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Festividad del Corpus Christi 2014 Logroño.

Festividad y actos del Corpus Christi en Logroño para 2014.

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En 1264 el papa Urbano IV extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi que ya se celebraba en Lieja (Bélgica) desde 1246.

Pero Daroca (Aragón) fue la primera población de España, y posiblemente del mundo, en la que desde veinticinco años antes ya se celebraba una fiesta pública en honor del Santísimo Sacramento. Tuvo esta su origen en el “milagro de los corporales” que se veneran actualmente en la parroquia de Santa María.

En 1239, el párroco, don Mateo Martínez, celebraba la misa en la que iba a consagrar, además de la suya, seis hostias para la comunión de los capitanes de las tropas cristianas que se preparaban para conquistar el castillo de Chio en poder de los árabes.

El ataque inesperado de los moriscos, inmediatamente después de la consagración, obligó a todos a abandonar la misa y a enfrentarse a los atacantes. El sacerdote comulgó rápidamente y, para que las seis hostias recién consagradas no fueran profanadas, las ocultó bajo unas piedras; obtenida la victoria, cuando regresó al pedregal para recuperarlas las encontró teñidas en sangre y pegadas a los corporales en los que habían estado envueltas. Estos fueron a partir de entonces como la bandera que animaba a los soldados cristianos en sus luchas contra los enemigos de la fe en un tiempo en el que la península ibérica estaba sometida al Islam. En la fiesta entrañable del Cuerpo y la Sangre del Señor invito a los lectores a meditar el soneto que escribió el antiguo vicario general, José Luis Moreno (+23.6.2009)

 

 A JESUCRISTO, PAN DE VIDA

Grano terrestre de origen divino,
que naciste en Belén por mi sustento,
tuviste en Nazaret florecimiento
y en tu Jerusalén era y destino.

La cruz en que moriste fue molino
que convierte en harina y sacramento
tu cuerpo triturado, testamento
que paga al hombre en pan su desatino.

Llamaste a tu sacerdote ya contigo
al gozo del Reino verdadero
invitado a la mesa del amigo.

Concédele, Señor, como postrero
Don celeste consagrar tu buen trigo
y ejercer junto a ti su ministerio.

Luis María Centeno

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¿Catedral ó Mezquita ?

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Catedral, sin lugar a dudas.

Es el primer templo de la diócesis de Córdoba, donde se encuentra la Cátedra del Obispo, y de ahí su nombre de Catedral. Es un templo de culto católico, desde hace ocho siglos, cuando el rey Fernando III el Santo entró sin sangre en la ciudad el 28 de junio de 1236 y mandó consagrar el templo, que había sido construido como mezquita, y se salvó de la destrucción por las buenas negociaciones del rey Fernando con los ocupantes musulmanes de la ciudad, que querían destruirla antes de entregarse.

Cuando llegaron los musulmanes en el año 711, el lugar ya era un lugar sagrado, porque en él se encontraba la antigua basílica de san Vicente mártir, que fue destruida para construir la mezquita musulmana.

En todo caso, el templo que hoy admiramos es una de las maravillas del mundo, que identifica a Córdoba con un simple golpe de vista. Es realmente un icono de nuestra ciudad. Es un templo construido en etapas sucesivas y muestra el esplendor de Córdoba en la época califal del siglo X. Es un templo que fue construido para mezquita y que los cristianos no han tenido ningún reparo en convertirlo en catedral, construyendo además en el siglo XVI dentro del mismo una nave central, donde el culto cristiano alcanza todo su esplendor.

Algo similar, pero al contrario, ha sucedido con la actual Mezquita de Damasco. Fue construida como iglesia católica en honor de San Juan Bautista y hoy es una de las principales Mezquitas del mundo musulmán. La historia de un lugar no es algo fijo e inamovible, sino que está sometido al fluir de la historia viva, y lo que antes era templo católico hoy es mezquita musulmana, y viceversa en Córdoba, lo que ayer fue mezquita hoy es catedral católica.

No hay ningún problema en reconocer la historia tal como ha sido y mostrarla en toda su verdad a los visitantes. El problema surge cuando se quiere borrar la memoria histórica, y al templo emblemático de Córdoba se le quiere atribuir hoy un destino y un culto musulmán. No hay problema en reconocer que los califas musulmanes de Córdoba echaron el resto al construir este templo para Dios, que es la joya de la ciudad de Córdoba. Pero es del todo inoportuno llamar hoy a este templo Mezquita, porque no lo es desde hace ocho siglos, y volver a llamarla Mezquita es confundir al visitante (para el residente, no hay tal peligro). Como sería igualmente inoportuno llamar Basílica de San Juan a la actual Mezquita de Damasco, o pretender allí tener un culto cristiano compartido con el musulmán.

Por eso, en el camino hacia la capital cultural de la ciudad de Córdoba, en el que todos hemos de sumar esfuerzos, uno de ellos no pequeño será el de llamar las cosas por su nombre. Y en este caso, llamar Catedral al templo emblemático de Córdoba, porque a día de hoy y desde hace ocho siglos es el lugar donde se reúne la comunidad cristiana en torno a Jesucristo, redentor del hombre, presidida por el obispo o por el presbítero que celebra sobre el altar y en todas sus naves los santos misterios de la redención cristiana. Llamarla simplemente Mezquita siembra por lo menos confusión, en algunos casos intencionada, y se presta a no saber de quién es y para qué sirve hoy este magnífico templo católico, en el que la comunidad católica de Córdoba tiene su referente y donde celebra diariamente los misterios de la fe cristiana, además de haberse ocupado durante siglos y siglos de su mantenimiento material. Pido y espero que en el mobiliario urbano, y en los carteles de información y promoción turística se llame por su nombre a nuestra Catedral de Córdoba.

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+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

 

InfoCatólica 28/05/2014. Ante la demanda de información de los ciudadanos de Córdoba, el Cabildo de la Catedral de Córdoba ha publicado un folleto con el objetivo de informar sobre la historia del templo y sobre la labor de conservación y ayuda social que realiza. De manera sencilla y gráfica, el folleto explica los argumentos históricos y jurídicos que desmontan la campaña de desinformación orquestada contra el Cabildo en los últimos meses.

Asimismo, se informa sobre las inversiones que realiza el Cabildo destinadas a la conservación y mantenimiento del templo (20 millones de euros en los últimos ocho años), así como los numerosos proyectos de ayuda social que se sufragan gracias a las aportaciones del Cabildo (16 millones de euros en los últimos ocho años).

Una larga lista de iniciativas benéficas de entidades como Cáritas, Misiones, Proyecto Hombre o la Casa del Transeúnte reciben el apoyo económico del Cabildo, que también dedica importantes recursos a la conservación de los templos en toda la provincia de Córdoba.

En el folleto se hace un recorrido por la historia del monumento, recordando que en el siglo VI se construyó el complejo de la basílica visigoda de San Vicente Mártir sobre los terrenos actuales; cómo en el 785 comienza a construirse la Mezquita y cómo en 1236, con la entrada de Fernando III, pasa a ser propiedad de la Iglesia Católica y se consagra como templo cristiano y posteriormente como Catedral en el 1239.

En el documento se recuerda que «toda la legislación española, europea e internacional sostiene que la propiedad del templo es de la Iglesia Católica desde hace más de setecientos años». Asimismo, el Cabildo «ha sido el responsable de mantener y proteger la riqueza cultural del templo durante casi ocho siglos y su gestión ha sido reconocida y premiada a nivel internacional por preservar uno de los monumentos más emblemáticos de Europa».

En este sentido, se afirma que «sin la labor realizada por el Cabildo en los últimos 775 años hoy no podríamos disfrutar del templo, un monumento que cada año es visitado por más de un millón de personas y que está abierto a todo el mundo».

Nueve años del fallecimiento de Karol Wojtyla.

Fallecimiento Juan Pablo IIHoy, se cumplen 9 años desde el fallecimiento de Karol Wojtyla, aquel dos de abril de 2005. Su Pontificado transcurrió desde el 16 de octubre de 1978 hasta su muerte en 2005. Tan solo habían pasaron seis años desde su fallecimiento, cuando el 1 de mayo del año 2011, Segundo Domingo de Pascua y Día de la Divina Misericordia, en ceremonia presidida por S.S. Benedicto XVI, fuera beatificado concluyendo con ello, dicha causa iniciada el 28 de junio del mismo 2005, año de su fallecimiento.

Karol Jósef WojtylaKarol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920, en Wadowice, a unos pocos kilómetros de Cracovia, una importante ciudad y centro industrial al norte de Polonia. Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de su ciudad natal; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación.

Su padre, un hombre profundamente religioso, era militar de profesión. Enviudó cuando Karol contaba apenas con nueve años. De él, según su propio testimonio, recibió la mejor formación: «Bastaba su ejemplo para inculcar disciplina y sentido del deber. Era una persona excepcional».

De joven el interés de Karol se dirigió hacia el estudio de los clásicos, griegos y latinos. Con el tiempo fue creciendo en él un singular amor a la filología: a principios de 1938 se traslada junto con su padre a Cracovia para matricularse en la universidad Jaghellonica y cursar allí estudios de filología polaca.

Sin embargo, con la ocupación de Polonia por parte de las tropas de Hitler, hecho acontecido el 1 de septiembre de 1939, sus planes de estudiar filología se verían definitivamente truncados.

En esta difícil situación, y con el fin de evitar la deportación a Alemania, Karol busca un trabajo. Es contratado como obrero en una cantera de piedra, vinculada a una fábrica química, de nombre Solvay.

También en aquella difícil época Karol se iniciaba en el “teatro de la palabra viva”, una forma muy sencilla de hacer teatro: la actuación consistía esencialmente en la recitación de un texto poético. Las representaciones se realizaban en la clandestinidad, en un círculo muy íntimo, por el riesgo de verse sometidos a graves sanciones por parte de los nazis.

Otra importante ocupación de Karol por aquella época era la ayuda eficaz que prestaba a las familias judías para que pudiesen escapar de la persecución decretada por el régimen nacionalsocialista. Poniendo en riesgo su propia vida, salvaría la vida de muchos judíos.

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A principios de 1941 muere su padre. Karol contaba por entonces con 21 años de edad. Este doloroso acontecimiento marcará un hito importante en el camino de su propia vocación: «después de la muerte de mi padre -dirá el Santo Padre en diálogo con André Frossard-, poco a poco fui tomando conciencia de mi verdadero camino. Yo trabajaba en la fábrica y, en la medida en que lo permitía el terror de la ocupación, cultivaba mi afición a las letras y al arte dramático. Mi vocación sacerdotal tomó cuerpo en medio de todo esto, como un hecho interior de una transparencia indiscutible y absoluta. Al año siguiente, en otoño, sabía ya que había sido llamado. Veía claramente qué era lo que debía abandonar y el objetivo que debía alcanzar “sin una mirada atrás”. Sería sacerdote».

Habiendo escuchado e identificado con claridad el llamado del Señor, Karol emprende el camino de su preparación para el sacerdocio, ingresando al seminario clandestino de Cracovia, en 1942. Dadas las siempre difíciles circunstancias, el hecho de su ingreso al seminario -que se había establecido clandestinamente en la residencia del Arzobispo Metropolitano, futuro Cardenal Adam Stepan Sapieha- debía quedar en la más absoluta reserva, por lo que no dejó de trabajar como obrero en Solvay. Años de intensa formación transcurrieron en la clandestinidad hasta el 18 de enero de 1945, cuando los alemanes abandonaron la ciudad ante la llegada de la “armada roja”.

El 1 de noviembre de 1946, fiesta de Todos los Santos, llegó el día anhelado: por la imposición de manos de su Obispo, Karol participaba desde entonces -y para siempre- del sacerdocio del Señor. De inmediato el padre Wojtyla fue enviado a Roma para continuar en el Angelicum sus estudios teológicos.

Dos años más tarde, culminados excelentemente los estudios previstos, vuelve a su tierra natal: «Regresaba de Roma a Cracovia -dice el Santo Padre en Don y Misterio- con el sentido de la universalidad de la misión sacerdotal, que sería magistralmente expresado por el Concilio Vaticano II, sobre todo en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium. No sólo el obispo, sino también cada sacerdote debe vivir la solicitud por toda la Iglesia y sentirse, de algún modo, responsable de ella».

Como Vicario fue destinado a la parroquia de Niegowic, donde además de cumplir con las obligaciones pastorales propias de la parroquia, asumió la enseñanza del curso de religión en cinco escuelas elementales.

Pasado un año fue trasladado a la parroquia de San Florián. Entre sus nuevas labores pastorales le tocó hacerse cargo de la pastoral universitaria de Cracovia. Semanalmente iba disertando -para la juventud universitaria- sobre temas básicos que tocaban los problemas fundamentales sobre la existencia de Dios y la espiritualidad del ser humano, temas que eran necesarios profundizar junto con la juventud en el contexto del ateísmo militante, impuesto por el régimen comunista de turno en el gobierno de Polonia.

Dos años después, en 1951, el nuevo Arzobispo de Cracovia, mons. Eugeniusz Baziak, quiso orientar la labor del padre Wojtyla más hacia la investigación y la docencia. No sin un gran sacrificio de su parte, el padre Karol hubo de reducir notablemente su trabajo pastoral para dedicarse a la enseñanza de Ética y Teología Moral en la Universidad Católica de Lublín. A él se le encomendó la cátedra de Ética. Su labor docente la ejerció posteriormente también en la Facultad de Teología de la Universidad Estatal de Cracovia.

Nombrado Obispo por el Papa Pío XII, fue consagrado el 23 de setiembre de 1958. Fue entonces destinado como Obispo auxiliar a la diócesis de Cracovia, quedando a cargo de la misma en 1964. Dos años después, la diócesis de Cracovia sería elevada al rango de Arquidiócesis por el Papa Pablo VI.

Su labor pastoral como Obispo estuvo marcada por su preocupación y cuidado para con las vocaciones sacerdotales. En este sentido, su infatigable labor apostólica y su intenso testimonio sacerdotal dieron lugar a una abundante respuesta de muchos jóvenes que descubrieron su llamado al sacerdocio y tuvieron el coraje de seguirlo.

Asimismo, ya desde entonces destacaba entre sus grandes preocupaciones la integración de los laicos en las tareas pastorales.

Mons. Wojtyla tendrá una activa participación en el Concilio Vaticano II. Además de sus intervenciones, que fueron numerosas, fue elegido para formar parte de tres comisiones: Sacramentos y Culto Divino, Clero y Educación Católica. Asimismo formó parte del comité de redacción que tuvo a su cargo la elaboración de la Constitución pastoral Gaudium et spes.

Es creado Cardenal por el Papa Pablo VI en 1967, un año clave para la Iglesia peregrina en tierras polacas. Fue entonces que la Sede Apostólica puso en marcha su conocida Ostpolitik, dando inicio a un importante “deshielo” a nivel de las frías relaciones entre la Iglesia y el Estado comunista. El flamante Cardenal Wojtyla asumiría un importante papel en este diálogo, y sin duda respondió a esta difícil y delicada tarea con mucho coraje y habilidad. Su postura -la postura en representación de la Iglesia- era la misma que había sido tomada también por sus ejemplares predecesores: la defensa de la dignidad y derechos de toda persona humana, así como la defensa del derecho de los fieles a profesar libremente su fe.

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Su sagacidad y tenacidad le permitieron obtener también otras significativas victorias: tras largos años de esfuerzos, en contra de la persistente oposición de las autoridades, tuvo el gran gozo de inaugurar una iglesia en Nowa Huta, una “ciudad piloto” comunista. Los muros de esta iglesia, cual símbolo silente y a la vez elocuente de la victoria de la Iglesia sobre el régimen comunista, habían sido levantados con más de dos millones de piedras talladas voluntariamente por los cristianos de Cracovia.

En cuanto a la pastoral de su arquidiócesis, el continuo crecimiento de la cuidad planteaba al Cardenal muchos retos. Ello motivó a que con habitual frecuencia reuniese a su presbiterio para analizar las diversas situaciones, con el objeto de responder adecuada y eficazmente a los desafíos que se iban presentando.

En 1975 asiste al III Simposio de Obispos Europeos. Allí en el que se le confía la ponencia introductoria: «El obispo como servidor de la fe». Ese mismo año dirige los ejercicios espirituales para Su Santidad Pablo VI y para la Curia vaticana. Las pláticas que dio en aquella ocasión fueron publicadas en un libro titulado Signo de contradicción.

Elegido pontífice el 16 de octubre de 1978, escogió los mismos nombres que había tomado su predecesor: Juan Pablo. En una hermosa y profunda reflexión, hecha pública en su primera encíclica (Redemptor hominis), dirá él mismo sobre el significado de este nombre:

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«ya el día 26 de agosto de 1978, cuando él (el entonces electo Cardenal Albino Luciani) declaró al Sacro Colegio que quería llamarse Juan Pablo -un binomio de este género no tenía precedentes en la historia del Papado- divisé en ello un auspicio elocuente de la gracia para el nuevo pontificado. Dado que aquel pontificado duró apenas 33 días, me toca a mí no sólo continuarlo sino también, en cierto modo, asumirlo desde su mismo punto de partida. Esto precisamente quedó corroborado por mi elección de aquellos dos nombres. Con esta elección, siguiendo el ejemplo de mi venerado Predecesor, deseo al igual que él expresar mi amor por la singular herencia dejada a la Iglesia por los Pontífices Juan XXIII y Pablo VI y al mismo tiempo mi personal disponibilidad a desarrollarla con la ayuda de Dios. A través de estos dos nombres y dos pontificados conecto con toda la tradición de esta Sede Apostólica, con todos los Predecesores del siglo XX y de los siglos anteriores, enlazando sucesivamente, a lo largo de las distintas épocas hasta las más remotas, con la línea de la misión y del ministerio que confiere a la Sede de Pedro un puesto absolutamente singular en la Iglesia. Juan XXIII y Pablo VI constituyen una etapa, a la que deseo referirme directamente como a umbral, a partir del cual quiero, en cierto modo en unión con Juan Pablo I, proseguir hacia el futuro, dejándome guiar por la confianza ilimitada y por la obediencia al Espíritu que Cristo ha prometido y enviado a su Iglesia (…). Con plena confianza en el Espíritu de Verdad entro pues en la rica herencia de los recientes pontificados. Esta herencia está vigorosamente enraizada en la conciencia de la Iglesia de un modo totalmente nuevo, jamás conocido anteriormente, gracias al Concilio Vaticano II».

Hoy, todo está ya preparado para una previsible próxima canonización junto a otro gran Papa, Juan XXIII a finales de este mismo mes, el 27/04/2014 por S.S. Francisco.

La fecha de su canonización fue elegida por el S.S el Papa Francisco durante el consistorio celebrado junto con los cardenales y se trata del primer domingo después de las celebraciones de la Semana Santa.

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Será un acontecimiento inédito porque dos pontífices, Francisco y probablemente Benedicto XVI, que ya fue invitado, serán parte de la ceremonia de canonización conjunta de dos papas fallecidos, algo nunca visto en la historia de la Iglesia.

Miércoles de Ceniza

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.» Palabra del Señor.

Evangelio según San Mateo (6.1-6.16-18)

Con la imposición de las cenizas, se inicia un periodo ó tiempo litúrgico y espiritual relevante para todos los cristiano, queriéndonos preparar dignamente para la vivir el Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Ceniza

Este tiempo del Año Litúrgico llamado CUARESMA, se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”. Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invitándonos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la fragilidad y la inexorable caducidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La conversión no es sino un volver a Dios, como principio y fin, como alfa y omega de nuestra existencia y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. Y sinónimo de “conversión” es así mismo la palabra “penitencia”… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo el ungido.

Origen de la tradición ó costumbre.

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua.

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, comenzaba con seis semanas, 42 días antes de la Pascua, y esto sólo daba como resultado 36 días de ayuno ya que se excluían los domingos por ser la fiesta de Señor y no haciendo ayuno en esos días. Es en el siglo VII cuando se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso  entre el siglo VIII y el  X, el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Significado simbólico de la ceniza.

Ceniza, del latín “cinis”, es el resultado de la combustión de algo por el fuego. En seguida se le dio y adquirió un sentido simbólico de muerte o caducidad, y en igual sentido de humildad y penitencia. En Jonás 3,6  sirve por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Otras veces se ha unido la ceniza al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Génesis. 18,27.

Ceniza de ramos

El Miércoles de Ceniza, miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma o  como mejor lo entenderán muchos, diciendo que es el miércoles que sigue al carnaval, los cristianos realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente, fruto de la cremación de los ramos y las palmas del año pasado como ya hemos mencionado. Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Imposición de la ceniza.

Es ya obvio el porqué se llama Miércoles de ceniza. En la eucaristía del día y tras leer la Palabra de Señor, se procede a la imposición de la ceniza por parte del celebrante. Son bendecidas las cenizas que van a ser impuestas sobre nuestras cabezas.

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El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la cabeza o bien se la impone el diácono u otro con-celebrante si lo hubiera, porque también él como hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la cabeza de los fieles, tal vez en forma de una pequeña señal de la cruz. Si parece más fácil, se podría imponer en la frente, por ejemplo a las religiosas con velo. Se utilizan las dos fórmulas, que incluso puede hacerse de forma alternativa de modo que cada fiel oiga la que se le dice a él y también la del anterior o la del siguiente.

Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» o también Arrepentíos y creed en el Evangelio, mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Se acompaña también estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. Resultar más expresivo así, dando la doble dimensión de la Cuaresma.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños, a los adultos y a los ancianos.

Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

Otras formulas que se pudieran utilizar en plural o singular son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Este día para los católicos, es día de ayuno y abstinencia, igual que el Viernes Santo. Y todos los viernes de Cuaresma, son días de abstinencia.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma.

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período, no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes fiestas y comilonas, para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirían” durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de muchas ciudad y de manera especial en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia.

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior. La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios. La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio.

Al hacer sacrificios (cuyo significado es “hacer sagradas las cosas”), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión y reflexión.

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento, el de nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación también llamado de confesión, que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido, como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión, no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

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Sobre la necesidad de afecto de los ancianos

En ocasión del funeral del padre de un compañero mío de colegio, con más de noventa años de edad, y como me constaba que se habían portado muy bien con el anciano, aproveché la ocasión para plantear el problema del trato que estamos dando a los ancianos. Es indudable que muchas familias, como la de mi compañero, pueden tener la conciencia muy tranquila de no sólo no haber abandonado a su familiar realmente querido, sino de haberle atendido hasta el final.

Pero, desgraciadamente, no siempre sucede así. Estos días se ha desempolvado el discurso de la Beata Teresa de Calcuta en el Desayuno Anual de Oración de 1994 y tiene sobre el tema que nos preocupa, unas líneas preciosas: “Estoy acostumbrada a ver las sonrisas de la gente, aún  los que están muriendo sonríen. No puedo nunca olvidar la experiencia que tuve al visitar una casa en donde mantenían a todos estos viejos padres de hijos e hijas quienes los habían puesto en una institución y quizá los olvidaron. Vi que en esa casa estas gentes de edad tenían todo, buena comida, lugar confortable, televisión, todo, pero cada uno miraba hacia la puerta. Y no vi a ninguno con una sonrisa en la cara. Me dirigí a la Hermana y le pregunté: “Por qué estas gentes que tienen cada confort aquí, por qué están todos mirando a la puerta? ¿Por qué no están sonriendo?”. Y la Hermana me dijo: “Esta es la forma en que es casi cada día. Están esperando, están esperanzados de que un hijo o hija vendrá a visitarlos. Están dolidos porque están olvidados”. Y vean, este descuido para amar trae pobreza espiritual. Quizá en nuestra familia tenemos a alguien que se está sintiendo solo, que se está sintiendo enfermo, que se está sintiendo preocupado. ¿Estamos allá? ¿Estamos dispuestos a dar hasta que duela para estar con nuestras familias, o ponemos nuestros intereses primero? Éstas son las preguntas que debemos preguntarnos a nosotros mismos”.

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La familia es el lugar natural del ocaso de la vida. El grado de civilización y humanidad de una sociedad tiene mucho que ver con el trato que se da a los ancianos. Tenemos que saber ‘perder nuestro tiempo’ con ellos, que además pueden darnos, por su experiencia, muy útiles consejos y enseñanzas. Sería muy de desear que las personas ancianas y las afectadas por una enfermedad crónica puedan permanecer en sus hogares y reciban para ello en sus domicilios todas las ayudas que puedan necesitar. De hecho, y como consecuencia del aumento de la vida media de las personas, cada vez es más frecuente el caso de personas que atienden a sus mayores. Muchos de ellos con enorme cariño, aunque es muy frecuente que, en ocasiones, les puedan los nervios y su comportamiento no sea el ideal. Cuando se me confiesan de ello, les recuerdo que están realizando la que, seguramente, es la mejor acción de su vida. Por ello les digo que no deben tener remordimientos, pero también que, con ese comportamiento si bien han perdido el diez, deben recordar que el nueve, el ocho, el siete, el seis y el cinco son buenas notas.

Como capellán de una residencia de enfermos de Alzheimer soy consciente que las necesidades de estos enfermos son fundamentalmente dos, que son las necesidades básicas de cualquier ser humano: alimentación y afecto. En este sentido nunca me olvidaré de una paciente a la que yo llamaba “el reloj biológico”, porque todos los días su hija iba a verla a determinada hora. La paciente, como todos los enfermos, carecía de reloj, pero en cuanto la hija se retrasaba un par de minutos, empezaba a llorar. Como capellán, mi tarea consiste fundamentalmente en darles cariño, aunque también les digo la Misa una vez por semana y ahí es  impresionante ver como enfermos que están ya bastante deteriorados, todavía se acuerdan de algunas oraciones y son conscientes de que están recibiendo la Comunión.

Creo que es uno de los últimos puntos en los que se desconectan con la realidad. Pero cuando se me pregunta para qué sirve un enfermo de Alzheimer, lo tengo muy claro: si bien es cierto que hay enfermos que son ignorados por sus familias, también es cierto que me encuentro allí con una serie de personas que visitan a sus seres queridos con gran frecuencia, incluso todos los días. Su buena acción, que no es otra cosa sino la realización del mandamiento cristiano del amor, les da una categoría humana y en ocasiones también cristiana, que no tendrían sin esa buena acción. Y es que los favores nunca son en una sola dirección, sino que son siempre en ambas direcciones, incluso en ese estado de decadencia senil.

Cuando estaba a punto de enviar este artículo, acabo de leerme el Alfa y Omega de hoy, 20 de febrero, En conformidad con la doctrina de la Iglesia Católica, estoy totalmente de acuerdo con que el aborto es un crimen horrible (Gaudium et Spes y todo el Magisterio de la Iglesia sobre el tema), pero la eutanasia otro, con la agravante para las personas mayores, si se aprueba la eutanasia, que nadie nos garantiza que no vamos a ser asesinados. De políticos, médicos y hospitales criminales, líbranos Señor.

D. Pedro Trevijano Etcheverria

D. Pedro Trevijano