SANTA CALAGURRITANA

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En la Semana Santa Calagurritana, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional por el Gobierno de La Rioja en septiembre de 1998, se funden la esencia romana de la antigua Calagurris con la tradición cristiana de una de las ciudades más antiguas de España.

Su arraigo se sustenta sobre una gran participación ciudadana, en la que destaca de manera especial la Cofradía de la Vera Cruz, cuya presencia en Calahorra se remonta al siglo XVI, y la Asociación Cultural Grupo ‘Paso Viviente’. Ambas entidades se vuelcan en la organización de un importante programa de actos, que incluye entre otros, las procesiones, el tradicional pregón de Semana Santa, la representación del auto sacramental, la Concentración Nacional de Bandas Procesionales, la Semana Cultural de la Semana Santa, talleres, exposiciones y charlas cuaresmales.

Entre sus principales actos se encuentra el mercado romano Mercaforum, una iniciativa que se celebra desde 1995 el Sábado de Dolores y el Domingo de Ramos y que permite al visitante sumergirse en la antigua Roma, gracias a la recreación de los ambientes, la reproducción de los edificios públicos y privados romanos, y la caracterización de todos los participantes.

También destacan las procesiones, en las que participan unas 1.800 personas pertenecientes a la única cofradía penitencial que existe en la ciudad, la Cofradía de la Santa Vera Cruz, encargada de custodiar los 20 pasos que procesionan y que aún hoy en día son portados a hombros por las angostas y empinadas calles de Calahorra.

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De igual modo, hay que mencionar la Magna Procesión del Santo Entierro y la escenificación de la Pasión, acto central de la Semana Santa Calagurritana. Se trata de un importante evento que, desde su primera y sencilla representación en 1982, ha evolucionado hasta narrar, a lo largo de más de un kilómetro de longitud y en varios escenarios, la pasión de Cristo, desde su entrada en Jerusalén hasta su resurrección.

De forma paralela a los actos religiosos, la ciudad acoge durante estos días la celebración de varios eventos singulares, como el tradicional juego de los borregos o las jornadas de cocina romana, desarrolladas en el Parador Nacional y que acercan al comensal los productos y sabores de aquella civilización con recetas antiguas adaptadas a nuestros tiempos.

Completan la oferta turística y cultural de la ciudad el Museo de la Romanización, el Museo de los Pasos de Semana Santa, el Museo de la Verdura, el Centro de Interpretación de los Santos Mártires San Emeterio y San Celedonio ‘La Casa Santa’ y el Museo Catedralicio, con tesoros como una Biblia del siglo XII o la Custodia del Ciprés del siglo XV, así como las Jornadas Gastronómicas de la Verdura.

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TURESPAÑA

El Instituto de Turismo de España (TURESPAÑA) es el organismo de la Administración General del Estado encargado de la promoción en el exterior de nuestro país como destino turístico, para lo que desarrolla planes y programas que promueven la innovación, la calidad, la sostenibilidad y la competitividad de los diferentes destinos  españoles. Además, se encarga de gestionar las relaciones turísticas internacionales de la Administración General del Estado, de la cooperación turística internacional y del apoyo a las empresas turísticas españolas en el exterior.

Turespaña también apoya la comercialización de productos turísticos españoles en colaboración con las Comunidades Autónomas, los entes locales y el sector privado.

El Instituto tiene una fuerte presencia internacional, ya que desarrolla su actividad en el exterior a través de una red de 33 Oficinas Españolas de Turismo, que dependen de las embajadas y consulados de España.

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FIESTAS DECLARADAS EN LA RIOJA

La Semana Santa Calagurritana se une a otras seis fiestas riojanas que también han sido declaradas bien de interés turístico nacional: las Fiestas de la Vendimia Riojana, en 1965; la Danza de los Zancos de Anguiano, 1970; las Fiestas Patronales de Santo Domingo de la Calzada, en 1989;  los Picaos de San Vicente de la Sonsierra, en 2005; la Batalla del Vino de Haro, en 2011; y las Jornadas Medievales de Briones, en 2012.

Logroño Pasión

 

Desde esta web y blog, felicitamos a la Comunidad Autónoma de La Rioja, a la ciudad de Calahorra y en especial a todos y cada uno de los Hermanos Cofrades que componen la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que con su gran trabajo, su, gran tesón y esfuerzo junto a su gran devoción y fe, han vuelto hacer posible conseguir este nuevo aldabonazo.

Han demostrado que hay otra forma de hacer las cosas, hay otra manera de entenderlo y otra manera de expresarlo.

Enhorabuena. Nuestro más sincero agradecimiento por ello.

Nuestra Señora de los Dolores

Por dos veces durante el año, la Iglesia conmemora los dolores de la Santísima Virgen. La primera es, el de la Semana de Pasión (Viernes de Dolor)  y también hoy, 15 de setiembre.

Esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz.

Nuestra Señora Virgen de los Dolores

La primera de estas conmemoraciones es la más antigua, puesto que se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor.

En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, y por la misma época se complementó esa devoción con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo comprendieron su marcha hacia el Calvario, sino su vida entera. A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de setiembre de todos los años.

Los siete dolores son:

  • La profecía del anciano Simeón.
  • La huida a Egipto
  • El niño Jesús perdido
  • María encuentra a Jesús cargado con la Cruz
  • Quinto dolor María al pie de la cruz
  • María recibe en sus brazos el cuerpo difunto de su hijo
  • Sepultura de Jesús y Soledad de María, nuestra Madre

 

Primer Dolor – La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)
Primer dolorQué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
Segundo Dolor – La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)
segundo dolorConsidera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.
Tercer Dolor – El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)
tercer dolorQué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.
Cuarto Dolor – María se encuentra con Jesús camino al Calvario (IV Estación del Vía Crucis)
cuarto dolorAcércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron – el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
Quinto Dolor – Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
quinto dolorContempla los dos sacrificios en el Calvario – uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: “Madre, he ahí a tu hijo.” Y a nosotros nos dijo en Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre.” María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
Sexto Dolor – María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz (Marcos 15, 42-46)
sexto dolorConsidera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.
Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)
septimo dolor¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.

Las Siete Gracias.

Santa Brígida, era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción.

Ya a los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: “Mira en qué estado estoy, hija mía.” “¿Quién os ha hecho eso, Señor?”, preguntó la niña. Y Cristo respondió: “Los que me desprecian y se burlan de mi amor.” Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.

Brígida empezó a tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias. Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos, quienes solían preguntar con ironía: “¿Qué soñó Doña Brígida anoche?”

Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.

Es en una de éstas “visiones”, (años  1303-1373), donde se le apareció la Virgen María y le dijo:

“Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, más hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios.”

Y Nuestra Señora, prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

  • “Yo concederé la paz a sus familias.” 2. “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.” 3. “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.» 4. “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.” 5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.” 6. “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre. 7. “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

Así mismo, según San Alfonso María Ligorio, Jesucristo Nuestro Señor, reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:

  1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.
  2. Protegeré en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegeré muy especialmente a la hora de su muerte.
  3. Imprimiré en sus mentes el recuerdo de Mi Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.
  4. Encomendaré a estas almas devotas en manos de María mi Madre, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.

 

Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: “Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes Tu Corazón para amar a María como Tú la amas.”

Oración final

Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.

Exaltación de la Santa Cruz

La fiesta que celebramos hoy 14 de Septiembre, la Exaltación de la Santa Cruz, es ciertamente muy hermosa, aunque no ha alcanzado el carácter popular que ella se merece.

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Esta fiesta se corresponde al Viernes Santo como el Corpus Christi se corresponde con el Jueves Santo. Pero en plena Semana Santa no caería bien unas celebraciones festivas, alegres, de la Eucaristía y de la Redención.

 

El Día del Corpus viene a llenar esta ansia de nuestro corazón, la de celebrar el misterio eucarístico y la presencia del Señor entre nosotros con una alegría que es desbordante.

 

Al igual, la muerte del Señor en la Cruz es para los Evangelios, sobre todo para Juan, el triunfo, la victoria, la glorificación de Jesús. Pero, ¿Cómo vamos a celebrar el Vienes Santo una jornada llena de júbilo, cuando lo que hace la Iglesia es llorar la muerte del Señor?

 

Esto es lo que hace la fiesta de hoy: Exaltar con gran alegría y gozo, el triunfo de Jesús en la Cruz. Un triunfo en el cual creemos y lleno de esperanza. Por ello entonamos con entusiasmo en muchas de las celebraciones el canto ¡Oh Cristo, Tú reinarás! ¡Oh Cruz, tú nos salvarás!… Himno eco de las palabras de Jesús, que dijo unos días antes de morir “Cuando yo sea levantado de la tierra lo atraeré todo hacia mí.”

 

El cristianismo es sí mismo, es un mensaje de total amor y entrega. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida.

 

Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.

 

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

 

Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

 

Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: “En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero” (Himno de Laudes).

 

En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

 

Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: “El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega.

 

“No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años. Se va cuando se es pobre y se está crucificado” (León Bloy). “Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía” (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido, la madurez adquirida en el dolor, no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.

 

Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.

 

Jesucristo en lo alto de la Cruz, y elevado después por el Padre a la mayor altura en el Cielo, ha atraído todas las cosas y a todos hacia a Sí.  En su Persona se resume todo lo creado. Los ángeles lo adoran como a su Señor, sentado como está a la derecha del Padre. Todos los hombres lo miran, mientras esperan de Él la salvación.

 

Las tres lecturas que nos trae la Liturgia de la Misa, aunque todas se refieren al Señor Crucificado, las tres tienen un marcado aire de triunfo:

 

En la primera contemplamos el gran signo de la Cruz en el desierto, cuando el pueblo se amotinó contra Moisés y vino el castigo de Dios.

 

– ¡Moisés, Moisés! ¡Que hemos pecado contra el Señor y contra ti! ¡Pide a Dios que aleje de nosotros estas serpientes venenosas que causan la muerte a tantos en el campamento!

Dios se compadece, y encarga a Moisés:

– Haz una serpiente de bronce y levántala sobre un asta a la vista de todos. Quienes la miren al ser picados por las serpientes venenosas, se salvarán.

Jesús, hablando con Nicodemo, da el sentido propio de este hecho bíblico tan relevante:

– Así seré yo levantado en la Cruz. Quien me mire, aunque haya sido mordido por Satanás, la serpiente infernal, tendrá la vida eterna.

 

En la segunda, es el poder de la fe en la salvación que nos ha merecido Jesús con su pasión y su muerte. Y San Pablo, en uno de los pasajes mejores sus cartas, les dice a los de Filipos: “Cristo Jesús, a pesar de ser Dios, se humilló tomando la forma de esclavo y haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte en la cruz! Por eso Dios lo ensalzó, y le dio el nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

 

Y la tercera, cuando el propio Jesús le dice a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

 

La Iglesia, en el prefacio de la Misa, resume su fe y su enseñanza cantándole a Dios: En el árbol de la Cruz, Tú, oh Dios, has establecido la salvación del hombre, porque donde surgía la muerte allá renacía la vida, y el demonio, que en el árbol del paraíso arrancaba la victoria, en el árbol de la Cruz venía a ser derrotado, por Cristo nuestro Señor.

 

Toda la Liturgia de esta festividad respira triunfo, augurio del triunfo definitivo de la Resurrección, la de Jesús y la nuestra.

Cruz de Cristo

Muchos cristianos llevamos una Cruz colgada en el pecho. La Cruz de Jesús está en los altares, y en el exterior, en la parte más alta de las Iglesias. La Cruz es el instrumento para levantar a los caídos, la salud del alma y del cuerpo, la destrucción del pecado, y el árbol de la vida eterna. La Cruz se presenta en nuestra vida de muy diferentes maneras: enfermedad, pobreza, cansancio, dolor, desprecio, soledad…Hoy la Cruz sigue siendo y será siempre un signo de salvación. Aunque la lleves en el pecho, en la solapa o en el ojal, o metida en el bolsillo, no es una superstición. Y darle un beso lleno de amor no es un infantilismo. Es una profesión de fe, que más de una gracia grande debe traer al alma…

 

Desde niños hemos aprendido a hacer la señal de la Cruz en la frente, en los labios y en el corazón, como un signo externo de nuestra profesión de fe.

 

Hoy podemos revisar cual es nuestra disposición ante esa Cruz que se muestra a veces difícil y dura, pero que si la llevamos con amor, se convierte en una fuente de Vida y de alegría.

 

Quienes dejan de lado un signo tan bendito, por creerlo pasado de moda y propio de gente sin vigor humano, lo sustituyen por una herradura tonta por ejemplo, o por un signo del Zodíaco sin sentido alguno, que les traerá cualquier cosa menos buena suerte y si esta llegara, sería por otras causas, mientras que les aumentará la confusión de sus mentes poco seguras…

 

La Cruz, con todo los significados que ya sabemos y decimos, tiene por otra parte y  nos hace presentes, a los crucificados de hoy: los pobres, los enfermos, los parados que buscan trabajo con desesperación, los detenidos justa o injustamente, los que padecen soledad, los que viven sin fe…

 

Todos ellos son para nosotros un reclamo. Jesucristo los quiere resucitados con Él y solicita nuestra colaboración para realizar esta resurrección en el mundo. Trabajar por el que sufre es desclavar a Jesucristo de la cruz y nadie puede rehuir el realizar esta obra de amor.

 

Jesús no inventó la Cruz: la encontró en su camino, como todo hombre. La novedad es que Él, lo que inventó fue el poner en la Cruz un germen de amor. Así la Cruz de Cristo se convirtió en el camino que lleva a la vida, en mensaje de amor. ¡Es la Cruz de Jesús!

 

Esa Cruz abraza, primero, a cada uno de nosotros, nos confía una misión en nuestra vida personal, en nuestras familias, en el ámbito de nuestras amistades, de nuestros conocimientos, en todas partes encontramos y encontraremos cruces. Y desde la Cruz, nos invita a cada uno de nosotros hoy, a poner todas estas cruces, y no sólo la nuestra, en relación con la suya. Jesús nos invita a sembrar también en ellas, como El lo hizo, el germen del amor y la esperanza.

 

¡Oh Cristo, Tú reinarás! ¡Oh Cruz, tú nos salvarás!, te volvemos a repetir con el cantar.

Con tu Cruz, oh Cristo, nos rescataste y con ella nos trajiste todos los dones del Cielo.

Con ella, fuente de gracia y de bondad, extiendes por el mundo tu reino de santidad,

Infunde en nuestros corazones el fuego del amor.

 

Fuente del perdón, derrama sobre nuestros pueblos la paz de Dios. Paz divina que se convierte también en fraternidad universal.

 

Tu Cruz, oh Señor, es cifra de tu victoria y signo de nuestra salvación

 

Historia de la festividad.

 

La fecha elegida  para esta celebración es el 14 de Septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335. También se dice que se conmemora, por la recuperación de la Cruz en ese día por Heraclio en el año 628 de manos de los persas, que la tenían en su poder desde el año 614.

Santa Elena

Pero realmente lo que conmemoramos este día es el recuerdo del hallazgo de la Santa Cruz por parte de Santa Elena, madre de Constantino. Más tarde Cosroes, rey de Persia se llevó la Cruz a su país y  Heraclio la devolvió a Jerusalén.

 

Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla, encontró la Vera Cruz, la Cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo. La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

 

Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz, llevándola de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el propio emperador a través de la ciudad.

 

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar la Cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la Cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde antes era venerada. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz, verdadera Cruz de Cristo.

 

La Santa Cruz, fue partida en varios pedazos para evitar nuevos robos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron “Veracruz” (Verdadera Cruz).

 

La señal de la Cruz.

 

La Santa Cruz la recordamos y la exaltamos con mucho cariño y veneración porqué en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció, pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.

 

El gesto de hacer la señal de la Cruz, signo sacramental, consiste en dibujar una cruz invertida imaginaria con la punta de dos o tres dedos de una mano.

 

Consta de dos movimientos: el primero se realiza de arriba abajo y el segundo de izquierda a derecha en caso de los católicos o de derecha a izquierda en el caso de los ortodoxos. El acto de hacer la señal de la Cruz, es conocido como “persignar” si se hace sobre una persona, y “bendecir” si es sobre una cosa o en una dirección vaga. Pero en general lo llamamos “santiguar”.

 

Se puede hacerse en silencio o acompañado de la fórmula verbal de oración. Al señalarnos con la cruz decimos “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”…

 

Muchos ejemplos que ayudan a comprender la importancia de este llamado gesto o señal sacramental han quedado reflejados en muchos documentos y relatos.

 

Varios ejemplos: En el año 300, a San Antonio Abad, le sucedió que el demonio lo atacaba con terribilísimas tentaciones y cuentan que un día, angustiado por tantos ataques, se le ocurrió hacerse la señal de la Cruz, y el demonio se alejó. En adelante cada vez que le llegaban los ataques diabólicos, el santo hacía la señal de la Cruz y el enemigo huía. Y dicen que desde entonces se empezó la costumbre de hacer la señal de la Cruz para librarse de males.

 

De una gran santa, se narra que empezaron a llegarle espantosas tentaciones de tristeza. Por todo se disgustaba. Consultó con su director espiritual y este le dijo: “Si Usted no está enferma del cuerpo, ésta tristeza es una tentación del demonio”. Le recomendó la frase del libro del Eclesiástico en la S. Biblia: “La tristeza no produce ningún fruto bueno”. Y le aconsejó: “Cada vez que le llegue la tristeza, haga muy devotamente la señal de la Cruz”. La santa empezó a notar que con la señal de la Cruz se le alejaba el espíritu de tristeza.

 

También, cuando Nuestra Señora se le apareció por primera vez a Santa Bernardita en Lourdes en el año 1859, la niña al ver a la Virgen quiso hacerse la señal de la cruz. Pero cuando llegó con los dedos frente a la cara, se le quedó paralizada la mano. La Virgen entonces, hizo Ella misma la señal de la cruz muy despacio desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Y tan pronto como la Madre de Dios terminó de hacerse la señal de la cruz, a la niña se le soltó la mano y ya pudo hacerla ella también. Y con esto entendió que Nuestra Señora le había querido dar una lección: que es necesario santiguarnos más despacio y con más devoción.

 

Una lección que habría que aprender y recordar en nuestros días. Solo hay que mirar a la gente cuando pasa por la fachada de una iglesia ó templo. ¿Cuánta gente se hace la señal de la Cruz? ¿Cómo nos parece esa señal de la Cruz que nos hacemos? ¿No es cierto que más parece un garabato que una señal de la Cruz? ¿Cómo la debiéramos hacer de hoy en adelante?

 

Los cristianos, debiéramos comenzar nuestra jornada, nuestras oraciones y nuestras acciones con la señal de la Cruz. Como bautizados, debiéramos consagrar la jornada diaria a la gloria de Dios e invocar la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la Cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades.

 

Los cristianos, con frecuencia hacemos con la mano la señal de la Cruz sobre nuestras personas. O nos la hacen otros, como en el caso del bautismo o de las bendiciones.

 

Al principio parece que era costumbre hacerla sólo sobre la frente. Luego se extendió poco a poco a lo que hoy conocemos: o hacer la gran Cruz sobre nosotros mismos, desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho o bien la triple Cruz pequeña, en la frente, en la boca y el pecho, como en el caso de la proclamación del Evangelio.

 

Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacerlo sobre nuestra persona, es como si dijéramos: “estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana…”

 

En realidad, el primero que hizo la señal de la Cruz, fue el mismo Cristo, que “extendió sus brazos en la Cruz” y sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de su Alianza”. Si ya en el Antiguo Testamento se hablaba de los marcados por el signo de la letra “tau”, en forma de cruz (Ez. 9:4-6) y el Apocalipsis también nombra la marca que llevan los elegidos, nosotros, los cristianos, al trazar sobre nuestro cuerpo el signo de la Cruz, nos confesamos como miembros del nuevo Pueblo, la comunidad de los seguidores de ese Cristo que desde su Cruz nos ha salvado.

 

Todo gesto simbólico, todo signo, puede ayudarnos por una parte a entrar en comunión con lo que simboliza y significa, que es lo importante. La imagen o señal de la Cruz, quiere indicarnos y es, camino PASCUAL, o sea de muerte y resurrección que recorrió ya Cristo. Es fácil hacer distraídamente la señal de la Cruz en los momentos que estamos acostumbrados. Lo que es difícil es escuchar y asimilar el mensaje que nos transmite este símbolo: Un mensaje de salvación y esperanza, de muerte y de resurrección.

 

Los cristianos tenemos que reconocer a la Cruz, todo su contenido para que no sea un símbolo vacío. Y entonces sí, puede ser un signo que continuamente alimente la fe y el estilo de vida que Cristo nos enseñó. Si entendemos la Cruz, y si nuestro pequeño gesto de la señal de la Cruz es consciente, estaremos continuamente reorientando nuestra vida en buena dirección.

Impresionante testimonio de una cristiana iraquí

(Catholic Herald/InfoCatólica)

«Nací cristiana y si eso me lleva a la muerte, prefiero morir como cristiana»

Khiria Al-Kas Isaac, una mujer iraquí de 54 años de edad, ha explicado cómo plantó cara a los fundamentalistas islámicos que amenazaron con degollarla si no se convertía al Islam. Cuando le pusieron el cuchillo en la garganta, ella dijo que prefería perder la cabeza antes que apostatar de su fe. Junto a ella, otras cuarenta y seis mujeres cristianas se mantuvieron firmes en su fe, a pesar de ser azotadas y golpeadas durante diez días. Su testimonio de fidelidad a Cristo dará la vuelta al mundo.

khiria

Khiria Al-Kas Isaac es una más entre los numerosos cristianos que han sufrido la violencia del Ejército Islamista.

Entre lágrimas explica que el pasado 7 de agosto tanto ella como su marido, Mufeed Wadee’ Tobiya, se dieron cuenta al despertarse que la localidad en la que vivían desde siempre había sido ocupada por los fundamentalistas.

Una vez detenidos, tanto ella como otras cuarenta y seis mujeres cristianas recibieron la «oferta» de convertirse para no morir decapitadas. Todas decidieron no renunciar a Cristo y entonces fueron separadas de sus familias, azotadas y golpeadas durante diez días para intentar lograr su «conversión» al Islam.

Cita el evangelio

Khiria explica que siempre que le ofrecían apostatar respondía: «Nací cristiana y si eso me lleva a la muerte, prefiero morir como cristiana». La mujer añade citando el evangelio: «Jesús dijo: `Cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que esté en el cielo» (MT 10,33)

La mujer explica que las mujeres eran reunidas frecuentemente como grupo para que se dieran cuenta de cómo habían sido torturadas cada una de ellas. Y asegura que ninguna de ellas capituló: «Todas llorábamos pero rechazamos convertirnos»

Feliz de morir como mártir

En otra ocasión tuvo la oportunidad de hablar con uno de sus captores, que le insistía en convertirse al Islam. Le aseguró que estaría feliz de morir como mártir y además le dijo que no entendía en qué manera su conversión, siendo mujer sin hijos, podía interesar para la expansión del Islam, tal y como era el deseo de los yihadistas.

Finalmente todos los cristianos que se habían negado a convertirse fueron expulsados de Qaraqosh. Khiria pudo ser entrevistada por Sahar Monsur en el campo de refugiados de Ankawa, cerca de la localidad de Irbil. Mansour asegura que la mujer apenas puede dormir por las pesadillas que le viene tras su experiencia.

Covadonga: lecciones de la Historia

El pasado día 05/09/2014 en InfoCatólica, D. Pedro Luis Llera Vázquez, publicaba su artículo “Covadonga: lecciones de la Historia.” Y lo hacía con esta introducción.

“Covadonga nos enseña la lección de un pueblo que no se doblegó ante el Islam invasor  tan civilizado y culto como los yihadistas que hoy cortan cabezas en Irak. Los cristianos optaron por la guerra con tal de defender su fe, su civilización, su cultura y su territorio. Y esa fue una guerra justa.”

El próximo 8 de septiembre celebramos la natividad de la Santísima Virgen María y en Asturias, lo hacemos bajo la advocación de la Virgen de Covadonga: la Santina. Cuando por aquello de las autonomías hubo que decidir cuál sería el día más apropiado para los festejos del Día de Asturias, resultó sencillo hacer coincidir la celebración patriótica con la fiesta de la Santina.

Covadonga

Covadonga es el origen del Reino de Asturias, el primer reino cristiano en hacer frente a la invasión del Islam. Independientemente de que los historiadores tiendan a quitarle importancia a la batalla de Covadonga y a reducirla a una pequeña escaramuza, este episodio bélico tiene el valor mítico de la fundación de una nación. Covadonga representa el triunfo de la cruz frente a la media luna; la defensa de los principios cristianos y de su civilización frente a un Islam invasor que intentó imponer a sangre y fuego – como hoy lo hacen los salvajes del Estado Islámico en Irak – sus creencias, sus leyes y sus tradiciones. Y los asturianos dijimos no. Y la sangre de nuestros antepasados contribuyó a la expulsión de los musulmanes de nuestra tierra. Por algo la Cruz de la Victoria es la bandera de Asturias. Y por algo Asturias es la cuna de España.

La España del siglo VIII era un reino dividido por las luchas intestinas y la corrupción. De hecho, la invasión musulmana apenas contó con resistencia y en pocos años, la ocupación de la Península fue prácticamente total. No parece que los hispano-visigodos estuvieran muy por la labor de hacer frente al dominio islámico.

Han pasado los siglos y la historia parece repetirse: según una encuesta reciente, al parecer sólo el 16 % de los españoles estaría dispuesto a defender España. La corrupción, la división en diecisiete mini-estados, el sectarismo partidista, el desarme moral, la ausencia de principios, el cáncer de los nacionalismos secesionistas… Todo ello pone en peligro el futuro de España.

Claro está que siempre habrá quien se alegre. No faltan en nuestro país los supuestos intelectuales – en realidad gilipollas burgueses pijoprogres – que añoran el Al-Ándalus musulmán. Los pijoprogres de turno no se cansan de predicar las glorias del califato, su ciencia, su cultura y su arte refinado frente a los bárbaros cristianos del Norte. Estos tontos del culo parecen ignorar que sin la Reconquista no existiría la literatura española; ni la pintura de nuestros grandes artistas – Velázquez, Goya, Picasso… No tendríamos la catedral de Burgos ni la Universidad de Salamanca. Tampoco habríamos descubierto América ni habríamos extendido el español por medio mundo ni habríamos evangelizado los territorios conquistados. Añorar Al-Andalus es simplemente una mentecatez de cretinos y traidores. España es lo que es – el mundo es lo que es – porque los cristianos españoles lucharon durante más de setecientos años para liberar nuestras tierras del dominio islámico y de la ley coránica y para extender la cultura española y la fe cristiana por medio mundo. Renegar de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra fe no es otra cosa que una traición a nuestros antepasados, a nuestra patria, a nuestras tradiciones, a nuestra cultura y a nuestra manera de ser en el mundo.

Supongo que los estúpidos que babean con Podemos estarían encantados con una España musulmana: pues que se vayan a Marruecos o a Arabia Saudita. Porque el rojerío patrio babea con el Islam porque ya se sabe que ambos tienen un enemigo común: la cultura cristiana. Ambos odian la Cruz y eso une mucho. Las feministas, que se despelotan en las catedrales y ponen a caer de un burro a los obispos, callan como muertas ante las atrocidades de los ayatolás que imponen el burka a las mujeres; ante la Sharia y la lapidación de las adúlteras, las mutilaciones a los ladrones y la horca a los homosexuales; o ante los yihadistas que cortan cabezas en Irak. Ni una palabra sobre Pakistán, Arabia Saudita, Qatar, Marruecos, Argelia… Los malos son los occidentales, especialmente los Estados Unidos. La cruz les ofende en los colegios o en los hospitales, pero de la barbarie yihadista ni una palabra, ni una manifestación, ni una triste pancarta. Nada.

Claro que en un país donde llevamos años educando a los niños en el desprecio a España y a su historia, en la no violencia gandhiana, en el multiculturalismo y en el pacifismo bobalicón, ¿qué vamos a esperar? Los terroristas islamistas se parten de risa y afilan los cuchillos para cortar cabezas: las nuestras, claro. Al-Qaeda, los ayatolás de la República Islámica de Irán con su programa nuclear, los de Hamás, los asesinos del grupo terrorista del Estado Islámico de Irak y Siria, las teocracias de Arabia… todos ellos estarán encantados de que España vuelva a ser Al-Andalus. Algunos ya han anunciado que en cinco años cuentan con conquistar España y Portugal.

Para un cristiano, el martirio es signo de santidad. Nada hay más glorioso que morir por la fe en Cristo. Pero eso no significa que seamos masoquistas ni suicidas ni cobardes. Frente a la guerra santa del Islam, los cristianos defendemos el concepto de guerra justa. No podemos permanecer de brazos cruzados mientras los asesinos bárbaros decapitan a nuestros hermanos en nombre del Dios del Islam. Cuanto más tiempo tarden las potencias occidentales en reaccionar contra estas bestias, más se crecerán. Resulta oportuno traer aquí el histórico discurso de Benedicto XVI ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de abril de 2008:

«Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que causa un daño real».

La defensa de la dignidad de todo ser humano justifica el uso de los medios jurídicos y, si es preciso, de los medios militares necesarios. Nadie quiere la guerra. No es deseable el uso de las armas porque siembre habrá víctimas inocentes. Pero a veces, no hacer nada es peor. Cuando se quiere imponer el Islam por la fuerza y a base de cortar cabezas, las naciones occidentales tienen el derecho y la obligación de intervenir y poner freno a la barbarie. Si no los hacemos, el terror se extenderá como una mancha de aceite, porque estos no van a dejar de asesinar si no se les para los pies. La paz de quien claudica ante el invasor, ante el traidor o ante el bárbaro terrorista es la paz de los cementerios. Valdría aquí la célebre frase: «es mejor morir de pie que vivir de rodillas».

Todo país tiene el derecho y el deber de defenderse ante el invasor, ante quien pretende la secesión de parte de su territorio saltándose a la torera las leyes o ante quien atenta contra la vida, la libertad y la dignidad de sus ciudadanos. El patriotismo es una virtud. El desprecio a la propia tierra, el secesionismo, la traición, el terrorismo son males que deben combatirse con la ley y con el uso de la fuerza cuando sea preciso. Covadonga nos enseña la lección de un pueblo que no se doblegó ante el Islam invasor – tan civilizado y culto como los yihadistas que hoy cortan cabezas en Irak. Los cristianos optaron por la guerra con tal de defender su fe, su civilización, su cultura y su territorio. Y esa fue una guerra justa. No olvidemos las lecciones de la Historia. Europa no debe abdicar de sus principios, de su cultura, de su civilización. No podemos renunciar a nuestras libertades ni a nuestra dignidad con una actitud cobarde y timorata ante los criminales bárbaros. Civilización o barbarie: esa es la cuestión.

Que la Santísima Virgen María proteja y ampare a nuestros hermanos perseguidos y martirizados y que Nuestro Señor les conceda la gloria a quienes hoy siguen muriendo por su fe.


 

 

Pedro Luis Llera Vázquez