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Archivo de la categoría ‘Iglesia – estado, sociedad y religión’

Todos los Santos. El Cielo está de Fiesta.

Los católicos estamos de fiesta. Todos los primeros de noviembre, celebramos la Festividad de todos los Santos. Así, un año más, nos encontramos celebrando la santidad de muchos hombre y mujeres anónimos, que precisamente por ese anonimato, no tienen día señalado en el santoral, pero que sin duda están también ya gozando de la presencia de Dios.

El 1 de noviembre la Iglesia Católica se llena de alegría al celebrar la Solemnidad de Todos los Santos, tanto aquellos conocidos como los desconocidos, que con su vida son ejemplo de que sí es posible llegar al cielo. Y esta es la verdadera fiesta de estos días.

No celebrar a los muertos, celebrar a los vivos, en Cristo nuestro Señor. A todos los qué a través de su vida terrenal, se acercaron y al final permanecieron fieles a la Fe. En definitiva; alcanzaron la SANTIDAD

Decía San Juan Pablo II un primero de noviembre de 1980: “Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta el que quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan, y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo en el año 156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general.

Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía, reuniéndose en el lugar donde estaban sus tumbas y haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están San Antonio en Egipto y San Hilarión en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Hasta poco antes del siglo X, era el obispo local quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

En el Concilio Vaticano II, se reestructuró todo el calendario santoral y se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas eliminándose algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros. Se seleccionaron los santos de mayor importancia, no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc. Se recuperó la fecha adecuada de sus fiestas, ésta es, el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir y se dio al calendario un carácter más universal, incluyendo santos de todos los continentes y no sólo de algunos de ellos.

Quedan pues, miles de mártires y santos en estado impreciso de su festividad y por lo tanto estas faltas de conocidos y desconocidos se debieran tener en cuenta. Y para compensar este hecho el papa Urbano IV decide dedicar un día durante el año para que los fieles lo dediquen a todos ellos. El Día de Todos los Santos, tradición católica instituida en honor de todos los santos, conocidos y desconocidos, según, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles.

En los países de tradición católica, esta festividad de Todos los Santos se celebra ahora el 1 de noviembre mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés y también la celebran en esa fecha las Iglesias Anglicana y Luterana.

En la Iglesia de Occidente, el papa Bonifacio IV, entre el 609 y 610, consagró el Panteón de Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario.  Y Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y fijó el aniversario para esta fecha de primero de noviembre, siendo Gregorio IV quien extendió la celebración en esa fecha a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

Desde entonces la fiesta se fue extendiendo, primero en Europa y luego en todo el mundo.

Como fiesta mayor, tenía su celebración vespertina en la vigilia, la noche del día anterior (31 de octubre) para preparar la fiesta.

Y en Inglaterra a esta vigilia vespertina se le llamó: All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando… All Hallowd Eve …, All Hallow Een….., Halloween.

Por esto ahora se relaciona esta fiesta con la tradición norteamericana del halloween que, en su forma actual, nada tiene que ver con las fiestas cristianas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.

 

¿Cuál es el origen de esta festividad, en principio católica?

Para algunos, el creador de la fiesta de Todos los Santos fue Alcuino de York, en el siglo VIII. Es en el año 798 cuando Alcuino escribe y felicita al arzobispo de Salzburgo por fijar esta festividad dentro de las calendas romanas de noviembre, tal y como él le sugirió.

Pero para otros, como ya hemos comentado y entre ellos la propia Iglesia católica, se cree que nace en la decisión del Papa Bonifacio IV, el 13 de mayo del año 609 o 610, cuando consagró el “Panteón de Agripa en Roma” al culto de la “Virgen y los mártires”, comenzando así una fiesta para conmemorar a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero qué por su fe y obras, son dignos de reconocimiento y veneración por toda la humanidad. Después, Gregorio IV, fijó el aniversario para la festividad pasando de la fecha del 13 de mayo al primero de noviembre.

Pero ¿por qué este cambio?  La respuesta la tenemos en la conversión al cristianismo de los pueblos de tradición pagana. Ellos se negaban a abandonar sus raíces y fiestas. Los dirigentes católicos pensaron qué instaurando fiestas nuevas, que coincidieran en fecha y de similar apariencia doctrinal, con las antiguas o propias de estos pueblos, les sería más fácil a estos nuevos creyentes ir abandonando sus antiguas creencias, sin que esto supusiera desechar su cultura e identidad.

La víspera del 1 de noviembre coincidía con una festividad, pagana, celta, la del “Samhein”, fiesta que marcaba el final del verano y de las cosechas para pasar a los días de frío y de oscuridad. En esa noche se creía que el dios de la muerte hacía volver a los muertos, permitiendo comunicarse así con sus antepasados. También esta práctica era habitual en el pueblo romano, pues el 21 de febrero celebraban la fiesta de “Feralia” ayudando con sus oraciones a la paz y el descanso de sus difuntos.

Nosotros, como cristianos, tenemos el deber de revisar, y poner en tela de juicio, todas nuestras costumbres y creencias, refrendándolas con la Palabra de Dios, para asegurarnos de que nuestros actos sean aprobados y bendecidos por Él. En el caso de estas dos fiestas vamos a ver que nos dice la Biblia sobre las oraciones por los muertos y el papel de intermediación de los “Santos” por nuestras almas.

¿Concuerdan estas tradiciones con el “deja que los muertos entierren a sus muertos” predicado por Cristo?, ¿Quiénes son los “Santos” según el Nuevo Testamento?, ¿por qué existen personas que sólo van a los cementerios un día al año y además equivocadamente? Intentaremos reflexionar sobre estas cuestiones, dejando de lado fanatismos e ideas preconcebidas.

El pueblo judío, (sobre todo las ramas más ortodoxas), contiene en sus tradiciones, oraciones y conmemoraciones tales como el Izkor, que está basado en la firme creencia de que los vivos por medio de actos de bondad, pueden redimir a los muertos. Por su parte, el Antiguo Testamento, prohíbe expresamente intentar relacionarse con ellos: “Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.” (Levítico 20.27) o en Deuteronomio 18.9-14., y, por consiguiente, no encontramos justificación para autorizar este tipo de oraciones, aunque en la cita se refiera a la invocación de los espíritus, tiene un sentido de prohibición a cualquier relación con el otro mundo, el de los muertos. No estamos hablando de recordar y añorar a nuestros seres queridos, sino de la posibilidad de interceder por ellos.

 

La Comunión de los santos.

Ya fijada esta festividad en el primer día de noviembre, conmemoramos a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

En el sentido literal, canonizar significa incluir un nombre en el canon o lista de los santos. A lo largo de los siglos, las comunidades cristianas han compilado numerosas listas de sus santos y mártires. Muchos de esos nombres se han perdido para la historia. La obra más completa que existe sobre los santos, la Biblioteca Sanctorum, abarca actualmente dieciocho volúmenes y menciona a más de diez mil santos con sus vidas y milagros.

Significa que los denominados como santos, participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el primero de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones. Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

 

Pero ¿Cómo alcanzar la santidad?

Si hoy subiríamos al cielo, contemplaríamos una gran multitud de personas que han amado de verdad a Jesucristo y ahora gozan de la visión beatífica. También nosotros dentro de algunos años, o quizá dentro de poco, ¿Quién lo sabe?, nosotros celebraremos esta fiesta en el cielo, porque también amamos a Jesucristo, a pesar de nuestras imperfecciones, En la fiesta de Todos los Santos podemos ver el éxito de Jesucristo. Millones de personas han creído en Él, han aceptado su mensaje y le han seguido, algunos hasta dar su sangre en el martirio. Los santos son el mejor fruto de la Pascua, y su felicidad es la felicidad del mismo Cristo.

En el Apocalipsis podemos leer: “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación raza, pueblos y lenguas. De pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!” (Ap 7,9-1).

Seguramente que nuestros abuelos, hermanos, padres o hijos, ahora, gozarán de la visión de Dios, y celebramos su fiesta en este día de Todos los Santo.

San Pablo, en la carta a los Efesios, nos dice: “Él nos eligió en la persona de Cristo -antes de la creación del mundo- para que fuésemos santos e irreprensibles ante él por el amor. Él nos ha destinado, en la persona de Cristo, a ser sus hijos” (Ef 1,4-5).

Y Jesús nos dice: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).

Esta es la voluntad de Dios: que todos nos salvemos y gocemos de la vida eterna.

 

¿En qué consiste la santidad?

La santidad consiste en vivir las bienaventuranzas. Ser pobre, ser humilde, ser misericordioso, luchar por la justicia, ser portador de paz y sufrir por el reino de Dios.

Este es el programa que expone Jesucristo y que nosotros, sus seguidores, hemos de llevarlo a la práctica. Santa Teresa nos dice que la santidad consiste en una disposición del corazón, que nos hace ser humildes y pequeños en los brazos de Dios. ¡Qué definición más bonita! ¡Ponernos en los brazos de Dios!

 

PONGAMOS AHORA NUESTRA MIRADA EN LA PERSONA DE JESUCRISTO

Miremos la gran figura de Jesucristo, y, aunque sea muy brevemente, consideremos cómo El, lleva a cabo las bienaventuranzas que hemos escuchado del evangelio y, cómo nosotros, en la vida cotidiana, es posible que podamos practicarlas.

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,3)

Jesús nació pobre, fue un trabajador, murió pobre en una cruz y fue enterrado en un sepulcro que no era suyo, hoy diríamos, de alquiler. Es posible que nosotros podamos poner en práctica la pobreza de espíritu, rectificando, de hecho, el ansia de riqueza que todos llevamos dentro.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados (Mt 5,4)

Jesús lloró cuando murió Lázaro, su amigo; ante la ingratitud de Jerusalén; en el huerto de los olivos, y en la cruz. Es posible que, en nuestra vida, más de una vez, hayamos de enjugar alguna lágrima de alguien que llora la muerte de un familiar, de una madre, de un hijo o hija drogadictos, de un amigo que pasa un mal momento en su vida afectiva, por falta de trabajo o soledad.

Dichosos los humildes, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5,5)

Jesús fue manso y humilde de corazón. Su mansedumbre y su humildad atraían a los niños, a los enfermos y afligidos. Yo soy sencillo y humilde de corazón (Mt 11,29). Dijo Jesús. Es posible que nosotros podamos ejercer la virtud de la humildad y de la mansedumbre, superando el deseo de insultar, o de despreciar a aquél o a aquella que se ha portado con nosotros de una manera incorrecta o indiferente.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados (Mt 5,6)

Jesús tuvo hambre de la gloria de su Padre, y se olvidaba del hambre material, porque su comida era hacer la voluntad de su Padre. Recordad el pasaje de la samaritana. Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado, hasta llevar a cabo su obra (Jn 4,34).

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7)

Jesús era misericordioso. Perdona a la pecadora, a la adúltera y a sus enemigos en la cruz. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Es el Padre misericordioso que espera que su hijo pródigo vuelva. Es posible ser misericordiosos en la forma de juzgar a las personas, saber disculpar, y procurar olvidar las ofensas que nos hayan hecho. En el Padrenuestro decimos: Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6,12).

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,8)

Jesús era limpio de corazón. Jesús pregunta: ¿Quién me acusará de pecado? El era la inocencia personificada. ¿Quién de vosotros sería capaz de demostrar que yo he cometido pecado? (Jn 8,46). Es casi seguro que tendríamos que comprobar si nuestro corazón, nuestra mirada, nuestras palabras y actitudes son limpias, para no condenar, o ver segundas intenciones, sino debilidad, cuando juzgamos el mal comportamiento de una persona que nos ha ofendido. Muchas veces lo sentimos y nos duele, y por eso damos una respuesta crispada o que ofende.

Yo no celebro Halloween. Soy Católico

El papa Bonifacio IV entre los años 609 y 610 en la Iglesia de Occidente, consagró el Panteón de Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándoles de esta forma un aniversario a celebrar el 13 de mayo. Años después, el papa Gregorio III entre los años 731 y 741, consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y fijó el aniversario para esta nueva fecha de primero de noviembre, siendo ya Gregorio IV quien extendió la celebración en esa fecha a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

Desde entonces la fiesta se fue extendiendo, primero en Europa y luego en todo el mundo. Como fiesta mayor, tenía su celebración vespertina en la vigilia, la noche del día anterior (31 de octubre) para preparar la fiesta.

Y en Inglaterra a esta vigilia vespertina se le llamó: All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando….All Hallowd Eve …., All Hallow Een….., Halloween.

Por esto ahora se relaciona esta fiesta con la tradición norteamericana del halloween que, en su forma actual, nada tiene que ver con las fiestas cristianas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.

¿Holywins o Halloween?

Como ya hemos comentado, All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos), con el paso del tiempo su pronunciación cambia a All Hallowd Eve ,después All Hallow Een, terminando en Halloween. Y ahora podemos continuar con este mismo juego y cambiamos de nuevo el orden y sentido de las letras y palabras, “Holywins”.

La fiesta de “Holywins” juego de palabras que en inglés significa “la santidad vence” o “lo santo gana”, nace en 2002 en París en una fiesta de Todos los Santos coordinada por la Comunidad de Emmanuel junto con otros movimientos católicos y los jóvenes de la diócesis para salir por las calles a evangelizar, repartiendo 150.000 ejemplares de una revista que hablaba sobre los santos, la muerte, la esperanza cristiana en la vida eterna, y reflexionaba sobre los seres queridos que ya murieron.

Pero claro, luchar para combatir o competir con Halloween, creemos que es difícil, muy difícil. La popular Halloween, sobre Todos los Santos, tiene muchas “ventajas”. Tiene disfraces y emociones fuertes, la fiesta es divertida y celebrativa, tiene además ventajas “comerciales” pues invita a consumir y a gastar, se publicita mucho, sale resaltadas en las teleseries y dibujos animados, etc….

Hasta hace unos años, eso no habría bastado para implantarse a nivel popular en los países hispanos o latinos, ni tampoco en los europeos, y de ahí que se haya derrochado mucha imaginación y trabajo por conseguir que los niños y jóvenes pidan celebrarlo. Hay que añadir que en nuestros propios colegios los maestros y profesores, junto a los propios padres de los niños, han implantado la fiesta y los disfraces y claro, de esta forma entonces sí ha arraigado.

Pero Halloween tiene un gran vacío: No tiene verdaderos protagonistas, no tiene rostros, no tiene historias.

Todos conocen, por ejemplo, la historia de los Reyes Magos y los nombres de sus protagonistas (Melchor, Gaspar, Baltasar, el Niño Jesús, María y José, Herodes…). Es un ejemplo de tradición con historia, con disfraces, con caramelos, con niños. ¿Alguien sabe o conoce el nombre de algún personaje hallowiniano? ¿o de alguna hazaña o historia ligada a esta fiesta?.

Por eso es normal que allí donde los cristianos han querido “plantar cara” a Halloween lo hayan hecho, precisamente, ofreciendo rostros e historias, y una multitud de ellos: los santos.

Es muy importante celebrarlo en las parroquias, en los colegios y en la misma calle. Es importante implicar a los niños con disfraces y si se puede, contar las historias de los santos, sus mensajes y evangelizar. En muy importante, no lo dudemos. Cada año vamos ganando terreno en ello y no podemos dejar de avanzar.

Como ejemplo, sirve el planteamiento a seguir para alejar a la juventud de una noche de “marcha” de un sitio concreto. Para ello, solo basta con ofrecer otra “marcha” distinta y en otra zona de la ciudad.

La diócesis española que lleva más años celebrando Holywins y que cada año lo amplía más, es la de Alcalá de Henares. Este año celebra su noveno Holywins, y han aprendido que es importante involucrar cada vez más a los niños, porque así también se involucra a los padres, y porque se contrarresta el influjo de Halloween en el colegio.

Desde la diócesis ayudan a todas las parroquias enviando materiales sobre algunos santos para las catequesis infantiles, animando a que vengan a la fiesta los niños disfrazados de santos.
Así, en catequesis a los niños les habrán enseñado y explicado la santidad, y figuras como San Francisco, Teresa de Calcuta, los Pastorcillos de Fátima, etc.. y distribuyen caramelos a los niños, pero también para repartir”.

Para completar la fiesta, explican la forma de confeccionar partiendo de “otros disfraces” y sin gastar dinero, transformándolos en bonitos y originales disfraces de santos. Y los hay de todo tipo…. Por ejemplo, quien tenga una armadura, escudo y espada, puede ser San Jorge, y si le añades alas, San Miguel Arcángel.

Una tela marrón con capucha y una cuerda blanca vale para cualquier santo franciscano.

El vestido de princesa de Carnaval sirve para cualquier princesa santa: Olga, Clotilde, Margarita de Escocia, Eduvigis…
Con un disfraz de vikingo, hacha y escudo redondo eres San Olaf o, San Canuto.

Una túnica verde sirve para San Patricio (aunque probablemente él no iba de verde).

 

Por supuesto, un traje de soldado romano o de dama romana puede representar a una infinidad de mártires antiguos.

Una túnica y un manto (recuperado del belén viviente del colegio) sirven para ser uno de los Doce Apóstoles.

Y si al niño le gusta lo “gore” y tiene un disfraz con una cabeza cortada en una bandeja, puede ir de San Juan Bautista Decapitado (un motivo clásico del arte).

Se puede animar a los niños de distintos cursos a ir en grupos temáticos: 6 niños de romanos pueden ser la Santa Legión Tebana; el grupo que junte 12 apóstoles asombrará a todo el mundo.

Lo mejor de los santos es que son muchos, variados y con grandes historias: ¡cuantos más santos, más historias!

No dejemos que las calabazas y los fantasmitas se adueñan de las calles, los escaparates y los colegios.

En Parroquias, colegios y asociaciones, podemos tener iniciativas como por ejemplo; organizar un festival de disfraces infantiles, saliendo con su disfraz y hablando de su santo. Se pueden realizar exposiciones sobre la vida de los santos, y concursos de catequesis y canciones. También se pueden organizar mesas redondas en la que participen profesionales cristianos dando su testimonio. Incluso organizar una “Peregrinación de los Santos” dando simplemente una vuelta a la manzana, colocar pancartas y carteles con el lema “Holywins: los santos ganan”

Pero incluso se puede salir en grupos de jóvenes numerosos y colocar en el suelo gran cantidad de velas, simulando estrellas. La idea base es que “cada santo, sea una verdadera estrella del Señor, y juntos formen su corona de amor sobre nosotros”, lo que implica y hace extensible también a las personas queridas que fallecieron, “estrellas que iluminaron nuestras vidas: un abuelo ó abuela, nuestra padre o madre, un hermano o hermana, un amigo ó amiga…” Proponen encender una vela recordando a “Todos nuestros Santos”

Pero como suele suceder en la Iglesia, muchos años después del gran “Holywins” de París, estas iniciativas siguen siendo puntuales, aisladas y esporádicas, con honrosas excepciones. Parece que a muchos colegios, incluso religiosos, les resulta más fácil usar alas de murciélago que alas de ángel, brujitas en vez de santos y decir que las gasas en el techo son telarañas, en vez de nubes celestiales.

Pero si los padres, jóvenes católicos, párrocos y profesores concienciados se organizan, Holywins puede convertirse en una gran ocasión evangelizadora. Y a los niños les encantará.

“Sé valiente, la misión te espera” Domund 2017

La Jornada Mundial de las Misiones, en España conocida como DOMUND, es una llamada de atención sobre la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización e invitando a amar y apoyar la causa misionera. Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada.

Estos lugares son conocidos como Territorios de Misión, están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y dependen en gran medida de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo.

Donde nadie quiere estar, allí están los misioneros y religiosos. Donde nadie quiere quedarse, allí se quedan los misioneros y religiosos. A donde nadie quiere volver, allí vuelven los misioneros y los religiosos. A donde nadie destina dinero y mucho menos hacen llegar el dinero recaudado, allí llega el dinero íntegro e incluso a veces multiplicado por los misioneros y religiosos

El DOMUND pues, es una jornada universal que se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre para ayudar a los misioneros en su labor evangelizadora desarrollada entre los más pobres, pero durante todo el año se promueven y realizan actividades de animación misionera y de cooperación con las misiones.

El domingo 22 de octubre se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND, con el lema “Sé valiente, la misión te espera“.  El DOMUND es una Jornada universal que se celebra cada año en todo el mundo, el penúltimo domingo de octubre, para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres. Es, además, una llamada a la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización. Es el día en que la Iglesia lanza una especial invitación a amar y apoyar la causa misionera, ayudando a los misioneros.

El año pasado España destinó 12.256.618,25 euros para atender 658 proyectos en 176 diócesis de 37 países.

Obras Misionales Pontificias es la encargada de elaborar y distribuir los materiales para preparar esta jornada misionera.

Explicación del lema y del cartel “Sé valiente, la misión te espera”

El Domund, jornada misionera en la que de un modo especial, la Iglesia universal reza por la misión y los misioneros y colabora con ellos.

“Sé valiente”. El papa Francisco invita continuamente a retomar la audacia del Evangelio. Coraje y valentía para salir de nosotros mismos, para resistir la tentación de la incredulidad, para gastarnos por los demás y por el Reino, para soñar con llegar al más apartado rincón de la Tierra.

“La misión te espera”. Es la hora de tener valor para tomar parte en la actividad misionera de la Iglesia. Hasta el último confín, sin límites ni fronteras. Todos estamos llamados a la misión. El anuncio del Evangelio es una necesidad del creyente.

“La misión en el corazón de la fe cristiana”. Lo recuerda el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017. La mayoría de los bautizados viven la misión en su vida diaria, algunos son enviados por la Iglesia como misioneros; pero todos sienten la necesidad de transformar su existencia en un compromiso misionero. Se trata de “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20).

Con la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, se apoya económica y espiritualmente a los territorios de misión, aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Estos territorios están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y dependen de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de todo el mundo.

Sé valiente, la misión te espera

Los orígenes del Domund. La Obra de la Propagación de la Fe.

La Obra de la Propagación de la Fe fue fundada por Paulina Jaricot en Francia en 1822, con la intención de cooperar espiritual y materialmente con la labor misionera de la Iglesia.

paulina-jaricot

La Sociedad de Misiones Extranjeras de París había fundado en 1817 una asociación de laicos en la que se pedía a sus miembros, además de oraciones, la colaboración material, con una aportación semanal destinada a la propagación de la fe. La joven Paulina Jaricot se unió a ellos, decidida a consagrar su vida al servicio de Dios y de la Iglesia como cristiana seglar en medio del mundo. Su entusiasmo hizo que se incorporaran muchas otras personas, especialmente de entre las obreras de la fábrica textil de su padre en Lyon.

Sin embargo, las colectas resultaban modestas e irregulares. Entonces, en otoño de 1819, Paulina tuvo la inspiración de organizarlas de otra manera: se agruparían diez socios bajo un responsable, que recogería de cada uno lo correspondiente a la aportación de un día cada semana; cada diez responsables de decena habría un responsable de centena, y cada diez jefes de centena habría un responsable de millar. Así resultaba una red de oraciones, de recolección de fondos y de propaganda misional.

La asociación conoció un rápido desarrollo entre las gentes más humildes de Francia: obreros, criados y pequeños artesanos. En 1820 Paulina pudo hacer el primer envío importante a las misiones extranjeras de China.

El 2 de mayo de 1822 nació oficialmente la Obra de la Propagación de la Fe, que fue creciendo mientras Paulina se escondía como una más entre los asociados. Siguió trabajando hasta su muerte, en 1862, para difundir esta gran asociación que tanto beneficiaba a las misiones.

La Obra no tardó en extenderse por otros países. El impulso del Papa León XIII contribuyó de manera especial a su difusión universal. En el año 1922 Pío XI concede a la Obra el título de Pontificia y la declara órgano oficial de la Iglesia para las misiones, trasladando su sede central a Roma e implantando subsedes nacionales en cada país.

El mismo “Papa de las misiones”, Pío XI, aprobó en 1926 la institución en todo el mundo católico de una jornada en favor de esta Obra, el “Domingo Mundial de las Misiones”.

La Obra de la Propagación de la Fe en España.

La Propagación de la Fe se introdujo en España en 1839, cuando el obispo de Cádiz, fray Domingo de Silos Moreno, lanzó a las diócesis españolas una invitación a establecer la Obra. Suprimida por decreto ministerial en 1841, esta se movió en la clandestinidad hasta su restablecimiento en 1884, gracias a las iniciativas de la Condesa de Armíldez de Toledo.

En cuanto al “Domingo Mundial de las Misiones”, don Ángel Sagarmínaga, recién nombrado entonces Director Nacional de la Propagación de la Fe, impulsó su celebración en el mismo 1926. Pese a los modestos resultados iniciales (sólo respondieron dos diócesis ese primer año y algunas más el segundo), la Jornada llegó a tener con el tiempo la gran implantación que hoy conocemos. Don Ángel, primer Director Nacional de las OMP en España, siguió siendo más de cuarenta años su gran promotor y el que, desde 1943, la popularizó con el nombre de “Domund”.

Ángel Sagarmínaga

Este gran sacerdote misionero, nació en Yurre el 1 de marzo de 1890, y murió el 15 de marzo de 1968.

Una de las mayores cualidades que D. Ángel aportaba a todo su hacer, es la de trabajar sin pensar en términos de “éxito” o “fracaso”. Todo lo que se haga, se hace con paz y constancia y después se pone todo en manos de Dios.

D. Ángel llegó a ser conocido como “el hombre del DOMUND”, pero ese sobrenombre esconde una historia singular de esfuerzos, fracasos y tenacidad contra viento y marea. Y así fue desde el principio: cuando se lanzó a impulsar la celebración en España del primer Domingo Mundial de las Misiones, en 1926, obtuvo el “gran éxito” de que respondieran solo dos diócesis. Pero siguió adelante… Y al año siguiente fueron solo seis. Pero siguió adelante…

Año tras año, D. Ángel continuó su infatigable trabajo de animación misionera en circunstancias nada fáciles. De hecho, con su sentido del humor, él decía de su papel en esos comienzos: “Estaba siempre al pie del cañón; cosa en extremo difícil… porque antes tenía que fabricar el cañón”.

Insistía en que no tienen que distraernos ni los aparentes logros ni los aparentes batacazos. Tan claro lo tenía que contaba y decía: “El Papa no me ha enviado a conseguir éxitos, a recaudar limosnas, sino a predicar”. Y así se lo transmitía a todos sus colaboradores: “Dios no nos exige el éxito: nos exige el trabajo”.

Este domingo con el DOMUND, tenemos la gran suerte que ahora disponemos de no tener ya, que fabricar el cañón como le pasó a D. Ángel, las energías de muchísimas personas se vuelcan en la preparación de este gran día de las misiones, se junta con la aportación cómplice de todos los que apoyamos con nuestro dinero y nuestras oraciones a todo este gran grupo de sacerdotes, misioneros, religiosos, voluntarios, laicos, etc., todos ellos “misioneros de vanguardia y retaguardia”.

Para ellos tiene que ir nuestro abrazo, nuestro agradecimiento por el trabajo y la ilusión “extra”, pero sobre todo, nuestra aportación generosa.

Nuestra Señora Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad

Según documentos del siglo XIII, el Apóstol Santiago, El Mayor, hermano de San Juan, viajó a España a predicar el evangelio (año 40 d.C.), y una noche la Virgen María se le apareció en un pilar.

Desde entonces la Virgen del Pilar y España, están unidos por la fe y la tradición. Y la tradición nos cuenta, que Santiago había llegado a Aragón, al territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, y una noche, estando en profunda oración junto a sus discípulos a orillas del río Ebro, la Santísima Virgen María se manifestó sobre un pilar, acompañada por un coro de ángeles, (ella aun vivía en Palestina). La Virgen le habló al Apóstol pidiéndole que se le edificase ahí una iglesia con el altar alrededor al pilar y expresó: “Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda”.

El lugar, ha sobrevivido a invasiones de diferentes pueblos y a la Guerra Civil española de 1936-1939, cuando tres bombas cayeron sobre el templo y no estallaron. También se cree que la Virgen le dio al Apóstol una pequeña estatua de madera.

Luego de la aparición, Santiago junto a sus discípulos comenzaron a construir una capilla en donde se encontraba la columna, dándole el nombre de “Santa María del Pilar”. Este fue el primer templo del mundo dedicado a la Virgen. Después de predicar en España, Santiago regresó a Jerusalén. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir, luego del suceso sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado).

El primer santuario sobre la tumba de Santiago la ordenaron  construir el rey Alfonso II, El Casto de Asturias,  y el obispo Teodomiro en el siglo IX. Hoy se encuentra una  magnífica catedral en sitio.

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces, el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro”.

Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”.

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando oyó voces de ángeles que cantaban “Ave, María, gratia plena” y vio aparecer a la Virgen María Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio.

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada ala Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.

Así mismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, “donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente”, cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza en el año 714, había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como “una antigua y piadosa creencia”.

Milagros de la Virgen.

En 1438 se escribió un libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: “creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santísima y Purísima Virgen María y Madre de Dios, Santísima María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros”.

El llamado gran milagro del “Cojo de Calanda” sucede entre los años 1637 y 1640. Trata de un hombre joven campesino llamado Miguel Juan Pellicer y vecino de Calanda, a quien le amputaron una pierna. Tres años y cinco meses más tarde, la noche del 29 de marzo de 1640, mientras soñaba que visitaba la basílica dela Virgen del Pilar, sucedió que le fue restituida de modo repentino la pierna derecha y que le había sido amputada años atrás. La pierna que tras sufrir un accidente, estaba enterrada en el cementerio de un hospital. Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro que recuerda este milagro.

Aunque el Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para esta festividad de la Virgen del Pilar, ya desde siglos antes en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Dicha tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó el papa Clemente.

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones, la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: “Con ninguna nación hizo cosa semejante”, cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición “pilarista” con la tradición “jacobea”. Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de España.

Otro prodigio, y este mucho más reciente, ocurre el 3 de agosto de 1936 durante la tristemente famosa Guerra Civil Española. Pasadas las 2 de la madrugada del día 3 de agosto de 1936, se oyó el zumbido de los motores de un avión que volaba bajo, a unos 150 metros aproximadamente. Era un Fokker que dio unas pasadas, rozando las torres de la Basílica. Fueron arrojadas tres bombas sobre el templo con intención de destruirlo. Una de ellas cayó frente a la Basílica, no causando ningún desperfecto. Se clavó en la calle, a unos pasos del templo levantando unos adoquines que dejaron en el pavimento la silueta de una cruz. Las otras dos, cayeron sobre la mismísima Capilla de la Virgen, sin explotar. Una de ellas, atravesó el techo dando en un nervio de la bóveda de descarga de la cúpula de la Capilla. Hoy, y para recuerdo se pueden ver colgadas dentro de la Basílica los citados artefactos.

El papa Pío VII, elevó la categoría litúrgica de la fiesta y Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma eucaristía que se celebraba en España.

 

Bombas de la guerra civil

El símbolo de la columna o pilar.

La columna es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, “manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios”. Es soporte de los sagrado, soporte de la vida cotidiana. María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

Las columnas garantizan la solidez del edificio, sea arquitectónico o social. Quebrantarlas es amenazar el edificio entero. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios.

Vemos en Ex 13, 21-22, que una columna de fuego por la noche acompañaba al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario.

En la Virgen del Pilar el pueblo ve simbolizada “la presencia de Dios, una presencia activa que, guía al pueblo de elegido a través de las emboscadas de la ruta”.

Las Sagradas Escrituras, hablan de la columna que guiaba al pueblo de Dios durante el destierro hacia la tierra prometida. Esa columna debe ser para nosotros este Pilar de Zaragoza que ha recibido a través de los siglos la fe de nuestros padres y que ha amparado a cuantos a ella, a María, se han dirigido. A sus pies siempre tiene fieles venidos de todas las partes de España y aún más allá, para venerar este sagrado lugar donde reside María, la Madre, la Señora, siempre con los brazos y el corazón abiertos para bendecir, amparar, y consolar. No sólo el día 12 de octubre, que se celebra su fiesta, sino cada día miles de corazones se postran ante ella en este privilegiado lugar de oración, de recepción de sacramentos, de vivencia de nuestra fe.

La imagen de la Virgen del Pilar.

El Pilar, es una columna de jaspe de forma cilíndrica de 1,67 metros de altura y 25 centímetros de diámetro. Encima del Pilar, descansa la imagen de la Virgen. Es de madera dorada, de estilo gótico, y con tan sólo 38 cm de altura. La Virgen sujeta con la mano derecha el manto que le cae por la espalda, mientras sostiene al Niño con el brazo izquierdo. El Niño Jesús tiene las piernas cruzadas y con la mano izquierda coge un pajarillo y con la derecha recoge el manto de su madre. Probablemente, se trata de una escultura de estilo gótico tardío franco-borgoñón de hacia 1435, siglo XV, atribuida a Juan de la Huerta, imaginero de Daroca. El rostro de la Virgen posee ternura y el niño puede haber sido objeto de una restauración poco cuidadosa.

Virgen de Pilar

Probablemente la imagen fue donada por Dalmacio de Mur, con el mecenazgo de la reina Blanca de Navarra, mujer de Juan II de Aragón, a raíz de la curación de una enfermedad que aquejó a la reina por aquel entonces.

Las coronas fueron construidas en los talleres Ansorena de Madrid, gracias al patrocinio de un grupo encabezado por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena. El 28 de abril de 1905 el arzobispo zaragozano Juan de Soldevilla llevó las coronas a Roma para ser bendecidas por el Papa. Y el 20 de mayo, fue el día en que se coronó a la Virgen del Pilar.

Prelados de toda España y representantes diplomáticos acudieron a la ceremonia, donde también estuvo presente un número hasta entonces inusitado de peregrinos. A las doce en punto del día el obispo coronó al Niño y después a la figura de la Virgen, en medio de una atmósfera de emoción generalizada. Días después comenzaron las peregrinaciones, realizadas por grupos, ya que no era posible obtener alojamiento en la ciudad para todos los peregrinos.

El día 2 de enero, se conmemora la fiesta de la Venida de la Virgen, el 12 de octubre es la fiesta del Pilar y el 20 de Mayo es la fiesta de la coronación canónica. Es por eso que los días 2, 12 y 20 de cada mes la imagen aparece sin manto, dejando ver la guarnición semicilíndrica de plata labrada de la columna.

“¡Qué pequeña eres, pero qué influencia tan grande tienes!” le dijo Juan Pablo II en una de sus visitas a la Virgen de la columna. Y así es efectivamente. Los 38 cm. de la imagen de la Virgen del Pilar, sobre la columna de jaspe de 1.77 m., parecen la viva expresión material del Magnificat: “Ha mirado la pequeñez de su sierva… Ha hecho grandes cosas por mi”. Añade también Juan Pablo II: “Doy fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra española donde tantos frutos ha producido.”

Capilla del Pilar

La columna de jaspe, esta resguardada por un forro de bronce y plata y cubierta por un manto hasta los pies de la imagen, a excepción como ya se ha dicho, de los días dos, doce y veinte de cada mes en que aparece la columna visible en toda su superficie.

En la fachada posterior de la capilla se abre el llamado humilladero, donde los fieles pueden venerar a la Santa Columna a través de un óculo abierto al jaspe.

La Virgen del Pilar fue la sexta imagen mariana de España en recibir la Coronación Canónica después de la imágenes de la Virgen de Montserrat en 1881, la Virgen de la Merced de Barcelona en 1886, la Virgen de la Candelaria de Tenerife en 1889, la Virgen de los Reyes de Sevilla en 1904 y la Virgen de la Misericordia de Reus también en el mismo año.

La Basílica de la Virgen del Pilar.

Es la más extraordinaria que tiene España como prueba de una antiquísima y profunda devoción por la Santísima Virgen María. Esa gran basílica mariana con sus once cúpulas y sus cuatro campanarios es famosa en el mundo entero.

Basílica del Pilar

El interior de la Basílica es de una gran belleza y una serena grandiosidad. Toda la traza del templo está acomodada a la idea, siempre defendida por el Cabildo del Pilar, de no mover de su sitio la Sagrada Columna de la Virgen.

La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es visitada por millares de personas cada día. Son los hijos que vienen a rezarle a su madre quien nunca los abandona.

Al principio del siglo XVI, el arzobispo Alonso de Aragón, hijo del rey católico, transformó en estilo gótico la iglesia anterior, erigida en el lugar mismo de la aparición de la Virgen, que quedó así incluida desde entonces dentro del templo; el lugar mas sagrado de esta capilla lo constituía y lo sigue constituyendo el que ocupa la santa columna, su mas preciada reliquia, en la que se asienta la imagen de la Virgen.

Por la necesidad que se vio de cobijar a las inmensas muchedumbres de peregrinos y poder atender mejor a los numerosos asistentes en los actos de culto, en 1681 se puso la primera piedra del nuevo templo, donde se incluyó también la santa capilla, conservando intacto el lugar de asentamiento de la columna de la Virgen. En 1872 se concluyeron las diversas capillas y cúpulas, más tarde se añadirán las cuatro torres, la última se concluyó en 1961.

Los sitios de Zaragoza, (1808) durante la guerra de independencia, dieron notoriedad a la devoción de la Virgen del Pilar. Junto a su manto se reunía el pueblo buscando en ella protección y aliento; se le representaba velando el sueño de los soldados y se le nombró: “capitana de la tropa aragonesa”. Un siglo mas tarde en 1908, la devoción a la Virgen del Pilar, afianzo su dimensión hispánica con el tributo que se le ofreció de todas las banderas de las naciones hispanoamericanas, que cuelgan actualmente en los muros del Pilar.

El 24 de junio de 1948, el papa Pío XII concedió a la catedral de Nuestra Señora del Pilar el título de Basílica menor, mediante el breve Decus ornarnentumque. Más de cuatro décadas atrás, el 22 de junio de 1904 el gobierno del rey Alfonso XIII había declarado El Pilar, Monumento Histórico-Artístico Nacional.

Liturgia Eucarística para la Festividad de la Virgen del Pilar.

En la liturgia del 12 de octubre, festividad de Nuestra Señora La Virgen del Pilar, puede leerse como primera lectura de la misa 1ª de Crónicas 15,  donde recuerda a la Virgen simbolizada por el arca de la alianza, presencia de Dios en medio de su pueblo, a través de María, lo cual es gozo para la Iglesia.

La segunda lectura, los versículos 12-14 del capítulo 1 de los Hechos de los apóstoles, después de enumerar a los once apóstoles, Lucas nos dice que estaban en oración con “María, la madre de Jesús”. Presencia aparentemente discreta, de segundo plano. María, sencilla, como perdida entre apóstoles, discípulos y discípulas, pero ¡qué fuerza emana de esas palabras! Como semilla que germina y da fruto abundante.

El evangelio (Lc. 11, 272-28), es también corto y significativo: una mujer que levanta la voz declarando dichosos el vientre y los pechos de la madre de Jesús. Y el mismo Jesús que replica: “Mejor: ¡dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” Elogio que se aplica en primer lugar y plenamente a María, la “dichosa por haber creído”; pero que se siente más dichosa todavía al poder “dar” a todos ese Jesús concebido en su vientre y alimentado a sus pechos.

El prefacio celebra las maravillas que Dios ha realizado en María, “esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo”.

Desde la Antífona de entrada: se piensa en la Virgen como “la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto”.

El salmo responsorial se recuerda “el Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado”.

En el aleluya: “afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca una cántico nuevo”.

Domina en la liturgia la idea de la presencia de María en la Iglesia y de la firmeza que su intercesión y su devoción procura al pueblo de Dios.

En la oración colecta se pide por intercesión de la Virgen, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, fortaleza en la fe. A imitación de la virgen Engracia y sus 18 compañeros mártires, fuertes en la fe en la persecución de Diocleciano, en el año 304, sufriendo con entereza los más atroces suplicios para mantener intacta la fe de su bautismo.

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, la seguridad en la esperanza. Como aquel desterrado de la revolución francesa, el beato Guillermo José Chaminade, que pasa tres años a los pies del Pilar de 1797 a 1800, seguro en la esperanza de un renacimiento cristiano en su patria. Para asegurarla, la Virgen del Pilar le inspira sus fundaciones marianistas para renovar la fe de la juventud de su patria y del mundo. Y sus hijos e hijas, agradecidos, han llevado a todo el mundo su nombre, su imagen y su devoción.

Ofrenda floral a la Virgen del Pilar

Innumerables han sido los que han recibido, de María del Pilar, la constancia en el amor. Como aquella joven mujer de 23 años, María Rafols, que llega a Zaragoza en 1804, dispuesta a atender con un grupo de compañeras a los pobres y enfermos: las Hijas de la caridad de Santa Ana. Durante los dos sitios de Zaragoza, en plena guerra de la Independencia, merecerá que la ciudad de Zaragoza la declare “heroína de la caridad”.

Fe, esperanza y amor reparte la Virgen desde su Pilar, desde su atalaya zaragozana.

Con razón, el Papa Juan Pablo terminaba su oración a la Virgen: “Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad… Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como patrona de la Hispanidad.”

12 de Octubre, Festividad de la Virgen del Pilar Día de la Hispanidad.

María del Pilar, en su fiesta del 12 de octubre de 1492, se convierte en proa de nave misionera. Es ella quien parece regalar a su hijo un nuevo mundo, a través de Colón y sus marineros, a bordo de tres carabelas, cuya capitana se llama la Santa María. Por eso Juan Pablo II, hace un alto en Zaragoza el 10 de octubre de 1984, camino de Santo Domingo para inaugurar la novena de años que van a preparar la celebración de la llegada del cristianismo a tierras americanas.

Dice el Papa: “Brilla aquí en la tradición firme y antiquísima del Pilar la dimensión apostólica de la Iglesia en todo su esplendor (…) La fe que los misioneros españoles llevaron a Hispanoamérica es una fe apostólica heredada de la fe de los apóstoles, según venerable tradición que aquí junto al Pilar tiene su asiento”.

Cuenta la leyenda que aquel 12 de Octubre de 1492, Cristóbal Colón, al servicio de los Reyes Católicos de España, descubre América. Ello produjo una transformación total del mundo. El hecho es sobradamente conocido. Se cuenta igualmente que salieron unos destellos luminosos desde el templo del Pilar que guiaron a Colón a descubrir las tierras americanas y precisamente cuando las tres carabelas avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los devotos dela Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Hispanidad, era ya el día de la Virgen del Pilar.

El Papa San Juan Pablo II en 1984, al hacer escala en su viaje a Santo Domingo para iniciar la conmemoración del descubrimiento de América, reconoció a la Virgen del Pilar como “patrona de la hispanidad”.

De Acción de Gracias por la vendimia y cosechas, a Fiesta de la Vendimia.

Las fiestas de septiembre en Logroño, conocidas como “ San Mateos”, tienen lugar en la semana natural que engloba el día 21 de septiembre, día que el santoral dedica a éste apóstol. A pesar de la creencia popular, no son estas las fiestas patronales de la ciudad, las cuales se celebran el 11 de junio, festividad de San Bernabé, patrón de la ciudad.

Sus orígenes se remontan al siglo XII. La ciudad de Logroño, al obtener la categoría de villa, tenía derecho a la celebración de una feria anual, acto que la convirtió en una sede importante de comercio. Esta feria fue adquiriendo cada vez mayor relevancia, y el carácter lúdico-festivo fue apoderándose de la misma. Se celebraban originalmente en el día de Acción de gracias, y en ellas los riojanos agradecían la cosecha recogida.

El rey Fernando VII en 1818, y posteriormente la reina Isabel II en 1845, refrendaron la celebración de estas ferias. Un Real Decreto de esta reina concedió permiso para que las ferias, que originalmente como decimos, se celebraban a primeros de septiembre, se trasladaran a las fechas del 16 al 23 de septiembre.

Finalmente la fecha se fijó en el 21 de septiembre, festividad de San Mateo, que fue recaudador de impuestos, y que acabó convirtiéndose en patrón de los mercaderes.

En el año 1956 pasaron a denominarse Fiestas de la Vendimia, dada la proximidad a las fechas de recogida de la uva en una tierra marcada por el vino, producto que tanto renombre y popularidad da a toda esta región y ciudad.

Estas fiestas han sido desde hace unos años, declaradas de interés turístico nacional.

Todos los días 21 de septiembre, día central de dichas fiestas, festividad de San Mateo, se desarrolla un acto tradicional en el Paseo del Espolón: cestos de racimos de uva de todas las comarcas riojanas son traídos por parejas de niños vestidos con los trajes típicos comarcales y se vierten a una tina donde serán pisados según la manera tradicional: dos hombres vestidos con el traje regional, la familia Urdiales, descalzos y uniendo sus brazos van dando vueltas dentro de la tina, en una especie de baile ancestral, donde se han depositado los racimos de uva.

El mosto extraído en este rito del “pisado de la uva”, es decir el Primer Mosto de la Vendimia, es recogido en un jarro por los vendimiadores Mayores de la Fiesta (Vendimiadora y Vendimiador) y  bendecido por el Obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Carlos Escribano, es ofrecido a continuación, a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja.

Aunque desde algunos días antes ya se respira el ambiente festivo, es el cohete de anuncio e inicio de fiestas que se dispara desde las balconadas del Ayuntamiento, el que marca el punto de partida de la fiesta que desborda las calles y se transmite entre logroñeses y visitantes, con el aire impregnado por el aroma del vino que lo anima y lo contagia todo y acompañado por los más deliciosos platos de la cocina riojana y el rico zurracapote.

Durante esta semana de fiesta, se celebra en Logroño el desfile de carrozas, degustaciones gastronómicas organizadas por las “peñas”; feria taurina, feria de pelota de San Mateo en el frontón Adarraga, conciertos, teatro, música en la calle, fuegos artificiales en el Ebro y un montón de otros actos singulares …

Hoy, como todos los días 21 de septiembre, el Presidente de la Comunidad Autónoma, José Ignacio Ceniceros, acompañado por la Alcaldesa de Logroño Cuca Gamarra, el Obispo de la Diócesis Monseñor Carlos Escribano, y junto a los Vendimiadores Mayores, serán quienes presidan los actos del Pisado de la Uva y Ofrenda del Primer Mosto a la Virgen de Valvanera, que se celebrarán en su habitual marco del Paseo del Espolón de Logroño.

Los actos comenzarán a las 10,45 horas en el Palacio del Gobierno regional, desde donde los miembros del Ejecutivo riojano acuden en procesión hasta la Catedral de La Redonda para asistir a una misa solemne, que comienza a las 11,00 horas.

Posteriormente, las autoridades y los ciudadanos se dirigen en procesión hacia la Concha del Espolón, donde se desarrolla a partir de las 12,00 horas, el acto institucional. Como ya hemos explicado anteriormente, en la ofrenda de uvas participan las reinas de las fiestas de las cabeceras de comarca, los niños de la ciudad de Logroño, danzantes y nuestros Vendimiadores. Depositan los racimos de uva en el tinanco preparado y miembros de la familia Urdiales, continuando con la tradición familiar y de nuevo en esta ocasión Antonio Tobalina Urdiales y Diego Muñoz Urdiales, nietos de Francisco y Antonio quienes se convirtieron en una institución en dicho acto hasta su retirada, pisarán las uvas de donde se extrae el primer mosto para la ofrenda.

 

¿Pero sabemos realmente quien fue San Mateo, apóstol y evangelista ?

Mateo significa: “regalo de Dios”.

Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo. Así pues Leví de Alfeo o Mateo el Apóstol,  fue uno de los doce apóstoles elegidos por Nuestro Señor Jesucristo.

Etimológicamente, el nombre español Mateo proviene del griego Mathaios (Ματθαιος) y éste, del arameo Mattai, una forma corta del hebreo MattanYah, que significa ‘don de Yah (el Dios Yahvéh).

Mateo es citado en los Evangelios como Leví, hijo de Alfeo, publicano y recaudador de impuestos en Cafarnaún (Mateo 9:9, Marcos 2:14 y Lucas 5:27-29. Existen pequeñas diferencias en el tratamiento que dan a San Mateo los distintos Evangelios.

En el evangelio de San Lucas se le llama Leví. En el de San Marcos, se le da el nombre de Mateo en la lista de los apóstoles, pero es llamado Leví cuando se relata la historia de su vocación. Según los tres sinópticos, lo dejó todo al ser llamado por Jesús. Ese mismo día hizo una gran fiesta a la que asistieron Jesús y sus discípulos.

También es mencionado en los Hechos de los Apóstoles, aunque apenas se ofrece información sobre él  (Hechos 1:13). Igualmente, es uno de los pocos discípulos mencionados por su nombre en el evangelio de Santo Tomás.

Su oficio era el de recaudador de impuestos, un cargo muy odiado por los judíos, porque esos impuestos se recolectaban para una nación extranjera. Los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente. Y quizás a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, pero una vez que se encontró con Jesucristo ya dejó para siempre su ambición de dinero y se dedicó por completo a buscar la salvación de las almas y el Reino de Dios.

Como ejercía su oficio en Cafarnaum, y en esa ciudad pasaba Jesús muchos días y obraba milagros maravillosos, ya seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le había impresionado el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Y un día, estando él en su oficina de cobranzas, quizás pensando acerca de lo que debería hacer en el futuro, vio aparecer frente a él nada menos que al Divino Maestro el cual le hizo una propuesta totalmente inesperada: “Ven y sígueme”.

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. “¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?”

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: “No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido”. Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 preferidos, a los cuales llamó apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: “El evangelio según San Mateo”. Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: “Buenas Noticias”) copia sermones muy famosos de Jesús, como por ej. El Sermón dela Montaña(el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

La tradición cristiana atribuye a San Mateo la autoría de su propio Evangelio y que lleva su nombre (kata Mathaion: ‘de Mateo’ o ‘según Mateo’). El primer autor conocido en establecer esta atribución fue Papías, quien, hacia los años 110 ó 120, en un texto citado por Eusebio de Cesarea, dice que «Mateo puso en orden los logia en dialecto hebreo e interpretó cada uno como pudo” (Historia eclesiástica, III, 39,16). De acuerdo con esta información, algunos antiguos autores cristianos consideraron a  San Mateo autor de un primer evangelio, escrito en arameo, lengua vernácula de Palestina del Siglo I, cuya traducción al griego sería el texto ahora conocido como evangelio de San Mateo. San Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría. Eusebio de Cesarea, Orígenes y Jerónimo de Estridón se cuentan entre los que consideraron al apóstol Mateo autor de este evangelio.

El primitivo original semítico está perdido aunque varios autores primitivos lo citan; pareció basarse en los dichos de Jesucristo y fue utilizado por San Mateo para su propia predicación. La Iglesia utilizó con carácter oficial canónico el nuevo texto griego, aparentemente traducido por el mismo Mateo. El Evangelio de Mateo, es el Evangelio eclesiástico por excelencia, no solo por ser el más utilizado por la tradición primitiva dela Iglesia, sino porque en su estructura y formulación encarna una preocupación eclesial apologética vivida en las primeras generaciones cristianas.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo. Y cada vez más, los críticos descartan la teoría de que fue escrito después del Evangelio de San Marcos, ya que éste contiene muchos detalles que San Mateo no cita.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

Según Eusebio de Cesarea, San Mateo predicó durante quince años en Judea, donde escribió su Evangelio hacia el año 80. Según Rufino, después se marchó a Etiopía.

Algunas tradiciones afirman que fue martirizado precisamente allí. En cambio, de acuerdo con Epifanio de Salamis obispo de Chipe, San Mateo murió en Hierápolis (Partia) y quien sufrió martirio en Etiopía habría sido San Matías, sustituto de Judas Iscariote en el grupo de los doce apóstoles.

San Mateo es considerado santo por todas las confesiones cristianas que admiten esta distinción. La Iglesia Católica celebra su fiesta el 21 de septiembre y la Ortodoxa, el 16 del mismo mes. Según la tradición, sus restos se conservan en la ciudad de Salerno (Italia).

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio.

(Fotos de las fiestas, RIOJA2)