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Archivo de Diciembre de 2015

María, Theotokos, Madre de Dios

La Iglesia Católica comienza todos los nuevos años, celebrando la Festividad de María, Madre de Dios, fiesta solemne y propicia para pedir y solicitar la protección de la Santísima Virgen María. Es la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente. Es la fiesta de la mismísima “Madre de Dios, nuestro Señor”.

San Pablo en su carta a los gálatas dice de Jesucristo: “nacido de mujer, nacido bajo la ley”, para indicarnos que como hombre, Dios necesariamente ha tenido que tener una madre. La bendición litúrgica de la primera lectura parece que fue escrita dirigida a María madre: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor te muestre su rostro y te dé la paz”. El rostro del Señor es Jesús de Nazaret, el hijo de María. El evangelio nos permite intuirlo cuando con impresionante sencillez nos dice, refiriéndose a los pastores: “Fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”.

Ya en las Catacumbas Romanas que están cavadas debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Eucaristía en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este lema: “María, Madre de Dios”.

 

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La mujer y que mujer, es el centro de atención en la liturgia de hoy. Particularmente la mujer como madre. Y esa mujer y esa madre, es María, la Madre de Dios, nada más y nada menos.

María, no formó a Dios, pero es Madre de Dios. Y si nosotros, hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿Qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener, como mujer y como madre.

María no engendró a Dios desde la eternidad. María comienza a ser Madre de Dios cuando el Hijo Eterno se encarnó en sus entrañas, es decir en la misma “Encarnación del Señor”.

¿A quién llamamos madre? Pues a la mujer que engendra un hijo, y por ello, es madre de la persona por ella engendrada.

Si reconocemos que María engendró y dio a luz a Jesús, entonces reconocemos que María es madre de Jesús. Y si además reconocemos que Jesús es una persona divina, la Segunda Persona de la Trinidad, entonces reconocemos que María, por ser madre de esa Persona, Jesús, es verdaderamente Madre de Dios.

En el credo profesamos que el Hijo es engendrado (eternamente), no creado por Dios. Dios no tenía necesidad de hacerse hombre pero quiso hacerse. Quiso tener madre verdaderamente. Gálatas 4,4: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer”. Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios, por ende María es madre de Jesús, Dios y hombre verdadero.

Dios no necesitaba tener madre pero la quiso tener para acercarse a nosotros con infinito amor. Dios es el único que pudo escoger a su madre y, para consternación de algunos y gozo de otros, escogió a la Santísima Virgen María quién es y será siempre la Madre de Dios.

Cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel en su Visitación, ésta, movida por el Espíritu Santo, la reconoció como Madre de Dios al llamarle “Madre de mi Señor”.

La verdad de que María es Madre de Dios es parte de la fe de todos los cristianos.  Esto fue proclamado dogmáticamente en el Concilio de Efeso en el año 431 y es el primer dogma Mariano. Negar que María es Madre de Dios es negar que el Verbo se hizo hombre, negando la Encarnación de Dios Hijo.

¿Pero ha habido controversia sobre la maternidad divina de María Santísima?

Pues sí. En el siglo V, Nestorio, Patriarca de Constantinopla afirmaba los siguientes errores:

Que hay dos personas distintas en Jesús, una divina y otra humana.

Sus dos naturalezas no estaban unidas.

Por lo tanto, María no es la Madre de Dios pues es solamente la Madre de  Jesús hombre.

Jesús nació de María solo como hombre y más tarde “asumió” la divinidad, y por eso decimos que Jesús es Dios.

Vemos que estos errores de Nestorio, al negar que María es Madre de Dios, niegan también que Jesús fuera verdaderamente una Persona divina que asume una naturaleza humana.

La doctrina referente a María está totalmente ligada a la doctrina referente a Cristo. Confundir una es confundir la otra. Cuando la Iglesia defiende la maternidad divina de María está defendiendo la verdad de que, su hijo, Jesucristo, es una Persona divina.

En esta batalla doctrinal, San Cirilo, Obispo de Alejandría, jugó un papel muy importante en clarificar la posición de nuestra fe en contra de la herejía de Nestorio. En el año 430, el Papa Celestino I en un concilio en Roma, condenó la doctrina de Nestorio y comisionó a S. Cirilo para que iniciara una serie de correspondencias donde se presentara la verdad.

“Me extraña en gran manera, que haya alguien que tenga duda de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. Si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿Por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos transmitieron los discípulos del Señor. Así nos lo han enseñado los Santos Padres” dijo San Cirilo de Alejandría.

Pero en el transcurrir de los tiempos y hasta nuestros días, en los diferentes Concilios y diferentes Papas, se ha venido constatando y dejando bien claro el Dogma de Madre de Dios.

Al año siguiente, en el año 431, se reunieron 200 obispos en el Concilio Ecuménico de Efeso, ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años. En dicho Concilio, proclamaron solemnemente que “La Virgen María, sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Por ello, canonizó el título de “Theotokos”

“Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es sólo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios”

En vez de Theotokos, algunos padres proponían Christotokos, Madre de Cristo. Pero precisamente eso se consideró una amenaza contra la doctrina de la plena unidad de la divinidad con la humanidad de Cristo. Precisamente, en ese Concilio de Efeso, se confirmó, por una parte la unidad de las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona del Hijo de Dios y, por otra la legitimidad de la atribución a la Virgen, del título de Theotokos, Madre de Dios.

Para celebrar la proclamación de Efeso, los Padres, acompañados por el gentío de la ciudad, que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Así de esta forma, la Theotokos es representada e invocada como la reina y señora por ser Madre del Rey y del Señor.

“Después de ese concilio se produjo una auténtica explosión de devoción mariana, y se construyeron numerosas iglesias dedicadas a la Madre de Dios. Entre ellas sobresale la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma.

La doctrina relativa a María, Madre de Dios, fue confirmada de nuevo en el concilio de Calcedonia en el año 451, en el que Cristo fue declarado “verdadero Dios y verdadero hombre, nacido por nosotros y por nuestra salvación de María, Virgen y Madre de Dios, en su humanidad”

La Maternidad de María fue también afirmada por otros concilios universales, como el segundo de Constantinopla en el año 553.

En el siglo XIV se introduce en el Ave María la segunda parte donde dice: “Santa María Madre de Dios”. En el siglo XVIII se extiende su rezo oficial a toda la Iglesia.

El Papa Pío XI reafirmó el dogma en la Encíclica Lux Veritatis en el año 1931 y el Concilio Vaticano II, recogió en un capítulo de la Constitución Dogmática “Lumen gentium” sobre la Iglesia, punto octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: “La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia”. Este documento presenta la maternidad divina de María en dos aspectos:

1) La maternidad divina en el misterio de Cristo.
2) La maternidad divina en el misterio de la Iglesia.

“Y, ciertamente, desde los tiempos más antiguos, la Sta. Virgen es venerada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades…. Y las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los límites de la sana doctrina, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo por razón del cual son todas las cosas, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos”

En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI, ya en el año 1968, dice: “Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y salvador nuestro”

También en 1984, San Juan Pablo II dice al mundo entero, a través de toda la oración de consagración “Recurrimos a tu protección, Santa Madre de Dios”

María por ser Madre de Dios transciende en dignidad a todas las criaturas, hombres y ángeles, ya que la dignidad de la criatura está en su cercanía con Dios. Y María es la más cercana a la Trinidad. Madre del Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu.

“El Conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María, será siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia”

Saludamos a la Virgen con la Antífona de entrada de la Misa: “Salve, Madre santa, Virgen, Madre del Rey”

Santa María es la madre, llena de gracia y de virtudes, concebida sin pecado, que es Madre de Dios y Madre nuestra, y está en los cielos en cuerpo y alma.

Después de Cristo, Ella ocupa el lugar más alto y el más cercano a nosotros, en razón de su maternidad divina.

Decía San Juan de la Cruz:”Y la Madre de Dios es mía, porque Cristo es mío”

 

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Su Santidad Benedicto XVI decía en el año 2008: “El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.

Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”.

Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: “Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego: εiς tά íδια; la acogió en su propia realidad, en su propio ser. Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este aceptarla en la propia vida (εiς tά íδια) es el testamento del Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos, como herencia preciosa, a su misma Madre, la Virgen María.

Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: “La Madre de Dios es también madre mía”. Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: “He ahí a tu madre”, ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?

Pidamos a María, a la doncella de Nazareth, a la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, Segunda Persona de la Trinidad, y que por ello se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo y Dios nuestro, nos facilite y sea la guía segura que nos introduzca en la vida del Señor Jesús, pues vemos y creemos que todo en ella apunta a su Hijo. Es por ello  que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación.

Que MARIA, la mismísima MADRE DE DIOS, nos lleve por este nuevo año que hoy comienza por los caminos de su mismísimo HIJO.

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Nuevo Administrador Diocesano de Calahorra y La Calzada-Logroño

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El sacerdote D. Vicente Robredo, que ha sido hasta ahora Vicario General de nuestra Diócesis con Monseñor Juan José Omella Omella, ha sido elegido Administrador Diocesano hasta la designación de un nuevo obispo.

D. Vicente Robredo García ha sido elegido nuevo administrador diocesano de Calahorra y La Calzada-Logroño, en sustitución de Monseñor D. Juan José Omella, obispo de la Diócesis riojana hasta el pasado día 26, en el que tomó posesión como nuevo arzobispo de Barcelona.

D. Vicente, nació en Ezcaray, La Rioja, en el año 1952. Ha sido Vicario General de la Diócesis riojana desde 1999 hasta la designación de nuestro anterior obispo como Arzobispo de Barcelona, siendo elegido por mayoría absoluta en la primera votación del Colegio de Consultores, quienes han designado al administrador diocesano entre cerca de 150 sacerdotes mayores de 35 años.

D. Vicente Robredo, declara que asume con “responsabilidad” este nuevo cargo, en una Diócesis “viva” y “esperanzada”, en la que se siente muy arropado por la curia.

“Tenía la esperanza de no haber salido elegido, pero ha salido así y me siento arropado y, como espero que no sea para mucho tiempo, sino que nos manden pronto a un obispo, haremos entre todos las cosas lo mejor posible”, ha subrayado.

Ha añadido que conoce los “entresijos” de la Diócesis riojana, que no se paraliza por la designación de un administrador diocesano, sino que “las cosas van funcionando”, dado que “hay una programación muy bien hecha y hay muchos grupos, delegaciones y comunidades trabajando”.

También se ha referido a “la preocupación de la Iglesia, que es cómo poder mostrar y ser testigos de algo tan maravilloso como es un Dios que nos quiere tan incondicionalmente”.

La Diócesis riojana, ha apostillado, se encuentra en “un periodo de esperanza”, dado que en este curso se ha iniciado “una etapa de análisis pastoral, de reflexión de lo hecho durante estos años para plantear propuestas, como dice el Papa Francisco, de Iglesia esperanzada, en salida, que quiere llegar a todos”, pero, de modo especial, a “esas periferias existenciales, a ese mundo del dolor, del sufrimiento Y de la pobreza en todos los ámbitos”.

No se entiende lo de la izquierda española y los grupos mal llamados “progresistas”

Es curioso lo que le pasa a la izquierda española respecto a la Iglesia. No entiendo, que siendo tan progresistas y tan dados en defender, en nombre de todos, los derechos humanos y de vida de cualquier ser vivo, se posiciones siempre en contra de ella, de la vida misma, de la propia Iglesia.

Y solo puede ser por un par de razones; Envidia y celos.

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Si. Solo por estos dos motivos se explica sus casi siempre extravagantes y malintencionadas acciones sobre la Iglesia, sobre su doctrina y fe, sus tradiciones  y sus costumbres.

No llegan a entender como una religión como el Cristianismo y más en concreto el Catolicismo, consigue mantenerse tan activa y con tanta fuerza y extensión en el transcurrir de los tiempos.

Tenemos el ejemplo de Jesús de Nazaret. Es indiscutible y está bien documentada y determinada tanto su existencia como el tiempo de ella. Puede haber una diferencia de años tan sumamente pequeña, pero que no es significativa y eso, siempre por los errores que puedan producirse al trasladar los datos a nuestros días. Pero a lo que vamos, es indudable que Jesús nació en Belén y que murió de una manera brutal siendo totalmente “peligroso” para los políticos de aquel entonces pues dedicaba todo su tiempo en ayudar a los pobres y más desfavorecidos, defendía la igualdad del hombre y la mujer, luchaba por el bien común, prefería perder de sus derechos para convencer al contrario y salir todos satisfechos y contentos, vamos como hermanos, tanto es así que incluso perdonó a quienes lo ajusticiaron. ¿Por qué entonces, los “progresistas” y “buenistas”, esas gentes  más bien escoradas a la izquierda, que alardean de hacer y propagar esa misma doctrina, se enconan contra Él y contra sus seguidores?

Fijaros que cosas pretende la Iglesia, seguidora fiel de Jesús de Nazaret:

.- Enseñar al que no sabe. No Adoctrinar sesgadamente e impedir que los más desfavorecidos aprendan estas enseñanzas.

.- Dar buen consejo al que lo necesita. La iglesia siempre aconseja a sus fieles y a los que no creen en sus enseñanzas, invitándoles a seguir sus sendas.

.- Corregir al que se equivoca. Pero sin enojarse o reírse cuando vemos a nuestros vecinos hermanos equivocándose.

.-Perdonar al que nos ofende. La principal oración que nos ha transmitido a todos, es dirigida a su Padre Dios con el Padre Nuestro, queda reflejada toda la doctrina de Dios a través de su Hijo Jesús y él mismo perdonó a los lo ajusticiaron.

.-Consolar al triste. No es buena gente quien no consuela al triste y al necesitado. Diversos grupos de Pastorales se dedican a ello.

.-Sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Qué fácil es ver la paja en el ojo del prójimo y no vemos la viga en nuestro propio ojo.

.-Rogar a Dios por los vivos y los difuntos. Que mejor deseo que el mejor bienestar de los vivos que nos rodean y el recuerdo de los que ya no están entre nosotros.

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Y además, si reflejamos todas las Obras de Misericordia Corporales como:

.- Como dar de comer al hambriento. ¿Cuántos comedores sociales hay por parte de asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos? La iglesia se dedica plenamente a ello. En sus comedores sociales, en todas y cada una de sus instituciones, refugios, parroquias, etc…

.- Dar de beber al sediento. Pues lo mismo que en el apartado anterior, ¿Cuántos asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos, en las largas y frías noches se dedican a reconfortar al que no tiene nada para darle aunque solo sea compañía y café con leche caliente? La iglesia si lo hace.

.- Dar posada al peregrino, ó lo que es lo mismo, dar techo a quien no lo tiene. ¿Cuantos albergues han montado o atienden de manera gratuita esas gentes de asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos? La iglesia Católica, muchos.

.- Vestir al desnudo o ayudar al que nada tiene. ¿Cuántas ayudas de cualquier tipo, aportan las asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos? La Iglesia a través de sus parroquias y asociaciones (por ejemplo: en La Rioja CHAVICAR de Cáritas), recoge ropa, las repara y limpia, entregándola gratuitamente entre los más desfavorecidos o vendiéndola por precios simbólicos a quien lo necesite o quiera. Incluso con muebles, electrodomésticos y otros enseres.

.- Visitar y asistir a los enfermos. ¿Cuántas visitas hacen a los enfermos para confortarles, para animarles o simplemente para que no se sientan

abandonados a su suerte, realizan las asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos? La Iglesia pone a disposición de quien lo necesite, sea católico o no creyente, a capellanes, a religiosos y a religiosas para atender en todo momento a estos enfermos.

.- Visitar y asistir a los presos. ¿Y con los presos? ¿Cuántas visitas y apoyo, dan las asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos en los centros penitenciarios? La Iglesia dedica a los centros penitenciarios a sacerdotes en calidad de capellanes y otras entidades de la Iglesia con asistentes sociales para ayudarlos tanto dentro de la prisión como una vez que salen de ella `para su integración.

.- Enterrar a los muertos. ¿Cuántos empleados no municipales, emplean las asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos, en dar consuelo a los familiares de los difuntos, en los traslados de los restos humanos, y en la exhumación de los mismos? La Iglesia pone a disposición de esas familias a través de sus parroquias y asociaciones religiosas como las Cofradías, sacerdotes para los funerales, laicos para los traslados y religiosos para las exhumaciones, como por ejemplo los Hermanos Fossores y otros.

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Entre otras cosas, ¿Que ONG,s y asociaciones progresistas, partidos políticos o sindicatos, dedican de manera totalmente altruista, incluso con el riesgo de sus propias vidas, en ir a ayudar a países del tercer mundo, ayudar en sus guerras, ayudar en sus enfermedades y plagas, ayudar en sus hambrunas, facilitándoles todo tipo de ayudas? Solo la Iglesia y todas sus organizaciones, con sus misioneros.

¿Cuantos colegios son atendidos por asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos, sin contar por supuesto los de dinero público? Solo la Iglesia y sus comunidades religiosas imparten en sus centros y aulas la enseñanza de manera desinteresada.

¿Cuantos hospitales, ambulatorios y otros centros sanitarios son atendidos por asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos, sin contar los públicos y los de Cruz Roja, (mira por dónde, que también en ella está el símbolo cristiano)? La Iglesia sí que atiende sus propios establecimientos de este tipo también de manera desinteresada.

Para terminar. ¿Cuánta gente de estos mal llamados progresistas, se emplea en preparar, aconsejar, ayudar y prestar todo tipo de ayuda para evitar embarazos y abortos? ¿O es más bien todo lo contrario, cuantos más embarazos y abortos mejor y así justificamos nuestras tesis? ¿Cuánta gente de estos mal llamados progresistas, se emplea en asesorar y en ayudar a los

matrimonios con problemas, intentando evitar separaciones y divorcios? Pues solo la Iglesia lo hace.

Todo lo que he detallado y que hace la Iglesia, sus parroquias, sus sacerdotes y religiosos, sus seglares o laicos, son las obras que junto a las  limosnas hecha a los pobres, los principales testimonios de la caridad fraterna y de la Misericordia, prácticas de justicia social que agrada a Dios y por supuesto, beneficia nuestros semejantes sean creyentes o no.

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Algunos piensan que la Iglesia son el papa y los cardenales y obispos. Pues no. La Iglesia de Cristo la componemos todos. El papa, los cardenales, los obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos de todo tipo, y las personas de derechas y de izquierdas, con buen corazón, que con sus aportaciones económicas, su ayuda y apoyo personal, contribuyen a dar a conocer a Dios a todos nuestros semejantes.

Sí que hay algunas ONG,s que también de manera desinteresada ayuda en todo lo aquí expuesto, pero que sus gastos de infraestructura y otros, merman en consideración sus ayudas y apoyos, no ocurriendo esto con la Iglesia.

Entonces, lo dicho. ¿De dónde sacan y emplean las asociaciones progresistas, partidos políticos y sindicatos, ese rencor y odio hacia la Iglesia? Pues no encuentro más que los dos motivos ya señalados. Por  envidia y celos.

Vamos a votar este domingo la composición del parlamento, senado y presidencia de nuestro país. Tenemos que acertar con nuestro voto y dejar a un lado la ideología política de izquierdas o derechas. Debemos apoyar con nuestro voto, a los partidos políticos que favorezcan y ayuden a nuestra Iglesia Católica, para que podamos seguir ayudando a todos nuestros semejantes de la manera relatada, ayudando en la educación, en la sanidad, favoreciendo la vida, favoreciendo al no nacido, favoreciendo a las familias, etc….

Vota pues en conciencia. No votes a esos partidos mal llamados progresistas y liberales, que atentan y prefieren destruir lo enunciado en el apartado anterior. Gracias por ello.

Tercer domingo de Adviento. Domingo “Gaudete”

Gaudete es el nombre que recibe el tercer domingo de Adviento en el calendario litúrgico cristiano.

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En latín «Gaudete» quiere decir «regocijaos», «alégrense», «estad alegres».

 

“Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres (San Pablo, Epístola a los filipenses 4,4)”

 

Se define así a este día por ser «Gaudete» la primera palabra que se menciona en la celebración litúrgica, específicamente en el introito. El uso del término deriva de un pasaje de la Epístola a los filipenses, que en esa celebración constituye la segunda lectura dominical del ciclo C de la liturgia católica, tomada por otras denominaciones cristianas después del Concilio Vaticano II.

 

Con ese término, se pretende animar al pueblo a continuar con la preparación para la Solemnidad de la Natividad del Señor.

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El color litúrgico usado, en las vestiduras del celebrante correspondiente a este domingo, es el rosado. No obstante, no es obligatorio el uso de este color, por lo que con cierta frecuencia se continúa vistiendo el color general del Tiempo de Adviento, es decir, el color morado.

 

Este tiempo de Adviento, se originó como un ayuno de cuarenta días en preparación para la Natividad, comenzando el día después de la fiesta de San Martín (12 de noviembre), de aquí que a menudo se le llamara la “Cuaresma de San Martín” nombre por el que se le conocía en el siglo V. La introducción de dicho ayuno de Adviento se puede datar en esas fechas porque no hay evidencia de que se celebrase la Navidad el 25 de diciembre, antes de finales del siglo IV.

 

En el siglo IX, la duración del Adviento se redujo de cinco a cuatro semanas; la primera alusión a la temporada acortada se encontró en una carta del Papa San Nicolás I a los búlgaros, y hacia el siglo XII el ayuno había sido ya reemplazado por una simple abstinencia.

El Papa San Gregorio I el Magno, fue el primero en redactar un Oficio para el Adviento, y el Sacramentario Gregoriano es el primero que señala Misas propias para los domingos de Adviento. En ambos (Oficio y Misa) se hace ya indicación para cinco domingos, pero hacia el siglo X el número usual eran cuatro, aunque algunas iglesias de Francia, observaban cinco domingos también en el siglo XIII.

 

Sin embargo, a pesar de todas estas modificaciones, el Adviento conservó muchas de las características de los tiempos penitenciales lo que lo hacía como un equivalente de la Cuaresma, y correspondiendo el tercer domingo de Adviento, mitad de este tiempo litúrgico, una similitud con el “laetare” o domingo de mitad de la Cuaresma.

 

En éste, al igual que el citado domingo de “laetare”, se permitía usar el órgano y las flores, prohibidos durante el resto de la estación; se permitía el uso de vestimentas color rosa en lugar del púrpura o negro como anteriormente; el diácono y subdiácono reasumieron el uso de la dalmática y de la túnica en la Misa principal, y los cardenales usaban color rosa en lugar del púrpura. Todas estas marcas características han continuado usándose y son la disciplina actual de la Iglesia Latina.

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El domingo de “gaudete”, por lo tanto, hace un alto, como el domingo de “laetare”, a medio camino a través de una temporada que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor.

 

De las “estaciones” que se celebran en Roma los cuatro domingos de Adviento, la de la basílica del Vaticano se le asigna el de este domingo “gaudete”, siendo el más importante de los cuatro domingos.

Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y esto se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos de felicidad y alegría permitidos para ese día. El domingo de “gaudete” está marcado además por una nueva invitación, la Iglesia no invita ya a los fieles o laicos meramente a adorar “al Señor que va a venir”, sino que les llama a un saludo de alegría porque “el Señor está cerca y al alcance de la mano”.

 

Las lecturas de la profecía de Isaías, describen la venida del Señor y las bendiciones que resultan de ella, y las antífonas de vísperas hacen eco de las promesas proféticas. Los constantes aleluyas enfatizan la alegría de la espera, que ocurren tanto en el Oficio como en la Misa a través de todo la temporada. En la Misa, el introito “Gaudete in Domino temper” resalta la misma nota, y da su nombre al día. La epístola de nuevo nos incita a regocijarnos y nos urge a prepararnos para encontrarnos con el Salvador a través de oraciones, súplicas y acciones de gracia, mientras que el Evangelio, San Juan Bautista nos advierte que el Cordero de Dios está incluso ahora entre nosotros, aunque parezca que no le conocemos.

 

El espíritu del Oficio y de la liturgia a través de todo el Adviento es una espera y preparación para la Natividad o Navidad así como para la segunda venida de Cristo, y los ejercicios penitenciales, que han sido adecuados para ese espíritu, son suspendidos en el domingo de “gaudete” para simbolizar la alegría y el regocijo por la redención prometida, que nunca deben estar ausentes del corazón de todos nosotros, los fieles.

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Solo queda decir y desear, “Feliz domingo Gaudete”

Solemnidad de la Inmaculada Concepción y Apertura del Año de la Misericordia.

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El Papa Francisco anunció el pasado 13 de marzo de este año en la Basílica de San Pedro, durante la Jornada penitencial, la celebración de un jubileo de la Misericordia, es decir, un Año Santo extraordinario.

 

La preparación del jubileo estaría a cargo del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y la bula por la que se convocaba dicho año jubilar, la Misericordiae Vultus, fue publicada el 11 de abril de 2015. En ésta se confirman las fechas y se añade que el siguiente domingo a la apertura del Año de la Misericordia, se abriría la Puerta Santa de la Archibasílica de San Juan Letrán, catedral de Roma, siguiéndole a ésta, la apertura de las restantes puertas santas de las cuatro basílicas mayores de Roma, además, de establecer que en cada catedral del mundo, durante este año, se abra una puerta similar de la misericordia.

 

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html

 

Coincide pues en este martes 8 de diciembre, con la Solemnidad de la festividad de la Inmaculada Concepción, el inicio del Jubileo de la Misericordia y la apertura de la Puerta Santa con la que dará comienzo dicho jubileo a cuyas ceremonias ha sido invitado por el Papa Francisco, el Papa emérito Benedicto XVI, quien ha aceptado la invitación y participarán juntos los Pontífice.

 

La Apertura del Año la Misericordia transcurrirá desde el 8 de diciembre de 2015 hasta el 20 de noviembre de 2016 Festividad de Cristo Rey del Universo, cuando concluirá y finalizará.

 

¿Pero que es la Misericordia?

  •  “Es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad.”
  •  “Es el acto último y supremo con el que Dios acude a nuestro encuentro.”
  •  “Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros el hermano que encuentra en el camino de la vida.”
  •  “Es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser estimados a pesar del límite de nuestro pecado.”

¿Por qué el Papa ha convocado un Jubileo de la Misericordia justamente ahora?

  • En pleno Adviento, en un momento en que la Iglesia vive un tiempo de nueva evangelización, en el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, Reina y Madre de la Misericordia, es el momento más propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes y trata de renovar el espíritu del Concilio Vaticano II en su quincuagésimo aniversario; con el concilio “la Iglesia sintió la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre”, ahora la Iglesia siente la necesidad de mantenerlo vivo en este Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

 ¿Cómo se llevará a cabo?

  • Tal y como ya se ha indicado, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, inicio del Año Jubilar de la Misericordia, el Papa abrirá la Puerta Santa en el Vaticano, que en esta ocasión, “será una Puerta de la misericordia, mediante la cual cualquier quien entre por ella, experimentará el amor de Dios”.
  • El siguiente domingo, III de Adviento, se abrirá la Puerta Santa en la catedral de Roma, la basílica de San Juan de Letrán y sucesivamente se abrirá la Puerta Santa en las otras Basílicas Papales.
  • En el mismo domingo, se establece que cada una de las Diócesis, se abra para todo el Año Santo una Puerta de la Misericordia idéntica a la Catedral que es la Iglesia Madre para todos los fieles, o en la iglesia principal de la ciudad o en una iglesia de significado especial o santuario.
  • El jubileo, por tanto, será celebrado en Roma y también en las Iglesias particulares como signo visible de la comunión de toda la Iglesia.

¿Cómo propone el Papa Francisco vivir este año santo?

  • El lema de este año santo es “misericordiosos como el Padre”. “Es mi vivo deseo, dice el Papa, que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales” Redescubrir las obras de misericordia corporales: dar de comer al que pasa hambre, acoger al forastero, asistir a los enfermos y visitar a los presos, etc. Y obras de misericordia espirituales: dar consejo a quien lo necesite, consolar al afligido, corregir al que se equivoca, perdonar ofensas, rezar por los vivos y los difuntos …

¿Quiénes son los misioneros de la misericordia de que habla en la bula?

  • Sacerdotes enviados por el Papa los que les dará autoridad para perdonar pecados especialmente graves incluso aquellos reservados a la sede papal; estarán presentes en todas las diócesis “signo vivo de cómo el Padre acoge a todo aquel que busca el perdón”

¿Qué dice la bula del sacramento del perdón?

  • Se pone otra vez el sacramento de la confesión en el centro de la vida cristiana. Porque permite vivir la grandeza de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación donde Dios perdona todos los pecados con la mediación de la Iglesia. Acudir a la confesión será fuente de verdadera paz interior. Se prevé que la iniciativa “24 horas por el Señor” se incremente cada diócesis el próximo año, el viernes y sábado antes del IV domingo de Cuaresma.

¿Quién llega a cruzar la Puerta Santa de la misericordia?

  • La peregrinación es un signo peculiar en el año santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta llegar a la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación.
  • Las etapas de la peregrinación mediante la cual es posible alcanzar esta meta: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad y se os dará: os verterán en el regazo una buena medida, apretada, sacudida y repleta. Con la medida seréis medidos. “(Lc 6,37-38).

¿María, Inmaculada Concepción?

“…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…” (Bula Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX )

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Con la bula Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, proclamó como dogma de fe, la Inmaculada Concepción de María que por una gracia especial de Dios, fue preservada de todo pecado desde su concepción.

El significado de dogma es la creencia, doctrina o proposición sobre cuya verdad no se admiten dudas dentro de una religión cuyo acatamiento se exige a todos los fieles.

Definimos como concepción, el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres, es en ese momento en el que comienza la vida humana.

Y cuando hablamos de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado, nos referimos a la inmaculada concepción de María, quien quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la “llena de gracia” desde su concepción.

La Encíclica “Fulgens corona”, publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»

En la Biblia no se menciona explícitamente el dogma de   la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras   doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra   “Trinidad”, por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la   Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta   correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.

El primer   pasaje que contiene la promesa de la redención (Génesis 3:15) menciona a la   Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la   enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer   (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia   santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que   María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad   entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una   promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra   maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.

Tambien en el evangelio de Lucas (1:28) el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español “Llena de gracia” no hace justicia al texto griego original que es “kecharitomene” y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no “prueba” la Inmaculada Concepción de María si lo sugiere.

La Inmaculada Concepción en los primeros siglos

En los primeros siglos del cristianismo, los Santos Padres no se propusieron el problema de la Concepción Inmaculada de María. Recuérdese lo que hemos dicho en el capítulo primero de nuestro Tratado, al propósito. Pero la doctrina sobre el privilegio de María está contenida, como el árbol en la semilla, en las enseñanzas de los mismos Padres al contraponer la figura de María a la de Eva en relación con la caída y la reparación del género humano; al exaltar, con palabras sumamente encomiásticas, la pureza admirable de la Virgen; y al tratar sobre la realidad de su maternidad divina. Tres principios de la ciencia sobre María que dejaron firmísimamente sentados los primeros Doctores de la Iglesia.

La Inmaculada Concepción hasta la Edad Media

A partir del siglo IV, la Iglesia occidental no corre parejas con la oriental en profesar la Concepción Inmaculada de María. La herejía nestoriana que atacó directamente, única en la historia, la prerrogativa máxima de la Virgen, su divina maternidad, y que iba extendiéndose en el siglo V, ofreció más frecuente ocasión y aun necesidad de exaltar la soberana figura de la Bienaventurada Madre de Dios; al paso que en Occidente, en esta misma época, el hereje Pelagio desfiguraba el concepto de pecado original y sus funestas consecuencias en los hombres, por lo que los Padres se ven constreñidos a tratar antes de la universalidad del pecado que de la gloriosa excepción que representa la Virgen.

  • En la Iglesia oriental

Encontramos el esforzado defensor de la maternidad divina de María, San Cirilo, que escribe: «¿Cuándo se ha oído jamás que un arquitecto se edifique una casa y la deje ocupar por su enemigo?». No se puede expresar más claramente la idea de la Concepción Inmaculada.

Teodoto de Ancira dice: «Virgen inocente, sin mancha, santa de alma y cuerpo, nacida como lirio entre espinas». Y en otra parte: «María aventaja en pureza a los serafines y querubines». Y Proclo, secretario de San Juan Crisóstomo, en el mismo siglo V, dice de María que está formada «de barro limpio», es decir, de naturaleza humana, pero incontaminada.

En el siglo VI, leemos en un himno compuesto por San Jaime Nisibeno: «Si el Hijo de Dios hubiera encontrado en María una mancha, un defecto cualquiera, sin duda se escogiera una madre exenta de toda inmundicia». Y a la santidad de María la califica de «Justicia jamás rota».

San Teófanes alaba así a María: «Oh, incontaminada de toda mancha». Y en otra parte: «El purísimo Hijo de Dios, como te hallase a Ti sola purísima de toda mancha, o totalmente inmune de pecado, engendrado de tus entrañas, limpia de pecados a los creyentes».

San Andrés de Creta: «No temas, encontraste gracia ante Dios, la gracia que perdió Eva… Encontraste la gracia que ningún otro encontró como Tú jamás».

Y en la carta a Sergio, aprobada por el Concilio Ecuménico VI, Sofronio dice de María: «Santa, inmaculada de alma y cuerpo, libre totalmente de todo contagio».

En adelante, la palabra Inmaculada, Purísima, ya no se refiere directamente a la sola virginidad de María. A medida que van adelantando los siglos se va perfilando con mayor precisión la idea de la Concepción Inmaculada.

Y así en el siglo VIII podemos leer estas palabras tan claras de San Juan Damasceno: «En este paraíso (María) no tuvo entrada la serpiente, por cuyas ansias de falsa divinidad hemos sido asemejados a las bestias».

En los siglos IX y X se contornea aún con mayor claridad la Concepción sin mancha de María. San José el Himnógrafo: «Inmune de toda mancha y caída, la única Inmaculada, sin mancha, sola sin mancha», dice de la Virgen.

Queda claro que en oriente, ya tiene éste significado preciso y concreto: la exención de María del pecado original. Además, desde el siglo VII la Iglesia oriental celebraba la fiesta de la Inmaculada Concepción, aunque no fuera universalmente. Sobre el significado de la fiesta dice San Juan de Eubea: «Si se celebra la dedicación de un nuevo templo, ¿cómo no se celebrará con mayor razón esta fiesta tratándose de la edificación del templo de Dios, no con fundamentos de piedra, ni por mano de hombre? Se celebra la concepción en el seno de Ana, pero el mismo Hijo de Dios la edificó con el beneplácito de Dios Padre, y con la cooperación del santísimo y vivificante Espíritu». Como se observará, en estas palabras se menciona la creación de María y, asimismo, su santificación, como insinúa la alusión al Espíritu Santo a quien se apropia.

  •   En la Iglesia occidental

En la Iglesia occidental, el proceso hasta llegar a la confesión clara y paladina de la Concepción Inmaculada de María resultó más lento debido a circunstancias especiales que lo entorpecieron. Pero el concepto que los Santos Padres manifiestan tener de la grandeza espiritual y moral de la excelsa Madre de Dios no desmerece ni cede en nada al de los orientales. La admisión de una mancha en María hubiera producido en Occidente, al igual que en el Oriente, un escándalo entre los fieles, y hubiera chocado con la idea que se profesaba sobre la santidad eximia de la Bienaventurada Virgen. Y en efecto, de ello echó mano el hereje Pelagio para atacar a su contrincante San Agustín, en la discusión sobre el pecado original que aquél negaba. Juliano, discípulo del hereje, escribía dirigiéndose al Obispo de Hipona: «Tú entregas a María al diablo por razón del nacimiento», es decir, si afirmas que el pecado original se trasmite por generación natural, María fue súbdita del diablo, porque de esta manera descendió y de este modo fue concebida por sus padres.

A esto contestó el Santo Doctor: «La condición del nacimiento se destruye por la gracia del renacimiento». Se discute si, con estas palabras, el santo Obispo admitió la Inmaculada Concepción. Pero es lo cierto que nuestro Doctor enseña que los pecados actuales tienen su origen en el pecado original. «Nadie, dice, está sin pecado actual, porque nadie fue libre del original». Ahora bien, opina que María no tuvo pecado actual alguno. «Excepto la Virgen María, de la cual no quiero, por el honor debido al Señor, suscitar cuestión alguna cuando se trata de pecado… Si pudiéramos congregar todos los santos y santas… cuando aquí vivían, ¿no es verdad que unánimemente hubieran exclamado: Si dijésemos que no tenemos pecado, nos engañamos y no hay verdad en nosotros?». Así, según el principio que sienta el mismo Santo Doctor, hemos de concluir que María careció del pecado original.

En esta misma época, hacia el 400, encontramos el máximo poeta cristiano Prudencio que, interpretando la fe de la Iglesia en la pureza sin mancha de María, canta en escogidos versos: «La víbora infernal yace, aplastada la cabeza, bajo los pies de la mujer. Por aquella virgen, que fue digna de engendrar a Dios, es disuelto el veneno, y retorciéndose bajo sus plantas, vomita impotente su tóxico sobre la verde yerba».

En el siglo V, San Máximo escribe estas palabras: «María, digna morada de Cristo, no por la belleza del cuerpo, sino por la gracia original».

Al revés de lo que sucede en Oriente, en Occidente, a medida que van avanzando los siglos, se habla con mayor cautela sobre este asunto. No que se nuble por completo la creencia en la Concepción Inmaculada de María, pues sabemos que pronto comenzó a celebrarse su fiesta, sino que los autores eclesiásticos, por la autoridad de San Agustín, cuya opinión sobre este misterio es dudosa, y ante la necesidad de defender el dogma cierto de la universalidad del pecado original y sus consecuencias, se ven constreñidos antes a tratar de este punto que a establecer e ilustrar la excepción que constituye María a la ley universal del pecado.

Buena prueba de que la fe en este glorioso privilegio de María no quedó ofuscada nos la suministra la Liturgia. Se dice que en el siglo VII, y por obra de San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, ya se celebraba la fiesta de la Concepción Inmaculada en España. Algunos, empero, dudan de la autenticidad del documento en que se apoyan los que lo defienden. Pero con toda seguridad se celebraba ya en el siglo IX, como aparece por el calendario de mármol de Nápoles, que reza: «Día 9 de diciembre, la Concepción de la Santa Virgen María». La fecha de la celebración (la misma en que la celebran los orientales) indica que la fiesta transmigró de Oriente, con el que mantenía intensa relación comercial Nápoles. No es ésta la única constancia que queda de la celebración litúrgica. Por los calendarios de los siglos IX, X y XI sabemos que se celebraba también en Irlanda e Inglaterra.

Pero, a pesar de la celebración litúrgica, el significado de la solemnidad no estaba teológicamente fijado. Y no deja de llamar la atención que fuese, San Bernardo,  el Santo quizás más devoto de María, quien frenase los impulsos del pueblo cristiano, suscitando la discusión teológica más enconada de la historia de los dogmas.

Habiendo llegado a sus oídos que los monjes de Lyón, en 1140, introdujeron la fiesta, el Santo Abad les escribió una carta vehementísima, reprobando lo que él llama una innovación «ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua». La carta es uno de los mejores documentos para probar la gran devoción del Santo a María. Cada vez que la nombra, la pluma le rezuma unción, y con la inimitable galanura de estilo que le caracteriza, convence al lector de que en todo el raciocinio no hay ni brizna de pasión. Impugna el privilegio porque así cree deber hacerlo.

A pesar del enorme prestigio del santo Doctor, su carta no quedó sin réplica. El primero que replicó a la misma, Pedro Comestor, ya hace notar la confusión de San Bernardo en el asunto, y distingue entre la concepción del que concibe, es decir, el acto de los padres, y la concepción del ser concebido. Ni faltó tampoco, como en toda polémica, la frase dura y encendida de parte del contradictor: «Dos veces -escribió Nicolás, monje de San Albano- fue traspasada el alma de María: en la Pasión de su Hijo y en la contradicción de su Concepción».

Llegado al Concilio de Trento, al hablar de la universalidad del pecado original, aunque no define el dogma de la excepción de María, significó su opinión con estas palabras: «Declara, sin embargo, este santo Concilio que, al hablar del pecado original, no intenta comprender a la bienaventurada e inmaculada Virgen María, sino que hay que observar sobre esto lo establecido por Sixto IV». Este Papa, ya en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.

Papa Sixto IV

Apenas se hallará una Orden religiosa que no pueda presentar nombres ilustres de grandes teólogos que favorecieron la prerrogativa de la Virgen, contribuyendo a su triunfo. La Compañía de Jesús puede presentar a Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Toledo, Suárez, San Pedro Canisio, San Roberto Belarmino y otros muchos más. La gloriosa Orden Dominicana, el celebérrimo Ambrosio Catarino, Tomás Campanella, Juan de Santo Tomás, San Vicente Ferrer, San Luis Beltrán y San Pío V, papa, etc. La Orden Carmelitana, ya en 1306, determinó celebrar la fiesta en el Capítulo General reunido en Francia, y los agustinos defendieron también la prerrogativa de la Virgen ya en 1350.

La definición dogmática de la Inmaculada

La contribución de España al triunfo del Dogma de la Inmaculada Concepción merecería capítulo aparte, bien nutrido y glorioso, Habría que recordar como  significativas, las legaciones que reyes españoles hacen a los Sumos Pontífices pidiendo la definición del dogma. Por eso Pío IX quiso que el monumento a la Inmaculada, después de su definitivo oráculo, se levantara en la romana Plaza de España.

El Papa Pío IX, es quien decidió dar el último paso para la suprema exaltación de la Virgen, definiendo el dogma de su Concepción Inmaculada. Dícese que en las tristísimas circunstancias por las que atravesaba la Iglesia, en un día de gran abatimiento, el Pontífice decía al Cardenal Lambruschini: «No le encuentro solución humana a esta situación». Y el Cardenal le respondió: «Pues busquemos una solución divina. Defina S. S. el dogma de la Inmaculada Concepción».

Para dar este paso, el Pontífice quiso conocer la opinión y parecer de todos los Obispos, pero al mismo tiempo le parecía imposible reunir un Concilio para la consulta. La Providencia le salió al paso con la solución. Una solución sencilla, pero eficaz y definitiva. San Leonardo de Porto Maurizio había escrito una carta al Papa Benedicto XIV, insinuándole que podía conocerse la opinión del episcopado consultándolo por correspondencia epistolar… La carta de San Leonardo fue descubierta en las circunstancias en que Pío IX trataba de solucionar el problema que hizo exclamar al Papa: «Solucionado». Al poco tiempo conoció el parecer de toda la jerarquía. Por cierto que un obispo de Hispanoamérica pudo responderle: «Los americanos, con la fe católica, hemos recibido la creencia en la preservación de María». Hermosa alabanza a la acción y celo de nuestra Patria.

Papa Pío IX

Y el día 8 de diciembre de 1854, rodeado de la solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales y de una multitud ingentísima de pueblo, definía como dogma de fe el gran privilegio de la Virgen: «La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles».

Estas palabras, al parecer tan sencillas y simples, están seleccionadas una a una, y tienen resonancia de siglos. Son eco, autorizado y definitivo, de la voz solista que cantaba el común sentir de la Iglesia entre el fragor de las disputas de los teólogos de la Edad Media.

MARIA, MADRE INMACULADA DESDE SU CONCEPCIÓN,
MADRE DE DIOS HECHO HOMBRE
Y MADRE NUESTRA

A ella dirijamos nuestra mirada en este tiempo de Adviento. A María, que preparó a conciencia el primer y verdadero adviento. Nadie como Ella supo interpretar los signos de los tiempos, sintiendo que el Señor estaba cerca, Ella oró como nadie con el Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza”

Cuando le fue propuesta la maternidad, nada menos que del mismísimo Hijo de Dios, no quiso decir que no. Su vida fue un “sí “rotundo a los planes de Dios. Ella con su sí, propició que el Dios lejano se hiciera nuestro, y a partir de la encarnación de su Hijo, Dios tuviera otro título que antes no tenía: “Emmanuel”, el Dios con nosotros, el Salvador, el que puso su tienda entre nosotros. Quién mejor que Ella para abrir y disponer nuestros corazones para que esta Navidad no tenga las características de ser sólo una fiesta más, o mejor la fiesta de las fiestas, donde hay de todo, pero donde se siempre sentimos un vacío, no tanto por las cosas de las que no se pude disponer para la fiesta y el festejo, sino precisamente por no haber dispuesto el corazón, para hacer el Adviento, la llegada, la recepción y la acogida para el recién nacido.

Navidad es o debe ser, un festejo anticipado de la Pascua del Señor. Sin su encarnación, no hubiera sido posible ni la entrega, ni la redención, ni la cruz; pero tampoco la Resurrección y la vuelta de los hijos de Dios a la casa, al Reino, a los brazos amorosos del buen Padre Dios.

La Navidad nos hermanará en torno al Divino Niño, nos hará compadecernos y enternecernos a la vista de quien se convierte en la presencia más cercana del Dios de los Cielos, y de la tierra. Y María, su Madre, nuestra Madre es un signo anticipado de Limpieza, de belleza, de santidad, de perfección, de plenitud, de vida nueva, de victoria pascual. Es un anticipo del ideal humano, del proyecto que Dios había soñado para el hombre. Un modelo, por lo tanto, para cada persona humana, para cada creyente, para la Iglesia, para la humanidad. Lo que tanto soñamos y deseamos es posible, en María se ha realizado ya.

María en la alegre aurora, cuando aparecen las primeras luces del día, cuando está amaneciendo y admiramos los tonos de color que vencen la oscuridad de la noche y nos alegramos. María es la luz de la mañana, que además de ofrecernos claridad y un nuevo día, nos llena de alegría. Así es María, Virgen Inmaculada, suave luz que anuncia victoria sobre el pecado y la muerte, señal segura de que se acerca el día, buena noticia para todos los hijos de la noche, causa de nuestra nuestro contento. Alegría verdadera, porque nos garantiza salvación y victoria. Después de tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar cabeza. El poder de las tinieblas ha sido superado. En la Madre aparece un punto de luz primero, como una flor, pero la luz va creciendo hasta el encanto. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.