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Homosexualidad (VIII): RESPONSABLES DE NUESTROS ACTOS

(HOMOSEXUALIDAD – VIII)

   Confío en haberles dado las pistas suficientes para salir de la confusión que algunos siembran en torno a la homosexualidad. Los que fomentan el caos moral y encubren la verdad en este aspecto, saben que la falta de certezas paraliza la acción de la gente buena. No se dejen manipular.

"Sin duda somos siempre reflejo de nuestros actos y responsables de ellos. Pero a los ojos del amor y de la fe, un hombre siempre es más grande que los pecados que comete, por graves y vergonzosos que sean. Para la Iglesia católica, lo que cuenta sobre todo son las personas. Creo que tiene toda la razón del mundo al diferenciar entre la práctica sexual y la identidad sexual. Es su empeño en señalar esa frontera, el que define el vínculo entre fe y homosexualidad, el que le dice a las personas homosexuales que tienen un lugar en la Iglesia (…) La Iglesia no pretende cambiarlas, sólo les pide que pongan su identidad más profunda como hijos de Dios delante de su identidad secundaria como personas homosexuales". (Extraído de un artículo publicado en su web)

“Sin duda somos siempre reflejo de nuestros actos y responsables de ellos. Pero a los ojos del amor y de la fe, un hombre siempre es más grande que los pecados que comete, por graves y vergonzosos que sean.
Para la Iglesia católica, lo que cuenta sobre todo son las personas.
Creo que tiene toda la razón del mundo al diferenciar entre la práctica sexual y la identidad sexual. Es su empeño en señalar esa frontera, el que define el vínculo entre fe y homosexualidad, el que le dice a las personas homosexuales que tienen un lugar en la Iglesia (…) La Iglesia no pretende cambiarlas, sólo les pide que pongan su identidad más profunda como hijos de Dios delante de su identidad secundaria como personas homosexuales”. (Extraído de un artículo publicado en su web)

   Por mi parte, concluyo mi aportación al tema presentándoles a un joven francés, Philippe Ariño. Tiene treinta y cuatro años, su padre español, se crió en Francia en el seno de una familia católica junto a otros cuatro hermanos, uno de los cuales es su gemelo. Descubrió su homosexualidad a la edad de diez años, lo anunció en su familia con diecisiete, y con veinte años se inició en el mundo y la cultura gay de Francia. Ejerce como profesor de español en Secundaria.
Es un escritor bien conocido en su país. Autor de un “Diccionario de códigos homosexuales” y de otras obras en torno al tema de la pareja homosexual, intenta definir la naturaleza y las causas del deseo homosexual, así como sus consecuencias personales y sociales.
En enero de 2012 se decidió a “abandonar definitivamente el ligoteo, la masturbación y la pornografía, porque me di cuenta de que estaba prisionero y triste cuando me obligaba a mí mismo a soñar y a experimentar el amor homosexual”. (Religión en Libertad, 15 – 1 – 2013).
Philippe ha entendido que “la continencia es una opción libre, entera, emancipadora y concreta, que reconoce mi homosexualidad pero sin tener que arrastrar la culpa. ¡Nadie imagina lo feliz que soy desde que dejé de practicar la homosexualidad!” (Ib.)
Ha encabezado la rebelión contra la dictadura que ejerce el lobby gay en los medios de comunicación franceses, logró irrumpir con fuerza en el debate sobre el proyecto de “matrimonio gay” de Hollande, y se ha tomado un año de excedencia laboral para promocionar su último libro (Homosexualidad en verdad) y para difundir su pensamiento.
Estuvo en España ayer mismo, 19 de mayo de 2014, y se ofreció a dar dos conferencias: una a sacerdotes (en exclusiva), titulada “homosexualidad y fé católica” y otra abierta a todo el público. Esta última charla tuvo lugar en el salón de actos de la parroquia de San Pablo, Logroño. Philippe se mostró a los allí presentes cual es: muy honesto, valiente, cristiano convencido, realista, vulnerable, comprometido con la verdad de las cosas.  Aunque sostiene que su vida en normal, que no ha vivido ni una infancia traumática, ni un padre ausente, ni una madre dominante, ni sumergido en el mundo de la prostitución, ni ha sido violado, ni ha experimentado una conversión fulminante “a lo San Pablo”, los presentes fuimos conscientes, en todo momento, de estar ante un hombre que vive la conversión diaria, un hombre frágil pero decidido.
En respuesta a las preguntas que le formularon los asistentes, habló de si “uno nace homosexual o se hace”, de la exclusión al sacerdocio de los candidatos homosexuales, de la herida que supone ser homosexual, de cómo hablarles a los niños del tema si preguntan en casa, de la diferencia entre “sentirse homosexual” y realizar actos homosexuales, de la violencia que infringen y padecen los homosexuales dentro de su propio mundo, de la importancia de la diferencia de sexos (esa que niegan los homosexuales y sin la cual ninguno de ellos habría podido existir), de cómo la diferencia de sexos permite a los hombres y a las mujeres vivir una plenitud a través de la complementariedad en el matrimonio que ellos nunca alcanzarán, del daño que hace a los jóvenes varones – más que a las mujeres – la absoluta erotización de las relaciones personales que predomina en nuestro ambiente cultural, de que – por lo que él ha estudiado y vivido – la tendencia homosexual es, con frecuencia, una etapa en la maduración de las personas a la que pueden verse anclados los jóvenes, restándoles capacidad para avanzar, el consumo de pornografía y la masturbación, etc.
Denunció que los que aplauden y defienden – presuntamente – los derechos de los homosexuales. Son, sobre todo, políticos. Estas personas utilizan a los homosexuales “como si fuéramos una cortina rosa y brillante tras la cual pretenden ocultar la cantidad inmensa de problemas y sufrimiento que provocan el divorcio, el uso sistemático de preservativos o el aborto. Apoyan el matrimonio homosexual para justificar realidades personales desastrosas”.
Desarmó el mito de que la Iglesia es homófona: “nadie nos acoge mejor”- dijo. Y señaló que su experiencia le ha llevado a concluir que quienes se niegan a hablar del tema o rechazan a los homosexuales suelen tener sin resolver su identidad sexual.
Afirmó categóricamente: “suscribo punto por punto lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad” y pidió a los presentes que no se dejaran llevar por la compasión o el sentimentalismo ante la herida abierta que tienen las personas homosexuales. “Necesitamos vuestro sentido del humor, vuestra acogida y que no cedáis a nuestros chantajes emocionales”.
También concedió una entrevista a la COPE que podrán escuchar el viernes 23 de mayo, a las 13:30, en el programa El Espejo de la Iglesia en La Rioja.
Incluyamos en nuestras oraciones a los cristianos homosexuales que, como él, dan la cara para llevar el mensaje de amor y redención que Dios, a través de la Iglesia, ofrece a los hombres que sufren por las dudas morales que les acosan, por este vicio de la conducta y por las consecuencias nefastas que se derivan de él.
Estas son otras respuestas suyas en la entrevista concedida a Religión en Libertad, en enero de 2013:

 

P.¿Tuvo algo que ver la conciencia a la hora de decantarse por la continencia? R.- Un director espiritual me decía que la conciencia era el otro nombre del Espíritu Santo. Y como estoy convencido que el Espíritu Santo, muy especialmente mediante el don del bautismo, está presente en el corazón de cada ser humano, pienso que también se expresa a través del sentido común, de nuestra libertad y de nuestra conciencia. Sí: mi observación de lo real, a la luz de la Iglesia, me ha ayudado a optar por la castidad.
P.¿Se puede evangelizar a homosexuales con el Magisterio de la Iglesia? R.- ¡Por supuesto! El mensaje de la Iglesia es realista porque sitúa a la persona y a su libertad en el centro de todo. Para los homosexuales que prefieren limitarse a sus actos o a sus pulsiones es difícil recibir ese mensaje como una Buena Nueva.
P.- ¿Qué es lo que no entienden? R.- Que el camino católico es liberador: para la Iglesia católica, una persona homosexual, aunque sienta una atracción física seria y real hacia otra persona del mismo sexo, siempre será libre de no dejarse reducir a la homosexualidad y de no plasmarla en forma de pareja. Según el Magisterio católico, la diferencia entre sexos y la identidad de hijo de Dios, son los dos pilares fundamentales que definen al ser humano.
P.- ¿Y la orientación sexual? R.- Aunque pueda ser profunda, no es fundamental: el hombre es algo más que sus fantasmas genitales o sus sentimientos del momento. Está llamado a algo más grande, más duradero, más objetivo y más libre.

MARTACM

Homosexualidad (VII): CUANDO SE IMPONE EL SENTIDO COMÚN

(HOMOSEXUALIDAD – VII)

Enfoque definitivo:

Samuel Jofre Giraudo, Obispo de Villa María (Argentina), explica con nitidez y en menos de cuatro minutos, en un vídeo colgado en Youtube, cuál es el enfoque definitivo – por elemental – en la discusión sobre la homosexualidad.

Viene a decir lo siguiente: “si un señor se hace operar, se quita cuanto quiera quitarse, se pone cuanto quiera ponerse, se cambia la documentación, pasa a figurar como mujer y le toman un pelo para ser analizado – un solo pelo -, o alguna célula epitelial (de esas que se nos desprenden constantemente), ¡siempre se sabrá que es varón!

Samuel JOFRE, Obispo de Villa María (Argentina), explica con nitidez cuál es el enfoque definitivo – por elemental - en la discusión sobre la homosexualidad.

Samuel JOFRE, Obispo de Villa María (Argentina), explica con nitidez cuál es el enfoque definitivo – por elemental – en la discusión sobre la homosexualidad.

Entonces, ¿qué es lo que falta en este debate? Simplemente sentido común, vivir en la verdad. De eso se trata. No es cuestión de que yo esté de acuerdo o no. Es que la verdad se nos impone, y mientras más tardemos en aceptarla, más duro es el golpe.

Yo propongo que, en lugar de negar la verdad, ayudemos a las personas que tienen dificultad para aceptar y amar su condición varonil o femenina; que les comprendamos, no les discriminemos, les queramos y todo eso, pero sin perder el sentido común. Hacerlo no ayuda a nadie.”

Consecuencias de normalizar las conductas homosexuales y de elevar las uniones de este tipo a la categoría de matrimonio:

El prelado sostiene que, para la sociedad, esta es una cuestión suicida (o vital). La familia es la base de la sociedad y el matrimonio es la base de la familia. Si confundimos lo que es un matrimonio con cualquier otra cosa, estaremos iniciando la demolición del tejido social que soporta el desarrollo de cualquier región o país. También estaremos haciendo discriminación.

¿Qué es discriminar? – Se pregunta Mons. Samuel -, “es tratar de manera diversa a los iguales. Ahora bien, todos somos iguales en algo y diferentes en algo. La discriminación es una injusticia y es pecado precisamente cuando trato de manera diversa a los iguales en aquello que son iguales. Pero tratar de forma diversa a las personas en lo que son diferentes ES JUSTICIA, y tratar de manera igual a las personas en lo que son diversas es una INJUSTICIA. Esto es aplicable a todos los niveles: en la masculinidad o feminidad, a nivel impositivo, en la edad, en la inteligencia, etc.

El criterio de ‘nivelar por lo bajo’ es uno de los factores que ha desencadenado la decadencia actual.

Los esposos se esfuerzan en ofrecer a sus hijos un marco estable que propicie el desarrollo de sus capacidades y su personalidad. En cambio, los concubinos, homosexuales o no, actúan como si dijeran: ‘mientras me compense te daré ese marco estable; si mis afectos o intereses cambian, prepárate a experimentar el terremoto emocional correspondiente. Espero que salgas bien parado, pero si no es así, ¡lo siento!’.

Una mujer que se casa se compromete y se obliga con su esposo. Una concubina no. Un señor que se casa, lo mismo. No hay correlación entre deberes y derechos.

Las parejas homosexuales tampoco son procreativas. Seguirán sin serlo por muchos encuentros sexuales que tengan o por mucho que adopten; ni siquiera un tratamiento de fecundación artificial cambiará ese hecho.

¿Por qué vamos a dar los mismos derechos cuando no tienen las mismas obligaciones? Esto es una gravísima injusticia más allá de la fe. Consentir esta situación provoca un desorden social muy grave que es causa de muchas violencias. ¡Y lo estamos viendo!”

El prelado concluye su alegato señalando que “la violencia familiar acaba trascendiendo a la sociedad; por lo tanto, este no es un problema de fe”

Quizás el testimonio de Philippe Ariño, escritor homosexual, refuerce la llamada al sentido común que hace el prelado Samuel Jofre Giraudo. En una entrevista concedida a la Cadena SER en 2013, dijo lo siguiente:

No es un regalo dar algo (la ley de matrimonios homosexuales) que las personas no podrán vivir. Es inútil.
Hay parejas que integran la diferencia de sexos pero no aprovechan el tesoro que tienen y no se aman. Sin embargo cuando se acoge la diferencia de sexos con amor, es la mejor base social de construcción de todo ser humano y de toda sociedad. No sé si nos damos cuenta de la importancia que tiene la diferencia de sexos. ¡Claro que hay amor en las parejas homosexuales!, pero es un amor más frágil porque no es complementario y no lo podemos poner como base para la construcción de una sociedad.

MARTACM

Homosexualidad (VI): ALCANZADO POR LA MISERICORDIA DE DIOS

(HOMOSEXUALIDAD – VI)

Rubén García es un mejicano, huérfano de padre, que se crió con sus tíos mientras su madre trabajaba para afrontar los gastos de su pequeña familia. Los tíos eran católicos y le proporcionaron una niñez feliz, sana, y cercana a Dios. Empezaron a gustarle los niños desde los diez años.

Rubén García, autor de un libro titulado “Un homosexual alcanzado por la misericordia de Dios”.

Rubén García, autor de un libro titulado “Un homosexual alcanzado por la misericordia de Dios”. Rubén cuenta con el respaldo de su Obispo y da numerosas charlas sobre homosexualidad en todos los ámbitos (formación del clero, pastoral familiar, universidades, etc.). Hay varios vídeos suyos en Internet que pueden consultar en Youtube. El lobby gay ha criticado mucho la charla en la que propone algunas estrategias para prevenir la homosexualidad.

Quiso ser sacerdote, pero su madre le dijo que prefería verle casado y con hijos. La decepción de no verse apoyado en la decisión de entrar en el seminario, el conflicto interno que le planteaba su homosexualidad, y el hecho de que sus tíos se fueran a vivir a los Ángeles (EE.UU), le convirtieron en un joven muy protestón, desconsiderado y desobediente con su madre.
A los 15 años se marchó de casa y buscó trabajo en un bar frecuentado por homosexuales y prostitutas. Allí inició su transformación: maquillaje, ropa provocativa, múltiples parejas homosexuales, consumo habitual de pornografía y prostitución.
Cuando iba a iniciar la terapia hormonal, otro gay le aconsejó ir a un centro de prostitución donde podría ganar mucho dinero para completar rápidamente su tratamiento pero – cosas de Dios que, según Rubén, cuidaba su cuerpo en medio de todo –, aunque había decidido irse a ese lupanar en Cuernavaca (Méjico), acabó en Los Ángeles. Allí se sumergió en la cultura y el ambiente homosexual más elitistas (discotecas, viajes, los hombres más guapos, dinero, etc.)
Cada vez que Rubén regresaba a la tranquilidad de su casa, le daba por pensar. Aunque vivía un festín sensual diario, no era feliz. Un día se acercó a una iglesia, le confesó su vida y su angustia a un sacerdote y éste le recomendó que se hiciera la prueba del SIDA. En quince días supo que era seropositivo. Desesperado, corrió hasta una Iglesia y, de rodillas ante un crucifijo enorme, para estupor de los presentes, le gritaba una y otra vez: “¿para qué vivir, luchar o soñar? Estoy enfermo y pronto moriré”.
La idea del suicidio se fue apoderando de él y, una vez en su casa, cuando enfrentó la decisión de ponerle fin a todo, escuchó la voz de Jesús en su corazón que le decía: “hay mucho por lo que vivir, mucho que disfrutar, tengo grandes y maravillosas cosas reservadas para ti”.
Gracias a esa experiencia, empezó a retirarse del ambiente gay y se acercó a los grupos cristianos de renovación carismática, donde acabó predicando en retiros y campamentos de crecimiento espiritual sobre su experiencia con el SIDA. Cuando se supo que era homosexual, muchos le rechazaron.
Este repudio de la comunidad cristiana, provocó en Rubén una crisis de fe importante: “¿de qué me sirve entregarme a ti, Señor, si todos me rechazan en tu Iglesia?”. Se alejó de la comunidad cristiana y de nuevo quiso morir.
En el momento de mayor desesperación, volvió a escuchar la voz de Jesús en su corazón: “mi pequeño, ellos son lo que te juzgan y condenan. Yo no. Yo te quiero, voy en una cruz porque te amo.” Tomar conciencia del amor incondicional de Dios y de la posibilidad de ser instrumento de su amor y salvación, dio un nuevo sentido a la vida de Rubén. Actualmente vive su condición homosexual en castidad como miembro activo de Courage Latino, reconoce seguir luchando con su homosexualidad día a día y afirma no consumir pornografía desde hace ya siete años.

Courage Internacional fue fundado en 1980 por el Padre John Harvey en la archidiócesis de Nueva York.
Es un apostolado de la Iglesia Católica para brindar atención espiritual a las personas que viven una condición de atracción al mismo sexo (AMS) y que buscan vivir en castidad mientras encuentran un sentido a su vida. Esta organización está reconocida por el Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede.
Courge Latino fue fundado en el año 2002 por el P. Buenaventura Wainwright, sacerdote benedictino de la diócesis de Cuernavaca, es el brazo hispano de Courage International y goza del reconocimiento de la Conferencia Episcopal Mexicana

 

Homosexualidad (V): LOBBY GAY

(HOMOSEXUALIDAD – V)

El Papa NO ha retirado la invitación que la Iglesia hace – también a estas personas – para vivir en castidad. Cuando dijo aquello de “si una persona es gay, y busca al Señor, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?” (Francisco, a los periodistas en el avión de regreso a Roma tras la JMJ Brasil 2013), en realidad, nos recordaba que Dios es el único capaz de juzgar el corazón del hombre sin riesgo de condenar a inocentes.

Fiesta del orgullo gay, Madrid 2013

Fiesta del orgullo gay, Madrid 2013

Justo antes de pronunciar esas palabras había dicho: “se debe distinguir entre el hecho de ser gay y el hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno” (Ib).
La actividad lobista consiste en negociar y presionar (“convencer” le dicen ellos) para conseguir que se aprueben leyes favorables a una agrupación concreta – casi siempre de empresas -, y que no se aprueben o se modifiquen las que le perjudican.
Si consideramos el tráfico de capital e influencias al que da lugar esta actividad (corrupción a la postre), los eufemismos, medias verdades y falsedades reiteradas que se difunden para enmascarar ciertas realidades, la voracidad de los intereses particulares que mueven los hilos del lobby, la opacidad pretendida y su consigna de que “cualquier medio es bueno si sirve a la consecución de mi objetivo”, resulta evidente que casi todos los lobbies (por no decir todos) son perversos.
En concreto, la acción del lobby gay no da respuesta a los anhelos profundos de los homosexuales (identidad, proyecto de vida, etc.). Los debates televisivos que promueve, las fiestas del orgullo gay, la erotización de la publicidad en general, las campañas anticonceptivas, la iniciación precoz de los jóvenes en la sexualidad, las reivindicaciones relativas al cambio de sexo, el matrimonio o la adopción, sirven en realidad al interés del poder político y de ciertas empresas.
La inmensa mayoría de los homosexuales no quiere adoptar. Tampoco quieren comprometerse a vivir la fidelidad, en exclusiva, con su pareja. De hecho, aunque algunas parejas con este perfil (escasas) conviven desde hace más de 20 años, en llegando el fin de semana se arreglan y salen a divertirse buscando relaciones sexuales por separado.
Este lobby recurre al relativismo ideológico y moral para hacerse un hueco en la opinión pública (mi idea es tan válida como la tuya), logra fundamentar sus derechos apelando tanto a la condición homosexual (hoy aplaudida), como en la libertad sexual absoluta (verdadera quimera), y se empeña en presentar a la Iglesia Católica como contraria a los homosexuales, lo que provoca que muchos artistas gays, produzcan obras que caen directamente en la blasfemia, y que buena parte de la comunidad homosexual incurra continuamente en la provocación agresiva.
En contraposición a esta forma de proceder, Dios invita a afrontar la realidad con honestidad (¿de qué sirve engañarse?). Siguiendo esta enseñanza divina, la Iglesia Católica nunca ha dicho que las personas homosexuales sean pecadoras por ser homosexuales; diferencia claramente entre el ser y el hacer, lo que equivale a reconocer la existencia de la libertad humana; mantiene imperecedera su invitación a buscar la verdad; combate la ignorancia y la injusticia sin promover la lucha de sexos ni de ningún otro tipo; fomenta una moral social basada en valores fundamentales y – cosa realmente esperanzadora – admite muchos caminos hacia la santidad, muchas vocaciones.

Palabras de una mujer que revolucionó las redes sociales el año pasado, cuando contó, en los blogs de CatholicsSistas.com, su testimonio de “lesbiana, casta pero no célibe, con marido e hijos y felizmente católica”: La homosexualidad es una patología compleja que tiene causas biológicas (1) psicológicas y espirituales. Sólo Dios sabe cuánto, por qué y cómo una persona experimenta atracción por el mismo sexo (AMS)”
“Es difícil encontrar hoy una persona que no esté herida en un aspecto u otro de su sexualidad. Pero para curarnos, primero hemos de admitir que estamos enfermos. La mayoría, incluso entre católicos, no quiere admitir que la AMS es un desorden. En el pasado, los que sufrían esta aflicción eran víctimas de prejuicios y violencia. Ahora nuestros pecados se aplauden como si fueran una expresión de nuestro yo más auténtico. Pocos saben ofrecer la verdad con amor, como Jesús hacía. (Religión En Libertad, 17 de abril de 2012)

(1) – No está demostrada ni la predeterminación biológica, ni la existencia del gen gay.

Homosexualidad (IV): ULTIMAS PINCELADAS TEÓRICAS

(HOMOSEXUALIDAD – IV)

Les puedo asegurar que antes de empezar a escribir sobre este tema, he preguntado, buscado y leído hasta la saciedad. El asunto me resulta pesado, difícil, enmarañado, pasto de la ideología y, en el fondo, bastante indiferente.

En mi lista de prioridades no está la de defender los derechos homosexuales. Ellos, al menos, tienen derecho a nacer, a ir a la escuela, a elegir marido o a desarrollarse profesionalmente sin verse obligados a elegir entre sus hijos y la independencia económica. Cosa que no sucede, por poner un ejemplo igual de contemporáneo, con las mujeres. Sin embargo, y sea dicho de paso, si se les negara el acceso al trabajo o la vivienda en propiedad por su condición homosexual, tendrían mi apoyo detrás de las pancartas.

Me he propuesto el reto de escribir sobre esta cuestión para contrarrestar la presión mediática del lobby gay y la confusión que ha logrado sembrar en la sociedad. También entre los católicos.

Cuando todo el mundo tiene algo que decir al respecto, no es sencillo distinguir la paja del grano en los diferentes discursos. Cuando las disciplinas que estudian la conducta sexual humana la califican de plural y compleja; que desafía clasificaciones simplistas; que, de antemano, en este campo, es muy arduo delimitar los conceptos de normalidad y anormalidad porque su distinción es un tanto arbitraria, presupone juicios de valor y lo insólito y atípico varía según las culturas y/o el paso del tiempo, una tiende a pensar que vivimos en un mundo de locos donde nadie quiere quedar mal señalando la iniquidad.

Será por eso mismo que la moral católica estorba. Es la única que ejerce como conciencia del mundo y nos recuerda que el mal objetivo existe y es universal. Malo aquí, en Francia, en EE.UU y en Polinesia; malo ahora como en el pasado y dentro de mil años; dañino para creyentes y ateos.

En el catecismo de la Iglesia Católica encuentro – una vez más – el planteamiento más honesto, claro, delicado y esperanzador, a la par que conciso, sobre la homosexualidad. Finalizo las consideraciones teóricas relativas a este contenido, trasladándoles sin más lo que dice:

Nº 2357: la homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (…)”.

Nº 2358: un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

Nª 2359: las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.”

Homosesualidad 5

Mito 3 acerca de la homosexualidad:La oposición al homosexualismo es una idea nueva. Esto es falso. Cuando algunos segmentos de la sociedad griega antigua comenzaron a practicarla, el gran legislador persa Hamurabi declaró que era “una mancha de la que ningún hombre podía limpiarse.”

En la antigua Roma era consentida sólo para  los varones  que asumieran una actitud activa en las relaciones sexuales, pues en tal caso se interpretaba como gesto de dominación masculina. El papel pasivo quedaba reservado para los esclavos y el lesbianismo fue considerado una aberración. Estas circunstancias demuestran su devaluación como conducta.

El Corán y el Hadiz contienen condenas expresas de los actos sexuales entre personas del mismo sexo. La tradición judeo-cristiana, cuyos principios fueron la base sobre la que se fundaron los Estados occidentales, ha condenado el homosexualismo como una abominación ante Dios. (www.Aciprensa, Mitos acerca del homosexualismo y otras fuentes)