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Archivo del 21 de marzo de 2016

Prendimiento de Jesús

Procesión de Jesús Cautivo.

Organiza: Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén Salida procesional: 20.30 Desde la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, calle Capitán Gaona nº 2

Recorrido: Calle Capitán Gaona, Avenida de Viana, Rodríguez Paterna, Plaza Amós Salvador, San Bartolomé, Caballerías, Herrerías, Travesía de Palacios, Marqués de San Nicolás, Avenida de Viana, Capitán Gaona, hasta la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars.

 Jesús Cautivo

PRENDIMIENTO DE JESÚS

Era de noche, muy entrada la madrugada. No quieren los conspiradores la luz del día, quieren la sorpresa, como si pudiesen sorprender a Jesús, que les espera consciente del peligro y entregándose a él.

Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. De poco les han servido sus promesas de dar la vida. Eran capaces de morir matando, pero no de sufrir la injusticia con paciencia y humildad. Todo permanecía oculto ante sus ojos, pues se trataba de un sacrificio, del sacrificio de la nueva Ley, esa que han aprendido en teoría y ahora están aprendiendo en la práctica. Es la lógica del amor sin límites, del amor puro, y ellos no la entienden. Jesús está solo.

Los apóstoles y hasta Judas, se dispersan cuando prenden a Jesús. La comitiva se aleja: el preso será llevado ante el Sanedrín, o al menos parte de él, durante la noche, y por la mañana temprano, lo llevarán ante el gobernador romano.

Judas, ve a sus acompañantes, que golpean a Jesús y lo maltratan; también ve como huyen sus antiguos amigos y compañeros, casi hermanos en otros tiempos. Judas Iscariote está solo. Providencia de Dios es que no se encuentre con sus antiguos amigos, los discípulos de Cristo, pues quizá no hubiesen podido contenerse, y entonces no es impensable que corriese su sangre. Pero un extraño miedo les ha dispersado a todos. No conocían las tinieblas y la fuerza de la tentación diabólica que ahora muestra todo su poder limitado, pero terrible.

Sus nuevos amigos también le abandonan. Lo han usado, les ha servido, y le abandonan. Es lógico, pues ¿quién va a confiar en un traidor? Conocido es que quien traiciona una vez, ciento puede reincidir. Las alianzas de los perversos duran el tiempo que les atan sus intereses; después se desatan incluso con odios antes inexistentes. Y Judas está solo.

Solo, pero con la voz de la conciencia que parecía acallada por la intensa actividad de las últimas jornadas y las justificaciones que ha ido elaborando en los tiempos de su vocación malvivida. Ahora, en el silencio de la noche nada puede acallar el grito potente de la voz de Dios que grita desde lo hondo: “Has entregado al Inocente”. Con fuerza vendrían a su memoria las delicadezas de Jesús con él, el perdón repetido, los milagros, la sabiduría, su mirada fuerte y amorosa. Además… incluso al final le dijo “Amigo”.

Sí, es cierto, en toda su vida Jesús ha sido el único Amigo, el que más le ha querido de verdad; ¿Con qué moneda le ha pagado? con la traición. Y el horror de su acción se hace evidente a sus ojos.

En estas idas y venidas siente el dinero, las treinta monedas de plata en su cinto. Y se desvela más aún su conciencia: Has entregado y vendido al Inocente. Su culpa se le presenta ahora clara ante los ojos, pero unida a la desesperación.

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, Arrepentido, devolvió a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos las treinta monedas de plata, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. La verdad está en las palabras de Judas. Y recuerda, que le engañaron diciéndole que juzgarían a Jesús con equidad y quizá se desvelaría si realmente era el Mesías o no. Se puede deducir esto ya que el precio de la traición es simbólico. Quizá Judas se engañaba a sí mismo diciéndose que estaba colaborando a aclarar de una vez por todas la mesianidad de Jesús. Pero al ver al Señor condenado la misma madrugada contra toda justicia en una parodia de juicio amañando, se le quita toda venda de los ojos.

Y se arrepintió… pero sin esperanza. La respuesta de los que debían ser los religiosos en Israel debió ser como un puñal en su alma: “¿Qué nos importa a nosotros? Tú verás. Y vio la mirada torva, sonriente, de engaño triunfante, y se sintió duramente humillado. Entonces, él arrojó las monedas al templo y se ahorcó.

Duro es seguir a Judas hasta el campo situado fuera de la ciudad. Era aquel un lugar cercano al valle llamado Gehenna, valle de las basuras, lugar utilizado por Jesús para mostrar gráficamente lo que era el Infierno donde sufren los condenados: el lugar de las basuras que se consumen con un fuego que no se acaba. Con las monedas del precio de su pecado, las que entregaron a Judas y que después rehusó, se adquirió ese campo, y allí se ahorcó terminado así con su vida.

Y el hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, siendo de aquel modo como se llamó, campo de sangre, adquirido por los sanedritas y que en su hipocresía, , se dijeron: Con ese dinero, no es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.

En estos hechos, viene a la memoria lo dicho por Jesús sobre el traidor:”¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! más le valiera no haber nacido”. No se puede deducir de estas palabras la declaración de la condenación eterna, pero desde luego sí la destrucción de una vida de un modo horrible, y quizá la pena eterna.

La Oración en el Huerto de los Olivos

Según consta en varios documentos bien conservados, en el año 1.882 se fundó en Logroño en la iglesia de Santiago el Real, La Cofradía de “El Santísimo Cristo de la Oración del Huerto”.

Una imagen muy antigua era “procesionada” por la Cofradía del Nazareno también radicada y con sede en la misma iglesia. Con el paso de los años, la imagen quedó desaparecida (tras muchos años volvió a aparecer) y de la cofradía no se volvió a saber nada de ella.

Para la Semana Santa de 1908, el afamado arquitecto logroñés D. Francisco de Luis y Tomás, adquiere un nuevo paso de “La Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos”, en el taller de “EL ARTE CRISTIANO” de Olot. Su autor, el célebre escultor D. Arsenio Bertrán y Surroca.

Por motivo de la lluvia no pudo ser ese mismo año estrenado y tuvo que esperar al año siguiente para poder contemplarlo por las calles de Logroño.

Esta imagen, en la actualidad se sigue procesionando aunque se le ha arrebatado una de las salidas procesionales que efectuaba en la tarde noche del Lunes Santo, hasta que en la actualidad decidió procesionar en su lugar, la imagen de Jesús Cautivo.

Esta adquisición de la imagen de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos, fue incorporada a la gran Procesión del Santo Entierro en la noche del Viernes Santo y la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro de Logroño, la encargada de su custodia, almacenamiento mantenimiento y limpieza tanto de las andas como de la imagen.

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Debido a unos cambios tanto de opinión como de infraestructuras, hubo que solucionar y cambiar la ubicación de la citada imagen para su custodia durante el resto del año y desde el Colegio de la Compañía de María, más conocido como la Enseñanza, se facilitó el poder dar acogimiento junto a las imágenes de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

En el año 1982, uno de los pocos “Pasos” que todavía no habían creado su propia Cofradía en Logroño, era precisamente  este de “LA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS” Así que al finalizar la Semana Santa de aquel año, por indicación de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro, se iniciaron conversaciones entre varias cofradías para fusionar a éste grupo con alguna de las cofradías ya formadas o preparadas para ello, siendo las Cofradías del Nazareno, La Flagelación de Jesús y la Entrada de Jesús en Jerusalén las que iniciaron dichas conversaciones.

Varias fueron las opciones que resolvieron a favor de la Entrada de Jesús. En primer lugar, haber ayudado a solucionar el problema del traslado y guarda de las imágenes de ese paso y estar juntas las imágenes en las dependencias del Colegio de la Compañía de María. En segundo lugar, la antigua amistad entre los responsables de los grupos; D. Juan José Casorrán Merino por parte de la Oración en el Huerto y D. Ricardo Ochoa Urízar, fundador de la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén, por parte de ésta. Y en tercer lugar y lo que más influyó en la decisión de una fusión entre dichos grupos, fue la sensible juventud e inquietud de todos los componentes de aquella incipiente y nueva Cofradía.

En reunión conjunta de los componentes de la Entrada de Jesús y los de la Oración en el Huerto de los Olivos” deciden en aquel Capítulo General del año 1982, entrar a formar parte de la COFRADIA ENTRADA DE JESUS EN JERUSALEN y adoptar al igual que el nombre, el hábito y emblema de la misma, pasando a ser todos un mismo grupo y cofradía.

Se restauró por completo la imagen, se le dotó de un nuevo bastidor de hierro para revestirlo con madera en unas nuevas andas.

Desde aquel entonces y para completar aún más la motivación de aquellos nuevos componentes, muchos de ellos muy reacios a cambiar el “formato” del grupo, perdiendo parte de la identidad e independencia y sobre todo el cambio de hábito (durante muchos años, hubo cofrades que llevaron debajo del hábito titular, el anterior hábito de la Hermandad), la Cofradía Entrada de Jesús empezó a pensar en organizar una nueva procesión para el Lunes Santo.

Oración en el Huerto

En la Semana Santa de 1984, la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén, recuperó un acto que antaño se celebraba ya en nuestra ciudad; el Pórtico de la Semana Santa. Aquella primera actuación musical, estuvo a cargo de la Orquestina Marista y una vez terminado el citado acto y tras una pequeña alocución por D. Pedro Trevijano, arrancaba la primera procesión “ORACION EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS” saliendo desde el patio del Colegio de la Compañía de María y con el recorrido por las calles de Logroño Capitán Gaona, Juan XXIII, Jorge Vigón, Vara de Rey, Muro del Carmen, Muro de la Mata, Avenida de la Paz, Capitán Gaona regresando al patio del colegio.

Con la adquisición de la nueva imagen de JESUS CAUTIVO, bien podía haber realizado un esfuerzo la Cofradía para evitar que el fiel pueblo logroñés, aquellos cofrades que se incorporaron a la misma por devoción a la imagen de la Oración y el resto de cofrades que después se incorporaron, tuvieran que perder poder contemplar dicha imagen en una de sus dos salidas. Bien se podía haber conseguido, eso si con esfuerzo, el poder procesionar ambas imágenes en la misma noche por estar íntimamente ligadas dentro de la PASION DE NUESTRO SEÑOR, en vez de “echarlo a suertes” y en algunos momento incluso haciendo “trampillas” para dejar arrinconadas las imágenes en los almacenes de la Cofradía.  Una verdadera pena.

Cartel Semana Santa Logroño 1974

 

Cartel anunciador de la Semana Santa de Logroño del año 1974

 

Revista 1986

 

Portada de la Revista Semana Santa Logroño de 1986, editada por la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén.

EL PRENDIMIENTO DE JESUS NAZARENO

La última ocasión en la que Jesús de Nazaret se reunió con sus discípulos para compartir el pan y el vino antes de su muerte, fue en la llama Última Cena. Este Sagrado Momento, es considerado como uno de los más importantes de nuestra fe, el de la institución del Sacramento de la Eucaristía, con las “especies” como “cuerpo y sangre” de Cristo.

Entre los hechos que se incluyen en dicha cena, está el lavatorio de los pies de los apóstoles por parte del Señor, junto a dos profecías de Cristo que se cumplieron en las horas inmediatas: la traición de Judas y la negación de Pedro. También se enuncia el denominado último y principal mandamiento, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

Tras la cena, Cristo y once de los apóstoles, todos menos Judas, salieron de la ciudad de Jerusalén hacia el huerto de Getsemaní, situado en la falda del Monte Olivette frente a la explanada del Templo.

Entrado en el huerto, dijo Jesús a sus discípulos: Quedaos aquí mientras yo me retiro allá a orar.

Y señalando un sitio algo más apartado y más solitario del huerto, con solo tres de ellos, los más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, se introdujeron dentro del citado huerto de los olivos. Jesús, apartándose un poco más de los tres, se dispuso a orar. De repente, Jesús comenzó a dar muestras de «tristeza», de «pavor», de «tedio», términos que emplean los evangelistas.

Él mismo, con expresión verdaderamente trágica, reveló a sus tres confidentes la angustia de su alma diciendo: Triste está mi alma hasta la muerte. Un consuelo en medio de aquella angustia pudo ser para él que sus apóstoles velaran mientras él oraba. Por eso añadió: Aguardad aquí y velad conmigo.

Y allí, postrado de rodillas, se derribó en tierra sobre su rostro, y comenzó a pedir que si era posible, pasase de Él aquella hora. Ofreció con gran clamor y lágrimas, preces y súplicas a Aquel que le podía salvar de la muerte: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; pero no se haga lo que yo quiero sino lo que quieres tú. Padre, Padre, todas las cosas te son posibles; si quieres, pasa este cáliz de mí; pero no se haga mi voluntad sino la tuya.

Claramente sale al exterior ese grito del alma de Jesús, dejando ver que en él, hay dos naturalezas distintas: una divina y otra humana; y dos voluntades: la voluntad humana que se estremece ante el horrible panorama de la Pasión, y la voluntad divina que no es otra sino la del Padre.

Ninguna imperfección habría en que la voluntad humana sintiera repugnancia a padecer; era el gemido inevitable de la naturaleza humana, pero sobre ese gemido se alza resuelta la voz del Espíritu que se rinde en todo y por todo a la divina ordenación. Sin duda en absoluto, podía Dios apartar de los labios de Jesús el cáliz amarguísimo de la Pasión; dueño era Él de atar las manos de los verdugos, y aún de quitarles la vida. Pero estaba decretado que la redención del mundo, se había de obrar por la Pasión y la muerte del Mesías, y Jesús, que lo sabe, se somete a este decreto con entera resignación, pronto a beber el cáliz que su Padre le presenta. Ese cáliz, era la Pasión con todos sus dolores y afrentas; la muerte, con todas sus angustias e ignominias.

Agobiado por la tristeza y el terror, al cabo de un largo rato, Jesús busca consuelo en sus discípulos; en los más amigos, en Pedro, en Santiago y en Juan. Pero los encontró dormidos. ¿Simón duermes?, dice dirigiéndose ante todo a Pedro. Y luego a todos, en general, ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Pues velad y orad, para que no entréis en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil.

Nuevamente volvió a la oración, diciendo las mismas palabras: Padre mío, si no es posible que pase este cáliz de mí, sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Otra vez vuelve junto a sus tres discípulos, y de nuevo los encuentra dormidos. Sus ojos estaban cargados, no sólo de sueño, sino de tristeza. Esta vez, ni los despertó. Ni antes, ni ahora, los discípulos supieron responderle. Dejándoles pues, se volvió a su oración, repitiendo por tercera vez las mismas palabras.

Esta vez, se le apareció un ángel para reconfortarlo. Y puesto en agonía oraba más prolijamente. Le sobrevino un sudor, como gotas de sangre que caían hasta la tierra.

No había sido inútil ni podía serlo, la oración de nuestro Sumo Sacerdote. Si el cáliz de la Pasión no se alejó de sus labios, al menos su alma se sintió confortada y animosa para beberle. Ya no necesitaba del consuelo de sus discípulos.

Volviendo donde ellos estaban, les dijo con divina tranquilidad: Dormid ya y descansad. Al cabo de un rato, les despertó y les dijo: Llegó la hora; he aquí que el Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos allá; ya está cerca el que me ha de entregar. Todavía estaba él hablando, cuando Judas se presentó en el huerto, y con él una gran multitud, con espadas y palos, enviada por los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los ancianos del pueblo.

Judas conocía bien a Jesús y sus costumbres de ir frecuentemente al huerto de los olivos a orar, incluso le había acompañado a menudo y por ello, sabía que esa noche no sería distinta y que lo encontraría allí, junto al resto de compañeros. sus discípulos.

Nada más salió Judas del Cenáculo, empezó los preparativos para sorprenderle en aquel lugar retirado. Los Pontífices y fariseos le facilitaron una escolta compuesta de criados del Sanedrín y de guardias del Templo, con sus capitanes y con algunos magistrados que dirigieran y autorizaran el prendimiento. Él mismo como adalid, iba delante de toda esa gente. Para que los encargados de echar mano a Jesús, pudieran hacerlo con toda seguridad, les había dado una señal, diciéndoles: Aquel a quien yo besare, ése es. Prendedle, y llevadle con cautela.

El beso era entre los judíos la forma habitual de saludo entre los discípulos y el maestro. Sólo un alma vil como la de Judas, pudo hacer de una señal de amistad una contraseña de traición.

En efecto, nada más llegar al huerto, Judas fue derecho a su Maestro, y le saludó, diciendo: Dios te guarde, Maestro. Y le besó.
Jesús, se dejó besar por aquel hombre infame, pero queriendo hacerle ver que sabía sus intenciones  y le dijo: Amigo, ¿a qué has venido? ¡Oh Judas! ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre? Aun dada la contraseña, nadie se movió para prenderlo. Fue el mismo Jesús quien, sabiendo todo lo iba a venir, avanzó hacia ellos, y les dijo: ¿A quién buscáis? A Jesús Nazareno, respondieron.

Jesús les dice: Yo soy. Asustándose se echaron un poco hacia atrás, cayendo algunos a tierra. Jesús de nuevo pregunta:  ¿A quién buscáis? Y nuevamente ellos, aturdidos, le contestaron: A Jesús el Nazareno.

Respondió Jesús: Ya os he dicho que soy yo. Si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos.
Dijo esto, para que se cumpliera otra de las profecías.

Viendo los que con Él estaban lo que ocurría, le preguntaron: Maestro: ¿herimos a cuchillo?
Y sin esperar respuesta, uno de ellos, Simón Pedro, con su brío acostumbrado, desenvainó la espada, e hirieron a un siervo del príncipe de los sacerdotes, le cortó la oreja derecha.

CIMG1753Basta, dijo Jesús. Y dirigiéndose a Pedro: Vuelve tu espada a la vaina; porque todos los que se sirven de la espada, a espada morirán. O ¿piensas que no puedo orar a mi Padre, y me daría ahora más de doce legiones de ángeles? Pero, el cáliz que me dio mi Padre ¿no lo he de beber? Y ¿cómo se cumplirán las Escrituras, según las cuales conviene que así suceda? Y no queriendo el Señor que sus enemigos tuvieran que echarle en cara el daño causado a un pobre hombre por sus discípulos, tocando la oreja del siervo herido, le sanó.

Entonces dijo Jesús a las turbas y a los príncipes de los sacerdotes, y magistrados del templo, y a los ancianos que habían ido a prenderle: ¡Como a ladrón habéis salido a prenderme, con espadas y con palos! Todos los días estaba entre vosotros enseñando en el templo y no me apresasteis. Pero, para que se cumplan las Escrituras, esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.

La cohorte, el tribuno y los ministros de los judíos le apresaron y le ataron. Y los discípulos, abandonándole, huyeron. De nuevo se cumplía la profecía del Salvador: herido el pastor, se dispersaba el rebaño.