Siguiendo a una estrella.

“Con los pastores, pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casucón, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la “Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte”, de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues… tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más…, pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los Magos de Oriente se postran ante Jesús Niño y lo adoran, con sus regalos hablan de lo que ellos encuentran en Él: El oro se le ofrece sólo a los reyes, por lo que reconocen en Jesús al Rey; el incienso se le ofrece sólo a Dios, por lo que revelan que Jesús es Dios; y la mirra es un perfume que reconoce en Jesús Rey, Hijo de Dios, también a un Hombre.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.”

 

La adoración de los magos es uno de esos relatos que aparecen en la Biblia, ampliamente difundidos y que han originado tradiciones que llegan hasta nuestros días. Cualquiera puede decirnos hoy, inclusive los menos creyentes, los nombres de estos famosos personajes, de dónde provenían, a qué razas pertenecían, qué regalos traían para el Niño Jesús y hasta contarnos a grandes rasgos el episodio de su aventura. Pero ¿quiénes eran y qué buscaban realmente de estos enigmáticos personajes que dejaron una impresión tan pintoresca en nuestra cultura?, ¿qué nos trata de decir la Biblia al presentarnos tan peculiar historia?, para hacerlo debemos dirigirnos al texto con humildad y tratar de extraer bajo la luz del Espíritu Santo el mensaje de la Palabra de Dios que nos llega bajo las letras del escritor sagrado.

¿Magos o reyes?

Tal vez no sepamos que la Biblia no habla de “reyes”, sino simplemente de “magos” venidos del oriente, sin especificar nombres, razas, o posición social; ni siquiera se dice que fueran tres. De lo que nos habla el evangelio es de quiénes eran, y para ello utiliza la palabra “magos”, que en la antigüedad era utilizada para designar a cualquiera que tuviera habilidades que escapaban al entendimiento de la mayoría, ya que la distinción entre ciencia y superstición no estaba muy clara, sobre todo si el objeto de estudio comprendía las estrellas, a las cuales se les atribuía influencia sobre los acontecimientos humanos, de hecho, sabemos que la astrología que tuvo su origen en la antigua Mesopotamia, precisamente al oriente de Israel.

Podemos ver en ellos a personas paganas, sin un conocimiento claro de la teología judía, pero que a la vez eran estudiosas, que examinaban la naturaleza para descubrir la razón de las cosas. Una suerte de científicos y adivinos, que buscaban pistas en la creación para conocer al Creador de semejante universo y que tal vez tuvieron contacto con algunos judíos que quedaron en Babilonia luego de la última deportación, lo que pudo haberles dejado algún conocimiento sobre la esperanza de judía acerca de la llegada del Mesías.

Vieron su estrella.

Estrella de Jesús

Lo siguiente que nos dice Mateo es que los magos se presentaron en Jerusalén preguntando “¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2,2). Llaman la atención varios aspectos de esta lectura que no son fáciles de responder, sobre todo el hecho de que la pregunta supone que todos deberían conocer la respuesta, ya que da por sentado que todos saben que ha nacido un nuevo rey, del cual hablan hasta las estrellas y que él mismo es imagen de Dios o que lo representa hasta el punto de merecer adoración. Sin embargo lo que provocan es un gran sobresalto, ya que en ese país nadie estaba enterado del acontecimiento que habían logrado descifrar estos extranjeros. ¿Cómo pudieron saber esto aquellos peregrinos del oriente? Para quien busca a Dios a tientas en la oscuridad de la noche, una estrella es suficiente para alumbrar el camino y ponerse en marcha. Ciertamente estos magos lograron ver e interpretar una señal de Dios a través de su limitada ciencia, quien en su infinita misericordia no se negó a aquellos que lo buscaban, poniendo en el cielo nocturno una estrella en el lugar indicado para anunciar su venida. Muchas veces Dios se vale de cualquier medio para atraer a quienes lo buscan, aún los menos ortodoxos, sin embargo la observación de la estrella no fue suficiente para asegurar el encuentro, aún faltaba algo más.

¿Dónde ha de nacer?

Los magos, siguiendo la lógica humana y su ciencia llegaron al palacio del rey Herodes pensando que allí les iban a mostrar al nuevo rey, sin embargo se consiguieron con que nadie sabía del hecho. Pero al contrario de los magos, los sacerdotes y escribas del pueblo sí eran capaces de conocer dónde había de nacer el Cristo, quienes ante la interrogación de Herodes pudieron responder sin dudas: “…En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta” (Mt 2,5). El encuentro con Jesús tenía que pasar por las escrituras, ya que las escrituras hablan de Él (Lc 24,27), no era suficiente la observación de las estrellas o la ciencia, es Dios quien se revela y por lo tanto debemos conocer esa revelación para encontrarle. Una vez conocido el paradero del niño, los magos emprendieron el camino hacia Belén, pero ni Herodes ni los sacerdotes los acompañaron, ¿sería porque no daban crédito a sus observaciones? ¿O sería porque se trataba de paganos? Vemos después que Herodes llamó aparte a los magos para indagar más sobre la probable fecha de nacimiento del niño y para comprometerlos con que vinieran de regreso para contarle sobre su paradero, por lo tanto creyó en su historia pero su actitud fue muy diferente, su intención era de matarle, y por ello no dudó luego de eliminar a todos los menores de dos años al percatarse de que los magos no volverían. Tampoco los sacerdotes y entendidos de la Ley, autoridades religiosas de la época y por lo tanto capaces de saber dónde nacería el Mesías, mostraron interés en ir a buscarlo. Prefirieron quedarse en la comodidad de sus casas, o tal vez tenían miedo de que Herodes lo interpretara como una rebelión en su contra, poniendo así en peligro sus propias vidas.

Se pusieron en camino.

Adoración Magos

Y así con las señas que dieron los sacerdotes los magos prosiguieron su camino, no se quedaron en las comodidades de palacio, ni se desanimaron ante el escenario que habían presenciado, donde los que se suponían que debían alegrarse ante el nacimiento del nuevo Rey prefirieron esperar sentados antes que ponerse en marcha y exponerse. Sino que rápidamente continuaron la marcha, confiando en lo plasmado en la Escritura y todavía guiados por la estrella que iba delante de ellos, “hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño” (Mt 2,9b). ¿Quiere decir esto que la estrella se movía y se detuvo sobre una casa? Todos sabemos que las estrellas se mueven en el firmamento debido a la rotación de la Tierra y este movimiento no se detiene. ¿Sería que se apagó la estrella? Lo que debemos entender de este versículo es que cesaron las señales celestes, y es justo en este momento que se llenaron de alegría pues comprendieron que su búsqueda había terminado, no tenía ya sentido interrogar a la creación una vez que estaban frente a aquel por quien todo fue creado. Ya no había que mirar hacia las estrellas sino hacia el propio Jesús, la oscura noche por la que transitaban había acabado y ahora amanecía frente a ellos un eterno sol. Y ante la presencia del Hijo de Dios lo que queda es postrarse y adorarle, entregándole sus tesoros. (Ap 21, 23-27)

Avisados en sueños

Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2,12). ¿Dónde está ahora la estrella? ¿Por qué no siguen consultando los astros? Definitivamente, luego de este encuentro las cosas no son iguales para los magos. Su vida ha cambiado, ya no está dirigida por las estrellas, ahora Dios se toma la confianza de hacerles saber su voluntad a un nivel un poco más personal, y tiene que ser así puesto que lo han visto a Él. Y ellos no dudan en seguir esta nueva señal a pesar de haberse comprometido con Herodes de volver. Sin embargo el evangelista toma la precaución de no mencionar al Ángel del Señor en el sueño de los magos, tal como sí lo hace cuando se refiere al sueño de José para huir a Egipto (Mt 2,13), porque se da cuenta que si bien ha habido un encuentro este aún no es comprendido en su totalidad, falta el elemento del seguimiento, el cual sí posee José, quien conoce bien las escrituras y además está al servicio del niño a través de su cuidado y el de su madre.

¿Qué actitud tenemos, frente al llamado de Dios?

Lo que nos llena de esperanza al ver estos magos siguiendo una estrella es la garantía de que quien busca a Dios con la actitud correcta lo encontrará. La necesidad de encontrar a Dios los llevó a emprender un largo viaje, poniéndose en marcha a pesar de las dificultades propias de la época, dejando todo para seguir una señal que al parecer pasó inadvertida para otras personas o que no le atribuyeron el mismo significado y que al final verdaderamente logran un encuentro verdadero, no sin antes experimentar un crecimiento al conocer la Palabra de Dios, que en resumidas cuentas es la que los prepara para llegar al lugar donde los esperaba Dios. Esta actitud contrasta con la de aquellos que asombrosamente sí sabían dónde encontrar a Dios pero no lo buscaban, porque más les importaba su seguridad o su comodidad. Y aún peor la de aquellos como Herodes, que buscan a Dios para tratar de destruirlo. Estas personas estaban más preparadas para encontrarse con Dios pero definitivamente no hicieron nada para llegar a conocerlo. Los magos consiguieron una transformación en sus vidas, una nueva relación con Dios. Los jefes de los judíos en cambio siguieron siendo los mismos.

 

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Que nos haga apreciar que, Dios,
se manifiesta a los que le buscan
a los que, en medio de la noche clara u oscura,
no se detienen y averiguan y siguen rebuscando
al Dios escondido, al Dios que silenciosamente
sale al encuentro de todo hombre

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Porque, acostumbrados a vivir a media luz,
añoramos la LUZ divina escondida en una gruta
Luz del cielo, para el hombre que camina en la tierra

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Porque, su ruta, será nuestro peregrinar hasta Jesús
Su destello, hablará con lenguaje divino
Su presencia, nos llevará al Dios desconocido

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Que nos guíe, frente a tanto desconcierto
Que nos ilumine, en medio de la noche
Que nos haga avanzar, cuando la fe se debilita

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Porque, como exploradores de Dios,
no queremos perderlo en el horizonte de nuestra vida
porque, como hombres y mujeres de fe,
queremos llegar hasta el Señor, y ante El postrarnos,
y ofrecerle el incienso de nuestra admiración,
el oro de la riqueza de nuestra fe
junto a la mirra de nuestros pecados y fragilidad

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Que nos haga creer, que Dios no se desentiende del mundo
palpar, que Dios espera al final de su destello
vibrar, al impresionarnos por todo un Dios humanado

VENIMOS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA

Ayúdanos, Señor, a no perder de vista el cielo
aquella gran casa donde, con luz divina,
viven y se nos muestran infinidad de estrellas.

Amén.

Javier Leoz Ventura. Parroco de San Lorenzo

Pamplona (Navarra)

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