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Archivo de Febrero de 2016

Procesión de las Antorchas, Virgen de Lourdes en Logroño.

Virgen de Lourdes

La tradicional “Procesión de las Antorchas” este año bajo el lema “María, esperanza de los enfermos” se celebrará en la tarde de hoy sábado día 13 de febrero, como clausura de los actos del Día del Enfermo y de la festividad de la Virgen de Lourdes que se celebraron días atrás, organizados por la Delegación Pastoral de la Salud de la diócesis riojana y por la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes de La Rioja.

 
La ya conocida “Procesión de las Antorchas” con la imagen de Ntra. Sra. de Lourdes y Santa Bernardita, dará comienzo a las 18,45 horas de hoy día 13 de febrero de 2016 y partirá desde la plaza de la iglesia logroñesa de San Bartolomé, con el recorrido hasta a la iglesia de Santiago a través de las calles Caballerías, Plaza del Mercado, Mercaderías, Rúa Vieja, San Pablo, y Barriocepo, teniendo una duración aproximada de tres cuartos de hora.

 
Le seguirá a las siete y media de la tarde una misa por los enfermos que presidirá D. Rafael Gil, consiliario de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes de La Rioja.

 

A esta manifestación religiosa se espera que acudan medio millar de personas, como es costumbre cada año, si coincide buena climatología.

 

Nuestra Sra. La Virgen de Lourdes.

VirgenLourdes

La Historia – Lourdes, Francia

El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: “Ven aquí durante quince días seguidos”. La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó “Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro”.

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.
En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.
En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.
Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

 

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El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

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Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous: nació el 7 de enero, de 1844, en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su salud era precaria, desde niña fue asmática, tiempo después de las apariciones, fue admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos, falleció unos meses después, el día 16 de Abril de 1879.

La vida de Bernadette, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, tenia tuberculosis, un tumor en la rodilla, problemas en los oídos.

En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención.
Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristán. Antes de morir dijo: “Ruega Señora por esta pobre pecadora”.

30 años más tarde, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto.

Bernadette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril

“Convertíos y creed en el Evangelio”

miercoles de Ceniza

En aquel tiempo, el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 12-15).

 

A este tiempo del Año Litúrgico que denominamos CUARESMA, se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”.

Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invitándonos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la fragilidad y la inexorable caducidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

Con la imposición de las cenizas, se inicia éste periodo, éste tiempo litúrgico y espiritual relevante para todos los cristiano, queriéndonos preparar dignamente para la vivir el Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

La conversión no es sino un volver a Dios, como principio y fin, como alfa y omega de nuestra existencia y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Y sinónimo de “conversión” es así mismo la palabra “penitencia”… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo el ungido.

 

Origen de la tradición ó costumbre.

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua.

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, comenzaba con seis semanas, 42 días antes de la Pascua, y esto sólo daba como resultado 36 días de ayuno ya que se excluían los domingos por ser la fiesta de Señor y no haciendo ayuno en esos días. Es en el siglo VII cuando se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso  entre el siglo VIII y el  X, el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

 

Significado simbólico de la ceniza.

Ceniza, del latín “cinis”, es el resultado de la combustión de algo por el fuego. En seguida se le dio y adquirió un sentido simbólico de muerte o caducidad, y en igual sentido de humildad y penitencia. En Jonás 3,6  sirve por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Otras veces se ha unido la ceniza al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Génesis. 18,27.

El Miércoles de Ceniza, miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma o  como mejor lo entenderán muchos, diciendo que es el miércoles que sigue al carnaval, los cristianos realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente, fruto de la cremación de los ramos y las palmas del año pasado como ya hemos mencionado. Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

 

Imposición de la ceniza.

Es ya obvio el porqué se llama Miércoles de ceniza. En la eucaristía del día y tras leer la Palabra de Señor, se procede a la imposición de la ceniza por parte del celebrante. Son bendecidas las cenizas que van a ser impuestas sobre nuestras cabezas.

El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la cabeza o bien se la impone el diácono u otro con-celebrante si lo hubiera, porque también él como hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la cabeza de los fieles, tal vez en forma de una pequeña señal de la cruz. Si parece más fácil, se podría imponer en la frente, por ejemplo a las religiosas con velo. Se utilizan las dos fórmulas, que incluso puede hacerse de forma alternativa de modo que cada fiel oiga la que se le dice a él y también la del anterior o la del siguiente.

Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» o también Arrepentíos y creed en el Evangelio, mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Se acompaña también estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. Resultar más expresivo así, dando la doble dimensión de la Cuaresma.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños, a los adultos y a los ancianos.

Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

Otras formulas que se pudieran utilizar en plural o singular son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

 

ceniza

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor.

Imposición Ceniza

RECORDAR

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?

Es el día en el que comienza la Cuaresma. No es el día en el que acaba el Carnaval y siempre cae en miércoles (parece obvio, pero alguno duda todavía). Da igual que el año sea bisiesto porque se cuenta hacia atrás desde la Misa de la Cena del Señor.

 

1.- ¿Dónde se compra la Ceniza?

En ningún sitio. Se obtiene de quemar los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.

3.- ¿Por qué se impone la ceniza?

Es un símbolo y desde ese momento, comienzan los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano que se caracteriza por el austero símbolo de estas Cenizas.

Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

4.- ¿A quién se puede imponer?

No hace falta ser católico para que te impongan la ceniza. De hecho, muchos catecúmenos participan en la ceremonia en preparación para su bautismo el día/noche de Pascua de Resurrección.

Digamos que, en este sentido, es un «día de puertas abiertas»: creyente o no, niño, adolescente, maduro, mayor sin madurar o anciano. Todos. Los ateos habituales comentaristas de este blog también.

5.- ¿Cómo y cuándo se impone?

No hay reglas fijas. Depende del ámbito cultural y de las costumbres locales.

  • En los países de tradición latina, las cenizas se imponen más hacia el pelo que en la frente, espolvoreando.
  • En los países del ámbito anglosajón, con agua bendita se hace una pasta y se suele «marcar la frente».

Después de la homilía, el sacerdote bendice las cenizas y las rocía con agua bendita. Luego se impone con una de estas dos fórmulas:

  • Conviértete y cree en el Evangelio. O,
  • Recuerda que eres polvo y al polvo volverás.

En el Misal romano dice que mientras se canta. Creo que no es una simple sugerencia.

6.- ¿Es obligatorio?, ¿es día de precepto?

No, no es obligatorio, y no, no es día de precepto. Aunque curiosamente sin «ser obligatorio» y siendo día laborable, suele aumentar considerablemente la asistencia a la Santa Misa ese día.

Tampoco es «obligatorio» confesarse. Pero, sinceramente, me parece una extraordinaria oportunidad. Tan extraordinaria como la que disfrutan los sacerdotes para explicar bien las cosas.

7.- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la cabeza o la frente?

Lo que quieras. Los hay que se lo quitan al volver al banco de la iglesia, en especial señoras. Otros, como testimonio, esperan a que desaparezca naturalmente.

8.- ¿Hace falta que la imponga un sacerdote?

La bendición, como todo sacramental, sólo un sacerdote o un diácono. Para la imposición pueden ser ayudados por laicos.

La bendición e imposición de la ceniza puede hacerse también fuera de la Misa. En este caso es recomendable que preceda una liturgia de la palabra, utilizando la antífona de entrada, la oración colecta, las lecturas con sus cantos, como en la Misa. Sigue después la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. El rito concluye con la oración universal, la bendición y la despedida.

9.- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?

El Miércoles de Ceniza no hay obligación para los católicos de imponerse la ceniza, pero sí de hacer ayuno y abstinencia según las normas generales y las particulares de cada diócesis.

El ayuno es obligado, al igual que el Viernes Santo, a los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de los límites también se puede. Consiste en hacer solo una comida fuerte al día.

La abstinencia de comer carne es obligada desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también lo son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año, también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de sacrificio/mortificación.

Tu porqué

 

PREPARACION A LA CUARESMA

La limosna.

Los cristianos llamamos “limosna” al compartir con los más pobres nuestros bienes. No debe ser un aporte de lo que sobra sino un acto de amor hecho de corazón, un compartir que nos mueve a renuncia y al sacrificio. Todo viene de Dios como don. Toda nuestra vida debe convertirse en una dádiva de amor en imitación a Cristo.

La oración.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior. La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios. La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El ayuno y la abstinencia.

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

El sacrificio.

Al hacer sacrificios (cuyo significado es “hacer sagradas las cosas”), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

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Conclusión y reflexión.

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento, el de nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación también llamado de confesión, que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido, como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión, no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Agueda, ejemplo y virtud de juventud.

Stefano Maria Legnani, c. 1680–1715

Cada 5 de febrero se celebra en numerosos lugares de España la festividad de Santa Águeda de Catania.

Santa Águeda, poseía todo lo que una joven suele desear: Una familia  distinguida y una belleza extraordinaria unida a su excepcional juventud. Pero atesoraba mucho más; toda su fe en Jesucristo. Así lo demostró cuando el Senador Quintianus se aprovechó de la persecución del emperador Decio  (250-253) contra los cristianos para intentar poseerla. Las propuestas del senador fueron resueltamente rechazadas por la joven virgen, que ya se había comprometido con otro esposo: Jesucristo.

Quintianus no se dio por vencido y la envió a un lupanar (burdel) regentedo por una mujer llamada Afrodisia y la entregó a esta mujer malvada, con la idea de que le enseñara y la sedujera con las tentaciones del mundo, donde milagrosamente la santa logró conservar su virginidad. Las malas artes del senador y de la mala mujer y sus malas artes, se vieron fustigadas por la virtud y la fidelidad a Cristo que demostró Santa Águeda.

Quintianus entonces, poseído por la ira, torturó a la joven virgen cruelmente, hasta llegar a ordenar que le corten los senos. Es famosa la respuesta de Santa Águeda: “Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?”.

La santa fue consolada con una visión de San Pedro quién, milagrosamente, la sanó. Pero las torturas continuaron y al fin fue meritoria de la palma del martirio, siendo echada sobre carbones encendidos en Catania, Sicilia (Italia).

Según la tradición, en una erupción del volcán Etna, ocurrida un año después del martirio de Santa Águeda  (c.250), la lava se detuvo milagrosamente al pedir los pobladores del área la intercesión de la santa mártir. Por eso la ciudad de Catania la tiene como patrona y las regiones aledañas al Etna la invocan como patrona y protectora contra fuego, rayos y volcanes.

La iconografía de Santa Águeda suele presentar la palma, victoria del martirio, y algún símbolo o gesto que recuerde las torturas que padeció.

Tanto Catania como Palermo reclaman el honor de ser la cuna de Santa Águeda. En algunos lugares, el “pan de Santa Águeda” y agua son bendecidos durante la misa de su fiesta.

 

La Tradición de los “QUINTOS”

En España se llamaba quintos, a los jóvenes que al cumplir la mayoría de edad, se iban a hacer el servicio militar. El nombre proviene de la contribución de sangre u obligación de dicho servicio militar que Juan II de Castilla en los años 1406 a 1545 impuso durante su reinado, según la cual uno de cada cinco varones debía servir en el ejército, disposición que también Felipe V retomó en 1705.

Si bien laquintos fiesta comienza ya de víspera, la fiesta de Santa Águeda presenta un gran arraigo en casi todos los pueblos y villas de España, celebrando desde antaño la festividad de Santa Águeda por la relación que unió a la fecha y juventud de la santa, con la realización del deber para con la patria.

La costumbre de los quintos hunde sus raíces en el siglo XV y XVII y como ya hemos contado,  representaba la obligatoriedad de realizar instrucción al servicio del ejército español para todos los varones que cumplían 18 años. Dicha obligatoriedad se ha mantenido hasta el año 2001 cuando éste servicio pasa a ser voluntario y retribuido.

En la última etapa para la selección de los mozos, se hacía un sorteo de manera que uno de cada cinco jóvenes válidos para el servicio de armas era incorporado a filas y mediante este sorteo, los quintos recibían uno u otro destino militar.

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D. Justo García Turza, publicaba en una Editorial de Pueblo de Dios de hace años, éste artículo con el título SANTA AGUEDA, LA FE HECHA VIDA:

Es la patrona de los quintos, al menos en nuestro entorno. Y poco más sabe nuestra gente de La Rioja de esta santa, famosísima en su tiempo, y una de las pocas mujeres mártires que figuran en el Canon romano.

Para conocimiento de los chicos y chicas en edad de “servir a la Patria”, como antes se llamaba al servicio militar, ofrecemos un breve apunte de esta joven siciliana que lo tenía todo, una gran belleza, una familia rica y distinguida, y que lo entregó todo por ser consecuente con su fe cristiana: entregó la vida por el nombre de Jesús.

Nos encontramos por los años 249-251. Decio, emperador romano, montó el gran número de su vida persiguiendo a los cristianos. Y sucedió lo que suele suceder a río revuelto, que siempre hay quien abusa lo que puede. Y así, un senador, de nombre Quintiano, se aprovechó de la ocasión, y con el pretexto absurdo de que Águeda era cristiana, quiso sobrepasarse con ella. Esta, valiente y tenaz, no se dejó: “Yo ya pertenezco a otra persona que se llama Jesucristo”.

Aún hizo otros intentos el tal Quintiano, pero no consiguió nada. Águeda se mantuvo fuerte y consecuente con su fe, fiel a Cristo. Le cortaron los pechos, y de las heridas consiguió sanar por intercesión de san Pedro al que se encomendó. Continuaron torturándola hasta arrojarla en un montón de carbones encendidos, hasta que falleció literalmente abrasada. Esto ocurrió en Catania, Sicilia.

Hay una tradición muy bonita relacionada con santa Águeda y la erupción del volcán Etna, en el año 250, un año después del martirio de santa Águeda. La lava se detuvo a las puertas de las murallas de Catania, por intercesión de la santa, y desde entonces esta ciudad italiana la tiene por patrona. Desde entonces también, el pueblo la ha tenido por especial protectora ante los volcanes, los fuegos y las tormentas.

En Roma, hay una iglesia dedicada a esta santa siciliana, en cuyo altar mayor se puede contemplar una impresionante pintura de su martirio.

Invitamos desde aquí a nuestros jóvenes, los quintos y quintas de La Rioja, a que no se limiten el día 5 a merendar en honor de la santa, cosa que está muy bien, sino a que caigan en la cuenta que tienen una patrona y un modelo de lo que es la fe llevada hasta las últimas consecuencias. No valen las medias tintas, como cantaba aquel chaval en un campamento: “Corazones partidos yo no los quiero; si doy el mío, lo doy entero”. Como santa Águeda.

La Presentación del Señor en el Templo

Presentación del Señor

Cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.

También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones.

Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento.

Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras: Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho.

Porque mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos, luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.

Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.”

Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio. Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones. Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él.

 

El relato de éste hermoso hecho, lo podemos leer en el Evangelio de San Lucas, Capítulo 2, versículos del 22 al 40.

La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño, fuera presentado en el templo. Hoy dos de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.

De igual forma, la Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Esto también lo hicieron María y José.

Por mandato del Libro Sagrado, al presentar un niño en el templo había que llevar un cordero y una paloma y ofrecerlos en sacrificio al Señor, pues el cordero y la paloma son dos animales inofensivos e inocentes y su sangre se ofrecía por los pecados de los que sí somos ofensivos y no somos inocentes. Jesús no necesitaba ofrecer este sacrificio, pero quiso que se ofreciera porque El venía a obedecer humildemente a las Santas Leyes del Señor y a ser semejante en todo a nosotros, menos en el pecado.

La Ley decía que si los padres eran muy pobres, podían reemplazar el cordero y la paloma por solo dos palomas. María y José, que eran muy pobres, ofrecieron pues dos de estos animales en sacrificio el día de la Presentación del Niño Jesús.

img2En la puerta del templo estaba un sacerdote, el cual recibía a los padres y al niño y hacía la oración de presentación del pequeño infante al Señor.

En aquel momento hizo su aparición un personaje muy especial. Su nombre era Simeón. Era un hombre inspirado en el Espíritu Santo. Es interesante constatar que en tres renglones, San Lucas nombra tres veces al Espíritu Santo al hablar de Simeón. Se nota que el Divino Espíritu guiaba a este hombre de Dios.

El Espíritu Santo había prometido a Simeón que no se moriría sin ver al Salvador del mundo, y ahora al llegar esta pareja de jóvenes esposos con su hijo al templo, el Espíritu Santo le hizo saber al profeta que aquel pequeño niño era el Salvador y Redentor.

Simeón emocionado, pidió a María que le dejara tomar por unos momentos al Niño Jesús en sus brazos. Tomó entonces al Niño en sus brazos y bendijo a Dios y exclamó: Ahora puedes dejar morir en paz, Señor, a tu siervo, porque han visto mis ojos a tu Salvador, luz para las naciones y gloria de Israel.  María y José admiraban sus palabras.

Y vuelto a María le anunció: Este ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos y como una señal de contradicción; y una espada atravesará tu alma.

Simeón pues, proclamó en voz alta dos noticias: Una buena y otra mala.

La noticia buena.

Este Niño será iluminador de todas las naciones y que muchísimos se irán en favor de él, como en una batalla los soldados fieles en favor de su bandera. Y esto se ha cumplido muy bien. Jesús ha sido el iluminador de todas las naciones del mundo. Una sola frase de Jesús trae más sabiduría que todas las enseñanzas de los filósofos. Una sola enseñanza de Jesús ayuda más para ser santo que todos los consejos de los psicólogos.

La noticia triste.

Muchos rechazarán a Jesús pues como en una batalla los enemigos atacan la bandera del adversario, por causa de Jesús la Virgen Santísima tendría que sufrir de tal manera como si una espada afilada le atravesara el corazón. Ya pronto comenzarán esos sufrimientos con la huida a Egipto. Después vendrá el sufrimiento de la pérdida del niño a los 12 años, y más tarde en el Calvario la Virgen María padecerá el atroz martirio de ver morir a su hijo, asesinado ante sus propios ojos, sin poder ayudarlo ni lograr calmar sus crueles dolores.

Y Jesús ha llegado a ser como una bandera en una batalla: los amigos lo aclaman gritando “hosanna”, y los enemigos lo atacan diciendo “crucifícale”. Y así ha sido y será en todos los siglos. Y cada vez que pecamos lo tratamos a El como si fuéramos sus enemigos, pero cada vez que nos esforzamos por portarnos bien y cumplir sus mandatos, nos comportamos como buenos amigos suyos.

Contraste de la vida: El mismo Infante está llamado para ser: Luz y gloria y a la vez escándalo y roca dura contra la que muchos se estrellarán. ¡ Pobre Madre María, la espada que desde entonces atravesó su Corazón! . . .

Después de este interesante hecho de la Presentación de Jesús en el templo, la Virgen María meditaba y pensaba seriamente en todo esto que había escuchado.

La Presentación del Señor y la Purificación de María, forman uno de los episodios del Evangelio de la infancia de Jesús en el Evangelio de San Lucas. Se trata de dos prescripciones de la Ley mosaica que solían cumplirse simultáneamente y que José y María también la observaron.

Los católicos hemos tenido la hermosa costumbre de llevar los niños al templo para presentarlos ante Nuestro Señor y la Santísima Virgen. Esta es una costumbre que tiene sus raíces en la Santa Biblia. Cuando hacemos la presentación de nuestros niños en el templo, estamos recordando lo que José y María hicieron con el Niño Jesús

Tríptico de la festividad.

Presentación del Señor: El gesto de obediencia a la ley de ofrenda, realizado por María y José que llevan al niño Jesús para presentarlo en el Templo debe inspirarnos a vivir plenamente la unión con Dios bajo el ejemplo de la Sagrada Familia comprometida y consagrada a vivir la misión específica dentro de los designios que Dios les propone.

Purificación de María: Como era costumbre, María, su madre, se sometió a la vez al rito de la purificación.  “En el templo entra María, más que nunca pura y blanca, luces del mármol arranca, reflejos al oro envía. Va el Cordero entre la nieve, la Virgen nevando al Niño, nevando a puro cariño, este blanco vellón leve…”

La ley de Moisés mandaba que toda mujer que dé a luz un varón, en el plazo de cuarenta días, acuda al Templo para purificarse de la mancha legal y allí ofrecer su primogénito a Jahvé. Era lógico que los únicos exentos de ésta ley eran Jesús y María: Él por ser superior a esa ley, y Ella por haber concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo. A pesar de ello María oculta este prodigio y… acude humildemente como cualquier otra mujer a purificarse de lo que no estaba manchada.

Los mismos ángeles quedarían extasiados ante aquel maravilloso cortejo que atraviesa uno y otro atrio hasta llegar al pie del altar para ofrecer en aquellos virginales brazos al mismo Hijo de Dios.

Procesión con las candelas: “luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” María da a luz a Jesucristo, Luz del Mundo, quien se manifiesta a su pueblo por medio de Simeón y Ana.

Historia de la Festividad.

A mediados del siglo V, esta fiesta se conocía como “La Candelaria” o “Fiesta de las Luces”. Hasta el siglo VI se celebraba a los cuarenta días de la Epifanía, el 15 de febrero. Ahora se celebra el 2 de febrero, por ser a los cuarenta días de la Navidad.

Aunque esta fiesta, cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de la natividad. Es una chispa del fuego de ella, siendo una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico

De origen oriental, esta fiesta no se introdujo en la liturgia del Occidente hasta el siglo VII pues aunque en la de Oriente se celebraba ya desde el siglo IV, es al final de este siglo cuando ya está extendida en toda Roma y en casi todo Occidente. En un principio, al igual que en Oriente, se celebraba la Presentación de Jesús más que la Purificación de María. La peregrina Eteria, cuenta esto en su famoso diario, y añade el interesante comentario de que se “celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma”‘.

Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como “La fiesta del Encuentro” (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo.

Como decimos, Roma adopta la festividad a mediados del siglo VII, y el Papa Sergio I (687-701) instituyó la más antigua de las procesiones penitenciales romanas, que salía de la iglesia de San Adriano y terminaba en Santa María Mayor. El rito de la bendición de los cirios, del que ya se tiene testimonio en el siglo X, se inspire en las palabras de Simeón: “Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones”. Y de este rito significativo viene también el nombre popular de esta fiesta: la llamada fiesta de la “candelaria”.

Después de la procesión, los cirios se llevaban a las casas para encenderse cuando hubiese necesidad de oración especial

La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos chocantes de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como “luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel”.

También desde el siglo X, se le conoce igualmente con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María, siendo incluida entre las fiestas de Nuestra Señora.

Es el Concilio Vaticano II restaura esta fiesta a su origen primariamente Cristológico, celebrándose como la Presentación de Jesús en el Templo.

Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María. En la bellísima introducción a la bendición de las candelas y a la procesión, el celebrante recuerda cómo Simeón y Ana, guiados por el Espíritu, vinieron al templo y reconocieron a Cristo como su Señor. Y concluye con la siguiente invitación: “Unidos por el Espíritu, vayamos ahora a la casa de Dios a dar la bienvenida a Cristo, el Señor. Le reconoceremos allí en la fracción del pan hasta que venga de nuevo en gloria”.

Se alude claramente al encuentro sacramental, al que la procesión sirve de preludio. Respondemos a la invitación: “Vayamos en paz al encuentro del Señor”; y sabemos que este encuentro tendrá lugar en la eucaristía, en la palabra y en el sacramento. Entramos en contacto con Cristo a través de la liturgia; por ella tenemos también acceso a su gracia. San Ambrosio escribe de este encuentro sacramental en una página insuperable: “Te me has revelado cara a cara, oh Cristo. Te encuentro en tus sacramentos”.

La procesión de las antorchas, representa la peregrinación de la vida misma. El pueblo peregrino de Dios camina penosamente a través de este mundo del tiempo, guiado por la luz de Cristo y sostenido por la esperanza de encontrar finalmente al Señor de la gloria en su reino eterno. El sacerdote dice en la bendición de las candelas: “Que quienes las llevamos para ensalzar tu gloria caminemos en la senda de bondad y vengamos a la luz que brilla por siempre”.

La candela que sostenemos en nuestras manos recuerda la vela de nuestro bautismo. Y la admonición del sacerdote dice: “Ojalá guarden la llama de la fe viva en sus corazones. Que cuando el Señor venga salgan a su encuentro con todos los santos en el reino celestial”. Este será el encuentro final, la presentación postrera, cuando la luz de la fe se convierta en la luz de la gloria. Entonces será la consumación de nuestro más profundo deseo, la gracia que pedimos en la poscomunión de la misa: Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él no le dejaste morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a nosotros, que caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida eterna.

Significado de la Festividad.

img1La fiesta de la Presentación celebra una llegada y un encuentro; la llegada del anhelado Salvador, núcleo de la vida religiosa del pueblo, y la bienvenida concedida a él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. Por su provecta edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana.

Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la “Fiesta del Encuentro”, el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: “Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz nueva”2.

Al dramatizar de esta manera el recuerdo de este encuentro de Cristo con Simeón, la Iglesia nos pide que profesemos públicamente nuestra fe en la Luz del mundo, luz de revelación para todo pueblo y persona.

Bien podemos hoy cantar como la Iglesia lo hace en Laudes: “Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador…”.