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Archivo de marzo de 2016

La Flagelación de Nuestro Señor.

Vía-Crucis de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo.

Flagelación

Organizado por la Cofradía de la Flagelación de Jesús, éste Martes Santo 23/03/2016, sale de nuevo a las calles de Logroño el Vía-Crucis Penitencial de la Flagelación de nuestro Señor Jesucristo, estrenando nuevas andas.

La salida procesional es a las 20.30 desde la Parroquia de Santa Teresita, con el siguiente itinerario: Calles Somosierra, Ingeniero La Cierva. Avda. de España, Pérez Galdós, República Argentina, Somosierra, regresando de nuevo al Templo de Santa Teresita.

 

Flagelación de Nuestro Señor

 

Flagelación de Jesús

Poco después de la medianoche, Jesús fue arrestado en Getsemaní por los guardias del templo, y fue llevado primeramente ante Anas y luego ante Caifás, el sumo sacerdote judío ese año. Entre la una de la mañana y el amanecer, Jesús fue juzgado ante Caifás y el Sanedrín político, y fue hallado culpable de blasfemia. Luego los guardias lo vendaron, le escupieron, y le pegaron en el rostro con sus puños. Poco después del amanecer, presumiblemente en el templo, Jesús fue juzgado ante el Sanedrín religioso (fariseos y saduceos), y de nuevo fue hallado culpable de blasfemia, un crimen castigable con la muerte.

Debido a que el permiso para una ejecución tenía que provenir de los gobernantes romanos, Jesús fue llevado temprano en la mañana por los guardias del templo al Pretorio de la Fortaleza Antonia, residencia y asiento de gobierno de Poncio Pilato, el procurador de Judea. Sin embargo, Jesús fue presentado ante Pilato con la primera acusación hecha a Jesús, no como un blasfemo, sino como un rey autoproclamado que rechazaría la autoridad romana “Se ha hecho Hijo de Dios y según nuestra ley debe morir”. Pilato no presentó ningún cargo contra Jesús al juzga que no caía bajo la ley romana. Era cuestión religiosa y la Justicia romana no actuaba en estos casos para dirimirla. Por lo que consideró a Jesús inocente. Pilato dice: No encuentro en él, causa alguna de condenación.

Tras una deliberación, los judíos hacen una segunda acusación que sí entraba dentro de la Lex Julia: Había permitido ser aclamado Hijo de David que según ellos iba a ser su rey. Quería hacerse rey y esto iba contra el Emperador. Pilato ahora si que tiene obligación de atender esta acusación. Le pregunta a Jesús sobre su realeza y, no sacando nada en claro, lo considera de nuevo inocente.

Enterado de la estancia de Herodes en Jerusalén y siendo Jesús súbdito suyo, Pilato se lo envía a ver si le resuelve el problema. Pero Herodes tampoco presentó ninguna acusación oficial y lo devolvió a Pilato.

De nuevo Pilato no pudo encontrar base alguna para un cargo legal contra Jesús, pero la gente demandaba la crucifixión con persistencia. Pilato en el tercer juicio dice a los judíos: Ni Herodes ni yo encontramos en él causa alguna de muerte Pero Pilato, finalmente cedió a su demanda. Equipara a Jesús con un criminal y ladrón, con Barrabás y hace la propuesta de a quién de los dos querían que les soltase.

La plebe prefiere a Barrabás, a la vez que grita que Jesús sea crucificado. Así entregó a Jesús para ser flagelado y crucificado, pensando incluso que con solo la flagelación, el pueblo se conformaría. Pilato pensó: Le castigaré y luego le soltare. Después de este episodio, Jesús es flagelado y es presentado al pueblo diciéndole: ECCE HOMO.

Ecce

 

Debemos de suponer, que la salud de Jesús era excelente. Sus viajes a pie a través de la Palestina habrían excluido cualquier enfermedad física de importancia o una constitución débil. En este sentido, es razonable suponer que Jesús gozaba de buen estado de salud antes de su caminata a Getsemaní. Sin embargo, durante las 12 horas entre las 9 pm del jueves y las 9 am del viernes, Él sufrió una enorme tensión emocional, como se evidencia por la hematidrosis, abandono de sus más cercanos amigos como fueron sus discípulos y el castigo físico en el primer juicio judío. Además de esto, en el escenario de una noche traumática y desvelada, Jesús fue obligado a caminar más de 4 kilómetros de uno a otro local donde se celebraron los juicios. Estos factores físicos y emocionales podrían haber dejado a Jesús particularmente vulnerable a los efectos adversos y hemodinámicos de la flagelación.

La flagelación en sí no fue un castigo exclusivo para Jesús. Lo mandaba la ley. La flagelación era un preámbulo legal a toda ejecución. y solo las mujeres, los senadores romanos y los soldados (con excepción de casos de deserción) estaban exentos. Había otra excepción: los ciudadanos romanos condenados a decapitación. Estos no eran flagelados, sino fustigados con la fusta. Esto se hacía, según Tito Livio, en el mismo lugar del suplicio, inmediatamente antes de la decapitación.

Los condenados a crucifixión eran flagelados habitualmente durante el trayecto que había entre el lugar donde se dictaba la sentencia y el del suplicio. Muy raro, como en el caso de Jesús, que se llevara a cabo en las dependencias del tribunal. Esto sólo se hacía en los casos en que la flagelación era sustitutiva de la pena capital. El caso de Jesús pues, fue raro. Su flagelación no fue la legal que precedía a toda ejecución y que se daba en el trayecto, camino del suplicio, sino que constituyó un castigo especial.

El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias tiras de cuero sencillas o entrelazadas, de diferente longitud, en las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos. Ocasionalmente se utilizaban barrotes. Para la flagelación, el hombre era desnudado, y sus manos eran atadas a un poste. Las espaldas, las nalgas y las piernas eran azotadas, bien sea por dos soldados o por uno que alternaba la posición. La severidad de la flagelación dependía de la disposición de los verdugos y su objetivo era debilitar a la víctima a un estado próximo al colapso o la muerte. Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas.

Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones, y las tiras de cuero y huesos desgarraban la piel y el tejido subcutáneo. Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. El dolor y la pérdida de sangre usualmente creaban las condiciones para un shock circulatorio. La cantidad de sangre perdida podía muy bien determinar cuánto tiempo sobreviviría la víctima en la cruz. 

 

 

 

¿Cómo fue la flagelación de Jesús?

Una vez dada la orden de castigo, Jesús fue atado con cuerdas gruesas y resistentes. Las manos por encima de la cabeza, quedando así, casi suspendido de la parte alta de la columna o del techo. De esta manera quedaba inutilizado, para que no pudiera defender algunas partes del cuerpo con los brazos, y para que en el caso de shock, no cayera al suelo. Jesús fue severamente azotado en el pretorio. No se sabe si el número de azotes se limitaba a 39, de acuerdo a la ley judía. A este hombre debilitado que reclamaba ser rey, los soldados comenzaron a escarnecer colocando una túnica sobre sus hombros, una corona de espinas sobre su cabeza, y un palo como cetro en su mano derecha. A seguidas le escupían y le golpeaban en la cabeza. Más aun, cuando le arrebataron la túnica, probablemente reabrieron las heridas.

La flagelación severa, con su intenso dolor y apreciable pérdida de sangre, probablemente dejaron a Jesús en un estado casi de shock. Más aun, la hematidrosis había dejado su piel muy sensible. El abuso físico y mental descargado por los judíos y los romanos, así como la falta de alimentos, agua y descanso, también contribuyeron a su estado general de debilidad. Por tanto, aún antes de la crucifixión, la condición física de Jesús era por lo menos muy seria sino crítica.

El número de latigazos como hemos dicho, según la ley hebrea era de 40, pero ellos por escrúpulos de sobrepasarse, daban siempre 39. Pero Jesús fue flagelado por los romanos, en dependencia militar romana, por tanto more romano, es decir, según la costumbre romana, cuya ley no limitaba el número. Sólo estaban obligados a dejar a Jesús con vida, por dos razones: una, para poder mostrarle al público para que éste se compadeciera y esa era la intención de Pilato, y la otra, para que en caso de condena a muerte, llegara vivo al lugar de suplicio y crucificarlo vivo: era la ley.

Cuando los clásicos latinos nos hablan de esta flagelación more romano, nos dicen que el reo quedaba irreconocible en su aspecto y sangrando por todo el cuerpo. Así quedó Jesús. Por eso a la pregunta: ¿cuántos latigazos dieron a Jesús? la respuesta sería, hasta que le dejaron irreconocible; hasta que se cansaron. La ley romana no limitaba el número. Todas las partes del cuerpo de Jesús fueron objeto de latigazos. Eso sí, respetaron la cabeza y la parte del corazón, porque hubiera podido morir, como les había sucedido con otros. Y en este caso tenían una consigna: no matarlo. Así lo había mandado Pilato: “Le castigaré y luego le soltaré”.

Las correas de cuero del flagrun taxillatum, cortaron en mayor o menor grado la piel de Jesús en todo su cuerpo: en la espalda, el tórax, los brazos, el vientre, los muslos, las piernas. Las bolas de plomo, caídas con fuerza sobre el cuerpo de Jesús, hicieron toda clase de heridas: contusiones, irritaciones cutáneas, escoriaciones, equímosis y llagas. Además, los golpes fuertes y repetidos sobre la espalda y el tórax, provocaron, sin duda, lesiones pleurales e incluso pericarditis, con consecuencias muy graves para la respiración, la marcha del corazón y el dolor.

Pero si en la parte externa Jesús quedó irreconocible por las heridas y por la sangre, en el interior de su organismo sufrieron también lesiones muy graves órganos vitales, como el hígado y el riñón. Los golpes fuertes sobre la zona renal, instauraron sin duda, una disfunción en los riñones. Lo mismo podemos decir sobre el hígado, donde provocaron también una disfunción del mismo. A esta disfunción o insuficiencia hepato-renal, junto a mayor pérdida de sangre, fueron acompañadas de cambios electrolíticos y de otros parámetros biológicos con todas las consecuencias gravísimas para la supervivencia.

La disminución de la volemia por la nueva y abundante pérdida de sangre, aumentaron más gravemente la disnea o dificultad respiratoria, comenzada en Getsemaní. Esta disnea se aumentó todavía más, si cabía, por los golpes en la espalda y en el pecho que afectaron a órganos respiratorios y que además la hicieron dolorosa. Una hipercadmia muy seria estaba instaurada. Jesús tenía graves síntomas de asfixia. La hipotensión arterial comenzada en Getsemaní y aumentada con la desnutrición y la nueva pérdida de líquido corporal y de sangre, le dejaron materialmente sin fuerzas. Jesús no se tenía. Sin duda cayó, al desatarle las cuerdas, sobre el charco de sangre que había salido de su cuerpo. No olvidemos, que todo esto recayó sobre una dermis y epidermis sumamente sensible al dolor después de la hematidrosis.

En las circunstancias de Jesús es imposible explicar médicamente el dolor que sentiría cada vez que recibía un correazo con las bolas de plomo. Podríamos decir que en estos momentos Jesús era SÓLO DOLOR.

Prendimiento de Jesús

Procesión de Jesús Cautivo.

Organiza: Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén Salida procesional: 20.30 Desde la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, calle Capitán Gaona nº 2

Recorrido: Calle Capitán Gaona, Avenida de Viana, Rodríguez Paterna, Plaza Amós Salvador, San Bartolomé, Caballerías, Herrerías, Travesía de Palacios, Marqués de San Nicolás, Avenida de Viana, Capitán Gaona, hasta la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars.

 Jesús Cautivo

PRENDIMIENTO DE JESÚS

Era de noche, muy entrada la madrugada. No quieren los conspiradores la luz del día, quieren la sorpresa, como si pudiesen sorprender a Jesús, que les espera consciente del peligro y entregándose a él.

Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. De poco les han servido sus promesas de dar la vida. Eran capaces de morir matando, pero no de sufrir la injusticia con paciencia y humildad. Todo permanecía oculto ante sus ojos, pues se trataba de un sacrificio, del sacrificio de la nueva Ley, esa que han aprendido en teoría y ahora están aprendiendo en la práctica. Es la lógica del amor sin límites, del amor puro, y ellos no la entienden. Jesús está solo.

Los apóstoles y hasta Judas, se dispersan cuando prenden a Jesús. La comitiva se aleja: el preso será llevado ante el Sanedrín, o al menos parte de él, durante la noche, y por la mañana temprano, lo llevarán ante el gobernador romano.

Judas, ve a sus acompañantes, que golpean a Jesús y lo maltratan; también ve como huyen sus antiguos amigos y compañeros, casi hermanos en otros tiempos. Judas Iscariote está solo. Providencia de Dios es que no se encuentre con sus antiguos amigos, los discípulos de Cristo, pues quizá no hubiesen podido contenerse, y entonces no es impensable que corriese su sangre. Pero un extraño miedo les ha dispersado a todos. No conocían las tinieblas y la fuerza de la tentación diabólica que ahora muestra todo su poder limitado, pero terrible.

Sus nuevos amigos también le abandonan. Lo han usado, les ha servido, y le abandonan. Es lógico, pues ¿quién va a confiar en un traidor? Conocido es que quien traiciona una vez, ciento puede reincidir. Las alianzas de los perversos duran el tiempo que les atan sus intereses; después se desatan incluso con odios antes inexistentes. Y Judas está solo.

Solo, pero con la voz de la conciencia que parecía acallada por la intensa actividad de las últimas jornadas y las justificaciones que ha ido elaborando en los tiempos de su vocación malvivida. Ahora, en el silencio de la noche nada puede acallar el grito potente de la voz de Dios que grita desde lo hondo: “Has entregado al Inocente”. Con fuerza vendrían a su memoria las delicadezas de Jesús con él, el perdón repetido, los milagros, la sabiduría, su mirada fuerte y amorosa. Además… incluso al final le dijo “Amigo”.

Sí, es cierto, en toda su vida Jesús ha sido el único Amigo, el que más le ha querido de verdad; ¿Con qué moneda le ha pagado? con la traición. Y el horror de su acción se hace evidente a sus ojos.

En estas idas y venidas siente el dinero, las treinta monedas de plata en su cinto. Y se desvela más aún su conciencia: Has entregado y vendido al Inocente. Su culpa se le presenta ahora clara ante los ojos, pero unida a la desesperación.

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, Arrepentido, devolvió a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos las treinta monedas de plata, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. La verdad está en las palabras de Judas. Y recuerda, que le engañaron diciéndole que juzgarían a Jesús con equidad y quizá se desvelaría si realmente era el Mesías o no. Se puede deducir esto ya que el precio de la traición es simbólico. Quizá Judas se engañaba a sí mismo diciéndose que estaba colaborando a aclarar de una vez por todas la mesianidad de Jesús. Pero al ver al Señor condenado la misma madrugada contra toda justicia en una parodia de juicio amañando, se le quita toda venda de los ojos.

Y se arrepintió… pero sin esperanza. La respuesta de los que debían ser los religiosos en Israel debió ser como un puñal en su alma: “¿Qué nos importa a nosotros? Tú verás. Y vio la mirada torva, sonriente, de engaño triunfante, y se sintió duramente humillado. Entonces, él arrojó las monedas al templo y se ahorcó.

Duro es seguir a Judas hasta el campo situado fuera de la ciudad. Era aquel un lugar cercano al valle llamado Gehenna, valle de las basuras, lugar utilizado por Jesús para mostrar gráficamente lo que era el Infierno donde sufren los condenados: el lugar de las basuras que se consumen con un fuego que no se acaba. Con las monedas del precio de su pecado, las que entregaron a Judas y que después rehusó, se adquirió ese campo, y allí se ahorcó terminado así con su vida.

Y el hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, siendo de aquel modo como se llamó, campo de sangre, adquirido por los sanedritas y que en su hipocresía, , se dijeron: Con ese dinero, no es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.

En estos hechos, viene a la memoria lo dicho por Jesús sobre el traidor:”¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! más le valiera no haber nacido”. No se puede deducir de estas palabras la declaración de la condenación eterna, pero desde luego sí la destrucción de una vida de un modo horrible, y quizá la pena eterna.

La Oración en el Huerto de los Olivos

Según consta en varios documentos bien conservados, en el año 1.882 se fundó en Logroño en la iglesia de Santiago el Real, La Cofradía de “El Santísimo Cristo de la Oración del Huerto”.

Una imagen muy antigua era “procesionada” por la Cofradía del Nazareno también radicada y con sede en la misma iglesia. Con el paso de los años, la imagen quedó desaparecida (tras muchos años volvió a aparecer) y de la cofradía no se volvió a saber nada de ella.

Para la Semana Santa de 1908, el afamado arquitecto logroñés D. Francisco de Luis y Tomás, adquiere un nuevo paso de “La Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos”, en el taller de “EL ARTE CRISTIANO” de Olot. Su autor, el célebre escultor D. Arsenio Bertrán y Surroca.

Por motivo de la lluvia no pudo ser ese mismo año estrenado y tuvo que esperar al año siguiente para poder contemplarlo por las calles de Logroño.

Esta imagen, en la actualidad se sigue procesionando aunque se le ha arrebatado una de las salidas procesionales que efectuaba en la tarde noche del Lunes Santo, hasta que en la actualidad decidió procesionar en su lugar, la imagen de Jesús Cautivo.

Esta adquisición de la imagen de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos, fue incorporada a la gran Procesión del Santo Entierro en la noche del Viernes Santo y la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro de Logroño, la encargada de su custodia, almacenamiento mantenimiento y limpieza tanto de las andas como de la imagen.

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Debido a unos cambios tanto de opinión como de infraestructuras, hubo que solucionar y cambiar la ubicación de la citada imagen para su custodia durante el resto del año y desde el Colegio de la Compañía de María, más conocido como la Enseñanza, se facilitó el poder dar acogimiento junto a las imágenes de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

En el año 1982, uno de los pocos “Pasos” que todavía no habían creado su propia Cofradía en Logroño, era precisamente  este de “LA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS” Así que al finalizar la Semana Santa de aquel año, por indicación de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro, se iniciaron conversaciones entre varias cofradías para fusionar a éste grupo con alguna de las cofradías ya formadas o preparadas para ello, siendo las Cofradías del Nazareno, La Flagelación de Jesús y la Entrada de Jesús en Jerusalén las que iniciaron dichas conversaciones.

Varias fueron las opciones que resolvieron a favor de la Entrada de Jesús. En primer lugar, haber ayudado a solucionar el problema del traslado y guarda de las imágenes de ese paso y estar juntas las imágenes en las dependencias del Colegio de la Compañía de María. En segundo lugar, la antigua amistad entre los responsables de los grupos; D. Juan José Casorrán Merino por parte de la Oración en el Huerto y D. Ricardo Ochoa Urízar, fundador de la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén, por parte de ésta. Y en tercer lugar y lo que más influyó en la decisión de una fusión entre dichos grupos, fue la sensible juventud e inquietud de todos los componentes de aquella incipiente y nueva Cofradía.

En reunión conjunta de los componentes de la Entrada de Jesús y los de la Oración en el Huerto de los Olivos” deciden en aquel Capítulo General del año 1982, entrar a formar parte de la COFRADIA ENTRADA DE JESUS EN JERUSALEN y adoptar al igual que el nombre, el hábito y emblema de la misma, pasando a ser todos un mismo grupo y cofradía.

Se restauró por completo la imagen, se le dotó de un nuevo bastidor de hierro para revestirlo con madera en unas nuevas andas.

Desde aquel entonces y para completar aún más la motivación de aquellos nuevos componentes, muchos de ellos muy reacios a cambiar el “formato” del grupo, perdiendo parte de la identidad e independencia y sobre todo el cambio de hábito (durante muchos años, hubo cofrades que llevaron debajo del hábito titular, el anterior hábito de la Hermandad), la Cofradía Entrada de Jesús empezó a pensar en organizar una nueva procesión para el Lunes Santo.

Oración en el Huerto

En la Semana Santa de 1984, la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén, recuperó un acto que antaño se celebraba ya en nuestra ciudad; el Pórtico de la Semana Santa. Aquella primera actuación musical, estuvo a cargo de la Orquestina Marista y una vez terminado el citado acto y tras una pequeña alocución por D. Pedro Trevijano, arrancaba la primera procesión “ORACION EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS” saliendo desde el patio del Colegio de la Compañía de María y con el recorrido por las calles de Logroño Capitán Gaona, Juan XXIII, Jorge Vigón, Vara de Rey, Muro del Carmen, Muro de la Mata, Avenida de la Paz, Capitán Gaona regresando al patio del colegio.

Con la adquisición de la nueva imagen de JESUS CAUTIVO, bien podía haber realizado un esfuerzo la Cofradía para evitar que el fiel pueblo logroñés, aquellos cofrades que se incorporaron a la misma por devoción a la imagen de la Oración y el resto de cofrades que después se incorporaron, tuvieran que perder poder contemplar dicha imagen en una de sus dos salidas. Bien se podía haber conseguido, eso si con esfuerzo, el poder procesionar ambas imágenes en la misma noche por estar íntimamente ligadas dentro de la PASION DE NUESTRO SEÑOR, en vez de “echarlo a suertes” y en algunos momento incluso haciendo “trampillas” para dejar arrinconadas las imágenes en los almacenes de la Cofradía.  Una verdadera pena.

Cartel Semana Santa Logroño 1974

 

Cartel anunciador de la Semana Santa de Logroño del año 1974

 

Revista 1986

 

Portada de la Revista Semana Santa Logroño de 1986, editada por la Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén.

EL PRENDIMIENTO DE JESUS NAZARENO

La última ocasión en la que Jesús de Nazaret se reunió con sus discípulos para compartir el pan y el vino antes de su muerte, fue en la llama Última Cena. Este Sagrado Momento, es considerado como uno de los más importantes de nuestra fe, el de la institución del Sacramento de la Eucaristía, con las “especies” como “cuerpo y sangre” de Cristo.

Entre los hechos que se incluyen en dicha cena, está el lavatorio de los pies de los apóstoles por parte del Señor, junto a dos profecías de Cristo que se cumplieron en las horas inmediatas: la traición de Judas y la negación de Pedro. También se enuncia el denominado último y principal mandamiento, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

Tras la cena, Cristo y once de los apóstoles, todos menos Judas, salieron de la ciudad de Jerusalén hacia el huerto de Getsemaní, situado en la falda del Monte Olivette frente a la explanada del Templo.

Entrado en el huerto, dijo Jesús a sus discípulos: Quedaos aquí mientras yo me retiro allá a orar.

Y señalando un sitio algo más apartado y más solitario del huerto, con solo tres de ellos, los más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, se introdujeron dentro del citado huerto de los olivos. Jesús, apartándose un poco más de los tres, se dispuso a orar. De repente, Jesús comenzó a dar muestras de «tristeza», de «pavor», de «tedio», términos que emplean los evangelistas.

Él mismo, con expresión verdaderamente trágica, reveló a sus tres confidentes la angustia de su alma diciendo: Triste está mi alma hasta la muerte. Un consuelo en medio de aquella angustia pudo ser para él que sus apóstoles velaran mientras él oraba. Por eso añadió: Aguardad aquí y velad conmigo.

Y allí, postrado de rodillas, se derribó en tierra sobre su rostro, y comenzó a pedir que si era posible, pasase de Él aquella hora. Ofreció con gran clamor y lágrimas, preces y súplicas a Aquel que le podía salvar de la muerte: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; pero no se haga lo que yo quiero sino lo que quieres tú. Padre, Padre, todas las cosas te son posibles; si quieres, pasa este cáliz de mí; pero no se haga mi voluntad sino la tuya.

Claramente sale al exterior ese grito del alma de Jesús, dejando ver que en él, hay dos naturalezas distintas: una divina y otra humana; y dos voluntades: la voluntad humana que se estremece ante el horrible panorama de la Pasión, y la voluntad divina que no es otra sino la del Padre.

Ninguna imperfección habría en que la voluntad humana sintiera repugnancia a padecer; era el gemido inevitable de la naturaleza humana, pero sobre ese gemido se alza resuelta la voz del Espíritu que se rinde en todo y por todo a la divina ordenación. Sin duda en absoluto, podía Dios apartar de los labios de Jesús el cáliz amarguísimo de la Pasión; dueño era Él de atar las manos de los verdugos, y aún de quitarles la vida. Pero estaba decretado que la redención del mundo, se había de obrar por la Pasión y la muerte del Mesías, y Jesús, que lo sabe, se somete a este decreto con entera resignación, pronto a beber el cáliz que su Padre le presenta. Ese cáliz, era la Pasión con todos sus dolores y afrentas; la muerte, con todas sus angustias e ignominias.

Agobiado por la tristeza y el terror, al cabo de un largo rato, Jesús busca consuelo en sus discípulos; en los más amigos, en Pedro, en Santiago y en Juan. Pero los encontró dormidos. ¿Simón duermes?, dice dirigiéndose ante todo a Pedro. Y luego a todos, en general, ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Pues velad y orad, para que no entréis en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil.

Nuevamente volvió a la oración, diciendo las mismas palabras: Padre mío, si no es posible que pase este cáliz de mí, sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Otra vez vuelve junto a sus tres discípulos, y de nuevo los encuentra dormidos. Sus ojos estaban cargados, no sólo de sueño, sino de tristeza. Esta vez, ni los despertó. Ni antes, ni ahora, los discípulos supieron responderle. Dejándoles pues, se volvió a su oración, repitiendo por tercera vez las mismas palabras.

Esta vez, se le apareció un ángel para reconfortarlo. Y puesto en agonía oraba más prolijamente. Le sobrevino un sudor, como gotas de sangre que caían hasta la tierra.

No había sido inútil ni podía serlo, la oración de nuestro Sumo Sacerdote. Si el cáliz de la Pasión no se alejó de sus labios, al menos su alma se sintió confortada y animosa para beberle. Ya no necesitaba del consuelo de sus discípulos.

Volviendo donde ellos estaban, les dijo con divina tranquilidad: Dormid ya y descansad. Al cabo de un rato, les despertó y les dijo: Llegó la hora; he aquí que el Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos allá; ya está cerca el que me ha de entregar. Todavía estaba él hablando, cuando Judas se presentó en el huerto, y con él una gran multitud, con espadas y palos, enviada por los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los ancianos del pueblo.

Judas conocía bien a Jesús y sus costumbres de ir frecuentemente al huerto de los olivos a orar, incluso le había acompañado a menudo y por ello, sabía que esa noche no sería distinta y que lo encontraría allí, junto al resto de compañeros. sus discípulos.

Nada más salió Judas del Cenáculo, empezó los preparativos para sorprenderle en aquel lugar retirado. Los Pontífices y fariseos le facilitaron una escolta compuesta de criados del Sanedrín y de guardias del Templo, con sus capitanes y con algunos magistrados que dirigieran y autorizaran el prendimiento. Él mismo como adalid, iba delante de toda esa gente. Para que los encargados de echar mano a Jesús, pudieran hacerlo con toda seguridad, les había dado una señal, diciéndoles: Aquel a quien yo besare, ése es. Prendedle, y llevadle con cautela.

El beso era entre los judíos la forma habitual de saludo entre los discípulos y el maestro. Sólo un alma vil como la de Judas, pudo hacer de una señal de amistad una contraseña de traición.

En efecto, nada más llegar al huerto, Judas fue derecho a su Maestro, y le saludó, diciendo: Dios te guarde, Maestro. Y le besó.
Jesús, se dejó besar por aquel hombre infame, pero queriendo hacerle ver que sabía sus intenciones  y le dijo: Amigo, ¿a qué has venido? ¡Oh Judas! ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre? Aun dada la contraseña, nadie se movió para prenderlo. Fue el mismo Jesús quien, sabiendo todo lo iba a venir, avanzó hacia ellos, y les dijo: ¿A quién buscáis? A Jesús Nazareno, respondieron.

Jesús les dice: Yo soy. Asustándose se echaron un poco hacia atrás, cayendo algunos a tierra. Jesús de nuevo pregunta:  ¿A quién buscáis? Y nuevamente ellos, aturdidos, le contestaron: A Jesús el Nazareno.

Respondió Jesús: Ya os he dicho que soy yo. Si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos.
Dijo esto, para que se cumpliera otra de las profecías.

Viendo los que con Él estaban lo que ocurría, le preguntaron: Maestro: ¿herimos a cuchillo?
Y sin esperar respuesta, uno de ellos, Simón Pedro, con su brío acostumbrado, desenvainó la espada, e hirieron a un siervo del príncipe de los sacerdotes, le cortó la oreja derecha.

CIMG1753Basta, dijo Jesús. Y dirigiéndose a Pedro: Vuelve tu espada a la vaina; porque todos los que se sirven de la espada, a espada morirán. O ¿piensas que no puedo orar a mi Padre, y me daría ahora más de doce legiones de ángeles? Pero, el cáliz que me dio mi Padre ¿no lo he de beber? Y ¿cómo se cumplirán las Escrituras, según las cuales conviene que así suceda? Y no queriendo el Señor que sus enemigos tuvieran que echarle en cara el daño causado a un pobre hombre por sus discípulos, tocando la oreja del siervo herido, le sanó.

Entonces dijo Jesús a las turbas y a los príncipes de los sacerdotes, y magistrados del templo, y a los ancianos que habían ido a prenderle: ¡Como a ladrón habéis salido a prenderme, con espadas y con palos! Todos los días estaba entre vosotros enseñando en el templo y no me apresasteis. Pero, para que se cumplan las Escrituras, esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.

La cohorte, el tribuno y los ministros de los judíos le apresaron y le ataron. Y los discípulos, abandonándole, huyeron. De nuevo se cumplía la profecía del Salvador: herido el pastor, se dispersaba el rebaño.

Entrada de Jesús En Jerusalén

Mientras Jesús Entraba en Jerusalén sobre un pollino o asno, una multitud salió al encuentro a las afueras de la ciudad a darle la bienvenida. Tendieron en el camino sus vestidos y ramas de los árboles y exclamaron entusiasmados, ” !HOSANNA¡ Bendito sea el que viene en nombre del Señor”

Entrada de Jesús

Organizada por el Cabildo Catedralicio de la Con-Catedral de Santa María de la Redonda de Logroño, Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño y Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén, este Domingo de Ramos 20/03/2016, está programada la bendición de ramos, procesión y Eucaristía Solemne.

Los horarios y recorridos preparados son los siguientes: Bendición de Ramos a las 11.45 en la Plaza del Mercado. Salida procesional a las 12.00 desde Plaza del Mercado, Portales, Muro del Carmen, Muro de la Mata, Sagasta, Portales hasta la Con-Catedral donde concluye y se celebrará la Eucaristía Solemne a las 13.00 horas.

ENTRADA TRIUNFAL DE JESUS EN JERUSALEN

Jesús descansó el sábado en Betania. A la mañana siguiente salió hacia Jerusalén y empezó a subir la ladera este del monte de los Olivos. Cerca de allí estaba la aldea de Betfagé, Jesús mandó que le trajeran un pollino. Aparejaron el animal con sus mantos y Jesús montó sobre él.

La gente que subía a la fiesta de la Pascua empezó a vitorear:  Hossana al Hijo de David!

Muchos se quitaban los mantos y los extendían en el suelo por donde pasaba Jesús; otros cortaban ramas de olivo, las esparcían a su paso. Cuando apareció a la vista Jesús y empezaron a descender, creció el griterío:

-¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡’y el Mesías! ¡Paz en los cielos! ¡Hosanna!

Algunos fariseos que estaban entre la gente le dijeron

-Maestro, reprende a tus discípulos.

-Os digo que si éstos hoy callan, las piedras darán voces,

Jesús, contemplando a Jerusalén, lloró por ella. Mientras tanto corrió la noticia por la ciudad de que era Jesús el que llegaba, y una gran muchedumbre de los que habían llegado para la fiesta de Pascua salió a su encuentro agitando palmas y ramas de olivo, vitoreándolo.

Así entró por las calles de Jerusalén y toda la ciudad se conmocionó. Llegó al templo, donde curó a los enfermos que le presentaron. Los niños contagiados por el entusiasmo, los mayores también, empezaron a gritar en el templo: ¡Hosanna al Hijo de David!

Pocos días antes de su sufrimiento en la cruz, lo que conocemos como “La Pasión”, Jesús entró de esta forma en la ciudad de Jerusalén, en medio de las alabanzas y de la popularidad de la gente. Esta forma de entrada a Jerusalén, no fue por casualidad ni por capricho de Jesús. Sino que Él lo hizo para cumplir la voluntad perfecta de Dios

 

Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén

 

Tres hechos importantes en cuanto a su entrada a Jerusalén.

 

– El primer hecho es: Que la entrada de Jesús montando un asno había sido profetizada en las Escrituras. Aproximadamente quinientos años antes de que Él naciera, el profeta Zacarías escribió:

“He aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” [Zacarías 9:9].

Para cumplir con lo dicho por el profeta, Jesucristo entró montado sobre un asno. Él, como Hijo de Dios, pudo haber entrado a Jerusalén de la manera más fastuosa, pero para cumplir con la Palabra de Dios se humilló a sí mismo entrando sobre un borrico.

De la manera más humilde, Jesucristo no sólo entró a Jerusalén montando un asno, sino que también fue obediente hasta la muerte para salvarnos, cumpliendo así con la voluntad del Padre (Mateo 26:39,42 –En Getsemaní).

El que haya entrado montado sobre un asno pone de manifiesto su humildad. Pudo haber entrado en la ciudad acompañado de una hueste de ángeles y con gran sonido de trompetas, pero entró humilde, y cabalgando sobre un asno (Zacarías 9:9; Mateo 21:5). Antes de su entrada a Jerusalén, Él dijo de sí mismo a sus discípulos y al pueblo:

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mateo 11:29).

Como ya hemos visto, las palabras y los hechos de Jesús eran completamente diferentes a los de los escribas y fariseos. Nosotros hoy, como creyentes y seguidores de Él, debemos ser humildes ante Dios y ante las personas, como Jesús nos lo enseñó.

– El segundo hecho es: “El Jesús que recibió alabanzas” .Cuando Jesús entró en Jerusalén, una gran multitud lo aclamó: ¡Hosanna en las alturas! Hosanna significa “sálvanos ahora”.

En ese tiempo, Israel estaba bajo el dominio del Imperio Romano. El pueblo estaba oprimido y los judíos eran explotados como esclavos por el gobierno romano. Como Jesús se presentó y realizó milagros bajo tales circunstancias, los judíos pensaron que Él sería el libertador que los salvaría del Imperio Romano. En otras palabras, los judíos no comprendieron el propósito de la venida de Jesucristo a la tierra. El vino para dar vida y libertad a toda la humanidad. Jesucristo vino para vivificar nuestra alma marchita mediante su preciosa sangre derramada sobre la cruz, y para que pudiéramos recibir de Él la bendición de una vida abundante.

Sin embargo, los israelitas sufrieron una gran decepción cuando se dieron cuenta de que Jesús no sería su libertador del Imperio Romano. No obstante, Jesús no cambió su propósito. Él estaba destinado a llevar la cruz en conformidad con el plan de Dios, para que el precio del pecado pudiera ser pagado. Por esto, muy pronto las alabanzas de “hosanna” en los labios de los judíos desaparecieron, y comenzaron a vociferar: “¡Sea crucificado, sea crucificado!”

El amor de Dios y la obra redentora de Jesucristo fue tan grande que ni aun las piedras podían callar sus alabanzas. Nosotros, también, debemos vivir hoy alabando a Jesucristo con corazón puro, semejante al de los niños.

– El tercer hecho es: “Jesús es el Rey de reyes”. Cuando Jesús entró en Jerusalén el pueblo tendió sus mantos sobre el camino y lo aclamó: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! (Juan 12:13).

¿Qué clase de rey fue Jesús? Él no utilizó un caballo, sino un asno. Un caballo es símbolo de guerra, mientras que un borrico es símbolo de paz. Jesús vino al mundo como Príncipe de paz (Isaías 9:6) para darnos la paz. Cuando nació, coros angelicales proclamaron que Él es el Príncipe de la paz:

¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! [Lucas 2:14]

Una prueba clara de que Jesús vino como rey está en el hecho de que la gente le tendió sus mantos en el camino. Podemos ver en 2 Reyes 9:13 que el pueblo puso sus mantos debajo de Jesús cuando él fue hecho rey. El hecho de que tendieran sus mantos para que sobre ellos pasara Jesús, nos indica en realidad que Él entró a la ciudad como rey.

Sin embargo, el reino de Jesucristo no es de este mundo; es un reino celestial. – Es el reino de Dios, que será regido por Jesucristo cuando Él vuelva otra vez. Gracias a Cristo llegamos a ser ciudadanos del reino de Dios, y Jesucristo se ha convertido en nuestro rey y señor. Cuando Jesús purificó el templo con la autoridad de un rey, nadie se le enfrentó. Muy pronto, Jesucristo regresará a la tierra como el Rey de reyes. Por lo tanto, todos los días debemos alabarlo como nuestro Príncipe de paz, y vivir con esperanza y gozo, esperando su regreso.

Nuestra Señora de los Dolores

Hoy 18 de marzo de 2016, Viernes de Dolor, Procesión de la Virgen Nuestra Señora de los Dolores a las 19.30 horas.

Virgen de los Dolores

Historia de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores

La devoción a la Virgen de los Dolores  en  la  parroquia  de Santiago el Real viene de antiguo. Se tienen noticias de que a mediados del siglo pasado (Siglo XIX), se celebraban solemnes cultos en su honor, cultos que culminaban en una solemne novena que terminaba el día de su fiesta, Viernes de Dolores, y a su final se hacía una procesión con su imagen por las calles del quiñón de la parroquia.

Para  éstas  solemnes  novenas  venían  ilustres  y  elocuentes oradores. En 1.892 fueron varios, siendo uno de ellos el Sr. Abad de la Colegiata de La Redonda. En 1.927 fue el R.P. Dimas Gómez del Corazón de María de la residencia de Jaén, y en 1.930 lo fue nuestro paisano el R. P.  Antonio Rubio,  superior  de  los  PP.Agustinos Recoletos de San Sebastián.

Vayan éstas muestras para comprender la importancia que se le daba a ésta novena que era muy esperada por nuestros antepasados que abarrotaban la amplia nave de la iglesia de Santiago. Los gastos eran sufragados por familias logroñesas devotas, que normalmente permanecían en el anonimato.

La procesión que se hacía a continuación del término de la novena el día  de  la  Virgen  de  los  Dolores,  también  se  hacía  con solemnidad. El recorrido era siempre el mismo y transcurría por las calles de Santiago, Mayor, Merced, Mercado (hoy Portales),Sagasta y Mayor con regreso a la iglesia, otra vez por la calle de Santiago. Un gran número de devotos, especialmente mujeres, concurrían a la misma con cirios encendidos; la presidía el párroco de Santiago y siempre llevaba una banda de música; el Gobernador Militar facilito la Banda del Regimiento por los años 1.890 y siguientes; en los años veinte de éste siglo fue la Banda de Música de Oyón (Unión Musical Oyonesa) la que concurrió, interpretando siempre durante la procesión sentidas marchas religiosas.

En los balcones y ventanas de las calles de su itinerario se ponían colgaduras y se adornaban con farolillos y en las aceras se apelotonaba el público que contemplaba su paso con religioso silencio.

No es extraño que en aquél Logroño de 19.000 habitantes ésta procesión fuera un acontecimiento. Téngase en cuenta que en aquéllos tiempos la única procesión de Semana Santa era la del Viernes Santo.

El párroco de Santiago, don Pascual Fernández, se propuso impulsar ésta devoción a la Virgen de los Dolores, devoción que él sentía, y viendo la admirable respuesta del pueblo logroñés, especialmente mujeres, para mover más a ésta devoción mariana tuvo la idea en 1.892 de crear una Hermandad, solamente de mujeres, para seguir cultivando y engrandeciendo ésta devoción y evitar que la misma se perdiera con el paso del tiempo. Así pues,  en el mes de Marzo de 1.893  fundó ésta Hermandad “establecida para las mujeres de todos los estados, edades y condiciones en la parroquia de Santiago el Real de Logroño“. Comunica   al   Obispado   ésta   intención,   recibiéndose   una contestación “muy laudatoria” con fecha 17 de Agosto de 1.893.

No  existen  estatutos  y  tampoco  hábito  de  ésta  Hermandad, deduciendo que no se tuvieron en cuenta éstos detalles en su fundación. Se funda en torno a la imagen existente de la Virgen de  los Dolores,  de cuya  imagen no existe tampoco  origen  ni datación.

La imágenes de las llamadas “de vestir”, como casi todas las Dolorosas; tiene una gran expresividad en el rostro y en sus finas manos, destaca su mirada de dolor y tristeza en sus bellos ojos compasivos y al mismo tiempo llenos de paz, una paz que trasmite a sus devotos y a cuantos la contemplan.

Sus manos, separadas, como queriendo abrazar a todo el género humano, sus hijos; sostiene un pañuelo en su mano derecha para secar sus lágrimas por la muerte de su amado Hijo.

Se organiza la Hermandad,  “solo de señoras, cualquiera que sea su posición,  edad o estado”  de una forma simple:  una  Junta Directiva  con  los  cargos  de  Presidenta,   Vicepresidenta, Tesorera, Secretaria, Vicesecretaria y tres vocales, siendo la dirección a cargo del Párroco o coadjutores de la parroquia de Santiago el Real. El objeto de la Hermandad era, y sigue siendo, “honrar de un modo especial a la Santísima Virgen bajo el título de sus Dolores”.

Como la Hermandad era solo de mujeres, la Virgen era llevada a hombros en sus andas por cuatro cofrades de la Cofradía hermana de Jesús Nazareno cuya residencia canónica era la misma. Fueron muchas las señoras que se hicieron de la Hermandad durante los primeros años, por éste motivo se distribuyeron en Coros de a treinta hermanas cada uno, con su Directora al frente de cada uno, llegando a tener hasta cinco Coros, es decir más de 150 Hermanas. La cuota de cada una quedó establecida en un real al mes, pagadero por meses, semestres o por años, al arbitrio de cada hermana.

La imagen de la Virgen ha sido especialmente cuidada. A lo largo de los años su Hermandad y donaciones de personas devotas le han dotado de un magnífico manto de terciopelo negro bordado con un bien diseñado y artístico bordado en  oro , valiosos encajes en cabeza y puños, así como un corazón traspasado por siete puñales también de plata y diversas joyas, rosarios, pañuelos, etc. Esta imagen se veneraba durante todo el año en una capilla especial dentro de la iglesia de Santiago, llamada “capilla de los Dolores” hasta el año 1.981 en que fue trasladada a otra más pequeña donde está actualmente a fin de dejar la antigua capilla para el culto diario de la iglesia en los meses de invierno.

En el mes de Septiembre celebraban un solemne Septenario (Desde mediados de siglo XX en vez de novenario se celebra un septenario.) en honor de la Virgen, dado por los mejores oradores, el cual terminaba el día de su fiesta, 15 de Septiembre, festividad de La Virgen de los Dolores, y posteriormente las señoras componentes de la Hermandad hacían Ejercicios Espirituales dirigidos por un Padre Misionero. Algunos años éstos cultos se hicieron en la antigua iglesia de San Agustín que estaba situada donde hoy está Correos y Telégrafos, en la plaza de su mismo nombre.

En la cuaresma se preparaban y preparaban a los fieles de la parroquia con sermones cuaresmales y cultos para cumplir con el precepto pascual, a guardar el ayuno y abstinencia, estimular para tomar la Bula de la Santa Cruzada, etc.; sermones que terminaban el Viernes de Dolores con una solemne procesión por las calles del quiñón de la parroquia de Santiago, acudiendo a la misma todas las Hermanas para acompañar a la Virgen alumbrando con velas. Durante la misma el Párroco de Santiago desgranaba los Siete Dolores en otras tantas paradas, fervorines que eran escuchados por todos los numerosos asistentes dentro de un riguroso silencio y con gran devoción.

En el transcurrir de los años su Hermandad siempre ha venerado a la Virgen con diversos actos, especialmente dedicándole un Septenario con Misa y sermón, celebrándose el mismo dentro de la Cuaresma en algunas de sus semanas, en conjunción con la Parroquia y en todo caso celebrando el Viernes de Dolores, su fiesta, con Misa solemne y posterior procesión, la cual nunca ha dejado de hacerse con mayor o menor solemnidad. En la actualidad el Septenario se hace de forma que el último día del mismo coincida con el Viernes de Dolores.

A partir de 1.962 los hermanos de la cofradía de Jesús Nazareno portaron el “paso” de la Virgen revestidos con sus hábitos, que eran los de la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro, al objeto de darle mayor solemnidad. A partir de 1.976 la banda de tambores de ésta cofradía también se incluyó dentro de la procesión.

Textos del libro “Historia de la Semana Santa de Logroño” de D. Eugenio Ugarte Alonso

 

 

La primera de estas conmemoraciones es la más antigua, puesto que se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor.

En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, y por la misma época se complementó esa devoción con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo comprendieron su marcha hacia el Calvario, sino su vida entera. A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de setiembre de todos los años.

Los siete dolores son:

  • La profecía del anciano Simeón.
  • La huida a Egipto
  • El niño Jesús perdido
  • María encuentra a Jesús cargado con la Cruz
  • Quinto dolor María al pie de la cruz
  • María recibe en sus brazos el cuerpo difunto de su hijo
  • Sepultura de Jesús y Soledad de María, nuestra Madre

 

Primer Dolor – La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)
Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
Segundo Dolor – La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.
Tercer Dolor – El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)
Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.
Cuarto Dolor – María se encuentra con Jesús camino al Calvario (IV Estación del Vía Crucis)
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron – el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
Quinto Dolor – Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario – uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: “Madre, he ahí a tu hijo.” Y a nosotros nos dijo en Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre.” María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
Sexto Dolor – María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz (Marcos 15, 42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.
Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)
¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.

Las Siete Gracias.

Santa Brígida, era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción.

Ya a los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: “Mira en qué estado estoy, hija mía.” “¿Quién os ha hecho eso, Señor?”, preguntó la niña. Y Cristo respondió: “Los que me desprecian y se burlan de mi amor.” Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.

Brígida empezó a tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias. Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos, quienes solían preguntar con ironía: “¿Qué soñó Doña Brígida anoche?”

Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.

Es en una de éstas “visiones”, (años  1303-1373), donde se le apareció la Virgen María y le dijo:

“Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, más hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios.”

Y Nuestra Señora, prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1. “Yo concederé la paz a sus familias.”
2. “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”
3. “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»
4. “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”
5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”
6. “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

Así mismo, según San Alfonso María Ligorio, Jesucristo Nuestro Señor, reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:

  1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.
  2. Protegeré en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegeré muy especialmente a la hora de su muerte.
  3. Imprimiré en sus mentes el recuerdo de Mi Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.
  4. Encomendaré a estas almas devotas en manos de María mi Madre, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.

 

Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: “Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes Tu Corazón para amar a María como Tú la amas.”

Oración final

Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.