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Preparando la Natividad del Señor

Año tras año, y cada vez con más fuerza y con más anticipación, nos preparan y participamos con muchísimo entusiasmos de ello, en la festividad más adulterada y desvirtuada de las que conocemos.

Para empezar, nos saltamos o mejor dicho hemos eliminado, ese tiempo de preparación al que hoy entramos de lleno, al que denominamos tiempo del Adviento, período de preparación para celebrar la Navidad. Este tiempo litúrgico que comenzamos hoy, en éste primer domingo de diciembre, damos comienzo también el inicio del nuevo Año Litúrgico católico.

El sentido del Adviento, es avivar en los creyentes la espera del nacimiento del niño Jesús, Nuestro Señor. Pero muchas veces como creyentes, ya no nos causa ni curiosidad, el hecho de que una de las más importantes fiestas del cristianismo, esté rodeada de elementos tan poco religiosos como por ejemplo el árbol apodado de navidad, con todos esos adornos luminosos, con todos esos costosos regalos. Esos adornos publicitarios y urbanos en las calles de las ciudades, sin ningún símbolo alegórico del nacimiento de Jesús.

Causa estremecimiento ver los contenidos en los elementos publicitados durante semanas, para el logro de beneficios económicos enormes, con campañas comerciales ambiciosas, que nada tiene que ver con el Espíritu del Mesías, ni con el Reino de Dios, ni con la sana doctrina de nuestro Salvador, ni con la de sus apóstoles y discípulos.

Y “Santa Claus” o “papa Noel”, que más bien es un personaje creado para un anuncio de bebidas de cola famosa, todo vestido ahora de rojo y antes de verde, que dicen viene de algún lugar helado en el norte de Europa, del cual curiosamente nunca salió ningún profeta o por lo menos son desconocidos en las escrituras, y donde se supone que vive, tiene una gran fábrica de juguetes, en su mayoría, lujuriosos, carnales, monopolizadores, de artes marciales, subliminales, de muerte y de guerra, etc.

Vamos, que más bien parece una gran fiesta pagana en la que creyentes y no creyentes vemos la oportunidad de gastar, gastar y gastar, grandes cantidades de dinero sin sentido, solo por gastar. Loterías, regalos, grandes comilonas, fiestas y viajes, vacaciones, etc. y eso en tiempos de crisis. ¿Crisis?. Si, crisis.

 

Muchos creyentes y no creyentes saben que aunque lo de las fechas del nacimiento de Jesús, no aparece en las escrituras bíblicas, y es más, los apóstoles y miembros de las primeras congregaciones, no celebraban el nacimiento del Mesías de ninguna manera, éste no es el espíritu de la navidad que Jesús buscó para su nacimiento y para su “familia cristiana”

Dios quiso humildad y sencillez, nos quiso hacer ver el contraste, la diferencia. Dios, todo poderoso, Rey y creador del universo, que pudiendo haber nacido en los mejores palacios, con las mejores vestimentas y joyas, con criados y criadas para atenderle, quiso que su primogénito, segunda persona de la Santísima Trinidad, naciera de una humilde mujer Nazarena, como sirviente y padre terrenal a un casto y buen hombre, como cuna de gran linaje, un pesebre y como pañales trapos rotos y raídos.

No es muy extraño que en una fiesta como la navidad, en el “cristianismo actual y tradicional” la hayamos convertido en costumbres idolátricas, que generan unos beneficios económicos al comercio y vendedores y nos hacen hacer grandes gastos para contribuir a esta gran bola inhumana, dejándonos llevar en estas fechas por todos los anuncios de navidad, por los comentarios y ensalzamiento de la sociedad de consumo por prensa, por radio y por T.V.

Los grandes problemas cotidianos de muchas personas, siguen presentes antes durante y después de la Navidad. Los que duermen en la calle lo siguen haciendo, los ladrones siguen robando, los maltratadores maltratando, muchas personas en el mundo sin poder comer, los telediarios siguen dando las mismas porquerías de noticias que todos los días, los programas de ocio-basura siguen sin fallar día tras día, en un palabra, el odio, el desamor, la avaricia, codicia y la deshumanización, siguen presentes en nuestras vidas.

Si bien es verdad que algunas personas se vuelven especialmente cariñosos en esta época, las familias aparcan de momento sus desencuentros, parece que nos esforzamos por llevarnos bien, por demostrar lo bueno que tenemos y que llevamos dentro, de nuestros buenos propósitos y sentimientos y que podemos ofrecer a nuestros amigos y al resto de nuestro prójimo todo ello.

Grandes comidas y cenas de familias, de amigos, de compañeros de trabajo y de empresas, haciendo la imagen de llevarse bien o por lo menos de procurarlo. Intentamos desde nuestras limitadas posibilidades, cambiar el mundo para hacerlo un sitio más justo, dónde reine la paz entre nosotros y todas esas cosas….Todo momentáneo y de cualquier manera falsa, muy falsa.

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La realidad es otra bien distinta. En el mundo hay mucha necesidad e injusticia. Recordemos que en el mundo hay mucha necesidad. Que muchos millones de personas mueren de hambre y enfermedades, que hay muchos, muchos necesitados. Y no es necesario irnos a mirar lo aquí detallado a países lejanos de África o de otros continentes, no. Los tenemos al lado nuestro, en nuestras calles, en nuestras ciudades. Porqué ahora y más que nunca, nuestros hermanos de piso, de edificio, de calle, de barrio, de parroquia, etc….están necesitados, muy necesitados.

Ahora más que nunca, debemos dejar de lado esos suntuosos gastos llamados de “navidad” y ofrecer cuanta ayuda podamos para cubrir las necesidades de nuestros hermanos en Cristo. Nos vendrá muy bien para nuestro propio bolsillo, para ayuda del prójimo, solidarizándonos con ellos y sobre todo para nuestra conciencia, pues estaremos volviendo a la NAVIDAD que Dios espera de todos nosotros.

No olvidemos lo que el Mesías dijo a unos invitados, en una reunión a la que estaba asistiendo, aconsejándoles llamar a aquellos, que no tenían esas necesidades cubiertas, para el banquete y darles de comer, a los hambrientos materialmente y también predicándoles el Reino de Dios en estas ocasiones, que es lo que el Maestro hacía cuando le invitaban a alguna casa para comer, estando seguros que estaremos haciendo grandes tesoros en el Cielo

Del Evangelio de San Lucas 14:12-14 “Dijo también al que lo había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Cuando hagas banquete, llama a los pobre, a los mancos, a los cojos y a los ciegos; Y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justo.”

Recordemos el nacimiento de Jesús, colocando en un rincón de nuestro hogar, el misterio. Tan solo hacen faltan las imágenes del niño Jesús, la Virgen María y San José; La Sagrada Familia. Preparémonos en estos días de Adviento para recibirlo. Contribuyamos en aportar todo lo que buenamente podamos en ayudar a nuestro prójimo. ¿Porqué gastar en tanta comida si además nos perjudica seriamente la salud? Hagamos regalos, sí, pueden ser simples detalles, pero también lo hagamos con los más necesitados, con los más solitarios, haciéndoles llegar nuestro cariño y afectividad. ESTO ES LA NAVIDAD. Feliz ADVIENTOnavidad2

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