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Archivo de diciembre de 2014

Feliz Año Nuevo

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Desde LOGRONOPASION.COM les deseamos una feliz salida de año y una inmejorable entrada del año nuevo 2015.

logronopasion.com

Hoy la Paz bajo del Cielo

Niño Jesús
Hoy la Paz bajo del Cielo
Hoy brilla una nueva Luz
Un niño nos ha nacido
Un Hijo se nos ha dado
Canta el Cielo con los hombres
la salvación de nuestro Dios.

Hosanna en el Cielo, hosanna al Señor

El nacimiento de Jesús es motivo de celebración. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. El mismo ángel, catalogó el evento como “nuevas de gran gozo para todo el pueblo” y a raíz del alumbramiento, una multitud de ángeles alababan a Dios en clara actitud de celebración.

Habrá gente que no celebrará este nacimiento y otros que pongan en duda tanto la fecha como el año, criticando la celebración de la Navidad y en parte llevan razón. La sociedad actual ha llevado ésta celebración a los límites del paganismo. Todo se reduce a fiesta, comilonas, gasto desmesurado, regalos, etc., mientras hay muchas personas alrededor nuestro pasando muchas dificultades tanto económicas como personas que han llevado a desvirtuar estas fechas, días de amor, de paz y de hermandad.

Los Cristianos y el mundo entero debemos celebrar, no la Navidad, sino la Natividad de Cristo. . .¡Y por supuesto, todos los días! Lo importante no es la fecha, sino la conmemoración de un hecho trascendental: el nacimiento de Jesús Cristo, el Salvador, el Ungido, que vino como Cordero de Gloria para perdón de nuestros pecados, y para que todo aquél que crea en Él, no se pierda más y tenga vida eterna (Juan 3:16).

Dios prometió (Génesis 3:15) su “Herencia”, la que confirmó en Isaías 9:6 nombrándolo entre otros hermosísimos títulos, “Príncipe de Paz”, y realizándose miles de años después en el nacimiento de Cristo Jesús relatado en los evangelios, especialmente, en Mateo y Lucas.

Los hijos de Dios, somos sus herederos y coherederos con Cristo. Pero, ¿herederos y coherederos de qué? Bueno, si Cristo es considerado y llamado Príncipe, Su Padre es el Rey, y como tal, tiene un reino. Un reino de paz y justicia con gozo en el Espíritu Santo. Si Cristo es Príncipe de Paz, y la herencia de Dios para nosotros, también nosotros hemos heredado su reino. Y no para el futuro, para ahora mismo. Esto es precisamente, lo que debemos celebrar en la Navidad, la venida de ese Reino a través de la Natividad del Hijo de Dios, Príncipe de Paz, Él trajo la paz al mundo a través de la paz del perdón.

¿Pero es correcta la fecha y el año del nacimiento de Jesús?

Los primeros cristianos no parece que celebrasen su “cumpleaños”. Celebraban su “dies natalis”, el día de su entrada en la patria definitiva, como participación en la salvación obrada por Jesús al vencer a la muerte con su pasión gloriosa. Recuerdan con precisión el día de la glorificación de Jesús, el 14/15 de Nisán, pero no la fecha de su nacimiento, de la que nada nos dicen los datos evangélicos.

Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre la fecha del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico “filocaliano” del año 354.

“Ian. natus Christus in Betleem Iudeae” que traducido dice: “El 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”. A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.

Es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento.

Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día, porque  a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el “dies natalis Solis invicti”, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año. Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.). Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución. Es posible, no obstante, que con el transcurso del tiempo la fiesta cristiana fuera asimilando la fiesta pagana.

Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.

La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí. Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán. El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz. Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).

Actualmente, los más serios estudiosos y eruditos de la Biblia coinciden en que Jesús no nació el 25 de Diciembre como la tradición cristiana decimos. ¿Por qué? Es sencillo.

Porque los pastores tenían a sus rebaños fuera, en el campo, lo que implica que esto sucedió antes de Octubre. Y asimismo hay que tener en cuenta de que la razón del peregrinaje de José y su esposa embarazada, María, fue para ser censado. Ningún administrador romano que se respetara, hubiera requerido hacer un censo que implicara el viajar por Judea en la temporada en que ésta era intransitable.

¿Quién decidió entonces que Diciembre 25 fuera la fecha de nacimiento oficial de Jesús?

La primera mención del día 25 de diciembre registrada es la del Calendario de Filócalo  quien asumió que el cumplimiento de Jesús fue el Viernes 25 de Diciembre del año primero de la Era Cristiana.

El 25 de Diciembre fue oficialmente proclamada por los padres de la iglesia en el año 440 DC, como un sincretismo entre la religión del entonces Imperio Romano y la tradición del día festivo de la Saturnalia, la que se observaba cerca del solsticio de invierno, que era una de las muchas tradiciones paganas heredadas del sacerdocio babilónico.

Entonces, ¿cuándo es exactamente cuando nace Jesús? A pesar de que la Biblia no identifica específicamente la fecha de nacimiento de nuestro Señor, muchos eruditos han desarrollado diversas opiniones, sobre cual pudiera ser la fecha más probable del nacimiento de Jesús.

El año del Nacimiento de Jesús.

Por el otro lado, el año en que Jesús nació es ampliamente aceptado como válido en el año 4 A.C., debido a las conclusiones erróneas derivadas de la datación que Josefo diera a un eclipse que se supone tuvo lugar en Marzo 13 A.C. “poco antes de la muerte de Herodes”. Hay varios problemas con esta aseveración además de que este eclipse con toda probabilidad tuvo lugar en Diciembre 29, año 1 A.C.

Esto es un considerable lapso de tiempo transcurrido entre el nacimiento de Jesús y la muerte de Herodes, dado que la familia escapó a Egipto huyendo del edicto de Herodes y no regresó sino después de la muerte de éste.

Pero hay más hechos: Tertuliano, nacido cerca del año 160 DC, declara que Augusto comenzó a gobernar 41 años antes del nacimiento de Jesús y que murió 15 años después de ese evento. Si Augusto murió el 19 de Agosto del año 14 D.C, hay que situar entonces el nacimiento de Jesús en el año 2 A.C. Además, igualmente Tertuliano hace notar que Jesús nació 28 años después de la muerte de Cleopatra, en el año 30 A.C, lo que es coincidente con la fecha del año 2 A.C.

Otro hecho es el de Irineo, que nació aproximadamente un siglo después de Jesús, y también comenta que el Señor nació en el año 41 del reinado de Augusto. Como Augusto inició su reinado en el otoño del año 43 A.C, esto también apoya al año 2 A.C como la fecha del nacimiento de Jesús.

Más hechos. Eusebio (264-340 D.C), el “Padre de la Historia de la Iglesia”, la describe en el año 24 del reinado de Augusto y el 28 a partir del sometimiento de Egipto a la muerte de Marco Antonio y Cleopatra. Para comprender esto, debemos tomar en cuenta que el año 42 del reinado de Augusto comienza a correr desde el otoño del año 2 A.C hasta el otoño del año 1 A.C. El sometimiento de Egipto por el Imperio Romano ocurrió en el otoño del año 30 D.C. Así, si el 28avo año se extiende del otoño del año 3 al otoño del año 2 A.C, la única fecha que se ajustaría a esto sería el otoño del año 2 A.C.

Juan el Bautista.

Otra forma de determinar la fecha del nacimiento de Jesús es obtenerla ó calcularla, de la información acerca de Juan el Bautista. Santa Isabel, la madre de Juan, era prima de María y la esposa de un sacerdote llamado Zacarías, quien era de la “clase” de Abías. Los sacerdotes eran divididos en 24 clases y cada clase o turno, oficiaba en el Templo por una semana, de Sabbat  “el Sábado judío” a Sabbat.)

Cuando el Templo fue destruido por Tito el 5 de Agosto del año 70 D.C, la primera clase de sacerdotes acababa de comenzar su servicio. Y dado que el curso de Abías era el octavo, podemos rastrear hacia atrás y determinar que Zacarías terminó su servicio el 13 de Julio del año 3 A.C.

Si el nacimiento de Juan se efectuó 280 días después, debió haber sucedido entre el 19 y el 20 de Abril del año 2 A.C, precisamente para la Pascua de ese año. El nacimiento de Juan y el de Jesús estuvieron separados por 5 meses. Por lo tanto, de nuevo tenemos como resultado el otoño del año 2 D.C. como fecha probable del nacimiento del Divino Maestro. Más datos sobre ello se pueden sonsacar desde Juan el Bautista pues  cuando  inicia su misión, era el año 15 de César Tiberio. La edad mínima para un ministerio de este orden eran los 30 años. Sabiendo que Augusto murió el 19 de Agosto del año 14 D.C, entonces podemos aseverar que ese año ascendió al poder Tiberio.

Si Juan nació el 19 o 20 de Abril del año 2 A.C, su trigésimo cumpleaños debió haber sido el 19 o 20 de Abril del año 29 D.C, es decir, el año 15 de Tiberio. Esto parece confirmar por sí mismo, la fecha del 2 A.C y como Juan era mayor a Jesús por 5 meses, esto confirma también a otoño como la época del nacimiento de éste último.

El que Juan presentara a Jesús repetidamente como el “Cordero de Dios” resulta interesante dado que Juan fue nacido en la Pascua.

La fecha exacta.

Santa Isabel se recluyó por cinco meses y entonces el Arcangel Gabriel anuncia a María, tanto la condición de Isabel así como que María daría a luz un hijo que se llamaría Jesús. María fue “de prisa” a visitar a Isabel, quien se encontraba en ese momento en la primera semana de su 6o mes de embarazo, en la 4a semana de Diciembre del año 3 A.C. Si Jesús nació 280 días después, esto sitúa su nacimiento el 29 de septiembre,  año 2 A.C.

Jesús no nació pues por todo lo descrito anteriormente el 25 de diciembre del año 1 antes de Cristo, como la lógica de nuestro calendario nos hace pensar. En realidad, todo parece indicar que lo hizo entre el 6 y el 4 A.C., siendo este último año el más probable y el más aceptado entre los historiadores.

Un análisis de los datos de los que se dispone debe comenzar por la lectura de los textos sagrados de la Biblia. En primer lugar, San Mateo dejó escrito: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él”. (Mateo, 2. 1-3).

Por su parte, San Lucas que al parecer recibió la información directamente de María, escribió: “Por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, mandando empadronar a todo el mundo. Este fue el primer empadronamiento hecho por Cirino, que después fue gobernador de la Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. José, pues, como era de la casa y familia de David, vino desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea” (Lucas, 2. 1-8).

Si se presta atención y se otorga credibilidad a la información legada por los apóstoles, se llega a la conclusión de que Jesús nació durante el reinado de Herodes en Israel, mientras Cirino era gobernador de Siria. Además, en esas fechas se estaba realizando un censo de población por orden de Augusto César.

La pista de Herodes.

Los historiadores modernos dan por cierto que Herodes el Grande, rey de Judea, nació en el año 73 A.C. y murió después de un eclipse de Luna que pudo contemplarse desde Jericó, antes de la Pascua Judía. Se sabe que se produjo un eclipse de esas características en el mes de marzo del 4 A.C. Por lo tanto, Jesús nunca pudo nacer más tarde de esa fecha.

También San Mateo escribió que “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.” (Mateo, 2. 16)

Si de nuevo se concede credibilidad a la cita, los datos anteriores quedan parcialmente confirmados, puesto que Jesús no contaría más de dos años cuando Herodes ordenó la matanza, lo que conduce a situar la horquilla temporal entre los años 7 y 5 A.C.

Por otro lado, Augusto César ordenó realizar censos con carácter tributario en tres ocasiones durante sus cuatro décadas de gobierno, en los años 28 A.C., 8 A.C. y 14 D.C., respectivamente. Además, Cirino (Quirinius por su nombre romano) desempeñó cargos de responsabilidad desde los años 6 y 5 A.C., de manera que las pistas dejadas por San Lucas también limitan el tiempo entre el 8 A.C. y el 5 A.C.

El calendario de Dionisio.

El principal responsable del calendario que hoy utilizamos fue Dionisio el Exiguo, un monje y astrónomo del siglo VI D.C. Dionisio propuso al obispo Petronio sustituir el calendario romano, basado en los años transcurridos desde la fundación de Roma, por otro cristiano que tomara como origen el nacimiento de Jesús.

Para ello, se basó en una tabla en la que apareciesen los emperadores romanos, contando los años que habían gobernado cada uno de ellos. Aunque el método era correcto, el astrónomo se equivocó en dos cosas: primero, marcó el año del nacimiento de Jesucristo como el año 1 sin tener en cuenta el número cero.

Y segundo, no contabilizó los cuatro años que Augusto César había gobernado con su verdadero nombre, Octavio. Por consiguiente, se deduce una diferencia de cinco años. Así, y según nuestro actual calendario Jesús habría nacido el 5 A.C.

La fecha del 25 de diciembre.

Como se está diciendo, tampoco el día del año en el que se conmemora el nacimiento del Mesías, 25 de diciembre, parece que sea el correcto. Este día fue declarado oficialmente como el de la Navidad por el Papa Julio I en el siglo IV, concretamente en el año 350. La fecha no fue fruto del azar, sino del deseo de la Iglesia de apropiarse de la fiesta pagana que celebraba entonces el alargamiento del día frente a la noche invernal, la victoria de la luz sobre las tinieblas. Es por lo tanto, una fecha arbitraria.

Pero, entonces, ¿qué día pudo nacer Jesús en realidad? Resulta difícil de concretar, aunque San Lucas da alguna pista en su evangelio cuando dice que los pastores “dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño“. En Judea, los pastores y el ganado no podían pasar la noche al aire libre entre noviembre y febrero puesto que las bajas temperaturas lo impiden.

A principios de otoño.

Algunos historiadores como Mario Saban creen que Jesús pudo nacer a principios de otoño, puesto que el establo al que se refiere la Biblia como lugar de nacimiento de Jesús podría ser una deformación de la cabaña que cada familia judía debía construir y en la que tenía que pasar ocho días durante la festividad de Sukot, en recuerdo –según la Torá– de las cabañas que Dios hizo para su pueblo cuando salió de Egipto.

Los dos evangelistas antes mencionados sitúan los hechos en Belén. Mateo ubica a María y José en la aldea desde el principio, pero Lucas recurre al censo para justificar su mudanza desde Nazaret. La elección de Belén para el nacimiento de Jesús puede responder no a la realidad, sino a la necesidad de cumplir la profecía de Miqueas (5, 1-3): “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel“.

Origen de la fecha del 25 de Diciembre: Desde el 221, los cristianos celebraban la Navidad en esta fecha.

Se ha dicho que la fecha del 25 de diciembre fue tomada de la fiesta pagana del sol. Según esta teoría, la Iglesia escogió ese día para suplantar la fiesta pagana en que se celebraba al sol, conocida como “dies natalis Solis invicti”. Es cierto que, según el calendario juliano, utilizado en el imperio romano a partir del 45 A.D., el 25 de diciembre marca el día del solsticio de invierno (cuando comienza a alargarse la luz del día y reducirse la oscuridad).Sin embargo en ese día no se celebraba ninguna fiesta pagana hasta el 274 AD con el emperador Aurelio, es decir, más de cincuenta años después de que los cristianos celebrasen en ese día la Navidad. El culto al sol tenía poca importancia en Roma antes del 274 AD y no se celebraba el 25 de diciembre sino en agosto hasta ese año. De manera que parece ser que fue el emperador pagano Aurelio, conocido por su hostilidad al cristianismo, el que quiso suplantar la fiesta cristiana trasladando a ese día la fiesta pagana del sol.

Es cierto que la celebración de la Navidad en la ciudad de Roma está comprobada solo a partir del 336 AD. Pero aun en el caso en que la Iglesia hubiese querido remplazar la fiesta pagana, lo cierto es que la Navidad es una fiesta radicalmente distinta a las paganas y los cristianos no las confundían. El verdadero Sol que nace de lo alto no es el astro sino Jesucristo. El es “la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.  San Cipriano decía: “Él es el verdadero Sol” y San Agustín: “Él es el nuevo Sol”.

La imprecisión de la fecha en ningún modo disminuye la importancia de celebrar el nacimiento de Jesús.

No cambia la realidad histórica y trascendental de que el Verbo Eterno se hizo hombre y habitó entre nosotros para salvarnos. Lo importante no es la fecha exacta del nacimiento de Jesús sino el hecho de que el Verbo verdaderamente se hizo hombre y habitó entre nosotros, naciendo de María Santísima en el tiempo y en la historia.  Esa realidad es digna de la mayor de las celebraciones porque trae la salvación al mundo entero.  Para celebrar unidos, es razonable que, al no saber a ciencia cierta el día natalicio de Jesús, la Iglesia haya escogido una fecha con la mayor aproximación de que era capaz cuando se hizo el calendario.

¿Qué más da un día ú otro?.

¿Qué más da un mes que otro?.

¿Qué más da un año antes ó un año después?.

¿Qué más da si donde nació, fue pesebre, gruta o cabaña?.

¿Qué más da si había o no, buey y asno?

Muchas preguntas intranscendentes en el enunciado e intranscendentes en cualquier respuesta a dar

Lo importante para los CRISTIANOS, es celebrar la Navidad y celebrar el Gran jubileo de nuestra redención con todo el corazón porque celebramos a Jesucristo. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es Señor del cosmos y también Señor de la historia, de la que es « el Alfa y la Omega », « el Principio y el Fin ». En El, el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia. Esto es lo que expresa sintéticamente la Carta a los Hebreos: « Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas: en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo » (1, 1-2).

FELIZ NAVIDAD – FELICES PASCUAS

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Feliz Natividad del Señor

Desde LOGRONOPASION.COM les deseamos una Feliz Natividad del Señor, unas felices fiestas y un próspero año nuevo.

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Virgen de la Esperanza, Preparando la Natividad.

Logroño celebra hoy a su patrona y alcaldesa, la Virgen de la Esperanza.

Virgen de la Esperanza de Logroño

Para celebrar dentro del programa preparado para festejar a nuestra Patrona, que aunque no es oficialmente festivo, se celebra como si lo fuera, se inaugurará el belén monumental de la plaza del Ayuntamiento a las 11.45 horas en un acto en el que participa la Agrupación Musical y alumnos de varios colegios de la ciudad cantando sus villancicos.

A continuación, nueva llamada a concejo para que la Corporación Municipal acuda en procesión a la iglesia Santiago El Real, donde a las 12.30 horas habrá misa solemne y la correspondiente procesión por las calles del centro histórico de la capital al finalizar la misma.

Por la tarde, a las 19.30 horas, festival folclórico Virgen de la Esperanza, a cargo del Grupo Aires de La Rioja en el Auditorio Municipal, y a las 20.30 horas en la Concatedral de Santa María de La Redonda, concierto de órgano a cargo de Liudmila Matsyura.

 

“Año 1976. Pleno de la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Logroño. Ante la moción presentada en el sentido de proclamar a la Virgen de la Esperanza Alcaldesa Mayor de la ciudad, se procede a la votación y el resultado fue un SÍ absoluto y unánime. Al año siguiente, le fue entregado a la imagen el bastón de mando, que desde entonces muestra en su mano derecha”

 

La imagen de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza es una bellísima talla de comienzos del siglo XIV, profundamente rehecha con posterioridad. Contrariamente a lo que cabría esperar en tal advocación, no aparece nuestra Virgen con el vientre henchido, encinta, expectante para dar a luz al Hijo de Dios hecho carne en sus purísimas entrañas, sino, por el contrario, se nos presenta regia, sentada en su trono, mostrándonos al niño Dios en su regazo.

Antiguamente sostenía la Virgen en su mano derecha un ramillete de tres azucenas, que según parece, eran más bien tres flores de lis, en recuerdo de la gesta de 1. 521.

Tanto la Virgen como el Niño presentan una irresistible atracción. Quién se detenga a contemplar las imágenes quedará, de seguro, prendido de su rara belleza, cautivado por el encanto del risueño semblante de ambos, Madre e Hijo.

Sentimiento, por otra parte, perfectamente plasmado en el, para la mayoría de los logroñeses, desconocido himno a su patrón, San Bernabé, compuesto en 1. 933 por D. Fermín Irigaray con letra de D. Luis B. y Urie , cuya primera parte dice así:

Virgencita logroñesa faz morena trigo y sol esperanza del hidalgo promesa del labrador. Tu sonrisa es la sonrisa que en tus labios se posó al escuchar de tus hijos la memorable oración.

Y de nuevo se engarzan historia y leyenda hasta conformar la explicación satisfactoria para el desconocido origen de la venerada efigie.

Así, y atendiendo a su antigüedad, la tradición nos dirá que nuestros antepasados comenzaron a profesar gran devoción a una talla de la Virgen bajo la advocación de la Esperanza a partir de un suceso ocurrido en la legendaria batalla de Clavijo.

Se cree que, ante la angustiosa situación surgida para las tropas cristianas tras la derrota en la Batalla de Albelda, el rey Ramiro junto con los monjes del monasterio de San Prudencio se pusieron bajo la protección de la Virgen, elevando sus fervientes súplicas ante una imagen de Santa María que se encontraba en la iglesia de dicho monasterio y en la cual depositaron sus esperanza. Esta no fue defraudada pues al día siguiente y con la especialísima ayuda del apóstol Santiago derrotaban a las tropas moras invasoras.

Esta primitiva imagen desapareció y fue sustituida por otra del siglo XIII bajo la misma advocación de Nuestra Sra. de la Esperanza.

Ya en el Siglo XII se registra un voto de la ciudad de Logroño por el que se obligaba, subir anualmente al monasterio de San Prudencio; este voto se cumplió con más o menos incidencias hasta que en 1.837 desapareció el monasterio como consecuencia de la ley de supresión de órdenes

Pues bien, los logroñeses hicieron una efigie semejante a la talla de la Virgen venerada en el monasterio y la dieron a la veneración popular en el templo de Santiago.

Con la extinción del monasterio, la talla original pasó a la iglesia parroquias de Clavijo, donde se conserva en la actualidad bajo la advocación tradicional de la Esperanza.

Lo cierto es que la imagen, en el siglo XVI ya era centro de devociones. Antes se la había conocido popularmente como ” la Toledana”, sin que se sepa a ciencia cierta el motivo. No falta quién ha querido ver en tal denominación su procedencia , y aún quién la ha relacionado por ello con la gran celebración mozárabe del 18 de diciembre. Con todo, no son, por el momento, más que conjeturas.

De lo que no cabe la menor duda es de la importancia creciente que rápidamente alcanzó la imagen de Nuestra Sra. de la Esperanza, debido en gran parte a un acontecimiento que, como decíamos antes, marcó a fuego la conciencia histórica de la ciudad; me refiero al sitio de 1521.

Datos tomados de la página web http://www.cofradia-virgendelaesperanza.com

 

Allanemos los caminos, preparemos el corazón, abramos los oidos.

En tiempos del antiguo testamento el profeta Isaías anuncia que la venida del Mesías estaba signada por una voz que clamaría en el desierto y que prepararía el camino del Señor, enderezando sus sendas. Es esa voz que llama a reflexión, pero a la vez a un cambio radical de la conducta humana, es decir, al arrepentimiento, a volverse al Señor.

adviento

Esta venida del Señor, para morar entre nosotros, marcaría una nueva era en la historia de la humanidad; habría cambios sustanciales en la conducta del ser humano.

La venida del Mesías se produjo y las cosas cambiaron. Nuestro Señor al concluir su tarea terrenal, nos prometió que vendría otra vez. Pero esta segunda venida del Señor también está relacionada a un tiempo de espera, de reflexión acerca de nuestra fe en Él y su puesta en práctica en esta nueva dimensión de la historia salvífica; el reino de Dios.

Este tiempo que nos toca vivir a nosotros es un tiempo de reflexión acerca de nuestra vida en relación con la fe cristiana, pero también es un tiempo que el Señor nos da para encausar nuestras vidas hacia el bien, dejando todo aquello que contamina nuestro ser, nuestra razón y nuestro espíritu. Cada año, el tiempo de adviento y la Navidad, es una nueva oportunidad de realizar un cambio en nuestras vidas.

En este siglo que es nuestro tiempo real, estamos llamados como cristianos creyentes que somos, a preparar el camino de retorno del Señor. Somos sus mensajeros; somos esa voz del siglo XXI que clama en el desierto. Para esta gran tarea no estamos solos, el Señor derramó su Espíritu sobre su Iglesia y le dio poder para hacer grandes maravillas en su nombre. Nosotros somos esa nueva comunidad de fe que camina por el desierto de este siglo.

Pero Dios está siempre queriendo hablar con nosotros en todo momento y no prestamos atención o simplemente no le escuchamos por el excesivo ruido que tenemos en nuestro entorno.

Pero para poder oír a Dios, necesitamos silencio, mucho silencio para poder escucharlo y que mejor que el tiempo de adviento para prepararnos a recibirlo con el corazón abierto y los oídos predispuestos en el silencio para escucharle…

La parábola del silencio

“¿Qué aprendes en tu vida de silencio?”. Preguntó el caminante a un monje.

El monje, que en aquel momento estaba sacando agua de un pozo, le respondió: “Mira al fondo del pozo. ¿Qué ves?”.

El caminante obedeció la propuesta del solitario, y se asomó curioso al brocal del pozo. Después de observar bien respondió: “Sólo veo un poco de agua revuelta”.

“Detente un instante en tu camino, hermano, -le dijo el monje- contempla silencioso y sereno el cielo y las montañas que rodean nuestro monasterio, y espera… “.

Tanto el monje como el caminante se entretuvieron contemplando en silencio durante un tiempo, que no se hizo largo, la belleza deslumbrante del entorno. El sol levante destacaba el perfil de las montañas en el fondo azul intenso del cielo. “Hermano… vuelve ahora a mirar el pozo y dime: Qué ves?”. “Ahora veo mi rostro reflejado en el espejo que me ofrece la serenidad del agua”, contestó el caminante. “Esto es, hermano, lo que yo aprendo en mi vida de silencio. Comencé reconociendo mi rostro reflejado en las aguas remansadas del pozo cada vez que me acercaba para llenar mi cántaro de agua. Después, poco a poco, fui descubriendo lo que hay más abajo de la superficie, hasta llegaba a entrever las pequeñas hierbas que crecen junto a las paredes excavadas al construir el pozo. Y en los días en los que la orientación de la luz del sol me lo permitía, y el agua estaba especialmente cristalina, llegué a ver las piedras del fondo y hasta los restos de un cántaro roto y olvidado que había caído hace años y quedó allí.

Me preguntabas qué aprendía en el silencio. Esta es mi respuesta: quiero descubrir la profundidad de mi alma, el rincón más hondo de mi corazón, y de mi propia vida. Vine al monasterio buscando a Dios, porque sabía que Él me envolvía con su presencia. Y cada vez voy comprobando con más claridad que Dios también está en lo más profundo del pozo, como alma que da sentido y color, luz y vida a todo aquel que se asoma al interior del propio pozo con el deseo de buscarlo”.

Una de las afirmaciones más básicas del cristianismo es que Dios habla al ser humano. En todas las Escrituras se puede leer la frase: “Y dijo Dios . . . ” Dios desea relacionarse contigo. Ciertamente Dios habla al ser humano. Dios ha elegido hablarnos. Desea relacionarse en forma personal contigo, con todos nosotros. Pero no hay relación sin comunicación.

Dios a lo largo de toda la vida ha hablado y habla con su pueblo, a través de los profetas, de los santos, de los más humildes y desprotegidos y por otros muchos medios, trata de ponerse en comunicación con cada uno de nosotros.

La cuestión es que a menudo hay problemas en esa comunicación.

Cuando alguna persona nos habla, la escuchamos pero no la oímos, e incluso quizás la malinterpretamos.

Por eso, es lógico que tengamos muchos problemas de comunicación con Dios ¿Qué no los tenemos? ¡Los tenemos!

Dios no nos llama por teléfono. No nos envía cartas. Tampoco Dios envía fax ni envía correos electrónicos, ni telegramas. Simplemente Dios nos habla, con su voz nos dice, con su voz nos llama…….. Y cuando Dios habla, no cabe absolutamente ninguna duda de que es Él quien lo hace.

Tal y como cuando nos llama nuestro padre, madre, hermanos, hijos o amigos, no tenemos que preguntarnos quién nos habla, pues conocemos sus voces.

Dios desea hablarte y puedes oírlo, con sólo escucharlo. Dijo Jesús, (Lucas 8,8): “El que tiene oídos para oír, ¡que oiga!”

Abre bien tus oídos. Prepárate para recibir su VOZ. Debes estar sintonizado para poder oír a Dios hablar.

Algunos teléfonos inalámbricos tienen diferentes canales. Si tomamos uno y no se escucha muy claro, por mala conexión o mucho ruido, podemos cambiar y cambiar de canal hasta llegar al acertado, así debemos de prepararnos para esta nueva comunicación con Dios.

¿Cómo?

A) Preparar una mente abierta.

Debemos esperar ansiosamente que Dios nos hable, debemos estar a la espera de oírlo. Debemos estar listos y dispuestos a escuchar a Dios.

Muchos escritos de vidas de Santos, cuando se refieren a que Dios les hablaba, no se refieren a la voz audible de Dios, sino a que ellos tenían una mente abierta para sintonizar el canal de Dios.

¿Qué es lo que nos hace tener la mente cerrada?

El orgullo nos hace tener la mente cerrada.

Cuando me digo a mí mismo: “Yo no necesito a Dios. No necesito oírlo. Puedo arreglármelas solo. . . no necesito a Dios. Yo sé lo que tengo que decirle a mis hijos . . . no necesito a Dios. Yo sé cómo manejar las cosas . . . no necesito a Dios. Puedo sacar buenas notas en tal examen sin necesidad de Dios.

El temor nos impide prepararnos.

A veces tenemos temor de lo que Dios pueda decirnos. ¿Qué pasa si pido o le abro la mente a Dios y me pide que haga algo que no quiero hacer? Quizá me pida algo difícil. Quizá me pida que haga algo que le desagrade a la gente. Quizá me pida que haga algo que yo creo que no puedo hacer o que no deseo hacer.

La amargura nos distorsiona de la realidad.

Cuando se nos ha lastimado y nos aferramos a hechos dolorosos, le cerramos la mente a Dios. Comenzamos a decir cosas tales como: “Dios, ¿por qué permitiste esto? ¿Por qué me está ocurriendo aquello? Si eres un Dios tan amoroso y poderoso, ¿por qué sucedió tal cosa?” En la vida nos lastiman y sentimos dolor. Estamos en la tierra, no en el cielo. Dios nos ha dado libertad de elección, es decir que el ser humano tiene la libertad de hacer el mal y hacer el bien, y la consecuencia de ello es que hay gente inocente que termina sufriendo. No todo lo que ocurre en este mundo es voluntad de Dios. Dios nos dio libertad de elección y la consecuencia es que hay gente que termina lastimada. Probablemente algunas personas hayan perdido a un ser querido, quizá recientemente, quizá a un hijo, un hijo joven, y todavía sienten dolor. Algunas veces hemos oido a personas que han perdido a un ser querido: “¿Dónde estaba Dios cuando mi hijo (por ejemplo) murió?” Y se le podría contestar: “En el mismo lugar que cuando Su Hijo murió: en la cruz”

Otros veces, personas que supuestamente son cristianos, no actuaron como tales, y no hicieron lo que hubiera hecho Cristo. Nos lastiman y decepcionan, incluso desde dentro de la Iglesia misma.  Y uno, se siente proclive a decir: “Si eso es el cristianismo, Dios, ¡muchas gracias, pero no quiero saber nada!”.

Cuando sientas dolor ó estés lastimado, no corras, alejándote de Dios. Más bien corre hacia él. Él es quien puede ayudar. Él es quien puede consolar. Él es quien te puede cuidar. Él es quien puede cambiar las cosas. Él es quien trae sanidad a tus emociones y a tu cuerpo y a tu pasado. Ningún otro puede hacer eso. Cuando tu dolor te lleva a escaparte de Dios, te estás escapando de la única persona que puede curar ese dolor. No lo hagas. No te alejes de Él. Vuélvete a Él en tus momentos de crisis. Vuélvete a Él con tu dolor en lugar de guardártelo. Entrégaselo a Él. Verás como Él se pone en contacto contigo, veras como te habla.

B) Apartar y reservar tiempo para escuchar.

Reserva tiempo para poder entablar esa comunicación y escuchar a Dios. ¿Reservas en tu agenda diaria el suficiente tiempo para Dios? ¿O solo le das a Dios algo del poco tiempo que te sobra?

La segunda razón por la cual muchos de nosotros, nunca escuchamos a Dios es porque andamos siempre con demasiada prisa. Vivimos en una sociedad tan competitiva que estamos siempre corriendo.
Aparta tiempo para escuchar a Dios. Dile: “Señor, voy a pasar contigo 10, 15, 20 minutos por día”. No es cuestión de cantidad de tiempo. Sólo debes comenzar, y luego cada día pasar tiempo a solas con Dios y decirle: “Bien, Dios, ¿y ahora qué?

Dios no te puede hablar a menos que te desaceleres. Debes preparar una mente abierta y reservar tiempo para escuchar. No apartes solo las sobras. Reserva partes importantes de tu vida y de tu tiempo al Señor.

C) Eliminar las distracciones.

Muchas veces no podemos oír a Dios porque nuestras mentes están llenas de otros pensamientos. Tenemos las mentes llenas de otros asuntos diarios; preocupaciones, planes, metas, ambiciones, cuentas, oyendo música, viendo televisión. Cuando nuestra mente está ocupada y siempre pensando en cosas mundanas, Dios no puede comunicarse con nosotros.

decibelios

¿Cuánto tiempo del día, pasamos en silencio, sin oir música, la radio, la televisión, estar al ordenador, etc.? ¿Cuánto tiempo estamos en completo silencio? Pasamos todo el día con excesivo ruido, con volúmenes demasiado alto, con demasiada distracción, como para centrarnos en nada. Todo a nuestro alrededor nos aporta ruido, excesivo ruido.

¿No te ha pasado a menudo que marcas un teléfono una y otra vez y solo escuchas “Disculpe, pero todos las líneas están ocupadas”. Muchas veces Dios ha querido hablarte pero la línea siempre está ocupada. Así, es imposible hablar con Dios. Nuestra línea está ocupada siempre, siempre dedicada a otras cosas y luego protestamos por ello…..

D) Cooperar con lo que Él nos dice y enseña.

Dios habla, al que por anticipado, decide que va a hacer lo que Él le pida, y cuando Él se lo pida. La mayoría de nosotros queremos que Dios nos hable y luego decidiremos nosotros si vamos a obedecer o no, y Dios entonces dice: “No, no. Esto no es un juego”. Dios le habla al que va a hacer lo que Él le pide, una vez que se lo pida.

¿Cuántos creemos y estamos de acuerdo con los Diez Mandamientos?

Todos levantaríamos la mano. Pero la mayoría de nosotros no podría ni siquiera mencionarlos todos. ¿Cómo podemos decir que nuestras vidas está basada en los Diez Mandamientos cuando ni siquiera los podemos recordar. ¿Cómo puede ser que la gente venga a la iglesia año tras año y nunca tenga cambios verdaderos? Porque todo nos entra por un oído y sale por el otro.

¿Para qué nos va a enseñar cosas nuevas Dios, si no hemos puesto en práctica lo que nos enseñó antes?

Si quieres que Dios te hable, debes decirle: “Padre, voy a hacer lo que me digas que haga, ya sea que lo entienda o no, aunque tenga sentido o no, aunque crea que me gusta o no, porque sé que es lo apropiado, y sé que Tú sabes mejor que yo qué es lo que me haría feliz”. Es cuestión de confianza. “No se haga mi voluntad, si no la tuya”

¿Suenan estas palabras?

Procura estar dispuesto a hacer lo que Dios te pide que hagas, aun antes de que Él te lo pida. Haz lo que dice Santiago 1, 22: “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos”. Te estás engañando si crees que vas a crecer espiritualmente, sólo con venir a la iglesia y oir la palabra de Dios. “Llévala a la práctica”.

Escuchar la voz de Dios es posible.

Escuchar la voz del Señor es posible pero se requiere de circunstancias especiales. Si escudriñas la Biblia te darás cuenta que muchos de los grandes siervos de Dios ( Elías, Moisés, etc.), tuvieron que caminar un gran trecho de vida en soledad, como parte del Plan de Dios para poder liberarlos de las viejas ataduras forjadas en su vida y de las cadenas de opresión interior que estorbaban en la obra de Dios. De esta forma Él pudo prepararlos para su plan perfecto… La soledad a la que Dios te induce o que tú debes buscar no es para que te escondas del mundo sino para que puedas abrir tu mente y corazón a Dios. El Señor propicia estas circunstancias. El es quién llama a estar en su presencia en soledad y silencio para darte instrucciones, para escuchar su voz y responderte, para prepararte para el plan que tiene para tu vida.

Así lo hizo con Moisés cuando lo apartó del pueblo Hebreo en el desierto y lo llevó a la cumbre del Monte Sinaí, como se describe en este versículo: “Y Moisés subió hacia Dios, y el Señor lo llamó desde el Monte, diciendo: así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los Hijos de Israel” (Exodo 19:3).

La experiencia del profeta Elías fue también un llamado a apartarse de la multitud para tener un encuentro en soledad y silencio con Dios: “Y vino a Elías la Palabra del Señor diciendo: Sal de aquí y dirígete hacia el oriente, y escóndete junto al arroyo Querit, que está en el oriente del Jordán. Y beberás del arroyo, y he ordenado a los cuervos que te sustenten allí. El fue, é hizo conforme a la palabra del Señor, pues fue y habitó junto al arroyo Querit, que está al oriente del Jordán” (1 Reyes 17:2-5).

Durante este tiempo Dios se preocupó por las necesidades de Elías y trató en soledad con el profeta, quien había obedecido al mandato del Señor.

La soledad y silencio te obliga a enfrentarte a lo que has estado buscando y al mismo tiempo de lo que te has querido evadir, mediante actividades mundanas, afán, pecados o comportamientos y hábitos negativos persistentes.

Una parada obligatoria en el camino, para mirar a tu alrededor y tu vida interior solo es posible en soledad porque te lleva a establecer una verdadera comunión con Dios y te obliga a escuchar su voz a través de su palabra, la oración y la adoración.

Ese tiempo de soledad, de retiro, de silencio, puedes usarlo para meditar sobre los errores de tul pasado, para enderezar la senda de tu vida bajo la dirección del Señor. Dios puede utilizar este tiempo para hablarte, para disciplinarte y corregirte. Deberás reconocer si Dios, te está apartándo para hablarte de aquello que no has querido enfrentar o dejar, y aunque estos momentos te parecen a veces difíciles, Dios los ha permitido porque te ama y quiere ayudarte.

Cuando utilizas tu tiempo de soledad para crecer en el Señor, no es tiempo perdido, sino tiempo de crecimiento espiritual. ¡Es el tiempo de  tener un encuentro personal con Dios! en soledad y silencio para poder escuchar su voz.

Cuatro claves para oír la voz de Dios.

¿Cómo reconocer la voz de Dios de otras voces?

Hay que tener cuidado. En el mundo hay cuatro voces. La voz de Dios, la voz del hombre, la voz de la conciencia y la voz del diablo.

¿Cómo reconocer cada una de ellas?

  1. A) Para poder reconocer la voz de Dios. Trae siempre paz, quietud y tranquilidad. • Trae siempre gozo. • Siempre está de acuerdo con la palabra escrita de Dios. • Trae convicción y no condenación. • Edifica, consuela y exhorta. • Permite un acercamiento entre Dios y la persona. No te aleja de El sino que te acerca. • La voz del Espíritu Santo emana desde el interior de la persona.
  2. B) Para poder reconocer la voz del hombre. Su voz y sus palabras no concuerdan con la palabra de Dios. Utilizan fabulas y cuentos. • Confunden y pueden esclavizar a los pueblos. • Sus palabras van directo a las emociones y a la carne. Palabras suaves y agradables al oído. • Sus consejos no se someten a la voluntad de Dios sino a los deseos y caprichos de la gente. • Hablan, aconsejan y predican para ganar dinero.
  3. C) Para poder reconocer la voz de la conciencia. Existen tres tipos de conciencia: Buena, débil y cauterizada.

Conciencia buena. • Habla y aconseja sin acusación delante de Dios ni delante de los hombres. • Está siempre lista y sensible para oír la voz de Dios.

Conciencia débil. • Habla y aconseja pero se contamina dejándose influenciar fácilmente • El enemigo la acusa a cada momento • La conducen por donde conscientemente no quisiera ir

Conciencia cauterizada. • Habla y presenta un estado de indiferencia ante el pecado. • Lleva a pecar continuamente pues te hace pecar sin sentirse mal. • Te hace sentir mal aunque estés haciendo bien.

  1. D) Para poder reconocer la voz de Satanás, la voz del mal. Trae temor, ansiedad y preocupación. • Siempre viene dirigida en primera persona. Es una voz que tergiversa los pensamientos de la persona, haciéndole creer que éstos provienen de su propia mente; y de esa manera, la engaña. • Siempre contradice la palabra de Dios. • Trae condenación. • Trae culpabilidad. • Su voz emana desde el exterior de la persona.

Para recordar.

“Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca; bueno es esperar en silencio la salvación del Señor. Bueno es para el hombre llevar el yugo de su juventud. Que se siente solo y en silencio ya que El se lo ha impuesto” (Lamentaciones 3:25-28).

Para meditar.

“Oh Señor, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tu escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aún antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh Señor, tú ya la sabes toda. Por detrás y por delante me has cercado, y tu mano pusiste sobre mí.

Oración.

Dios Todo Poderoso, que derramas hoy sobre nosotros la nueva luz del Verbo encarnado, haz que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, del mismo modo, te rogamos, que preparando en este adviento para celebrar con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.