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¡Santiago y cierra, España!

SantiagoApostol-25Julio

¿Qué es el voto de Santiago?

Es el nombre con el que se conocía al compromiso impuesto a los cristianos de los reinos de la Península, no sometidos al Islam, por el que se imponía el pago, además de los ya reconocidos y ancestrales diezmos y primicias que todo creyente debía a la Santa Madre Iglesia, de un nuevo diezmo del cereal recolectado y del vino producido, así como que, de todo botín que en las distintas expediciones guerreras se cogiesen a los sarracenos, se entregase al bienaventurado apóstol una parte exacta de la que correspondía a un soldado de a caballo y cuyo beneficiario sería el obispado de Compostela.

Se basa en el resultado de la Batalla de Clavijo, y cuenta la tradición, que no la historia, que todo parte de la negativa del rey Ramiro I de Asturias a pagar a Al-Ándalus, el llamado Tributo de las Cien Doncellas.

Este tributo fue una especie de reconocimiento del reino de Asturias, único reino cristiano de la Península en aquel momento, de la supremacía militar del Emirato de Córdoba, cuando allá por el año setecientos ochenta y tres, el rey Mauregato se hizo con la corona de Asturias gracias al apoyo del emir Abderramán I. El tributo que como de su nombre se desprende, consistía en entregar a los sarracenos cada año, cien doncellas, la mitad del pueblo llano y la otra mitad de la nobleza y castas privilegiadas, siendo considerado bochornoso por toda la población del reino y así, cinco años más tarde, Mauregato fue asesinado por dos nobles como consecuencia de aquella vergonzosa firma, sentando en el trono a Bermudo I, el cual tiene una idea fija que era acabar con tan execrable tributo.

Bermudo lo consigue, aunque sustituyéndolo por un pago en dineros, cosa que tampoco era demasiado satisfactoria.

A la muerte de Bermudo le sucede Alfonso II, apodado El Casto, que ya había sido rey antes, cuando fue depuesto por Mauregato. El reinado de El Casto ha sido de los más largos de la historia de España, pues duró cincuenta y un años y durante el cual se descubrió la tumba del apóstol Santiago en el Campo de la Estrella.

Alfonso II, consideraba ominoso el pago en dinero del tributo de las doncellas y determinó no pagarlo más y las cosas quedaron así, pero a su muerte le sucedió Ramiro I, cuyo reinado coincidió con el del poderoso emir Abderramán II, el cual se acordó de aquel viejo tributo que los asturianos debían satisfacer y lo reclamó al rey Ramiro.

Corría el año 844 y el monarca no estaba dispuesto a seguir doblando la cerviz ante el sarraceno y formando un ejército importante para la época y las circunstancias económicas y sociales de Asturias, salió en busca de los moros.

Al llegar a Nájera y Albelda, dos ciudades próximas, situadas en La Rioja, las tropas de Ramiro se vieron rodeadas por un numerosísimo ejército musulmán al mando del propio Abderramán II que cayó sobre ellos causando tremendas bajas, debiendo los cristianos batirse en retirada, refugiándose en el Castillo de Clavijo, en la cima del Monte Laturce, montaña de poco más de mil metros de altura, desde el que se divisa gran parte de la comarca de La Rioja.

Castillo de Clavijo

Retirados apresuradamente, los cristianos se guarecen en los riscos del monte y en el castillo que en aquella época debía ser poco más que una torre de vigilancia, en donde se disponen a pasar la noche, entre el frío del momento y el miedo al ejército moro, cuyas proporciones ya habían podido comprobar.

El rey Ramiro, tuvo aquella noche un sueño en el que se le apareció el apóstol Santiago en todo su esplendor, asegurando su presencia en la batalla que al día siguiente tendría lugar y cuyo resultado, gracias a su ayuda, sería una rotunda victoria.

Siguiendo la leyenda, al día siguiente se libró la tremenda batalla en la que apareció el apóstol totalmente vestido de blanco y montando un corcel del mismo color, animando y combatiendo contra los moros y cuyo resultado fue una rotunda victoria cristiana que persiguiendo al ejército moro, ya derrotado y disperso, consiguieron llegar hasta la ciudad de Calahorra, en poder musulmán y restituirla a la fe cristiana.

Agradecido, el 25 de julio de aquel año, el rey instituyó en la ciudad de Calahorra, el llamado “Voto de Santiago”, por el que ofrecían al apóstol cosechas y botín de guerra.

santiago

Lo cierto es que de esta institución no se tiene constancia oficial, pues según cuentan las crónicas, al parecer, el diploma en el que se recogía el compromiso se habría extraviado en 1543, al ser presentado en la chancillería de Valladolid, con motivo de cierto pleito al respecto de algunas villas castellanas y el pago de dichos diezmos, pero, afortunadamente, existían copias en algunos monasterios, una de las cuales, escrita en latín, se conserva en la Biblioteca Nacional.

Desde la mítica batalla, se impuso, en los territorios cristianos del norte, la festividad del santo apóstol “Santiago Matamoros” el día 25 de julio y lo que fue mucho más importante es que se da a conocer que la tumba del apóstol, recién descubierta, está en Compostela y aquí se inicia la etapa de las peregrinaciones que tanto aportarían a Galicia y a toda la España cristiana.

Santiago “el Mayor”, Apóstol de Cristo.

 

 

Santiago el Mayor

Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.

Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.

Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: “Desde ahora seréis pescadores de hombres”, dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Aparece como una persona apasionada, llena de arrojo y decisión, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias. Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén.

Estuvo presente en momentos muy importantes de la vida de Jesús y se ha considerado uno de sus discípulos predilectos. Asistió, junto con Juan y Pedro, a la resurrección de la hija de Jairo. Fue testigo en la Transfiguración en el Monte Tabor y estuvo también el El Huerto de Getsemaní.

Lucas nos relata uno de sus momentos: “junto a su hermano Juan solicitó de Jesús que hiciese bajar fuego del Cielo para arrasar a inhospitalarios samaritanos que se negaban a dar albergue al maestro”.

La tradición le atribuye una gran labor de evangelización en la provincia hispánica que le correspondió en el reparto que los Apóstoles realizaron con el fin de difundir el Evangelio de Cristo.

Viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España), cruzando el mar Mediterráneo cuando los apóstoles fueron enviados por Jesús a predicar. Desembarcó en la Península Ibérica y cristianizó la región. Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y los convertidos.

Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Probablemente sería en el año 41 cuando llegó a España y permaneció en ella hasta fines del año 42. Recorrió los caminos de Itálica, Mérida, Coimbra, Braga, Iria, Lugo, Astorga, Palencia, Horma, Numancia y Zaragoza, donde se le apareció la Virgen en el Pilar. Después, por el Ebro, pudo tomar la Vía Augusta de Tortosa a Valencia, Chinchilla y Cazlona para regresar desde un puerto murciano o andaluz a Palestina.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén.

Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado, dejando a siete discípulos que continuaron su labor evangelizadora.

En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

Fue Herodes Agripa, rey de Judea ( Act, XII, 2), nieto de Herodes El Grande,  quien lo manda decapitar con espada. Fue hacia el año 44, y Santiago se convirtió en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén, prohibiéndose que fuese enterrado.

Cuando se desencadenó una nueva persecución contra los cristianos y sus simbologías, su cuerpo fue trasladado por los Apóstoles a la Península Hispánica. En secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría de nuevo a España. Llevado en un bajel hasta Iria Flavia, puerto romano en la costa Gallega. Desembarcaron y caminaron unas 4 leguas hacia septentrión por la antigua vía romana de Iria a Brigatium llegando a Liberodonum,  enterraron su cuerpo en un compostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol. Elevaron un mausoleo, “Arca marmórica”, según diplomas de Alfondo III, Ordoño II, Ordoño III y Sancho el Craso. Según la tradición, junto al sepulcro de Santiago reposaban los cuerpos de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Apostol Santiago

Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.

El eremita advirtió al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida.

Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. A partir de esta declaración oficial los milagros y apariciones se repetirían en el lugar, dando lugar a numerosas historias y leyendas como ya hemos contado, destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra los avances del islam y a los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago.

En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularizan las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio.

Dos son los reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las órdenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny.

La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el camino. El Camino Francés es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años, más tarde con la conquista de Zaragoza se habilitaría el ramal de Somport a Puente La Reina. Las antiguas calzadas romanas de Burdeos a Astorga pasando por Vitoria y Briviesca y de Astorga a Iria Flavia sirven de base a la ruta jacobea y surgen gran cantidad de burgos y ciudades que acogen una nueva clase urbana de artesanos y comerciantes, la mayoría francos.

La Reconquista, todo un proceso que transcurre desde el año 711 a 1492 hasta que Granada es tomada por los Reyes Católicos y se cierra el ciclo y la unidad de España.

A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros), el mundo comienza a ensancharse y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos.

Allá por el siglo XVI, el Arzobispo de Santiago, Juan San Clemente, ocultó el cuerpo por temor a los ingleses que se aproximaban a la ciudad. Cuando más tarde el Cardenal Payá ocupó la sede de Compostela descubrió nuevamente las reliquias del santo. Inició un minucioso proceso que envió a Roma y finalmente una Bula de León XIII ” Deus omnipotens, del 1 de Noviembre de 1884 ratificó y confirmó la Sentencia de la Comisión Especial de la Sagrada Congregación de Ritos, en la que se declaraban auténticas las reliquias de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

La figura de Santiago, como Patrón de España, ha sido acogida a lo largo de toda nuestra historia de reconquista y conquista. Ahora comienza el Descubrimiento de América y de nuevo la figura de Santiago se hace notar: la intervención de Santiago es decisiva, en la mente de los descubridores y conquistadores:   “Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y dijeron que abia caído yllapa, trueno y rayo del cielo,… Y asi bajó el señor Santiago a defender a los cristianos. Dizen que vino encima de un cavallo blanco,… y el santo todo armado y su bandera y su manta colorado y su espada desnuda y que venía con gran destrucción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el cerco de los indios a los cristianos que había ordenado Manco Inca y que llevaba el santo mucho ruido y de ellos se espantaron los indios. (..) Y desde entonces los indios al rayo lo llaman y le dicen Santiago…(F. Guaman Poma, 1615)

En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake).

Concha peregrinaje

Hoy, la peregrinación a Santiago ha recobrado el esplendor de antaño. En 1985 la UNESCO declaró la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad.

Castidad (X y último): ¿DIGNOS HIJOS Y HEREDEROS DE DIOS?

Para terminar esta serie de artículos sobre amor y sexualidad desde la óptica cristiana,  me faltaría hablarles, a la luz de todo lo anteriormente dicho, de lo que significa “amar con el cuerpo” y de la  “fertilidad”.

Amar con el cuerpo, en el contexto del amor maduro, ese que asume la entrega incondicional y la apertura a la vida, es una experiencia bellísima contrastada por psicólogos y sexólogos, fuente de plenitud y alegría, que responde a la naturaleza del corazón humano y que aporta gran solidez a la personalidad del individuo. Pero no tengo espacio para desarrollar la explicación pertinente. Así que les recomiendo que profundicen en el tema, sin miedo a aburrirse ni a aprender, leyendo los libros que he ido sugiriendo durante estos artículos y los que hoy propongo.

Tampoco voy a entrar en el asunto de la fertilidad porque ya he desarrollado el tema en esta sección. (Véanse en www.iglesiaenlarioja.org los números de Pueblo de Dios que versaban sobre anticoncepción y venéreas). Sin embargó, sí les diré lo siguiente: la postura católica de acoger a los hijos que van llegando, guiados por el amor responsable, aferrados a la esperanza del potencial que encierra cada bebé en ciernes, partiendo del hecho de que concebir un hijo no es lo mismo que pillar el sida – aunque ambas cosas puedan sucederse tras mantener una relación sexual -, es ¡liberadora!

Por otro lado, tener las ideas claras en este punto no sólo es muy positivo sino que evitaría la aniquilación de millones de vidas humanas, de modo que les brindaré cinco titulares:

1) La fertilidad no es el mayor peligro mientras no deseamos hijos, y un derecho absoluto cuando sentimos la necesidad de ser padres. “No sé si el niño necesita madre o padre, pero yo, ahora, necesito un hijo”.

2) La vida es un bien presente y futuro (no se acaba). Por eso merece la pena difundirla con generosidad y responsabilidad. De hecho, estamos llamados a transmitirla. Dado que hablamos de sexualidad, concretaría diciendo: cuando alcancemos la madurez, en la medida de nuestras posibilidades, confiando en Dios.

Nuestro Padre – y Creador – decidió otorgarnos el privilegio de participar en su obra dándonos inteligencia, facultades y autoridad para decidir sobre ella. Fue su manera de implicarnos en su labor creadora. Estamos llamados a ordenar, perfeccionar y completar SU universo que, en virtud de la filiación divina, también es NUESTRO. Y en el colmo de su orgullo, amor y confianza paternos, incluso nos regaló la potestad de engendrar vida poniendo una sola condición: que fuera por amor.  A cabio, el fruto de ese amor no sería una bacteria o un cetáceo  más, sino la criatura más frágil y maravillosa, un nuevo heredero de Dios, un nuevo hombre.

3) El óvulo femenino, una vez desprendido, sólo es fértil entre 12 y 24 horas. Luego muere. Si el varón es fértil 24 horas al día durante toda su vida, la fertilidad no es, sobre todo, una competencia femenina.

4) Hay varias técnicas seguras para conocer los tiempos de fertilidad de cada matrimonio. Si Dios ha establecido un ciclo para la reproducción humana y nos ha dado inteligencia para comprenderlo, es para que lo usemos bien.

5) Siempre que optemos por algo, debemos hacerlo en libertad, con razones para la cabeza y para el corazón. Dios no tiene por objeto complicarnos la vida. No era esa su intención al establecer el sexto y noveno mandamientos. Aunque en ocasiones nos cueste obedecer la voluntad de Dios, sobre todo al principio, cumplirla con amor acaba por llenarnos de gozo. De hecho, pude decirse que existe un auténtico placer en llevar a cabo el bien que Dios nos inspira.

MartaCM

Recomendaciónes bibliográficas:

La misericordia en la educación afectivo – sexual. Autora: Nieves GONZÁLEZ RICO. Fundación Desarrollo y Persona. Editorial CEPE, 2014.

La aventura de la castidad  (Edición católica) – Encontrar satisfacción con la ropa puesta.  Autora: Dawn Eden. Editorial, Grupo Nelson, 2008.

Dawn Eden es ex historiadora de rock y editora de noticias del Daily News, Nueva York. Fue judía, luego se convirtió al protestantismo y, más tarde, al catolicismo. Siendo protestante, escribió un libro con este título que tuvo mucho éxito. Una vez convertida, reescribió su obra a la luz de la doctrina católica.

La autora afirma que las virtudes nunca son negativas, y que la castidad en concreto nos permite amar completa y satisfactoriamente en función de nuestras relaciones y según nuestro estado de vida. “Castidad es amar a los demás como Dios los ama” (Dawn Eden).

 

 

Castidad (IX): NO ES LO MISMO

Tal como les prometí, les presento las etapas tres y cuatro del amor verdadero.

Amor maduro: Este es el amor inteligente. Quiere conocer al otro, saber lo más posible, y se pregunta: ¿por qué quiero a esta persona? ¿Temo quedarme solo? ¿Tengo vida, amigos, libertad e inquietudes propias que ofrecer? ¿Cómo sé que me quiere? ¿Me ayuda a vivir mejor mi vida y a asumir mis responsabilidades? ¿Me acerca a los que me quieren? ¿Confío en él o ella para afrontar juntos el mismo proyecto de familia? ¿Bendecirá Cristo nuestra unión?

Si somos novios, si nos estamos conociendo y amamos lo que vemos, sería raro no querer una relación sexual en esta etapa. Ahora bien, la inteligencia interpela preguntando: tener ahora relaciones sexuales, ¿nos dará la distancia justa para discernir objetivamente? La respuesta es no.

ENAMORAMIENTO (semilla) AMOR MADURO (un camino)
No concibo la vida sin ti Una sóla carne
Que no se acabe nunca Indisoluble
Eres único y especial para mí Fidelidad
Este amor nos da vida Fecundidad

Amor conyugal. La esencia del amor conyugal es el compromiso de entrega. Aquí la pregunta es: ¿tiene sentido entregar una palabra de amor que me comprometa de por vida? ¡Sí, tiene sentido! Aunque para ser capaz de tomar tal decisión con perspectivas de éxito – lo  mismo que para correr una maratón o aprobar selectividad -, se requiere entrenamiento de uno o varios años.

 La gente que rechaza “los papeles” para argumentar contra el matrimonio no está preparada para alcanzar esa cumbre en sus vidas. Temen el dolor, pero los papeles firmados no duelen. Lo que hiere y traumatiza es la ruptura del compromiso de amor; la triste certeza de que ya no existe voluntad firme de amar al otro por lo que es en lugar de por lo que me hace sentir; la ausencia de voluntad para amarle a pesar de los cambios, o para acoger y hacer fructificar el amor que tenemos ahora pese a las circunstancias que nos rodean y condicionan, o para amarle por las posibilidades que, un día, Dios me hizo ver en él/ella.

MartaCM

El ritmo del corazón y el del cuerpo son dispares: * El corazón necesita pasar por el “me gustas”, “te amo”, “te quiero” y “me decido por ti, para siempre, en fidelidad, asumiendo la posibilidad de crear vida”.

* El cuerpo, que también necesita su tiempo, puede acelerar mucho si no hay educación afectivo sexual profunda. Es necesario acompasar cuerpo y corazón para vivir la plenitud de la sexualidad y los afectos.

Castidad (VIII): EL AMOR ES MUCHO MÁS

Sexto axioma de la educación afectiva y sexual cristiana:

El enamoramiento es un sentimiento, el amor es mucho  más. Amar es un arte que se adquiere con la experiencia, aprendiendo de los errores, extrayendo consecuencias de nuestros actos.

Cuando aprendemos a cocinar tiramos mucho de recetas. Sin embargo, no lograremos el bizcocho o el solomillo perfectos siguiendo literalmente una.  Cocinar es mucho más que mezclar ingredientes y controlar tiempos de cocción, requiere dedicación, amor, trabajo, generosidad, ilusión, imaginación y una serie de técnicas básicas. Igual sucede con el amor.

Amar es una tarea artesanal. No existe la receta definitiva que nos alcance la pareja y la familia perfectas, sí una forma de entender y vivir la naturaleza humana que nos permite avanzar hacia esa meta con seguridad, logrando grandes satisfacciones en el camino.

Ahora bien, si no hacemos bien las cosas en materia de amor, lo que se quema no es un kilo de harina o de solomillo, sino parte de nuestro yo  (identidad, autoestima, libertad afectiva, la fe en el amor e incluso salud). Por eso es vital educar en el amor y la sexualidad.

Ellie y Carl, personajes de la película Up (Disney), tras muchos años de feliz matrimonio.

Puestos a esta tarea, conviene asimilar que educar a otros nos permite hacer los retoques necesarios en nuestra personalidad. Por ejemplo, si yo acepto mi cuerpo y mi historia personal (contemplada a la luz de la mirada de Jesús, curada y habiendo pasado página), cuando mire a mis hijos o alumnos no veré su desgarbo, falta de actitud o torpeza, sino a criaturas llenas de posibilidades.

También conviene superar el complejo de “perpetuo adolescente”. Los padres laxos y los propios jóvenes deben saber esto: no es cierto que la adolescencia sea la edad  de vivir sin responsabilidad alguna, sin tareas, disfrutando al máximo de la vida y pensando sólo en mis deseos. Cada edad – también la adolescencia y la primera juventud – tiene sus límites, sus rutinas saludables, sus peligros y su potencial.

Por último, interesa reconocer y superar las cuatro etapas del amor duradero, ese al que todos estamos llamados y que tanto anhelamos: atracción, enamoramiento, amor maduro y amor conyugal. Distinguirlas nos permite entender la diferencia entre estar enamorado y amar.

Atracción: Dios es extraordinariamente generoso, reparte dones a diestro y siniestro; que te gusten varias personas habla de lo bien hecho que estás y de la belleza que te rodea.

Enamoramiento: Es la dimensión involuntaria del amor; pero lo afectivo no es irracional, es supraracional. No se puede negar lo que uno siente, tampoco se puede poner una camisa de fuerza al corazón. Este debe permanecer libre; eso sí, es necesario entenderlo y ordenarlo.

Por ejemplo, no puedes dejar entrar a cualquiera en él sólo porque te gusta; así evitarás, en lo posible, enamorarte de quien no te conviene. Tampoco puedes dejar reservado un huequecito de tu corazón (bajo promesa de amistad) para tu ex novio/a. Nuestro corazón tiene una zona indivisible, muy exclusiva, casi nominativa, destinada a una sola persona. A una o ninguna. Quien ocupe esa zona, tendrá tu corazón.

Por eso, para recuperar la libertad del corazón tras una ruptura, has de poner distancia física y emocional. ¡Nada de cafés con los ex! Sólo así dejarás paso, con el tiempo, a una nueva y sólida relación. Cuando el que rompe insiste en conservar la cercanía, en el fondo, te está colocando en su reserva: no está contigo pero no te deja marchar; te tiene ahí para cuando necesite “calorcito”, sabiendo que eso te araña el alma, te impide curar tus heridas y… pasar página.

El adolescente es aquel que va saliendo de sí mismo y conquista algunas cuotas de independencia respecto a sus padres; que se interesa por los amigos del mismo sexo porque se siente más seguro y confiado a su lado, o cuando menos, siente menos pavor al rechazo que con los del sexo contrario. Es el que necesita  compartir confidencias con ellos y el que descubrirá “el amigo del alma”, ese con el que todo es más fácil, pero del que no está enamorado.

Más tarde, ampliará su círculo de relaciones y la pandilla le permitirá afrontar con menos miedos el acercamiento al sexo opuesto. Su vida transcurrirá entre el deseo de protegerse y el de abrirse a las diferencias. Que tenga en ese momento de su vida una relación especialmente cordial con un chico/a, no significa que esté enamorado.

Con el tiempo sentirá ciertas predilecciones. Estas le ayudan a formar su criterio para hacer “su futura elección”, y su primer amor llegará de forma inesperada cuando sienta fascinación profunda por el otro. Sin embargo, a pesar de los sentimientos que experimenten nuestros hijos (deseo de estar juntos, necesidad de recibir y comunicar ternura -no deseo sexual/genital- y anhelo de contar para alguien), este amor sólo es una etapa más de su aprendizaje afectivo-sexual.

Cuando dos se sienten enamorados, se recurre a la seducción y a la conquista, hoy mucho más a la 2ª que a 1ª. En realidad, deberíamos dar mucha más prominencia a la seducción y restarle casi toda a la conquista. Hay que postergar el juego de la conquista y animar a nuestros hijos a reforzar las cualidades que poseen, que construyen su personalidad y que refuerzan su autoestima porque son las que atraen la mirada del otro. Lo contrarío genera adictos al ligue. Y ¡sí! el ligue es muy divertido si hay correspondencia porque constatas tu capacidad de arrastre, pero esta adicción te impedirá construir la intimidad, esa parte de ti que sólo entregas cuando amas porque te hace vulnerable frente al otro.

P.D.: En la próxima entrega explicaré las etapas tres y cuatro.

MartaCM.

Recomendación bibliográfica: la obra que les aconsejo, relativa al tema que nos ocupa, agotó su primera edición en 15 días: “Sexo con alma y cuerpo”. Autores: José Ignacio Munilla (obispo de San Sebastián) y Begoña Ruiz Pereda (Fundación Desarrollo y Persona). Publicado en 2015. Ed.: FRESHBOOK.

Entrevistamos a su autora en El Espejo de la Iglesia, cadena Cope, el viernes 29 de mayo de 2015. (Ver fonoteca en www.cope.es)

Castidad (VII): EN LA DISTANCIA, CON DIOS COMO COMPLICE

Cuarto axioma de la educación afectiva y sexual cristiana:

Es necesario aprender a amar en la distancia. A una distancia suficiente, no muy larga.

Si vemos por el campo un bicácaro, un narciso o una primavera y nos lo llevamos a casa, disfrutaremos de su belleza y fragancia durante unas horas; luego, la flor morirá. Debemos aprender a disfrutarlas en la distancia: en la pradera, una vez al año, en su época de floración porque, trasplantadas a la maceta de casa, las flores silvestres nos suelen arraigar.

Si tenemos un bebé y le achuchamos con fuerza para expresarle nuestro amor, o le pellizcamos los papos y le mordemos, le haremos daño y llorará. Debemos transmitirle nuestro afecto en la forma que él puede entender o necesita, no tal como nos lo pida el cuerpo a nosotros.

Por lo tanto, es necesario aprender a amar en la distancia para no hacer daño al otro, para respetar su identidad, su libertad y sus tiempos. También es necesario amar en la distancia porque: 1- esta forma de amar no crea dependencia. Hace que la persona amada se sienta permanentemente conectada a ti sin temer que su fidelidad a ese amor le exija renunciar a emprender su propio vuelo; sin temer que emprender su ascenso le suponga perder tu afecto.  

2- Porque los corazones que viven su amor a distancia buscan el mayor efecto posible de los momentos de intimidad compartida. Superar la tentación de la inmediatez les permite establecer prioridades, elegir gestos y momentos, redefinir la transversalidad de su amor.

3- Porque esta forma de amor potencia el músculo de la mutua confianza: te quiero, reconozco tu potencial y espero que le saques partido, ¡ve! O: sé que me quieres, por eso voy y vuelvo sin temer tu olvido y abandono. O: nos queremos y estamos pendientes el uno del otro, dispuestos a  apoyarnos y a salvarnos las veces que haga falta sin caer en la subordinación a los caprichos pueriles del otro.

El amor verdadero no zarandea, ni fuerza, ni  manipula para obtener la atención, dedicación y devoción exclusivas del otro. ¿Será por eso que Dios es tan escrupuloso con el respeto a nuestro libre albedrio? Siendo nuestro Creador y Padre, El jamás someterá nuestra voluntad para obtener la consideración y afecto que merece y espera de nosotros.

Los cristianos no deberíamos perder de vista este arquetipo, ni en la educación afectiva y sexual de nuestros hijos, ni en la vivencia de nuestro amor conyugal. Los jóvenes deberían aprender a querer a sus novios/as sin sentido de la propiedad, sin acoso, ni celos; sin dañarles en su integridad física o moral. No deben tomar de ellos – aunque les fuera ofrecido – algo tan definitivo como la total entrega en cuerpo y alma. No, a menos que sean capaces de ofrecer, a cambio, algo suyo igual de incondicional y definitivo: el compromiso matrimonial. Lo cual no sucederán – por muchas palabras y expresiones de amor que medien entre ellos – hasta que alcancen la madurez personal propia de un adulto sano, equilibrado y sin impedimentos para entregarse como desearía.

MartaCM.

Quinto axioma de la educación afectiva y sexual cristiana: nada colma el corazón humano, hasta el fondo, como Dios. Saberlo nos evitará pasar la vida intentando llenarlo de cosas y personas que no logran este fin.

El deseo de ser felices está en el fondo de todo lo que hacemos. Para ser felices necesitamos sentirnos seguros. Nada nos da más estabilidad que el sabernos amados, respaldados, protegidos y consolados por otra persona. Cuando buscas con desesperación un amor despersonalizado, o cuando lo exiges sin estar dispuesto/a a entregarte, surge un desasosiego interior que no desaparece con cada nueva adquisición personal o material. La gente que en vez de vivir la castidad conforme su estado de vida va de relación en relación, en el fondo, o está en el grupo de los que sólo se toman en serio sus propias y peregrinas “necesidades”, o intenta curar su soledad o atajar el miedo a ser intrascendente, invisible, innecesario, anormal…

No deberíamos acercarnos a nadie sólo para usarlo. Vivir la castidad mientras llega la persona idónea, incluso rezar para que Dios la guarde hasta que nos encontremos con él o ella, implica concedernos (a uno mismo y al otro) un valor único como personas; implica vivir de cara a Dios, “compinchados” con Él, sin sentir vergüenza por nuestro comportamiento y actitudes. Saberse incondicionalmente amado por Dios, evitará que gastes tu vida buscando una amor a medida de tu narcisismo.