Prendimiento de Jesús

Procesión de Jesús Cautivo.

Organiza: Cofradía Entrada de Jesús en Jerusalén Salida procesional: 20.30 Desde la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, calle Capitán Gaona nº 2

Recorrido: Calle Capitán Gaona, Avenida de Viana, Rodríguez Paterna, Plaza Amós Salvador, San Bartolomé, Caballerías, Herrerías, Travesía de Palacios, Marqués de San Nicolás, Avenida de Viana, Capitán Gaona, hasta la Residencia Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars.

 Jesús Cautivo

PRENDIMIENTO DE JESÚS

Era de noche, muy entrada la madrugada. No quieren los conspiradores la luz del día, quieren la sorpresa, como si pudiesen sorprender a Jesús, que les espera consciente del peligro y entregándose a él.

Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. De poco les han servido sus promesas de dar la vida. Eran capaces de morir matando, pero no de sufrir la injusticia con paciencia y humildad. Todo permanecía oculto ante sus ojos, pues se trataba de un sacrificio, del sacrificio de la nueva Ley, esa que han aprendido en teoría y ahora están aprendiendo en la práctica. Es la lógica del amor sin límites, del amor puro, y ellos no la entienden. Jesús está solo.

Los apóstoles y hasta Judas, se dispersan cuando prenden a Jesús. La comitiva se aleja: el preso será llevado ante el Sanedrín, o al menos parte de él, durante la noche, y por la mañana temprano, lo llevarán ante el gobernador romano.

Judas, ve a sus acompañantes, que golpean a Jesús y lo maltratan; también ve como huyen sus antiguos amigos y compañeros, casi hermanos en otros tiempos. Judas Iscariote está solo. Providencia de Dios es que no se encuentre con sus antiguos amigos, los discípulos de Cristo, pues quizá no hubiesen podido contenerse, y entonces no es impensable que corriese su sangre. Pero un extraño miedo les ha dispersado a todos. No conocían las tinieblas y la fuerza de la tentación diabólica que ahora muestra todo su poder limitado, pero terrible.

Sus nuevos amigos también le abandonan. Lo han usado, les ha servido, y le abandonan. Es lógico, pues ¿quién va a confiar en un traidor? Conocido es que quien traiciona una vez, ciento puede reincidir. Las alianzas de los perversos duran el tiempo que les atan sus intereses; después se desatan incluso con odios antes inexistentes. Y Judas está solo.

Solo, pero con la voz de la conciencia que parecía acallada por la intensa actividad de las últimas jornadas y las justificaciones que ha ido elaborando en los tiempos de su vocación malvivida. Ahora, en el silencio de la noche nada puede acallar el grito potente de la voz de Dios que grita desde lo hondo: “Has entregado al Inocente”. Con fuerza vendrían a su memoria las delicadezas de Jesús con él, el perdón repetido, los milagros, la sabiduría, su mirada fuerte y amorosa. Además… incluso al final le dijo “Amigo”.

Sí, es cierto, en toda su vida Jesús ha sido el único Amigo, el que más le ha querido de verdad; ¿Con qué moneda le ha pagado? con la traición. Y el horror de su acción se hace evidente a sus ojos.

En estas idas y venidas siente el dinero, las treinta monedas de plata en su cinto. Y se desvela más aún su conciencia: Has entregado y vendido al Inocente. Su culpa se le presenta ahora clara ante los ojos, pero unida a la desesperación.

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, Arrepentido, devolvió a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos las treinta monedas de plata, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. La verdad está en las palabras de Judas. Y recuerda, que le engañaron diciéndole que juzgarían a Jesús con equidad y quizá se desvelaría si realmente era el Mesías o no. Se puede deducir esto ya que el precio de la traición es simbólico. Quizá Judas se engañaba a sí mismo diciéndose que estaba colaborando a aclarar de una vez por todas la mesianidad de Jesús. Pero al ver al Señor condenado la misma madrugada contra toda justicia en una parodia de juicio amañando, se le quita toda venda de los ojos.

Y se arrepintió… pero sin esperanza. La respuesta de los que debían ser los religiosos en Israel debió ser como un puñal en su alma: “¿Qué nos importa a nosotros? Tú verás. Y vio la mirada torva, sonriente, de engaño triunfante, y se sintió duramente humillado. Entonces, él arrojó las monedas al templo y se ahorcó.

Duro es seguir a Judas hasta el campo situado fuera de la ciudad. Era aquel un lugar cercano al valle llamado Gehenna, valle de las basuras, lugar utilizado por Jesús para mostrar gráficamente lo que era el Infierno donde sufren los condenados: el lugar de las basuras que se consumen con un fuego que no se acaba. Con las monedas del precio de su pecado, las que entregaron a Judas y que después rehusó, se adquirió ese campo, y allí se ahorcó terminado así con su vida.

Y el hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, siendo de aquel modo como se llamó, campo de sangre, adquirido por los sanedritas y que en su hipocresía, , se dijeron: Con ese dinero, no es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.

En estos hechos, viene a la memoria lo dicho por Jesús sobre el traidor:”¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! más le valiera no haber nacido”. No se puede deducir de estas palabras la declaración de la condenación eterna, pero desde luego sí la destrucción de una vida de un modo horrible, y quizá la pena eterna.

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