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Archivo de enero de 2016

Festividad del Bautismo del Señor

bautismo

Al reflexionar sobre el bautismo de Jesús, comprendemos mejor que aquel Niño que contemplábamos en Belén hace muy pocos días y que fue presentado ante los pueblos por medio de una estrella, la misma que guiaron a los Magos de Oriente, ha de ejercer una misión en nombre de Dios.

Sobre Él, reposa toda la confianza del Padre y toda la fuerza del Espíritu Santo.

Si en Navidad contemplábamos al Verbo Encarnado, ahora se manifiesta todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios se implica en la historia humana. La historia de Jesús se transforma ahora en la historia del Dios-con-nosotros y del nosotros-con-Dios.

El Evangelio de San Mateo, en el capítulo 3, versículos 13 a 17, nos narra el episodio del Bautismo de Jesús, momento en el que Él, se manifiesta como enviado del Padre y comienza su vida pública:

Juan ha estado bautizando en el Río Jordán por mucho tiempo. Un día, Jesús vino desde Nazaret y Galilea, y le pidió a Juan que lo bautizara. Juan protestó porque pensaba que Jesús era el que lo tenía que bautizar a él.

Pero Jesús le dijo que necesitaba ser bautizado para completar toda su virtud. Entonces, Juan lo bautizó en el río.

Inmediatamente después de que lo bautizara, mientras oraba, el cielo abrió sus puertas y una paloma descansó en el hombro de Jesús. Era el Espíritu de Dios en forma de paloma para que Jesús lo viera.

De momento hubo una voz saliendo desde el cielo y dijo, “Tú eres mi querido hijo, y yo estoy muy complacido contigo.” La paloma y la voz de Dios eran una señal diciendo que Jesús era el Mesías.

Después de todo eso, Juan reunió un grupo de personas. Jesús se acercó al grupo mientras Juan hablaba con ellos.  “¡Miren!, La mano de Dios viene para liberarnos del pecado que hay en este mundo.” Le dijo que vio el Espíritu de Dios bajando donde Jesús en forma de una paloma. Que escuchó la voz de Dios, y que la paloma era un símbolo para revelar a su Hijo.

Juan y Jesús son parientes. La madre de Juan, Isabel, dijo de María, la madre de Jesús, que sabía iba a ser la madre del Hijo de Dios. Jesús era Dios hecho hombre quien venía a la tierra. Juan tenía una misión. Tenía que preparar al pueblo para el encuentro con Cristo, y estaba completando su misión. Ahora, Cristo se ha revelado.

Algunas personas fueron donde Juan y le dijeron que ahora las personas van siguiendo a Jesús, y no a él. Pensaban que eso le iba a molestar, pero Juan no tenía ningún problema con ello. Les dijo que él, no era el Cristo. Les dejo saber que Cristo debe ser el importante, y él debe ser menos importante.

Jesús se introduce en el río Jordán.

Y cumple Jesús toda justicia. Desciende a las aguas ante Juan. En aquellos momentos el inocente de todo pecado asume todos los pecados de los hombres. Los miles de millones de pecados de los hombres caen sobre sus espaldas, y los asume haciéndose pecado, como si fuesen suyos, sin serlo. Esta decisión libre le costará sangre y sudor, amor difícil, amor total que llegará a estar crucificado, hasta dar la vida por todos.

Cuando Jesús entra en las aguas y Juan baña su cabeza, son sumergidos todos los pecados de los hombres. Las aguas limpian el cuerpo, y por eso son tomadas como símbolo de la limpieza de las almas que se arrepienten ante Dios de sus pecados. Más no pueden hacer. Pero al sumergirse Jesús en las aguas, las santifica, les da una fuerza nueva. Más adelante, el bautismo lavará con las aguas los pecados hasta la raíz, y dará la nueva vida que Cristo conquistará en su resurrección. Serán, efectivamente, aguas vivas que saltan hasta la vida eterna.

Dios se manifiesta.

Al salir Jesús del agua sucede el gran acontecimiento: Dios se manifiesta. “Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”(Mt).

La voz es la del Padre, eterno Amante, el que engendra al Hijo en un acto de amor eterno, dándole toda su vida. El Hijo es el Amado, igual al Padre según su divinidad. Es tan Hijo que es consustancial con el Padre, los dos son uno en unión de amor. El Padre le dio toda su vida, y el Hijo ama al Padre con ese amor obediente que vemos en Jesús cuando desciende a las aguas como hombre que se sabe Dios, desde una libertad humana con la que se entrega por los hombres y ama al Padre. Y el Padre se complace en ese hombre que le ama con amor total y mira a los demás hombres saliendo del pecado, y les ama en el Hijo.

El Espíritu Santo

espirituSantoLa paloma simboliza el Espíritu. Anunció la nueva tierra y la paz de Dios a los hombres después del diluvio, que habían sido castigados por sus pecados. Anuncia el amor a los que quieren vivir de amor. Anuncia junto a Jesús la nueva Alianza, en que, de nuevo, el Espíritu de Dios volará sobre las aguas del mundo. Limpiará los corazones con el fuego de su amor, purificará las intenciones, llenará de Dios a todos los que crean y esperen, inflamará de amor a los amantes que desean el amor total, tan lejano al amor propio.

Jesús es ungido por el Espíritu. Jesús es así el Cristo, el nuevo rey del reino del Padre. Antes los reyes eran ungidos con aceite, y la gracia de Dios les daba fuerzas. Ahora el Espíritu mismo invade a Jesús. Podrá actuar con plena libertad en su alma dócil, le impulsará, le encenderá en fuego divino. Por eso “Jesús lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu al desierto”. Comienza su vida de Ungido por el Espíritu que le lleva a lo más alejado del paraíso, al desierto, donde se mortifica, reza y sufre la tentación de Satanás.

¿SOY DE LOS TUYOS, SEÑOR?

Me dicen que fui bautizado,
pero no sé muy bien, Señor,
hasta qué punto soy de los tuyos,
de tu grupo, de tu familia, de tus ideas,
de los que defienden, sin fisuras,
tu Palabra sin riesgo de ser descafeinada.

Dicen que, el Espíritu, quema
y me siento un tanto frío.
Me advierten que, el Bautismo,
es un punto de salida
y frecuentemente me instalo en mis intereses.
Me recuerdan que, ser de los tuyos,
es optar por tu Palabra, por tu vida,
por tu mensaje, por tu cruz,
por tus caminos y por tus contradicciones.

Y, cuántas veces, Señor,
me dejo guiar exclusivamente
por el vocerío del mundo
amañar por las sensaciones del simple escaparate
seducir con fuegos artificiales
asustar por el sufrimiento
o añorar y buscar atajos
sin que me digan que soy de los tuyos.

¿SOY DE LOS TUYOS, SEÑOR?

Ayúdame, Señor,
a convertirme, para estar cerca de Ti
a liberarme, para dedicarme a Ti
a llenarme de tu Espíritu,
para ofrecerme al pregón de tu Reino
Que tu Bautismo, Señor,
sea para mí, causa de crecimiento
llamada a la sinceridad y a la valentía
a la generosidad y al testimonio
a la verdad y a la firme respuesta.

 Amén.
D. Javier Leoz Ventura

Foto de Javier Leoz Ventura.

La adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús.

adoracion de los reyes magos

 

Con los pastores, pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casucón, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la “Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte”, de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues… tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más…, pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los Magos de Oriente se postran ante Jesús Niño y lo adoran, con sus regalos hablan de lo que ellos encuentran en Él: El oro se le ofrece sólo a los reyes, por lo que reconocen en Jesús al Rey; el incienso se le ofrece sólo a Dios, por lo que revelan que Jesús es Dios; y la mirra es un perfume que reconoce en Jesús Rey, Hijo de Dios, también a un Hombre.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.”

En plena actualidad

Mucha gente en el discurrir de los tiempos, han intentado ridiculizar partes o la totalidad del fundamento cristiano en el que se basa nuestra Fe. Siempre con mayor o menor descaro, pero lo de este año en nuestra España y en concreto en Valencia, lo grotesco roza con lo absurdo y una vez más, deja en muy mal lugar a quienes pretendiendo ridiculizar, han quedado ridiculizados. Todos sin excepción, los dirigentes, los actores necesarios para tales sainetes, e incluso las gentes de buena o mala fe, que han posibilitado y facilitado todo ello con su directa participación o votación en las urnas, han quedados retratados ante semejante obra de teatro…

La verdad, nuestra tradición o lo que nos ha llegado

La adoración de los magos es uno de esos relatos que aparecen en la Biblia, ampliamente difundidos y que han originado tradiciones que llegan hasta nuestros días. Cualquiera puede decirnos hoy, inclusive los menos creyentes, los nombres de estos famosos personajes, de dónde provenían, a qué razas pertenecían, qué regalos traían para el Niño Jesús y hasta contarnos a grandes rasgos el episodio de su aventura. Pero ¿Quiénes eran y qué buscaban realmente de estos enigmáticos personajes que dejaron una impresión tan pintoresca en nuestra cultura?, ¿Qué nos trata de decir la Biblia al presentarnos tan peculiar historia?, para hacerlo debemos dirigirnos al texto con humildad y tratar de extraer bajo la luz del Espíritu Santo el mensaje de la Palabra de Dios que nos llega bajo las letras del escritor sagrado.

¿Magos o reyes?

Tal vez no sepamos que la Biblia no habla de “reyes”, sino simplemente de “magos” venidos del oriente, sin especificar nombres, razas, o posición social; ni siquiera se dice que fueran tres. De lo que nos habla el evangelio es de quiénes eran, y para ello utiliza la palabra “magos”, que en la antigüedad era utilizada para designar a cualquiera que tuviera habilidades que escapaban al entendimiento de la mayoría, ya que la distinción entre ciencia y superstición no estaba muy clara, sobre todo si el objeto de estudio comprendía las estrellas, a las cuales se les atribuía influencia sobre los acontecimientos humanos, de hecho, sabemos que la astrología que tuvo su origen en la antigua Mesopotamia, precisamente al oriente de Israel.

Podemos ver en ellos a personas paganas, sin un conocimiento claro de la teología judía, pero que a la vez eran estudiosas, que examinaban la naturaleza para descubrir la razón de las cosas. Una suerte de científicos y adivinos, que buscaban pistas en la creación para conocer al Creador de semejante universo y que tal vez tuvieron contacto con algunos judíos que quedaron en Babilonia luego de la última deportación, lo que pudo haberles dejado algún conocimiento sobre la esperanza de judía acerca de la llegada del Mesías.

 

Estrella de Jesús

Vieron su estrella.

Lo siguiente que nos dice Mateo es que los magos se presentaron en Jerusalén preguntando “¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2,2). Llaman la atención varios aspectos de esta lectura que no son fáciles de responder, sobre todo el hecho de que la pregunta supone que todos deberían conocer la respuesta, ya que da por sentado que todos saben que ha nacido un nuevo rey, del cual hablan hasta las estrellas y que él mismo es imagen de Dios o que lo representa hasta el punto de merecer adoración. Sin embargo lo que provocan es un gran sobresalto, ya que en ese país nadie estaba enterado del acontecimiento que habían logrado descifrar estos extranjeros. ¿Cómo pudieron saber esto aquellos peregrinos del oriente? Para quien busca a Dios a tientas en la oscuridad de la noche, una estrella es suficiente para alumbrar el camino y ponerse en marcha. Ciertamente estos magos lograron ver e interpretar una señal de Dios a través de su limitada ciencia, quien en su infinita misericordia no se negó a aquellos que lo buscaban, poniendo en el cielo nocturno una estrella en el lugar indicado para anunciar su venida. Muchas veces Dios se vale de cualquier medio para atraer a quienes lo buscan, aún los menos ortodoxos, sin embargo la observación de la estrella no fue suficiente para asegurar el encuentro, aún faltaba algo más.

¿Dónde ha de nacer?

Los magos, siguiendo la lógica humana y su ciencia llegaron al palacio del rey Herodes pensando que allí les iban a mostrar al nuevo rey, sin embargo se consiguieron con que nadie sabía del hecho. Pero al contrario de los magos, los sacerdotes y escribas del pueblo sí eran capaces de conocer dónde había de nacer el Cristo, quienes ante la interrogación de Herodes pudieron responder sin dudas: “…En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta” (Mt 2,5). El encuentro con Jesús tenía que pasar por las escrituras, ya que las escrituras hablan de Él (Lc 24,27), no era suficiente la observación de las estrellas o la ciencia, es Dios quien se revela y por lo tanto debemos conocer esa revelación para encontrarle. Una vez conocido el paradero del niño, los magos emprendieron el camino hacia Belén, pero ni Herodes ni los sacerdotes los acompañaron, ¿sería porque no daban crédito a sus observaciones? ¿O sería porque se trataba de paganos? Vemos después que Herodes llamó aparte a los magos para indagar más sobre la probable fecha de nacimiento del niño y para comprometerlos con que vinieran de regreso para contarle sobre su paradero, por lo tanto creyó en su historia pero su actitud fue muy diferente, su intención era de matarle, y por ello no dudó luego de eliminar a todos los menores de dos años al percatarse de que los magos no volverían. Tampoco los sacerdotes y entendidos de la Ley, autoridades religiosas de la época y por lo tanto capaces de saber dónde nacería el Mesías, mostraron interés en ir a buscarlo. Prefirieron quedarse en la comodidad de sus casas, o tal vez tenían miedo de que Herodes lo interpretara como una rebelión en su contra, poniendo así en peligro sus propias vidas.

 

Adoración MagosSe pusieron en camino.

Y así con las señas que dieron los sacerdotes los magos prosiguieron su camino, no se quedaron en las comodidades de palacio, ni se desanimaron ante el escenario que habían presenciado, donde los que se suponían que debían alegrarse ante el nacimiento del nuevo Rey prefirieron esperar sentados antes que ponerse en marcha y exponerse. Sino que rápidamente continuaron la marcha, confiando en lo plasmado en la Escritura y todavía guiados por la estrella que iba delante de ellos, “hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño” (Mt 2,9b). ¿Quiere decir esto que la estrella se movía y se detuvo sobre una casa? Todos sabemos que las estrellas se mueven en el firmamento debido a la rotación de la Tierra y este movimiento no se detiene. ¿Sería que se apagó la estrella? Lo que debemos entender de este versículo es que cesaron las señales celestes, y es justo en este momento que se llenaron de alegría pues comprendieron que su búsqueda había terminado, no tenía ya sentido interrogar a la creación una vez que estaban frente a aquel por quien todo fue creado. Ya no había que mirar hacia las estrellas sino hacia el propio Jesús, la oscura noche por la que transitaban había acabado y ahora amanecía frente a ellos un eterno sol. Y ante la presencia del Hijo de Dios lo que queda es postrarse y adorarle, entregándole sus tesoros. (Ap 21, 23-27)

Avisados en sueños

Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2,12). ¿Dónde está ahora la estrella? ¿Por qué no siguen consultando los astros? Definitivamente, luego de este encuentro las cosas no son iguales para los magos. Su vida ha cambiado, ya no está dirigida por las estrellas, ahora Dios se toma la confianza de hacerles saber su voluntad a un nivel un poco más personal, y tiene que ser así puesto que lo han visto a Él. Y ellos no dudan en seguir esta nueva señal a pesar de haberse comprometido con Herodes de volver. Sin embargo el evangelista toma la precaución de no mencionar al Ángel del Señor en el sueño de los magos, tal como sí lo hace cuando se refiere al sueño de José para huir a Egipto (Mt 2,13), porque se da cuenta que si bien ha habido un encuentro este aún no es comprendido en su totalidad, falta el elemento del seguimiento, el cual sí posee José, quien conoce bien las escrituras y además está al servicio del niño a través de su cuidado y el de su madre.

¿Qué actitud tenemos, frente al llamado de Dios?

Lo que nos llena de esperanza al ver estos magos siguiendo una estrella es la garantía de que quien busca a Dios con la actitud correcta lo encontrará. La necesidad de encontrar a Dios los llevó a emprender un largo viaje, poniéndose en marcha a pesar de las dificultades propias de la época, dejando todo para seguir una señal que al parecer pasó inadvertida para otras personas o que no le atribuyeron el mismo significado y que al final verdaderamente logran un encuentro verdadero, no sin antes experimentar un crecimiento al conocer la Palabra de Dios, que en resumidas cuentas es la que los prepara para llegar al lugar donde los esperaba Dios. Esta actitud contrasta con la de aquellos que asombrosamente sí sabían dónde encontrar a Dios pero no lo buscaban, porque más les importaba su seguridad o su comodidad. Y aún peor la de aquellos como Herodes, que buscan a Dios para tratar de destruirlo. Estas personas estaban más preparadas para encontrarse con Dios pero definitivamente no hicieron nada para llegar a conocerlo. Los magos consiguieron una transformación en sus vidas, una nueva relación con Dios. Los jefes de los judíos en cambio siguieron siendo los mismos.

Vemos entonces que es necesario para el encuentro con Dios cuatro elementos importantes:

  • Buscar a Dios poniéndose en marcha, en otras palabras realizar una búsqueda activa, no basta con saber que Él existe y que es el creador de todas las cosas, sino que hay que pedirle a través de la oración que se revele y que sinceramente se muestre para que podamos conocerle. Poco a poco veremos como los acontecimientos de la vida están inmersos en su plan amoroso y podremos ver su mano actuando en todos ellos.
  • Dejarse instruir por la Biblia, lo que significa que debemos conocer qué es lo que Dios nos ha dado a conocer de sí mismo a través de las Escrituras, y en concordancia con lo mencionado en el punto anterior, esta instrucción debe estar fortalecida con la oración y con el estudio, ya que no podemos entender claramente si no se nos explica.
  • Perseverar, no desanimarse aunque las personas que se supone que deberían conocer más a Dios dan malos ejemplos o parezcan no avanzar en su relación con Él. Cada quien es responsable de su crecimiento espiritual.
  • Reconocer que Él es el Señor y poner en segundo lugar todas las posesiones, poniéndolas a sus pies. Estos puntos pueden repetirse muchas veces como una escalera de caracol que nos va elevando cada vez más a Él, en esto consiste el seguimiento. El episodio de los magos también nos lleva a reflexionar como creyentes si sabemos dónde encontrar a Dios y muchos podríamos dar respuestas correctas. Diríamos que “Dios está en todas partes”, que está en la Eucaristía, o que habita en nuestros corazones y hasta reconoceríamos que está en el prójimo; todas estas son respuestas correctas pero cabría preguntarnos si de verdad lo hemos “visto” o “encontrado” en estos lugares o simplemente lo sabemos por una enseñanza intelectual recibida en nuestra instrucción religiosa. Y si no lo hemos encontrado aún pero sabemos dónde está ¿hemos salido a su encuentro?

“La adoración de los magos”
Por Gustavo A. Salazar Aponte
BUZÓN CATÓLICO www.buzoncatolico.es