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Archivo del 23 de marzo de 2016

Jesús se encuentra con María, su madre, en la Vía Dolorosa.

Encuentro

Tradicional y antiquísima procesión del SANTO ENCUENTRO de Jesús con María., que se celebra en Logroño, hoy Miércoles Santo a las 23.00 horas. Jesús nazareno a hombros de sus cofrades iniciará el recorrido  por las calles de Logroño hasta encontrarse con María su Madre Dolorosa, quien momentos antes, comenzará su recorrido desde la Con-Catedral.

Jesús Nazareno Logroño

La imagen de la Cofradía de Jesús Nazareno, saldrá de su Templo de Santiago el Real a las 22.30 de la noche con el siguiente recorrido: Parroquia de Santiago el Real, Travesía de Santiago, Marqués de San Nicolás (Mayor), Plaza del Parlamento, Once de Junio hasta encontrarse con su Madre la Virgen de la Soledad.

Virgen de la Soledad

La imagen de la Virgen de la Soledad, saldrá a las 22.15 horas desde su Templo Con-Catedral de Sta. Mª de la Redonda por la Plaza del Mercado, Portales, Capitán Gallarza. Breton de los Herreros, Once de Junio hasta encontrase con su Hijo Jesús el Nazareno.

Ambas imágenes se encontrarán sobre las 23.00 horas.

nazareno

Tras el fervorín, los “pasos” llevados de nuevo a hombros de sus respectivas cofradías, volverán a sus respectivos templos por la calle Portales esquina Capitán Gallarza, donde Madre e Hijo se separan con recorridos diferentes. Jesús el Nazareno continúa por la calle Martínez Zaporta, Marqués de San Nicolás (Mayor), Travesía Santiago hasta su templo de Santiago el Real y La Virgen Dolorosa regresa a la Con-Catedral por Portales.

virgen-de-la-soledad

Jesús se encuentra con María, su madre, en la Vía Dolorosa.

Cuando Pilatos salió del tribunal, una parte de los soldados le siguió, y se formó delante del palacio una pequeña escolta que se quedó con los condenados.

Mucha gente, entre los cuales están los enemigos de Jesús que habían estado presentes en su arresto en el Huerto de Los Olivos, vinieron a caballo para acompañarlo al suplicio. Los alguaciles lo condujeron al medio de la plaza, donde vinieron esclavos a echar la Cruz a sus pies. Los dos brazos estaban provisionalmente atados a la pieza principal con cuerdas. Los soldados colocaron con gran esfuerzo sobre el hombro derecho la pesada Cruz, y pusieron sobre el cuello de los dos ladrones las piezas traveseras de sus respectivas cruces, atándoles las manos a ellas.

La trompeta de la caballería de Pilatos empezó a sonar, dando la señal de marcha. Uno de los fariseos a caballo se acercó a Jesús, arrodillado bajo su carga y le dijo: ¡arriba!”.

El gobernador en persona se puso a la cabeza de un destacamento para impedir todo movimiento tumultuoso. Delante marchaba un soldado con una trompeta tocando en todas las esquinas y proclamando la sentencia. A pocos pasos seguía una multitud de hombres y de chiquillos, que traían cordeles, clavos, cuñas y cestas que contenían diferentes objetos; otros, más robustos, traían los palos, las escaleras y las piezas principales de las cruces de los dos ladrones.

Al final del cortejo, venía Jesús Nuestro Señor. Los pies desnudos y ensangrentados, abrumado bajo el peso de la Cruz, temblando, lleno de llagas y heridas, debilitado por la pérdida de la sangre y por no haber comido ni bebido nada desde la víspera, devorado de calentura y de sed y asaeteado por dolores infinitos. Con la mano derecha sostenía la Cruz sobre su hombro derecho; con su mano izquierda, exhausta, hacía de cuando en cuando esfuerzos para levantarse su larga túnica, con la que tropezaban sus pies heridos. Su cara estaba ensangrentada e hinchada; su barba y sus cabellos manchados de sangre; el peso de la Cruz y las cadenas apretaban contra su Cuerpo la túnica de lana, que se pegaba a sus llagas y las abría. A su derredor no había más que irrisión y crueldad; mas su boca rezaba y sus ojos perdonaban.

Detrás de Jesús iban los dos ladrones, con los brazos atados a los travesaños de sus cruces separados del pie. No tenían más vestidos que un largo delantal; la parte superior del cuerpo la llevaban cubierta con una especie de escapulario sin mangas abierto por ambos lados y en la cabeza un gorro de paja. El buen ladrón estaba tranquilo mientras que el otro no cesaba de protestar y quejarse.

La escolta romana impedía que se acercasen la muchedumbre excesivamente, así que los curiosos tenían que dar la vuelta por otras calles transversales y correr delante de ellos para verles pasar. Casi todos ellos llegaron antes que Jesús al Calvario.

Antes de empezar la subida al Gólgota, Jesús ya no podía andar; como los soldados tiraban de Él y lo empujaban sin misericordia, cayó al suelo y la Cruz cayó a su lado. Los verdugos se detuvieron, llenándolo de imprecaciones y pegándole. A los dos lados del camino había mujeres llorando y niños asustados. Jesús levantó la cabeza y aquellos hombres atroces en lugar de aliviar sus tormentos, le pusieron en su sitio la corona de espinas y de nuevo le cargaron la Cruz sobre los hombros, y a causa de la corona hubo de ladear la cabeza, con dolores infinitos, para poder colocar sobre su hombro el peso de la Cruz con que estaba cargado y así continuó de nuevo su camino, cada vez más duro.

Encuentro Jesús y María

La dolorosa Madre de Jesús había salido de la plaza después de pronunciada la sentencia inicua, acompañada de Juan y de algunas mujeres. Pero cuando el sonido de la trompeta, el ruido del pueblo y la escolta de Pilatos anunciaron la marcha hacia el Calvario, no pudo resistir al deseo de ver a su Divino Hijo, y pidió a Juan que la condujese a uno de los sitios por donde Jesús debía pasar. Encontraron un palacio, seguramente la residencia del Sumo Pontífice Caifás, cuya puerta daba a la calle. Juan obtuvo de un criado compasivo el permiso para ponerse en la puerta con María y los que la acompañaban, entre ellos, José de Arimatea, y Salomé de Jerusalén.

La Madre de Dios estaba pálida y con los ojos enrojecidos de tanto llorar y cubierta enteramente de una capa gris parda azulada. Se oía ya el ruido que se acercaba, el sonido de la trompeta y la voz del pregonero, publicando la sentencia en las esquinas. El criado abrió la puerta, el ruido era cada vez más fuerte y espantoso. María se arrodilló y oró fervientemente. Luego volviéndose a Juan dijo: “¿Me quedo? ¿Debo irme? ¿Cómo podré soportar este espectáculo?” Juan le respondió: “Si no te quedas a verlo pasar luego lamentarás no haberlo hecho”. Salieron a la puerta con los ojos fijos en la procesión que aún estaba distante, pero que avanzaba poco a poco. La gente no se ponía delante sino detrás y a los lados.

La escolta estaba a ochenta pasos. Cuando los que llevaban los instrumentos de suplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jesús se puso a temblar y a gemir, juntando las manos, y uno de esos hombres preguntó: “¿Quién es esa mujer que se lamenta?” y otro respondió: “Es la Madre del Galileo”. Los miserables al oír tales palabras, llenaron de injurias a esta dolorosa Madre, la señalaban con el dedo y uno de ellos tomó en sus manos los clavos con que debían clavar a Jesús en la Cruz y se los presentó a la Virgen en tono de burla.

Pero María miraba a Jesús que se acercaba y se agarró al pilar de la puerta para no caerse, pálida como un cadáver, con los labios azules.

Jesús, temblando, doblado bajo la pesada carga de la Cruz, inclinando sobre su hombro la cabeza coronada de espinas. Echó sobre su Madre una mirada de compasión y habiendo tropezado cayó por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos.

María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su lado y se abrazó a Él. Juan y las santas mujeres querían levantar a María. Algunos soldados sin embargo, tuvieron compasión y, aunque se vieron obligados a separar a la Santísima Virgen, ninguno de ellos le puso las manos encima.

Juan y las otras mujeres, ayudaron a María a levantarse y rodeándola la condujeron de nuevo a la puerta del palacio, donde cayó por el dolor sobre sus rodillas. Muchas mujeres con velos y derramando lágrimas. Los escoltas, le empujaron a Jesús con mucha crueldad para que siguiese adelante.

Con inmenso amor María mira otra vez a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran de nuevo , y cada corazón vierte en el otro su propio dolor. El alma de María queda anegada en amargura, en la amargura de Jesucristo.

Pero nadie se da cuenta, nadie se fija; sólo Jesús. Se ha cumplido la profecía de Simeón: una espada traspasará tu alma. En la oscura soledad de la Pasión, Nuestra Señora ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura, de unión, de fidelidad; un sí a la voluntad divina.

Cuánto sufrió cuando tuvo que huir con José y el niño para que no se lo mataran.

Cuánto sufrió aquellos tres días en que Jesús estuvo perdido cuando tenía doce años.

Cuánto sufrió experimentado el dolor que provocan las críticas y calumnias contra el hijo amado.

Pero nada comparado con esto. ¡Qué llaga tan dolorosa comenzó a abrirse en el preciso instante que le avisaron que su hijo había sido preso! Dolor que fue creciendo al ver a su hijo flagelado, condenado a muerte, cargando un pesado madero, y ella sin poder aliviarle, sin poder mitigar su dolor…

 

LA PRIMERA PROCESIÓN DEL ENCUENTRO (Del libro Historia de la Semana Santa de Logroño de D. Eugenio Ugarte Alonso)

Nazareno 2

Soledad2

Para la Semana Santa de 1.942 la Junta de Gobierno de la Hermandad, a cuyo frente estaba como Hermano Mayor don Félix Martínez Val, preparó dos innovaciones que mejoraron notablemente nuestra Semana Santa, ambas para el día de Jueves Santo, 2 de Abril. La primera consistió en un “Miserere” que se celebró en la Colegiata de la Redonda; y la segunda fue la primera procesión llamada “del Encuentro” realizada a continuación, una vez terminado el “Miserere”.

Para las diez menos cuarto de la noche, en que estaba anunciado el “Miserere”, toda la iglesia dela Redonda se encontraba totalmente llena de público, ávido de escuchar innovación tan acertada y era de todo punto imposible penetrar dentro del templo. A la misma hora ocupó la Hermandad la Vía Sacra, ante-presbiterio y parte inferior del coro, mientras el Guión con la Junta de Gobierno se situaba en el presbiterio y en el centro del mismo el Rvdo. Don Julio Merino, cura párroco de Palacio.

El Prior de la Hermandad, Rvdo. don Pedro Baldomero Larios, rezó una estación al Santísimo Sacramento que contestó la Hermandad y público y a continuación el coro con la orquesta y órgano interpretó el “Miserere” a tres voces del maestro Camó, bajo la dirección de don Tomás F. Iruretagoyena y al órgano el maestro Calvet. El público escuchó con sumo agrado la ejecución de ésta pieza musical, novedad desconocida en las Semanas Santas de Logroño, como así mismo el numeroso público estacionado en el exterior del templo en que se habían colocado unos altavoces para la retransmisión del acto, siendo posteriormente muy alabado por todos los que lo escucharon.

A continuación comenzó la salida de la Hermandad, que lo hizo con sus impresionantes filas y sus grandes cirios encendidos, llevando a hombros el “paso” de “La Dolorosa”.

En ésta salida tuvo una brillantísima presentación el grupo de soldados romanos con su vestimenta de época, seis con capa azul y otros seis con capa encarnada, al frente de los cuales iba un centurión con una magnífica capa encarnada. Todo el vestuario era de mucho gusto y muy bien llevado por doce artilleros del Centro Castrense de Acción Católica de Artillería.

Estos soldados romanos abrían marcha tras la Cruz recorriendo la procesión por la calle General Mola, Tabacalera y calle Mayor hasta su cruce con la de Santiago. En éste momento, los soldados romanos se destacaron del cortejo hasta la puerta de la iglesia de Santiago dónde simularon el prendimiento de Jesús Nazareno y formados en sus lados lo condujeron hasta la confluencia de Mayor con Sagasta dónde ya se encontraba la Hermandad con el “paso” de “La Dolorosa”, situándose el “Nazareno” frente a su Madre. La banda de trompetas de Artillería comenzó a tocar una marcha floreada; cantó dos magníficas saetas, con gran sentimiento, don Valentín Atienza, y el Prior de la Hermandad, Rvdo. P. Larios dirigió breves palabras glosando la escena del “Encuentro” entre el Hijo y su Madre, todo ello retransmitido a las cercanías mediante altavoces debidamente instalados con antelación.

No puede ser descrito el espectáculo que en ese momento ofreció todo el trozo de la calle Sagasta, calle Mayor y bocacalles adyacentes ni los esfuerzos de la policía para contener a los miles de personas que apretados, cubrían estas calles. Nunca se había visto cosa parecida ni silencio tan profundo como el que se produjo cuando los altavoces comenzaron a dejar escuchar los primeros toques de trompetas y hasta que el Prior terminó su glosa. Fue algo indescriptible, emocionante y que produjo en cuantos lo presenciaron un gran efecto de piedad y seriedad. Una vez terminada la escena, se reemprendió la marcha hasta la iglesia de Palacio donde fueron recogidos los otros dos “pasos” para su traslado a la Redonda, siguiendo por las calles de Travesía de Palacio, Herrerías, San Bartolomé, plaza de Amos Salvador y General Mola hasta llegar a la Colegiata de la Redonda, dónde terminó la procesión con el rezo de otra estación al Santísimo, sobre las doce de la noche.

Veneración y preparación del Santo Cristo del Sepulcro.

SantoSepulcro

Una vez más, hoy 23/03/2016, Miércoles Santo a las 12,00 en punto del mediodía, dentro de los actos de la Semana Santa de Logroño 2016, se habrá abierto la Urna Sepulcral por la Cofradía del Santo Sepulcro, en la Capilla de los Ángeles de nuestra Con-Catedral, para venerar al Santo Cristo así como para la limpieza y preparación de la sagrada imagen para la procesión del Santo Entierro este próximo Viernes Santo.

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En la tradición de nuestra Semana Santa, es uno de los actos que más impresiona y arrastra a la devoción de todos los que lo conocen y de los que se acercan por primera vez, que levanta gran fervor popular y veneración de la imagen de Cristo del Santo Sepulcro y que hace “engancharte” y acudir de nuevo año tras año, si las obligaciones (claro está) te lo permiten.

Cada vez hay muchos más fieles, que habiendo oído de este acto, se acercan a contemplarlo y es por ello, que igualmente cada vez, la amplitud de la Capilla de Nuestra Señora, se queda bastante pequeña para acoger a tal cantidad de personas interesados en participar. La Cofradía del Santo Sepulcro, debería ir pensando en trasladar y solicitar los permisos pertinentes tanto al Cabildo Catedralicio, Deán y Párroco para poder realizar este acto en la nave central de la Con-Catedral aunque para ello hubiera de modificar muchas cosas incluido el horario del mismo.

Según alguno de los estudios sobre este particular que se han realizado, desde la Semana Santa de 1.695, (año siguiente al de la donación), ya se realizó dicho acto en la mañana del Jueves Santo pero con un único y estricto sentido y propósito de limpieza. Por ello, las únicas personas participes en ello fueran sin más, las dedicadas a su conservación.

Santo Sepulcro

Es en el año 1.762 cuando se empieza dicho acto sin pretenderlo, pues muchas de las personas que por la tarde acudieran a la “Función” acuden también a su acicalamiento y preparación.

En la actualidad, a mediodía de los miércoles santos, la imagen de Cristo es sacada de la urna, procediendo las Camareras de la Cofradía a su limpieza y unción con aceites, posteriormente se procede a su veneración por parte de los cofrades y público asistente y finalmente se introduce la imagen de nuevo en la urna que no se vuelve a abrir, salvo casos excepcionales, hasta el siguiente año.

La imagen de Cristo muerto, es una de las buenas de su época. Fue perfecto su estudio anatómico, su libertad de formas y su gran elegancia, propia del arte barroco, así como por su perfecta y real policromía pudiendo haber salido de la escuela sevillana, quizás del taller de Pedro Roldan, aunque no hay constancia segura y documentada de su origen.
Con fecha 20 de Marzo de 1.694, el Capitán Don Gabriel de Unsain, ante el escribano Don Matías de Legaría, otorga la escritura de donación del Santo Sepulcro con la imagen de Cristo muerto y la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Junto a las imágenes también dona una urna sepulcral compuesta por una caja prismática, rectangular, de madera rica de ébano, chapeada de concha de carey de las tortugas del Pacífico, con molduras negras y aplicaciones de concha, flanqueadas en las aristas verticales con columnitas salomónicas de capitel corintio en plata y coronadas en pedestalitos para jarritas con flores, azucenas, de plata también. En estos remates, encaja la tapa de forma piramidal, y todo éste conjunto está cerrado por una fina cristalería de cristal de roca. Lleva cuatro chapas de plata repujadas que tienen la siguiente leyenda cada una; Mirando la urna desde los pies de la imagen, frente a la izquierda “DIOLO Y DOTÓLO EL CAPITÁN DOM GABRIEL DE UNSAIN”; a los pies: “REGIDOR PERPETUO DE ESTA CIUDAD”; frente a la derecha “Y FAMILIAR DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICIÓN”; Y cabeza “AÑO DE 1.694″.

Así mismo, dona también una hechura de la Santa Cruz para poner crucificado el cuerpo de Jesús; varias almohadas de terciopelo negro bordado con dibujos para poner el Sagrado Cuerpo dentro de la urna; unas andas de pino para llevar cada imagen en procesión; ocho muletas con sus hierros y encajes para llevar a hombros las andas con ocho almohadillas y un tablado para que se ejecute la función del descendimiento.

Por la misma escritura se hace entrega de quinientos ducados, de los cuales trescientos se impondrán en las mejores fincas para que con sus frutos o rentas se sufraguen los gastos de la Semana Santa. Los otros doscientos ducados se emplearán en fabricar o componer la capilla-nicho y altar en que se ha de colocar el Santo Sepulcro. Para su guardia y custodia se ha de poner una reja con una cerradura de dos llaves distintas, una de las cuales ha de tener el Cabildo y la otra, don Gabriel de Unsain o su hermano don Blas. (datos del libro Historia de la Semana Santa de Logroño por D. Eugenio Ugarte Alonso.)