Nace María, Madre de Dios

DIOS SE ESMERA EN ELEGIR A SU HIJA, ESPOSA Y MADRE. Y LA VIRGEN SANTA, LA MUY ALTA SEÑORA, LA CRIATURA MÁS AMADA POR DIOS, CONCEBIDA SIN PECADO ORIGINAL, VINO A NUESTRA TIERRA y CON SU NACIMIENTO SURGIÓ EN EL MUNDO LA AURORA DE LA SALVACIÓN

La Iglesia celebra hoy, la Natividad de la gloriosa Virgen María, cuya vida incomparable ilumina toda la Iglesia. Natividad de Santa María Virgen, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Judá, del real linaje de David.

El Nuevo Testamento no dice nada del lugar ni de la fecha del nacimiento de la Virgen María. Tampoco de quienes eran sus padres, ni de las circunstancias de su nacimiento. Las referencias más antiguas se encuentran en los evangelios apócrifos.

En el Protoevangelio de Santiago, escrito en el siglo II, los padres de María se llaman Joaquín y Ana. Ana era estéril. Joaquín afligido por el rechazo social al no tener descendencia, se retira al desierto donde ayuna 40 días. Ana reza a Dios lamentándose de su infertilidad. Un ángel se presenta ante ella y le dice que concebirá y dará a luz. Enseguida el ángel le comunica la noticia a Joaquín.

Así el nacimiento de María se presenta como milagroso. Relatos análogos se encuentran en el Evangelio de la Natividad de María, en el pseudo-Mateo, y en el Evangelio armenio de la infancia.

Esta fiesta, como la de la Asunción, tiene su origen en Jerusalén. Comenzó en el siglo V como la fiesta de la basílica «Sanctae Mariae ubi nata est», emplazada en el supuesto lugar donde nació María, actualmente la basílica de Santa Ana.

BASILICA DE SANTA ANA EN JERUSALEN

La iglesia original se construyó sobre un lugar al lado de la piscina probática donde una tradición bizantina afirmaba estaba la casa donde nació la Virgen. La fiesta de la consagración de esta iglesia fue el 8 de septiembre. En el siglo VII, la fiesta se celebraba por los bizantinos y en Roma como la fiesta del nacimiento de la Bienaventurada Virgen María y celebrada desde el papado de Sergio I.

En el año 722, el Papa Gregorio II, instituyó la vigilia de la Natividad de nuestra Señora. En 1243 Inocencio IV instituyó la octava. La fiesta también se celebra por los cristianos sirios el 8 de septiembre y por la mayoría de las comunidades anglicanas.

Otras tradiciones localizan el nacimiento de María en Nazaret, Belén y Séforis (Galilea). El apócrifo del siglo IX Libro sobre la Natividad de María, atribuido falsamente a San Jerónimo afirma que María nació en Nazaret. Tesis también defendida por Epifanio el Monje

San Juan Crisóstomo y San Cirilo de Alejandría afirmaban que tanto la Virgen María como San José habían nacido en Belén.
Otra teoría afirma que nació en Séforis pues el emperador Constantino construyó una iglesia allí por ser el lugar donde vivían los padres de la Virgen.

Los mejores artistas de todos los tiempos han sabido representar con espiritual elegancia el misterio de la Natividad de María.

DIOS NO QUISO DECIRNOS NADA SOBRE EL NACIMIENTO DE MARIA Y LO ACEPTAMOS CON HUMILDAD

LA CURIOSIDAD POR SABER

No se trata en esta fiesta del nacimiento de Jesús; tampoco hablamos de la Inmaculada Concepción de la Virgen; hablamos del nacimiento de la que habría de ser la Madre de Dios ocurrido nueve meses después. La Iglesia quiso destacar esta fiesta mariana, dentro de sus celebraciones, y la situó en el 8 de septiembre.

Los cristianos, enamorados, han mostrado siempre una curiosidad razonable a la hora de conocer detalles en torno al nacimiento de la Señora; han estudiado, investigado, escrito y predicado sobre su nacimiento; pero, como los datos aportados sobre santa María por los evangelistas son parcos porque lo que les interesa es transmitir los dichos y los hechos de Jesucristo, no se sabe nada de él.

Los santos indagaron sobre la Natividad de la Virgen: Epifanio, Juan Damasceno, Germán de Constantinopla, Anselmo, Eutimio, etc., y quieren abundar los teólogos medievales y los mariólogos posteriores. Pero, a falta de datos revelados, solo se llega a un «posible» por parecer verosímil.

El resultado de tanto esfuerzo es que Dios no quiso decirnos nada sobre la Natividad de la Señora. Y lo aceptamos con humildad.

LOS APOCRIFOS

Sí se puede hacer un paseo por los evangelios apócrifos, nunca oficiales y jamás reconocidos; son libros pletóricos de divagaciones e inexactitudes, llenos de figuras, amantes de lo maravilloso y plenos de imaginación. Acerca de la Natividad de María es conveniente el recurso al Evangelio de Santiago que fue el que consiguió entre los apócrifos mayor difusión.


SUS PADRES, ANA y JOAQUIN

HAN PREVALECIDO LOS NOMBRES DE JOAQUIN Y DE ANA.

Sobre sus padre, claro que algún nombre habían de tener; los que han prevalecido fueron los de Joaquín y Ana; pero no es seguro. Los apócrifos hablan de que eran estériles, de sangre real y muy ricos. Claro que todo esto, antes de concederlo, es buena cosa matizarlo.

¿Estériles?

Que fueran piadosos y santos parece que es bueno y justo concederlo por el modo habitual de obrar Dios. Pero la idea difundida de que eran ancianos y estériles carece de fundamento revelado y quizá se expuso para resaltar la maravillosa intervención divina al estilo de Isaac o del Bautista. Un asunto solo posible.

¿De sangre real?

Que Jesús es de la estirpe de David es cierto por el testimonio de los evangelios de verdad y porque en él se cumplieron las profecías. Pero la conexión con la familia real davídica de igual modo le pudo venir a Jesús por línea materna, como por el matrimonio verdadero de María con José, que era el padre legal de Jesús.

Desde luego, las genealogías a quien mencionan es a José; otra cosa es que se preste atención a la opinión que afirma la costumbre que tenían los jóvenes de contraer matrimonio con miembros de la misma tribu y hasta de la misma familia.

¿Tan ricos como para llegar a pagar el doble de los impuestos?

Parece que esta sugerencia contrasta con el hecho de la pobreza real sufrida en Belén al nacer Jesús donde no tuvieron ni un pariente, ni una casa. La riqueza que dejó David nueve siglos antes fue la promesa del Mesías, y el hecho de casarse María con un artesano parece contradecir la suposición de potentados a los padres de la Virgen.

Por este capítulo, parece que hay que afirmar que la supuesta riqueza de los padres de Joaquín y Ana más que una realidad, es un deseo. (A no ser que se sugiera de modo figurado otro tipo de riqueza: la sobrenatural.)

¿FUE SU HERMANA LA MUJER DE CLEOFÁS?

María la de Cleofás

Con respecto al resto de la FAMILIA, parece que el evangelista san Juan quiso dar algún dato en el que se apoyaron elocuentes predicadores y sabios escritores para afirmar que la Virgen tuvo una «hermana», la mujer de Cleofás.

Pero, a pesar de la claridad de la afirmación joánica,: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María, la Magdalena”. (Juan 19,25) no está tan claro el asunto de su parentesco con la Virgen.

Es cierto que la afirmación del evangelista puede interpretarse como que fuera hija de Joaquín y Ana, y entonces fuera hermana de sangre de la Virgen; pero ¿no resulta algo extraño que llevaran dos hijas el mismo nombre –María–, dentro de la misma familia?

También pudiera interpretarse el dato evangélico como hermana «política» y, en ese caso, Cleofás sería un hermano de sangre de María, hijo de Joaquín y de Ana, o también sería posible que Cleofás fuera hermano de José, o que ella misma lo fuera. O que haya que interpretarse el término “hermana”, simplemente como pariente. El resultado es: inseguridad.

¿CÓMO FUE CONCEBIDA MARIA?

Fue concebida de modo natural y era la pregunta que se hacían muchos por aquello de que su concepción fue Inmaculada, es decir, sin el pecado original. A falta de otro dato, queda afirmar que fue concebida de modo natural, que es lo previsto, querido por Dios y hecho santificador en la vida de los esposos.

Atreverse a afirmar que fue concebida mediante «un ósculo de paz» responde a torcida y equivocada concepción del matrimonio, con resabios maniqueos.

Decir, afirmando, que nació «en altísimo éxtasis» de santa Ana no pasa de ser ficción y no tiene sentido asegurarlo como muy probable, aunque se haga con el intento de enseñar que fue parida sin dolor.

Los teólogos quisieron saber más. Pensaron –sesudos ellos– en asuntos profundos sobre la situación del alma de la Virgen cuando nació: ¿tuvo, o no tuvo, pleno uso de razón?, y ¿ciencia infusa?, y ¿plena libertad?, y ¿fue confirmada en gracia desde su nacimiento, o solo desde la Anunciación?

¡Sutilezas de enamorados ansiosos de saber más para amar mejor! Sí que es dogma –y por tanto verdad– que «llena de gracia» afirma plenitud: virtudes infusas, dones del Espíritu Santo, ausencia de pecado original, y tanta gracia que ni los ángeles, ni ningún santo llegó a poseer por estar en dependencia del amor a Dios y unión con Él.

¿DONDE NACIO?

Aún seguían preguntando los curiosos por el ubi, en el intento de conocer lo más posible sobre el nacimiento –Natividad– de la Madre de Dios: ¿Dónde nació? Los santos padres antiguos se inclinaban por Jerusalén, por aquello de que es la ciudad del Templo. Otros dijeron que Nazaret, el lugar de la Anunciación, donde vivió. Alguno habló de Séforis.

Sin saber lugar concreto, todos miramos a Oriente donde esa estrella nació y donde, probablemente, fue atendida por las mujeres vecinas y parientes que la lavaron en agua caliente, la frotaron con sal, la perfumaron con hierbas y la aseguraron con vendas según la usanza habitual, sin saber que el misterio les rondaba en aquella labor feliz y normal.


LA AURORA DE LA SALVACION

Nacimiento de María

Muchos siglos habían pasado desde que Dios, en los umbrales del Paraíso, prometiera a nuestros primeros padres la llegada del Mesías. Cientos de años en los que la esperanza del pueblo de Israel, depositario de la promesa divina, se centraba en una doncella, del linaje de David, que concebirá y dará a luz un Hijo, a quien pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros ( Is 7, 14).

Generación tras generación, los piadosos israelitas esperaban el nacimiento de la Madre del Mesías, aquella que ha de dar a luz .

A la vuelta del exilio en Babilonia, la expectación mesiánica se hizo más intensa en Israel. Una ola de emoción recorría aquella tierra en los años inmediatamente anteriores a la Era Cristiana. Muchas antiguas profecías parecían apuntar en esa dirección. Hombres y mujeres esperaban con ansia la llegada del Deseado de las naciones.

A uno de ellos, el anciano Simeón, el Espíritu Santo había revelado que no moriría hasta que sus ojos hubieran visto la realización de la promesa .Ana, una viuda de edad avanzada, suplicaba con ayunos y oraciones la redención de Israel. Los dos gozaron del inmenso privilegio de ver y tomar en sus brazos a Jesús niño.

Incluso en el mundo pagano —como afirman algunos relatos de la antigua Roma— no faltaban señales de que algo muy grande se estaba gestando. La misma pax romana , la paz universal proclamada por el emperador Octavio Augusto pocos años antes del nacimiento de Nuestro Señor, era un presagio de que el verdadero Príncipe de la paz estaba a punto de venir a la tierra. Los tiempos estaban maduros para recibir al Salvador.

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos ( Gal 4, 4-5). Dios se esmera en elegir a su Hija, Esposa y Madre.

Nació en medio de un profundo silencio. Dicen que en otoño, cuando los campos duermen. Ninguno de sus contemporáneos cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Sólo los ángeles del cielo hicieron fiesta.

De las dos genealogías de Cristo que aparecen en los evangelios, la que recoge San Lucas es muy probablemente la de María. Sabemos que era de esclarecida estirpe, descendiente de David, como había señalado el profeta hablando del Mesías — saldrá un vástago de la cepa de Jesé y de sus raíces florecerá un retoño ( Is 11, 1)— y como confirma San Pablo cuando escribe a los Romanos acerca de Jesucristo, nacido del linaje de David según la carne ( Rm 1, 3).

Con razón la liturgia pone en labios de María unas frases del Antiguo Testamento: me establecí en Sión. En la ciudad amada me dio descanso, y en Jerusalén está mi potestad ( Sir 24, 15).

Hasta que nació María, la tierra estuvo a oscuras, envuelta en las tinieblas del pecado. Con su nacimiento surgió en el mundo la aurora de la salvación, como un presagio de la proximidad del día. Así lo reconoce la Iglesia en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora: por tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a todo el mundo: de ti nació el Sol de justicia, Cristo, Dios nuestro (Oficio de Laudes).
El mundo no lo supo entonces. Dormía la tierra.

Y la Virgen santa, la muy alta Señora,
la criatura más amada por Dios,
concebida sin pecado original, vino a nuestra tierra.

MIQUEAS 5, 1-4

HASTA QUE DÉ A LUZ LA QUE DEBE DAR A LUZ

“Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra. Él mimo será la paz”

ROMANOS 8, 28-30
A LOS QUE AMAN A DIOS TODO LES SIRVE PARA BIEN
“Sabemos que, a los que aman a Dios, todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó”.

SALMO 12: DESBORDO DE GOZO CON EL SEÑOR

SAN MATEO 1,18-23

“La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarle en privado.
Pero, apenas había tomada esta resolución, se la apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvara a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: “Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: “Dios-con-nosotros”.

FELICITACION-ALEGRIA-IMITACIÓN
(Cuadro de Murillo)

 

Tres sentimientos llenan hoy nuestro corazón al contemplar el nacimiento de María:

¡FELICIDADES!

Es una fiesta de Familia. Hay que acercarse a felicitarla y, a felicitarnos todos con ella. Los viejos cristianos de Roma, siguiendo la costumbre de sus hermanos cristianos de Oriente, encendían antorchas, marchaban en procesión presididos por el papa, a la iglesia de Santa María la Mayor, mientras cantaban letanías suplicantes rebosando cariño y amor de hijos.

ALEGRIA.

“Tu natividad, Virgen Madre de Dios, es anuncio de gozo para el universo mundo”, canta la Iglesia. Gozo para la tierra porque nuestra redención alborea. Pronto nacerá el Salvador. Clarea el día. Amanece.

También se alegran los cielos. Con María, la tierra empezó a parecer hermosa a los moradores del cielo. Es el gozo que sintió Dante al llegar al paraíso y detenerse a contemplar a María. “Vi en ella tanta alegría, escribe, que la derramaba a todos los santos espíritus creados para vivir en esas alturas”.

La liturgia nos invita a saltar de júbilo: “Se alegre tu Iglesia, Señor, y se goce en la natividad de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación”..

Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

IMITACION.

Alegría, confianza, en el nacimiento de la Virgen. Pero también imitación. María nace para Dios, vivirá sólo para él; nace para ser la esclava del Señor; ella es “la plena entrega de sí en su más alta y total generosidad” (Pío XII).

María nos congrega en el día de su cumpleaños y nos dice con palabras de los Proverbios: “Hijos, escuchadme. Felices los que siguen mis caminos. Dichoso el hombre que me escucha. Quien me alcanza, alcanza la vida” (Proverbios 8,32).

El amor hacia ella, nos hará vivir en esta fiesta lo que escribía San Bernardo a su amigo Guillermo de Saint-Thierry: “Tu carta me llegó en la mañana de la Natividad de la Virgen. Y el amor que siento por ella me absorbió de tal forma, que no me dejó lugar a pensar en otra cosa”

GRACIA Y PAZ

Es lo que pedimos en la oración colecta de la fiesta de hoy: Concede, oh Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento.

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