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Archivo de mayo de 2015

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas, un solo Dios Verdadero.

Stma. Trinidad

Un solo Dios en tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La Iglesia dedica el siguiente domingo después de Pentecostés a la celebración de la festividad del misterio de la Santísima Trinidad, un misterio es todo aquello que no podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.

El misterio de la Santísima Trinidad -Un sólo Dios en tres Personas distintas-, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo.

Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas un solo Dios verdadero que reciben una misma adoración y gloria.

El Padre. Es increado e inengendrado.

El Hijo. No es creado sino engendrado eternamente por el Padre.

El Espíritu Santo. No es creado, ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre y del Hijo

 

No hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad: tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiera existido, pero que llegó luego: por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por los siglos de los siglos.

 

“Apenas hemos celebrado la venida del Espíritu Santo, cantamos la festividad de la Santísima Trinidad en el Oficio del Domingo que sigue” escribía San Ruperto en el siglo XII, “ y esta fecha, para la celebración está muy bien escogida, porque tan pronto como hubo bajado el Espíritu Santo, comenzó la predicación y la creencia; y, en el bautismo, la fe y confesión en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Encarnación del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno, y que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que es en él y con él el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo que junto al Padre  revela que él es con ellos, el mismo Dios único. Por ello creemos y decimos “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Decía San Agustín “El Espíritu Santo procede del Padre en cuanto fuente primera y, por el don eterno de este al Hijo, del Padre y del Hijo en comunión”

Evangelio según San Juan 16, 12-15    “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”

La historia de esta fiesta

Comenzó a celebrarse hacia el año 1000, tal vez un poco antes. Parece ser que fueron los monjes los que asignaron el domingo después de Pentecostés para su celebración. Anteriormente existía una misa votiva y oficio en honor de la Trinidad pero no día de su fiesta como tal.

Las iglesias diocesanas comenzaron a seguir el ejemplo de los monjes benedictinos y cistercienses y en los dos siglos siguientes, la celebración se extendió por toda Europa.

En el año 1334,  el papa Juan XXII la introdujo como fiesta de la Iglesia universal.

El domingo de la Santísima Trinidad es de institución relativamente tardía pero fue precedido por siglos de devoción al misterio que celebra. Tal devoción arranca del mismo Nuevo Testamento pero lo que le dio especial impulso fue la lucha de la Iglesia contra las herejías de los siglos IV y V.

El arrianismo negaba la divinidad de Cristo. En el año 325, el concilio de Nicea afirmó que Cristo es coeterno y consustancial con el Padre, y así condenó el arrianismo. Esto fue reafirmado en el concilio de Constantinopla en el año 381 que declaró además que el Espíritu Santo es distinto del Padre y del Hijo pero consustancial, igual y coeterno con ellos.

La antigua iglesia hispánica en los siglos V al VII, enseñó magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los concilios de Toledo, y de su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que nuestro Dios es “Uno sólo, pero no solitario” como se dijo en el Concilio VI de Toledo en el año 638, “amor puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a participar en su unidad vital eterna.”

El dogma de la Trinidad resplandeció también en nuestras iglesias. Hemos contemplado en las alturas, anchuras y larguras admirablemente proporcionadas de esos edificios, el símbolo de la Trinidad; lo mismo que en sus divisiones principales y en las secundarias: las tres entradas, las tres puertas, los tres ventanales y a menudo también las tres torres. Por doquier, hasta en los detalles ornamentales, el número tres repetido sin cesar obedece a una idea, a la fe en la Trinidad.

También la iconografía cristiana tradujo de mil maneras este mismo pensamiento. Hasta el siglo XII a Dios Padre se le representó por una mano, que sale de las nubes y bendice. En esa mano se significa la divina omnipotencia. En los siglos XIII y XIV ya se añadió la cara y luego el busto del Padre, en el cual desde el siglo XV es representado como un venerable anciano vestido con ornamentos papales.

Hasta el siglo XII Dios Hijo fue primero representado por una cruz, por un cordero o bien por la juventud. Desde el siglo XII al XVI vemos ya representado a Cristo en la plenitud de la edad y con barba. A partir del siglo XIII lleva la cruz y también aparece en figura de cordero.

Al Espíritu Santo se le representó a lo primero por una paloma, cuyas alas extendidas tocaban a veces la boca del Padre y del Hijo, para demostrar cómo procede de entre ambos. Ya desde el siglo XI aparece con la figura de un niñito, por idéntico motivo. En el siglo XIII es un adolescente y en el siglo XV un hombre hecho y semejante al Padre y al Hijo, pero con una paloma sobre sí o en la mano, para distinguirle así de las otras dos divinas personas. Más desde el siglo XVI la paloma torna a asumir el derecho exclusivo de representar al Espíritu Santo.

Para representar a la Trinidad se adoptó la figura del triángulo. También el trébol sirvió para figurar el misterio de la Trinidad y lo mismo tres círculos enlazados con la palabra Unidad en el espacio central que queda libre por la intersección de los círculos.

Santisima Trinidad 1

 

 

Rosario de la Aurora-Logroño 2015

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Este último sábado del mes de mayo (mes de las flores y dedicado a la Virgen María) como viene siendo habitual tradición, tendrá lugar la celebración del Rosario de la Aurora en Logroño.

La concentración será a las seis y media de la mañana, junto a la Concha del Paseo del Espolón de la capital, de donde partirá la procesión con el recorrido; Muro de la Mata, Bretón de los Herreros 11 de Junio, Portales, Sagasta, Barriocepo, Plaza de la Oca hasta la Iglesia de Santiago el Real, donde finalizada la procesión, y se celebrará la eucarística.

¡Recordad la cita para éste día!  Logroño, Sábado 30 de mayo de 2015 a las 06.30 de la mañana en el Paseo del Espolón.

Como viene siendo habitual, organizado por la Parroquia de Santiago el Real y la colaboración de la Cofradía de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores, Cofradía de nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, y otras asociaciones religiosas así como Radio María, tendrá lugar la celebración de este Rosario de la Aurora.

Hace algunos años, la organización de éste Rosario, venía siendo compartida por los diferentes grupos marianos de la ciudad y la coordinación del mismo corría a cargo de los Cruzados de Santa María.  Pero desde la Diócesis y a través de su Vicario Diocesano, se delegó esa tarea de coordinación a la Parroquia de Santiago el Real, junto con la colaboración de todas las cofradía y asociaciones religiosas íntimamente relacionadas con ésta parroquia.

La imagen de la Virgen de Fátima que acompaña el recorrido, fue sufragada en su día por numerosas familias y por los Cruzados de Santa María, quienes fueron los encargados de adquirirla y hacerla llegar hasta nuestra ciudad.

Se trata de una talla de unos 70 cm. de la Virgen de Fátima, con una expresión de sencillez y ternura cautivadora.

RosarioAurora

Historia del Rosario de la Aurora.

Parece ser que sus orígenes se remontan al siglo XVII cuando los frailes dominicos difundieron el rosario (su fundador fue Santo Domingo de Guzmán) por toda España, tras la batalla de Lepanto, librada por los reinos cristianos contra los turcos.

El rosario es un rezo católico popular en el que se recuerda la totalidad de la Redención, dividido en tres series de cinco misterios cada una y separados estos por un padrenuestro, diez avemarías y un gloria.

El rosario de la aurora se cantaba y rezaba al amanecer ( de ahí su nombre), en las madrugadas de los días festivos señalados

¿De dónde proviene dicha frase?

“Acabar como el rosario de la aurora” es una frase hecha que usamos para referirnos a un hecho o suceso que sabemos o presentimos que va a acabar mal.

Hay infinidad de versiones, y según en qué parte de España busquemos, difiere de las otras, pero todas tiene como denominador común que proviene de un rosario que se reza de madrugada, en diferentes horarios según los lugares y en procesión por las calles. El final de dicho Rosario, no se sabe con fiabilidad como acabó realmente y el porqué

Traemos varias de estas explicaciones que hemos ido encontrando y que nos han parecido más fiables. Seguramente debido a las horas del Rosario que recorre las calles cantando al asomar la aurora pudiera haber muchos conflictos, si tenemos en cuenta que a la hora de salir el rosario solían andar las rondas de jóvenes pendencieros por las calles, y que hasta no hace mucho eran frecuentes en España las confrontaciones por motivos políticos o religiosos.

La primera.- En Orihuela había una costumbre muy arraigada en las décadas de 1940 y 1950 que era el Rosario de la Aurora. A altas horas de la madrugada, entre las 3 y las 4 de la mañana, salía un cura rezando el Santo Rosario por las calles de la ciudad hasta las 5 ó 6 de la mañana. Detrás del sacerdote, en dos filas, lo seguían las mujeres y a continuación los hombres, nunca mezclados. Este rosario se nutría con unas 200 ó 300 personas que portaban faroles y cirios. Eran muy ruidosos pues a cada Padre Nuestro del sacerdote, contestaban a coro las 200 a 300 personas el correspondiente Ave María, pero además cantaban canciones religiosas. Esta procesión salía todas las madrugadas y perturbaba el sueño de quienes tenían que irse temprano a trabajar. De vez en cuando de algún anónimo balcón les tiraban un cubo de agua y a veces cosas más sucias, pero la procesión continuaba imperturbable. Cuando alguien les tiraba algo, los integrantes de la procesión susurraban: «Que Dios se apiade de tu alma». La canción que más les gustaba y que cantaban a voz en cuello, con excelentes pulmones, decía así:

“El demonio, en la oreja te está diciendo: No vayas al Rosario y sigue durmiendo. Viva María. Muera el pecado. Viva Santo Domingo que lo ha fundado.»

Otra.- En otro sitio de Andalucía, pudiera ser Cádiz, existía una cofradía a la que llamaban “el Rosario de la Aurora” por su costumbre de alargar el rezo del Rosario hasta altas horas de la madrugada. Hay dos versiones de ello y seguramente las dos inventadas. La primera que el alguacil, prohibió sus rezos debido al escándalo que hacían por la calles. Los cofrades se negaron, e intervino la fuerza pública; Parte de los vecinos se pusieron de parte de los cofrades y empezaron a arrojar a los policías cosas desde las ventanas. La policía entro en las casas desalojando a los vecinos hasta la Plaza Mayor, donde se lió otra revuelta. Y la segunda, que el citado alguacil, pertenecía a otra cofradía, y debido a la popularidad que estaba cogiendo la Cofradía de la Aurora, decidieron boicotear el rezo, armando follón con cencerros, y claro, se lió la bronca.

Otra más dice.- Una madrugada de Rosario de la Aurora,  unos borrachos que se retiraban ya a sus casa,  se incorporaron al final de esta procesión y trataron de acompañar con buena intención los cánticos y las plegarias, pero como iban empapados en alcohol, empezaron  a desentonar y a entrar y salir a destiempo con respecto a los demás. Primero hubo reproches, después gritos de ¡Qué se vayan! Y finalmente se armó una gresca fenomenal. En la batalla campal que se organizó, hubo incluso heridos a farolazos y desde entonces, en la comarca y otros lugares pues se extendió como la pólvora, cuando algo sale mal y termina con alguna violencia, se dice: «Terminó como el Rosario de la Aurora, a farolazos.»

La penúltima.- En un pueblecito de la provincia de Cádiz. Existía una cofradía conocida como el Rosario de la Aurora. Sus componentes salían en procesión de madrugada, rezando el rosario a la luz de un farol. Pero, al igual que los cofrades, abundan los camorristas. Y hubo una madrugada en que los devotos se cruzaron con un grupo que los provocó de tal manera que la cosa acabó a golpes.

Y para terminar, la última.- Dicen, parece ser que a principios del siglo XIX era costumbre realizar el rosario a estas inhumanas horas por la misma zona que otra agrupación religiosa realizaba igualmente otra procesión coincidiendo su recorriendo por las calles cercanas a su iglesia. En uno de estos rosarios se encontraron los dos grupos de fieles avanzado por la misma y estrecha calle en sentidos opuestos. Ambas pías facciones reclamaban que el grupo opuesto dejase expedito el camino invocando su derecho de antigüedad sin que la caridad cristiana y la humildad asomasen en ninguno de los grupos. El resto, puede imaginarse: acabaron a farolazos.

Rosario de la Aurora en Logroño

Gran multitud de personas de todas las edades, se dan cita en este evento, considerado incluso por personas nada religiosas como multitudinario, tal y como quedó reflejado en las muchas denuncias en los diarios de la ciudad que cada año se vienen produciendo, quejándose por el “excesivo volumen” y por la “avalancha multitudinaria que impiden el tráfico” ó “Una masa de gente abandonando en bloque El Espolón que enfila el corazón de la ciudad” que sin duda, vienen a confirmar el total éxito y auge que año tras año, viene sumando nuestro ROSARIUO DE LA AURORA.

 

Nos dejó D. Eugenio Ugarte Alonso.

Hoy, 25 de mayo, de madrugada, nos dejaba mi querido y gran amigo Eugenio Ugarte Alonso.

Eugenio Ugarte Alonso

Eugenio, era una persona muy conocida en todo Logroño, tanto por su actividad empresarial en el sector del calzado, como en el mundo Cofrade, pues era excelente conocedor de la Semana Santa de su ciudad natal.

Fue Hermano Mayor de la “Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro” y de su “Cofradía de Jesús Nazareno”, de la cual era uno de los hermanos de mayor antigüedad.

Era gran aficionado de la escritura, siendo autor de varios libros e historias, entre los que destacan los cuentos de Navidad y poco después inició la tradición con los cuentos de Semana Santa.

Me encuentro entre los afortunados de haberlos recibido puntualmente por correo, en cada fecha señalada y si no llegaban en esas fechas, era por alguna razón muy justificada como pudiera ser su estado se salud, pero como digo, siempre llegaban puntualmente.

portada

Escribió el único libro dedicado por completo y en exclusiva, a la actual Semana Santa de Logroño y a sus cofradías, siendo solamente en la Biblioteca de La Rioja donde se puede disfrutar de éste primer ejemplar nunca editado. Poco tiempo después, se puso manos a la obra para mejorarlo y actualizarlo, quedando listo para su edición, la segunda versión en el año 1997.

Pasaron bastantes años más, hasta que por fin pude conseguí convencerle de su publicación y gracias a D. Alejandro Ochoa Esquíu y a Logroñopasión.com, Eugenio pudo contemplar por si mismo, como su querido libro veía la luz en una corta pero a la vez emotiva edición.

Mucha horas, muchos borradores, muchos repasos y modificaciones hubo que hacer y las horas que Alejandro con Eugenio tuvieron que invertir para darle formato al libro, hicieron ahora al igual que años atrás pasó conmigo, forjar una entrañable amistad trabada entre ellos, que era de envidiar.

Hablaban de la Semana Santa, de los carteles anunciadores de la misma, cuya iniciativa partió de Eugenio cuando estuvo de Hermano Mayor, de las anécdotas vividas, de la amistad conmigo, etc…..

Eugenio, tuve el honor de prologar tu libro HISTORIA DE LA SEMANA SANTA DE LOGROÑO (http://logronopasion.com/paginas/libro.php). Quise agradecerte y rendirte sin conseguirlo por completo, el honor de haberte conocido, de haber participado de tu amistad y porqué no, de tu cariño, y que siempre, siempre, me he sentido HERMANO tuyo.

HASTA SIEMPRE EUGENIO.

Una parte de tu vida se va, cuando un buen amigo nos deja. Algo cerca de ti se va con él, algo que con él estuvo siempre muy cerca.

Ese cariño en la amistad y también en la discrepancia, hizo que los demás se sorprendieran, cuando juntos quizás soñábamos, era lo que era.

Se sorprendían, si, por esa discrepancia, y no se daban cuenta que aún desde orillas separadas y quizás opuestas, hacíamos todo cerca.

Esto hacía que nuestra amistad fuera más honesta, pues no había interés alguno que el objetivo marcado se interpusiera.

Buenos recuerdos y experiencia me dejas, gran amigo, aunque siempre los tuve conmigo, siempre bajo tu observancia y tutela.

Y ahora, en ésta momentánea ausencia, me llenas el corazón  con esos recuerdos, que con honor y cariño, conservaré hasta que te vea.

La Semana Santa de tú Logroño, ese otro gran amor de tú vida, ya se quedó sin ti hace muchos años, pero ahora tú la guías de otra manera.

Desde niño ya lo hacías y a tu Nazareno te acogías, su Cruz quisiste llevar o por lo menos ayudar, mientras con la tuya lo hacías.

Tu esposa te acompañó en toda causa y andadura, al margen siempre quedó y cuando escribes tu gran libro, a ella dedicas.

Intentas compensarla por tanta dedicación, pues no había acto, Misa o procesión que con todo tu corazón, a tu Cofradía ofrecieras.

A tus Cofrades y  Hermanos a los que también dejas  huérfanos de espíritu, les enseñaste a seguir los pasos del Nazareno, en ayudarle con el madero.

Querido Eugenio, estimado amigo, no quiero llorar pero no lo consigo. Solo consuela saber que ya estás con tu mejor AMIGO.

AMIGO común éste Jesucristo, que rememorando día a día su Vida y Pasión, hizo que nos hiciéramos nosotros, verdaderos amigos.

Ahora no estás ya entre nosotros, pero ahora estás ya con el otro AMIGO.

Mi querido y gran amigo Eugenio, descansa en la Paz del Señor y disfruta ahora de Jesús el Nazareno que te rodea con los brazos bien abiertos.

Rogamos la asistencia al funeral que por su alma, se ofrecerá D.M. mañana martes día 26/05/2015 a las 18.oo horas en la Iglesia Santiago El Real.

 

Pentecostés. Espíritu Santo, Ven.

Una vez que Jesucristo hubo ascendido al Cielo, los testigos de aquel hecho maravilloso regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén a la distancia de un camino permitido el sábado. Y cuando llegaron, subieron al Cenáculo donde vivían Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos (Hechos de los Apóstoles 1, 12-14).

Espíritu Santo

Origen de la fiesta.

Pentecostés (del griego Πεντηκοστή (ημέρα), Pentekosté (heméra)

Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. La fiesta de pentecostés originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos. Las siete semanas representaban cincuenta días y de ahí el nombre que recibió más tarde. Se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo y era pues una fiesta movible dependiendo de cuándo llegaba cada año la cosecha, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley,  Ley entregada a Moisés. Con esta fiesta, recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre. La gente venía de muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés. Es en este marco de la fiesta judía es donde surge nuestra actual celebración cristiana de Pentecostés.

La Promesa del Espíritu Santo. Durante la Última Cena, Jesús promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17). Más adelante les dice: “He dicho estas cosas mientras estoy con vosotros; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.” (San Juan 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Os conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,… muchas cosas tengo todavía que deciros, pero no os las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,… y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).

Jesús y Espíritu

Explicación de la fiesta.

Cumplían el mandato de Jesús, pues les había dicho que aguardaran en la Ciudad Santa el envío del Consuelo prometido, esperaron diez días su llegada, todos alrededor de María. Al perder la compañía física de su Maestro, los más íntimos se reúnen en torno a su Madre, que tanto les recordaría a Jesús: en las facciones, en el timbre de la voz, en el mirar cariñoso y maternal, en las delicadezas de su corazón y, sobre todo, en la paz que derramaba alrededor.

Además de los Apóstoles y de las santas mujeres, estaban los parientes más cercanos del Señor, esos mismos que antes habían dudado de Él, y que ahora, convertidos, se estrechan en torno a la Virgen de Nazaret.

Es fácil imaginar la vida en aquel Cenáculo, que debía de ser amplio para acoger a tantas personas. Los datos de la tradición no permiten asegurar con certeza de quién era aquella casa, aunque dos hipótesis parecen las más seguras: o bien se trataba de la casa de la madre de Marcos, el futuro evangelista, a la que se refiere más adelante el texto sagrado ( Hch 12, 12), o bien pudo ser la casa que la familia de Juan el evangelista tenía en la Ciudad Santa. En cualquier caso, la oración unánime de los discípulos con María produjo enseguida un primer resultado: la elección de Matías para ocupar el puesto de Judas Iscariote. Una vez completado el número de los doce Apóstoles, continuaron rezando en espera de la efusión del Espíritu Santo que Jesús les había prometido.

Pero no todo era rezar: debían ocuparse de muchas más tareas; aunque, en el fondo, todo lo que hacían era verdadera oración, porque su pensamiento estaba de continuo en Jesús y tenían con ellos a María. Podemos imaginar las conversaciones convertidas en verdaderas tertulias con la Virgen María. Después de haber visto a Cristo resucitado y contemplado su ascensión al Cielo, deseaban conocer muchos detalles de la vida de su Maestro , su niñez, su adolescencia etc. Y allí estaba la Madre, evocando aquellos recuerdos siempre vivos en su corazón: el anuncio de Gabriel en los años ya lejanos de Nazaret, los desposorios con José, a quien muchos de ellos no habían llegado a conocer, el nacimiento en Belén, la adoración de los pastores y los magos, la huida a Egipto, la vida de trabajo en el taller de Nazaret…

¡Cuántos temas brindaban y preparaban las palabras de María a la oración de los discípulos! ¡Con qué nueva luz debieron ver todos los sucesos vividos junto al Maestro, en sus tres años de acompañarle por tierras de Palestina! Junto a María, la Virgen fiel, se encendía en ellos la fe, la esperanza y el amor: la mejor preparación para recibir al Espíritu Santo.

Pentecostés

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar a cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: ¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios. Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros ¿Qué significa esto? Otros en cambio decían riéndose ¡Están llenos de vino nuevo! Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras… Hechos de los Apóstoles 2,1-14

La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado.

Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de El y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: El es quien inspira la predicación de San Pedro, quien confirma en su fe a los discípulos, quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles, quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús. En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo.

Esa realidad profunda que nos da a conocer el texto de la Escritura Santa, no es un recuerdo del pasado, una edad de oro de la Iglesia que quedó atrás en la historia. Es, por encima de las miserias y de los pecados de cada uno de nosotros, la realidad también de la Iglesia de hoy y de la Iglesia de todos los tiempos. Yo rogaré al Padre anunció el Señor a sus discípulos y os dará otro Consuelo para que esté con vosotros eternamente  Jesús ha mantenido sus promesas: ha resucitado, ha subido a los cielos y, en unión con el Eterno Padre, nos envía el Espíritu Santo para que nos santifique y nos dé la vida.

 

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El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, tres personas distintas en un solo Dios verdadero, nos ayuda a asimilar la doctrina de Cristo, nos da la fuerza necesaria para vivir nuestros compromisos bautismales y no deja de venir a nosotros constantemente.

¿Porqué el Espíritu Santo nos ayuda a asimilar la doctrina de Cristo?.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo: el Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Nos manifiesta al Señor resucitado, nos recuerda su palabra y abre su mente para entender su muerte y resurrección. Con frecuencia notamos que tenemos ideas claras sobre la doctrina católica. Si nos hicieran un examen, probablemente sacaríamos todos, una buena nota. Pero una cosa es saberlo y otra es vivirlo. Necesitamos una ayuda especial para poder ir formando nuestra conciencia moral, y esta ayuda viene del Espíritu Santo.

En realidad, el verdadero artífice de una conciencia bien formada es el Espíritu Santo, quien, por un lado, señala la voluntad de Dios como norma suprema de comportamiento, y por otro lado, derrama en el alma las virtudes y dones, suscita en el corazón del hombre la íntima aspiración a la voluntad divina hasta hacer de ella su alimento.

Con mucha frecuencia no vemos claramente el por qué la Iglesia nos exige ciertos comportamientos morales. En esas ocasiones tenemos que acudir a una mano de ayuda.

Y esa mano superior, es la del Espíritu Santo. El puede enseñarnos y guiarnos para que nuestro juicio podamos hacerlo coincidir con el de Dios.

¿Cómo nos da el Espíritu Santo,  la fuerza necesaria para vivir nuestros compromisos cristianos hechos desde el bautismo?

La vida cristiana es una opción que debemos renovar a diario, todos los días. Dios nos deja libres. En cualquier momento cabe la posibilidad de echarnos atrás, de quedarnos indiferentes, de ser unos cristianos “domesticados” como ciertos animales que sólo sirven para adornar el hogar, pero que ya no son agresivos porque están domados.

Muchos de nosotros hacemos domesticar y recortarla a una medida cómoda. Hecha a nuestra medida. Una conciencia para andar por casa, una conciencia mansa, que nos presenta los grandes principios morales suavizados, y que nos ahorra sobresaltos, remordimientos y angustias. Ante las faltas, sabe encontrar justificantes y atenuantes: Estás muy cansado, los demás también lo hacen, actué con recta intención, lo hice por un bueno fin, apliqué sentido común.

¿El Espíritu Santo viene constantemente a nosotros?.

El Espíritu Santo, nunca deja de venir, nunca nos deja sin su ayuda.

Experimentamos muchas venidas del Espíritu Santo durante nuestra vida. Las más notables, cuando recibimos los sacramentos. Por medio de cada sacramento, el Espíritu Santo, verdadero artífice de nuestra santificación, va dibujando y acabando su gran obra en nosotros, que es nuestra transformación en Cristo.

Además de estas venidas sacramentales del Espíritu Santo, hay otras que son menos espectaculares, como su influencia sobre nuestra conciencia moral, y por ello no menos importantes ni pierden esa importancia. Para el alma en estado de gracia, la voz de la conciencia viene a ser la voz del Espíritu Santo, que ante ella se hace portador del querer del Padre celestial.

Nuestra vida debería ser un constante diálogo con el Espíritu Santo. Es imposible vivir la vida cristiana, cumplir con el principio y fundamento… sin esta colaboración con este  divino Huésped del alma, el Espíritu Santo.

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Señales del Espíritu Santo.

El viento, el fuego, la paloma. Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego. El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor. Nombres del Espíritu Santo: El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.

Misión del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es santificador: Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.

El Espíritu Santo mora en nosotros: Como ya se ha indicado anteriormente, en San Juan 14, 16, encontramos la frase: “Yo rogaré al Padre y os dará otro abogado que estará con vosotros para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?”. Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en nosotros para obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta aceptación está condicionada a nuestra aceptación y libre colaboración. Si nos entregamos a su acción amorosa y santificadora, hará maravillas en nosotros.

El Espíritu Santo ora en nosotros: Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual para pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios ore en nosotros siendo dóciles al Espíritu. Dios interviene para bien de los que le aman.

El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza. El Espíritu Santo y la Iglesia: Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones. El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús. Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc. El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo. El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia. El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete dones.

Los siete dones del Espíritu Santo.

Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el porqué de las cosas que nos manda Dios.

CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.

CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.

FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.

PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.

TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.

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Oración al Espíritu Santo

LAS ALAS DEL ESPÍRITU SANTO

–Dame, Espíritu Santo, tus alas de SABIDURIA. Para apreciar, no tanto las letras con las que se es poderoso en la tierra, cuanto el deseo de ver a Dios en las pequeñas cosas de cada jornada. No es sabio quien sabe sino aquel, que es consciente de que sabe poco.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de INTELIGENCIA. Para que pueda descubrir tantos secretos escondidos que, aparentemente, son inapreciables a mi vista. Que te vea en lo invisible.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de CONSEJO. Para que pueda conducir lo que digo y hago, lo que me dicen y lo que me hacen, hacia la voluntad de Dios. Que no me equivoque ni equivoque.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de FORTALEZA. Para que, en las dificultades en el vuelo de mi existencia cristiana, me sienta protegido y arropado por la mano poderosa de Dios.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de CIENCIA. Para no anteponer la fe a la cultura, para iluminar los acontecimientos del mundo con la transparencia de la fe. Que no me acobarde cuando no me entiendan ni comprendan mis planteamientos cristianos.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de PIEDAD. Para que nunca me olvide del Señor que habita en el cielo y, por otro lado, para que no viva de espaldas a los sufrimientos de los que viven en la tierra.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de TEMOR DE DIOS. Para que pueda huir de mi vanidad y egocentrismo y, en cambio, sepa valorar la presencia de un Dios que –al final de mis días- me espera.
Que, sabiendo que Dios me aguarda, camine en la tierra con la sensación de que no puedo permitir aquello que me distancia de El.

Javier Leoz Ventura

Festividad de Pentecostés. Las Alas del Espíritu Santo

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–Dame, Espíritu Santo, tus alas de SABIDURIA. Para apreciar, no tanto las letras con las que se es poderoso en la tierra, cuanto el deseo de ver a Dios en las pequeñas cosas de cada jornada. No es sabio quien sabe sino aquel, que es consciente de que sabe poco.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de INTELIGENCIA. Para que pueda descubrir tantos secretos escondidos que, aparentemente, son inapreciables a mi vista. Que te vea en lo invisible.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de CONSEJO. Para que pueda conducir lo que digo y hago, lo que me dicen y lo que me hacen, hacia la voluntad de Dios. Que no me equivoque ni equivoque.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de FORTALEZA. Para que, en las dificultades en el vuelo de mi existencia cristiana, me sienta protegido y arropado por la mano poderosa de Dios.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de CIENCIA. Para no anteponer la fe a la cultura, para iluminar los acontecimientos del mundo con la transparencia de la fe. Que no me acobarde cuando no me entiendan ni comprendan mis planteamientos cristianos.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de PIEDAD. Para que nunca me olvide del Señor que habita en el cielo y, por otro lado, para que no viva de espaldas a los sufrimientos de los que viven en la tierra.

-Dame, Espíritu Santo, tus alas de TEMOR DE DIOS. Para que pueda huir de mi vanidad y egocentrismo y, en cambio, sepa valorar la presencia de un Dios que –al final de mis días- me espera.
Que, sabiendo que Dios me aguarda, camine en la tierra con la sensación de que no puedo permitir aquello que me distancia de El.

Javier Leoz Ventura11263923_769545306477455_7506648194627132234_n.