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Archivo de la categoría ‘Héroes’

¡Santiago y cierra, España!

SantiagoApostol-25Julio

¿Qué es el voto de Santiago?

Es el nombre con el que se conocía al compromiso impuesto a los cristianos de los reinos de la Península, no sometidos al Islam, por el que se imponía el pago, además de los ya reconocidos y ancestrales diezmos y primicias que todo creyente debía a la Santa Madre Iglesia, de un nuevo diezmo del cereal recolectado y del vino producido, así como que, de todo botín que en las distintas expediciones guerreras se cogiesen a los sarracenos, se entregase al bienaventurado apóstol una parte exacta de la que correspondía a un soldado de a caballo y cuyo beneficiario sería el obispado de Compostela.

Se basa en el resultado de la Batalla de Clavijo, y cuenta la tradición, que no la historia, que todo parte de la negativa del rey Ramiro I de Asturias a pagar a Al-Ándalus, el llamado Tributo de las Cien Doncellas.

Este tributo fue una especie de reconocimiento del reino de Asturias, único reino cristiano de la Península en aquel momento, de la supremacía militar del Emirato de Córdoba, cuando allá por el año setecientos ochenta y tres, el rey Mauregato se hizo con la corona de Asturias gracias al apoyo del emir Abderramán I. El tributo que como de su nombre se desprende, consistía en entregar a los sarracenos cada año, cien doncellas, la mitad del pueblo llano y la otra mitad de la nobleza y castas privilegiadas, siendo considerado bochornoso por toda la población del reino y así, cinco años más tarde, Mauregato fue asesinado por dos nobles como consecuencia de aquella vergonzosa firma, sentando en el trono a Bermudo I, el cual tiene una idea fija que era acabar con tan execrable tributo.

Bermudo lo consigue, aunque sustituyéndolo por un pago en dineros, cosa que tampoco era demasiado satisfactoria.

A la muerte de Bermudo le sucede Alfonso II, apodado El Casto, que ya había sido rey antes, cuando fue depuesto por Mauregato. El reinado de El Casto ha sido de los más largos de la historia de España, pues duró cincuenta y un años y durante el cual se descubrió la tumba del apóstol Santiago en el Campo de la Estrella.

Alfonso II, consideraba ominoso el pago en dinero del tributo de las doncellas y determinó no pagarlo más y las cosas quedaron así, pero a su muerte le sucedió Ramiro I, cuyo reinado coincidió con el del poderoso emir Abderramán II, el cual se acordó de aquel viejo tributo que los asturianos debían satisfacer y lo reclamó al rey Ramiro.

Corría el año 844 y el monarca no estaba dispuesto a seguir doblando la cerviz ante el sarraceno y formando un ejército importante para la época y las circunstancias económicas y sociales de Asturias, salió en busca de los moros.

Al llegar a Nájera y Albelda, dos ciudades próximas, situadas en La Rioja, las tropas de Ramiro se vieron rodeadas por un numerosísimo ejército musulmán al mando del propio Abderramán II que cayó sobre ellos causando tremendas bajas, debiendo los cristianos batirse en retirada, refugiándose en el Castillo de Clavijo, en la cima del Monte Laturce, montaña de poco más de mil metros de altura, desde el que se divisa gran parte de la comarca de La Rioja.

Castillo de Clavijo

Retirados apresuradamente, los cristianos se guarecen en los riscos del monte y en el castillo que en aquella época debía ser poco más que una torre de vigilancia, en donde se disponen a pasar la noche, entre el frío del momento y el miedo al ejército moro, cuyas proporciones ya habían podido comprobar.

El rey Ramiro, tuvo aquella noche un sueño en el que se le apareció el apóstol Santiago en todo su esplendor, asegurando su presencia en la batalla que al día siguiente tendría lugar y cuyo resultado, gracias a su ayuda, sería una rotunda victoria.

Siguiendo la leyenda, al día siguiente se libró la tremenda batalla en la que apareció el apóstol totalmente vestido de blanco y montando un corcel del mismo color, animando y combatiendo contra los moros y cuyo resultado fue una rotunda victoria cristiana que persiguiendo al ejército moro, ya derrotado y disperso, consiguieron llegar hasta la ciudad de Calahorra, en poder musulmán y restituirla a la fe cristiana.

Agradecido, el 25 de julio de aquel año, el rey instituyó en la ciudad de Calahorra, el llamado “Voto de Santiago”, por el que ofrecían al apóstol cosechas y botín de guerra.

santiago

Lo cierto es que de esta institución no se tiene constancia oficial, pues según cuentan las crónicas, al parecer, el diploma en el que se recogía el compromiso se habría extraviado en 1543, al ser presentado en la chancillería de Valladolid, con motivo de cierto pleito al respecto de algunas villas castellanas y el pago de dichos diezmos, pero, afortunadamente, existían copias en algunos monasterios, una de las cuales, escrita en latín, se conserva en la Biblioteca Nacional.

Desde la mítica batalla, se impuso, en los territorios cristianos del norte, la festividad del santo apóstol “Santiago Matamoros” el día 25 de julio y lo que fue mucho más importante es que se da a conocer que la tumba del apóstol, recién descubierta, está en Compostela y aquí se inicia la etapa de las peregrinaciones que tanto aportarían a Galicia y a toda la España cristiana.

Santiago “el Mayor”, Apóstol de Cristo.

 

 

Santiago el Mayor

Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.

Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.

Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: “Desde ahora seréis pescadores de hombres”, dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Aparece como una persona apasionada, llena de arrojo y decisión, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias. Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén.

Estuvo presente en momentos muy importantes de la vida de Jesús y se ha considerado uno de sus discípulos predilectos. Asistió, junto con Juan y Pedro, a la resurrección de la hija de Jairo. Fue testigo en la Transfiguración en el Monte Tabor y estuvo también el El Huerto de Getsemaní.

Lucas nos relata uno de sus momentos: “junto a su hermano Juan solicitó de Jesús que hiciese bajar fuego del Cielo para arrasar a inhospitalarios samaritanos que se negaban a dar albergue al maestro”.

La tradición le atribuye una gran labor de evangelización en la provincia hispánica que le correspondió en el reparto que los Apóstoles realizaron con el fin de difundir el Evangelio de Cristo.

Viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España), cruzando el mar Mediterráneo cuando los apóstoles fueron enviados por Jesús a predicar. Desembarcó en la Península Ibérica y cristianizó la región. Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y los convertidos.

Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Probablemente sería en el año 41 cuando llegó a España y permaneció en ella hasta fines del año 42. Recorrió los caminos de Itálica, Mérida, Coimbra, Braga, Iria, Lugo, Astorga, Palencia, Horma, Numancia y Zaragoza, donde se le apareció la Virgen en el Pilar. Después, por el Ebro, pudo tomar la Vía Augusta de Tortosa a Valencia, Chinchilla y Cazlona para regresar desde un puerto murciano o andaluz a Palestina.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén.

Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado, dejando a siete discípulos que continuaron su labor evangelizadora.

En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

Fue Herodes Agripa, rey de Judea ( Act, XII, 2), nieto de Herodes El Grande,  quien lo manda decapitar con espada. Fue hacia el año 44, y Santiago se convirtió en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén, prohibiéndose que fuese enterrado.

Cuando se desencadenó una nueva persecución contra los cristianos y sus simbologías, su cuerpo fue trasladado por los Apóstoles a la Península Hispánica. En secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría de nuevo a España. Llevado en un bajel hasta Iria Flavia, puerto romano en la costa Gallega. Desembarcaron y caminaron unas 4 leguas hacia septentrión por la antigua vía romana de Iria a Brigatium llegando a Liberodonum,  enterraron su cuerpo en un compostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol. Elevaron un mausoleo, “Arca marmórica”, según diplomas de Alfondo III, Ordoño II, Ordoño III y Sancho el Craso. Según la tradición, junto al sepulcro de Santiago reposaban los cuerpos de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Apostol Santiago

Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.

El eremita advirtió al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida.

Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. A partir de esta declaración oficial los milagros y apariciones se repetirían en el lugar, dando lugar a numerosas historias y leyendas como ya hemos contado, destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra los avances del islam y a los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago.

En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularizan las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio.

Dos son los reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las órdenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny.

La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el camino. El Camino Francés es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años, más tarde con la conquista de Zaragoza se habilitaría el ramal de Somport a Puente La Reina. Las antiguas calzadas romanas de Burdeos a Astorga pasando por Vitoria y Briviesca y de Astorga a Iria Flavia sirven de base a la ruta jacobea y surgen gran cantidad de burgos y ciudades que acogen una nueva clase urbana de artesanos y comerciantes, la mayoría francos.

La Reconquista, todo un proceso que transcurre desde el año 711 a 1492 hasta que Granada es tomada por los Reyes Católicos y se cierra el ciclo y la unidad de España.

A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros), el mundo comienza a ensancharse y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos.

Allá por el siglo XVI, el Arzobispo de Santiago, Juan San Clemente, ocultó el cuerpo por temor a los ingleses que se aproximaban a la ciudad. Cuando más tarde el Cardenal Payá ocupó la sede de Compostela descubrió nuevamente las reliquias del santo. Inició un minucioso proceso que envió a Roma y finalmente una Bula de León XIII ” Deus omnipotens, del 1 de Noviembre de 1884 ratificó y confirmó la Sentencia de la Comisión Especial de la Sagrada Congregación de Ritos, en la que se declaraban auténticas las reliquias de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

La figura de Santiago, como Patrón de España, ha sido acogida a lo largo de toda nuestra historia de reconquista y conquista. Ahora comienza el Descubrimiento de América y de nuevo la figura de Santiago se hace notar: la intervención de Santiago es decisiva, en la mente de los descubridores y conquistadores:   “Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y dijeron que abia caído yllapa, trueno y rayo del cielo,… Y asi bajó el señor Santiago a defender a los cristianos. Dizen que vino encima de un cavallo blanco,… y el santo todo armado y su bandera y su manta colorado y su espada desnuda y que venía con gran destrucción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el cerco de los indios a los cristianos que había ordenado Manco Inca y que llevaba el santo mucho ruido y de ellos se espantaron los indios. (..) Y desde entonces los indios al rayo lo llaman y le dicen Santiago…(F. Guaman Poma, 1615)

En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake).

Concha peregrinaje

Hoy, la peregrinación a Santiago ha recobrado el esplendor de antaño. En 1985 la UNESCO declaró la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad.

Paula Montal: Como bandera, la dignidad educativa de la mujer

Quiero destacar el nombre de una santa mujer en la que la Iglesia, conmemora hoy 26 de febrero, y que dedicó toda su vida a Dios, a la enseñanza y en igualar no ya los derechos educativos, mucho mejor, los niveles culturales y educativos de la mujer. Si la bandera en que envolvió su vida en vez de ser la de su fe, hubiera sido la política de turno, su nombre sería tan famoso o mucho más que Clara Zetkin.

Igualmente, quiero destacar, que por haber nacido en una región que a día de hoy pretende adquirir un nuevo y mejor protagonismo social, hubiera llevado como ejemplo a ésta mujer, pero por su condición de religiosidad, no les debes parecer interesante ensalzarla como realmente se merece.

Me estoy refiriendo a Paula Montal i Fornés.

Desde su más tierna infancia, tuvo que ayudar a su madre recién enviudada con las tareas domésticas para sacar a la familia adelante en un mundo donde las niñas, era casi apartadas del camino de la educación y apenas eran enseñadas ni a leer.

Paula nació y pasó su larga vida de 90 años, en Cataluña (España), en el agitado marco del siglo XIX, caracterizado por continuas luchas y revoluciones, a la par que se realizaba una profunda transformación industrial en dicha región. Las circunstancias históricas de aquellos tiempos, marcaron su formación y determinaron la orientación de su vida, consagrada a la educación cristiana de las niñas y jóvenes. Con esta misma finalidad fundó la Congregación de Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías.

Pero vayamos despacio. Paula nace el 11 de octubre de 1799 en Arenys de Mar (Barcelona), sus padres Ramón Montal y Vicenta Fornés habían contraído matrimonio siendo ambos viudos. En el nuevo hogar vivirán los hijos del anterior matrimonio de Ramón Montal, una hermana de éste, y su madrastra; así como los hijos que nacerán del nuevo matrimonio.

Ramón era maestro cordelero, oficio importante en Arenys debido a la actividad marítima que le permitía salir adelante, si bien no excesivamente holgado.

Dada la complicación de este hogar, en 1807, Ramón debe tomar la decisión heroica de trasladarse a otra casa con su mujer Vicenta y los hijos de este segundo matrimonio. Se dan en éste periodo unos años felices para Paula. Goza del cariño fraterno y de una esmerada educación cristiana. Ha podido asistir a una “costura” especie de escuela donde se enseñaban labores y algo de lectura y escritura a las niñas.

Difícilmente aprendían las mujeres de esa época a leer y escribir. Pero la felicidad se ve truncada bien pronto. En 1809 (en plena guerra de la Independencia) muere su padre y debido a la ley del “hereu”, vigente en Cataluña, toda la herencia, incluida la casa en la que viven, pasa al primogénito varón, que en este caso es un hijo del primer matrimonio.

La vida de Paula cambia radicalmente, su infancia ha terminado. Se ve en la necesidad de trabajar como encajera, “puntaire” para ayudar a su madre a sacar a sus hermanos adelante. Conoce así en sus propias carnes la difícil situación que vive la mujer, su importancia y su marginación. Su realidad familiar no le impedirá colaborar en la parroquia con la catequesis, en la cual irá descubriendo su vocación educadora, realizando según cuentan un apostolado catequético y pedagógico con las niñas, destacando du amor a la Virgen María.

Algo que no deja de crecer en estos años es su fe comprometida y su amor a la Virgen como ya hemos mencionado y pronto la encontramos como miembro de la Cofradía del Rosario y de la Congregación de los Dolores, lo cual dejará en ella una huella imborrable. Todo este tiempo lo vive con intensidad y es acompañada por un Padre Definidor o director espiritual como lo definimos. Fray Roque.

Paula ve como su familia empieza a desenvolverse sin dificultad sin necesidad de su presencia. Acaricia la posibilidad de consagrar su vida a la educación cristiana de las niñas y jóvenes y la promoción de la mujer. Es algo que va madurando y deseando poco a poco.

La oportunidad llega en 1829. En Figueras el alcalde solicita maestras, e informado por Fray Roque, que en esas fechas se halla en esa ciudad, de la labor que Paula desempeña en Arenys la invita. Paula, junto a su incondicional amiga Inés Busquets marcha a Figueras (Gerona), a abrir su primera escuela. La aventura parece descabellada, el propio párroco de Figueras cuando las recibe y escucha que sólo cuentan con 40 reales (unos 6 céntimos de euro) casi las invita a volver sobre sus pasos. Pero su determinación es firme, empiezan instalando la primera escuela en un palomar que preparan para iniciar la tarea.

Enseñan a las niñas catecismo, un poco de lectura y escritura y a hacer encajes y blondas. Funciona muy bien y cada vez acuden más niñas. Al poco tiempo se les une su amiga Felicia Clavell.  Debido a la complicada situación social y política del momento deberán regresar a Arenys un par de años, pero vuelven para la satisfacción de Figueras. Algunas alumnas empiezan a unirse al grupo de maestras. En estas circunstancias Paula decide que es oportuno fundar una escuela en su pueblo natal, lo conoce bien y las niñas también tienen derecho a la educación. En 1841 la escuela de niñas en Arenys de Mar se hace realidad.

Paula vive entregada a la escuela que da sus frutos, y en su interior descubre y ve con claridad que hay que dar un nuevo paso, aunque las fuentes históricas no consiguen averiguar donde estuvo el origen de esta intuición.  Paula ha oído hablar de San José de Calasanz y de los escolapios, y de alguna manera lo que se está haciendo en las escuelas de niñas responde a lo que San José de Calasanz iniciara para los niños. Paula siente que el grupo de maestras de Figueras y Arenys necesitan algo más, y que la obra de Calasanz responde a lo que necesitan.

Son tiempos difíciles pues las órdenes y congregaciones religiosas han sido suprimidas en España, muchos religiosos andan exclaustrado y sobre los bienes se ha cernido la desamortización de Mendizabal. Pero cuando las cosas son de Dios todo sigue su curso.

La siguiente fundación será Sabadell en 1846, allí tienen un colegio los padres escolapios. Paula entra en contacto con el padre Jacinto Feliu, por aquel entonces provincial de Cataluña y que pronto sería nombrado por el Papa prepósito general de las Escuelas Pías en España. El padre Jacinto al hablar con Paula intuye que lo que lleva entre manos es de Dios, y encarga al padre Agustín Casanovas, del cual cuentan que de las cosas pequeñas sabía hacer cosas grandes, el cuidado de este grupo de maestras.

El padre Agustín las ayudará en su formación académica, en su cuidado espiritual y les irá iniciando en la vida escolapia. El resultado será que el 2 de febrero de 1847 profesan las cuatro primeras escolapias en Sabadell. Ha nacido una nueva Congregación. Paula a partir de ahora se llamará Paula Montal de San José de Calasanz. Todo su ser lo dedicará a partir de este momento al cuidado y extensión de las escuelas para niñas y al cuidado de la nueva congregación.

Sorprendentemente, a pesar de ser la fundadora y alma de lo que había nacido no es elegida Superiora general, ni consejera. Este hecho no impide a Paula seguir entregándose a la vocación a la que ha sido llamada. Ella misma será la fundadora de otros colegios: Igualada (1849), Vendrell (1850) y Masnou (1852). En las crónicas y noticias que nos han llegado de la labor de Paula en estos colegios siempre se destaca su buen hacer, las niñas la adoran, sabe enseñar, sabe organizar y sacar adelante con éxito los colegios, sabe cuidar de las comunidades de escolapias, sabe vivir unida a Dios.

Pero de esta época de su vida no son importantes sólo las fundaciones que hacen crecer la obra, sino su labor como maestra de novicias que ejerce desde 1852 a 1859. Este hecho es crucial en la historia de la Congregación, se puede decir que las 127 primeras escolapias se formaron al lado de madre Paula (que es como se la suele llamar familiarmente). Ella, la fundadora pudo contagiar su espíritu y poner los cimientos de la Congregación.

A pesar de estar apartada de los cargos de la congregación, no dejó de trabajar por conseguir la aprobación diocesana primero y pontificia después de la Congregación y por elaborar las Constituciones de la misma. Labor muy complicada por la realidad social, eclesial y política del siglo XIX.

Podrá ver en este periodo de su vida como a los 6 colegios fundadas por ella misma se añaden los fundados por las escolapias formadas a su lado. Hablamos de Gerona (1853), Blanes (1854), Barcelona (1856) y Sóller (1857).

En 1859 de nuevo se produce un giro en su trayectoria. Se la envía a fundar en Olesa de Montserrat un nuevo colegio. La gran pobreza, hacían complicada esta fundación, pero esto no supuso ningún obstáculo para Paula, el colegio sale adelante y la comunidad también.

Paula, es de alguna manera apartada en Olesa por quienes dirigen la Congregación, hecho que no le hace perder la paz, ni le aleja de su entrega a las niñas. Este último período está marcado en Paula por una intensa y confiada oración que se refleja en toda su vida. Sabe vivir con humildad todas las incoherencias e injusticias de sus superioras; sabe vivir feliz en la pobreza siendo generosa con todos; sabe seguir orando y alegrándose por el progreso del amado Instituto (La aprobación pontificia de la Congregación y de las nuevas Constituciones de 1870, la aprobación real en 1865 por Isabel II, el crecimiento del Instituto por Madrid, Andalucía y Zaragoza); sabe transmitir a las niñas ese profundo amor a Jesús; sabe vivir la vejez y enfermedad  con los ojos puestos hacia Dios.

El 26 de febrero de 1889 Paula dirigía sus últimas palabras a la Virgen en su lengua natal: “¡Mare, mare meva!” (¡Madre, madre mía!).

Paula murió acompañada por la fama de santidad como todo el pueblo de Olesa demostró en su funeral y entierro, así como los testimonios recogidos entre las personas que la conocieron. Tras de sí dejó no sólo el testimonio de toda su vida, sino una congregación religiosa, Las Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías, conocidas familiarmente como escolapias. Su lema: “Salvar a las familias, enseñando a las niñas el Santo Temor de Dios”.

Hoy las escolapias continúan la obra iniciada por Paula Montal en 20 países distintos. Sólo en España, trabajan en 28 colegios repartidos por distintas ciudades de nuestra geografía: Barcelona, Valencia, Zaragoza, Logroño, Madrid, Córdoba, Mérida, Cabra, Alcalá de Henares, Gandía, Masnou, Astorga,…

El trazado de la fisonomía espiritual de la Madre Paula Montal, comprende dos facetas: su participación en la espiritualidad calasancia y su peculiar carisma educativo, encaminado a la formación integral humano-cristiana de la mujer.

Fue beatificada por SS el Papa San Juan Pablo II en 1993 y canonizada po el mismo santo pontífice, el 25 de noviembre del 2001 en San Pedro.

 

 

 

Nota: La mayor parte de lo datos y texto, están sacados de “calasanchero´s blog”

11 de Junio de 1521. “Logroño no entregará las llaves de la ciudad.”

 

 

Mensaje del General de las tropas invasoras al jefe militar de Logroño

«Al Capitán Gobernador de la plaza de Logroño.

Estimado señor: Enviado por mi Rey y Señor Soberano Francisco I y para cumplimentar sus órdenes en Castilla, os ruego no pongáis impedimento á que mis soldados penetren en ese pueblo para proseguir el camino, en la seguridad de que no se causará el menor daño ni perjuicio á esos habitantes.

EI General del ejército de S. M. F. André de Foix, Señor de Asparrot.»

 

Contestación del Capitán Gobernador de Logroño

«Señor General: La ciudad de Logroño y todos sus habitantes, pertenecen al Emperador y Rey su Señor D. Carlos, y no se entregará ni dará paso á ese ejército enemigo mientras tengamos en nuestro poder, las llaves de sus puertas, que son tan pesadas, que por numerosos que sean los soldados que traéis, no podrán llevárselas.

EI Capitán Jefe de la plaza, Don PEDRO VELEZ DE GUEVARA.»

 

 

 

El sitio de Logroño y San Bernabé, su patrono

 

Sitio de Logroño

En 1520, el Emperador y rey D. Carlos I pasa por la ciudad de Logroño camino de Castilla, y el recibimiento de las gentes, le dan a entender al monarca que Logroño es una ciudad fiel al imperio y a su rey.

( aconsejamos leer http://www.logronopasion.com/pdf/El_Sitio_De_Logroño_En_1521.pdf )

Consciente del lugar geográfico que ocupa Logroño, teniendo en cuenta la cercanía con Navarra, sus intentos del retorno al reino con una dinastía francesa afín a Francisco I, y por otro lado su cercanía a Castilla y las revueltas de los comuneros, sin perder de vista los problemas con las Alpujarras, decide y manda mantener un pequeño destacamento de su guardia personal, que recuerde siempre su vinculación con la ciudad.

La persona designada al mando de dicho destacamento, don Pedro Vélez de Guevara, Duque de Nájera, elije a hombres de confianza, vinculados con La Rioja dejándolos como guardia de la puerta de San Francisco, cercana al hoy puente de Piedra y a la puerta de Castilla, hoy del Revellín.

En pleno levantamiento comunero, la ciudadanía de Logroño hizo frente a las tropas del oportunista rey francés Francisco I.

Ya estaban las tropas de André de Foix, formadas por bearneses, labortanos, franceses y bajonavarros y engrosadas después por altonavarros, dispuestas para atacar Logroño, después de atravesar la invadida y rendida Navarra.

De los pueblos vecinos donde se hallaban los soldados en pequeños destacamentos diseminados, se dirigieron todos a Logroño en busca de asilo seguro, al ser ésta la población más importante y fronteriza con Navarra.

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El día 21 de Mayo, el Concejo y Justicia de Logroño en unión del Corregidor D. Pedro Vélez de Guevara, dadas las noticias que traían los últimos refugiados y soldados, se acordó celebrar una reunión general en el templo de Santiago el Real, como sitio espacioso para anunciar a todos los Logroñeses la apremiante necesidad de adoptar algunas medidas. Las campanas de esta iglesia repitieron sus golpes con desusada celeridad anunciando a los habitantes de la ciudad la urgencia e interés de la convocatoria

Durante tres días, estuvieron preparándose para un más que posible defensa de la ciudad pues las noticias del avance del ejército francés hacia Logroño, eran cada vez más alarmantes.

Un último emisario, procedente de la vecina ciudad de Viana, fue portador en la tarde del día 24 de Mayo de la nueva y última posición de las tropas, pues se distinguían ya las avanzadas del ejército invasor. Ya no había duda; pronto estarían delante de los muros de Logroño y era urgentísimo prepararlo todo para la resistencia que se tenía decidida. La ansiedad crecía por momentos; los clarines militares tocaban llamada; las guardias se reforzaban con mas personas, y los castilletes situados sobre el puente del Ebro y también las murallas inmediatas á este punto así como las ventanas y tapias del convento de San Francisco, se coronaban de logroñeses y soldados ávidos de divisar al enemigo.

Por fin al amanecer del día 25 y cuando los vigías tomando las debidas precauciones, se dirigieron á los puntos de observación, tuvieron que retroceder á toda prisa, al tiempo mismo que por las alturas inmediatas aparecían los soldados franceses.

El sitio de San Bernabé

Pronto se presentó a la entrada del puente, un oficial francés acompañado de varios soldados, trayendo un pliego que los centinelas reciben y pasa de mano en mano. Mientras, los recién llegados, quedan en la parte exterior esperando la respuesta.

Inmediatamente el documento es conducido a la casa consistorial, donde ya estaban reunidos los representantes del pueblo, la comisión de defensa y los principales vecinos.

Abierto aquél en medio de la ansiedad que todos experimentaban, fue leído en voz alta por el presidente de la reunión.

El mensaje decía: «Al Capitán Gobernador de la plaza. Estimado señor: Enviado por mi Rey y Señor Soberano Francisco I y para cumplimentar sus órdenes en Castilla, os ruego no pongáis impedimento á que mis soldados penetren en ese pueblo para proseguir el camino, en la seguridad de que no se causará el menor daño ni perjuicio á esos habitantes. EI General del ejército de S. M. F. André de Foix, Señor de Asparrot.»

La contestación se redactó en el mismo momento sin deliberación alguna y con la conformidad de todos, en los siguientes términos: «Señor General: La ciudad de Logroño y todos sus habitantes, pertenecen al Emperador y Rey su Señor D. Carlos, y no se entregará ni dará paso á ese ejército enemigo mientras tengamos en nuestro poder, las llaves de sus puertas, que son tan pesadas, que por numerosos que sean los soldados que traéis, no podrán llevárselas. EI Capitán Jefe de la plaza, Don PEDRO VELEZ DE GUEVARA.»

Salió el portador con la respuesta hacia las posiciones francesas, viéndosele trepar con sus soldados por la falda occidental del cerro de Cantabria, de donde enseguida los franceses empezaron á descender en grandes masas aproximándose al puente con intento de penetrar por él. Se intercambiaron numerosos disparos de una y otra parte, comprobándose que les era imposible el paso por este sitio perfectamente defendido. Cesaron los ataques y conservaron sus posiciones a muy corta distancia.

Transcurridas algunas horas y por uno de los vados del Ebro cerca de Varea, el ejército francés cruzó el río y apareció por el Oriente de la ciudad situándose en las inmediaciones del convento de Madre de Dios. Treinta mil soldados según crónicas de la época, comandados por el General Asparrot sitiaban la ciudad.

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Desde que comenzó el 25 de mayo de 1521 el sitio a la Ciudad de Logroño, mantuvo el capitán Vélez de Guevara el encargo de organizar la defensa. Otra de las misivas que D. Pedro llegó a mandar para el General Asparrot, decía: «Logroño no abrirá sus puertas al enemigo, mientras uno solo de sus habitantes, tenga vida para combatir. Nos defenderemos hasta la muerte».

Desde que se formalizo el cerco, los ataques, escaramuzas, combates y pérdida de vidas humanas fueron numerosos. Se intentaron varias estrategias, incluida la de anegar el campamento francés mediante una riada. El mismo 10 de junio, cuando la escasa guarnición de la ciudad junto con valerosos habitantes atacó por la noche el campamento enemigo, infundieron con confusión y temor en las tropas atacantes, el mensaje de que se acercaban un grandioso ejercito de 20.000 soldados, con D. Antonio Manrique de Lara, Duque de Nájera al mando, de ellos.

Ante semejante amenaza, Asparrot mandó levantar el asedio y huyó con sus tropas en desbandada. Al día siguiente, 11 de junio, la ciudad celebró la victoria y juró el ‘voto de San Bernabé’. Esto se celebra cada 11 de junio en la festividad del santo. Durante todos los día del asedio, la población tanto civil como miliar, se alimentó con peces de Ebro pescados por la noche, pan hecho con la harina del trigo de los graneros de la ciudad junto con vino de las bodegas.

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Agradecido el emperador Carlos I de España al señalado servicio que los logroñeses prestaron en esta memorable campaña, les concedió el privilegio de poner en el escudo de armas de la ciudad las tres flores de Lis que el ejército de Asparrot traía en sus  banderas, con otras distinciones que detalladamente constan en aquel y otros  documentos, por la defensa de Logroño durante el sitio que sufrió la MUY NOBLE Y LEAL CIUDAD DE LOGROÑO en el año 1521.

Hemos encontrado un excelente y fiel relato del sitio de Logroño realizado por don F. J. Gómez que se puede consultar y descargar en el siguiente enlace.

http://www.logronopasion.com/pdf/El_Sitio_De_Logroño_En_1521.pdf

San Bernabé, patrono de Logroño

San Bernabé

San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, pero es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, incluso por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé, judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original fue el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron por el de Bernabé por su significado (hombre esforzado). Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles por la venta de sus propiedades y entrega de lo recibido a los apóstoles para distribuir entre los pobres.

Los Apóstoles lo apreciaban mucho por ser un buen hombre, lleno de fe y lleno del Espíritu Santo y por eso lo eligieron para la evangelización de Antioquía, así como para instruir y guiar a los neófitos.

En esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo y los dos predicadores obtuvieron gran éxito alcanzando con sus prédicas gran aumento de convertidos.

Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo.

Tiempo más tarde, se les encomendó una nueva misión y partieron a cumplirla, acompañados por Juan Marcos. Primero se trasladaron a Seleucia y después a Salamina, en Chipre. Luego llegaron a Pafos, donde convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perga en Pamfilia, donde Juan Marcos los abandonó. En Iconium, en Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados. En Listra, San Pablo curó milagrosamente a un paralítico y los habitantes paganos los confundieron con dioses. De regreso a Antioquía pasaron por todas las ciudades que habían visitado para confirmar y ordenar presbíteros.

Ante el segundo viaje misionero surgió un conflicto entre Pablo y Bernabé. Bernabé quería llevar a su primo Juan Marcos y Pablo se oponía por haberles abandonado en la mitad del primer viaje por miedo a todas las dificultades encontradas. Por ello decidieron separarse. San Pablo se fue a su proyectado viaje con Silas y Bernabé partió a Chipe con Juan Marcos. Más tarde se volvieron a encontrar como buenos amigos misionando en Corinto, por lo que se deduce que Bernabé, en ese tiempo, aún vivía y trabajaba en los años 56 o 57.

Posteriormente, el mismo Pablo invita a Juan Marcos a unirse a él, cuando estaba preso en Roma.

Algunos apuntes cuentan que San Bernabé fue apedreado hasta morir en Salamina, un 11 de junio. Pero otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma años más tarde y además como primer obispo de Milán. Pero con seguridad, alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto.

Nuestra Sra. La Virgen de Lourdes.

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La Historia – Lourdes, Francia

El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: “Ven aquí durante quince días seguidos”. La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó “Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro”.

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.
En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.
En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.
Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

 

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El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

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Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous: nació el 7 de enero, de 1844, en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su salud era precaria, desde niña fue asmática, tiempo después de las apariciones, fue admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos, falleció unos meses después, el día 16 de Abril de 1879.

La vida de Bernadette, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, tenia tuberculosis, un tumor en la rodilla, problemas en los oídos.

En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención.
Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristán. Antes de morir dijo: “Ruega Señora por esta pobre pecadora”.

30 años más tarde, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto.

Bernadette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril

Festividad de Todos los Santo y los Fieles Difuntos.

La fiesta de Todos los Santos se celebra el 1 de noviembre en la Iglesia Universal desde el año 840. Antes de esta fecha, había un día para recordar y celebrar a todos los mártires, hasta que el Papa Bonifacio IV, transformó un templo griego dedicado a todos los dioses (Partenón), en un templo cristiano, dedicándolo a “Todos los Santos” y cuya festividad pasó a celebrarse el 13 de Mayo.

Todos los Santos

Desde entonces la fiesta se fue extendiendo, primero en Europa y luego en todo el mundo. Es el papa Gregorio III quien cambia la fecha del 13 de mayo a la del 1º de noviembre.

Como fiesta mayor, tenía su celebración vespertina en la vigilia   ( la noche del día anterior  – 31 de octubre – ) para preparar la fiesta.

Y en Inglaterra a esta vigilia vespertina se le llamó: All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando….All Hallowd Eve …., All Hallow Een….., Halloween. Por esto ahora se relaciona esta fiesta con la tradición norteamericana del halloween que, en su forma actual, nada tiene que ver con las fiestas cristianas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general.

Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía, reuniéndose en el lugar donde estaban sus tumbas y haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están San Antonio en Egipto y San Hilarión en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Hasta poco antes del siglo X, era el obispo local quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

En el Concilio Vaticano II, se reestructuró todo el calendario santoral y se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas eliminándose algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros. Se seleccionaron los santos de mayor importancia, no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc. Se recuperó la fecha adecuada de sus fiestas, ésta es, el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir y se dio al calendario un carácter más universal, incluyendo santos de todos los continentes y no sólo de algunos de ellos.

Quedan pues, miles de mártires y santos en estado impreciso de su festividad y por lo tanto estas faltas de conocidos y desconocidos se debieran tener en cuenta. Y para compensar este hecho el papa Urbano IV decide dedicar un día durante el año para que los fieles lo dedique a todos ellos. El Día de Todos los Santos, tradición católica instituida en honor de todos los santos, conocidos y desconocidos, según, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles.

En los países de tradición católica, esta festividad de Todos los Santos se celebra ahora el 1 de Noviembre mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés y también la celebran en esa fecha las Iglesias Anglicana y Luterana.

En la Iglesia de Occidente, el papa Bonifacio IV, entre el 609 y 610, consagró el Panteón de Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario.  Y Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y fijó el aniversario para esta fecha de primero de noviembre, siendo Gregorio IV quien extendió la celebración en esa fecha a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

¿Cuál es el origen de esta festividad, en principio católica?

Para algunos el creador de la fiesta de Todos los Santos fue Alcuino de York, en el siglo VIII. Es en el año 798 cuando Alcuino escribe y felicita al arzobispo de Salzburgo por fijar esta festividad dentro de las calendas romanas de noviembre, tal y como él le sugirió.

Pero para otros, entre ellos la propia Iglesia católica, creen que nace en la decisión del Papa Bonifacio IV como ya se a comentado, que el 13 de Mayo del 609 o 610, consagró el “Panteón de Agripa en Roma” al culto de la “Virgen y los mártires”, comenzando así una fiesta para conmemorar a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero que por su fe y obras, son dignos de reconocimiento y veneración por toda la humanidad. Y el papa Gregorio III es el que cambia la fecha del 13 de mayo a la del 1º de noviembre.

Pero, ¿por qué este cambio?  La respuesta la tenemos en la conversión al cristianismo de los pueblos de tradición pagana. Ellos se negaban a abandonar sus raíces y fiestas. Los dirigentes católicos pensaron que instaurando fiestas nuevas, que coincidieran en fecha y de similar apariencia doctrinal, con las antiguas o propias de estos pueblos, les sería más fácil a estos nuevos creyentes ir abandonando sus antiguas creencias, sin que esto supusiera desechar su cultura e identidad.

La víspera del 1 de noviembre coincidía con una festividad, pagana, celta, la del “Samhein”, fiesta que marcaba el final del verano y de las cosechas para pasar a los días de frío y de oscuridad. En esa noche se creía que el dios de la muerte hacía volver a los muertos, permitiendo comunicarse así con sus antepasados. También esta práctica era habitual en el pueblo romano, pues el 21 de febrero celebraban la fiesta de “Feralia” ayudando con sus oraciones a la paz y el descanso de sus difuntos.

Nosotros, como cristianos, tenemos el deber de revisar, y poner en tela de juicio, todas nuestras costumbres y creencias, refrendándolas con la Palabra de Dios, para asegurarnos de que nuestros actos sean aprobados y bendecidos por Él. En el caso de estas dos fiestas vamos a ver que nos dice la Biblia sobre las oraciones por los muertos y el papel de intermediación de los “Santos” por nuestras almas.

¿Concuerdan estas tradiciones con el “deja que los muertos entierren a sus muertos” predicado por Cristo?, ¿Quiénes son los “Santos” según el Nuevo Testamento?, ¿por qué existen personas que sólo van a los cementerios un día al año y además equivocadamente?. Intentaremos reflexionar sobre estas cuestiones, dejando de lado fanatismos e ideas preconcebidas.

El pueblo judío, (sobre todo las ramas más ortodoxas), contiene en sus tradiciones, oraciones y conmemoraciones tales como el Izkor, que está basado en la firme creencia de que los vivos por medio de actos de bondad, pueden redimir a los muertos. Por su parte, el Antiguo Testamento, prohíbe expresamente intentar relacionarse con ellos: “Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.” (Levítico 20.27) o en Deuteronomio 18.9-14., y, por consiguiente, no encontramos justificación para autorizar este tipo de oraciones, aunque en la cita se refiera a la invocación de los espíritus, tiene un sentido de prohibición a cualquier relación con el otro mundo, el de los muertos. No estamos hablando de recordar y añorar a nuestros seres queridos, sino de la posibilidad de interceder por ellos.

La Comunión de los santos.

El primer día de noviembre, se conmemora a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

En el sentido literal, canonizar significa incluir un nombre en el canon o lista de los santos. A lo largo de los siglos, las comunidades cristianas han compilado numerosas listas de sus santos y mártires. Muchos de esos nombres se han perdido para la historia. La obra más completa que existe sobre los santos, la Biblioteca Sanctorum, abarca actualmente dieciocho volúmenes y menciona a más de diez mil santos con sus vidas y milagros.

Significa que los denominados como santos, participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el primero de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.
Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

Pero ¿Como alcanzar la santidad?

Si hoy subiríamos al cielo,  contemplaríamos una gran multitud de personas que han amado de verdad a Jesucristo y ahora gozan de la visión beatífica. También nosotros dentro de algunos años, o quizá dentro de poco, ¿Quién lo sabe?, nosotros celebraremos esta fiesta en el cielo, porque también amamos a Jesucristo, a pesar de nuestras imperfecciones,
En la fiesta de Todos los Santos podemos ver el éxito de Jesucristo. Millones de personas han creído en Él, han aceptado su mensaje y le han seguido, algunos hasta dar su sangre en el martirio. Los santos son el mejor fruto de la Pascua, y su felicidad es la felicidad del mismo Cristo.

En el Apocalipsis podemos leer: Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación raza, pueblos y lenguas. De pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! (Ap 7,9-1).

Seguramente que nuestros abuelos, hermanos, padres o hijos, ahora, gozarán de la visión de Dios, y  celebramos su fiesta en este día de Todos los Santo.

San Pablo, en la carta a los Efesios, nos dice: El nos eligió en la persona de Cristo -antes de la creación del mundo- para que fuésemos santos e irreprensibles ante él por el amor. El nos ha destinado, en la persona de Cristo, a ser sus hijos (Ef 1,4-5).

Y Jesús nos dice: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48).

Esta es la voluntad de Dios: que todos se salven y gocen de la vida eterna.

¿En qué consiste la santidad?

La santidad consiste en vivir las bienaventuranzas. Ser pobre, ser humilde, ser misericordioso, luchar por la justicia, ser portador de paz y sufrir por el reino de Dios.

Este es el programa que expone Jesucristo y que nosotros, sus seguidores, hemos de llevarlo a la práctica.
Santa Teresa nos dice que la santidad consiste en una disposición del corazón, que nos hace ser humildes y pequeños en los brazos de Dios. ¡Qué definición más bonita! ¡Ponernos en los brazos de Dios!

 

PONGAMOS AHORA NUESTRA MIRADA EN LA PERSONA DE JESUCRISTO

Miremos la gran figura de Jesucristo, y, aunque sea muy brevemente, consideremos cómo El, lleva a cabo las bienaventuranzas que hemos escuchado del evangelio y, cómo nosotros, en la vida cotidiana, es posible que podamos practicarlas.

 

–    Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,3)

Jesús nació pobre, fue un trabajador, murió pobre en una cruz y fue enterrado en un sepulcro que no era suyo, hoy diríamos, de alquiler. Es posible que nosotros podamos poner en práctica la pobreza de espíritu, rectificando, de hecho, el ansia de riqueza que todos llevamos dentro.

–    Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados (Mt 5,4)

Jesús lloró cuando murió Lázaro, su amigo; ante la ingratitud de Jerusalén; en el huerto de los olivos, y en la cruz. Es posible que, en nuestra vida, más de una vez, hayamos de enjugar alguna lágrima de alguien que llora la muerte de un familiar, de una madre, de un hijo o hija drogadictos, de un amigo que pasa un mal momento en su vida afectiva, por falta de trabajo o soledad.

–    Dichosos los humildes, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5,5)

Jesús fue manso y humilde de corazón. Su mansedumbre y su humildad atraían a los niños, a los enfermos y afligidos. Yo soy sencillo y humilde de corazón (Mt 11,29). Dijo Jesús. Es posible que nosotros podamos ejercer la virtud de la humildad y de la mansedumbre, superando el deseo de insultar, o de despreciar a aquél o a aquella que se ha portado con nosotros de una manera incorrecta o indiferente.

–    Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados (Mt 5,6)

Jesús tuvo hambre de la gloria de su Padre, y se olvidaba del hambre material, porque su comida era hacer la voluntad de su Padre. Recordad el pasaje de la samaritana. Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado, hasta llevar a cabo su obra (Jn 4,34).

–    Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7)

Jesús era misericordioso. Perdona a la pecadora, a la adúltera y a sus enemigos en la cruz. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Es el Padre misericordioso que espera que su hijo pródigo vuelva. Es posible ser misericordiosos en la forma de juzgar a las personas, saber disculpar, y procurar olvidar las ofensas que nos hayan hecho. En el Padrenuestro decimos: Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6,12).

–    Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,8)

Jesús era limpio de corazón. Jesús pregunta: ¿Quién me acusará de pecado? El era la inocencia personificada. ¿Quién de vosotros sería capaz de demostrar que yo he cometido pecado? (Jn 8,46).
Es casi seguro que tendríamos que comprobar si nuestro corazón, nuestra mirada, nuestras palabras y actitudes son limpias, para no condenar, o ver segundas intenciones, sino debilidad, cuando juzgamos el mal comportamiento de una persona que nos ha ofendido. Muchas veces lo sentimos y nos duele, y por eso damos una respuesta crispada o que ofende.

–    Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán “los hijos de Dios” (Mt 5,9)

Jesús era la paz que cantaban los ángeles y que nos la deseaba antes de irse. Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os puede dar. No os inquietéis ni tengáis miedo (Jn 14,27). Es posible que más de una vez nos hayamos de reprimir interiormente y acallar la ira que bulle en nuestro interior, y los malos pensamientos que nos envenenan. Pongamos paz en nuestro corazón, en las familias y en la sociedad, este ha de ser nuestro ideal cristiano.

–    Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,10)

Jesús fue perseguido por causa de la justicia y murió en una cruz.
Si Jesús fue perseguido también nosotros, sus discípulos, lo seremos, si queremos llevar una vida cristiana de verdad y dar ejemplo. Ningún siervo es superior a su señor. Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros (Jn 15,20).

Venerar, no adorar a los santos y santas

Nosotros veneramos, no adoramos a los santos, porque son nuestros intercesores ante Dios les pedimos que presenten nuestras súplicas al Señor.

Es bueno acudir a los santos cuando tenemos necesidad, pero es mejor imitar su amor a Jesucristo, para que nos podamos reunir un día con ellos en el cielo.

El prefacio de la Festividad de Todos los Santos dice así: Hacia esta ciudad santa, nosotros, aunque como peregrinos en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados a la luz de la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.
Pensad que el camino que conduce al cielo es el camino de las bienaventuranzas. Sigámoslo y todos nos encontraremos arriba, en el cielo, con nuestros familiares que nos han precedido con la señal de la cruz y ahora duermen el sueño de la paz.

Esperemos que todos nos podamos encontrar en el cielo, gozando de la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, de María, la madre de Jesús, y de todos los santos, cantando las alabanzas al Creador.

Conmemoración de los fieles difuntos

El 2 de noviembre es el día de la conmemoración de los fieles difuntos. Nuestros cementerios (equivocadamente o por comodidad se realiza el día de Todos los Santos) rebosan de multitud de personas que visitan las tumbas y nichos y, sobre todo, nuestro recuerdo y nuestro corazón se llenan de la memoria, de la oración ofrenda agradecidas y emocionadas a nuestros familiares y amigos difuntos.

La muerte es, sin duda, alguna la realidad más dolorosa, más misteriosa y, a la vez, más insoslayable de la condición humana. Como afirmara un célebre filósofo alemán del siglo XX, “el hombre es un ser para la muerte”. Sin embargo, desde la fe cristiana, el fatalismo y pesimismo de esta afirmación existencialista y real, se ilumina y se llena de sentido. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no sólo ha asumido la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la ha transcendido, la ha vencido. Ha dado la respuesta que esperaban y siguen esperando los siglos y la humanidad entera a la nuestra condición pasajera y caduca. La muerte ya no es final del camino. No vivimos para morir, sino que la muerte es la llave de la vida eterna, el clamor más profundo y definitivo del hombre de todas las épocas, que lleva en lo más profundo de su corazón el anhelo de la inmortalidad.

En el Evangelio y en todo el Nuevo Testamento, encontramos la luz y la respuesta a la muerte. Las vidas de los santos y su presencia tan viva y tan real entre nosotros, a pesar de haber fallecido, corroboran este dogma central del cristianismo que es la resurrección de la carne y la vida del mundo futuro, a imagen de Jesucristo, muerto y resucitado.

Si el día anterior recordábamos la fiesta de todos los Santos, es decir los que ya gozan del Señor, al siguiente día, recordamos a los que se purifican en el purgatorio antes de su entrada en la gloria.

Bienaventurados los que mueren en el Señor, nos recuerda el Apocalipsis. Y añade: Nada manchado puede entrar en el cielo.

Si llamamos Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo, la Iglesia se divide en tres grupos:

  • Iglesia triunfante. Los que ya se salvaron y están en el cielo.
  • Iglesia militante. Los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal y el pecado.
  • Iglesia sufriente. Los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

¿Qué es el purgatorio?

Es la mansión temporal de los que murieron en gracia, hasta purificarse totalmente. Es el noviciado de la visión de Dios. Es el lugar donde se pulen las piedras de la Jerusalén celestial. Es el lazareto en que el pasajero contaminado se detiene ante el puerto, para poder curarse y entrar en la patria.

Pero en el purgatorio hay alegría. Y hay alegría, porque hay esperanza. Del lado que caiga el árbol, así quedará para siempre, dice un sabio refrán. Y en el purgatorio sólo están los salvados. En la puerta del infierno escribió Dante: «Dejad toda esperanza los que entráis». En la del purgatorio vio Santa Francisca Romana: «Esta es la mansión de la esperanza».

Es una esperanza con dolor: el fuego purificador. Pero es un dolor aminorado por la esperanza. El lingote de oro es arrojado al fuego para que se desprendan las escorias. Así hay que arrancar las escorias del alma, para que, como un vaso perfecto, pueda presentarse en la mesa del rey.

La ausencia del amado es un cruel martirio, pues el anhelo de todo amante es la visión, la presencia y la posesión. Si las almas santas ya sufrieron esta ausencia en la tierra -«que muero porque no muero», clama Santa Teresa-, mucho mayor será el hambre y sed y fiebre de Dios que sientan las almas ya liberadas de las ataduras corporales.

Las almas del purgatorio ya no pueden merecer. Pero Dios nos ha concedido a nosotros el poder maravilloso de aliviar sus penas, de acelerar su entrada en el paraíso. Así se realiza por el dogma consolador de la comunión de los santos, por la relación e interdependencia de todos los fieles de Cristo, los que están en la tierra, en el cielo o en el purgatorio. Con nuestras buenas obras y oraciones -nuestros pequeños méritos podemos aplicar a los difuntos los méritos infinitos de Cristo.

Ya en el Antiguo Testamento, en el segundo libro de los Macabeos, vemos a Judas enviando una colecta a Jerusalén para ofrecerla como expiación por los muertos en la batalla. Pues, dice el autor sagrado, es una idea piadosa y santa rezar por los muertos para que sean liberados del pecado.

Los paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas en honor de los difuntos.

Nosotros debemos hacer más. «Un cristiano, dice San Ambrosio, tiene mejores presentes. Cubrid de rosas, si queréis, los mausoleos, pero envolvedlos, sobre todo, en aromas de oraciones».

De este modo, la muerte cristiana, unida a la de Cristo, tiene un aspecto pascual: es el tránsito de la vida terrena a la vida eterna. Por eso, a lo que los paganos llamaban necrópolis -ciudad de los muertos- los cristianos llamamos cementerio -dormitorio o lugar de reposo transitorio-. Así se entiende que San Francisco de Asís pudiese saludar alegremente a la descarnada visitante: «Bienvenida sea mi hermana la muerte». Y con más pasión aún Santa Teresa: «¡Ah, Jesús mío! Ya es hora de que nos veamos».

Este es el sentido de la Conmemoración de los fieles difuntos. Como Conmemoración litúrgica solemne, la estableció San Odilón, abad de Cluny, para toda la Orden benedictina. Las gentes recibieron con gusto la iniciativa. Roma la adoptó y se extendió por toda la cristiandad.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, que es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo, dice cinco cosas acerca del Purgatorio:

Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma.

  1. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: “La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego”. (1Cor. 3, 14).
  2. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2Mac. 12, 46).
  3. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma”.
  4. San Gregorio Magno afirma: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso”.

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: “Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio”. Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno: “¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?”, y él le respondió: “Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él”.

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.

Morir se acaba

Meses antes de fallecer, en junio de 1990, ya muy visitado por la hermana enfermedad, el periodista, sacerdote, escritor y poeta José Luis Martín Descalzo, escribió, con jirones de su propio cuerpo y de su propia alma, versos bellísimos y tan cristianos sobre la muerte.

Dicen así:

“Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas,
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz , la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura

“Una flor sobre su tumba se marchita,

una lágrima sobre su recuerdo se evapora.

Una oración por su alma, la recibe Dios.”

San Agustín

“Cada uno se presentará ante el tribunal de Dios para
darle cuenta de lo que ha hecho, de lo bueno y de lo malo.”

Santa Biblia

ANTE “TODOS LOS SANTOS”

ES POSIBLE, SEÑOR
Ser hombres y mujeres de este tiempo y, además,
mirar hacia el cielo sabiendo que otra ciudad nos aguarda
Pensar en esa otra realidad de la que, aun sabiendo poco,
podemos adelantarla aquí y ahora en esta tierra que nos rodea.

¡Sí! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Sembrar el camino que recorremos con el arado de la fe
y, desde la verdad en Tí, derramar ilusión donde existe apatía
o esperanza donde por insistencia asoma el pesimismo.
Que la santidad, entre otras cosas, es cambiar el mundo de color
y ofrecer la posibilidad que, tú como Dios, le ofreces.

¡SÍ! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Aspirar a lo alto sin olvidarse de la pequeñez de cada día
y, vivir lo cotidiano, sin necesidad de pasar por alto lo divino
Que la santidad, además, es ser consciente de que Tú nos acompañas
y que, cuando nos dejamos por Ti llevar
somos capaces de iniciar y finalizar grandes obras

¡SÍ! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Tallar en el recio mármol de un mundo hedonista y caprichoso
figuras que, desde su fe, humanidad, oración o humildad
nos recuerden que es posible ser diferente sin ser necio,
ser grande siendo pequeño, ser fuerte aún aparentando ser débil
ser de la tierra sin eclipsar lo que nos espera en lo eterno

¡SI! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Dar a todo ello un nombre y, ese nombre, es el “ser santo”
Un santo que tiene como buena madera el evangelio
Como oro, la caridad y como dicha el hacer felices a los demás
Como grandeza su pobreza y como orgullo su servicio

¡SÍ! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Ser santo aún a riesgo de aparentar no ser nada
y de no ser nada por pretender quererlo ser todo
De ser débil por empeñarnos en ser invencibles
y de ser invencibles por presentarnos cómo débiles y humildes

¡SÍ! ¡ES POSIBLE, SEÑOR!

Con tu mano, y de tu mano, alcanzar con nuestros dedos
la bóveda de tantos hermanos nuestros que, por ser diferentes,
hoy gozan de tu abrazo y de tu reconocimiento.
Ellos, los Santos de todos los tiempos,
nos invitan y nos recuerdan, nos estimulan y nos inyectan
un “es posible” ante lo que en el mundo parece una utopía:

¡SER DE DIOS Y COMO DIOS MANDA! ¡ESO ES SER SANTO!

D. Javier Leoz Ventura.

Párroco de Peralta (Navarra)