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Archivo de noviembre de 2014

Algo está fallando….. “Evitemos, y no provoquemos, la catástrofe”

El periódico La Rioja, de Logroño, mi ciudad natal, publicó el 11 de noviembre, como la noticia de más resalte en primera plana, el siguiente titular: “Salud lanza una guía anticonceptiva para tratar de evitar que 40 menores sigan abortando cada año en La Rioja. El porcentaje de adolescentes que mantiene su primera relación sexual antes de los 15 años ha pasado del 5% en el año 2004 al 12% en el 2012”. Está claro que o educamos en valores, que es lo que no se quiere hacer, o el desastre será cada día mayor. Se está tratando de apagar un fuego echando gasolina.

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Ya de entrada al hablar del aborto se nos dice: en el 2012 hubo 293 interrupciones voluntarias del embarazo. “El estudio revela además otra clave; en 122 de los 293 casos, la mujer confesó que no había utilizado método anticonceptivo alguno; en otros 8 no constaba; y en otros 11 la paciente aseguró haber usado alguno de los habituales métodos naturales (Ogino etc.), de escasa fiabilidad”.

Si no fuese porque el asunto es muy serio y vivimos cada día la tragedia no sólo de los niños asesinados, sino de las madres que han destrozado su vida, sería para echarse a reír, porque ello supone que usando los métodos seguros, se han producido 293 menos 122 menos 8 menos 11, es decir igual a 152 abortos. Es decir el mayor número de abortos, más de la mitad, se produce gracias a los métodos seguros. Sin comentarios.

En la página 2 y 3 se explican los diversos métodos anticonceptivos, pero de manera muy desafortunada. Por ejemplo, sobre el preservativo masculino dice: “Bastante seguro si se usa de manera correcta, aumenta la seguridad si se usa junto con productos espermicidas. El mejor método frente a las enfermedades de transmisión sexual”.

Sobre este tema diré: si se tienen relaciones sexuales, entonces el uso del preservativo disminuye algo el peligro de embarazo o contagio, aunque no lo elimina ni mucho menos del todo, tanto más cuanto que su empleo exige habilidad, planificación y motivación, cualidades no muy frecuentes entre los adolescentes, que son más bien inmaduros y buscan la satisfacción inmediata, hasta el punto de que muchos no lo utilizan en sus relaciones sexuales esporádicas. Pero incluso usándolos, los riesgos de contagios y la tasa de embarazos son elevados (5-15% al año). Por ello los americanos suelen emplear la expresión “safer sex” (“sexo más seguro”), que no es lo mismo que sexo sin peligro.

Si hay algo que nunca ha sido “safe” (seguro) en la historia de los seres humanos, por cómo nos afecta y sus consecuencias de todo tipo, ese algo es la sexualidad. El sexo seguro no existe. Aconsejar a las personas, especialmente si lo hacen con alguien de alto riesgo, que es seguro tener relaciones genitales usando condones es falso y da un sentido erróneo de seguridad en algo que puede ocasionar enfermedades muy graves a quien lo hace.

Los métodos hormonales se presentan como los métodos anticonceptivos reversibles más eficaces y seguros frente a embarazos no deseados. De la píldora combinada se dice: “Evita la implantación del óvulo”. Es decir estamos ante un método abortivo, pues el óvulo fecundado ya tiene ADN propio; tampoco se dice que el Dispositivo intrauterino (DIU), es también abortivo.

Sobre éste, recibí una carta de una psicóloga que decía:

“En este punto hay que recordar que todo proceso biológico tiene su registro psicológico. La mujer registra en su inconsciente tanto el embarazo cuanto su impedida anidación y posterior pérdida.

“Si es normal en la mujer vivir la menstruación como un fracaso de la procreatividad, si bien en forma inconsciente, por lo cual se registran en un buen porcentaje de microdepresiones, bajadas del estado anímico, mayor sensibilización, cuánto más vivirá como pérdida significativa o duelo la caída de la célula huevo a la que se ha impedido anidar.

“En psicoterapia se observa muchas veces en tratamientos con mujeres que van bien en su proceso terapéutico, que de pronto éstas manifiestan una significativa caída anímica. Estos microduelos o pequeñas depresiones aparentemente sin motivo tenían a los terapeutas desconcertados hasta que se comenzó a interrogar qué método anticonceptivo usaban, la fecha de la última menstruación etc., siendo en su casi totalidad el método utilizado el DIU, pues la mujer registra su aborto y ello le provoca un daño psíquico.

“Además, la presencia constante de un elemento extraño en el interior del propio cuerpo, en el centro de la gestación, tan central en la constitución del ser de la mujer, inclinada por su misma naturaleza a la vida, a darla y a cuidarla, a alojarla y a protegerla, le genera una contradicción vital que le provoca una tensión, una irritación difusa constante, un subterráneo enojo con la pareja, un sentimiento de culpa y muchas veces depresión. Esto le provoca un rechazo del matrimonio que parece colocarla en una situación de objeto para un uso determinado, en favor del cual, como objeto, debe clausurar mecánicamente parte de su dinámica biológica, no teniendo en cuenta la unidad de su ser y que lo biológico y lo psicológico no pueden ir cada uno por su lado, con una dinámica totalmente separada.
Por lo dicho, porque el ser humano es una unidad, esto ocasiona también no pocos problemas físicos: dolor, hemorragias, contracciones (el útero quiere expulsar el cuerpo extraño) y hasta infecciones” (I. Moreira, psicóloga).

El gran problema de nuestra Sanidad es que son unos perfectos amorales, que ni siquiera se les ocurre hablar a nuestros jóvenes de que la castidad y la fidelidad son la mejor prevención, cosa que hemos de hacer porque creemos que, especialmente en la vida sexual, la libertad y la responsabilidad no sólo son posibles, sino que son la base de la dignidad humana. Más que hablar a nuestros jóvenes del sexo libre o seguro, es preferible educar a nuestros jóvenes a que sepan ser responsables en estas cuestiones, lo mismo que les pedimos responsabilidad en lo referente a las bebidas, las drogas o el tráfico. No es suficiente informar al adolescente y al joven, hay que acompañarle y ayudarle, para que efectivamente pueda ser una persona libre, que es la que es capaz de mandar en sí misma. La verdadera solución no está en la precaución del preservativo, sino en una auténtica educación sexual que fortalezca la voluntad y haga posible una conducta adecuada.

Ahora bien, dado que hay personas que son incapaces de continencia y fidelidad, para ellos parece conveniente, aunque sea siempre una conducta inmoral, que diminuyan en lo posible riesgos de embarazo o de enfermedad. A los que así actúan recordémosles que si no son castos, por lo menos no sean tontos, siendo para estos casos la fórmula abstinencia, fidelidad (be faithful en inglés) y condón (lo que suele llamarse fórmula ABC), el consejo de los especialistas y de la Organización Mundial de la Salud. De estas tres la abstinencia es la única absolutamente segura, la fidelidad monogámica debiera serlo también, pero puede haber sorpresas con el comportamiento del otro, y el condón disminuye algo los riesgos, pero no garantiza nada.

Enlace a la portada del Diario La Rioja  http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx?noredirect=true

 

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mons. D. Celso Morga Iruzubieta, nuevo arzobispo-coadjutor de Mérida-Badajoz.

La Nunciatura Apostólica en España comunicaba a la Conferencia Episcopal Española (CEE) que a las 12,00 horas del miércoles 8 de octubre, que la Santa Sede hacía público que el Papa Francisco había nombrado arzobispo-coadjutor de Mérida-Badajoz a nuestro paisano y querido Mons. D. Celso Morga Iruzubieta, actualmente y hasta ese momento, secretario de la Congregación para el Clero en Roma.

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Nació en Huercanos, (La Rioja) el 28 de Enero de 1948.

 

Cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Logroño, tras los cuales fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972 por el Obispo Diocesano Don Abilio del Campo y de la Barcena.

 

Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978 con la tesis La predicación y la catequesis en los Sínodos de Calahorra-La Calzada y Logroño.

 

Regentó las parroquias de Anguiano y Viguera y en 1974 fue nombra vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano.

 

Entre 1980 y 1984 cruzó el “Charco” e impartió clases de su especialidad en el Seminario Archidiocesano de Córdoba (Argentina), al mismo tiempo que actuaba de juez en el tribunal eclesiástico de aquella diócesis y como capellán en un colegio religioso.

 

De regreso a España, desde 1984 hasta 1987 estuvo encargado de la parroquia de San Miguel de Logroño y al mismo tiempo fue juez del Tibunal Eclesiástico Diocesano.

 

A partir de este último año, cambió su vida por completo al ser llamado por San Juan Pablo II a Roma, donde desarrolló su actividad como jefe de sección y subsecretario en la Congregación para el Clero, dicasterio del que fue nombrado secretario, y para lo cual fue nombrado por el papa Benedicto XVI arzobispo titular de Alba Marítima y consagrado obispo por el mismo papa el 5 de febrero de 2011 en la Basílica de San Pedro.

 

Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga, ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en l’Osservatore Romano y otras revistas.

 

Desde el 8 de octubre, fue nombrado arzobispo coadjutor de Mérida Badajoz por el papa Francisco.

 

Al Buen Pastor le llegó su hora y su momento. Monseñor Celso Morga será presentado hoy  sábado 15 de noviembre como Arzobispo Coadjutor de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en una ceremonia litúrgica que tendrá lugar a las doce del mediodía en la Concatedral de Santa María La Mayor de Mérida y que será presidida por el todavía Arzobispo de la Archidiócesis Monseñor Santiago García Aracil.

 

A la Santa Misa acudirá todo el Cabildo Catedralicio e invitados de las fuerzas políticas y sociales de Extremadura y numerosos paisanos, tanto de su pueblo natal Huércanos, como de toda la Rioja entera, encabezados por nuestro Obispo Diocesano D. Juan José Omella Omella.

 

Monseñor Santiago García Aracil, no desea que el acto se convierta en una despedida, por lo que recibirá al nuevo Arzobispo Coadjutor con alegría y deseándole una buena labor pastoral hasta mayo de 2015, fecha en la cual don Santiago tendrá que dejar sus responsabilidades ministeriales al haber llegado a la edad de jubilación y una vez presente su renuncia al Papa Francisco, trámite que será casi inmediato.

 

Monseñor Celso ha dicho: “Vengo con el deseo de trabajar pastoralmente en plena comunión de intención y de afecto con nuestro querido Papa Francisco, que ha tenido la bondad de confiar en mi pobre persona como Arzobispo Coadjutor y en plena Comunión eclesial con nuestro querido Arzobispo Monseñor Santiago García Aracil”, escribiría en su carta de presentación a los extremeños. En esa misma carta, dijo venir con las manos llenas de “buenos deseos, con una gran voluntad de serviros y hacer el bien entre vosotros como imagen de Cristo Buen Pastor”.

 

Monseñor Celso Morga Iruzubieta pertenece al Opus Dei, circunstancia que ha sido muy bien recibida en Mérida, ya que en la capital extremeña la Obra que fundara San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, con la ayuda del Beato Álvaro del Portillo, cuenta con un nutrido grupo de fieles que desarrollan importantes obras espirituales, sociales y benéficas.

Festividad de la Dedicación de la Basílica de Letrán.

Hoy, Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, es la Dedicación de la Basílica de El Salvador, también llamada de San Juan de Letrán. Ella es la catedral del Papa en la que, al tomar posesión, se muestra como Pastor de Roma y de la Iglesia Universal. El nombre de Letrán se debe al palacio que allí tenían los Laterani, a quienes la autoridad imperial confiscó sus bienes, pasando estos a la esposa de Constantino. Esta festividad de la Dedicación de la Basílica de Letrán sustituye al Domingo 32 del Tiempo Ordinario y a todos sus formularios.

Basílica de Letrán.

También dice la historia que este Emperador contrajo la lepra y, al ser curado por San Silvestre, entrega los terrenos para construir una gran Basílica que también se llama “constantiniana”.

¿Porqué el título de Basílica?

Basílica significa: “Casa del Rey”.

En la Iglesia Católica se le da el nombre de Basílica a ciertos templos más famosos que los demás. Solamente se puede llamar Basílica a aquellos templos a los cuales el Sumo Pontífice les concede ese honor especial.

La primera Basílica que hubo en la religión Católica fue la de Letrán, cuya consagración celebramos en este día, y que el Papa San Silvestro convirtió en templo y consagró el 9 de noviembre del año 324.

Esta basílica es la Catedral del Papa y como decimos, la más antigua de todas las basílicas de la Iglesia Católica. En su frontis tiene esta leyenda: “Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo”.

Se le llama Basílica del Divino Salvador, porque cuando fue nuevamente consagrada, en el año 787, una imagen del Divino Salvador, al ser golpeada por un judío, derramó sangre. En recuerdo de ese hecho se le puso ese nuevo nombre.

Se llama también Basílica de San Juan (de Letrán) porque tienen dos capillas dedicadas la una a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista, y era atendida por los sacerdotes de la parroquia de San Juan.

La Basílica de Letrán ha sido sumamente venerada durante muchos siglos. Y aunque ha sido destruida por varios incendios, ha sido reconstruida de nuevo, y la construcción actual es muy hermosa.

San Agustín recomienda: “Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo San Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos. Así vivirá contento el Espíritu Santo en nuestra alma”.

 

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La Archibasílica de San Juan de Letrán es la primera basílica de la cristiandad, mandada a construir por el emperador Constantino el Grande para servir como sede de los obispos de Roma.

Su nombre oficial es Catedral Papal y Archibasílica Patriarcal Mayor y Arciprestal del Santísimo Salvador y de los Santos Juan Bautista y Evangelista en Letrán, pero es más conocida como la Archibasílica de San Juan de Letrán o simplemente la Basílica de Letrán. Su nombre corresponde, en primer lugar, a su dedicación inicial a Cristo Salvador, ocurrida en tiempos del emperador Constantino el Grande, con la intención de servir como sede del obispo de Roma, como ocurrió hasta el siglo XIV.

Su ubicación, cercana al Monte Celio, correspondía a las antiguas tierras de una noble familia romana, conocida como los Laterani, castellanizado en Letrán. El antiguo palacio, ubicado debajo de la actual basílica, fue confiscado a Plautio Laterani, cónsul romano del siglo I, tras haber conspirado contra Nerón. Tras su condena a muerte, sus bienes pasaron a la Hacienda Imperial.

A inicios del siglo III, las tierras y el palacio eran utilizadas por el emperador de Septimio Severo como cuartel para su guardia personal, formada por un grupo de caballeros de élite, que en las tierras de los Laterani construyeron un gran complejo militar conocido como el Castra Nova Equitum Singularium. Tras la construcción de la castra, o fortaleza, Septimio Severo decidió devolver parte de los bienes confiscados a Tito Sextio Laterani, descendiente de los antiguos dueños de dichas tierras.

Posiblemente heredera de Tito Sextio Laterani, las tierras terminaron por el siglo IV en manos de Fausta, mujer del emperador Constantino. Tras la victoria milagrosa del emperador sobre Majencio en la Batalla de Puente Milvio, promulga el Edicto de Milán del año 313, en el cual el emperador reconoce la libertad de culto, cesando oficialmente las persecuciones cristianas. De vuelta a Roma, Constantino busca ofrecer un lugar para que los cristianos pudiesen practicar su Fe, así como su liturgia.

La Castra Nova Equitum Singularium, había sido parte de la dote de Fausta, mujer de Constantino, junto a otras tierras de los Laterani, pero el emperador había decidido disolver el cuerpo de caballeros que conformaban la guardia imperial (debido a su lealtad a Majencio), y ordena la construcción de una iglesia para los cristianos, Fe a la que él mismo se había ya acercado.

En el año 324, la construcción fue finalizada y pudo ser consagrada por el Papa Silvestre I, dedicándola al Santísimo Salvador. En el siglo IX, el Papa Sergio III decide dedicarla también a San Juan Bautista, mientras que en el siglo XII, el Papa Lucio II añadió a San Juan Evangelista a los patrones de la basílica, construyendo importantes capillas para cada uno.

Basílica de Letrán

Durante siglos, la Basílica de Letrán fue la única sede del papado, siendo considerada hasta nuestros días como la verdadera catedral del obispo de Roma. Desde el siglo IV hasta el siglo XIV, la sede petrina de Letrán fue ininterrumpida, hasta que fue necesario el traslado de los papas a Aviñón.

Junto a la basílica, permanecía un antiguo palacio que fue residencia de los papas hasta la edad media.

Durante esos mil años, la Basílica de Letrán vivió una intensa historia, ya fuera por los cinco concilios ecuménicos que en ella se celebraron, como por los saqueos de Alarico y Genserico en el siglo V, los añadidos románicos, las vidrieras góticas, los frescos de Giotto, así como las reconstrucciones barrocas de Sixto V, que conllevaron la demolición de gran parte de su estructura original y posteriores añadidos.

 

Cuando el papa Gregorio XI decide volver a Roma desde Aviñón, la Basílica de San Juan de Letrán se encontraba en pésimas condiciones, con lo que fue necesario trasladarse a la Colina Vaticana, donde se pretendía establecer una sede temporal hasta la renovación de Letrán. Sin embargo, las condiciones políticas del momento hicieron que los papas quisieran fortalecer su posición como sucesores del apóstol San Pedro, lo que les hizo permanecer en las cercanías de su antiguo enterramiento.

En el siglo XVI, el saqueo de Roma obligó al Papa Pablo III a demoler el patriarcado y el baptisterio de la Basílica. Pío IV reconstruyó el techo destruido, y Sixto V construyó el Palacio Apostólico Lateranense (sede del Vicariato de Roma). La fachada actual de la Basílica, no fue finalizada hasta el siglo XVIII, cumpliéndose las obras según los planos de Alessandro Galilei.

La Basílica de San Juan de Letrán, es aún un símbolo de Roma y de la sede pontifical. Por sus paredes corren más de mil quinientos años de historia de la cristiandad, reflejando en su edificio los cambios de la Iglesia, así como los acontecimientos más importantes del pontificado.

Todos los Fieles Difuntos

La Festividad de Todos los Fieles Difuntos, popularmente llamada día de Muertos o día de difuntos, que tiene lugar el día 2 de noviembre, es el día designado por la Iglesia Católica Romana para honrar y rezar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

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En el día anterior, conmemoración de Todos los Santos, nuestros cementerios rebosan de multitud de personas que visitan las tumbas y nichos equivocadamente o por comodidad, pero el significado es el mismo. Nuestro recuerdo y nuestro corazón se llenan de la memoria, de la oración, ofrendas agradecidas y emocionadas a nuestros familiares y amigos difuntos.

La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma”.

San Gregorio Magno afirma: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo.

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: “Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio”. Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se popularizó mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

A San Agustín, le hicieron ésta pregunta: ¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?, y la respuesta de San Agustín fue: “Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que en la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él”.

Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo, nada manchado puede entrar en el Cielo; por lo cual, quienes no sean perfectos deberán purificarse antes de ser admitidos en la presencia de Dios. La Iglesia enseña la existencia del Purgatorio, en donde las almas de los justos que mueren con mancha de pecado se purifican expiando sus faltas antes de ser admitidas en el Cielo. Entre tanto pueden recibir ayuda de los fieles que viven en la tierra. Es decir, por nosotros.

Almas de los justos son aquellas que en el momento de separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en estado de gracia santificante y por eso tiene derecho a entrar en la Gloria. El juicio particular les fue favorable pero necesitan quedar plenamente limpias de las manchas del pecado para poder ver a Dios “cara a cara”.

“Manchas de pecado” quiere decir el castigo temporal que es debido por los pecados mortales o los veniales, ya perdonados en cuanto a la culpa, pero que en la hora de la muerte no están totalmente libres de castigo correspondiente a la culpa. “Manchas de pecado” puede referirse también a los pecados veniales que, al morir, no habían sido perdonados ni en cuanto a la culpa ni en cuanto a la pena. La Iglesia entiende por Purgatorio el estado o condición bajo el cual los fieles difuntos están sometidos a purificación.

La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia. El texto de 2 Macabeos 12,46, da por supuesto que existe una purificación después de la muerte. Asimismo, las palabras de nuestro Señor: “El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo ni en el otro” (Mt 12,32). Se llega a semejante conclusión en el texto de 1 Corintios 3, 11-15.

En la Iglesia católica la práctica de rezar por las benditas almas del Purgatorio está basada sobre la fe en la Comunión de los Santos. Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Si nos fijamos en las oraciones litúrgicas de la Iglesia vemos claramente que se invoca con frecuencia a los Ángeles y a los Santos en favor de la Iglesia sufriente o Purgatorio, pero siempre para que intercedan por ella. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.

El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: “Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en gloria celeste o que aun están purificándose después de la muerte”.

Aunque no sea doctrina definida, se mantiene como doctrina común que sufrimiento mayor del Purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatifica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del Infierno. Es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. La aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Es probable que las penas del Purgatorio van disminuyendo gradualmente de manera que en las etapas finales no podemos comparar los sufrimientos de este mundo con los que padece un alma próxima a la visión de Dios. Pero las almas experimentan también inmensa alegría espiritual. Están totalmente ciertas de su salvación. Tiene fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia y sin poder ofenderle.

Aunque las almas en el Purgatorio no pueden merecer, sin embargo pueden orar y obtener el fruto de la oración. El poder de su oración depende del grado de santidad. Es cierto que pueden orar por los que viven en la tierra.

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Por la Comunión de los Santos entendemos que están unidas a la Iglesia militante. Debemos animarnos a invocar su ayuda con la confianza de que ellas nos escuchan. Entienden perfectamente nuestras necesidades, por que las experimentaron y porque están agradecidas a las oraciones, sacrificios y santas Misas que ofrecemos por ellas.

Ayer, día de Todos los Santos, al ser día festivo y no laboral, fueron multitud las personas que fueron y vinieron a los cementerios que estuvieron durante todo el día llenos. En los alrededores se ponen puestos de flores con cantidad de ofrecimientos para adornar por fuera las tumbas y nichos de los seres queridos. Debiera ser hoy ese día que dedicamos a nuestros difuntos en vez de ayer, que la Iglesia lo dedica a TODOS LOS SANTO. Por equivocación, comodidad u otras razones  hemos trasladado voluntariamente a esta festividad, el recuerdo y oraciones a nuestros fieles difuntos.

En todas las tumbas, se puede leer RIP como oración que indica deseo vehemente y afirmación. A los cristianos, éste fonema formado por las iniciales de Requiescat in pace en latín, descanse en paz en castellano, nos suena a oración con tintes de esperanza al recordar lo bueno realizado en vida por el muerto y teniendo muy presente lo mucho que abarca la misericordia de Dios. Los no creyente, solo les suena a voz hueca expresiva de la quietud del muerto, del profundo silencio del cementerio considerado como su última morada y juzgando la separación pretérita como una pérdida irreparable.

La muerte es, sin duda, alguna la realidad más dolorosa, más misteriosa y, a la vez, más insoslayable de la condición humana. Como afirmara un célebre filósofo alemán del siglo XX, “el hombre es un ser para la muerte”. Sin embargo, desde la fe cristiana, el fatalismo y pesimismo de esta afirmación existencialista y real, se ilumina y se llena de sentido. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no sólo ha asumido la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la ha transcendido, la ha vencido. Ha dado la respuesta que esperaban y siguen esperando los siglos y la humanidad entera a la nuestra condición pasajera y caduca. La muerte ya no es final del camino. No vivimos para morir, sino que la muerte es la llave de la vida eterna, el clamor más profundo y definitivo del hombre de todas las épocas, que lleva en lo más profundo de su corazón el anhelo de la inmortalidad.

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En el Evangelio y en todo el Nuevo Testamento, encontramos la luz y la respuesta a la muerte. Las vidas de los santos y su presencia tan viva y tan real entre nosotros, a pesar de haber fallecido, corroboran este dogma central del cristianismo que es la resurrección de la carne y la vida del mundo futuro, a imagen de Jesucristo, muerto y resucitado.

Si el día anterior recordábamos la fiesta de todos los Santos, es decir los que ya gozan del Señor, al siguiente día, recordamos a los que se purifican en el purgatorio antes de su entrada en la gloria.

Bienaventurados los que mueren en el Señor, nos recuerda el Apocalipsis. Y añade: Nada manchado puede entrar en el cielo.

Si llamamos Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo, la Iglesia se divide en tres grupos:

  • Iglesia triunfante. Los que ya se salvaron y están en el cielo.
  • Iglesia militante. Los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal y el pecado.
  • Iglesia sufriente. Los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

¿Pero qué es el purgatorio?

Es la mansión temporal de los que murieron en gracia, hasta purificarse totalmente. Es el noviciado de la visión de Dios. Es el lugar donde se pulen las piedras de la Jerusalén celestial. Es el lazareto en que el pasajero contaminado se detiene ante el puerto, para poder curarse y entrar en la patria.

 

Pero en el purgatorio hay alegría. Y hay alegría, porque hay esperanza. Del lado que caiga el árbol, así quedará para siempre, dice un sabio refrán. Y en el purgatorio sólo están los salvados. En la puerta del infierno escribió Dante: «Dejad toda esperanza los que entráis». En la del purgatorio vio Santa Francisca Romana: «Esta es la mansión de la esperanza».

Es una esperanza con dolor: el fuego purificador. Pero es un dolor aminorado por la esperanza. El lingote de oro es arrojado al fuego para que se desprendan las escorias. Así hay que arrancar las escorias del alma, para que, como un vaso perfecto, pueda presentarse en la mesa del rey.

La ausencia del amado es un cruel martirio, pues el anhelo de todo amante es la visión, la presencia y la posesión. Si las almas santas ya sufrieron esta ausencia en la tierra -«que muero porque no muero», clama Santa Teresa-, mucho mayor será el hambre y sed y fiebre de Dios que sientan las almas ya liberadas de las ataduras corporales.

Las almas del purgatorio ya no pueden merecer. Pero Dios nos ha concedido a nosotros el poder maravilloso de aliviar sus penas, de acelerar su entrada en el paraíso. Así se realiza por el dogma consolador de la comunión de los santos, por la relación e interdependencia de todos los fieles de Cristo, los que están en la tierra, en el cielo o en el purgatorio. Con nuestras buenas obras y oraciones -nuestros pequeños méritos podemos aplicar a los difuntos los méritos infinitos de Cristo.

Ya en el Antiguo Testamento, en el segundo libro de los Macabeos, vemos a Judas enviando una colecta a Jerusalén para ofrecerla como expiación por los muertos en la batalla. Pues, dice el autor sagrado, es una idea piadosa y santa rezar por los muertos para que sean liberados del pecado.

Los paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas en honor de los difuntos.

Nosotros debemos hacer más. «Un cristiano, dice San Ambrosio, tiene mejores presentes. Cubrid de rosas, si queréis, los mausoleos, pero envolvedlos, sobre todo, en aromas de oraciones».

De este modo, la muerte cristiana, unida a la de Cristo, tiene un aspecto pascual: es el tránsito de la vida terrena a la vida eterna. Por eso, a lo que los paganos llamaban necrópolis -ciudad de los muertos- los cristianos llamamos cementerio -dormitorio o lugar de reposo transitorio-. Así se entiende que San Francisco de Asís pudiese saludar alegremente a la descarnada visitante: «Bienvenida sea mi hermana la muerte». Y con más pasión aún Santa Teresa: «¡Ah, Jesús mío! Ya es hora de que nos veamos».

Este es el sentido de la Conmemoración de los fieles difuntos. Como Conmemoración litúrgica solemne, la estableció San Odilón, abad de Cluny, para toda la Orden benedictina. Las gentes recibieron con gusto la iniciativa. Roma la adoptó y se extendió por toda la cristiandad.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, que es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo, dice cinco cosas acerca del Purgatorio:

Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma.

  1. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: “La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego”. (1Cor. 3, 14).
  2. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2Mac. 12, 46).
  3. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma”.
  4. San Gregorio Magno afirma: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso”.

Recordemos y recemos por nuestros familiares más allegados, por nuestros amigos y por todos nuestros “HERMANOS” en la Fe.