Feliz Natividad del Señor

Año tras año, vamos viendo como las diferentes felicitaciones y otros mensajes para estos días tan señalados, pierden o se diluye casi todo su sentido y rememoración.

Como creyentes, nos ha causado curiosidad y asombro el hecho de ir despojando poco a poco, los símbolos y sentimientos de la más importante fiesta no solo del cristianismo. La hemos reodeado de elementos muy poco cristianos, adornos luminosos sin contenido, con todos mensajes de hacer costosos regalos, etc. Causa estremecimiento ver los contenidos en los elementos publicitados durante semanas, ahora ya meses, solamente para el logro de grandes beneficios económicos, con campañas comerciales ambiciosas pero que nada tiene que ver con el Espíritu del Mesías, ni con el Reino de Dios, como tampoco con la sana doctrina de nuestro Señor y Salvador, ni con la de sus apóstoles y la Iglesia.

Hemos dejado con inmensa alegría, la entrada a nuestras tradiciones y costumbres a “Santa Claus” o “papa Noel”, que más bien es un personaje creado para un anuncio de bebidas de cola famosa, todo vestido ahora de rojo y antes de verde, que dicen viene de algún lugar helado en el norte de Europa, del cual curiosamente nunca salió ningún profeta o por lo menos son desconocidos en las escrituras, y donde se supone que vive y tiene una gran fábrica de juguetes… Vamos, que hemos dejado estas fechas, que más bien parece una gran fiesta pagana en la que creyentes y no creyentes vemos la oportunidad de gastar grandes cantidades de dinero sin sentido, solo por gastar. Solo hay que darse cuenta en lo que se ha convertido; loterías, regalos, grandes comilonas, fiestas y viajes, vacaciones, etc.

No es por tanto muy extraño, que una fiesta como ahora la navidad, en el “cristianismo actual y tradicional” la hayamos derivado en costumbres idolátricas, con dejación y permisibilidad al mismo tiempo que anulación de raíces, tradiciones y costumbres nuestras, para dejar entrar otras que para nada nos debieran de servir ni conformarnos en ese “buenismo” tonto y pueril que nos hace también contribuir a ésta gran bola inhumana, dejándonos llevar por anuncios, comentarios y ensalzamiento general de la sociedad y políticos para sus propios interés, tanto de consumo, como publicidad, prensa, radio y T.V. e Internet

Muchas llamadas de atención en este mundo ya globalizado, mucho político dado a conducirnos y llevarnos a sus ideologías políticas, medioambiente, cambio de clima, inmigraciones, etc, cuando hay que recordar que en el mundo hay mucha necesidad. Que muchos millones de personas mueren de hambre y enfermedades, que hay muchos, muchos necesitados. Y no es necesario irnos a mirar lo aquí detallado a países lejanos de África o de otros continentes, ahora mismo también en Venezuela, no. Los tenemos al lado nuestro, en nuestras calles, en nuestra ciudad, en nuestra sociedad, entre nuestros hermanos de piso, de edificio, de calle, de barrio, de parroquia, etc… Eb todos y cada uno de estos lugares, hay personas de la tercera edad completamente solas y muy necesitadas, hay personas totalmente desafortunadas en la vida y que nos necesitan. Necesitan de todos y cada uno de nosotros.

Ahora más que nunca, debemos dejar de lado esos suntuosos gastos mal llamados de “navidad” y ofrecer cuanta ayuda podamos para cubrir las necesidades de nuestros hermanos en Cristo. Nos vendrá muy bien para nuestro propio bolsillo, para ayuda del prójimo, solidarizándonos con ellos y sobre todo para nuestra conciencia, pues estaremos volviendo y regresando a la verdadera NAVIDAD que Dios espera de todos nosotros.

No olvidemos lo que el Mesías dijo a unos invitados en una reunión a la que estaba asistiendo, aconsejándoles llamar a aquellos que no tenían esas necesidades cubiertas, contando con ellos para el banquete, dando de comer a los hambrientos, predicando así el Reino de Dios, estando seguros que estaremos haciendo grandes tesoros en el Cielo

 Del Evangelio de San Lucas 14:12-14

“Dijo también al que lo había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Cuando hagas banquete, llama a los pobre, a los mancos, a los cojos y a los ciegos; Y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justo.”

 Volvamos a la verdadera NAVIDAD. Recordemos el nacimiento de Jesús, colocando en un rincón de nuestro hogar, el misterio. Tan solo hacen faltan las imágenes del niño Jesús, la Virgen María y San José; La Sagrada Familia. Colguemos de nuestras ventanas y balcones, esas maravillosas telas y plásticos llamadas “balconadas o balconeras” con las imágenes del Niño Jesús, la Sagrada Familia o la “Estrella Anunciadora”. Preparémonos para recibirlo y contribuyamos en aportar nuestro granito de arena en ello…

“Dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en el alojamiento.” (Lc. 2,7)

En un sólo versículo y con muy pocas palabras, el Evangelista Lucas narra el suceso más grande de la historia: el nacimiento de Jesús. Las palabras sobran. El acontecimiento habla por sí solo. Se han cumplido todas las esperanzas del pueblo de Israel. Dios se ha hecho hombre en medio de los hombres para que los hombres puedan llegar a Dios.

La Natividad del Señor es una fiesta de resonancia universal. Ya sólo el hecho de que todo el planeta se rija oficialmente por el calendario cristiano, que divide la Historia en antes y después del nacimiento de Jesucristo, indica la trascendencia que tienen estas fechas para la humanidad en general.

Alrededor de ellas ha surgido toda una cultura, que se manifiesta en dos estilos de celebración: el sagrado y el profano. El primero se centra en la fe, en el misterio de la Encarnación del Verbo y en los valores que de ella se derivan; por eso es, sobre todo, una fiesta de la familia (la familia humana debe estar imbuida del espíritu de la Sagrada Familia, que es, a su vez, espejo de la Familia Trinitaria). El otro estilo de celebración de la “navidad”, se ha apropiado de la festividad cristiana, fagocitándola, vaciándola de su sentido primigenio y transformándola en algo que nada tiene que ver con creer o no creer.

Los cristianos no celebramos fechas, celebramos hechos. Nosotros nos alegramos y celebramos el hecho de Aquel que no cabe en el universo quiso nacer de una virgen en este pequeño planeta del inmenso universo para reconciliar al hombre con su Creador.

Rescatemos la Navidad para Cristo y cantemos con los ángeles de Belén: «Gloria a Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres que confían en El.»

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