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Archivo de la categoría ‘Héroes’

Juan Bautista Vianney, “Cura de Ars”.

Juan Bautista Vianney, “Cura de Ars”, cuyo nombre completo fue Jean-Baptiste-Marie Vianney.

JuanMariaVianney-4Agosto

Nació en Dardilly el 8 de mayo de 1786.

Por el lugar de ver la luz –un villorrio cercano a Lyon–, por la condición económico-social de la familia –unos destripaterrones a sueldo, cuando lo había–, por el comienzo de su vida en sociedad como pastor de tres cabras y un borrico y, finalmente, por lo torpón de cabeza cuando se puso a hacer pinitos en los estudios, bien parecía que habría de decir a la historia tan pocas cosas como la historia de él.

Pero no fue como se temía; las cosas cambiaron más de lo que ningún agorero pudiera predecir. Y eran tiempos turbios los de Francia aquellos. Estalló la Revolución Francesa cuando tenía poca edad Juan Bautista. Ni siquiera pudo hacer su Primera Comunión en la pequeña Iglesia de su pueblo porque ya había llegado el sacerdote constitucional –que era lo mismo que decir cismático– y tuvo que recibir al Señor por primera vez en un salón de un pueblo cercano con las ventanas cerradas a cal y canto para que el sacerdote disimulado y perseguido –pero fiel a Roma– no sufriera maltratos con sus fieles. Si a esto se añade que fue declarado prófugo y desertor del ejército cuando se le llamó a filas para combatir en España, teniendo que pasar escondido dos años por aquellos campos de Dios, que le despidieron del seminario por no mantener buenas relaciones con el latín y que tenía bastante poca salud, tendremos un cuadro bastante aproximado al que quiere expresar el paisano cuando dice de alguien que «parece que lo ha mirado un tuerto».

Sin embargo, su persona llegó a ser una especie de piedra de escándalo en Lyon –sede primada metropolitana de Francia– y en Belley primero; luego será todo el país galo el que hablará de él entre la perplejidad, la sorna y el consuelo; las mismas fronteras no pudieron impedir el hálito que salió de su pequeño enclave humano que ni siquiera tenía las condiciones necesarias para haber sido nombrado jurídicamente como parroquia. Casi por compasión le ordenó el obispo de Grenoble, Mons. Simón, el 13 de agosto de 1815, a petición del P. Balley, que intercedió tozudamente por él y se hizo cargo de completar su formación, teniéndolo varios años por vicario a su cuidado en Ecully, hasta que le encomendaron el cuidado pastoral de aquella aldehuela que se llamaba Ars, una especie de anejo de Mizérieux.

Para que lo declararan patrono universal de los sacerdotes seculares, que es su mayor gloria ¿Qué hizo? Pues casi nada. Aquel que parecía el epítome de la ineptitud y que, cuando se refería a sí mismo, solo se le ocurría decir que su «tentación era la desesperación» resulta que pasó una cuarentena de años –toda su vida de sacerdote– consagrando todas sus energías y afanes a la santificación de las personas de su minúsculo pueblo.

Fue un cura rural «todo terreno». Con sencillez visita casa por casa a los suyos, dedica atención especial a niños con catequesis y a los enfermos con tiempo y consuelos; cuida lo más que puede la dignidad en el culto, amplía y ennoblece el templo y presta ayuda a los curas vecinos. Vive con asombrosas penitencias y es intensísima la oración. «¡Ars ya no es Ars!» llegaron a decir los lugareños. ¡Claro! Se ocupó de la moralización del pueblo, declarando la guerra a las tabernas, peleando contra el trabajo en los domingos y acabando con el baile. Nada de esto fue fácil, pero supo unir a su talante bondadoso la rectitud y firmeza explicada muy sencillamente en las predicaciones. A medida que disminuyeron los vicios empezaron a salir las vocaciones.

Después comenzó la procesión de gente procedente primero de los pueblos vecinos que conocían al sencillo cura de Ars de cuando iba a ayudar a los compañeros próximos. Pero de lo local, se va saltando como en círculos concéntricos a niveles más amplios hasta que la riada de gente llegó a obligar a las taquillas a que despacharan billetes de ida y vuelta a Ars; ignorantes campesinos le consultaron sus problemas, pidieron consejo y recibieron por él el perdón de los pecados; pero también llegaron a Ars obispos, intelectuales y políticos.

¿El secreto? Cumplimiento fidelísimo de las obligaciones de su ministerio, dieciocho horas de confesión diaria, poca comida y escaso tiempo para el sueño en camastro de madera sin colchón donde poner sus huesos, penitencia más de espanto que de admiración para quienes le atienden cuando contemplan los efectos, refriegas con el Demonio, sencilla y clara predicación, mucha oración y aún le dio la vida para fundar La Providencia para atender a las niñas huérfanas pobres de los contornos.

Murió a las dos de la madrugada del día 4 de agosto de 1859. Era jueves.

Beatificado el 8 de enero de 1905 por San Pío X y canonizado por Pio XI el 31 de mayo de 1925, quien también lo declaró patrono universal de los sacerdotes seculares.

Logroño, 11 de Junio de 1521 y la Cofradía del Pez

SAN BERNABE, PATRONO DE LOGROÑO.

San Bernabé

San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, pero es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, incluso por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé, judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original fue el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron por el de Bernabé por su significado (hombre esforzado). Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles por la venta de sus propiedades y entrega de lo recibido a los apóstoles para distribuir entre los pobres.

Los Apóstoles lo apreciaban mucho por ser un buen hombre, lleno de fe y lleno del Espíritu Santo y por eso lo eligieron para la evangelización de Antioquía, así como para instruir y guiar a los neófitos.

En esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo y los dos predicadores obtuvieron gran éxito alcanzando con sus prédicas gran aumento de convertidos.

Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo.

Tiempo más tarde, se les encomendó una nueva misión y partieron a cumplirla, acompañados por Juan Marcos. Primero se trasladaron a Seleucia y después a Salamina, en Chipre. Luego llegaron a Pafos, donde convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perga en Pamfilia, donde Juan Marcos los abandonó. En Iconium, en Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados. En Listra, San Pablo curó milagrosamente a un paralítico y los habitantes paganos los confundieron con dioses. De regreso a Antioquía pasaron por todas las ciudades que habían visitado para confirmar y ordenar presbíteros.

Ante el segundo viaje misionero surgió un conflicto entre Pablo y Bernabé. Bernabé quería llevar a su primo Juan Marcos y Pablo se oponía por haberles abandonado en la mitad del primer viaje por miedo a todas las dificultades encontradas. Por ello decidieron separarse. San Pablo se fue a su proyectado viaje con Silas y Bernabé partió a Chipe con Juan Marcos. Más tarde se volvieron a encontrar como buenos amigos misionando en Corinto, por lo que se deduce que Bernabé, en ese tiempo, aún vivía y trabajaba en los años 56 o 57.

Posteriormente, el mismo Pablo invita a Juan Marcos a unirse a él, cuando estaba preso en Roma.

Algunos apuntes cuentan que San Bernabé fue apedreado hasta morir en Salamina, un 11 de junio. Pero otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma años más tarde y además como primer obispo de Milán. Pero con seguridad, alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto.

 

El SITIO DE LA CIUDAD.

Sitio de Logroño

En 1520, el Emperador y rey D. Carlos I pasa por la ciudad de Logroño camino de Castilla, y el recibimiento de las gentes, le dan a entender al monarca que Logroño es una ciudad fiel al imperio y a su rey.

Consciente del lugar geográfico que ocupa Logroño, teniendo en cuenta la cercanía con Navarra, sus intentos del retorno al reino con una dinastía francesa afín a Francisco I, y por otro lado su cercanía a Castilla y las revueltas de los comuneros, sin perder de vista los problemas con las Alpujarras, decide y manda mantener un pequeño destacamento de su guardia personal, que recuerde siempre su vinculación con la ciudad.

La persona designada al mando de dicho destacamento, don Pedro Vélez de Guevara, Duque de Nájera, elije a hombres de confianza, vinculados con La Rioja dejándolos como guardia de la puerta de San Francisco, cercana al hoy puente de Piedra y a la puerta de Castilla, hoy del Revellín.

En pleno levantamiento comunero, la ciudadanía de Logroño hizo frente a las tropas del oportunista rey francés Francisco I.

Ya estaban las tropas de André de Foix, formadas por bearneses, labortanos, franceses y bajonavarros y engrosadas después por altonavarros, dispuestas para atacar Logroño, después de atravesar la invadida y rendida Navarra.

De los pueblos vecinos donde se hallaban los soldados en pequeños destacamentos diseminados, se dirigieron todos a Logroño en busca de asilo seguro, al ser ésta la población más importante y fronteriza con Navarra.

El día 21 de Mayo, el Concejo y Justicia de Logroño en unión del Corregidor D. Pedro Vélez de Guevara, dadas las noticias que traían los últimos refugiados y soldados, se acordó celebrar una reunión general en el templo de Santiago el Real, como sitio espacioso para anunciar a todos los Logroñeses la apremiante necesidad de adoptar algunas medidas. Las campanas de esta iglesia repitieron sus golpes con desusada celeridad anunciando a los habitantes de la ciudad la urgencia e interés de la convocatoria

Durante tres días, estuvieron preparándose para una más que posible defensa de la ciudad pues las noticias del avance del ejército francés hacia Logroño, eran cada vez más alarmantes.

Un último emisario, procedente de la vecina ciudad de Viana, fue portador en la tarde del día 24 de Mayo de la nueva y última posición de las tropas, pues se distinguían ya las avanzadas del ejército invasor. Ya no había duda; pronto estarían delante de los muros de Logroño y era urgentísimo prepararlo todo para la resistencia que se tenía decidida. La ansiedad crecía por momentos; los clarines militares tocaban llamada; las guardias se reforzaban con mas personas, y los castilletes situados sobre el puente del Ebro y también las murallas inmediatas á este punto así como las ventanas y tapias del convento de San Francisco, se coronaban de logroñeses y soldados ávidos de divisar al enemigo.

Por fin al amanecer del día 25 y cuando los vigías tomando las debidas precauciones, se dirigieron á los puntos de observación, tuvieron que retroceder á toda prisa, al tiempo mismo que por las alturas inmediatas aparecían los soldados franceses.

Pronto se presentó a la entrada del puente, un oficial francés acompañado de varios soldados, trayendo un pliego que los centinelas reciben y pasa de mano en mano. Mientras, los recién llegados, quedan en la parte exterior esperando la respuesta.

Inmediatamente el documento es conducido a la casa consistorial, donde ya estaban reunidos los representantes del pueblo, la comisión de defensa y los principales vecinos.

Abierto aquél en medio de la ansiedad que todos experimentaban, fue leído en voz alta por el presidente de la reunión.

El mensaje decía: «Al Capitán Gobernador de la plaza. Estimado señor: Enviado por mi Rey y Señor Soberano Francisco I y para cumplimentar sus órdenes en Castilla, os ruego no pongáis impedimento á que mis soldados penetren en ese pueblo para proseguir el camino, en la seguridad de que no se causará el menor daño ni perjuicio á esos habitantes. EI General del ejército de S. M. F. André de Foix, Señor de Asparrot.»

La contestación se redactó en el mismo momento sin deliberación alguna y con la conformidad de todos, en los siguientes términos: «Señor General: La ciudad de Logroño y todos sus habitantes, pertenecen al Emperador y Rey su Señor D. Carlos, y no se entregará ni dará paso á ese ejército enemigo mientras tengamos en nuestro poder, las llaves de sus puertas, que son tan pesadas, que por numerosos que sean los soldados que traéis, no podrán llevárselas. EI Capitán Jefe de la plaza, Don PEDRO VELEZ DE GUEVARA.»

Salió el portador con la respuesta hacia las posiciones francesas, viéndosele trepar con sus soldados por la falda occidental del cerro de Cantabria, de donde enseguida los franceses empezaron á descender en grandes masas aproximándose al puente con intento de penetrar por él. Se intercambiaron numerosos disparos de una y otra parte, comprobándose que les era imposible el paso por este sitio perfectamente defendido. Cesaron los ataques y conservaron sus posiciones a muy corta distancia.

Transcurridas algunas horas y por uno de los vados del Ebro cerca de Varea, el ejército francés cruzó el río y apareció por el Oriente de la ciudad situándose en las inmediaciones del convento de Madre de Dios. Treinta mil soldados según crónicas de la época, comandados por el General Asparrot sitiaban la ciudad.

Desde que comenzó el 25 de mayo de 1521 el sitio a la Ciudad de Logroño, mantuvo el capitán Vélez de Guevara el encargo de organizar la defensa. Otra de las misivas que D. Pedro llegó a mandar para el General Asparrot, decía: «Logroño no abrirá sus puertas al enemigo, mientras uno solo de sus habitantes, tenga vida para combatir. Nos defenderemos hasta la muerte».

El sitio de San Bernabé

Desde que se formalizo el cerco, los ataques, escaramuzas, combates y pérdida de vidas humanas fueron numerosos. Se intentaron varias estrategias, incluida la de anegar el campamento francés mediante una riada. El mismo 10 de junio, cuando la escasa guarnición de la ciudad junto con valerosos habitantes atacó por la noche el campamento enemigo, infundieron con confusión y temor en las tropas atacantes, el mensaje de que se acercaban un grandioso ejercito de 20.000 soldados, con D. Antonio Manrique de Lara, Duque de Nájera al mando, de ellos.

Ante semejante amenaza, Asparrot mandó levantar el asedio y huyó con sus tropas en desbandada. Al día siguiente, 11 de junio, la ciudad celebró la victoria y juró el ‘voto de San Bernabé’. Esto se celebra cada 11 de junio en la festividad del santo. Durante todos los día del asedio, la población tanto civil como miliar, se alimentó con peces de Ebro pescados por la noche, pan hecho con la harina del trigo de los graneros de la ciudad junto con vino de las bodegas.

Agradecido el emperador Carlos I de España al señalado servicio que los logroñeses prestaron en esta memorable campaña, les concedió el privilegio de poner en el escudo de armas de la ciudad las tres flores de Lis que el ejército de Asparrot traía en sus  banderas, con otras distinciones que detalladamente constan en aquel y otros  documentos, por la defensa de Logroño durante el sitio que sufrió la MUY NOBLE Y LEAL CIUDAD DE LOGROÑO en el año 1521.

Hemos encontrado un excelente y fiel relato del sitio de Logroño realizado por don F. J. Gómez, ganador de varios premios, y que no se puede dejar de consultar, leer y descargar desde el siguiente enlace.

http://www.logronopasion.com/pdf/El_Sitio_De_Logroño_En_1521.pdf

 

LA GESTA DE AQUELLOS LOGROÑESES Y EL INICIO DE LA TRADICIÓN.

Como ya hemos contado, en aquel año 1521, el ejército francés al mando del General André de Foix, invadió el norte de España entrando por Navarra y aprovechando el desconcierto creado por la Revuelta de las Comunidades.

Pamplona cayó fácilmente en su poder y avanzaron rápidamente hacia Castilla intentando pasar e invadir la población de Logroño que se convirtió en un muro infranqueable que las fuerzas francesas no pudieron ni supieron superar.

Varios días resistieron los logroñeses de aquel entonces el tenaz asedio, pero los habitantes de la población junto a su guarnición, recurriendo a su ingenio y  argucia, desplegado en sus estrategias y recurriendo a los peces capturados furtivamente por la noche en el río Ebro, al vino almacenado en la cuidad y al más humilde de todos los alimentos que con el trigo proveniente de los graneros logroñeses, confeccionaron el pan, con lo que bien alimentados y con fuerte moral, consiguieron ganar ésta inigualable batalla.

El 11 de junio, día de San Bernabé, el ejército invasor levanto el campamento y desistió de pasar e invadir Logroño. Se rompió el asedio y se resitió al enemigo. Logroño hizo al Santo su patrón en agradecimiento y conmemoración de esa fecha, esencial en la historia de la ciudad.

Con el paso de los años, arraigó la costumbre de repartir en el día grande de las Fiestas de San Bernabé, peces, pan y vino a los logroñeses, en recuerdo de aquella gesta.

De esta tradición, surgió la Cofradía del Pez que cada 11 de junio, distribuye al lado de los restos de la única de las puertas de la antigua muralla de la ciudad aun en pié, llamada Puerta del Revellín, más de 20.000 raciones de los alimentos que propiciaron la victoria logroñesa en aquel día del 1521.

 

LA COFRADIA DEL PEZ.

La Cofradía del Pez, es la encargada del Reparto del Pez y es la razón de ser de su fundación, siendo éste momento del reparto del pez sin duda, el acto principal de estas Fiestas y una tradición espacialmente querida por todos los logroñeses, que encuentra en la defensa de los valores y tradiciones logroñeses, su principal seña de identidad.

Los miembros de la Cofradía participan en otros actos de las fiestas, como el traslado de la imagen del Santo el día anterior de la Iglesia de Santiago a la Con-Catedral de Santa María de La Redonda.

Un dato curioso es el número de cofrades, pues solo pueden ser 26. Este número es el resultado de la suma de la fecha (día, mes y año) 11+6+1+5+2+1 es decir 11 de junio de 1521. La condición indispensable para ser elegido miembro de la Cofradía es ser de nacimiento logroñés, y destacar por la defensa de las tradiciones de la capital riojana. Para acoger a aquellos que sin haber nacido en Logroño, se distingan por su entrega a esos valores, existe la categoría de Cofrade de Honor, que es idéntica en sus deberes y responsabilidades, a la de Cofrade de Número.

Actualmente son 39 el número de cofrades, de los que 7 son cofrades eméritos, 24 de número y 8 cofrades de honor.

Su actual Cofrade Mayor es D. Alejandro Bezares González, su Cofrade Secretario  D. José María Gómez Lozano Mayor y como Sacerdote Consiliario D. Carlos de la Concepción Martínez.

Fotografías para el recuerdo.

Cofradía del Pez

Cofradía del Pez 2

Cofradía del Pez 3

 

¿Quién fue el carpintero, José de Nazaret?

En el Plan Reconciliador de Dios con la humanidad, José de Nazaret, tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo y terrenal de su propio Hijo, y de ser esposo virginal de la Virgen María.

 

San José pues, es el santo custodio de la Sagrada Familia y la persona que más cerca está de Jesús y de la Santísima Virgen María.

Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

San Jose

Según los Evangelios, era artesano carpintero de oficio, profesión que habría enseñado a su hijo, de condición humilde, aunque San Mateo y San Lucas lo presentan como perteneciente a la estirpe del Rey David.

Hijo descendiente de Jacob e hijo de Helí. Nace en Belén, ciudad del Rey David del que era descendiente y después vive en Nazaret. De profesión carpintero, y San Justino lo confirma, así como la tradición ha aceptado esta interpretación de su oficio. Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).

El evangelio de San Mateo (1: 18-24) muestra parte del drama que debió de vivir José de Nazaret al saber que María estaba embarazada. Iba a repudiarla en secreto porque era hombre bueno de corazón y justo, no queriendo fuera apedreada según lo dispuesto en la Ley.

 

Un ángel del Señor, le manifestó en sueños que el niño que María había concebido, era por obra del Espíritu Santo y que su hijo «salvaría a su pueblo de sus pecados», por lo que José, ya no tuvo ninguna duda y aceptó a María (Mateo 1: 20-24)

Pero José de Nazaret, es el gran olvidado por nosotros ó por lo menos por la gran mayoría. Durante siglos a San José se le ha “separado” de hecho de su esposa María. Basta con mirar muchas de nuestras iglesias: María está y reina en lugar destacado, en el presbiterio, a veces incluso más visible que la cruz de Cristo. San José en cambio, cuando hay suerte, está en una capilla lateral oscura y llena de polvo.

Ella, Madre de Jesús Nuestro Señor, mi Madre, nuestra Madre, llenando oraciones, fiestas litúrgicas, diversidad de cantos, bellísimas obras de arte, esculturas excepcionales… San José, pintado como un viejo durante siglos, sin aparecer incluso en muchos villancicos…

Quizás la Virgen María y Jesús su hijo, pudieran estar un poco enojados con nosotros, por no darle la debida atención y culto. Por suerte la devoción popular fue avanzando y comenzó en el siglo XVI a venerar a San José como se merece este hombre bueno y justo. A la Sagrada Familia no podemos cantarla por separado: Jesús por un lado, María por otro y José…para quien se acuerde ¿Cuántas veces Jesús adolescente no entraría en una casa diciendo “vengo de parte de mi padre” refiriéndose a José al igual que de mayor lo dijo para referirse a su otro Padre y a su misión?

Cuantas y cuantas fiestas de los diferentes pueblos llevan el nombre de María. Cuantas fechas del calendario son para María y solamente un par de ellos, uno de ellos además en muchos lugares, ni festivo para San José…

De siempre se dice que a Dios se llega por María y es verdad, pero también se debe de ir por José, pues en cualquier situación de nuestra vida a través de José, a su lado encontraremos siempre a María. Y en sus brazos al Niño. Que de ahí le viene a José la grandeza: Dios se acurrucó en sus brazos para dormir tranquilo…

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo.

Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el “Santo del silencio”.

Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “sean pocas tus palabras”. Es decir, su vida sencilla y humilde se entre cruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.

Su libre cooperación con la gracia divina hizo posible que su respuesta sea total y eficaz. Dios le dio la gracia especial según su particular vocación y, al mismo tiempo, la misión divina excepcional que Dios le confió requirió de una santidad proporcionada.

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en él, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardó con amor y entrega total, el depósito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se entrega a  custodia en sus manos.”

San José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. José Obrero, celebrada el 1 de mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

La concepción del Verbo divino en las entrañas virginales de María se hizo en virtud de una acción milagrosa del Espíritu Santo. Este hecho es narrado por el Evangelio y constituye uno de los dogmas fundamentales de nuestra fe católica: la virginidad perpetua de María. En virtud a ello, San José a recibido diversos títulos: padre nutricio, padre adoptivo, padre legal, padre virginal; pero ninguna en si encierra la plenitud de la misión de José en la vida de Jesús.

San Jose de Nazaret

San José ejerció sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció sobre María, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo. Ambas funciones constan en el Evangelio. Al encontrar al Niño en el Templo, la Virgen reclama a Jesús: ”Hijo, porque has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos”. María nombra a San José dándole el título de padre, prueba evidente de que él era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en José el reflejo y la representación auténtica de su Padre Celestial.

La relación de esposos que sostuvo José con María, es ejemplo para todo matrimonio; ellos nos enseñan que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y por ende un don de Dios. San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús. La virginidad, como donación total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la forma más pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

Desde su unión matrimonial con María, José supo vivir con esperanza en Dios la alegría y el dolor, fruto de los sucesos de la vida diaria.

En Belén tuvo que sufrir con la Virgen, la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació Jesús, Hijo de Dios. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Como sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y más tarde los magos de Oriente. Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él”.

Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano, lleno de envidia y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. José, de nuevo, escuchó el mensaje de Dios transmitido por un ángel: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle”. José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había confiado. Por este motivo, tuvieron que vivir José, María y el Niño en el exilio de Egipto.

Sagrada Familia

Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada familia, siendo extranjera, no hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. José aceptó todo eso por amor sin exigir nada, siendo modelo ejemplar de esa amorosa obediencia que como hijo debe a su Padre en el cielo.

Se ignora la fecha de su muerte, aunque se acepta que José de Nazaret murió cuando Jesucristo tenía ya más de 12 años pero antes del inicio de su predicación. Se llega a esta aceptación pues en el evangelio de San Lucas (2: 41-50) menciona a «los padres» de Jesús cuando éste ya cuenta con 12 años, pero no se menciona a José de Nazaret en los Evangelios canónicos durante el ministerio público de Jesús, por lo que se presume que murió antes de que éste tuviera lugar.

También por ello, es lo más probable que San José hubiera muerto antes del comienzo de la vida pública de Jesús ya que no estaba presente en las bodas de Caná ni se habla más de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a entender que ya San José estaba muerto.

Según San Epifanius, San José murió ya mayor y el Venerable Beda dice que fue enterrado en el Valle de Josafat.

El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San José, Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.

¿Qué mejor guardián o patrón va a darle Dios a su Iglesia? pues el que fue el protector de su propio Hijo, el Niño Jesús y de María.

Cuando Dios decidió fundar la familia divina en la tierra, eligió a San José para que sea el protector y custodio de su Hijo; para cuando se quiso que esta familia continuase en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San José se le encomienda el mismo oficio. Un corazón que es capaz de amar a Dios como hijo y a la Madre de Dios como esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.

Una de las más fervientes propagadoras de la devoción a San José fue Santa Teresa de Ávila. En el capítulo sexto de su vida, escribió uno de los relatos más bellos que se han escrito en honor a este santo: “Tomé por abogado y protector al glorioso San José, y encomiéndeme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores, este padre y señor mío me saco con más bien de lo que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa tan grande las maravillosas mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; de este santo tengo experiencia que socorre en todas las necesidades, y es que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenia nombre de padre, y le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios”.

Otros santos que también propagaron la devoción a San José fueron San Vicente Ferrer, Santa Brígida, San Bernardino de Siena (que escribió en su honor muy hermosos sermones) y San Francisco de Sales, que predicó muchas veces recomendando la devoción al Santo Custodio.

Sigamos el ejemplo de “las almas más sensibles a los impulsos del amor divino”, las cuales “ven con razón en José un luminoso ejemplo de vida interior” dijo el Papa SAN JUAN PABLO II,

San José

 

ESLABÓN DE CADENA

Eres José, de María, esposo.
Silencio en medio del ruido
que nos trae, nos descubre y nos lleva al Salvador.
Eres prudencia, cuando sin verlo todo claro,
ves más allá de la nube de la incertidumbre
cuando Dios habla en horas inciertas y amargas.
Eres sencillez que, en los compases complicados,
nos descubres que la vida hay que tejerla
con las agujas de la humildad y de la docilidad.
Que, sólo desde él la apertura de miras,
se puede llegar a comprender que Dios
lejos de pedir imposibles
convierte en real lo que para nosotros es inalcanzable.
Eres, José, eslabón de una cadena pretérita
que se hace fuerte en su Anunciación
se rompe en la noche del nacimiento de Cristo
y fiel en los momentos de su predicación.
Eres, José, oído que escucha y labios que callan
pies que caminan en lo desconocido
y corazón que ama sin saber por qué en verdad amar.
Eres, José, pensamiento que en el cielo descansa
y, además, reflexión que todo lo aclara.
Con razón, José, no hay deseo que tú no lo alcances.
Sabes, como nadie, cómo llegar al Corazón de Cristo
y, en ese corazón, depositar las oraciones
de los que ni somos sencillos ni obedientes
ni, tal vez, soñadores con lo que tú soñaste.
Dirígenos, hombre de calma y paz,
para, en ese silencio, a Dios poder encontrar.
Cadena, eres José, que une lo humano y lo divino
lo imposible con lo certero
las lágrimas con el consuelo
las dudas con los dulces y divinos sueños.
Siempre, entre bambalinas, en lugar apartado
eres reflejo de lo que debe ser un gran santo:
siempre escondido
para que Dios brille en todo su esplendor.

D. Javier Leoz Ventura
Delegado Religiosidad Popular
Diócesis de Pamplona

 

Domund 2014

Un año más, la jornada del DOMUND nos confirma en ésta fe misionera y  remueve nuestras entrañas cristianas, mostrando reconocimiento y gratitud a todos los misioneros y misioneras.

Domund 2014

Aun más si cabe, ahora tenemos reciente en nuestra memoria, nuestro reconocimiento y nuestro cariño a todos los misioneros, pero en especial a los misioneros de la orden San Juan de Dios, Padre Miguel Pajares y Padre Manuel García Viejo, que arriesgando su propia vida tal y como ha quedado demostrado, han ayudado siempre a sus HERMANOS. Por ello necesitan de nuestra ayuda tanto económica como de oración.

Toda esta semana, estaremos recordándoles en las peticiones de oración comunitarias y personales, en las catequesis de niños y adolescentes,  y sobre todo preparando con especial cuidado la celebración de la Eucaristía de este próximo domingo 19 y de su colecta. La fe y la caridad de todos serán sin duda el mejor aliento para la misión.

Seamos generosos. Mejor, seamos muy generosos. Aunque estemos al final de la crisis según unos o en medio de ella según otros, aunque estemos pasando por momentos difíciles, hay infinidad de hermanos que tienen muchísimo menos que nosotros y están mucho peor que nosotros, incluso muriendo de hambre y enfermedad.

Este próximo domingo, saldrán de nuevo las ya famosas huchas del Domund y otras muchas más modernizadas en manos de nuestros jóvenes para ablandarnos el corazón y hacernos partícipes de la obra misionera, una actividad solidaria con la que se pretende recaudar la mayor cantidad de dinero para colaborar en la gran labor evangelizadora que realizan los misioneros de la Iglesia en países como América, África y Asia.

Antiguas huchas del Domund

Saldrán a la calle estas huchas para recoger dinero y se instalarán además mesas (en algunas ciudades ya se ha hecho en fechas pasadas) en distintos puntos de las ciudades con el mismo fin.

Y en todas las parroquias, las colectas irán igualmente destinadas a las misiones.

Pero al igual que las aportaciones económicas son necesarias para mantener y “engrasar” toda la obra misionera, es tan importante o más, nuestras oraciones por todas las personas que componen ese gran grupo de sacerdotes, misioneros, religiosos, voluntarios, laicos, etc. Les debemos de dar las gracias por dedicarse a ésta maravillosa obra y como mejor podemos hacerlo es pidiendo al Señor por ellos, para que aumente en primer lugar las vocaciones sacerdotales, para que llame el Señor a muchos más, dedicados a la obra misionera, para que el Señor los proteja y los ilumine para llevar a buen puerto tan maravillosa misión.

Oremos y elevemos nuestras peticiones y oraciones por todo ello. Nuestro Padre nos lo concederá.

Ta estamos en la recta final de la preparación del DOMUND 2014. Es el momento de recordar y animar a tantísimas personas, a lo largo y ancho de nuestra geografía, que están trabajando sin parar, para hacer como siempre desde que se inició que el llamamiento de ayuda a las misiones llegue a todos los oídos, a todos los rincones, a todas las personas.

Volviendo la vista atrás, podemos recordar al que fue el primer director nacional de Obras Misionales Pontificias en España entre los años 1926 y 1968, D. Ángel Sagarmínaga. Este gran sacerdote misionero, nació en Yurre el 1 de marzo de 1890, y murió el 15 de marzo de 1968.

Una de las mayores cualidades que D. Ángel aportaba a todo su hacer, es la de trabajar sin pensar en términos de “éxito” o “fracaso”. Todo lo que se haga, se hace con paz y constancia y después se pone todo en manos de Dios.

Ángel llegó a ser conocido como “el hombre del DOMUND”, pero ese sobrenombre esconde una historia singular de esfuerzos, fracasos y tenacidad contra viento y marea. Y así fue desde el principio: cuando se lanzó a impulsar la celebración en España del primer Domingo Mundial de las Misiones, en 1926, obtuvo el “gran éxito” de que respondieran solo dos diócesis. Pero siguió adelante… Y al año siguiente fueron solo seis. Pero siguió adelante…

Ángel Sagarmínaga

Año tras año, D. Ángel continuó su infatigable trabajo de animación misionera en circunstancias nada fáciles. De hecho, con su sentido del humor, él decía de su papel en esos comienzos: “Estaba siempre al pie del cañón; cosa en extremo difícil… porque antes tenía que fabricar el cañón”.

Insistía en que no tienen que distraernos ni los aparentes logros ni los aparentes batacazos. Tan claro lo tenía que contaba y decía: “El Papa no me ha enviado a conseguir éxitos, a recaudar limosnas, sino a predicar”. Y así se lo transmitía a todos sus colaboradores: “Dios no nos exige el éxito: nos exige el trabajo”.

Como decimos, estamos ya en vísperas del DOMUND, y tenemos la gran suerte que ahora disponemos, es no tener ya que fabricar el cañón, como le pasó a D. Ángel, las energías de muchísimas personas se vuelcan en la preparación de este gran día de las misiones, se junta con la aportación cómplice de todos los que apoyamos con nuestro dinero y nuestras oraciones a todo este gran grupo de sacerdotes, misioneros, religiosos, voluntarios, laicos, etc., todos ellos “misioneros de vanguardia y retaguardia”.

Para ellos tiene que ir nuestro abrazo, nuestro agradecimiento por el trabajo y la ilusión “extra”, pero sobre todo, nuestra aportación generosa.

El pasado domingo día 13 de octubre, en la publicación semanal de “Pueblo de Dios” dedicaban estos párrafos a los verdaderos protagonistas de las MISIONES.

Como un torrente de vida, la historia de la Iglesia está repleta de páginas escritas con el lenguaje humilde y sencillo de nuestros misioneros, en las que sobresalen las dos palabras que mejor saben vivir y pronunciar: fe y caridad.

Los misioneros contemplan cada día el gran campo de la humanidad, minada de falta de esperanza y tan necesitada de un anuncio del Evangelio que le devuelva la vida. Como nos han dicho siempre los distintos Papas y ahora el Papa Francisco “En las situaciones complejas, es donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes amenazantes, y precisamente ahí urge, el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es  anuncio de esperanza, reconciliación, comunión, anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación, anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien”.

El aliento misionero de la Iglesia se inspira y expira con los dos pulmones de la fe y la caridad; se nota que los dos están sanos en la misma vitalidad de la misión, cuando en la Iglesia nacen nuevas vocaciones misioneras y a todos los cristianos nos mueve el deseo de que Jesucristo sea conocido allí donde nunca se ha pronunciado su nombre.

Precisamente, en el lema del Domund del año pasado 2013, quedaba reflejado esta fórmula (Fe+Caridad)=Misión. No es legítimo separar, y menos, oponer fe y caridad, dos virtudes teologales íntimamente unidas. “La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de este, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios” como dijo nuestro papa emérito Benedicto XVI. Contemplación y acción están llamadas a coexistir e integrarse. La acogida salvífica de Dios, su gracia, su perdón por la fe orienta y promueve las obras de la caridad.

Y es precisamente la evangelización, la mayor obra de caridad, que nace de la fe. “Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, más caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio. La evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana”. El anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, justicia para los más pobres, posibilidad de instrucción y asistencia médica, entre otras implicaciones sociales.

Seamos pues generosos en nuestras aportaciones. Nos necesitan. Necesitan nuestra ayuda económica y necesitan nuestras peticiones y oraciones al PADRE

Impresionante testimonio de una cristiana iraquí

(Catholic Herald/InfoCatólica)

«Nací cristiana y si eso me lleva a la muerte, prefiero morir como cristiana»

Khiria Al-Kas Isaac, una mujer iraquí de 54 años de edad, ha explicado cómo plantó cara a los fundamentalistas islámicos que amenazaron con degollarla si no se convertía al Islam. Cuando le pusieron el cuchillo en la garganta, ella dijo que prefería perder la cabeza antes que apostatar de su fe. Junto a ella, otras cuarenta y seis mujeres cristianas se mantuvieron firmes en su fe, a pesar de ser azotadas y golpeadas durante diez días. Su testimonio de fidelidad a Cristo dará la vuelta al mundo.

khiria

Khiria Al-Kas Isaac es una más entre los numerosos cristianos que han sufrido la violencia del Ejército Islamista.

Entre lágrimas explica que el pasado 7 de agosto tanto ella como su marido, Mufeed Wadee’ Tobiya, se dieron cuenta al despertarse que la localidad en la que vivían desde siempre había sido ocupada por los fundamentalistas.

Una vez detenidos, tanto ella como otras cuarenta y seis mujeres cristianas recibieron la «oferta» de convertirse para no morir decapitadas. Todas decidieron no renunciar a Cristo y entonces fueron separadas de sus familias, azotadas y golpeadas durante diez días para intentar lograr su «conversión» al Islam.

Cita el evangelio

Khiria explica que siempre que le ofrecían apostatar respondía: «Nací cristiana y si eso me lleva a la muerte, prefiero morir como cristiana». La mujer añade citando el evangelio: «Jesús dijo: `Cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que esté en el cielo» (MT 10,33)

La mujer explica que las mujeres eran reunidas frecuentemente como grupo para que se dieran cuenta de cómo habían sido torturadas cada una de ellas. Y asegura que ninguna de ellas capituló: «Todas llorábamos pero rechazamos convertirnos»

Feliz de morir como mártir

En otra ocasión tuvo la oportunidad de hablar con uno de sus captores, que le insistía en convertirse al Islam. Le aseguró que estaría feliz de morir como mártir y además le dijo que no entendía en qué manera su conversión, siendo mujer sin hijos, podía interesar para la expansión del Islam, tal y como era el deseo de los yihadistas.

Finalmente todos los cristianos que se habían negado a convertirse fueron expulsados de Qaraqosh. Khiria pudo ser entrevistada por Sahar Monsur en el campo de refugiados de Ankawa, cerca de la localidad de Irbil. Mansour asegura que la mujer apenas puede dormir por las pesadillas que le viene tras su experiencia.