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Archivo de septiembre de 2015

AFERRADOS A LA ESPERANZA (Hijos de un divorcio V)

Si uno lo piensa, los adultos en fase de separación matrimonial se desahogan pronunciando monólogos interminables frente al hermano, amigo o pariente que les resulta más accesible. Todos hemos escuchado alguno. divorcio

Pero los niños y adolescentes (hijos de esos adultos) no hablan con nadie sobre lo que sienten porque: 1º- no entienden el problema (todos evitan explicárselo), 2º- no saben identificar sus emociones y temores, 3º- no son capaces de verbalizar sus pensamientos; como mucho anuncian eso de: “mis padres se separan”.

Es dramático comprobar, otra vez, cómo los más inocentes son los que casi nadie oye. ¿Cómo gritar si no les damos voz ni voto?

Por si los datos empíricos aportados sobre el impacto del divorcio en los hijos no fueran argumento suficiente, he señalado los intereses económicos, ideológicos y políticos subyacentes a los argumentos divorcistas, he tasando el peso real de los sentimientos dentro de la institución matrimonial y finalmente, he mostrando la retorcida paradoja que sustenta la cultura del divorcio, lo de “te amo, pero si me conviene algún día te dejaré”.

Confío en haberos sido útil durante el análisis hecho de esta realidad. El paso que sigue es preguntarse: “¿qué puedo hacer al respecto?” Mientras os contestáis a vosotros mismos y decidís la acción concreta que Dios os pide para transformar esta dolorosa sustantividad, yo me retiro del escenario de vuestros pensamientos…

En el bis por cortesía que todo público pide, aprovecho a proponeros un mensage lleno de esperanza: “no tenéis ni idea de lo importantes que sois. Así que, ante todo, ¡sobrevivid JUNTOS! Cuidaos siempre el uno del otro y a vuestros hijos.

Dios quiere que seamos felices en familia, pero ¡atención! la verdadera felicidad no es la que se pasa al día siguiente, como sucede cuando estrenamos, p.e., un pantalón chulísimo. La verdadera felicidad pasa por comprometerse de forma tajante con las cosas que merecen la pena: vuestro esposo/a, vuestros hijos, vuestros padres, el derecho a trabajar, la justicia, etc.

¡El amor inconcidional existe! Dios os ama así, categóricamente. Permitíos vivir esta experiencia y compartid este tipo de amor con quienes más os importan. Pero dadlo aunque os parezca que el otro no lo merezca. Parte del amor siempre es inmerecido.  Este amor irradia tanta luz, alegría y belleza, que sin daros cuenta acabaréis compartiéndolo con el resto de los hombres.

Cierto que muchos niños nacen y viven en el mundo donde son maltratados y explotados de todas las formas posibles. La injusticia originada por el pecado de los adultos se los cobra como primeras víctimas de casi todo.

Sin embargo, las capacidades del ser humano son tantas, la dignidad que le ha sido conferida por su Creador es tal, que sólo nacer entre algodones mullidos por el amor esponsal hace justicia a su valor. Por eso, aunque Dios podría crear nuevos hombres y mujeres del barro o de la nada, se abstiene de hacerlo si no tiene la colaboración de un padre y una madre.

Cuando un matrimonio cristiano le dice a Dios que no quiere las complicaciones derivadas de tener hijos, demuestra que ni se huele los dones que se niegan en cada hijo presente o futuro; que no valora suficentemente la confianza que Dios pone en ellos cuando les otorga la responsabilidad de criar y educar a “sus pequeños”. Para ser consecuentes con esta vocación, merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en garantizar y fortalecer el vínculo matrimonial.

MartaCM

 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.” (Mateo 18:5)
Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. (Mateo 18:6)

RETO INELUDIBLE Y EMOCIONANTE (Hijos de un divorcio IV)

Si un herido pierde sangre – supongamos que poca pero de forma constante -, tapar el corte sin detener la hemorragia no lo sanará. Sobre todo cuando un sádico empeñado en matarlo poco a poco le hace cortes nuevos cada noche que, como el primero, no dejarán de sangrar.

España registró en 2013 la cifra más alta de divorcios desde 2008. El promedio de duración de un matrimonio es de 15,3 años.

España registró en 2013 la cifra más alta de divorcios desde 2008. En la actualidad, el promedio de duración de un matrimonio es de 15,3 años.

Cuando una familia acaba rota, firmar un convenio regulador que permita pasar “de jaque mate a tablas” es la venda que tapa la herida sin detener la hemorragia.

Admitir el divorcio como expresión de libertad personal es generalizar la licencia para romper familias sin penalizacion alguna, es abrirle la puerta al sádico que entraba a hurtadillas y cortaba al paciente.

Si alguien no lo impide, las familias y la sociedad (esta última como resultado de la generalización de un comportamiento nocivo, el divorcio), acabarán inconscientes por desangramiento.

Quien se ve arrastado al estado de inconsciencia pierde la noción del dolor, de la realidad y, por consiguiente, la capacidad de reaccionar. ¿Esto queremos? ¿Personas desmayadas incapaces de pronunciarse, decidir o movilizarse? ¿Una sociedad enferma donde, mientras la gente sencilla está anulada, los malos y poderosos hacen su agosto en detrimento de la justicia y de la felicidad ajena?

Dirá alguno: “puedo aceptar que el divorcio es una enfermedad contagiosa, pero, ¿qué hacer cuando, pese a todo, la convivencia es imposible?” Intentar la conciliación hasta el agotamiento es una obligación irrenunciable, sin embargo… cuando exiten causas mayores que impiden la covivencia, el Derecho Canónico prevee, para los católicos, la separación conyugal. A efectos de patrimonio, pensiones compensatorias, etc., como mero trámite legal, podría interesar un divocio civil. Pero un católico no puede extingir su matrimonio, ni las obligaciones que de él se derivan hacia su esposo/a e hijos, mediante el divorcio.

En la nueva “cultura del divorcio” nadie contraería nupcias si no puediera divorciarse con facilidad. Esta premisa hace presente el divorcio en la fundación misma de cada nuevo matrimonio, lo que equivale a decir: “te declaro mi amor y mi intención de abandonarte al mismo tiempo”.
Sólo si desmitificamos el divorcio podremos evidenciar la verdadera esencia del matrimonio: un proyecto de dos (hombre y mujer), en ocasiones heróico, profundamente humano, escuela de humanidad y de libertad responsable. La indisolubilidad del matrimonio no es un dogma religioso, sino la dovela clave de la familia y, por lo tanto, una necesidad de la persona y de la sociedad para bien de ambas.

MartaCM

Judith S. Wallerstein (psicóloga) atiende desde 1971 a niños y adolescente de parejas divorciadas en California. En sus primeros estudios catalogaba el divorcio como un azote emocional en la niñez que se agrava en la adolescencia. Sin embargo, pensaba que sus efectos eran transitorios y que los niños aprendían – gracias a este vapuleo – que la vida no es fácil.
Pasados unos años, muchos hijos de un divorcio – ahora adultos entre 25 y 40 años – reclamaron su asistencia para hablar de lo vivido durante la separación de sus padres. Comprobó con asombro que las heridas estaban en carne viva. Aquellos jóvenes se sentían como si alguien hubiera destruido en verano la calefacción central de su casa, y les asombrara pasar frío en invierno.
Después de treinta años de estudio empírico, Wallerstein denuncia los mitos del divorcio (“nos divorciamos porque somos muy infelices y, de continuar así, haremos infelices a nuestros hijos”, o “el divorcio inflige sus efectos más dañinos en el momento de la separación, luego desaparecen”).

Paralelamente afirma que los niños y adolescentes prefieren a sus padres bajo el mismo techo, aunque se peleen. La mera posibilidad de una separación les llena de confusión y miseria emocional porque ellos no se identifican sólo con su madre o con su padre como individuos, sino con la relación de pareja que tienen y la unidad que constituyen; 3- concluye que el divorcio de los padres se convierte en un factor determinante de los sentimientos, actitudes y el crecimiento de los hijos; que su impacto nocivo aumenta con el tiempo y llega al máximo en la edad adulta; que todos los hijos de un divorcio desean uniones esponsales firmes, duraderas, hasta la muerte pero, en la práctica, parece como si sobre ellos hubiera caído una maldición. (Álvaro de Silva, Boston, para Alfa y Omega. Enero 2014)

SIN RENUNCIAR AL AMOR (Hijos de un divorcio III)

No es exagerado decir que la violencia es connatural al divorcio.

Violencia doméstica no es sólo pegar habitualmente, o matar a tu esposa/o, a tu hijo o a tus padres. Tambien es violencia familiar hacerles sentir que nunca los quisiste, que siempre fueron un impedimento en el desarrollo de tus proyectos personales. Violencia familiar es ejercer en casa un autoritarismo arbitrario que se acompaña con gritos frecuentes; es anteponer tu comodidad a sus necesidades; es utilizar a tu esposa como si se tratara de tu sierva o criticar a tu esposo sin tregua y, desde luego, medie o no sentencia de divorcio, es abandonar a tu conyuge y/o a tus hijos, sin causa grave llevado/a por algo tan cambiante y temporal como los sentimientos (enamoramiento, desilusión, etc.).Divorcio

El divorcio no es una cura, es una mala amputación; es la salida más rápida, la que nos venden en el mercadillo de valores. Sin embarago, como si estuviéramos en manos del peor cirujano, el corte nunca será límpio ni definitivo, dejará secuelas manifiestas, graves, algunas permanentes y difíciles de cuantificar. El divorcio es una forma de violencia que remata muchos meses (o años) de gestos, acciones u omisines más dañinos para unos (los hijos y el conyuge abandonado) que para otros.

Cuando la ruptura no es una alternativa – caso de los esposos cristianos -,  el divorcio es la típica decisión imprudente que nos obligará a enfrentar situaciones personales muy complicadas si queremos preservar la gracia de nuestras almas.

Por lo tanto, pese a las dificultades en la relación conyugal (a veces enormes), un amor sincero, bueno, maduro y responsable se aferraría al vínculo matrimonial con uñas y dientes, apelaría sin tregua al sentido común y al sentido sobrenatural de la vida en familia.

Cuando parece que el barco de nuestro matrimonio se estrella y saltar NO ES UNA OPCIÓN, habrá que hacer cualquier cosa por cambiar su deriva: “me tocaba devolvertela, pero me la quedo”. “Me la quedo, te perdono y rompo esta espiral de violencia”. Lo contrario, permitir que la degradación llegue a cierto nivel, propiciará que nuestra frustración y nuestro orgullo herido (ambos muy hábiles en reclamar reparación, negar el perdón y rehuir responsabilidades) tomen el control.

Si no hay perdón, no hay amor. Si no hay amor, la cosa empeorará con cada traspié. Llegados a este punto, ¿para qué seguir casados? Esta pregunta es una de las mentiras que soporta el discurso divorcista. No podemos confundir “sentirse enamorado” (un sentimiento) con “amar” (una decisión). Los sentimientos son, por naturaleza, pasajeros. Un compañero me cae simpático hoy, mañana no. Hoy pelearía por defender a un amigo, pasados cuatro años no. Hoy puedo estar perdidamente enamorado, al séptimo año no. Amar a tus padres, tus hijos, tu esposa, tus amigos, es una decisión permanente.

Si nos guiáramos sólo por lo que sentimos, hartos de nuestros padres, nos hubiéramos ido de casa siendo adolescentes; hubiéramos repudiado a nuestros hermanos antes de cumplir los diez años; hubiéramos despachado de casa al hijo que nos ocasiona tantos disgustos; hubiéramos mandado a la porra el trabajo, y no atenderíamos al enfermo que nos provoca nauseas mientras lo aseamos.

Cuando amamos a otra persona, decidimos hacerlo pese a los sentimientos que nos suscita y pese a sus defectos. Por eso, en medio de un periodo de decepción matrimonial, cuando tienes ganas de decirle a tu esposo/a dónde puede irse, piensa cuán importante es el o ella para ti; recapitula los logros conseguidos y medita cual será el bien de los hijos. Entonces decidirás bajar el tono de voz, dejar de reprocharle las cosas que hace mal, no faltarle el respeto y renovar tu propósito de ser cordial, leal, sincero, generoso, optimista, conciliador, abnegado…

MartaCM

Los matrimonios que llevan toda una vida juntos coinciden en afirmar lo siguiente: la euforia de la pasión amorosa no se mantiene a lo largo de los años. Sin embargo, cuando ambos esposos toman la decisión de amarse y se muestran detalles de cariño con frecuencia – actitud nacida de la voluntad de cuidar y hacer feliz al otro – , el sentimiento de amor y el compromiso matrimonial se renuevan y fortalecen constantemente.

TIRANÍA DE LA RAZÓN (Hijos de un divorcio II)

Lamentando la espera, os escribo la seguna, tercera, cuarta y quienta parte del último tema iniciado el pasado mes me marzo, y que titulé “Hijos de un divorcio”. Como siempre, espero que os ayude a entender y volorar los bienes que tenemos, en este caso la indisulubidad del matrimonio.

Es revelador constatar cuántos abusos, a veces salvajes, se han acreditado, alegando “razones razonables”.

Estamos acostumbrados a que nos hablen del divorcio como de una opción perfectamente válida. Mil razones justifican esta posición. Divorcio

La gente guapa, rica y famosa tiene a sus espaldas dos, tres, y hasta siete divorcios. Todos tenían motivos razonables para tramitarlos. Tan generalizado es el fracaso conyugal, que se habla de “pareja muy estable” cuando un matrimonio sobrevive cinco años. El divorcio tiene sus argumentos pero, ¿son fruto de la generosidad, la justicia y la responsabilidad?

Jesús explica en el Evangelio de San Mateo que el hombre no puede separarse (ni provocar la separación) de lo que Dios ha unido. Admite que – por mediación del profeta Moisés, y a la vista de la dureza de corazón de su pueblo – Dios permitió, durante un tiempo, repudiar a la mujer sólo en caso de adulterio. “Pero al principio no fue así. Y yo digo que quien repudia a su mujer (…) y se casa con otra, adultera” (Mt19, 3-9). Contundente ¿verdad? Pues así restituyó Jesus al matrimatrimonio la dignidad que le fue conferida por el Creador.

Si hacemos memoria, algo parecido sucedío con la poligamia: Dios pudo permitirla – que no legitimarla – para posibilitar el cuidado y la protección de las mujeres en un tiempo y una sociedad (patriarcal y en continuas guerras) donde la alternativa a ser la esposa ‘númeo x’ era la esclavitud, la prostitución, la mendicidad y/o morir de hambre.

La mentalidad antidivorcista era indudable en la iglesia de los primeros siglos. Había pluralidad de criterios interpretativos sobre las posibles excepciones, pero el divorcio era rechazado contundentemente. Además, era unánime la certeza de que “entre nosotros lo que no es lícito a la mujer, tampoco es lícito al varón” (San Jerónimo, 331 a 420 D.C).

En la Edad Media, la iglesia católica (Roma) era muy rigurosa. No así la iglesia griega (Constantinopla), que contemplaba excepciones y concesiones para permitir el divorcio en algunos casos.

En el protestantismo, por lo general, se admitía el divorcio sólo en caso de inmoralidades sexuales y por abandono injustificado del hogar. En plena efervescencia protestante, el caso de Enrique VIII de Inglaterra convirtió la discusión sobre nulidades matrimoniales y/o divorcio en una viva polémica sobre la primacía papal que culminó la escisión de la Iglesia Anglicana. Para muchos anglicanos, admitir que llegaron a la separación de la Iglesia Romana razonando cómo justificar la actitud soberbia y la incontinencia sexual de un rey, es motivo de íntima vergüenza.

En verdad, nuestra naturaleza herida ha posibilitado la presencia continuada de los pecados que atentan contra el matrimonio y la familia (infidelidad, abandono, explotación laboral de la mujer y/o los hijos, maltrato u homicidio) en la historia del hombre. Sin embargo, “normalizar la ruptura marital” es un fruto podrido de la humanidad dado en la edad moderna y posmoderna.

En 2015 el caso de un matrimonio roto es tan habitual que muchos lo consideran “normal”. Y cuando dicen “normal” quieren decir “no malo”. Y cuando despenalizan una conducta – sobre todo desde el punto de vista moral – la hacen “buena”. Y “Si algo es bueno – siguen en su razonamiento – , ¿por qué no debiera recomendarse? O ¿por qué hay que impedir su disfrute y difusión?”

Hágamos esta misma pregunta en negativo, quizás visualizemos mejor el problema que plantea: ¿Qué sucederá cuando, en lugar de animar siempre al mutuo respeto, a la comprensión, al perdón y al cumplimiento de los promesas matrimoniales (sobre todo en momentos de indefensión, decadencia o debilidad), se hace buena, por ley, la violencia familiar connatural a un divorcio?

MartaCM

Nuestro compromiso con el valor intrínseco de la familia debe llevarnos: 1- a huir de la rutina familiar, siendo creativos con lo que somos y tenemos para conseguir lo que queremos; 2 – a proponernos ser “pelín heroicos” (sólo un pelín) en el esfuerzo por crecer en las virtudes humanas (generosidad, lealtad, sinceridad, laboriosidad, orden, sobriedad, etc.), y en desarrollar una piedad sencilla (oración al levantarse y acostarse, bendición de la mesa, urbanidad en el templo, etc.), para dar un testimonio que transmita ilusión y que convenza sin necesidad de añadir muchas “razones”.

Semana Santa de Logroño “Interés Turístico Nacional”

“Fiesta de Interés Turístico Nacional” a la SEMANA SANTA de Logroño.

escudo_hermandad

La Secretaría de Estado de Turismo ha dictado una resolución por la que se concede el título de “Fiesta de Interés Turístico Nacional” a la “SEMANA SANTA” de Logroño.

Con tal motivo, hoy jueves, 3 de septiembre de 2015, a las 12.30 del mediodía, tiene lugar un acto en el Ayuntamiento de Logroño en el que la Secretaria de Estado de Turismo, Dª. Isabel María Borrego Cortés, hará entrega de un diploma acreditativo al Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja  D. José Ignacio Ceniceros, y a la Alcaldesa de Logroño, Dª. Concepción Gamarra.

Asistirán al acto, el Reverendísimo Sr. Obispo de la Diócesis de Calahorra, La Calzada-Logroño D. Juan José Omella Omella, el delegado del Secretariado de Hermandades y Cofradías de ésta Diócesis D. Fermín Labarga García, el Hermano Mayor de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño D. Javier Benés Orúe, todos los Hermanos Mayores de las 11 Cofradías de Logroño, y el Delegado del Gobierno D. Alberto Bretón.

comunicado ayuntamiento

La Semana Santa de Logroño ostentaba ya la calificación de “Fiesta de Interés Turístico Regional”,  y ahora alcanza un nuevo nivel, sumándose a la Semana Santa de Calahorra que ya fue declarada de “Interés Turístico Nacional” el pasado año.