AFERRADOS A LA ESPERANZA (Hijos de un divorcio V)

Si uno lo piensa, los adultos en fase de separación matrimonial se desahogan pronunciando monólogos interminables frente al hermano, amigo o pariente que les resulta más accesible. Todos hemos escuchado alguno. divorcio

Pero los niños y adolescentes (hijos de esos adultos) no hablan con nadie sobre lo que sienten porque: 1º- no entienden el problema (todos evitan explicárselo), 2º- no saben identificar sus emociones y temores, 3º- no son capaces de verbalizar sus pensamientos; como mucho anuncian eso de: “mis padres se separan”.

Es dramático comprobar, otra vez, cómo los más inocentes son los que casi nadie oye. ¿Cómo gritar si no les damos voz ni voto?

Por si los datos empíricos aportados sobre el impacto del divorcio en los hijos no fueran argumento suficiente, he señalado los intereses económicos, ideológicos y políticos subyacentes a los argumentos divorcistas, he tasando el peso real de los sentimientos dentro de la institución matrimonial y finalmente, he mostrando la retorcida paradoja que sustenta la cultura del divorcio, lo de “te amo, pero si me conviene algún día te dejaré”.

Confío en haberos sido útil durante el análisis hecho de esta realidad. El paso que sigue es preguntarse: “¿qué puedo hacer al respecto?” Mientras os contestáis a vosotros mismos y decidís la acción concreta que Dios os pide para transformar esta dolorosa sustantividad, yo me retiro del escenario de vuestros pensamientos…

En el bis por cortesía que todo público pide, aprovecho a proponeros un mensage lleno de esperanza: “no tenéis ni idea de lo importantes que sois. Así que, ante todo, ¡sobrevivid JUNTOS! Cuidaos siempre el uno del otro y a vuestros hijos.

Dios quiere que seamos felices en familia, pero ¡atención! la verdadera felicidad no es la que se pasa al día siguiente, como sucede cuando estrenamos, p.e., un pantalón chulísimo. La verdadera felicidad pasa por comprometerse de forma tajante con las cosas que merecen la pena: vuestro esposo/a, vuestros hijos, vuestros padres, el derecho a trabajar, la justicia, etc.

¡El amor inconcidional existe! Dios os ama así, categóricamente. Permitíos vivir esta experiencia y compartid este tipo de amor con quienes más os importan. Pero dadlo aunque os parezca que el otro no lo merezca. Parte del amor siempre es inmerecido.  Este amor irradia tanta luz, alegría y belleza, que sin daros cuenta acabaréis compartiéndolo con el resto de los hombres.

Cierto que muchos niños nacen y viven en el mundo donde son maltratados y explotados de todas las formas posibles. La injusticia originada por el pecado de los adultos se los cobra como primeras víctimas de casi todo.

Sin embargo, las capacidades del ser humano son tantas, la dignidad que le ha sido conferida por su Creador es tal, que sólo nacer entre algodones mullidos por el amor esponsal hace justicia a su valor. Por eso, aunque Dios podría crear nuevos hombres y mujeres del barro o de la nada, se abstiene de hacerlo si no tiene la colaboración de un padre y una madre.

Cuando un matrimonio cristiano le dice a Dios que no quiere las complicaciones derivadas de tener hijos, demuestra que ni se huele los dones que se niegan en cada hijo presente o futuro; que no valora suficentemente la confianza que Dios pone en ellos cuando les otorga la responsabilidad de criar y educar a “sus pequeños”. Para ser consecuentes con esta vocación, merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en garantizar y fortalecer el vínculo matrimonial.

MartaCM

 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.” (Mateo 18:5)
Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. (Mateo 18:6)

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