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Archivo de la categoría ‘Semana Santa 2016’

Luz de Cristo. Demos gracias a Dios.

Hermanos, ¡Cristo ha resucitado! En verdad ha resucitado. Él, había de resucitar de entre los muertos.

Lectura del santo evangelio según San Juan

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

– «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le hablan cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Cristo Resucitado

PROCESIÓN CRISTO RESUCITADO

Domingo de Resurrección, 27 de Marzo de 2016, a las 11,00 horas (recordamos el cambio de horario) y en el Campo Santo (cementerio) municipal, se celebra la Eucaristía de Pascua de Resurrección organizada por la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén.

Al término de la misa, 12,00 salida procesional por las calles; Ctra. de Navarra, Puente de Piedra, Avda. de Viana y Capitán Gaona hasta el colegio de la Compañía de María donde concluye tanto el recorrido de esta procesión como la Semana Santa 2016 en Logroño.

Hermanos…….CRISTO HA RESUCITADO

La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana. Si El no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de  entre los muertos al tercer día.  Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte.

Jesús mismo, predijo su muerte y resurrección, y estos eventos sucedieron exactamente como él los había anunciado.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

“Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.”

Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables.

Historiadores como Josefo (c.37-110 DC), Ignacio (c.50-115 DC), Justino Mártir (c.100-165 DC) y Tertuliano (c.160-220 DC) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección.  Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 DC y no más tarde del año 64 DC.

Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época.

La resurrección es la única explicación aceptable del sepulcro vacío.

Los soldados romanos celosamente vigilaban la tumba donde el cuerpo de Jesús se encontraba. Además, la entrada al sepulcro estaba sellada con una enorme roca.  La guardia romana, que normalmente se componía de 16 miembros, hubiesen hecho imposible para los discípulos–quienes, a propósito, estaban acobardados por el miedo a perder sus propias vidas–robar el cuerpo. Si, como algunos aseguran, Jesús no estaba muerto, sino solamente debilitado, los soldados y la roca hubiesen evitado su escape.  Después de haber sido golpeado y flagelado, colgado en una cruz por seis horas, traspasado con una lanza por su verdugos para asegurar su muerte, y envuelto, como la  costumbre, en 100 libras de lino y especias, Jesús no hubiese estado en condición alguna para rodar una roca de dos toneladas cuesta arriba, ni ser más ágil que 16 soldados romanos y después aparecerse radiantemente a sus discípulos.

Los líderes judíos de la época fácilmente pudieron haber refutado  todas las aseveraciones sobre la resurrección simplemente al reponer el cuerpo, pero no pudieron porque no había cuerpo.

Hubo numerosos testigos de la resurrección.

Después de que él  resucitó de entre los muertos, Jesús apareció por lo menos diez veces a los que le conocían y a más de 500 personas a la misma vez.  Estas apariciones no fueron alucinaciones; Jesús comió y habló con sus seguidores y ellos le tocaron su cuerpo resucitado.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

La resurrección es la única  explicación razonable para el comienzo del movimiento Cristiano.

La Iglesia Cristiana nació en la misma ciudad donde Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado.  La creencia en un Jesús resucitado tuvo que haber sido auténtica para haberse enraizado en Jerusalén y crecido hasta abarcar el mundo entero.  La Iglesia Cristiana es ahora la institución más grande que existe y ha existido en la historia de la humanidad.   Claramente, esto hubiese sido imposible si la resurrección fuese solamente un cuento.

La resurrección es la única explicación lógica para la transformación de los discípulos. 

Ellos abandonaron y negaron a Jesús antes de su juicio público; después de su muerte ellos estaban desalentados y temerosos.  Aún, después de su resurrección y su experiencia en Pentecostés, estos mismos desalentados hombres y mujeres fueron transformados por el sobrenatural poder de Cristo resucitado.  En su nombre, ellos pusieron de cabeza al mundo .  Muchos perdieron la vida por su fe, otros fueron terriblemente perseguidos.  Su valiente comportamiento no tiene sentido aparte de su convicción de que Jesucristo fue verdaderamente resucitado de entre los muertos- un hecho digno por el cual morir.

A través de los siglos, los grandes teólogos que han considerado las pruebas de la resurrección han creído, y todavía creen, que Jesús está vivo.

Después de haber sopesado la evidencia de la resurrección dada por los escritores de los Evangelios, Simon Greenleaf, una eminencia sobre asuntos legales de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, concluyó:

“Sería imposible que ellos hubieran persistido en afirmar las verdades que han narrado, de no ser por el hecho de que Jesús sí resucitó de entre los muertos.”

El señor Greenleaf, fue un profesor judío que se convirtió en un seguidor de Jesús, el Mesías, después de estudiar los hechos por sí mismo.

Después de haber sopesado esta evidencia, ¿Cúal es su conclusión, digo la de usted? ¿Usted cree que Jesús está vivo?  Todo aquel que cree que El en verdad ha resucitado, puede recibir el regalo de la vida eterna y experimentar una relación personal con él.  Descubra cómo usted puede comenzar esta relación duradera.

Podemos analizar los hechos y pruebas.

Jesús Resucitado

Pruebas de la Resurrección.  

La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay “evidencias”:
El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: “vio y creyó (20,8).

Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, conversa con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección.
El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el “Crucificado estaba vivo” y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .

¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?.
La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, -va más allá, pues anticipa nuestra propia resurrección-. Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:

  1. La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es “exaltado” por Dios (Hch. 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm. 6, 9-10)
  2. Jesús resucitado no es una “alma inmortal”, ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
  3. Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
  4. No se trata de que Jesús resucitó “en la fe” de sus discípulos, o “en su recuerdo”. Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.

Significado de la Resurrección
Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:

  • Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.
  • Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.
  • Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.
  • Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.
  • Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.

 

El encuentro del hombre con el Resucitado
En los evangelios se describen varios “encuentros” de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:

  1. Jesús se “deja ver”, para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
  2. El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)
  3. Les descubre los enigmas de la fe: “se les abren los ojos” “ven y creen”.
  4. Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización “vayan y digan” (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).
  5. Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).

 

Se buscan testigos del Resucitado
Jesús dijo a Tomas: “Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto” (Jn 20, 29)

Estas palabras de Jesús: “Felices los que creen sin haber visto“, se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque “no lo veamos” con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos “felices”, porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.

Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.

Pero…. si tu eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡no te desanimes!. Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el “ambiente” donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.

Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Viernes Santo. Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

 

viacrucis

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Amén.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío.
Por ser Tú quién eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.

También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

 

VÍA-CRUCIS.

Vía CrucisI Estación. JESÚS ES CONDENADO A MUERTE.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, condenado en vez de mí: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisII Estación. JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús mío, cargado con mis pecados para descargarme de ellos: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisIII Estación. PRIMERA CAÍDA DEL SEÑOR.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, sucumbiendo bajo el peso de mis pecados para expiarlos: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisIV Estación. JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE SANTÍSIMA.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, encontrándote con vuestra angustiada Madre: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisV Estación. EL CIRINEO AYUDA A JESÚS.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, invitándome a participar de vuestra Cruz: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisVI Estación. LA VERÓNICA ENJUAGA EL ROSTRO DEL SEÑOR.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, con el rostro manchado de inmundas salivas para expiar mi orgullo: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisVII Estación. JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, sucumbiendo otra vez para enseñarme a levantar después de las caídas: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisVIII Estación. JESÚS HABLA CON LAS MUJERES.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, consolando a las mujeres de Israel, que, llorando, os seguían: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisIX Estación. JESÚS CAE POR TERCERA VEZ.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, sucumbiendo de nuevo al pensar en mis ingratitudes: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisX Estación. DESNUDAN AL SEÑOR Y SE REPARTEN SU TÚNICA.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, despojado de vuestras vestiduras para expiar mis verguenzas: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisXI Estación. JESÚS ES CALVADO EN LA CRUZ.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, clavado en la Cruz para expiar mis malas acciones: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

Vía CrucisXII Estación. MUERE JESÚS, NUESTRO SEÑOR, EN LA CRUZ.

 

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, muerto en la Cruz para abrirme las puertas del Paraíso: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisXIII Estación. COLOCAN A JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, puesto en los brazos de vuestra afligida Madre: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisXIV Estación. EL SEÑOR ES SEPULTADO.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Jesús mío, encerrado entonces en el sepulcro y ahora en el Tabernáculo: Misericordia Señor!

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisTODO HA TERMINADO.

Pero no: después de la muerte, la Resurrección.

Enséñame a ver lo que pasa, lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que no pasa. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí y de todos nosotros, pecadores.

 

Vía CrucisORACIÓN FINAL.

Te suplico, Señor, que me concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que medite tu Pasión, quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí y tus constantes beneficios.

Haz, Señor, que me acompañe, durante toda mi vida, un agradecimiento inmenso a tu Bondad infinita. Amén.

 

Jesús se encuentra con María, su madre, en la Vía Dolorosa.

Encuentro

Tradicional y antiquísima procesión del SANTO ENCUENTRO de Jesús con María., que se celebra en Logroño, hoy Miércoles Santo a las 23.00 horas. Jesús nazareno a hombros de sus cofrades iniciará el recorrido  por las calles de Logroño hasta encontrarse con María su Madre Dolorosa, quien momentos antes, comenzará su recorrido desde la Con-Catedral.

Jesús Nazareno Logroño

La imagen de la Cofradía de Jesús Nazareno, saldrá de su Templo de Santiago el Real a las 22.30 de la noche con el siguiente recorrido: Parroquia de Santiago el Real, Travesía de Santiago, Marqués de San Nicolás (Mayor), Plaza del Parlamento, Once de Junio hasta encontrarse con su Madre la Virgen de la Soledad.

Virgen de la Soledad

La imagen de la Virgen de la Soledad, saldrá a las 22.15 horas desde su Templo Con-Catedral de Sta. Mª de la Redonda por la Plaza del Mercado, Portales, Capitán Gallarza. Breton de los Herreros, Once de Junio hasta encontrase con su Hijo Jesús el Nazareno.

Ambas imágenes se encontrarán sobre las 23.00 horas.

nazareno

Tras el fervorín, los “pasos” llevados de nuevo a hombros de sus respectivas cofradías, volverán a sus respectivos templos por la calle Portales esquina Capitán Gallarza, donde Madre e Hijo se separan con recorridos diferentes. Jesús el Nazareno continúa por la calle Martínez Zaporta, Marqués de San Nicolás (Mayor), Travesía Santiago hasta su templo de Santiago el Real y La Virgen Dolorosa regresa a la Con-Catedral por Portales.

virgen-de-la-soledad

Jesús se encuentra con María, su madre, en la Vía Dolorosa.

Cuando Pilatos salió del tribunal, una parte de los soldados le siguió, y se formó delante del palacio una pequeña escolta que se quedó con los condenados.

Mucha gente, entre los cuales están los enemigos de Jesús que habían estado presentes en su arresto en el Huerto de Los Olivos, vinieron a caballo para acompañarlo al suplicio. Los alguaciles lo condujeron al medio de la plaza, donde vinieron esclavos a echar la Cruz a sus pies. Los dos brazos estaban provisionalmente atados a la pieza principal con cuerdas. Los soldados colocaron con gran esfuerzo sobre el hombro derecho la pesada Cruz, y pusieron sobre el cuello de los dos ladrones las piezas traveseras de sus respectivas cruces, atándoles las manos a ellas.

La trompeta de la caballería de Pilatos empezó a sonar, dando la señal de marcha. Uno de los fariseos a caballo se acercó a Jesús, arrodillado bajo su carga y le dijo: ¡arriba!”.

El gobernador en persona se puso a la cabeza de un destacamento para impedir todo movimiento tumultuoso. Delante marchaba un soldado con una trompeta tocando en todas las esquinas y proclamando la sentencia. A pocos pasos seguía una multitud de hombres y de chiquillos, que traían cordeles, clavos, cuñas y cestas que contenían diferentes objetos; otros, más robustos, traían los palos, las escaleras y las piezas principales de las cruces de los dos ladrones.

Al final del cortejo, venía Jesús Nuestro Señor. Los pies desnudos y ensangrentados, abrumado bajo el peso de la Cruz, temblando, lleno de llagas y heridas, debilitado por la pérdida de la sangre y por no haber comido ni bebido nada desde la víspera, devorado de calentura y de sed y asaeteado por dolores infinitos. Con la mano derecha sostenía la Cruz sobre su hombro derecho; con su mano izquierda, exhausta, hacía de cuando en cuando esfuerzos para levantarse su larga túnica, con la que tropezaban sus pies heridos. Su cara estaba ensangrentada e hinchada; su barba y sus cabellos manchados de sangre; el peso de la Cruz y las cadenas apretaban contra su Cuerpo la túnica de lana, que se pegaba a sus llagas y las abría. A su derredor no había más que irrisión y crueldad; mas su boca rezaba y sus ojos perdonaban.

Detrás de Jesús iban los dos ladrones, con los brazos atados a los travesaños de sus cruces separados del pie. No tenían más vestidos que un largo delantal; la parte superior del cuerpo la llevaban cubierta con una especie de escapulario sin mangas abierto por ambos lados y en la cabeza un gorro de paja. El buen ladrón estaba tranquilo mientras que el otro no cesaba de protestar y quejarse.

La escolta romana impedía que se acercasen la muchedumbre excesivamente, así que los curiosos tenían que dar la vuelta por otras calles transversales y correr delante de ellos para verles pasar. Casi todos ellos llegaron antes que Jesús al Calvario.

Antes de empezar la subida al Gólgota, Jesús ya no podía andar; como los soldados tiraban de Él y lo empujaban sin misericordia, cayó al suelo y la Cruz cayó a su lado. Los verdugos se detuvieron, llenándolo de imprecaciones y pegándole. A los dos lados del camino había mujeres llorando y niños asustados. Jesús levantó la cabeza y aquellos hombres atroces en lugar de aliviar sus tormentos, le pusieron en su sitio la corona de espinas y de nuevo le cargaron la Cruz sobre los hombros, y a causa de la corona hubo de ladear la cabeza, con dolores infinitos, para poder colocar sobre su hombro el peso de la Cruz con que estaba cargado y así continuó de nuevo su camino, cada vez más duro.

Encuentro Jesús y María

La dolorosa Madre de Jesús había salido de la plaza después de pronunciada la sentencia inicua, acompañada de Juan y de algunas mujeres. Pero cuando el sonido de la trompeta, el ruido del pueblo y la escolta de Pilatos anunciaron la marcha hacia el Calvario, no pudo resistir al deseo de ver a su Divino Hijo, y pidió a Juan que la condujese a uno de los sitios por donde Jesús debía pasar. Encontraron un palacio, seguramente la residencia del Sumo Pontífice Caifás, cuya puerta daba a la calle. Juan obtuvo de un criado compasivo el permiso para ponerse en la puerta con María y los que la acompañaban, entre ellos, José de Arimatea, y Salomé de Jerusalén.

La Madre de Dios estaba pálida y con los ojos enrojecidos de tanto llorar y cubierta enteramente de una capa gris parda azulada. Se oía ya el ruido que se acercaba, el sonido de la trompeta y la voz del pregonero, publicando la sentencia en las esquinas. El criado abrió la puerta, el ruido era cada vez más fuerte y espantoso. María se arrodilló y oró fervientemente. Luego volviéndose a Juan dijo: “¿Me quedo? ¿Debo irme? ¿Cómo podré soportar este espectáculo?” Juan le respondió: “Si no te quedas a verlo pasar luego lamentarás no haberlo hecho”. Salieron a la puerta con los ojos fijos en la procesión que aún estaba distante, pero que avanzaba poco a poco. La gente no se ponía delante sino detrás y a los lados.

La escolta estaba a ochenta pasos. Cuando los que llevaban los instrumentos de suplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jesús se puso a temblar y a gemir, juntando las manos, y uno de esos hombres preguntó: “¿Quién es esa mujer que se lamenta?” y otro respondió: “Es la Madre del Galileo”. Los miserables al oír tales palabras, llenaron de injurias a esta dolorosa Madre, la señalaban con el dedo y uno de ellos tomó en sus manos los clavos con que debían clavar a Jesús en la Cruz y se los presentó a la Virgen en tono de burla.

Pero María miraba a Jesús que se acercaba y se agarró al pilar de la puerta para no caerse, pálida como un cadáver, con los labios azules.

Jesús, temblando, doblado bajo la pesada carga de la Cruz, inclinando sobre su hombro la cabeza coronada de espinas. Echó sobre su Madre una mirada de compasión y habiendo tropezado cayó por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos.

María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su lado y se abrazó a Él. Juan y las santas mujeres querían levantar a María. Algunos soldados sin embargo, tuvieron compasión y, aunque se vieron obligados a separar a la Santísima Virgen, ninguno de ellos le puso las manos encima.

Juan y las otras mujeres, ayudaron a María a levantarse y rodeándola la condujeron de nuevo a la puerta del palacio, donde cayó por el dolor sobre sus rodillas. Muchas mujeres con velos y derramando lágrimas. Los escoltas, le empujaron a Jesús con mucha crueldad para que siguiese adelante.

Con inmenso amor María mira otra vez a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran de nuevo , y cada corazón vierte en el otro su propio dolor. El alma de María queda anegada en amargura, en la amargura de Jesucristo.

Pero nadie se da cuenta, nadie se fija; sólo Jesús. Se ha cumplido la profecía de Simeón: una espada traspasará tu alma. En la oscura soledad de la Pasión, Nuestra Señora ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura, de unión, de fidelidad; un sí a la voluntad divina.

Cuánto sufrió cuando tuvo que huir con José y el niño para que no se lo mataran.

Cuánto sufrió aquellos tres días en que Jesús estuvo perdido cuando tenía doce años.

Cuánto sufrió experimentado el dolor que provocan las críticas y calumnias contra el hijo amado.

Pero nada comparado con esto. ¡Qué llaga tan dolorosa comenzó a abrirse en el preciso instante que le avisaron que su hijo había sido preso! Dolor que fue creciendo al ver a su hijo flagelado, condenado a muerte, cargando un pesado madero, y ella sin poder aliviarle, sin poder mitigar su dolor…

 

LA PRIMERA PROCESIÓN DEL ENCUENTRO (Del libro Historia de la Semana Santa de Logroño de D. Eugenio Ugarte Alonso)

Nazareno 2

Soledad2

Para la Semana Santa de 1.942 la Junta de Gobierno de la Hermandad, a cuyo frente estaba como Hermano Mayor don Félix Martínez Val, preparó dos innovaciones que mejoraron notablemente nuestra Semana Santa, ambas para el día de Jueves Santo, 2 de Abril. La primera consistió en un “Miserere” que se celebró en la Colegiata de la Redonda; y la segunda fue la primera procesión llamada “del Encuentro” realizada a continuación, una vez terminado el “Miserere”.

Para las diez menos cuarto de la noche, en que estaba anunciado el “Miserere”, toda la iglesia dela Redonda se encontraba totalmente llena de público, ávido de escuchar innovación tan acertada y era de todo punto imposible penetrar dentro del templo. A la misma hora ocupó la Hermandad la Vía Sacra, ante-presbiterio y parte inferior del coro, mientras el Guión con la Junta de Gobierno se situaba en el presbiterio y en el centro del mismo el Rvdo. Don Julio Merino, cura párroco de Palacio.

El Prior de la Hermandad, Rvdo. don Pedro Baldomero Larios, rezó una estación al Santísimo Sacramento que contestó la Hermandad y público y a continuación el coro con la orquesta y órgano interpretó el “Miserere” a tres voces del maestro Camó, bajo la dirección de don Tomás F. Iruretagoyena y al órgano el maestro Calvet. El público escuchó con sumo agrado la ejecución de ésta pieza musical, novedad desconocida en las Semanas Santas de Logroño, como así mismo el numeroso público estacionado en el exterior del templo en que se habían colocado unos altavoces para la retransmisión del acto, siendo posteriormente muy alabado por todos los que lo escucharon.

A continuación comenzó la salida de la Hermandad, que lo hizo con sus impresionantes filas y sus grandes cirios encendidos, llevando a hombros el “paso” de “La Dolorosa”.

En ésta salida tuvo una brillantísima presentación el grupo de soldados romanos con su vestimenta de época, seis con capa azul y otros seis con capa encarnada, al frente de los cuales iba un centurión con una magnífica capa encarnada. Todo el vestuario era de mucho gusto y muy bien llevado por doce artilleros del Centro Castrense de Acción Católica de Artillería.

Estos soldados romanos abrían marcha tras la Cruz recorriendo la procesión por la calle General Mola, Tabacalera y calle Mayor hasta su cruce con la de Santiago. En éste momento, los soldados romanos se destacaron del cortejo hasta la puerta de la iglesia de Santiago dónde simularon el prendimiento de Jesús Nazareno y formados en sus lados lo condujeron hasta la confluencia de Mayor con Sagasta dónde ya se encontraba la Hermandad con el “paso” de “La Dolorosa”, situándose el “Nazareno” frente a su Madre. La banda de trompetas de Artillería comenzó a tocar una marcha floreada; cantó dos magníficas saetas, con gran sentimiento, don Valentín Atienza, y el Prior de la Hermandad, Rvdo. P. Larios dirigió breves palabras glosando la escena del “Encuentro” entre el Hijo y su Madre, todo ello retransmitido a las cercanías mediante altavoces debidamente instalados con antelación.

No puede ser descrito el espectáculo que en ese momento ofreció todo el trozo de la calle Sagasta, calle Mayor y bocacalles adyacentes ni los esfuerzos de la policía para contener a los miles de personas que apretados, cubrían estas calles. Nunca se había visto cosa parecida ni silencio tan profundo como el que se produjo cuando los altavoces comenzaron a dejar escuchar los primeros toques de trompetas y hasta que el Prior terminó su glosa. Fue algo indescriptible, emocionante y que produjo en cuantos lo presenciaron un gran efecto de piedad y seriedad. Una vez terminada la escena, se reemprendió la marcha hasta la iglesia de Palacio donde fueron recogidos los otros dos “pasos” para su traslado a la Redonda, siguiendo por las calles de Travesía de Palacio, Herrerías, San Bartolomé, plaza de Amos Salvador y General Mola hasta llegar a la Colegiata de la Redonda, dónde terminó la procesión con el rezo de otra estación al Santísimo, sobre las doce de la noche.

Veneración y preparación del Santo Cristo del Sepulcro.

SantoSepulcro

Una vez más, hoy 23/03/2016, Miércoles Santo a las 12,00 en punto del mediodía, dentro de los actos de la Semana Santa de Logroño 2016, se habrá abierto la Urna Sepulcral por la Cofradía del Santo Sepulcro, en la Capilla de los Ángeles de nuestra Con-Catedral, para venerar al Santo Cristo así como para la limpieza y preparación de la sagrada imagen para la procesión del Santo Entierro este próximo Viernes Santo.

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En la tradición de nuestra Semana Santa, es uno de los actos que más impresiona y arrastra a la devoción de todos los que lo conocen y de los que se acercan por primera vez, que levanta gran fervor popular y veneración de la imagen de Cristo del Santo Sepulcro y que hace “engancharte” y acudir de nuevo año tras año, si las obligaciones (claro está) te lo permiten.

Cada vez hay muchos más fieles, que habiendo oído de este acto, se acercan a contemplarlo y es por ello, que igualmente cada vez, la amplitud de la Capilla de Nuestra Señora, se queda bastante pequeña para acoger a tal cantidad de personas interesados en participar. La Cofradía del Santo Sepulcro, debería ir pensando en trasladar y solicitar los permisos pertinentes tanto al Cabildo Catedralicio, Deán y Párroco para poder realizar este acto en la nave central de la Con-Catedral aunque para ello hubiera de modificar muchas cosas incluido el horario del mismo.

Según alguno de los estudios sobre este particular que se han realizado, desde la Semana Santa de 1.695, (año siguiente al de la donación), ya se realizó dicho acto en la mañana del Jueves Santo pero con un único y estricto sentido y propósito de limpieza. Por ello, las únicas personas participes en ello fueran sin más, las dedicadas a su conservación.

Santo Sepulcro

Es en el año 1.762 cuando se empieza dicho acto sin pretenderlo, pues muchas de las personas que por la tarde acudieran a la “Función” acuden también a su acicalamiento y preparación.

En la actualidad, a mediodía de los miércoles santos, la imagen de Cristo es sacada de la urna, procediendo las Camareras de la Cofradía a su limpieza y unción con aceites, posteriormente se procede a su veneración por parte de los cofrades y público asistente y finalmente se introduce la imagen de nuevo en la urna que no se vuelve a abrir, salvo casos excepcionales, hasta el siguiente año.

La imagen de Cristo muerto, es una de las buenas de su época. Fue perfecto su estudio anatómico, su libertad de formas y su gran elegancia, propia del arte barroco, así como por su perfecta y real policromía pudiendo haber salido de la escuela sevillana, quizás del taller de Pedro Roldan, aunque no hay constancia segura y documentada de su origen.
Con fecha 20 de Marzo de 1.694, el Capitán Don Gabriel de Unsain, ante el escribano Don Matías de Legaría, otorga la escritura de donación del Santo Sepulcro con la imagen de Cristo muerto y la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Junto a las imágenes también dona una urna sepulcral compuesta por una caja prismática, rectangular, de madera rica de ébano, chapeada de concha de carey de las tortugas del Pacífico, con molduras negras y aplicaciones de concha, flanqueadas en las aristas verticales con columnitas salomónicas de capitel corintio en plata y coronadas en pedestalitos para jarritas con flores, azucenas, de plata también. En estos remates, encaja la tapa de forma piramidal, y todo éste conjunto está cerrado por una fina cristalería de cristal de roca. Lleva cuatro chapas de plata repujadas que tienen la siguiente leyenda cada una; Mirando la urna desde los pies de la imagen, frente a la izquierda “DIOLO Y DOTÓLO EL CAPITÁN DOM GABRIEL DE UNSAIN”; a los pies: “REGIDOR PERPETUO DE ESTA CIUDAD”; frente a la derecha “Y FAMILIAR DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICIÓN”; Y cabeza “AÑO DE 1.694″.

Así mismo, dona también una hechura de la Santa Cruz para poner crucificado el cuerpo de Jesús; varias almohadas de terciopelo negro bordado con dibujos para poner el Sagrado Cuerpo dentro de la urna; unas andas de pino para llevar cada imagen en procesión; ocho muletas con sus hierros y encajes para llevar a hombros las andas con ocho almohadillas y un tablado para que se ejecute la función del descendimiento.

Por la misma escritura se hace entrega de quinientos ducados, de los cuales trescientos se impondrán en las mejores fincas para que con sus frutos o rentas se sufraguen los gastos de la Semana Santa. Los otros doscientos ducados se emplearán en fabricar o componer la capilla-nicho y altar en que se ha de colocar el Santo Sepulcro. Para su guardia y custodia se ha de poner una reja con una cerradura de dos llaves distintas, una de las cuales ha de tener el Cabildo y la otra, don Gabriel de Unsain o su hermano don Blas. (datos del libro Historia de la Semana Santa de Logroño por D. Eugenio Ugarte Alonso.)

Al pie de la Cruz, estaba su Madre

Salida procesional del Santo Rosario.

Rosario del Dolor

Organizado por la Cofradía de la Santa Cruz de los H.H. Maristas, saldrá la procesión del Santo Rosario del Dolor  a las 20.30 horas y con los pasos Stabatt Matter y Ntra. Sra. del Rosario, desde la Plaza de San Agustín de Logroño y con el siguiente recorrido: Calle Portales, Plaza del Mercado, de nuevo Portales, Sagasta, Marques de San Nicolás (Mayor), La Merced para regresar de nuevo a la Plaza de San Agustín.

Stabat Mater 2

 

ESTABA LA MADRE DE JESÚS (STABAT MATER)

María, la madre de Jesús, se encontraba también en Jerusalén cuando recibió la noticia de la detención de su hijo.

Lo ve y llora, porque está lleno de golpes, de bofetadas, de escupiduras y coronado de espinas. Viendo así a su amado Hijo, María se desvanece.

Virgen del Dolor

La acompañan otras mujeres, entre ellas María Magdalena. Siguen el camino que ha emprendido Jesús cargado con la cruz.

Cuando Jesús es clavado y María lo ve, no hablan, pero no dejan de mirarse. La crucifixión se describe y se acentúa con toda su crueldad y los tormentos impuestos a Jesús. Le sale sangre de las 4 heridas, de pies y manos. La belleza huye de su rostro.

El rostro lo tiene lívido por los azotes recibidos. En María cabe el deseo de morir con Él. Pide a los judíos que la crucifiquen con Jesús, invoca a la muerte con palabras de dolor y desesperación, pero la muerte huye de quien la busca. Jesús es para ella padre, hijo, esposo, y no quiere quedar sola; no tendrá quien la aconseje.

Finalmente, seguramente le dice a Jesús que, si no puede ser que muera con él, que le deje a alguien. El tono triste y desesperado de María, que ha perdido las fuerzas, que desea morir junto a él, que llora continuamente, acongojada por la visión de Jesús, es el mismo que la de cualquier madre que ve morir a su hijo de esta manera tan brutal.

El versículo del evangelio de Juan, en el que Jesús le encomienda a su madre, es una de las pocas referencias evangélicas a María en la Pasión de Jesús, Dice Jesús desde la Cruz, (1136-1137): “Mulier, ecce fílius tuus”, añade que no ha de llorar, que él ha de beber el cáliz y ha de salvar a la humanidad; y que no la deja sola, porque estará con ella por todos los siglos. Entretanto le dice a Juan que la cuide.

El tono empleado por Jesús es más calmado, es como un sermón en el que adoctrina sin que su dolor se refleje en notas de dramatismo o de desesperación.

Stabat Mater 3

Jesús dice a María: “Madre, ahí tienes a tu hijo”. En una especie de testamento: encomienda a su Madre al cuidado del hijo, del discípulo. Pero también dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”.

El grupo de los doce se había reducido a medida que Jesús subía a Jerusalén y marchaba resueltamente a la cruz. Algunos lo abandonaron; otros titubearon, vacilaron, hasta que huyeron. Y queda apenas un pequeño grupo hasta ese momento supremo, un grupo minúsculo, que a veces también es imagen de la Iglesia unida a la oración de María y de Jesús; la Iglesia que se convierte en esposa y madre, en un misterio de dolor y también de gloria. Allí aparece esta escena que no sólo nos conmueve en el sentimiento sino también nos mueve en la fe porque se está realizando la obra suprema y allí nos es dada María como Madre. Entonces nosotros, como hijos, debemos asumir esta primera actitud de la Virgen, de pie frente a la cruz.