Histórico de artículos
febrero 2015
L M X J V S D
« Ene   Mar »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  

Archivo de febrero de 2015

Acto de exaltación de la SAETA en Logroño

 

 

Cartel Exaltación de la Saeta

 

Fundación de la Escuela de saetas

La fundación de esta Escuela tiene lugar en el año 1.986 en el seno de la Hermandad de “Nuestro Padre y Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores”, de Marchena,  (Sevilla).  La misma Casa-Hermandad y su Capilla de Santa Clara dan cabida a la difícil tarea de iniciar en el canto de la Saeta a todas las personas que sientan verdaderos y sinceros deseos de acercarse a ella para aprenderla.

La fuerte emigración, entre los años 1950 y 1.970,  y la desgraciada y constante desaparición de viejos Saeteros propiciaron un evidente decaimiento en el canto religioso de la Saeta.  Algo había que hacer para que este entrañable y sentimental canto no corriera peligro de desaparición.  Se crea en Marchena,  con carácter experimental,  una Escuela de Saetas con unos objetivos claros y sencillos: conservar a ultranza las antiguas y autóctonas Saetas Marcheneras y divulgar su mensaje por doquier.  Superado esto, combinar, después, la tarea de recuperación de otras antiguas Saetas,  en desuso,  con el aprendizaje de los estilos flamencos,  para su posterior desarrollo y exposición. Crear, en definitiva, el marco y el ambiente adecuado,  acorde con nuestra época actual.

Desde finales del siglo XVII hasta el tercer cuarto del siglo XX las Saetas se vinieron transmitiendo en la misma comunidad familiar de padres a hijos,  de generación en generación. También las reuniones cuaresmales, las faenas campestres y los bares y tabernas sirvieron de cordón umbilical para mantener vivo ese vínculo transmisor.  Igualmente,  sucedería esto en otros pueblos y ciudades de nuestro suelo patrio, pero en las cuatro últimas décadas,  del pasado siglo, la Saeta sufrió un grave descendimiento,  generado por el cambio brusco de la forma de vida,   que provocó  la extinción,   en muchos lugares  de Andalucía,  de su propia y antigua Saeta autóctona.  La convivencia de viejos y jóvenes no era ya tan asidua y usual como vino siendo desde tiempos atrás y se fue rompiendo así la cadena necesaria para que las tradiciones y costumbres no perezcan.  Quedaron,  sólo en  algunos sitios,  el viejo Saetero que, como una reliquia, cantaba su Saeta llegada la Semana Santa.  Era evidente que las maneras de antaño, para preservar este canto, habían quedado totalmente anquilosadas y que había que propugnar el nacimiento de otras formas que iniciaran un fuerte resurgimiento.

Para ello,  se funda esta pionera Escuela de Saetas,  para mantener estos cantos y promover y fomentar entre jóvenes y  menos jóvenes el mensaje religioso de esta cultura tan nuestra proyectándola,  no sólo,  a nuestra comunidad autónoma sino a los diferentes pueblos y ciudades de España.

Escuela de saetas 1

La Saeta en la Escuela

Tuvo muchos detractores el hecho de enseñar o intentar transmitir una Saeta a otra persona de una forma reglada y quizás fría.  Es palmario,  que los tiempos van cambiando y la vida sigue una evolución imparable.  Los nuevos tiempos exigen adaptación a ellos para que las cosas no decaigan y no queden obsoletas.  Las formas de aprendizajes de antes no son válidas,  hoy,  porque éstas han desaparecidos.  En épocas pasadas, llegada la Cuaresma, las faenas agrícolas  se entremezclaban con el desafinar de estos cantos en bocas de jóvenes labriegos intentando aprender de maduros “mayetes”, (pequeños labradores).  Así, en bares y tabernas,  a altas horas de la noche, el viejo del lugar sentaba cátedra de su sabiduría e iniciaba, sin querer, en los cantes a los que silentes oían.  Casinos y Peñas servían,  a su vez,  para encallar gargantas y prepararlas para la Semana Mayor y en las Hermandades los capillitas entonaban primitivas Saetas llanas y asalmodiadas conservando así la pureza de sus orígenes.  En todos estos lugares,  que sirvieron para asegurar los vínculos transmisores de la Saeta, no se dan hoy las condiciones de antaño para que el agente transmisor de lleve a efecto.

Mientras no aparezcan otros lugares mejores, la Escuela,  será el idóneo y el marco apropiado para que el aprendizaje de este cantar netamente andaluz, tan íntimo, tan sentimental no desaparezca.  Pasada la Fiesta de Reyes,  cuando ya se escuchan tambores y cornetas con gran eco,  comienzan estas enseñanzas,  todos los sábados,  hasta desembocar en el mismo Domingo de Ramos.

Enseñando su canto 

La labor de la Escuela de Saetas que se encuentra establecida,  como antes se ha comentado, en la Iglesia de Santa Clara de Marchena no va sola y exclusivamente dirigida a los marcheneros en general,  sino que queda abierta a todas las personas, andaluces y no andaluces,  que quieran emprender el honorable camino de llegar a aprender el canto de la Saeta.  Como es sabido,  la Saeta es un rezo, una oración, una copla popular religiosa que canta el pueblo al paso de las procesiones de la Semana Santa o en otros actos de penitencia y devoción.

En el año 2.003,  se puede decir que más de 400 personas han pasado por la Escuela de Saetas y se han interesado por el verdadero sentido existencial de estos cantos y por su conservación como bien espiritual del pueblo impregnándose de unos valores humanos y culturales incalculables.

No todos consiguieron el objetivo de convertirse en Saeteros.  Numerosas causas pueden ser las que impidan llegar a este cometido,  por ejemplo:   acudir sólo atraídos por la curiosidad,  no tener verdaderos sentimientos,   no poseer  mínimas facultades,  no sentir su mensaje a la hora de transmitirlo, etc. etc.  A pesar de  las muchas dificultades que entrañan estas enseñanzas hay que manifestar que el resultado es francamente positivo y esperanzador.  La incorporación de nuevos Saeteros,  cada año,  a la Semana Santa es un hecho incuestionable y de patente realidad  reconocida.

Misioneros de la Saeta

Llegada la Cuaresma compatibilizamos la labor de enseñanza de estos cantos con las conferencias-recitales allí donde nos requieren.  La historia de la Saeta y sus diferentes maneras de expresión oral,  a través de  los siglos,  pueden cautivar a los que la escuchen.  Durante todos estos años Insertar foto 3 recibieron con gran atención ese mensaje  religioso y cultural: Parroquias, Hermandades y Asociaciones Religiosas, Universidades Públicas y Privadas, Centros Académicos, Colegios Profesionales, Ayuntamientos, Peñas Flamencas, Instituciones Benéfico-Sociales y Asociaciones Culturales de Andalucía y de otros puntos de España.

Fundación y Dirección

Fundador de la escuela de saetas

D. Roberto Narváez Castillo, es uno de sus fundadores y actual Director de esta Escuela de Saetas “Señor de la Humildad” de Marchena (Sevilla).  Nació en esta villa ducal la noche buena del año 1.951. Saetero, Graduado Social por la Universidad de Granada. Hermano Mayor, (Rector),  de la Hermandad de Granada. Hermano Mayor, (Rector),  de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores, de Marchena,  entre 1.982 y 1.988.  Pregonero de la Semana de Marchena de 1.985.

Ha participado cantando Saetas,  en 1.987,  en la Cumbre Flamenca de España, celebrada en Madrid en la Catedral de San Isidro y organizada por el Ministerio de Cultura.  Jurado de la Saeta de Oro de Radio Nacional de España en 1.990.  Ha colaborado en la publicación de 2 libros sobre Saetas en los años 1.990 y 1.993,  escribiendo sobre sus orígenes y describiéndolas. Presidente del Jurado del Primer Concurso Nacional Flamenco de  Cantes del Maestro Pepe Marchena,  en 1.996.  Asiduo conferenciante de la Saeta por España.  Ha pronunciado conferencias,  en Italia,  en los años 1.999 y 2.003.   Representó a España,  en 1.999 y 2.003 cantando Saetas, en el Festival de Músicas Religiosas del Mundo Mediterráneo. A este evento internacional acudieron los países que conforman la cuenca del mar Mediterráneo.  Se celebraron,  respectivamente,  en la isla de Sicilia y en la Región de Calabria, (Italia).

El día 22 de Marzo de 1.995 el Excmo. Ateneo de Sevilla (una de las principales instituciones sevillanas de la cultura andaluza),  rindió un homenaje a la Escuela de Saetas que dirige por la labor llevada a cabo, durante diez años, en  pro de la cultura andaluza.

En Marzo de 1.999, bajo su dirección, se publicó el primer trabajo discográfico de esta Escuela. Este documento sonoro se ha convertido en el primer estudio, histórico,  literario y musical inédito realizado en España,  sobre el origen y evolución de la Saeta desde el siglo XVII hasta el XX.

En Febrero de 2.002 se le otorgó el llamador de plata de la Semana Santa de Marchena.

Entrega de premios Escuela de saetas

En Marzo de 2.003 el programa de Canal Sur “Senderos de Gloria”  le rindió un cálido homenaje y le hizo entrega de un cuadro que decía: “Por estudiar a fondo y recobrar la tradición Saetera en Marchena,  por transmitir desinteresadamente a muchos alumnos el arte de la Saeta y sobre todo por su gran aportación personal a la historia y al esplendor de la Semana Santa Marchenera,  D. Roberto Narváez Castillo,  merece el reconocimiento y el aplauso de todos los andaluces”

El 6 de septiembre de 2004 participó junto a la Escuela de Saetas que dirige en la XIII BIENAL DE ARTE FLAMENCO de Sevilla.

El 26 de Febrero de 2015, participa en la EXALTACION DE LA SAETA en la ciudad de Logroño, con motivo de los actos organizados por el 75 aniversario de la fundación de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, en la Imperial Iglesia de Santa María de Palacio a las 20.30 horas

Vídeo promocional de la Semana Santa de Logroño.

La Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, ha editado un vídeo para promocionar nuestra Semana Santa en éste año que celebra el 75 aniversario de dicha HERMANDAD.

Reproducimos la programación de actos para la Cuaresma de 2015

 

75

10984274_797555950332112_8032631619556671212_n

 

75 a

75 años

Enlace del vídeo promocional

 

Cartel anunciador Semana Santa Logroño 2015.

Este es el cartel anunciador para la Semana Santa de Logroño en este año 2015.

Cartel Semana Santa 2015 Logroño

 

“Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor.”

En aquel tiempo, el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 12-15).

imagesF5RM6D7M

A este tiempo del Año Litúrgico que denominamos CUARESMA, se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”.

Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invitándonos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la fragilidad y la inexorable caducidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

Con la imposición de las cenizas, se inicia éste periodo, éste tiempo litúrgico y espiritual relevante para todos los cristiano, queriéndonos preparar dignamente para la vivir el Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

La conversión no es sino un volver a Dios, como principio y fin, como alfa y omega de nuestra existencia y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Y sinónimo de “conversión” es así mismo la palabra “penitencia”… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo el ungido.

 10953248_1536628219944343_5663641448602636161_n

Origen de la tradición ó costumbre.

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua.

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, comenzaba con seis semanas, 42 días antes de la Pascua, y esto sólo daba como resultado 36 días de ayuno ya que se excluían los domingos por ser la fiesta de Señor y no haciendo ayuno en esos días. Es en el siglo VII cuando se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso  entre el siglo VIII y el  X, el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

 

Significado simbólico de la ceniza.

Ceniza, del latín “cinis”, es el resultado de la combustión de algo por el fuego. En seguida se le dio y adquirió un sentido simbólico de muerte o caducidad, y en igual sentido de humildad y penitencia. En Jonás 3,6  sirve por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Otras veces se ha unido la ceniza al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Génesis. 18,27.

El Miércoles de Ceniza, miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma o  como mejor lo entenderán muchos, diciendo que es el miércoles que sigue al carnaval, los cristianos realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente, fruto de la cremación de los ramos y las palmas del año pasado como ya hemos mencionado. Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

 

Imposición de la ceniza.

Es ya obvio el porqué se llama Miércoles de ceniza. En la eucaristía del día y tras leer la Palabra de Señor, se procede a la imposición de la ceniza por parte del celebrante. Son bendecidas las cenizas que van a ser impuestas sobre nuestras cabezas.

El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la cabeza o bien se la impone el diácono u otro con-celebrante si lo hubiera, porque también él como hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la cabeza de los fieles, tal vez en forma de una pequeña señal de la cruz. Si parece más fácil, se podría imponer en la frente, por ejemplo a las religiosas con velo. Se utilizan las dos fórmulas, que incluso puede hacerse de forma alternativa de modo que cada fiel oiga la que se le dice a él y también la del anterior o la del siguiente.

Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» o también Arrepentíos y creed en el Evangelio, mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Se acompaña también estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. Resultar más expresivo así, dando la doble dimensión de la Cuaresma.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños, a los adultos y a los ancianos.

Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

Otras formulas que se pudieran utilizar en plural o singular son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

calendario-cuaresma-2015

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor.

 

La limosna.

Los cristianos llamamos “limosna” al compartir con los más pobres nuestros bienes. No debe ser un aporte de lo que sobra sino un acto de amor hecho de corazón, un compartir que nos mueve a renuncia y al sacrificio. Todo viene de Dios como don. Toda nuestra vida debe convertirse en una dádiva de amor en imitación a Cristo.

 

La oración.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior. La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios. La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El ayuno y la abstinencia.

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

 

El sacrificio.

Al hacer sacrificios (cuyo significado es “hacer sagradas las cosas”), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

 10978524_1536628239944341_2668223540797674337_n

Conclusión y reflexión.

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento, el de nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación también llamado de confesión, que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido, como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión, no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Papa Francisco ceniza

Mensaje cuaresmal del Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.

Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.

Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1.«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.

Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.

Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.
2.«¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.

La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.
3.«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).

Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

FRANCISCUS PP.

¿Misas aburridas? ¿Falta de formación de la Fe?

El cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, gran comunicador y persona de un humor excelente, concedió hace meses una entrevista en la que, entre otras cosas, respondía lo siguiente a una pregunta sobre “si la misa es aburrida”: “¿Cuántas veces, vosotros los padres, habéis oído decir a vuestros hijos, los domingos por la mañana cuando los lleváis a misa, que la misa es aburrida y que para eso es mejor quedarse en casa?¿Qué podemos responder ante una pregunta tan desafortunada, pero tan real y tal generalizada?

cardenal

Para empezar, simplemente respondemos que no, que no lo es, y en todo caso el problema del aburrimiento es más problema de uno mismo que de la misa. De hecho, hay muchas actividades importantes en la vida que son aburridas: ir al dentista es pesado, votar no es nada divertido. Pero estas dos cosas (cuidar los dientes y votar) son importantes para nuestro bienestar y su valor no depende de si los hacemos con euforia o no.

La misa es mucho más importante para la salud de nuestra alma que los dos ejemplos puestos del dentista y del voto.

Gracias a Dios, el valor de una persona o de un acontecimiento no depende de su tendencia a “aburrirnos” de vez en cuando. La gente y los acontecimientos importantes no existen para entretenernos o entusiasmarnos, a no ser que seamos unos niñatos o unos mocosos inmaduros.

Esto es especialmente verdad referido a la misa, al Sacrificio de la Misa. Sabemos por la fe que cada Misa es la renovación del acontecimiento más importante y más crítico que ha sucedido nunca: el sacrificio en una cruz del Hijo de Dios en el Calvario, un viernes llamado santo, hace ya dos mil años.

A Misa no vamos a divertirnos, sino a rezar, a alabar a Dios. Es cierto que si las flores son bonitas, la música es buena, si funciona la calefacción o el aire acondicionado, si la homilía es corta y llena de significado, todo ello ayudará. Pero el valor de la Misa no viene de esas cosas. Viene de nuestra convicción, basada en la fe, de que durante esa hora que dura la Misa somos parte del más allá, elevados a lo eterno, partícipes del misterio, mientras nos unimos al Señor en acción de gracias.

Lo que Jesús hace siempre funciona y nunca es aburrido. La Misa no es una tarea rutinaria y tediosa que hacemos por Dios, sino un milagro que hace Jesús con nosotros y para nosotros. En suma, si decimos que la Misa es aburrida o que se nos hace larga es porque nuestro amor es muy corto. ¡Piénsalo!

Esto que decía en la entrevista el Cardenal, nos viene muy bien para hacernos comprender correctamente, porqué a nuestros hijos les cuesta cada día más el acudir a la misa dominical, al encuentro con el Señor.

Hace años, los padres de los jóvenes, nos preguntaban cada domingo “de que color iba el cura” para comprobar de nuestra asistencia a la obligación dominical cuando ellos no nos acompañaban. Pero en la actualidad, ni semejante tontería se nos ocurre a los padres de hoy para hablar de ello con nuestros hijos.

Marta Caño Montejo

Y es que, como dejaba claro en su sección “YO TAMBIEN SOY IGLESIA” en el semanario PUEBLO DE DIOS, de nuestra querida amiga y colaboradora Marta Caño, hemos delegado la educación, valores y urbanismo (por lo menos así lo llamábamos antes) de nuestros hijos a los maestros y profesores y al mismo tiempo también hemos delegado la formación en nuestra Fe.

Como decía en el ejemplo puesto por Marta, salvo en el tiempo de catequesis para la primera comunión (dos años entre los siete y los nueve) y otros dos años para la confirmación (entre los catorce y los dieciséis), ¿Cuánto tiempo les dedicamos en casa a la formación en la fe y en valores de nuestros hijos? ¿Esperamos que con escuchar al sacerdote y al catequista (si lo llegan hacer), o con rezar el “Jesusito de mi vida” hasta cuando ellos solos dejan de hacerlo, vale?. Más bien poco o ninguno, hacemos lo posible para que nos acompañen a misa los domingos. ¿Rezamos en algún momento en conjunto toda la familia?, ¿Bendecimos las mesas antes de comer o cenar todos juntos? En definitiva ¿Enseñamos a nuestros hijos a ser buenos cristianos?

Como indicaba Marta, “la experiencia nos dice que ni tan siquiera en los colegios católicos privados o concertados, aseguran la formación cristiana de nuestros hijos. Ya casi no hay “monjitas” o “hermanos” en sus aulas y muchos profesores laicos adolecen de formación, e incluso de rectitud en su estilo de vida. ¿Cómo podrían transmitir aquellos valores cristianos que ellos mismos cuestionan o relativizan?”

Lo correcto sería que nos acompañaran a Misa los domingos, pues las homilías “unas más aprovechable que otras”, les haría a veces reflexionar y nos llevaríamos motivos y deberes a casa para poder incluir en nuestro tiempo con ellos, la formación adecuada de nuestra fe, incluso de ampliar y mejorar la nuestra propia.

Dicha formación puede venirnos de la lectura compartida de un libro, incluida por supuesto nuestra biblia, de la visualización de una película, su posterior comentario, una charla sobre temas de actualidad, los colores y los tiempos litúrgicos, etc., etc., todo lo que favorezca a una buena formación y de paso, a la oración en familia formas específicas de buenos cristianos y buenos mimbres para el fomento de una buena familia cristiana.

Misas aburridas