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“Cantemos al amor de los amores”

Festividad y actos del Corpus Christi en Logroño para 2018.

Canto Eucarístico

Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor.

Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Unamos nuestra voz a los cantares del coro celestial.

Dios está aquí, al Dios de los altares alabemos con gozo angelical.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

 

«Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre verdadera bebida; el que come mi Carne, y bebe mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

Corpus Chisti (en latín, “Cuerpo de Cristo”) o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, antes llamada Corpus Domini (“Cuerpo del Señor”), es la principal finalidad de proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

La celebración se lleva a cabo el jueves después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, que a su vez tiene lugar el domingo después de Pentecostés (es decir, Corpus Christi se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección). Específicamente, Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte; aunque en aquellos lugares en que no es festivo, se traslada al domingo siguiente.

Una y otra vez, nos viene el recuerdo del famoso dicho popular  “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.  

En España, entre otro sitios y lugares, dos de esto tres jueves, han sido modificados de día dentro de la semana, pasándolos al domingo siguiente a la correspondiente festividad con alguna excepción en la del “Corpus Christi” que se sigue celebrando en algunas ciudades el mismo jueves correspondiente.

La celebración del Día de Corpus Christi se remonta a los años 1192-1258 y hasta la fecha estas festividades de la Iglesia Católica se realizan en muchos países del mundo.

En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día festivo oficial (ciertas partes de España, Austria, partes de Alemania y Suiza, Brasil, República Dominicana, Bolivia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal, Perú y Venezuela).

En España dejó de ser un día festivo hace algunos años, excepto en los municipios donde es fiesta local, y desde entonces la Iglesia lo celebra el domingo siguiente.

Las celebraciones del Corpus suelen incluir una procesión en la que la hostia, el mismo Cuerpo de Cristo, se exhibe en una custodia e incluso saliendo con toda solemnidad por las calles de las ciudades.

Origen de la festividad.

Se cuenta que en Lieja, Bélgica, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Cornillón (1192-1258) tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía.

La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont de Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Ella comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez con los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

El Papa Urbano IV instituyó pues la celebración del Corpus Christi para la Iglesia Católica Universal, fijándola el Jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Por otro lado, se cuenta que en el año 1264 el Padre Pedro de Praga, Bohemia, dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte.

De regreso de Roma, Dios se le manifestó de manera milagrosa ya que cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre.

La noticia del prodigio llegó pronto al Papa Urbano IV, que se encontraba en Orvieto, ciudad cercana a Bolsena. Hizo traer el corporal y, al constatar los hechos, instituyó definitivamente la Solemnidad de Corpus Christi. El mismo Papa Urbano IV encargó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral de Orvieto donde aún se encuentra la sagrada reliquia.

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Ocurre, como en la solemnidad de la Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con otros motivos. Este es el día de la eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo de recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento).

Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.

El Sacramento de la Sagrada Eucaristía

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: ” En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente.”

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos.

Hay tres aspectos o momentos en la Eucaristía. El primero se dice real Presencia de Cristo en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa. Y tercero, la Santa Comunión.

La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa “Acción de gracias”. Se aplica a este sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.

La Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas.

El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario. En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el mundo.

La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya el banquete mesiánico del Reino de los Cielos.

Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él.

Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia. Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Procesión del Corpus Christi

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Las procesiones son a modo de públicas manifestaciones de fe; y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias. Pero la más solemne de todas las procesiones es la de Corpus Christi. En ella se cantan himnos sagrados y eucarísticos de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y de la Eucaristía. Algunos de los himnos utilizados tradicionalmente son: Pange lengua; Sacris solemniis; Verbum supérnum; Te Deum, al terminar la procesión; y, Tantum ergo, al volver de la procesión, en torno del altar para finalizar.

La Palabra de Dios

“Yo soy el pan de la vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto
Y murieron; éste es el pan que baja del cielo,
para que quien lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo, bajado del cielo.
Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por
la vida del mundo….”Si no coméis la carne
del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros.
“El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día.
Porque mi carne es verdadera comida
y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en Mí, Y yo en él”.
“Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado
y yo vivo por el Padre, también el que me coma
vivirá por mí”. Jn 6, 48-57

“Mientras estaban comiendo, tomo Jesús pan
y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos dijo:
“Tomad, comed, éste es mi cuerpo.”
Tomo luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo:
“bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza,
que es derramada por muchos para el perdón de los pecados”.
Mt 26, 26-28

“Hagan esto en memoria mía”.
Lc 22,19

Oración y plegaria

Alaba, alma mía, a tu Salvador;
alaba a tu guía y Pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque Él está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle lo bastante.

El tema especial de nuestros loores
es hoy el Pan vivo y que da Vida.
El cual no dudamos fue dado en la mesa
de la Sagrada Cena a los doce Apóstoles.

Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,
sea pura la alabanza de nuestra alma.
Porque celebramos solemnemente el día
en que este divino Banquete fue instituido.
En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua nueva de la Nueva Ley
pone fin a la Pascua antigua.

Instruidos, con sus santos mandatos,
consagramos el pan y el vino,
que se convierten en Hostia de salvación.
Es dogma para los cristianos,
que el pan se convierte en carne,
y el vino en sangre.

Lo que no comprendes y no ves,
una fe viva lo atestigua,
fuera de todo el orden de la naturaleza.
Bajo diversas especies,
que son accidente y no sustancia,
están ocultos los dones más preciados.

Su Carne es alimento y Su Sangre bebida;
mas todo entero está bajo cada especie.
Se recibe íntegro, sin que se le quebrante ni divida;
recíbase todo entero.

Recíbelo uno, recíbenlo mil;
y aquél le toma tanto como éstos,
pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo los buenos y los malos;
pero con desigual resultado,
pues sirve a unos de vida,
y a otros de condenación y muerte.

Es muerte para los malos,
y vida para los buenos;
mira cómo un mismo alimento
produce efectos tan diversos.
Cuando se divide el Sacramento,
no vaciles, sino recuerda que Jesucristo
tan entero está en cada parte,
como antes en el todo.

Ninguna partición hay en la sustancia,
tan sólo hay partición de los accidentes,
sin que se disminuya ni el estado,
ni la estatura del que está representado.
He aquí el Pan de los Ángeles,
hecho alimento de viandantes;
es verdaderamente el Pan de los hijos,
que no debe ser echado a los perros.

Estuvo ya representado
por las figuras de la antigua Ley,
en la inmolación de Isaac,
en el sacrificio del Cordero Pascual,
y en el Maná dado a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero,
¡oh Jesús! apiádate de nosotros.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.

Tú, que todo los sabes y puedes,
que nos apacientas aquí
cuando somos aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los santos ciudadanos del Cielo.

Amén. Aleluya.

 

Rosario de la Aurora – Logroño 2018

Como vienen siendo habitual tradición, el último sábado del mes de mayo (mes de las flores y dedicado a la Virgen María), tiene lugar la celebración del Rosario de la Aurora en Logroño. Pero este año 2018, al coincidir con un importante acontecimiento no religioso (Desfile de las Fuerzas Armadas) en nuestra ciudad, ha sido aconsejable adelantarlo al sábado anterior 19 de mayo.

La concentración será a las seis y media de la mañana, junto a la Concha del Paseo del Espolón de la capital, de donde partirá la procesión con el recorrido habitual; Muro de la Mata, Bretón de los Herreros 11 de Junio, Portales, Sagasta, Barriocepo, Plaza de la Oca hasta la Iglesia de Santiago el Real, donde finalizada la procesión, se celebrará la eucarística.

¡Recordad la cita para éste día!  Logroño, mañana sábado 19 de mayo de 2018 a las 06.30 de la mañana en el Paseo del Espolón.

La celebración de este Gran Rosario de la Aurora, está organizado por la parroquia de Santiago el Real con la colaboración de las cofradías de la Virgen de la Esperanza y de Jesús Nazareno, la Corte de la Virgen del Pilar, la Asociación de la Medalla Milagrosa, la Legión de María, la Hospitalidad de la Virgen de Lourdes, los Cruzados de Santa María y otras asociaciones religiosas, como Radio María.

Hace ya bastantes años, la organización de éste Rosario, venía siendo compartida por los diferentes grupos marianos de la ciudad y la coordinación del mismo corría a cargo de los Cruzados de Santa María.  Pero desde la Diócesis y a través de su Vicario Diocesano, se delegó esa tarea de coordinación a la Parroquia de Santiago el Real, junto con la colaboración de todas las cofradía y asociaciones religiosas íntimamente relacionadas con ésta parroquia.

La imagen de la Virgen de Fátima que acompaña el recorrido, fue sufragada en su día por numerosas familias y por los Cruzados de Santa María, quienes fueron los encargados de adquirirla y hacerla llegar hasta nuestra ciudad.

Se trata de una talla de unos 70 cm. de la Virgen de Fátima, con una expresión de sencillez y ternura cautivadora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historia del Rosario de la Aurora.

Parece ser que sus orígenes se remontan al siglo XVII cuando los frailes dominicos difundieron el rosario (su fundador fue Santo Domingo de Guzmán) por toda España, tras la batalla de Lepanto, librada por los reinos cristianos contra los turcos.

El rosario es un rezo católico popular en el que se recuerda la totalidad de la Redención, dividido en tres series de cinco misterios cada una y separados estos por un padrenuestro, diez avemarías y un gloria.

El rosario de la aurora se cantaba y rezaba al amanecer ( de ahí su nombre), en las madrugadas de los días festivos señalados

¿De dónde proviene dicha frase?

“Acabar como el rosario de la aurora” es una frase hecha que usamos para referirnos a un hecho o suceso que sabemos o presentimos que va a acabar mal.

Hay infinidad de versiones, y según en qué parte de España busquemos, difiere de las otras, pero todas tiene como denominador común que proviene de un rosario que se reza de madrugada, en diferentes horarios según los lugares y en procesión por las calles. El final de dicho Rosario, no se sabe con fiabilidad como acabó realmente y el porqué

Traemos varias de estas explicaciones que hemos ido encontrando y que nos han parecido más fiables. Seguramente debido a las horas del Rosario que recorre las calles cantando al asomar la aurora pudiera haber muchos conflictos, si tenemos en cuenta que a la hora de salir el rosario solían andar las rondas de jóvenes pendencieros por las calles, y que hasta no hace mucho eran frecuentes en España las confrontaciones por motivos políticos o religiosos.

La primera.- En Orihuela había una costumbre muy arraigada en las décadas de 1940 y 1950 que era el Rosario de la Aurora. A altas horas de la madrugada, entre las 3 y las 4 de la mañana, salía un cura rezando el Santo Rosario por las calles de la ciudad hasta las 5 ó 6 de la mañana. Detrás del sacerdote, en dos filas, lo seguían las mujeres y a continuación los hombres, nunca mezclados. Este rosario se nutría con unas 200 ó 300 personas que portaban faroles y cirios. Eran muy ruidosos pues a cada Padre Nuestro del sacerdote, contestaban a coro las 200 a 300 personas el correspondiente Ave María, pero además cantaban canciones religiosas. Esta procesión salía todas las madrugadas y perturbaba el sueño de quienes tenían que irse temprano a trabajar. De vez en cuando de algún anónimo balcón les tiraban un cubo de agua y a veces cosas más sucias, pero la procesión continuaba imperturbable. Cuando alguien les tiraba algo, los integrantes de la procesión susurraban: «Que Dios se apiade de tu alma». La canción que más les gustaba y que cantaban a voz en cuello, con excelentes pulmones, decía así:

“El demonio, en la oreja te está diciendo: No vayas al Rosario y sigue durmiendo. Viva María. Muera el pecado. Viva Santo Domingo que lo ha fundado.»

Otra.- En otro sitio de Andalucía, pudiera ser Cádiz, existía una cofradía a la que llamaban “el Rosario de la Aurora” por su costumbre de alargar el rezo del Rosario hasta altas horas de la madrugada. Hay dos versiones de ello y seguramente las dos inventadas. La primera que el alguacil, prohibió sus rezos debido al escándalo que hacían por la calles. Los cofrades se negaron, e intervino la fuerza pública; Parte de los vecinos se pusieron de parte de los cofrades y empezaron a arrojar a los policías cosas desde las ventanas. La policía entro en las casas desalojando a los vecinos hasta la Plaza Mayor, donde se lió otra revuelta. Y la segunda, que el citado alguacil, pertenecía a otra cofradía, y debido a la popularidad que estaba cogiendo la Cofradía de la Aurora, decidieron boicotear el rezo, armando follón con cencerros, y claro, se lio la bronca.

Otra más dice.- Una madrugada de Rosario de la Aurora,  unos borrachos que se retiraban ya a sus casa,  se incorporaron al final de esta procesión y trataron de acompañar con buena intención los cánticos y las plegarias, pero como iban empapados en alcohol, empezaron  a desentonar y a entrar y salir a destiempo con respecto a los demás. Primero hubo reproches, después gritos de ¡Qué se vayan! Y finalmente se armó una gresca fenomenal. En la batalla campal que se organizó, hubo incluso heridos a farolazos y desde entonces, en la comarca y otros lugares pues se extendió como la pólvora, cuando algo sale mal y termina con alguna violencia, se dice: «Terminó como el Rosario de la Aurora, a farolazos.»

La penúltima.- En un pueblecito de la provincia de Cádiz. Existía una cofradía conocida como el Rosario de la Aurora. Sus componentes salían en procesión de madrugada, rezando el rosario a la luz de un farol. Pero, al igual que los cofrades, abundan los camorristas. Y hubo una madrugada en que los devotos se cruzaron con un grupo que los provocó de tal manera que la cosa acabó a golpes.

Y para terminar, la última.- Dicen, parece ser que a principios del siglo XIX era costumbre realizar el rosario a estas inhumanas horas por la misma zona que otra agrupación religiosa realizaba igualmente otra procesión coincidiendo su recorriendo por las calles cercanas a su iglesia. En uno de estos rosarios se encontraron los dos grupos de fieles avanzado por la misma y estrecha calle en sentidos opuestos. Ambas pías facciones reclamaban que el grupo opuesto dejase expedito el camino invocando su derecho de antigüedad sin que la caridad cristiana y la humildad asomasen en ninguno de los grupos. El resto, puede imaginarse: acabaron a farolazos.

¿Nunca has asistido al Gran Rosario de la Aurora?

Rosario de la Aurora en Logroño

Gran multitud de personas de todas las edades, se dan cita en este evento, considerado incluso por personas nada religiosas como multitudinario, tal y como ha quedado reflejado en las muchas denuncias en los diarios de la ciudad que cada año se vienen produciendo, quejándose por el “excesivo volumen de ruidos” y por la “avalancha multitudinaria que impiden el tráfico” ó “Una masa de gente abandonando en bloque El Espolón que enfila el corazón de la ciudad” que sin duda, vienen a confirmar el total éxito y auge que año tras año, viene sumando nuestro ROSARIO DE LA AURORA.

¿No has asistido nunca a este rosario? Pues anímate y únete a todo este gran grupo de personas de todas las edades. Seguro que repites.

¡Luz de Cristo! Demos gracias a Dios.

Hoy es Pascua de Resurrección. Cantamos a plena voz ¡Aleluya! Sí, celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado. Celebramos nuestra salvación.

Cuentan de un famoso sabio alemán que, al tener que ampliar su gabinete de investigaciones, fue a alquilar una casa que colindaba con un convento de carmelitas. Y pensó: «¡Qué maravilla, aquí tendré un permanente silencio!» Y, con el paso de los días, comprobó que, efectivamente, el silencio rodeaba su casa, salvo en las horas de recreo. Entonces, en el patio vecino estallaban surtidores de risa, limpias carcajadas, un brotar inextinguible de alegría. Y era un pozo que se colaba por puertas y ventanas. Un júbilo que perseguía al investigador por mucho que cerrase sus postigos. ¿Por qué se reían aquellas monjas? ¿De qué se reían? Estas preguntas intrigaban al investigador. Tanto, que la curiosidad le empujó a conocer las vidas de aquellas religiosas. ¿De qué se reían si eran pobres? ¿Por qué eran tan felices si nada de lo que alegra a este mundo era suyo? ¿Cómo podía llenarles la oración, el silencio? ¿Tanto valía la sola amistad? ¿Qué había en el fondo de sus ojos que los hacía brillar de tal manera?

Aquel sabio alemán no tenía fe. No podía entender que aquello, que para él eran puras ficciones, puros sueños sin sentido, llenara un alma. Menos aún que pudiera alegrarla hasta tal extremo.

Y comenzó a obsesionarse. Empezó a sentirse rodeado de oleadas de risas, que ahora escuchaba a todas horas. Y en su alma nació una envidia que no se decidía a confesarse a sí mismo. Tenía que haber algo que él no entendía, un misterio que le desbordaba. Aquellas mujeres, pensaba, no conocían el amor, ni el lujo, ni el placer, ni la diversión. ¿Qué tenían si no podían ser otra cosa que una acumulación de soledades?

Un día se decidió a hablar con la priora, y ésta le dio una sola razón:

Es que somos esposas de Cristo.
Pero -arguyó el científico- Cristo murió hace dos mil años.
Entonces creció la sonrisa de la religiosa, y el sabio volvió a ver en sus ojos aquel brillo que tanto le intrigaba.

Se equivoca -dijo la religiosa-; lo que pasó hace dos mil años fue que, venciendo a la muerte, resucitó.
¿Y por eso son felices?
Sí. Nosotras somos testigos de su resurrección.
Me pregunto ahora, después de leer esta preciosa narración, cuántos cristianos se dan cuenta de que ése es su oficio, que ésa es la tarea que les encomendaron el día de su bautismo: ser testigos de la resurrección. Un verdadero cristiano no pierde la alegría ni la esperanza. Sabe que Cristo, su Dios y Señor, su Amigo y Hermano, vive y le ama. ¿No fue esa certeza la que hizo desbordar de alegría a María Magdalena, a Tomás apodado el Mellizo, a los dos de Emaús, a Pedro…?

Este tiempo de Pascua debería ser la gran ocasión para hacer el repaso de la infinita serie de alegrías que apenas disfrutamos. Debería ser el tiempo de descubrir, y de saborear internamente, que:

Somos dichosos porque fuimos llamados a la vida
Somos dichosos porque fuimos llamados a la fe
Somos dichosos porque Dios nos amó el primero
Somos dichosos porque nosotros también le amamos
Somos dichosos porque el dolor es camino de resurrección
Somos dichosos porque Dios perdona nuestros pecados
Somos dichosos porque nuestros nombres están escritos en el Reino de los cielos
Somos dichosos porque el Reino está ya dentro de nosotros
Somos dichosos porque somos todos hermanos
Somos dichosos porque Él nos ha nombrado testigos de su gozo.
Vivamos, con humildad y sin complejos, el gozo Pascual, regalo del Resucitado. Tratemos de transmitir la alegría y la paz a nuestro derredor. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Imagen del Cristo Resucitado de Logroño

La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana.

Si El no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de  entre los muertos al tercer día.  Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte.

Jesús mismo, predijo su muerte y resurrección, y estos eventos sucedieron exactamente como él los había anunciado.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

“Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.”

Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables.

Historiadores como Josefo (c.37-110 DC), Ignacio (c.50-115 DC), Justino Mártir (c.100-165 DC) y Tertuliano (c.160-220 DC) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección.  Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 DC y no más tarde del año 64 DC.

Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época.

La resurrección es la única explicación aceptable del sepulcro vacío.

Los soldados romanos celosamente vigilaban la tumba donde el cuerpo de Jesús se encontraba. Además, la entrada al sepulcro estaba sellada con una enorme roca.  La guardia romana, que normalmente se componía de 16 miembros, hubiesen hecho imposible para los discípulos–quienes, a propósito, estaban acobardados por el miedo a perder sus propias vidas–robar el cuerpo. Si, como algunos aseguran, Jesús no estaba muerto, sino solamente debilitado, los soldados y la roca hubiesen evitado su escape.  Después de haber sido golpeado y flagelado, colgado en una cruz por seis horas, traspasado con una lanza por su verdugos para asegurar su muerte, y envuelto, como la  costumbre, en 100 libras de lino y especias, Jesús no hubiese estado en condición alguna para rodar una roca de dos toneladas cuesta arriba, ni ser más ágil que 16 soldados romanos y después aparecerse radiantemente a sus discípulos.

Los líderes judíos de la época fácilmente pudieron haber refutado  todas las aseveraciones sobre la resurrección simplemente al reponer el cuerpo, pero no pudieron porque no había cuerpo.

Hubo numerosos testigos de la resurrección.

Después de que él  resucitó de entre los muertos, Jesús apareció por lo menos diez veces a los que le conocían y a más de 500 personas a la misma vez.  Estas apariciones no fueron alucinaciones; Jesús comió y habló con sus seguidores y ellos le tocaron su cuerpo resucitado.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

La resurrección es la única  explicación razonable para el comienzo del movimiento Cristiano.

La Iglesia Cristiana nació en la misma ciudad donde Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado.  La creencia en un Jesús resucitado tuvo que haber sido auténtica para haberse enraizado en Jerusalén y crecido hasta abarcar el mundo entero.  La Iglesia Cristiana es ahora la institución más grande que existe y ha existido en la historia de la humanidad.   Claramente, esto hubiese sido imposible si la resurrección fuese solamente un cuento.

La resurrección es la única explicación lógica para la transformación de los discípulos. 

Ellos abandonaron y negaron a Jesús antes de su juicio público; después de su muerte ellos estaban desalentados y temerosos.  Aún, después de su resurrección y su experiencia en Pentecostés, estos mismos desalentados hombres y mujeres fueron transformados por el sobrenatural poder de Cristo resucitado.  En su nombre, ellos pusieron de cabeza al mundo .  Muchos perdieron la vida por su fe, otros fueron terriblemente perseguidos.  Su valiente comportamiento no tiene sentido aparte de su convicción de que Jesucristo fue verdaderamente resucitado de entre los muertos- un hecho digno por el cual morir.

A través de los siglos, los grandes teólogos que han considerado las pruebas de la resurrección han creído, y todavía creen, que Jesús está vivo.

Después de haber sopesado la evidencia de la resurrección dada por los escritores de los Evangelios, Simón Greenleaf, una eminencia sobre asuntos legales de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, concluyó:

“Sería imposible que ellos hubieran persistido en afirmar las verdades que han narrado, de no ser por el hecho de que Jesús sí resucitó de entre los muertos.”

El señor Greenleaf, fue un profesor judío que se convirtió en un seguidor de Jesús, el Mesías, después de estudiar los hechos por sí mismo.

Después de haber sopesado esta evidencia, ¿cual es su conclusión?. Digo la de usted, la de la persona que me está leyendo en estos momentos. ¿Usted cree que Jesús está vivo?  Todo aquel que cree que El en verdad ha resucitado, puede recibir el regalo de la vida eterna y experimentar una relación personal con él.  Descubra cómo usted puede comenzar esta relación duradera.

Podemos analizar los hechos y pruebas.

Jesús Resucitado

 

Pruebas de la Resurrección.  

La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay “evidencias”: El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: “Vió y creyó (20,8).

Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, conversa con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección. El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el “Crucificado estaba vivo” y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .

¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?. La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, – va más allá, pues anticipa nuestra propia resurrección-. Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:

  1. La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es “exaltado” por Dios (Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm 6, 9-10)
  2. Jesús resucitado no es una “alma inmortal”, ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
  3. Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
  4. No se trata de que Jesús resucitó “en la fe” de sus discípulos, o “en su recuerdo”. Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.

 

Significado de la Resurrección

Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:

  • Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.
  • Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.
  • Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.
  • Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.
  • Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.

 

El encuentro del hombre con el Resucitado

En los evangelios se describen varios “encuentros” de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:

  1. Jesús se “deja ver”, para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
  2. El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)
  3. Les descubre los enigmas de la fe: “se les abren los ojos” “ven y creen”.
  4. Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización “vayan y digan” (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).
  5. Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).

 

Se buscan testigos del Resucitado

Jesús dijo a Tomas: “Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto” (Jn 20, 29)

Estas palabras de Jesús: “Felices los que creen sin haber visto“, se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque “no lo veamos” con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos “felices”, porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.

Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?. La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.

Pero…. si tu eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡no te desanimes!. Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el “ambiente” donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.

Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Esperando con María, la Resurrección de Jesús.

Miro tu imagen Dolorosa, María Santísima, tus ojeras profundas, tus ojos que guardan el recuerdo de la última mirada del Amado.

Todos te intentan dar ánimo, Madre querida… sí, sabemos que tienes el corazón traspasado de dolor por esa espada anunciada.

Todos pensábamos que no nos veía, que no nos escuchaba, que estaba rota por la tristeza. Pero María se vuelve hacia todos y dice: No os preocupéis. Aquí estoy, con todos vosotros, como cada día. Vinimos juntos “caminando”, y nuestro Padre Celestial así lo dispuso.

Intuimos que nuestra Madre está como siempre, mirando nuestros corazones que no pueden tener secretos ante Ella.

Muchos de nosotros, la gran mayoría, solo atinamos a decir tu nombre, Señora. No nos salen las palabras ante tanto dolor, llorando recordando la Pasión y muerte de Jesús Nuestro Señor, Hijo tuyo.…

Y tú, como Madre, la que más dolor tienes y la que más afectada tienes que estar por la pérdida de tu Hijo, eres la que incomprensiblemente más entereza tienes y más consuelo das a los demás. Incluso en estos momentos amargos, mientras nos abrazas suavemente, reclinas nuestras cabezas en tu hombro, y nos dices que vayamos, que te acompañemos, que debemos ir allí ahora, pues José de Arimatéa le está por bajar de la Cruz.

No podremos aguantar con entereza ese momento, Señora. No nos pidas eso… No lo soportaremos viendo a Jesús muerto, después de tan horrible pasión.

Es su propia Madre, nuestra Madre, la que con su entereza nos dice a cada uno de nosotros: No temas, te sostendré fuerte, para que no caigas en ese desánimo.

José de Arimatéa bajó el cuerpo del Señor, mientras tú, amada Madre, sostenías el Santo Sudario que envolvería el preciosísimo cuerpo. José y los demás colocaron a Jesús en tus brazos… le quitaron la corona de espinas… besaste su frente, María, como tantas y tantas veces lo hiciste en estos bellos treinta y tres años, besaste la frente del niño, la frente del joven, la frente del hijo del Hombre que aceptaste aquel lejano día de la Anunciación… Le abrazaste fuerte… muy fuerte.

Y sin entenderlo ninguno de nosotros, le decías claramente: “ OH amor mío e Hijo mío, ve a donde debes ir, haz lo que debes hacer, que aquí quedará tu madre esperando por ti… Vamos hijo, ve, termina tu misión, Oh Hijo del Altísimo, a quien Dios dio el trono de David, su antepasado, para que reines sobre la casa de Jacob para siempre, en un Reino que no tendrá fin…

A tu nuevo hijo designado por el mismo Jesús y a todos los demás, nos dijiste luego: Haced lo que debe hacerse. Ahora pues, ahora, solo resta esperar…

Juan, quien había tomado de Jesús la responsabilidad de cuidar a esta Santa Mujer, se sintió turbado, creía que ella había enloquecido por el dolor, pues no comprendía las extrañas palabras que había pronunciado. Nosotros al igual que Juan, así mismo lo creímos, pues una Madre que acaba de perder con la muerte a su único Hijo, no se le esperan palabras de ese tipo.

Las demás mujeres, y amigos, que habíamos acompañado al Señor desde Galilea, nos fuimos acercando lentamente, para ver la sepultura de Jesús… En cambio tú, María, comenzaste a alejarte, paso a paso, lentamente, volteando algunas veces el rostro hacia el sepulcro… pero no querías grabar en tu alma esas imágenes como el final de una historia, no… ese no era el final y tú, solo tú, amada Madre del alma, tenías los argumentos suficientes como para tener la certeza más absoluta de que ése…ése no era el final…

Te seguimos en silencio, seguramente irías cantando bajito alguna canción de cuna que Jesús te habría escuchado ya en Belén.

Los demás, cabizbajos y aterrorizados por los sucesos, caminábamos a tu lado preguntándonos muchas cosas que se nos venían una y otra vez a la mente.

María, nos pregunta con la mirada dolorosa e iluminada, al mismo tiempo ¿Sabéis que es lo que está sucediendo en esto momentos?

Desde nuestra ignorancia y también desde nuestra incredulidad, como tratando de justificarnos ante tal pregunta, y antes de que pudiéramos contestar, María se nos adelanta y nos dice: “Pues… librando la batalla final, la más grande batalla jamás concebida en todos los tiempos… y saldrá triunfante, lo sé, triunfará sobre la muerte, porque para eso ha venido al mundo, para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

Y añade casi de inmediato sabiendo y conociendo nuestros corazones, algo que le preocupa, es el dolor de sus Apóstoles y de todos sus amigos. Sabe que sufrimos porque en el fondo del alma, no creemos ni entendemos que Jesús pueda resucitar, no creemos que un simple mortal, por sí mismo, pueda levantarse de la tumba y eso es algo que María, su Madre es precisamente lo que debe corregir.

Nosotros no sabemos quién es realmente el Padre de Jesús, pues creemos que es hijo de José, el carpintero Por eso ella nos tiene que hablar y explicar para que todo tenga sentido….

De esta manera, no desesperaremos y creeremos definitivamente Señora mía, Madre del alma.

Tú que siempre estas tan preocupada por todos, nos recuerdas: ¿No escuchasteis lo que dijo Jesús antes de partir?, ahora todos sois mis hijos, y por eso tengo que hablaros hoy mismo.

Y quedaste en silencio el resto del camino.

Llegamos a casa de Juan y te dispusiste a  esperar, en silencio y oración, la llegada del resto de los Apóstoles que fueron entrando, uno a uno, con la mirada sombría, el temor dibujado en el rostro, pues todos tenían la convicción de que estaban ante un final no deseado, que sus sueños estaban deshechos, que su Amado Maestro había partido para siempre

Y ante la mirada sorprendida de todos, dijiste: Hijos míos, debo hablar con vosotros.

Todos nosotros, Apóstoles y amigos, al verte tan calmada y serena, mirándonos entre sí con mirada compasiva, pensando de nuevo que el dolor te enloquecía más, como te amamos y respetamos, te escuchamos con mucha atención.

A Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, Simón, Judas hijo de Santiago, comenzaste mirándolos a cada uno de ellos a los ojos, a aquellos Hijos queridos del alma, que han seguido a Jesús hasta el último minuto y les dices: “Él, estoy segura, se llevó en sus ojos el rostro de cada uno de vosotros. Él, os ama de una manera increíble, de una manera imposible para un ser humano común. Como Jesús os ama, queridos hijos, ningún mortal puede amar, pero Jesús puede amaros de esa manera porque Jesús no es un hombre común. Yo quiero y necesito que sepáis esto.

Lo sabemos, Madre, le replicó Juan. Jesús era el Hijo de Dios, pero, él ya no está, se ha ido, yo quiero creer, necesito creer en su regreso, pero el dolor me nubla el alma, Madre querida. Conocemos todos tu sufrimiento y lo respetamos plenamente, hablas de Él como si no hubiese muerto, pues tu dolor de madre es atroz.

María le dice: Juan, hijo mío, veo que no has comprendido plenamente. Yo quiero deciros que Jesús no es hijo de José.

En la habitación se hizo un silencio tan profundo que cada uno podía oír el latido de su propio corazón, miraron a María de una manera extraña, primero como horrorizados pensando quizás en un adulterio, luego, su mirada se fue tornando compasiva, la pobre mujer habría perdido el juicio seguramente.

Ella tuvo que recurrir de nuevo: No me miréis así, no estoy loca, no. Por el contrario, jamás hablé tan en serio. Bueno si, ya lo hice otra vez. Fue hace más de treinta y tres años, en mi pequeña aldea de Nazaret… yo estaba comprometida con José, que era un hombre justo y fue de hecho, el mejor padre terrenal que pudo haber tenido mi hijo Jesús. Por esos días en mi corazón, latía el sueño de toda mujer judía: poder ser la madre del Mesías, pues había escuchado muchas veces el relato de Isaías, “La Virgen está embarazada”, aunque no entendía bien eso de “La Virgen”, pero al igual esperaba, todas esperábamos y una tarde, estando yo en oración sola en mi casa, apareció ante mí un ángel, creedme, jamás habría podido imaginar que fuesen de tal belleza.

Cuando comenzó a hablarme tenía la voz de mil campanas y la pureza de mil cascadas de agua cristalina: “Me dijo que concebiría y daría a luz un hijo, al que pondría por nombre Jesús, el sería grande y sería llamado Hijo del Altísimo, pues Dios le daría el trono de David, su antepasado, reinaría sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendría fin”. También me habló del embarazo de Isabel, mi prima.

Pedro susurro: Esas palabras, fueron las que murmuraste mientras sostenías el Cuerpo del Maestro…..

María le contestó: Sí, Pedro, por ello, hijos míos, por este secreto que he llevado en mi corazón durante treinta y tres años, es que os pido, os suplico que no desesperéis, que Jesús resucitará en tres días, tal como os lo dijo tantas veces, Hijos de mi alma. ¿Sabéis cuantas veces me pregunté si debía hablar y cuando? Mientras vivía mi amado esposo nos sosteníamos el uno al otro, como guardianes del secreto, pero cuando Él se fue y quedé sola, antes del comienzo del ministerio, yo no comprendía cual sería la misión de ese muchacho trabajador, que estaba día y noche en el taller procurando el sustento para los dos. Muchas veces hablamos de Dios, de su amor. Era increíble como su mirada se iluminaba y a veces se entristecía, sobre todo cuando estaba por cumplir los treinta años. Y es que claro, Él sabía el final.

Sus ojos se llenaban de lágrimas al recordarlo…..

Mientras María hablaba, los hombres uno a uno, fuimos poniéndose de pie y acercándonos a la Madre, ahora mucho más sentida, querida y admirada Madre. Más que nunca. El primero en acercarse a ella fue Pedro, quien de rodillas ante María, besó su vestido en señal de respeto

María le dijo: Levántate Pedro, no es ante mí ante quien tienes que arrodillarte, sino ante Jesús, yo solo estoy aquí para hablaros de Él.

Pedro la abrazó con amor inmenso.

Así uno a uno, los discípulos los amigos y todos los ahora creyentes, hemos secando nuestras lágrimas y abrazando a María. Desde la primitiva Iglesia hemos estado más que nunca, unidos a la Madre como camino hacia el Hijo. Y aunque quedaba en los corazones el dolor de los últimos acontecimientos, también quizás alguna duda rebelde y empecinada, que seguirán dando vueltas en nuestras almas, hasta el domingo.

María ha encendido en nuestros corazones, la luz de la esperanza. Una luz que será camino para muchos, para todos. El Gran Secreto, ha visto la luz y se ha transformado precisamente en eso, en LUZ.

María, Madre nuestra, gracias por permitirnos compartir este maravilloso momento contigo, gracias por llenarnos de esperanza, de fuerza y sobre todo, de paz.

Ya no iremos al sepulcro de tu Hijo. No hace falta. Pero te acompañaremos en la mañana del domingo para estar presente cuando María Magdalena nos anuncie que el SEÑOR HA RESUCITADO. Queremos abrazar AL QUE VIVE.

Texto adaptado de María Susana Ratero. Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles de Cesario Gabaraín

Para ti, Madre querida, dedicarte una plegaria…..

Hoy quiero cantarte Señora de los Angeles, Reina soberana, Madre celestial.

Yo soy una Alondra que ha puesto en tí su nido, viendo tu hermosura te reza su cantar.

Luz de la mañana, María templo y cuna, mar de toda gracia, fuego, nieve y flor.

Puerta siempre abierta, Rosa sin espinas, yo te doy mi vida, soy tu Trovador.

El Amor Fraterno, camino de amor a Dios

En la vida humana hay algunas circunstancias y situaciones que no son objeto de elección. No podemos elegir a nuestros padres ni el elegir o situación para nacer. Tampoco podemos elegir a nuestros hermanos. Y esto, en diversas etapas de la vida trae problemas. De pequeños hay peleas con los hermanos para llamar la atención de los padres. Ya mayores, también hay peleas por una relación desgastada.

Las peleas de infancia o de madurez pueden sanarse con el cultivo del amor fraternal. El amor fraternal es del deseo del bien de un prójimo que comparte nuestro origen y que es igual a nosotros. En el amor filial o paterno siempre hay una relación de autoridad o de superioridad. Por tanto, no puede haber un amor entre iguales, sino entre subordinados, pues el hijo se subordina al padre.

En cambio, entre hermanos hay una relación de iguales. Esta igualdad se da tanto por el origen como por la relación.  Los hermanos tienen una capacidad de desearse el bien más sinceramente porque ven en el otro un reflejo de sí mismo. Esto implica que hay un profundo conocimiento del otro y de sus necesidades. El amor fraterno, entonces, se da entre los iguales y desea el bien para los iguales. No olvidemos que el amor fraternal más perfecto es el mutuo, aunque a veces esto no suceda así. No obstante esta posible situación, el amor fraterno puede llegar a ser mutuo si uno de los hermanos comienza a amar desinteresadamente primero.

Quien no ama a su hermano no ama a Dios

Una lección universal sobre el amor fraternal la encontramos en la Primera carta de Juan. En ella se discute la posibilidad de amar a Dios sin amar a los hermanos, sean estos carnales o de religión. La respuesta de Juan es contundente: no se puede amar a Dios si no amamos a nuestro hermano. Pues si no amamos al hermano que os queda cercano y conocemos bien, ¡Cuánto más Dios, que es inmaterial y perfecto, el cual nos queda lejos como un objeto de amor si no lo conocemos bien!

Por eso dice San Juan: “Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. (1 Jn 4, 20) El apóstol nos invita a practicar el amor fraternal como un medio para conocer a Dios y como una práctica para el amor divino. Esto es una cuestión de posibilidades. No es posible amar lo que no se conoce. Y si conocemos al hermano que es semejante a nosotros, y no lo amamos no es posible que digamos a Dios. Pues Dios no es como el hermano que es cercano, sino que es misterioso y un tanto oculto. A Dios no lo conocemos como al hermano, y como no podemos amar lo que no conocemos no podemos amar a Dios si primero no ejercemos el amor fraternal.

El amor del que se habla aquí no se circunscribe a los hermanos carnales, sino que se expande a toda la comunidad de creyentes, que son hermanos por tener a Dios como Padre y por ser hijos en el Hijo. Incluso parece que el apóstol llama a los cristianos a amar a toda la comunidad humana en el amor fraternal.

Amor fraterno, Eucaristía, Sacerdocio.

Tres palabras que sobresalen en este día de Jueves Santo.

Tres palabras que, en este día, nos remiten a lo más nuclear de nuestra existencia cristiana. Antiguamente se decía que este día era uno de los tres jueves del año que relucen más que el sol. Y este jueves sigue reluciendo por el amor, por la eucaristía y por la institución del sacerdocio ministerial.

Celebramos el día del amor fraterno, solidario, servicial conjugando varios verbos y expresiones: “servir”, “abajarse”, “entregarse hasta el extremo”, “dar la vida por los demás”, “considerar a los pobres como amos y señores”, “descubrir en los pobres el rostro sufriente de Cristo”, “unir -como diría San Vicente de Paúl- el amor afectivo y el amor efectivo”…

Celebramos el día de la Eucaristía no como un precepto tranquilizador o una devoción privada, sino como lo que nos dice el Concilio Vaticano II en el Decreto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros: “No se construye ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio la celebración de la Sagrada Eucaristía” (nº 6); “La Eucaristía es fuente y cima de toda evangelización” (nº 5). O lo que también subraya el mismo Concilio Vaticano II en el Decreto sobre el ministerio pastoral de los obispos: “La Eucaristía es el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana” (nº 30). Porque la Eucaristía es, en definitiva, la “experiencia fundamental de la Iglesia”.

Y celebramos la institución del sacerdocio dando gracias a Dios, porque a pesar de todos los pesares, sigue habiendo sacerdotes entregados a una tarea callada, sacrificada, abnegada, generosa… A pesar de todo, sigue habiendo sacerdotes “con olor a oveja”, como quiere el Papa Francisco; sigue habiendo sacerdotes que queman su vida por los pobres, por los marginados, por los desheredados de este mundo. Muchas gracias a TODOS ELLOS.

EL AMOR EXTREMO DE CRISTO.

«…habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). El amor de Jesucristo es un amor divino, pues Él es el Hijo de Dios, hecho hombre sin dejar de ser Dios. Por eso su actuación nos sorprende tantas veces, nos desconcierta incluso, se nos hace incomprensible. En el pasaje de hoy eso es lo que le ocurre a San Pedro, no le cabe en la cabeza que Jesús lave los pies a sus discípulos, cuando ese menester era tan humillante que no se le podía exigir, según las leyes judías contenidas en la Mina, a ningún hijo de Israel. El gesto del lavatorio lo dice todo. Demuestra que ha venido a servir y no a ser servido, está dispuesto a dar la vida por todos.

Era el suyo, es y será, un amor sin límites, extremo. Algunos traducen hasta el fin en lugar de hasta el extremo.

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Tu cena, con sabor a despedida
sazonada con palabras de testamento.
“Haced esto en conmemoración mía”
No tendremos ya más excusas, Señor
tu entrega es radical y verdadera
y, porque no quieres que falte nada,
nos dejas apiñados alrededor de una mesa
y con tres dones que acompañarán
toda nuestra existencia:
amor, eucaristía y sacerdocio

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Tu Cuerpo y tu Sangre salvadora
como alimento de vida eterna
Tus Palabras, que selladas con tu sangre,
son exponente de la autenticidad de tu entrega
Tus rodillas, besando el suelo,
diciéndonos que no hay mayor galardón
que el desvivirse amando generosamente
sirviendo sin esperar nada a cambio
brindándonos incluso al adversario

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Verte humillado y postrado como siervo
cuando tan amigos somos de las alturas
anhelando el ser servidos antes que servir
o estar simplemente, cómodamente sentados

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Que nos ames y nos hagas tus confidentes
conociendo la madera en la que estamos tallados
nuestras traiciones y verdades a medias
nuestros egoísmos y falsedades
el Judas que, en el corazón o a la vuelta de la esquina
te malvende por unas monedas…..o por nada

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Que te estremezcas con tal pasión por el hombre
Que te quedes, en la Eucaristía, para siempre
Que, seas Sacerdote de la Nueva Alianza
y te ofrezcas por la salvación de todos nosotros

NOS CONMUEVE, TODO ESO, SEÑOR

D. Javier Leoz Ventura. Párroco de San Lorenzo (Pamplona)
Delegado de Religiosidad Popular Diócesis de Pamplona y Tudela.

La imagen puede contener: una persona, sentada, noche e interior