San Martín de Tours, Obispo.

San Martín de Tours (Sanctus Martinus Turonensis en latín)

Nació en Szombathely, en la región de Panonia, actual Hungría en el año 316, en el seno de una familia de un oficial del ejército romano, seguramente Tribuno, siendo bautizado en el año 334. Pero pronto sus padres se fueron a vivir a Italia. Al ser hijo de un veterano del ejército, a los 15 años ya vestía también el uniforme militar.

Durante más de 15 siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: «Martín, hoy me cubriste con tu manto».

Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: «Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión». El general quiso darle varios premios, pero él le dijo: «Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales».

En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo.

Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: «fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma».

En un viaje a Milán, entró en contacto y se unió a un grupo de hombres que llevaban una vida de retiro, oración y ascetismo. Al poco tiempo fue expulsado de allí por el obispo Auxencio, seguidor de las doctrinas de Arrio.​ Entonces se trasladó a la isla Gallinara, frente a la costa de Génova, donde llevó una vida ascética con uno de sus compañeros.​

Ya, hacia el año 361, se enteró del regreso de Hilario y se trasladó de nuevo a Poitiers a su encuentro. El obispo Hilario le nombró diácono y presbítero.  Decidido a llevar una vida religiosa, se instaló en el cercano lugar de Ligure, donde levantó el primer monasterio conocido de Europa, permaneciendo en este durante diez años. ​

Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.

Su vida pastoral se caracterizó por la evangelización y la lucha contra las costumbres paganas. Perseguía las teorías del gnosticismo y maniqueísmo de Prisciliano. Cuando éste fue detenido, Martín acudió ante el emperador Magno Clemente Máximo para evitar que Prisciliano fuese sentenciado a muerte. Por otro lado, el obispo lusitano Idacio de Mérida era favorable a la ejecución, y se decidió que finalmente Prisciliano fuese ejecutado. Martín, afligido y enfadado por este hecho, rompió sus relaciones con Idacio. Más tarde tuvo que reconciliarse con él, cuando el emperador más importante de la época se lo exigió como condición a cambio de terminar con las ejecuciones de priscilianistas.​

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. Emprendió un viaje que le llevó a su pueblo natal, donde pudo convertir al cristianismo a su madre, pero no a su padre y a sus hermanos que eran paganos.

Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: «Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales».

Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia.

Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.

Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después sí al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: «Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual». Al emperador le agradó aquella explicación.

En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malas costumbres, dijo el santo cuando le aconsejaron que lo debía hacer castigar: «Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me traiciona?».

Con varios empleados oficiales tuvo fuertes discusiones, porque en ese tiempo se acostumbraba a torturar a los prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.

Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: «¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos, solos y desamparados?». El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: «Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehúso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar».

Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra.

El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir «medio manto» se dice «capilla», la gente decía: «Vamos a orar donde está la capilla». Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.

MUERTE Y GLORIFICACION

Tumba de San Martín de Tours en la basílica de Indre-et-Loire.

Muere en Candes, a unos 50 kilómetros de Tours. Era el 8 de noviembre del 397, tenía 81 años. Los de Poitiers y los de Tours se disputan su cuerpo, pero aprovechando un descuido de los de Poitiers, los de Tours trasportaron su cuerpo por las aguas del río Loira. Cuenta la leyenda que cuando su cuerpo remontaba el rio, los árboles y matorrales florecieron como en verano, de ahí procede el veranillo de San Martín. Fue enterrado en Tours el 11 de Noviembre, día de su fiesta.

Para dar cabida a sus restos se construyó la primera basílica en el año 470. En el siglo XI se construyó otra inmensa de cinco naves y más de cien metros de larga que sufrió ocho incendios y otras tantas reconstrucciones, hasta la Revolución francesa que la expolió, la saqueó y consiguió el derrumbe de sus bóvedas, quedando el edificio en ruinas, hoy sólo se conserva una majestuosa torre.

En el siglo VI, el obispo San Gregorio, logró hacer de la tumba del santo el mayor lugar de peregrinación de la Galia. Y se puede afirmar que “en todos los lugares donde se conoce a Cristo, Martín es conocido”.

En el siglo XVI, los hugonotes (protestantes), tan contrarios a las reliquias, en su locura iconoclasta quemaron los restos de San Martín. El mayordomo Saugeron pudo rescatar parte del cráneo y algunos huesos. El 4 de julio de 1925 se inauguró la nueva Basílica sobre la tumba original de San Martín y allí se veneran sus reliquias.

Monasterio San Martín de Albelda de Iregua.

El Monasterio de San Martín de Tours de Albelda, hoy en ruinas, estuvo situado en el término municipal de Albelda de Iregua, en la Rioja. (España).

Fue fundado por Sancho Garcés I de Pamplona y por su esposa Toda, en el siglo X en conmemoración de la conquista junto con Ordoño II de León de Nájera y Viguera en el año 923. Se cree que la comunidad asumió en sus inicios la Regla de San Benito, sin embargo, no puede ser afirmado rotundamente. Su primer abad se llamaba Pedro.

En 950 se decía que eran doscientos los monjes de Albelda, siendo registrado este mismo año el primer peregrino jacobeo conocido de la historia. Este fue Gotescalco, obispo de la ciudad francesa de Puy, que se detuvo en el monasterio en su ruta hacia Santiago de Compostela para que sus “amanuenses” le realizaran una copia de un libro de San Ildefonso de Toledo, discípulo de Isidoro de Sevilla, para recogerla en su camino de vuelta.

En el siglo XI, Sancho Garcés III el Mayor donó al cenobio entre otros el castillo de Clavijo.

En el año 976 el copista Vigila elaboró un detallado texto sobre los acontecimientos de la España cristiana conocido como Crónica Albeldense o Codex Vigilanus, compuesto por 430 folios de pergamino. Allí, en el folio 12, entre maravillosas imágenes miniadas, poemas, cánones con noticias de concilios y decretales pontificias, además de leyes civiles, aparecen, por primera vez en los registros conocidos, las entonces nuevas cifras, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9, que junto al 0 constituyen los caracteres numéricos que todavía continuamos utilizando. Y aparecen, como podemos observar en las correspondientes ilustraciones reproducidas en el libro, la mayoría bajo la misma forma en que las empleamos hoy, y con muy pequeñas diferencias en los casos de 2, 3, 4 y 5. Este es el registro más antiguo en Europa de estos nueve números de la base decimal.

Fue sede episcopal entre los años 1033 y 1092.

Entre 1167 y 1180 se convirtió en Colegiata, regida por la Regla de San Agustín.

En el siglo XII comenzó la decadencia del monasterio, hasta que en 1435 es unificada con la entonces Colegiata de Logroño, Santa María de La Redonda, en virtud de la bula del Papa Eugenio IV, siendo obispo de Calahorra D. Diego López de Zúñiga.

San Martin de Tours, iglesias en su nombre en La Rioja

San Martín es el santo titular de 3.700 iglesias en Francia, de 225 pueblos y de 14 catedrales. En nuestra Rioja son 26 los pueblos que tienen Iglesias por titular al santo: Albelda de Iregua, Alberite, Alesón, Anguciana, Bezares, Camprovín, Canillas, Cardenas, Casalareina, Cenicero, Corporales, Entrena, Fonzaleche, Gimileo, Hormilla, Nestares de Cameros, Nieva, Ortigosa de Cameros, Pazuengos, Peciña, Pradillo de Cameros, Sorzano, Sotés, Torrecilla de Cameros, Villanueva de Cameros,

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