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Catedral, sin lugar a dudas.

Es el primer templo de la diócesis de Córdoba, donde se encuentra la Cátedra del Obispo, y de ahí su nombre de Catedral. Es un templo de culto católico, desde hace ocho siglos, cuando el rey Fernando III el Santo entró sin sangre en la ciudad el 28 de junio de 1236 y mandó consagrar el templo, que había sido construido como mezquita, y se salvó de la destrucción por las buenas negociaciones del rey Fernando con los ocupantes musulmanes de la ciudad, que querían destruirla antes de entregarse.

Cuando llegaron los musulmanes en el año 711, el lugar ya era un lugar sagrado, porque en él se encontraba la antigua basílica de san Vicente mártir, que fue destruida para construir la mezquita musulmana.

En todo caso, el templo que hoy admiramos es una de las maravillas del mundo, que identifica a Córdoba con un simple golpe de vista. Es realmente un icono de nuestra ciudad. Es un templo construido en etapas sucesivas y muestra el esplendor de Córdoba en la época califal del siglo X. Es un templo que fue construido para mezquita y que los cristianos no han tenido ningún reparo en convertirlo en catedral, construyendo además en el siglo XVI dentro del mismo una nave central, donde el culto cristiano alcanza todo su esplendor.

Algo similar, pero al contrario, ha sucedido con la actual Mezquita de Damasco. Fue construida como iglesia católica en honor de San Juan Bautista y hoy es una de las principales Mezquitas del mundo musulmán. La historia de un lugar no es algo fijo e inamovible, sino que está sometido al fluir de la historia viva, y lo que antes era templo católico hoy es mezquita musulmana, y viceversa en Córdoba, lo que ayer fue mezquita hoy es catedral católica.

No hay ningún problema en reconocer la historia tal como ha sido y mostrarla en toda su verdad a los visitantes. El problema surge cuando se quiere borrar la memoria histórica, y al templo emblemático de Córdoba se le quiere atribuir hoy un destino y un culto musulmán. No hay problema en reconocer que los califas musulmanes de Córdoba echaron el resto al construir este templo para Dios, que es la joya de la ciudad de Córdoba. Pero es del todo inoportuno llamar hoy a este templo Mezquita, porque no lo es desde hace ocho siglos, y volver a llamarla Mezquita es confundir al visitante (para el residente, no hay tal peligro). Como sería igualmente inoportuno llamar Basílica de San Juan a la actual Mezquita de Damasco, o pretender allí tener un culto cristiano compartido con el musulmán.

Por eso, en el camino hacia la capital cultural de la ciudad de Córdoba, en el que todos hemos de sumar esfuerzos, uno de ellos no pequeño será el de llamar las cosas por su nombre. Y en este caso, llamar Catedral al templo emblemático de Córdoba, porque a día de hoy y desde hace ocho siglos es el lugar donde se reúne la comunidad cristiana en torno a Jesucristo, redentor del hombre, presidida por el obispo o por el presbítero que celebra sobre el altar y en todas sus naves los santos misterios de la redención cristiana. Llamarla simplemente Mezquita siembra por lo menos confusión, en algunos casos intencionada, y se presta a no saber de quién es y para qué sirve hoy este magnífico templo católico, en el que la comunidad católica de Córdoba tiene su referente y donde celebra diariamente los misterios de la fe cristiana, además de haberse ocupado durante siglos y siglos de su mantenimiento material. Pido y espero que en el mobiliario urbano, y en los carteles de información y promoción turística se llame por su nombre a nuestra Catedral de Córdoba.

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+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

 

InfoCatólica 28/05/2014. Ante la demanda de información de los ciudadanos de Córdoba, el Cabildo de la Catedral de Córdoba ha publicado un folleto con el objetivo de informar sobre la historia del templo y sobre la labor de conservación y ayuda social que realiza. De manera sencilla y gráfica, el folleto explica los argumentos históricos y jurídicos que desmontan la campaña de desinformación orquestada contra el Cabildo en los últimos meses.

Asimismo, se informa sobre las inversiones que realiza el Cabildo destinadas a la conservación y mantenimiento del templo (20 millones de euros en los últimos ocho años), así como los numerosos proyectos de ayuda social que se sufragan gracias a las aportaciones del Cabildo (16 millones de euros en los últimos ocho años).

Una larga lista de iniciativas benéficas de entidades como Cáritas, Misiones, Proyecto Hombre o la Casa del Transeúnte reciben el apoyo económico del Cabildo, que también dedica importantes recursos a la conservación de los templos en toda la provincia de Córdoba.

En el folleto se hace un recorrido por la historia del monumento, recordando que en el siglo VI se construyó el complejo de la basílica visigoda de San Vicente Mártir sobre los terrenos actuales; cómo en el 785 comienza a construirse la Mezquita y cómo en 1236, con la entrada de Fernando III, pasa a ser propiedad de la Iglesia Católica y se consagra como templo cristiano y posteriormente como Catedral en el 1239.

En el documento se recuerda que «toda la legislación española, europea e internacional sostiene que la propiedad del templo es de la Iglesia Católica desde hace más de setecientos años». Asimismo, el Cabildo «ha sido el responsable de mantener y proteger la riqueza cultural del templo durante casi ocho siglos y su gestión ha sido reconocida y premiada a nivel internacional por preservar uno de los monumentos más emblemáticos de Europa».

En este sentido, se afirma que «sin la labor realizada por el Cabildo en los últimos 775 años hoy no podríamos disfrutar del templo, un monumento que cada año es visitado por más de un millón de personas y que está abierto a todo el mundo».

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